Capítulo Nº 24:
Lo condujeron a un salón amplio, iluminado por antorchas que hacían que las paredes brillaran como si hubieran estado cubiertas de pequeños diamantes... En el fondo había una chimenea que mantenía la habitación bastante agradable.
El Príncipe se acercó a una de las pinturas que adornaban aquellas paredes que representaba el Río Anduin...
- ¡Legolas! ¡Qué gran sorpresa! – era Gimli que se apresuraba a saludarlo.
- Gimli... ¿O debo decir: Señor de Aglarond? – preguntó con una sonrisa, mientras hacía una profunda reverencia.
- Bueno, si tú me llamas así, yo te diré "Principito de orejas picudas"... Tú sabes que entre nosotros no hay títulos.
- Por supuesto que lo sé mi amigo.
- Bueno, primero tomemos asiento – cosa que hicieron –. Y ahora, cuéntame, ¿a qué debo esta visita?
- Vengo por pedido de Gandalf.
- Pero, ¿qué no había partido a Valinor con la Dama Galadriel y Lord Elrond?
- Bueno, solo partió Lord Elrond, pero la Dama Galadriel y Gandalf aún están en este lado del mar.
- Hay algún problema, entonces.
- Sí... No sé si estarás al tanto, pero ha habido una gran cantidad de ataques de Orcos en las Tierras Pardas. Hay un hombre que logró sobrevivir a la destrucción del Único y los está reorganizando.
- Eso no suena nada bien. ¿Y qué se piensa hacer?
- En un mes más va a haber un Concilio en Caras Galadhon, y Gandalf me pidió que les avisara a todos...
- ¿Otro Concilio?
- Sí. Ya le avisé a Aragorn, y él le va a avisar a Faramir y Eomer... Y yo vine por ti, mi amigo.
- ¿Yo?... Pero, por qué nuevamente debemos ser los mismos... ¿No hay nadie más en toda la Tierra Media que pueda hacerse cargo de defenderla?
- Sí, hay alguien más, pero de ella te tengo que hablar en forma especial.
- ¿Ella?
- Sí. Se trata de una mujer de un pequeño pueblo a la orilla del Río Poros.
- ¿Y de quién se trata? Debe ser especial como para que Gandalf la convoque.
- Es muy especial. Se trata de una descendiente de Númenor.
- ¿Una Dunedâin en tierras del sur?
- Así es, mi amigo. Ella es bastante especial. Ya la vas a conocer.
- No creo.
- ¿Por qué?
- No voy a ir... No puedo. Aquí tengo mis obligaciones. Tú mejor que nadie debes saber lo que significa el tener que gobernar... Yo sé que Aglarond aún es pequeño, pero estamos trabajando para que crezca. No puedo irme así como así, nuevamente, para salvar a la Tierra Media...
- Gimli, si Aragorn va a poder asistir llevando con él a Faramir que es su Senescal y a Arwen que está embarazada, no veo cómo no podrías tú...
- ¿Arwen está embarazada? Eso no lo sabía.
- Sí. Tienes que saber que él no la arriesgaría en ese estado, a no ser que fuera de suma importancia.
- Bueno, quizás él pueda hacerlo, pero yo no.
- Gimli, también quiero que conozcas a Serenha.
- ¿Serenha? ¿Quién es?
- La chica descendiente de Númenor que, según Gandalf, nos va a ayudar a combatir esta nueva amenaza.
- No veo qué pueda tener de especial, fuera de lo que mencionas... – en ese momento, se puede decir que recién el enano miró al joven príncipe –... O es, acaso, que te has enamorado.
- Me temo que sí.
- ¿Y la chica de Eryn Lasgalen?... Porque tú tenías a una chica que te estaba esperando allá.
- Belarathien. Voy a tener que ir para hablar con ella. Se suponía que después de hacer los encargos de Gandalf, yo regresaría y formalizaríamos nuestra relación... Pero, ahora no puedo.
- Mmmm, ¿una dunedâin?... O sea, una mortal... Supongo que sabrás lo que eso significa.
- Lo sé muy bien. Con Aragorn también lo hablamos... Pero, ¿qué se puede hacer cuando sucede?
- Muy poco. En verdad, muy poco.
- Quiero que la conozcas, y estoy seguro que me darás la razón. Ella es muy especial. Solo puedo ver sus virtudes. Es hermosa, tierna, valiente, esforzada, ingenua.
- Legolas, eso es peligroso. Aún más que enfrentar a una horda de orcos... Si ahora solo ves virtudes, qué pasará cuando veas los defectos. Porque debe tenerlos.
- Ya la vas a conocer, y te darás cuenta que es muy difícil saber si los tiene realmente.
El enano se puso de pie, acercándose a la chimenea. Al pasar por al lado de una mesita, tomó una pipa que estaba sobre ella y que procedió a prender con aquel fuego.
Unos segundos después,
- De acuerdo, te acompañaré. Pero voy a necesitar un par de días como para dejar todo arreglado y no tengan problemas durante mi ausencia.
- No te preocupes, y tómate el tiempo que necesites. En verdad que agradezco que hayas aceptado.
El Señor Enano se dio cuenta que al arquero le urgía regresar lo antes posible a Lothlórien y por ello apresuró lo más que pudo los preparativos. Fue así que dos días después, ambos salieron de las Cavernas Centellantes con dirección al Dorado Bosque a todo lo que daba aquella montura.
Continuará...
