Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
***ADVERTENCIA***MOMENTO LEMMON***
Capítulo 25
-No se sienta demasiado mal, señora Cullen. La culpabilidad que pueda sentir por los errores pasados no le ayudará nada a Nessie ahora.
-¿Cómo debo sentirme, doctor Webster? Ha dicho bastante explícitamente que soy responsable del retraso en el desarrollo social de Nessie.
-Ha cometido algunos errores. Todos los padres lo hacen. Pero usted y el señor Cullen ya han dado el primer paso para resolver el problema. Pasan más tiempo con Nessie, y eso es excelente. Alaban sus logros más mínimos y quitan importancia a sus fracasos. Necesita ese tipo de refuerzo por su parte.
Edward fruncía el ceño. -Eso no parece gran cosa.
-Al contrario, es mucho. Se sorprendería de cuánto importa la aprobación de los padres.
-¿Qué más tendríamos que hacer?
-Pregúntenle su opinión a menudo. Nessie, ¿quieres helado de vainilla, o de chocolate? Oblíguenla a tomar decisiones y a continuación alaben sus elecciones. Hay que conseguir que vocalice sus pensamientos. Mi impresión es que hasta ahora no se lo han dejado hacer.
Los observó por debajo de sus cejas color de orín, que resultarían más adecuadas en un tratante de ganado con una pistola al cinto que en un psicólogo infantil de trato amable.
-Su hija tiene muy mala opinión de sí misma. -Bella presionó su puño contra los labios y los apretó contra los dientes-. Algunos niños muestran su falta de autoestima comportándose mal y atrayendo así la atención sobre ellos. Nessie se ha convertido en una persona introvertida. Se considera transparente, de poca o nula importancia.
Edward hundió la cabeza entre los hombros. Desolado miró a Bella y vio que las lágrimas le caían por las mejillas.
-Lo siento -susurró Bella, disculpando a Jessica, que no se merecía perdón alguno.
-No es todo culpa tuya. Yo también estaba ahí. Dejé que muchas cosas pasaran cuando debería haber intervenido.
-Desafortunadamente -interrumpió el doctor Webster, consiguiendo que la pareja volviera a prestarle atención-, el accidente de avión no hizo más que aumentar su ansiedad. ¿Cómo se comportó en el vuelo del otro día?
-Armó bastante jaleo cuando intentamos ponerle el cinturón de seguridad -contestó Edward.
-A mí me costó bastante ponerme el mío -confesó Bella sinceramente-. Si Edward no me hubiera convencido, dudo que hubiera aguantado el despegue.
-Lo entiendo perfectamente, señora Cullen. ¿Cómo se comportó Nessie después del despegue?
Se miraron el uno al otro y, a continuación, Bella respondió: -Ahora que lo pienso, se portó muy bien.
-Eso es lo que me había imaginado. Verán, recuerda que usted le puso el cinturón, señora Cullen, pero nada más. No recuerda que usted la rescató.
Bella se colocó una mano sobre el pecho. -¿Quiere decir que me culpa a mí del accidente? -Hasta un cierto punto, me temo que sí.
Temblando, se tapó la boca con la mano. -¡Dios mío!
-Será un verdadero paso adelante cuando permita que su mente reviva de nuevo la explosión. Entonces, recordará que usted la rescató.
-Eso podría ser un infierno para ella.
-Pero necesario para conseguir una cura total, señor Cullen. Está luchando contra los recuerdos. En mi opinión, esas pesadillas periódicas la llevan hasta el momento del impacto.
-Decía que las llamas la devoraban -comentó Bella en voz baja, recordando la última pesadilla de Nessie-. ¿Hay algo que podamos hacer para estimular su memoria?
-La hipnosis es una posibilidad -contestó el médico-. Pero yo preferiría dejar que su memoria evolucionara de un modo natural. La próxima vez que tenga una de esas pesadillas, no la despierten.
-¡Dios!
-Ya sé que parece cruel, señor Cullen, pero tiene que revivir el accidente para llegar al otro lado, para llegar a la seguridad de los brazos de su madre. Hay que exorcizar el terror. No será capaz de superar el miedo y el terror inconscientes hacia su mujer hasta ese momento.
-Entiendo -dijo Edward- pero va a ser muy duro.
-Lo sé. -El doctor Webster se puso de pie, recordándoles así que su tiempo se había acabado-. No les envidio el tener que estar a su lado dejándola revivir esa horrible experiencia. Me gustaría volver a verla dentro de dos meses, si les parece bien.
-Nos parece estupendo.
-Y antes de eso, si lo creen necesario. Llámenme cuando quieran.
Edward le dio la mano al doctor Webster y luego ayudó a Bella a levantarse de la silla. No era la madre que inconscientemente Nessie temía, pero para el caso podía serlo. Todo el mundo culparía a Jessica. Incluso con el apoyo de la mano de Edward bajo su codo, casi no podía mantenerse en pie.
-Buena suerte con su campaña -le deseó el psicólogo a Edward.
-Gracias.
El médico tomó las dos manos de Bella entre las suyas. -No se desespere por lo de su culpabilidad. Estoy convencido de que quiere mucho a su hija.
-Es cierto. ¿Le dijo que me odiaba?
La pregunta era pura rutina. Se la hacían una docena de veces al día, particularmente las madres que se sentían culpables. En aquel caso podía dar una respuesta positiva. Su rostro se iluminó con la sonrisa de buen chico.
-Habla muy bien de su mamá y sólo se pone nerviosa cuando se refiere a los acontecimientos anteriores al accidente, lo cual ya le demuestra algo.
-¿Qué?
-Que ha mejorado como madre. -Le dio unas palmaditas en el hombro-. Con su continuado y tierno cariño hacia ella, Nessie superará todo esto y acabará siendo una niña inteligente y bien adaptada.
-Así lo espero, doctor Webster -dijo fervientemente-. Muchas gracias.
Los acompañó hasta la puerta y la abrió.
-¿Sabe una cosa, señora Cullen? Me dio una buena sorpresa cuando entró en mi despacho. Hace un año una joven me hizo una entrevista para la televisión. Se parece muchísimo a usted.
De hecho, es de, su zona. ¿Por casualidad la conoce? Se llama Bella Swan.
Bella Swan. Bella Swan. Bella Swan.
La multitud coreaba su nombre mientras ella y Edward se abrían paso entre el tropel hasta llegar al aparcamiento.
Bella Swan. Bella Swan. Bella Swan.
Había gente por todas partes. Tropezó y se separó de Edward. Él quedó atrapado por la multitud.
-¡Edward! -chilló.
No podía oírla a causa del clamor demoniaco de su nombre. Bella, Bella, Bella.
¿Qué había sido eso? ¡Un disparo! Edward estaba cubierto de sangre. Se volvió hacia ella y, mientras caía al suelo, se mofó:
Bella Swan. Bella Swan. Bella Swan. -¡Jessica!
Bella Swan. -¡Jessica, despierta!
De una sacudida violenta se quedó sentada, erguida. Tenía la boca abierta y seca. Respiraba con dificultad.
-¿Edward? -Se apoyó sobre su pecho desnudo y lo abrazó con fuerza-. ¡Oh, Dios, fue horroroso!
-¿Tenías una pesadilla?
Asintió, y hundió la cara en el vello cálido de su pecho. -Abrázame, por favor. Sólo un momento.
Estaba sentado al borde de la cama. Se inclinó un poco y la rodeó con los brazos. Bella se apoyó más contra él, aferrándose. El corazón le latía con fuerza y golpeaba el pecho de Edward. No podía borrar esa imagen de él, cubierto de sangre y volviéndose con odio y una mirada acusadora.
-¿Por qué te ha ocurrido esto?
-No lo sé -mintió.
-Yo creo que sí. No te has comportado normal desde que el doctor Webster mencionó a Bella Swan. -Ella gimió. Edward le pasó los dedos por el cabello y los dejó sobre el cuero cabelludo-. No puedo creer que no supiera que murió en el accidente. Se quedó tan avergonzado después de mencionarlo que me dio hasta pena. Él no podía saber hasta qué punto te iba a afectar la comparación. - O por qué, pensó ella.
-¿Me comporté como una idiota?
Todo lo que recordaba, después de que el médico pronunciara su nombre, era el ensordecedor zumbido en los oídos y la oleada de mareo que casi hizo que se desplomara sobre Edward.
-Como una idiota no, pero casi te desmayaste.
-Ni siquiera recuerdo haber salido del despacho.
Edward la apartó un poco de él y deslizó suavemente las manos hasta sus brazos.
-Fue una coincidencia extraña que estuvieras en el mismo avión que esa mujer. Muchos desconocidos te confundían con ella ¿recuerdas? Es sorprendente que nadie te lo haya mencionado antes.
De modo que él sabía quién era Bella Swan. De alguna forma aquello la hacía sentirse mejor. Se preguntó si a él le gustaba verla en televisión.
-Siento lo que acaba de ocurrir. Sólo que...
Hubiera preferido que la abrazara. Era más fácil hablar cuando no tenía que mirarlo directamente a los ojos.
-¿Qué?
Apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Me canso de que la gente me mire continuamente a la cara. Es un objeto de curiosidad. Me siento como la mujer barbuda del circo.
-La naturaleza humana. Nadie tiene intención de ser cruel.
-Ya lo sé, pero me cohíbe tremendamente. A veces tengo la sensación de que sigo envuelta en vendas. Yo estoy dentro, mirando, pero nadie puede ver más allá de mi rostro.
Una lágrima se le deslizó por la comisura del ojo y cayó sobre el hombro de Edward.
-¿Sigues intranquila por el sueño? -le preguntó incorporándola de nuevo-. ¿Te gustaría beber algo? Hay un poco de Bailey's en el mueble bar.
-Me parece una buena idea.
Dividió la pequeña cantidad de licor entre los dos vasos y regresó con ellos a la cama. Si se sentía cohibido por sólo llevar puesta la ropa interior, no daba señales de ello.
A Bella le agradó que volviera a sentarse en su cama y no en la que él dormía cuando lo despertó la pesadilla. Sólo un espacio estrecho separaba ambas camas, pero para el caso podía tratarse del Golfo de México. Se había necesitado una urgencia para que lo cruzara.
-Brindo por tu victoria, Edward. -Chocaron los vasos. El licor se deslizó fácilmente por su garganta, proporcionándole un agradable calor al cuerpo-. Vaya. Ha sido una buena idea. Gracias.
Agradecía ese tranquilo intervalo. Compartían todos los problemas de cualquier matrimonio, pero nada de la intimidad. A causa de la campaña electoral, estaban siempre de cara al público y bajo continuo escrutinio. Eso añadía una cierta tensión a una relación ya de por sí difícil. No compartían ningún placer.
Estaban y no estaban casados. Ocupaban el mismo espacio, pero vivían en distintas esferas. Hasta esa noche, Nessie había servido de amortiguador entre los dos dentro de los confines de la habitación del hotel, pues la niña dormía con Bella.
Pero Nessie no estaba ya con ellos. Se encontraban solos, en la mitad de la noche, bebiendo juntos un licor y hablando de sus problemas personales. Para cualquier otra persona, la escena hubiera acabado en el acto sexual.
-Ya echo de menos a Nessie -comentó ella mientras pasaba la yema del dedo índice por el borde del vaso-. No sé si hemos hecho bien dejando que volviera a casa con Esme y con Carlisle.
-Eso fue lo que planeamos desde el principio, que se la llevarían a casa tras la cita con el doctor Webster.
-Después de hablar con él tengo la sensación de que debería estar con ella a todas horas.
-Dijo que una separación de unos días no le haría ningún daño, y mamá ya sabe lo que tiene que hacer.
-¿Cómo ocurrió? -se preguntó Bella en voz alta-. ¿Cómo llegó a convertirse en una niña tan introvertida, tan emocionalmente herida?
Eran preguntas retóricas y no esperaba respuestas. Edward, no obstante, se las tomó literalmente y le proporcionó unas respuestas: -Ya oíste su opinión. Te dijo cómo ocurrió. No pasabas suficiente tiempo con ella. Y el tiempo que estabas con ella era más destructivo que otra cosa.
Su mal humor surgió a la superficie. Estaba siendo injusto con Jessica, y Bella se sintió obligada a defenderla.
-¿Y dónde estabas tú todo ese tiempo? Si yo lo estaba haciendo tan mal como madre, ¿por qué no hiciste algo para impedirlo? Nessie tiene dos padres, lo sabes.
-Soy consciente de ello. Lo he admitido hoy. Pero, cada vez que hacía alguna sugerencia, tú te ponías a la defensiva. Que nos viera pelear no iba a hacerle ningún bien. De modo que no podía intervenir sin que la situación se complicase aún más.
-Quizá tus planteamientos eran equivocados.
Le concedía a Jessica el beneficio de la duda haciendo el papel del abogado del diablo.
-Quizá. Pero nunca he visto que te tomaras bien las críticas.
-¿Y tú sí te las tomas bien?
Él dejó su vaso sobre la mesilla de noche y extendió el brazo hacia el interruptor de la luz. La mano de Bella lo detuvo.
-Lo siento. No..., no vuelvas a la cama todavía. Ha sido un día largo y cansador por muchas razones. Los dos estamos tensos. No era mi intención insultarte.
-Seguramente debiste volver a casa con mamá y papá.
-No -rechazó rápidamente-. Mi lugar está contigo.
-Hoy sólo fue un ejemplo de lo que va a ocurrir hasta noviembre, Jessica. Todo se pondrá peor y será más duro.
-Puedo soportarlo. -Sonrió e impulsivamente, le pasó el dedo por la hendidura de la barbilla-. Ya me gustaría que me dieran una moneda por cada una de las veces que hoy has dicho: «Hola, soy Edward Cullen, y me presento a senador de Estados Unidos.» Me pregunto a cuántas personas les has dado la mano.
Levantó la mano derecha. La tenía en forma de garra. -A todas estas.
Ella se rió en voz baja.
-Creo que aguantamos muy bien la visita a la Galería, considerando que acabábamos de estar con el doctor Webster y que nos habíamos despedido de Nessie.
En cuanto regresaron al hotel después de la visita al psicólogo, dejaron a Nessie en manos de los abuelos. Esme iba más allá de tenerle miedo a viajar en avión; se negaba totalmente a volar, de modo que habían ido a Houston en coche. Querían partir pronto para llegar a casa antes de que oscureciera.
En cuanto ella y Edward se hubieron despedido, Jasper los metió a toda prisa en el coche y se dirigieron al enorme centro comercial de múltiples pisos.
Los voluntarios, bajo la supervisión de Jasper, proclamaron su llegada. Edward dio un pequeño discurso desde una tarima elevada, presentó a su esposa a la multitud congregada allí y, a continuación, se abrió paso entre ellos, saludando y pidiendo el voto.
Había ido tan bien que Jasper se quedó más tranquilo, después de haber tenido que declinar la invitación del Club Rotario. Incluso aquello había ido bien. El club invitó a Edward a dar un discurso en una de sus reuniones en los últimos días del mes.
-Jasper se volvió loco con todos los reportajes que te hicieron los medios de comunicación hoy -comentó Bella, pensando en ello.
-Nos dieron veinte segundos durante la emisión de las seis de la tarde. No parece mucho, pero me dicen que es bueno.
-Lo es, o por lo menos eso dicen -se apresuró a añadir.
Se había quedado sorprendida al ver a Marco Volturi y a un informador político de KTEX en el desayuno de los estibadores. Todo el día estuvieron detrás de Edward.
-¿Por qué han venido desde Seattle? -le había preguntado a Jasper.
-Aprovéchate de la publicidad gratis. Sonríe a la cámara cada vez que tengas una oportunidad.
En vez de seguir sus instrucciones, lo que hizo fue intentar evitar la cámara de Marco. Pero él parecía decidido a captar imágenes de su rostro. El juego del gato y el ratón al que había jugado con él todo el día, junto con la sorpresa que le deparó el doctor Webster, le habían dejado los nervios de punta. Estaba tan nerviosa que, más tarde, cuando no pudo encontrar unos pendientes, reaccionó de un modo exagerado.
-Sé que los tenía aquí el día antes de salir -le dijo casi chillando a Edward.
-Mira otra vez.
Hizo más que eso. Volcó la bolsa de satén y repasó todo el contenido.
-No están aquí.
-¿Cómo son?
Debían partir hacia una cena barbacoa para recaudar fondos, patrocinada por un rico ranchero en las afueras de la ciudad. Edward estaba ya vestido y llevaba media hora esperándola. Ella se había retrasado.
-Grandes aros de plata. -Edward repasó detalladamente la habitación-. No los encontrarás a la vista -le dijo ella con exasperación-. Todavía no los he estrenado. Los compré para llevar especialmente con este traje.
-¿No puedes sustituirlos por otra cosa?
-Supongo que tendré que hacerlo. -Hizo una selección del montón de joyas depositadas sobre la mesa. Para entonces estaba tan nerviosa que tuvo problemas a la hora de ponerse los pendientes. Los tres intentos resultaron fallidos-. ¡Mierda!
-¡Jessica, por el amor de Dios, tranquilízate! -Hasta ese momento había permanecido irritantemente tranquilo-. Se te han olvidado un par de pendientes. No es que sea el fin del mundo.
-No me los he olvidado. -Suspiró hondamente y se volvió hacia él-. No es la primera vez que algo desaparece misteriosamente.
-Tendrías que habérmelo dicho. Llamaré enseguida a la seguridad del hotel.
Lo agarró del brazo antes de que pudiera alcanzar el teléfono. -No ha sido aquí. En casa también. Alguien ha estado entrando a escondidas en mi habitación y registrando mis cosas. Reaccionó tal como ella esperaba.
-Eso es ridículo. ¿Estás loca?
-No. Y tampoco me lo estoy imaginando. Me faltan varias cosas, cosas pequeñas e insignificantes. Como esos pendientes que estoy totalmente segura de haber metido en la maleta. Me aseguré una y otra vez antes de cerrar el equipaje.
Sensible hacia cualquier crítica relacionada con su familia, Edward cruzó los brazos.
-¿A quién estás acusando de robar?
-No me importan tanto los objetos que faltan como la violación de mi intimidad. -Justo en aquel momento se oyó una llamada a la puerta, la culminación perfecta de un día agotador-. ¡Ahí tienes! -añadió irritada-. ¿Por qué no podemos acabar una conversación privada sin que nos interrumpan?
-Baja el tono de voz o te oirá Jasper.
-¡Al infierno con Jasper! -exclamó con convicción. Edward abrió la puerta y Jasper entró a grandes zancadas. -¿Preparados, chicos?
A modo de explicación por su retraso, Edward dijo: -Jessica ha perdido los pendientes.
Ella le lanzó una mirada que claramente afirmaba que no los había perdido.
-Bueno, pues ponte otros o no lleves nada, pero tenernos que bajar. -Jasper sostenía la puerta abierta-. Emmett está esperando con el coche. Tenemos una hora de camino.
Corrieron hacia el ascensor. Afortunadamente, otro huésped del hotel los vio llegar y educadamente lo retuvo. Emmett se paseaba al lado de la limusina aparcada en la entrada de coches.
Durante todo el trayecto discutieron las encuestas y la estrategia de la campaña. Bella podía haber sido invisible, por el caso que le hacían. En una ocasión, cuando les ofreció una opinión no solicitada, se encontró con tres miradas impasibles, y a continuación la ignoraron.
Sorprendentemente, la fiesta resultó divertida. No se permitió la entrada a la prensa. Como no tenía que concentrarse en evitar la cámara de Marco, se relajó y se divirtió. Había grandes cantidades de comida tejana, gente simpática que comparaba a Edward con el joven John Kennedy, y música en vivo. Incluso consiguió bailar con su marido. Jasper se lo pidió a Edward.
-Venga que a la gente le gustará.
Durante el tiempo que Edward la sostuvo en sus brazos y la paseó por la pista de baile, ella fingió que había sido idea de él. Con las cabezas hacia atrás, se sonrieron mientras sus pies mantenían el ritmo de la alegre música. Llegó a pensar que Edward se lo estaba pasando bien. Cuando la música alcanzó un crescendo, él la levantó en vilo y dio una vuelta completa, consiguiendo el entusiasmado aplauso de los presentes. A continuación, se inclinó y la besó en la mejilla.
Cuando se apartó, tenía una extraña expresión en el rostro. Parecía sorprendido de su propia espontaneidad.
Sin embargo, durante el viaje de regreso a la ciudad, Bella se mantuvo sentada en un rincón del asiento trasero de la limusina, mirando por el cristal ahumado, mientras Edward, Emmett y Jasper analizaban lo bien que había ido el día y qué efectos podrían seguirse para la elección.
Se fue a la cama agotada y deprimida. Le costó dormirse. La pesadilla, y podía contar con los dedos de una mano las que había tenido durante toda su vida, era el resultado de un día física y emocionalmente agotador.
Apreciaba como un tesoro ese momento sin interrupciones con Edward. Estaban continuamente rodeados de otras personas, y ni siquiera en la suite se encontraban casi nunca solos.
-Creo que el Bailey's lo va a conseguir.
Bella le extendió su vaso vacío y se recostó sobre las almohadas.
-¿Tienes sueño?
-Ummm. -Levantó los brazos hasta que las manos descansaron a cada lado de su cabeza, las palmas abiertas, los dedos hacia dentro, en una postura tan provocadora como indefensa. Los ojos de Edward se oscurecieron a medida que bajaron de su rostro a la parte delantera de su cuerpo-. Gracias por bailar conmigo -añadió medio adormecida-. Disfruté de tu abrazo.
-Antes solías decir que no tenía ritmo.
-Estaba equivocada.
Él continuó observándola durante unos momentos y apagó la lámpara. Estaba a punto de abandonar la cama cuando ella le puso una mano sobre el muslo desnudo.
-Edward.
Se quedó helado. La luz azulada procedente del aparcamiento, filtrándose a través de las cortinas, dibujaba su silueta inmóvil. En un tono incitante, Bella susurró de nuevo su nombre.
Edward, lentamente volvió a sentarse sobre el colchón y se inclinó. Con una suave exclamación, ella apartó las sábanas con las piernas para que no hubiera nada entre ellos.
-Edward, yo...
-No -le ordenó con voz ronca-. No digas nada que pueda hacerme cambiar de opinión. -Su cabeza se acercó tanto que ella sintió su aliento sobre los labios-. Te deseo, o sea que no digas ni una palabra.
Ferozmente posesivo, sus labios abrieron los de ella. Con la lengua exploró su boca, entrando en ella profundamente. Bella lo agarró del pelo y presionó con su boca para recibir el beso.
Edward relajó los brazos, que hasta ese momento sujetaban con fuerza la cabeza de Bella, y, poco a poco, se tendió a su lado y con la pierna le cubrió el muslo; ella giró la parte inferior del cuerpo y su húmeda hendidura se encontró con la rodilla de él.
-¿Estás mojada por mí?
Bella contuvo la respiración, terriblemente excitada por el atrevimiento de la pregunta.
-Me dijiste que no abriera la boca.
-¿Por quién estás mojada?
Ella deslizó su mano por el muslo hasta la cadera y seductoramente le invitó a que se aproximara.
Edward, sin poder contener los gemidos, finalizó el beso con varios roces bruscos de sus labios contra los de ella. Le besó el cuello y fue bajando hasta los pechos, mientras ahuecaba las manos sobre ellos y presionaba. Su boca abierta buscó el punto erecto de uno y se entretuvo allí a través de la tela del camisón, que se humedeció gracias a la acción de su lengua.
Sintió que el cuerpo de ella se arqueaba en un acto reflejo. Deslizó las manos entre la almohada y la cabeza, la abarcó con las palmas de la mano y unió los pulgares bajo el mentón. Le echó hacia atrás el rostro, volvió a presionar sus labios contra los de ella y le dio un beso ardiente, a la vez que se introducía entre sus muslos abiertos.
El cuerpo de Bella se excitó al sentir la fuerza de aquel sexo acariciando su valle de la femineidad, y hasta resultaba erótica la fricción de los calzoncillos de algodón contra las braguitas de seda.
El ardor la envolvía y le llegaba a él a través de la piel. Su beso se hizo más profundo, y los movimientos balanceantes de su cuerpo se hicieron más desesperados. Demasiado impaciente para tomárselo con calma, Bella se aferró con las manos a la espalda de Edward, enganchó los pies en sus pantorrillas y levantó las caderas. Agresivo y excitado, Edward deslizó la mano por dentro de la seda húmeda hasta llegar a la entrada prohibida.
Sonó el teléfono.
Retiró la mano, pero ella continuó atrapada debajo. Se quedaron respirando profundamente el uno contra el otro, mientras el teléfono no dejaba de sonar.
Por fin, Edward se giró hasta el borde de la cama y levantó el auricular.
-¿Sí? -Después de una breve pausa, maldijo-. Sí, Emmett -rugió-. Estoy despierto. ¿Qué ocurre?
Bella emitió un leve y angustioso gemido y se movió al otro extremo del lecho, de espaldas a Edward.
Matemos a Emmett por llamar en el momento más inoportuno! ¿Quién se suma?
凸(^_^)凸
Subiré otro capi mas!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
