- Jajajajajajaja… ¡Espíritu del mal! ¿De dónde sacaste eso Candy? – Me dice Albert y después vuelve a retorcerse de la risa.

Yo también comienzo a reír, después agarro mi diario y le doy un golpe en la cabeza – Pues tal vez no seas un espíritu, pero si eres malo, muy malo.

- ¡Auch!, debes de quitarte esa maña de pegarme en la cabeza, aún recuerdo lo mucho que me dolió tu golpe con la sartén, casi me rompiste el cráneo.

- Te lo merecías, esa noche realmente me espantaste, casi me hice del baño del susto.

- Sí, lo sé, aún recuerdo tu cara de pánico; cuando George prendió la luz, pude ver que estabas muy pálida. Pero déjame decirte que mi intención nunca fue asustarte, yo acababa de llegar con George, él había venido por mí a Lakewood, donde yo me estaba quedando, y me había llevado casi arrastrando a Chicago. Cuando llegamos a la mansión, George se fue a su habitación y yo fui a la cocina por algo de comer, fue en ese momento que te vi llegar, me puse tan nervioso que traté de esconderme, pero tropecé con un bote y me descubriste, el resto de la historia ya la sabes…

- Sí, lo recuerdo como si fuera ayer…

09 de diciembre de 1950

Hoy pasé todo el día viajando, muero de ganas de llegar a Farmington y abrazar a Terry, no quiero volver a separarme nunca de él. De no ser porque ya estaba obscureciendo, hubiera seguido manejando, me siento tan ansiosa que ni siquiera tengo sueño, creo que esta noche no podré dormir de la emoción de saber que en unas horas más, estaré junto a él.

Ahora que estoy más tranquila, pude meditar con calma todo lo que me contó Albert, es curioso como la historia mi madre se repitió conmigo, yo igual estuve a punto de casarme con Albert y si no hubiera sido por George, es posible que en algún momento, nosotros también hubiéramos tenido hijos, sin saber que éramos hermanos.

Me hubiera gustado conocer a mi verdadera madre, espero que ella haya podido encontrar la paz que no tuvo en sus últimos años de vida, espero que sea feliz, donde quiera que se encuentre.

Tarde cerca de dos horas en poder tranquilizarme, una vez que lo conseguí, salí del cuarto en busca de Albert, necesitaba respuestas y las necesitaba rápido. Bajé de nuevo a la cocina, pero solo hallé a Betsy, ella me dijo que Albert había salido a dar un paseo por el jardín, salí al jardín y encontré a Albert sentado al pie de un árbol.

Me mantuve a unos metros de distancia y comencé a contemplar su rostro, el cual lucía mucho más maduro, pero sobre todo, muy triste. Me senté a su lado y permanecimos en silencio por varios minutos, mi cabeza estaba tan llena de preguntas, que no sabía por cual comenzar, los dos volteamos a vernos al mismo tiempo, su mirada melancólica me conmovió.

- ¿Ya estás más calmada? – Me preguntó.

- Un poco…

- Discúlpame, no quise…

- ¿Por qué me abandonaste Albert? ¿Dejaste de amarme y no tuviste el valor de decírmelo?

- No Candy, yo nunca dejé de amarte, tú siempre estuviste presente en cada uno de mis pensamientos y yo siempre estuve al pendiente de ti, cerca de ti, es más, cuando te fuiste a Nuevo México, yo te seguí por mucho tiempo.

En ese momento, recordé la vez que yo había creído ver a Albert en la madrugada - Entonces, ¿tú eras el acosador?

- ¿El acosador? – Me preguntó Albert confundido.

- Olvídalo… - Respondí yo, no tenía caso desviarme del tema - Pero entonces dime, ¿por qué te fuiste sin decir ni una sola palabra?

- En ese momento todo era muy complicado…

- ¿Todo era muy complicado? Esa no es una razón válida.

- Tuve que hacerlo, tú y yo no podíamos seguir juntos…

- ¿Por qué? Dime qué pasó ese día, ¿qué te hizo huir de mí?

Pude ver que Albert estaba muy nervioso, a pesar de los años, yo aún podía distinguir cada una de sus emociones, él volteó a verme y me miró fijamente a los ojos - George se dio cuenta de que tú y yo somos hermanos – Me dijo y después esquivó mi mirada.

- ¿Qué dices? Deja de bromear con ese tipo de cosas Albert, ¿Cómo que tú y yo somos hermanos?

- No estoy bromeando, el día que George nos encontró desnudos en el río, el vio en mi espalda una marca de nacimiento que todos los miembros de la familia Ardlay poseen, es un lunar grande, que tiene una forma muy peculiar, nuestro abuelo lo tenía, nuestra madre lo tenía y nuestra tía también, al igual que tú y yo…

Yo sentí un hueco en el estómago y me negué a creer lo que Albert me estaba diciendo, en ese momento recordé que Terry siempre se burlaba de un lunar que yo tenía en la espalda, él decía que era grande, de color rosáceo y parecido a una mancha de tinta en el papel.

Deja de decir tonterías, no necesitas inventar una historia así de descabellada, para justificar tu desaparición.

- No son tonterías y no estoy inventando nada, tú y yo somos hijos de la misma madre.

- Pero ¿cómo?... ¿Me estás diciendo que mi madre engañó a mi padre, con George? ¿Fue por eso que te abandonó? Yo… yo no estoy entendiendo nada.

- Es una larga historia, te contaré todo tal y como me lo contó George el día que desaparecí de tu vida… - Albert dio un suspiro prolongado y después siguió hablando – Todo comenzó hace mucho tiempo, cuando George llegó a vivir a esta casa y conoció a nuestra madre y a nuestra tía, en ese entonces los tres eran muy chicos, él tenía diez años y ellas cinco. Siendo que George era mucho mayor que ellas, nuestro abuelo le pidió que las cuidara como si fueran sus hermanas. Conforme fueron creciendo, George se convirtió en su protector, a pesar de que las dos solían jugarle bromas muy pesadas, él nunca se enojó con ellas, según él, era imposible hacerlo, cuando las dos lo miraban con sus ojos grandes y expresivos, pidiéndole perdón. Cuando George tenía 17 años, nuestro abuelo lo mandó a estudiar a Londres, vivió cinco años fuera de Chicago; Él me contó que cuando se fue a Londres, nuestra madre era una niña, pero a su regreso, ella se había convertido en toda una mujer, la mujer más hermosa que él había visto en toda su vida. Después de su llegada, los dos se hicieron muy cercanos, a ella le gustaba que George le contara sobre la vida en Londres, aunque ella solo había ido un par de veces, cuando era niña, siempre soñó con regresar y quedarse a vivir allá. No pasó mucho tiempo antes de que él se enamorara perdidamente de ella, pero siempre ocultó sus sentimientos, nunca creyó que ella pudiera fijarse en alguien como él, mucho se sorprendió, cuando un día, ella le confesó que lo amaba. La noche que ella le confesó su amor, los dos se entregaron en cuerpo y alma, en ese entonces, ella tenía 18 años y el 23.

- ¿Entonces mi madre se casó con mi padre, estando enamorada de George?

Albert me miró confundido – Nuestra madre nunca se casó, ella rechazó cada pretendiente y cada candidato propuesto por nuestro abuelo.

Al escuchar su respuesta, la confundida fui yo, Albert sonrió nerviosamente, al darse cuenta de cuál era el motivo de nuestra confusión…

- Candy, nuestra madre no fue Laura, fue Priscilla…

Yo sentí un aire frio en el corazón, esa verdad era más de lo que yo podía soportar - Basta, no puedo seguir escuchándote – Le dije e intenté levantarme del suelo, Albert me jaló del brazo y me sentó de nuevo.

- No Candy, tú tienes que saber toda la verdad.

Yo estaba temblando, me di cuenta de todo lo que yo había creído alguna vez, era una completa mentira – Continúa – Le dije una vez que logré tranquilizarme.

- Al parecer, los dos vivieron un romance apasionado por muchos años, él amaba la forma de ser de Priscilla, tan espontánea y divertida, que contrastaba con la de él, que siempre era muy serio y un tanto ermitaño. Él me dijo que tú te pareces mucho a ella, pero que a diferencia de ti, ella tenía unos hermosos ojos de color azul cielo, y que además, ella tenía el cabello lacio y de color castaño, igual que nuestro abuelo.

- Y si tanto la amaba, ¿Por qué no se casó con ella?

- Los dos tenían miedo de la reacción de nuestro abuelo, según George, él era muy estricto, pero sobre todo, muy sobreprotector con sus dos hijas, sobre todo con Priscilla, que era su favorita; así que decidieron mantener su relación en secreto. La única que estaba enterada de todo, era Laura, pero ellos sabían que ella jamás se atrevería a delatar a su hermana, al parecer las dos eran muy unidas y se amaban mucho. Tengo entendido que después de casarse, Laura tuvo muchos problemas para quedar embarazada, y debido a eso, ella y su esposo se separaron por un tiempo; cuando se reconciliaron, los dos se fueron a vivir a otra casa y Priscilla se quedó en la mansión con su padre. Según George, todas las mujeres de la familia han tenido problemas para concebir, nuestra abuela tardó muchos años en embarazarse, y después de tener a sus dos hijas, nunca pudo volver a hacerlo; para Priscilla, eso fue una ventaja, pudo amar a George por mucho tiempo, sin ninguna consecuencia, pero para Laura, fue una pesadilla, porque después de casarse, ella deseaba con toda el alma tener un bebé. Algunos meses después de que Laura se fuera de la mansión, Priscilla se dio cuenta de que estaba embarazada, habló con George y tomaron la decisión de confesarle todo al abuelo, los dos querían casarse y formar su propia familia, ambos concluyeron que si el abuelo no aceptaba su relación, se irían a vivir a Londres.

- Quiero suponer que él no la aceptó…

- George y Priscilla decidieron esperar a que el embarazo comenzara a notarse, para confesarle la verdad al abuelo, pensaron que de esa manera, él no tendría más opción que aceptar su matrimonio. Una noche, mientras los dos hacían el amor en una de las habitaciones, nuestro abuelo entró de improviso, George me contó que él se puso histérico, lo agarró a golpes y le reclamó por haber traicionado su confianza, Priscilla se armó de valor y le dijo que estaba enamorada de George y que le gustara o no, se iba a casar con él, porque aparte de todo, estaba embarazada. Al abuelo casi le dio un infarto de la impresión, les dijo que se iban a quemar en las llamas del infierno por pecadores y que de ninguna manera iba a permitir que se casaran, y mucho menos que yo fuera parte de la familia, por la simple razón de que ellos dos también eran hermanos.

- ¡¿Qué?!...

- Sí, George es producto de una aventura que nuestro abuelo tuvo con una mujer francesa, debido a que no quería manchar su reputación ni la de su esposa, lo mantuvo en secreto por años, ni siquiera George sabía que él era su padre, la madre de George siempre le dijo que era un amigo muy cercano de la familia. Cuando mi otra abuela murió, nuestro abuelo trajo a George a vivir con su familia, le inventó a su esposa que se lo había encontrado en uno de sus viajes, sabrá Dios si ella le creyó, pero al menos lo aceptó; a la muerte de ella, el abuelo decidió dejar las cosas como estaban, después de todo, George vivía en esa casa como si fuera uno de sus hijos y estaba seguro de que a su muerte, George se encargaría de todos los negocios familiares.

- ¿Y qué sucedió después de que los descubrieron?

- Al día siguiente, muy temprano, el abuelo se llevó a Priscilla a un convento, habló con las monjas y les pidió que por ningún motivo la dejaran salir de ahí, ni tener comunicación con nadie; también les dijo que cuando yo naciera, me dieran en adopción; a ella le advirtió que si hablaba con alguien, de lo que había pasado, nunca la dejaría volver a Chicago. Cuando George se dio cuenta de lo que había pasado, fue a ver a Laura y le contó todo lo sucedido, una vez que el abuelo regresó del convento, Laura fue a hablar con él, pero por más que le suplicó, no logró que él le dijera dónde estaba su hermana. George vivió un par de meses con Laura y con su esposo, él estaba furioso con el abuelo y lo que menos quería era verlo, poco le importaba si Priscilla era su hermana o no, lo único que él deseaba era estar con ella y conmigo.

- ¿Qué pasó después?

- George regresó a vivir a la mansión, no porque hubiera perdonado al abuelo, sino porque estaba seguro de que Priscilla intentaría comunicarse con él y quería estar ahí cuando eso sucediera. No supo de ella en meses, hasta que un día le llegó un telegrama al abuelo desde el convento, en donde le decían que Priscilla se había escapado. George sabía que, para ese entonces, el embarazo de nuestra madre estaría muy avanzado, así que decidió ir a buscarla a la dirección que venía en el telegrama, le pidió a Henry que lo acompañara. Pasaron más de una semana en aquel lugar, buscando en los alrededores y preguntando entre la gente, pero no pudieron encontrarla, desilusionados, volvieron a Chicago. A su regreso, George recibió una carta de ella, el sobre no tenía remitente, solo estaba firmado con un pseudónimo que él conocía bien, porque él solía llamar a Priscilla de esa manera.

- ¿Y qué decía la carta?

Albert sacó una carta vieja del bolsillo de su saco y me la entregó, yo la abrí de prisa y comencé a leerla.

"Amado George.

Después de que mi padre me dejó en ese convento, me sentí la mujer más desdichada del mundo, intenté por todos los medios comunicarme contigo o con Laura, pero me fue imposible, estas "mujeres de Dios" no son más que unas arpías, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de mi padre, no me dejaron sola ni a luz ni a sombra, vigilaban cada uno de mis movimientos y no me permitían tener comunicación con nadie.

Tuve que hacerles creer que estaba arrepentida y dispuesta a hacer su voluntad, para que dejaran de vigilarme con tanto recelo; fue en una noche, en que a la monja encargada de vigilarme se le olvidó cerrar la puerta, que pude escaparme. Yo sabía dónde guardaban el dinero esas mujeres, así que antes de irme, tomé un poco y salí del convento, al llegar al patio, corrí con todas mis fuerzas, realmente me fue difícil debido a lo avanzado que está mi embrazo, saltarme la barda fue un problema mayor, pero gracias a Dios logré hacerlo, sin salir lastimada.

Una vez que crucé la barda, seguí corriendo por casi una hora, por un momento pensé que iba a dar a luz en cualquier instante, por que comenzó a dolerme mucho el vientre, tuve que detenerme a descansar. Un señor que iba pasando, me dio un aventón hasta el pueblo más cercano, he permanecido ahí desde ayer, pero no planeo quedarme mucho tiempo, mañana tomaré el tren que sale para Alabama. Estoy segura de que cuando las monjas le avisen a mi padre que me escapé, él vendrá a buscarme rápidamente, tengo mucho miedo que mi padre me encuentre, él quiere dar en adopción a nuestro bebé y eso jamás se lo voy a permitir.

Últimamente he llorado más de lo que había llorado en toda mi vida, no entiendo por qué mi padre se ensañó tanto conmigo, ¿puedes creer que se atrevió a amenazarme con no dejarme volver a Chicago, si no seguía sus órdenes? Pero poco me importa volver a casa con él, lo único que deseo, es que vengas por mí y que nos vayamos a vivir a Londres. No sabes cuánto odio a mi padre, después de todo, es su culpa que todo esto haya pasado, por engañar a mi madre, por tener un hijo fuera del matrimonio, por llevarte a vivir con nosotros y sobre todo, por no habernos dicho la verdad desde un principio.

Una vez que me encuentre en un lugar seguro, te mandaré un telegrama para que vengas por nosotros, estoy segura de que nuestro bebé nacerá pronto, no sabes las ganas que tengo de conocerlo, él fue mi mayor motivación y alegría, durante el tiempo que estuve encerrada. Cuando nuestro bebé comienza a patear mi vientre, no hago más que pensar en ti, desearía que tú también pudieras sentirlo, ser madre es algo maravilloso.

Te amo y no sabes las ganas que tengo de volver a verte.

Con todo mi amor, Priscilla."

Una vez que terminé de leer la carta, me dieron ganas de llorar, esa historia se me hacía muy triste.

- Una semana después, George recibió un telegrama, citándolo en Montgomery - Albert sacó otro pedazo de papel de su bolsillo y me lo entregó, "Te veo en Montgomery, 05 de Julio, 12 p.m., estación del tren"

- ¿Pero entonces….?

- Priscilla jamás llegó, por un momento George pensó que se había equivocado de fecha, así que volvió al mismo lugar los siguientes días, pero ella nunca apareció. La buscó en la ciudad, pero no encontró rastros de ella, ni de mí, decepcionado, George regresó una vez más a Chicago. Pasaron casi tres años sin que nadie supiera nada de nosotros, hasta que en uno de los viajes de Henry, él la encontró en Montgomery, sentada en una banca, sucia, delgada, desmejorada y con la mirada triste, al acercarse a ella, se dio cuenta de que estaba embarazada. Henry la saludó, pero ella no lo reconoció, él le habló de Laura, de George, del abuelo, de Chicago, pero Priscilla no recordaba nada, él le preguntó por mí, pero ella negó tener más hijos. Henry le envió un telegrama a Laura y ella le aviso a George, los dos viajaron a Montgomery ese mismo día, cuando llegaron a la ciudad, Henry ya había llevado a Priscilla a un hospital, su embarazo ya estaba muy avanzado y lo peor de todo, era que su corazón estaba muy débil, se dieron cuenta de que ella sufría de amnesia, por eso no los recordaba.

- ¿Ella estaba embarazada de mí?

Sí.

- ¿Y quién fue mi padre?

- No lo sé, ni siquiera ella lo sabía…

Yo lo miré desconcertada, no entendía cómo era posible que mi madre no supiera quién era mi padre.

- Los siguientes días, George se dedicó a preguntar entre la gente, quería saber que era lo que le había sucedido a Priscilla durante esos años, su investigación lo llevó hasta el burdel de la ciudad, ahí le dijeron que efectivamente, Priscilla había trabajado en ese lugar por un par de años, hasta que quedó embarazada.

- ¿Entonces mi padre fue uno de sus clientes del burdel?

- Sí.

En ese momento comencé a llorar, Albert intentó abrazarme, pero no me dejé - ¿Y cómo fue que ella perdió la memoria?

- Nadie lo supo a ciencia cierta, según los dueños del burdel, cuando ella llegó a trabajar ahí, ya no recordaba nada de su vida pasada, solo escucharon rumores de que, al parecer, ella había sufrido un accidente cerca de la estación del tren.

- ¿Por eso no llegó a la cita con George?

- Sí, al parecer se accidentó el día que llegó a Montgomery y perdió la memoria.

- Pero, ¿por qué no te llevo con ella?

- George cree que ella tuvo miedo de que nuestro abuelo leyera la carta, por eso decidió ir sola.

- ¿Y George no te buscó?

No, él pensó que yo había muerto en ese accidente, todos le dijeron que nunca habían visto a Priscilla con un niño, ella siempre había estado sola. George ni siquiera sabía de la existencia de ese rancho, jamás se hubiera imaginado que mi madre me había dejado ahí. Cuando George me vio por primera vez, notó que me parecía mucho al abuelo, pero él creyó que se trataba de una coincidencia, nunca sospechó que yo pudiera ser su hijo.

- ¿Y qué pasó con mi madre y conmigo?

- Los doctores les dijeron que era poco probable que Priscilla sobreviviera al parto, y así fue, ella murió al darte a luz, pero tú estabas viva y sana. Hicieron todos los arreglos para llevar el cuerpo de Priscilla de regreso a Chicago, no le dijeron nada al abuelo, él estaba muy delicado de salud, sabían que enterarse de lo que le había pasado a su hija, lo mataría. Una vez que enterraron a Priscilla, comenzaron a discutir sobre que iban a hacer contigo, George se ofreció a hacerse cargo de ti, pero Laura se negó, ella insistió en que lo mejor sería que te quedaras con ella. Henry no estaba muy de acuerdo, le preocupaba que era lo que le iban a decir a sus amistades cuando preguntaran de dónde habías salido tú, Laura le dijo que si no le parecía su decisión, era libre de irse de regreso a Nueva York, obviamente él no se fue, se quedó con Laura y te registró como su hija. A las pocas semanas falleció el abuelo, antes de morir le pidió perdón a George y accedió a darle su apellido, todo se hizo debajo del agua, los únicos que supieron sobre eso, fueron Laura, George, Henry y el abogado de la familia.

- Si el abuelo lo reconoció, ¿por qué tiene otro apellido? ¿Por qué no tomo posesión de la herencia junto con mi… Laura?

- Fue decisión de George seguir utilizando el apellido de su madre y actuar como si fuera un empleado más de la familia, estaba tan afectado por la muerte de Priscilla, que lo que menos quería en ese momento, era estar en medio de un escándalo. Él prefirió vivir con un perfil bajo, alejado de todo el mundo, además, el abuelo ya no había tenido tiempo de cambiar el testamento, por eso toda la fortuna Ardlay pasó a manos de Laura, y aunque ella le ofreció a George darle parte de la herencia, él se negó. Con lo único que George quiso quedarse, fue con la casa de Londres.

- ¿Y cómo le explicaron a los demás de mi llegada?

- Después de la muerte del abuelo, Laura y Henry se fueron a vivir contigo a Lakewood, por una larga temporada, a su regreso a Chicago, dijeron que Laura se había ido estando embarazada y que tú habías nacido allá, el parecido entre las dos era tan grande, que nadie jamás lo dudó. Realmente fuiste muy afortunada Candy, George me dijo que Laura te amó desde el primer momento en que te vio y que para ella tú siempre fuiste como su hija, y aunque Henry tardó en aceptarte, al final, él también te amó como si fuera tu padre. En cambio yo, crecí sólo, siempre me pregunté por qué mi madre no me había querido y me había abandonado en ese lugar, fue hasta que George me contó la verdad, que entendí que ella no me dejó ahí porque no me quisiera, sino porque no se acordaba de mí – Me dijo Albert y después comenzó a llorar.

Tuve ganas de abrazar a Albert, pero me di cuenta de que aún no estaba lista para hacerlo, así que puse mi mano en su hombro, pensé que Albert tenía razón, yo había sido mucho más afortunada que él. Fue en el momento en que recordé sus palabras "él te amó como si fuera tu padre", que pensé en Terry y entendí que nosotros no éramos hermanos. Sin decir nada, me levanté rápidamente y comencé a caminar hacia la casa.

- ¿A dónde vas Candy? – Me preguntó Albert, pero yo no respondí, lo único que quería era ir corriendo a Farmington, para contarle a Terry que no existía impedimento alguno para seguir amándonos.

Entré al cuarto y miré el reloj, vi que eran las cinco de la mañana, tomé una hoja y una pluma y le escribí una pequeña carta a Archie diciéndole que me perdonara, pero que no podía casarme con él, la metí en un sobre y la dejé encima del tocador con una nota, donde pedía que le entregaran la carta a Archie, lo más pronto posible. Saqué una maleta pequeña del armario y metí solo mis cosas esenciales, bajé rápido las escaleras y busqué las llaves del auto de George en el perchero de la cocina, me subí al carro y me dirigí a toda marcha a buscar de nuevo a Terry.

- Esa noche, no te fuiste más rápido, porque no pudiste, yo tenía ganas de seguir platicando contigo – Me reclama Albert.

- Discúlpame, pero en lo único en que podía pensar, era en regresar con Terry.

- Me sorprendí mucho cuando te vi salir con el auto de George, nunca imaginé que supieras conducir.

- Recuerdo que manejé como una loca, recorrí en un día lo que George suele recorrer en dos, doy gracias a Dios de que no me haya pasado nada malo, Terry me regañó mucho por mi imprudencia.

- Concuerdo con él, no sé cómo pudiste atreverte a manejar sola por la carretera, pudiste haberme pedido que te acompañara.

- Discúlpame, pero en ese momento, lo que menos quería era estar contigo, tenía miles de sentimientos encontrados en mi interior, yo aún necesitaba asimilar todo lo que me habías contado.

- Créeme que te entendí, cuando George me contó todo, yo me fui unos días con Tom, me sentía tan frustrado, que no quise saber nada de nadie.

- Algún día le reclamaré a Tom por todo, me debe muchas explicaciones – Le digo a Albert fingiendo molestia.

- ¿Y qué le vas a reclamar? ¿Qué se haya reído en mi falso funeral?

Los dos comenzamos a reír, es ahora que puedo sentir a Albert cerca de mí, como mi hermano…