POV Bella

Empezaba a pensar que nunca recobraría mi natural tono pálido, afortunadamente 10 minutos después de que Edward se había metido en el baño, yo ya estaba bien de nuevo, sin embargo, sabía que me sonrojaría de nuevo en cuanto viera a Esme o a Carlisle directamente a los ojos... por sus pensamientos sabía que no estaban pensando nada malicioso como Emmet o Rosalie, pero aún así, creía que moriría de vergüenza…por lo que yo misma estaba pensando.

De un tiempo para acá Edward y yo nos hacíamos más y más cercanos, no solo emocionalmente, también en el aspecto físico. Y lo extraño era que no me incomodaba en lo absoluto, todo lo contrario, cada vez que estábamos así yo simplemente quería que se acercara un poco más, como si no tuviera suficiente de él jamás.

EL sonido de la puerta de su baño abriéndose, rompió el hilo de mis no tan sanos pensamientos, para mostrarme a un Edward que se veía pecaminosamente hermoso. Siempre había notado cuán guapo era, pero definitivamente hoy lo veía más que todos los días; llevaba un pantalón de tela gris con finas líneas verticales, una camiseta deportiva negra, que dejaba ver sus bien formados bíceps y marcaba su pecho y abdominales, y una converse casi del mismo tono del pantalón. Parecía como si se hubiese puesto aquella ropa haciendo juego con la mía, no dudaba que Alice hubiese tenido algo que ver.

Un momento después el habló para infirmar mis sospechas, él había escogido su ropa sin ayuda de nadie.

- Te parece que así está bien? No quiero que mi hermana "la gurú de la moda" me devuelva a cambiarme…- dijo pidiéndome consejo

- Estás perfecto…- literalmente lo estaba- Vamos antes de que regresen por nosotros…- le dije, convencida de que si nos demorábamos, ésta vez sería Alice quien se encargaría de apenarme frente a todos, y Emmet se le sumaría, para rematar.

Además, había que empezar a poner en marcha el plan trazado para el día.

POV Edward

Después de entrar en el baño me quedé pensando en Bella, pero de una manera que usualmente no haría. Me consideraba un caballero en todo el sentido de la palabra y mis pensamientos sobre ella no estaban siendo lo más cortés del mundo justo ahora. Ésta era una sensación completamente nueva para mí, nadie nunca había despertado algo parecido a lo que Bella había logrado. Afortunadamente en éste momento estaba debajo de una fría ducha, de lo contrario mi propio cuerpo me habría avergonzado frente a ella; pero era inevitable no pensar de esa manera cuando sentía cada espacio de su cuerpo sobre el mío, como habíamos estado justo hace un momento.

-Edward, ya no más, deja de pensar así-, me reprendí a mí mismo. Cuando me pude controlar completamente salí del baño, ya vestido y listo para irnos a algún lugar por ahí, donde nadie pudiera molestarnos más.

Le pregunté a Bella si me veía presentable y me dijo que estaba … vaya… ya quisiera yo estar al menos cerca de la perfección para ella, tal vez tenía demasiada suerte para que ella me viera de la forma en que lo hacía.

Bajamos las escaleras y Emmet me dedicó una mirada de arrepentimiento, y a Bella. Tal vez mamá había hablado con él y le había llamado la atención por su descortés comentario.

Nos despedimos rápidamente de todos y salimos. Vi por el rabillo de mi ojo que Alice le intentaba decir algo a Bella y luego alzaba sus pulgares disimuladamente. Algo se traían éste par, pero no le dí importancia, a lo mejor ya me estaba volviendo paranoico.

Vi mi reloj, ya eran las 11:30; supuse que me familia entendería que no vendría a almorzar, por la hora. Al llegar al lado de mi auto miré a mi Bella, la cual sonreía ampliamente, lo cual me causó curiosidad

- Se puede saber, Señorita Swan, cuál es el motivo de su evidente alegría?

Amplío aún más su sonrisa, haciéndola imposiblemente hermosa, y me respondió en el mismo tono formal en el que yo le había preguntado

- Puede saberse, pero no en éste momento justamente, tendrás que permitirme mostrártelo en un momento.

- OK, entonces, dime… a dónde quieres ir?

- Quiero que me lleves al prado en el que practicas con tu guitarra.

-Pero- Le dije con una mueca de confusión- No llevo mi guitarra…

- Descuida, hoy no la necesitas… sólo vamos allí.

Asentí y le abrí la puerta de copiloto, ella se subió rápidamente. Hice el camino un poco más afanosamente de lo normal, algo me decía que allí encontraría la respuesta a su sonrisa, y en cuestión de unos minutos ya estábamos al final del sendero, hasta donde llegaba el carro. Ahora sólo tendríamos que caminar unos cuantos metros.

Justo antes de llegar a nuestro destino, Bella me tomó por el brazo y me hizo girar hacia ella, hablándome

- Ahora necesito que hagas algo por mí, podrías?

- Claro amor, sólo dimelo- Le dije casi sin pensarlo. Ella me miró con picardía brillando en sus ojos.

- Sólo quiero que cierres los ojos, y me permitas guiarte lo que falta para llegar a nuestro sitio, me dejarías?

No podía negarle absolutamente nada a ésta mujer. Cada día me convencía que había nacido para darle gusto en lo que ella necesitase.

-No hay problema… confío en ti- Le dije cerrando los ojos y extendiéndole mi mano para que me guiase.

Después de unos cuantos pasos nos detuvimos. Tenía mucha curiosidad, pero me aguanté las ganas de abrir los ojos porque sabía que se molestaría si no cumplía mi palabra. Ella pareció notar mi ansiedad porque me rozó suavemente la espalda y me dijo al oído – Ya puedes abrirlos…-

Hice lo que ella me dijo, y me encontré con una hermosa vista. Había un pequeño mantel de picnic en el suelo, y sobre él mucha comida tapada cuidadosamente. Noté con mucho agrado que eran mis platos favoritos, seguro que las mujeres de mi casa habían contribuido con ésta sorpresa. De ahí que mamá me dejara salir justo a la hora del almuerzo sin rechistar.

Me giré lentamente para ver a Isabella mirarme con expectación; como esperando que dijera algo… entonces, sin que ella lo esperase, la levanté en mis brazos por su cintura y di giros rápidamente con ella, empezó a gritar (no sé si del susto o la emoción) y a reírse de manera nerviosa, finalmente me mareé un poco y ambos caímos al suelo, afortunadamente ella cayó sobre mi así que pude amortiguar su caída.

Paramos de reírnos como locos y la vi fijamente a los ojos, nuestras miradas quedaron atrapadas mientras nuestras respiraciones agitadas hacían subir y bajar nuestros pechos de manera frenética. Me aferré a su rostro con mis manos y la besé como nunca antes lo había hecho. Tal vez fue producto de la emoción del momento, de escuchar su risa mas fuerte que siempre, o simplemente el darme cuenta que no había ningún otro sitio u otra persona con la que quisiera estar en éste instante.

La besé con pasión. Como si fuese la última vez que pudiera hacerlo, como si supiera que cuando todo está perfecto siempre llega algo para arruinar tu diversión.

Y ella no se opuso en lo absoluto. Rocé suavemente su labio inferior con la punta de mi lengua, pidiendo permiso, no quería que fuera demasiado para ella; y para mi sorpresa ella me respondió el beso con toda la intensidad que le fue posible. Estaba totalmente perdido y embriagado con su sabor, su aliento, su olor… todo era tan nuevo y tan impresionante… de repente, me detuve.

No quería ser grosero, ni que le molestara mi actitud, pero estaba completamente seguro que si no detenía este beso de alguna forma, acabaría haciendo algo para lo que aún no estábamos preparados, o eso pensaba yo. Me miró con el ceño ligeramente fruncido, sabía que esa era justo la expresión que ponía cuando no lograba entender del todo algo.

Rocé suavemente su mejilla para hacerle entender que todo estaba bien. Aún así me preguntó que iba mal.

-Pasa… algo?

- No amor, es sólo que… cuando te tengo así de cerca, me olvido de muchas cosas… incluso de la cortesía- le dije, tratando de ser honesto.

-Sabes? no me molestaría que fueras así de descortés más seguido. Ese beso… ha sido uno de mis tres favoritos...-me contestó sonriendo.

-Ok, voy a tenerlo en mente…- le dije divertido por su comentario, sutil, pero coqueto.

Definitivamente ella no tenía ni idea de lo que me provocaba su cercanía, sus besos, me preguntaba si para Bella sería complicado controlar sus hormonas, como me estaba pasando a mi… las mujeres siempre habían supuesto todo un misterio para mí, y sin duda mi novia era una de las que más me sorprendía con sus actitudes, y sus palabras, ella sencillamente era especial en todo el sentido de la palabra.

Nos sentamos y la abracé por la cintura, ella recostó su cabeza en mi pecho y comenzamos a comer despacio todas las cosas que allí había, mientras hablábamos de nuestros cumpleaños pasados. Yo no tenía mucho que contar, ya que siempre me había opuesto a que los celebraran de alguna forma ostentosa, pero Bella sí que tenía mucho que contar, sus padres no le habían perdonado piñata en su infancia, y en su adolescencia, le regañaban cosas bastante interesantes, como viajes, boletos de conciertos, y cosas así. Éramos todo un contraste y a la vez nos parecíamos tanto…

Pasaron tal vez unas cuatro horas desde que habíamos llegado, y yo no quería irme aún pero sabía que si no regresábamos pronto mis hermanos vendrían a buscarme y me secuestrarían. No esperaba menos de ellos…

Caminamos a paso quedado hasta el coche, y ésta vez conduje a menor velocidad de la acostumbrada; no quería que nuestro momento a solas se acabara tan pronto, pero por más que lo prolongué ya estábamos frente a mi casa. Jasper y Emmet vinieron corriendo hasta mí, sin ni siquiera dejarme entrar, se veían emocionados de verme.

Bella estaba divertida con la escena de mi rapto y se alejó de nosotros entrando a casa, mientra me enviaba un beso con la mano. Yo hice como que lo atrapaba y me lo echaba al bolsillo antes de que la viera desaparecer de mi vista.

Emmet y Jasper me tiraron de las manos en dirección al garaje. La verdad no pude oponer mucha resistencia, ambos eran mas altos y fuertes que yo, así que me dejé arrastrar.

-Edward… vas a morirte cuando veas tu regalo de cumpleaños- dijo Emmet con muchísima emoción en la voz. Él siempre era entusiasta, pero ésta vez le veía casi sobrexcitado. En verdad debía ser algo especial.

- ¿Listo?- preguntó Jasper, también exaltado.

- Claro, les respondí con curiosidad de nuevo, aunque no quería que ellos lo notaran.

- ¡Tachánnnnn!- dijo Emmet como niño pequeño, giré, y vi un hermoso corvette 6,0 convertible azul oscuro.

Wow…!- fue todo lo que pude decir… era genial en verdad. Me encantaba mi actual coche, pero éste sin duda era muy de mi estilo, no quería esperar ni un minuto, ya quería probarlo.

Los chicos me sonrieron y Jasper me entregó las llaves. De inmediato me estaba subiendo en mi regalo. Ellos me imitaron.

- Vamos hasta el centro comercial- Dijo Jasper, yo estaba tan emocionado manejando que no me opuse, la velocidad era asombrosa.

- Entonces, ¿te ha gustado tu nuevo auto Eddy?- me preguntó Emmet haciendo énfasis en mi nombre en diminutivo, sabía que no me gustaba que me llamara así fuera de la casa, sin embargo lo ignoré, estaba muy contento.

- Supongo que eso es un sí, ya que no me has regañado- contestó luego de un rato.

- Es genial Emmet, lo sabes.

En cuanto llegamos al centro comercial, los chicos me convencieron de que nos tomáramos una cerveza para celebrar mi mayoría de edad. No me pareció una mala idea por lo que accedí. Ya eran casi las siete cuando íbamos saliendo del café donde estábamos, y pasamos junto a una tienda Armani.

- Edward, ¿sabes qué estaría genial?- me preguntó Jasper mirando en dirección a la tienda.

- ¿Qué?- pregunté curioso

- Bueno, a Alice le encantaría verte dentro de uno de esos, dijo señalando un traje negro que estaba en el exhibidor- Sabes que no aprueba que nos vistamos como cualquier otro día mientras estemos de cumpleaños

- mmm...… pues, supongo que no me haría mucho daño vestirme bien sólo para darle gusto un rato a las mujeres de mi casa- dije sin darle mucha importancia

- Seguro que Bella también lo apreciará- respondió Emmet riéndose con sorna.

Entramos y opté por un traje completamente negro, así luego podría combinarlo en otra ocasión con alguna de mis camisas blancas y corbata negra, al estilo inglés. Terminé llevándome hasta los zapatos que hacían juego, si Alice pudiera verme comprando estaría orgullosa.

Los chicos también aprovecharon y compraron trajes para ellos.

Ahora sí que parecía un millonario ostentoso, en éste carro y éstas pintas, pero bueno, todo sea por darle gusto a mi familia.

Ya extrañaba a mi Bella, y luego de haber perdido casi una hora en la tienda, me sentí culpable por haberla dejado sola en casa con mis hermanas y mi madre; no es que ellas la fueran a torturar, pero en verdad la echaba de menos…

Conduje hasta donde la velocidad prudentemente alta me lo permitía. Al llegar vi que sólo estaba prendida una luz en el primer piso, y un silencio un tanto anormal. No sé porqué pero tenía un raro presentimiento…

Dejé mi nuevo auto en el garaje y los tres nos bajamos, y sin que yo me diera cuenta, mis hermanos me dieron la delantera. Abrí la puerta sin hacer mucho ruido y de repente escuché un - ¡SORPRESA!- gritado al unísono.

-Oh, por Dios,- fue todo lo que pude pensar…

POV Bella

Las Cullen habían estado jugando a las muñecas conmigo toda la tarde desde que Edward se había ido; pero al verme al espejo casi no pude reconocerme. Menos después de la tonalidad rojo intenso que había adquirido al estar con él en el prado, aún no encontraba las palabras exactas para expresar las emociones que ése beso había provocado en mí, no podía sacarlo de mi cabeza… de ahí que aún siguiera sonrojada.

Bueno, volviendo al presente…mi vestido era a tres colores: Blanco en una franja que iba desde mi hombro derecho hasta mi pecho izquierdo, dejando al descubierto todo mi brazo izquierdo, luego una franja en velo negro, sobrepuesto en la tela blanca, y por último una gran franja roja que iba desde mi cintura hasta encima de mi rodilla. Esme me había prestado una preciosa gargantilla que rodeaba delicadamente mi cuello. Rosalie me había prestado un pequeño bolsito que hacía juego con el vestido para que tuviera ahí mi móvil por si papá me llamaba.

Entre Alice y Rosalie habían peinado mi cabello en una sofisticada moña entrecruzada dejando algunos mechones sueltos en la parte de atrás. De verdad que aún me costaba trabajo reconocerme al mirar mi reflejo en el espejo. Y ni qué decir de los tacones que Alice me había comprado, eran de casi 10 cm… al fin no me vería tan baja al lado de Edward… no podía esperar para verlo de nuevo, lo extrañaba tanto…!

Finalmente escuché un auto acercarse, rápidamente eché un vistazo desde la ventana y alcancé enfoqué mi mirada en un deslumbrante convertible azul, seguramente ése sería el nuevo auto de Edward.

Corrí de nuevo a la sala donde estaban todos los invitados a oscuras, esperando al cumpleañero, yo aún no había tenido oportunidad de saludar a nadie, ya que acababa de bajar del cuarto de Alice, -justo a tiempo- pensé para mi misma.

En eso se abrió la puerta, y supe que era él, todos gritamos ¡SORPRESA!, alguien, supuse que Alice, encendió las luces de colores que habían puesto para ambientar la casa y entonces pude ver la cara de mi novio.

Realmente hubiera deseado sacarle una fotografía justo en ése momento, por dos razones: la primera era que se veía increíblemente guapo en su traje negro, y la segunda era que, aunque hubiera sospechado de nuestros planes, jamás esperaba lo que se encontró adentro. Ni siquiera yo misma, ya que todo estaba a oscuras cuando bajé. Parecía como si estuviéramos en una disco, éstas niñas Cullen sí que se tomaban todo muy pero muy en serio, estaba tan agradecida con ellas por haberme ayudado…

Tan pronto como Edward me vio, dejó caer un poco su mandíbula, y sus ojos casi destellaban, no pude sentirme más feliz por su reacción, de nuevo me tomó por la cintura y me levantó como si pesara más una pluma que yo… no es que eso me molestara, en absoluto. Nos besamos suavemente. Su felicidad me hacía inmensamente feliz a mi también.

-Estás absoluta e irresistiblemente hermosa ésta noche- Me dijo en el oído cuando me puso de nuevo sobre mis pies.

- El homenajeado no se queda atrás. Ése traje le queda a la perfección Señor Cullen- Le dije en tono insinuante.

No podíamos dejar de mirarnos como tontos cuando llegó Esme y nos arrastró para que Edward saludara a los demás…

POV Edward

Oh por Dios…. Bella estaba más hermosa que siempre, parecía una muñeca en tamaño real. Mis ojos sólo podían verla a ella, después del segundo que tardé en asimilar que me habían preparado una fiesta sorpresa, -Y mira que realmente estaba sorprendido- lo único que ocupó mi cabeza fue ella, me parecía casi irreal que pudiese verse así… y que estuviera conmigo.

Me dirigí directamente a ella y la levanté de nuevo con mis brazos, besándola, ésta vez más prudentemente que cuando lo hice en el prado, luego le hice saber lo bien que se veía. Ella me devolvió el cumplido. Ambos nos sonrojamos mucho, y en esas apareció mi madre para que saludáramos al resto de invitados. Estaban nuestros compañeros del instituto, de los cuales conocía a Ben, Angela, Jessica, Eric, y Mike. A los demás solo los conocía de vista, eran amigos de Emmet, Jasper y Rosalie. Luego vi al grupo de quienes debían ser los amigos de infancia de los Cullen, y me impresionó lo llamativas que eran las tres chicas que allí estaban. Sobre todo una rubia de cabello corto y ojos claros.

Nos acercamos a ellos, y entonces Edward saludó primero a la pareja adulta, me presentó como su novia, sus nombres eran Eleazar y Carmen. Luego me presentó a las chicas, igualmente les hizo saber quién era yo.

- Mucho gusto, mi nombre es Kate, ella es mi hermana Irina, y ésta es mi hermana menor, Tanya- me dijo la que parecía ser la mayor de las tres.

Entonces, ésta última se tiró en brazos de Edward sin que él ni siquiera la viera venir – Oh Edward, cuánto tiempo… sigues igual de guapo, pero los años han sido muy generosos contigo- le dijo dirigiéndose a él, ignorándome por completo.

Sentí un aleve punzada de celos, (Obviamente los pensamientos de Tanya hacían que casi quisiera tirármele encima y quitarle cada uno de sus cabellos rubios) pero inmediatamente sentí que Edward me pasó el brazo por la cintura y me acercó más a él, entonces le respondió a Tanya, dirigiéndose a las tres chicas. Los pensamientos de las otras dos me tranquilizaron un poco; en sus mentes recordaban que Edward siempre las había tratado por igual, y que no había ninguna clase de favoritismos, simplemente eran sus amigas, nada más.

-Bueno, ustedes también se ven... genial, igual que tu madre, me alegra que hayan podido venir a visitarnos- dijo cortés pero tranquilamente, sin nada de emoción en su voz.

Edward fue a saludar a su padre, quien le dio un efusivo abrazo, y le preguntó si le había gustado su regalo.

- Padre, no necesitas preguntarlo… sabes que me ha fascinado; muchísimas gracias.

Luego vimos a Alice y Rosalie, que estaban sonriéndonos desde una esquina de la sala, fuimos hasta ellas, y se abrazaron con Edward.

- Oh, hermanito, espero que no estés molesto, porque si lo estás, tienes que saber que todo ha sido una brillante idea de la hermosísima chica que te acompaña ésta noche- dijo Alice guiñándome el ojo. Edward se giró un poco sorprendido, pero lo luego hizo aquella sonrisa torcida que hacía que perdiera la razón.

- culpable- solo fui capaz de articular entre sonriendo y esperando su reacción.

para mi sorpresa, me abrazó muchísimo más fuerte que lo que lo había hecho antes, y me dijo –Pues, entonces tendré que felicitar a la hermosísima chica que me acompaña como se merece, ya que, sin duda, ésta es la mejor fiesta que he tenido -sin importar que haya sido la única- y estoy, definitivamente en la mejor compañía del mundo, no creen ustedes?- y se giró de nuevo hacia sus hermanas cuando hizo la última pregunta.

- Sin duda- Dijo Rose- Y eso que aún no has visto lo mejor…- Dijo ahora guiñándome el ojo ella.

Éste par de chicas iba a hacer que me sonrojara indefinidamente el resto de la noche…

- ¿Ahhh si?- preguntó curiosamente divertido Edward

- Por supuesto… ya lo verás- Respondió Alice mientras se alejaba y arrastraba a Rose consigo, dejándome sola con Edward y su curiosidad.

- ¿No podrías adelantarme algo? dijo, tomándome por la cintura, yo rodeé su cuello con mis brazos, y justo cuando estábamos a punto de besarnos apareció Tanya, con un regalo en sus brazos.

-Tal vez esos besos aún no sean para mí, pero tampoco voy a dejar que le bese a ella- pensó antes de llegar a Edward y tocar su hombro para llamar su atención. Dios… ésta niña estaba agotando mi paciencia… pero bueno, debía mantener la calma de alguna manera…

- Edward, ¡Feliz cumpleaños! éste es departe mía y de mi familia, espero que te guste- Dijo extendiéndole el paquete. Él también se veía un poco irritado por la interrupción, pero como el caballero que es, hizo acopio de su prudencia y extendió los brazos para recibir el paquete, haciéndole soltar inevitablemente mi cintura, ya que la caja era bastante grande. Forzó una sonrisa en sus labios, pero sabía perfectamente que no estaba realmente complacido por el regalo, menos por tener que dejarme un momento para llevarlo hasta su cuarto.

- Regreso en seguida- Me dijo con cara de disculpa, y me dio un suave beso en la mejilla, mientras se iba dando largos pasos, dejándome ahí, en una compañía no del todo agradable.

- Así que, novios, ¿verdad?- dijo en tono un poco resentido.

- Sí… - Dije sin poder reprimir un suspiro. Podía asegurar que ella también estaba a punto de lanzarse sobre mí. Simplemente no podía por normas de educación.

- No puedo creer que esté con alguien tan simple como ella… es tan… corriente- pensaba Tanya para sus adentros. La miré con furia por unos segundos, respiré profundamente, si no sería yo quien iniciara la pelea. Pero en ese caso, sería yo quien quedara como una loca celosa-maniaco-compulsiva ya que nadie podía saber de mi "habilidad". Cómo explicaría entonces que ésta chica engreída creía que yo era muy poquita cosa para Edward. Quizá lo fuera, pero él me había elegido a mí y no a ella, él me amaba a mí y no a ella y para finalizar él deseaba estar conmigo y no con ella; me lo había demostrado desde que Ella había puesto un pie en ésta casa.

Tal vez no podía escuchar la mente de Edward… pero conocía perfectamente sus ojos, esos hermosos pozos verdes inundados de tranquilidad y transparencia. Él me amaba de verdad, y nada más importaba.

Afortunadamente llegó Edward y m tomó de la mano, llevándome con él, mientras se disculpaba con Tanya a distancia, por retirarnos así.

Me arrastró hasta el jardín trasero, en donde había una pequeña fuente iluminada al lado de las flores de Esme. Era una vista preciosa, además porque la luna brillaba en lo alto del cielo, rodeada de innumerables estrellas.

- Esto es hermoso…- Dije mirando la luna, la fuente y las flores.

-Tienes mucha razón… nunca había visto nada más hermoso- dijo Edward mirándome a mí, sonriéndome.

Inmediatamente sentí ascender la vergüenza materializada en rubor a mis mejillas…

- Tontito… estaba hablando del paisaje- dije rozándole sus mejillas sonrosadas por el frío de la noche.

- Igual yo, y tú eres el paisaje más soñado de toda mi existencia… nunca me cansaré de decirte que eres la mujer de mis sueños, y que mi mayor sueño es estar contigo el resto de mi vida…- dijo mientras acercaba sus labios a los míos, suave, dulce, y dolorosamente lento. Apenas rozamos nuestras bocas, sentía que me faltaba el aire, y que mi corazón iba a estallarse de felicidad.

- Te amo, con cada espacio de mi ser, con toda la fuerza de mi corazón- le dije sin poder contenerlo

Entonces sí que nos besamos, igual que ésta mañana, con pasión, con impaciencia, con deseo, con amor…

Creí que estaba en una dimensión paralela cuando escuché a alguien aclararse la garganta.

- Aquí están par de tortolitos, los he buscado por 15 minutos…- dijo Jasper, divertido. -Alice me ha puesto de custodio para que no te escapes de tu propia fiesta hermano,- dijo acercándose a Edward, palmeándole el brazo.

Los dos soltamos una risita por lo bajo, conocíamos a Alice y sabíamos que nos creía capaz de eso.

Regresamos los tres a la sala y Alice se botó en los brazos de Jasper, agradeciéndole que nos hubiera encontrado. No pudimos más que reírnos de nuevo.

- Ahora entiendo porqué eres tan dedicado con tu nuevo trabajo, Jazz- Le dijo en broma Edward.

Alice me llevó de la mano, alejándome un poco de Edward, y me preguntó al oído si estaba lista para mi regalo. Yo asentí, muerta de los nervios…

Entonces ella detuvo la música que estaba sonando y le dio unos leves golpecitos al micrófono para probarlo. Asintió y me indicó que ya podía acercarme.

Detrás del piano había una pequeña batería, y la guitarra que iba a regalarle a Edward estaba escondida justo detrás de ésta. Vi que los músicos que había contratado ya estaban listos, sólo era un poco de apoyo para que no sonara tan simple, un baterista y un guitarrista, yo tocaría el piano mientras cantaba. Estaba muy nerviosa por dos cosas: la primera era que iba a cantar en público y la segunda era que iba a utilizar la melodía que Edward había compuesto… esperaba con todo mi corazón que le gustara la letra que había escrito para ella.

- Buenas noches a todos- dije tímidamente para llamar la atención de los presentes, pero en realidad la única persona que de verdad me importaba que escuchara era mi Edward… no existía nadie más en aquel salón para mi.- He querido hacer algo especial para ese chico maravilloso por el cual todos estamos aquí- dirigí mi mirada hacia él, y automáticamente todos hicieron lo mismo… fue como una epifanía verlo sonrojarse tal y como yo lo hacía cuando era el centro de atención… es decir como lo estaría en unos pocos segundos, ya podía sentir mis mejillas calientes, como para variar, respiré profundamente y me armé de valor…continuando con mi dedicatoria – Edward, me he tomado el atrevimiento de tomar algo prestado, y tal como le he llamado a ésta canción, es "solo para ti" –

(N/a: Si quieren pueden entrar a éste link, solo quiten el espacio entre you y tube, es una pequeña versión improvisada que hice de lo que le cantaría Bella a Edward...

/watch?v=FntiLN8jCwA)

Justo en ese momento el guitarrista tenía la orden de comenzar… mis primeras líneas de la canción apenas se escuchaban, sentía su mirada fija en mi de una manera que jamás había visto, estaba claramente conmovido por lo que estaba haciendo…

Cuando llegué a la cuarta línea ya empezaba a encontrar mi voz en algún lugar de mi cuerpo… todo el salón estaba sumido en un profundo silencio, que solo se rompía con la música y mi voz.

Durante toda la canción sostuve su mirada, sus ojos me llenaban de confianza, su expresión de felicidad… lo vi dar lentamente pasos hacia donde yo estaba, y cuando dije la última línea de la canción, él estaba justo frente a mí, con sus ojos llenos de lágrimas que aún no se desbordaban.

Cuando terminé me puse de pié poniéndome a un lado del piano y él se arrojo en mis brazos.

- Te amo, más que a nada en el mundo- Le dije susurrando en su oído.

- Quédate a mi lado, no te vayas nunca por favor… me dije aumentando su agarre, después de unos cuantos segundos, en los que se oían chiflidos, suspiros y aplausos, reaccionamos de nuevo, y entonces vi sus ojos húmedos. Pasé mis pulgares por sus mejillas, secándolas con ternura.

- No tengo intenciones de irme, ni aunque tuviera la eternidad para vivir, creo que haría lo que fuera para quedarme contigo.

Sonrió ampliamente y fue como ver salir el sol… quedé completamente deslumbrada. Me separé de él brevemente, para ir por la guitarra que seguía escondida detrás del baterista, éste me la alcanzó y la sostuve en mis brazos, y caminé en dirección hacia Edward; se la entregué. Él definitivamente no lo terminaba de asimilar…

La tomó como si fuera un pequeño bebé, y pasó suavemente su mano por la superficie… Me miró completamente extasiado – Bella, mi amor, es perfecta… no sé como agradecerte…- Me dijo con tanta emotividad en su voz que apenas y podía hablar.

- Ven aquí y dame otro beso- le dije absolutamente feliz de que le hubiesen gustado mis regalos hasta ahora. Y como si fuera una orden, de nuevo sus labios y los míos se encontraron. Podía sentir en su beso todo lo que él sentía en ese momento. No podía pedir nada mejor… casi podía decir que había olvidado por completo en donde estábamos, pero de nuevo nos silbaron y aplaudieron, obligándonos a parar, y unirnos a los demás.

Luego de un breve momento, después de que todo el mundo nos preguntara acerca de la canción y contáramos rápidamente la historia, y Edward presumiera como un niño pequeño su nueva guitarra con su familia y amigos, Esme tocó una campanita y llamó la atención de todos, nos pidió que nos dirigiésemos al Buffet y nos sirviéramos cuanto quisiéramos. El primero en tomar su plato y hacer fila, por supuesto, fue Emmet, todos nos reímos en coro.

Edward estaba encantado con la comida. Incluso yo comí mucho más de lo normal, todo estaba exquisito.

Luego Alice se acercó de nuevo al micrófono y dijo alegremente – Bueno, y qué mejor que un buen baile para que toda ésta comida no arruine nuestra línea- todos de nuevo nos reímos, y escuchamos como ponía música para Bailar.

Los primero en salir fueron Esme y Carlisle, seguido por Jasper y Alice, después de ellos todos nos animamos, incluso Edward y yo, por supuesto acepté porque era él quien me guiaba. Prometió que no me soltaría en toda la noche, a lo cual yo bufé, sabía que todas querrían bailar con él y tenían la excusa perfecta, era su cumpleaños…

Efectivamente cada vez que alguien se acercaba a nuestra mesa para bailar con Edward el me miraba pidiendo mi consentimiento- lo cual me parecía absolutamente tierno y caballeroso de su parte, teniendo en cuenta su promesa- y yo siempre asentía en medio de una sonrisa… todas las veces, excepto cuando se acercó Tanya y se lo llevó sin ni siquiera permitirle mirarme. Por sus pensamientos, me di cuenta que estaba ebria, ya que éstos no eran del todo claros o coherentes.

De pronto vi que Edward le ponía los brazos en sus hombros para hacer que se retirara un poco, pero ella puso algo de resistencia, y él, como siempre, era incapaz de lastimar a una dama, aunque ésta no se comportara como tal. Fue cuando sus pensamientos me hicieron pegar un salto de mi silla.

-Lo besaré. Aunque no quiera. Así se dará cuenta de que está completamente ciego, él siempre me ha querido a mi, lo sé-

Todo paso como a la velocidad de la luz, yo ya me había puesto de pié y caminaba en dirección a ellos para evitar la escena y que así se arruinara la fiesta, sin embargo, cuando llegué allí, ya era demasiado tarde, ella se le había mandado con toda la fuerza de su cuerpo, y Edward apenas y pudo atraparla para que no se cayeran juntos al suelo. La imagen de su boca junto a la boca de ella hizo que sintiera un escalofrío. Claro, yo sabía que no era su culpa, sin embargo no pude evitar aquel dolor que sentí en mi pecho…

Edward la alejó casi de inmediato, y tenía una mirada de espanto cuando me vio de pié frente a ellos. Tanya tenía una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Pobrecita… estaba convencida de que yo terminaría con Edward por lo que acababa de "pasar". No tenía ni idea de lo que le tenía preparado…

Tomé a Edward- que todavía estaba en shock- de la mano, y lo halé del cuello de su camisa, acercándolo a mí; le susurré en el oído – Descuida, lo vi todo, sé que no fue tu culpa, sólo sígueme la corriente- y lo besé con todas mis ganas frente a ella, incluso me sentí un poco vulgar por hacer esto frente a todos, pero era la única forma en que ésta chica despertaría; estaba completamente obsesionada con Edward. Para mi enorme gusto y satisfacción, él me tenía aferrada por la cintura y me devolvió el beso con el alma…

Sí, al comienzo esto lo había hecho por venganza, pero ahora éste beso era completamente real, era una promesa de confianza que nos estábamos haciendo, y por supuesto, una declaración de que nos pertenecíamos mutuamente y no nos importaba que todo el mundo lo supiera.

Cuando nos separamos para respirar notamos cómo Kate e Irina sostenían de los brazos a Tanya. Y todos alrededor contenían el aliento por lo que acababa de suceder.

Pensé decirle unas cuantas palabritas a la chica, pero luego decidí que con lo que había visto era más que suficiente, además, no quería arruinarle la fiesta a Edward.

Vi cómo Esme se acercó junto con Alice a las tres chicas, y se fueron hacia la entrada de la casa. Seguramente se irían temprano en la mañana, si no era que lo hacían ahora mismo.

Carmen y Eleazar se acercaron a nosotros y se disculparon por lo sucedido. Realmente se veían muy apenados.

- Lo siento Edward, Bella, no es así como hemos educado a nuestra hija, realmente no entiendo cómo pudo actuar así, te ruego nos disculpes- Dijo Carmen con expresión torturada.

- No te preocupes Carmen, no ha sucedido nada, seguramente todo ha sido producto de la champagne… por favor no sean demasiado severos con ella- Les dijo Edward de manera condescendiente.

- Hija, espero que esto no les cause problemas en su relación, realmente hacen una pareja encantadora- me dijo Eleazar con tono esperanzado.

- No hay problema, todo está intacto- Le dije, tranquilizándolo. Sólo esperaba que Tanya se mantuviera lejos de Edward hasta que decidieran marcharse de nuevo a Denali.

Poco a poco se fueron yendo los invitados, probablemente imaginando que Edward y yo querríamos privacidad para hablar de lo sucedido, pero la verdad era que no había nada que decir, ya todo estaba dicho; ésta era una de esas ocasiones en las que nuestro amor era demostrado de manera silenciosa. Yo sabía que él me amaba, y él sabía que yo lo amaba, no había discusión sobre eso.

Los dos nos fuimos para su habitación. Al llegar allí Edward se arrojó de nuevo en mis brazos, pero ésta vez me levantó y yo rodeé su cintura con mis piernas. Nos besamos por lo que debieron ser unos cinco minutos. Nos separamos sólo por la falta de aire en nuestros pulmones, pude incluso sentir la excitación de Edward bajo su pantalón. Nunca me había sentido así… lo deseaba tanto…

Pero estaba aterrada. Una parte de mi estaba enteramente convencida de que éste no era el momento adecuado para que algo tan importante sucediera, y él también lo sabía, así que con cuidado me puso de nuevo sobre mis pies.

Me dio una mirada que no pude descifrar del todo…

- Gracias… por confiar en mí- Me dijo casi en un susurro- No sabes cuánto significa para mí, eso me hace amarte aún más, y yo creía que eso era imposible- tomó mi mano y la besó en el dorso.

- Tú mereces toda mi confianza, porque sé que también confías en mí… Gracias por no defraudarla- Nos volvimos a abrazar, pero éste fue más uno de apoyo, de consuelo mutuo.

-Bueno, creo que tienes muchos regalos que destapar, y aún no te he entregado mi último regalo. -Fui al fondo de su habitación donde Alice había puesto el cuadro, y se lo entregué.

- ¿Más? ¡Acaso merezco tanto!- dijo, recuperando de nuevo su emoción y su alegría.

- Lo mereces todo… espero que te guste. Ahora creo que me voy a dormir con tu hermana… antes de que decida quedarme como rehén en ésta habitación.- Dije dándole un corto beso de despedida.

- Sabes que asumiría toda la culpa por el secuestro si decidieras quedarte…- Me dijo con un brillo de entusiasmo en sus ojos.

- ¿De verdad lo harías?- Le respondí sopesando la posibilidad de quedarme, si no era absolutamente imposible para él

- Por supuesto, de hecho, sabes que mis padres depositan toda su confianza en nosotros, así que la decisión es tuya- Me dijo tentándome de nuevo

Tomé la decisión en un instante. No todos los días tendría la oportunidad de dormir junto a Edward – Está bien, sólo déjame avisarle a Alice y cambiarme a algo más cómodo- dije señalando mi vestido y mis zapatos.

- Aquí te espero- me dijo absolutamente sonriente.

Corrí a la habitación de Alice a avisarle que dormiría en la habitación de Edward y casi se pone a dar saltitos de alegría. Le dije que no era para tanto, sólo íbamos a dormir, estábamos exhaustos, sin mencionar que ninguno de los dos estaba listo para nada más que eso. Ella me contó que tuvo miedo por un momento que la noche se arruinara por lo acontecido con Tanya, pero yo le expliqué que no tenía nada de lo cual preocuparse, que siempre hallaría una manera de averiguar las verdaderas intenciones de la gente que nos rodeaba, y que no pensaba caer en esos juegos.

Me puse un pijama que Alice me prestó y me fui a la habitación de Edward de nuevo. Cuando llegué lo vi contemplando el cuadro que le había regalado, con una hermosa sonrisa dibujada en su rostro…

Me recargué en el marco de la puerta observándolo sin que él se diera cuenta, pero a los pocos segundo se percató de mi presencia.

Saltó de su cama, dejando el cuadro sobre ella y me tomo de las manos.

- ¿Tienes una idea de lo perfecta que eres? -Yo me reí por lo bajo, definitivamente estaba muy muy lejos de la perfección, pero cuando estaba con él me sentía perfecta… para él. Es algo verdaderamente extraño de explicar. Pero era alo que solamente él podría entender.

- Tu me haces tener una idea… lo siento contigo todo el tiempo… para mí eres perfecto también.

- Gracias por el cuadro, es tan vivo, tan alegre, y a la vez tan… tan… como tú. Sabes que tienes un gran talento, verdad?

- mmm… eso dice mi mamá, pero ella no es objetiva y tú tampoco- Le dije abrazándolo.

- Pues vas a tener que empezar a creernos, si no quieres que te traiga un experto en arte para que te haga entrar en razón- me dijo haciéndome cosquillas y llevándome hacia la cama.

Me soltó y puso el cuadro en una puntilla que tenía libre en la pared derecha de su habitación. Se giró hacia la cama y me sonrió. Comenzó a destender la cama para que nos metiéramos.

Apagó la luz, y la gran ventana de cristal que daba hacia el jardín dejaba colar el pequeño reflejo de la luna. Nos metimos bajo el edredón y nos giramos para mirarnos frente a frente.

Él extendió sus brazos y yo no necesité más invitación para acudir a ellos. Yo reposé mi cara sobre su pecho, abrazándolo.

- ¿Sabes? Éste es el regalo que más me ha gustado de todos. Tenerte aquí, junto a mí, toda la noche, eso definitivamente no tiene ningún precio para mí. No concibo una mejor manera de terminar el día.

- Buenas noches Edward, dulces sueños.

- Bunas noches Bella, soñaré contigo.

Comenzó a trazar pequeños círculos en mi espalda, y a tararear una de las canciones que recordaba de mis sueños… una nana. Sus últimas palabras me impidieron dormirme de inmediato, por lo literales que habían sonado.

- Edward… a veces siento como si te conociera de otra vida, ¿crees que eso es posible?- le dije sintiéndome un poco tonta por mi absurdo comentario, y por lo adormecida que se escuchaba mi voz

- Sí amor… lo creo – volteé a mirarlo y tenía el entrecejo ligeramente fruncido. Le di un beso en su barbilla y bajó la vista y me sonrió.

- Si tuviera muchas vidas, quisiera vivirlas todas contigo… le dije en voz casi inaudible.

- Yo también… Te amo - fue lo último que escuché antes de quedarme profundamente dormida.