Digimon: El fantasma del Apocalipsis
Capítulo 26: "Cuando un final se vuelve comienzo"
Iori sonrió, con tristeza, al ver el rostro pensativo de Tomoki. El joven Himi le recordaba un poco a Miyako, por su espontaneidad, así que era extraño ver una expresión seria nacer en medio de la alegría. Algo triste, quizá. Por eso se había forzado a ser más amigable y abierto, a invitarlo a comer y a sentarse juntos. Iori no era bueno en socializar, era introvertido y callado, pero no era insensible. No es que prefería quedarse de brazos cruzados ante el sufrimiento... Simplemente no sabía como debía tratar los problemas emocionales de las otras personas.
Muchas veces, supuso, no era capaz e lidiar correctamente con los suyos propios.
Sabía que Tomoki, Yamato, Takuya, Mimi e inclusive Miyako habían tenido una mala experiencia en el bosque. Su amiga de cabello lila le había asegurado que estaba bien y, aunque Iori no le creía en absoluto, sabía que Miyako no le diría lo que le preocupaba. Ella hablaba mucho, sí, pero con él siempre se había comportado más como una hermana que como una amiga y seguro prefería hablarlo con Hikari o con alguna de las chicas. Quizás con Ken, Iori sabía que ellos dos se habían hecho amigos más cercanos gracias al tiempo compartido con Daisuke. Pero incluso eso se veía díficil.
Sin embargo, como a la joven Yagami le habían surgido problemas también pensó que era conveniente que platicasen entre sí. Por eso se lo había sugerido a Miyako. Tal vez podrían aportar nuevas perspectivas a las cuestiones que padecían y ayudarse a mejorar.
Suspiró, sin saber realmente que decirle a Tomoki, y lo vio alejarse en silencio después de compartir una sonrisa apagada. No podía dejar de pensar en que hacia algunos días, ese mismo niño había hablado ininterrumpidamente, sin preocupaciones. Si Armadimon no se hubiese ido a dormir, le habría preguntado qué podía decir. Probablemente no tomaría en cuenta la sugerencia de su compañero —eran muy diferentes para llegar a un acuerdo— pero hablar con su amigo digital siempre lo hacia sentirse mejor.
Supuso que a todos les había ocurrido lo mismo cuando encontraron a su digimon: descubrieron al compañero perfecto... Un protector leal, un consejero comprensivo, un amigo preocupado, un guardian. Iori había encontrado todo eso en Armadimon, más también, y agradecía cada día por tenerlo a su lado.
Incluso aunque a veces olvidaba lo valioso que era, en realidad.
—A casi nadie le gusta hablar demasiado sobre un tema cuando tiene que revivir algo doloroso—la voz de Takeru emergió desde las sombras y el joven Hida dio un salto involuntario. Takaishi se rió en voz baja y después le dirigió una mirada brillante, sus ojos reflejaban diversión pura—. Lo siento, eso fue malo. Estabas en otro mundo.
Iori resopló. Era raro ver a su amigo rubio tan alegre después de todo lo ocurrido pero, decidió, no podía ser nada perjudicial.
—Veo que estás de mejor humor —apreció, con suavidad.
—Sí, lo estoy —sonrió Takeru, más sinceramente. Todas las líneas de su expresión se suavizaron—. Creo que al fin las cosas están en orden.
No sabía que decir a eso, él no veía el orden en ese caos en el que estaban. Optó por ser diplomático. —Me alegro mucho que uno de nosotros lo piense así.
La sonrisa de su amigo se hizo más amplia cuando le revolvió el cabello, como si los tiempos no pasasen —Deberías ir a dormir, ¿sabes? Dale un poco de espacio a Tomoki y a los demás. Lo necesitan por hoy.
Todo lo sucedido permanecía alrededor de ellos como una nube, impidiendo que la calma de la noche silencie los problemas. Había un eco, algo ligero y lejano... La historia de Kouichi, la batalla, la purificación, el secuetro de los aliados y amigos haciendo ruidos sordos desde el profundo del bosque que ya no se podía ver.
Sí, los Guerreros necesitaban el espacio que querían. Y no eran los únicos.
Iori pensó que lo mejor que podía hacer era tomar el consejo. Rara vez dudaba de la palabra de Takeru. Había aprendido que era asombrosa la sabiduría que podían encerrar sus frases sueltas, como poesías sin tiempo ni lugar que se derramaban para quién quisiese escuchar. Y entender.
—Lo haré. Gracias.
A veces, se encontraba repasando algunas de sus palabras para descubrir el modo en el que podían contener grandes significados en elementos simples, una reducción absurda —tal vez— pero, de alguna manera, efectiva y posible.
—¿Sabes si Hikari está con Miyako?
—Creo que sí. Hikari estaba con Tailmon hablando sobre ella, la última vez que lss vi. Iban a buscarla... Fue hace algún tiempo.
Takeru asintió, parecía satisfecho. Pensó que tendría que fijarse si Tailmon había ido con Hikari o no. Tal vez podría hablar con la digimon felina sobre las ideas que había tenido. Lo mejor sería buscar también a Patamon.
—Creo que ellas tienen que platicar —hizo una pequeña pausa, mirando a Iori y sonrió—. Daisuke me ha mencionado algo, la otra vez. Y quería preguntarte...
El pequeño se volvió receloso, de repente. Daisuke era una persona exagerada por naturaleza —¿Preguntarme sobre qué?
—Sobre la niña que fue contigo al torneo de artes marciales, ¿cuál era su nombre?
Iori sabía que sus orejas estaban rojas.
Takeru se refería a la única que no había podido vencer en el torneo y que iba a la misma escuela que él —algo que ella le había dicho cuando le preguntó cómo sabía su nombre—. Recordaba la mirada molesta que le había dado entonces, casi herida, cuando le dijo que habían ido a la misma escuela desde niños. En realidad, Iori pensó, debería prestar más atención a sus compañeros porque no recordaba haberla visto antes pese a que tenían la misma edad y compartían algunas clases.
Había sido una primera reunión vergonzosa.
Iori siempre se sentía mucho mayor que los niños de su edad así que no se fijaba demasiado en ellos. Pero ahora no podía olvidar el nombre de la niña. —Ume —dijo, suavemente. Llevaba el cabello corto cuando se enfrentaron en el torneo y su mirada era decidida. Iori decidió que era agradable, pese a todo—. Shimizu Ume.
Takeru le dio una sonrisa divertida y el más joven recordó que Daisuke había dicho que Ume era su novia. No lo había tomado en serio cuando lo dijo —nadie lo habia hecho— porque Daisuke se estaba quejando, en ese momento, de su vida. Y cuando se quejaba, trataban de ignorarlo y dejarlo expresarse. Resultaba agotador escuchar las repeticiones una y otra vez...
Daisuke renegaba de la idea de que Iori tuviese una novia porque él —que era mayor— había invitado a una chica a salir y ella lo había rechazado. Iori no sabía si admirar su perseverancia o suspirar por eso mismo. Al menos, ya no era Hikari la principal destinataria de sus afectos. Motomiya había tenido un obvio flechazo por la hermana de Taichi desde que Iori lo había conocido pero después de que ella lo rechazase, las cosas habían mejorado...
O algo así.
Por lo menos, Daisuke ya no se mostraba tan celoso de Hikari y Takeru. Iori no necesitaba demasiado para entender lo que a Motomiya le molestaba de verlos juntos, era obvio que había un nivel de confianza distinto entre ellos pero se alegraba de que ya todo estuviese en orden.
Durante algún tiempo se había preguntado porque se había convertido en el compañero de Takeru para la Digievolución DNA, cuando Hikari habría sido la elección lógica para él y, al mismo tiempo, Miyako lo habría sido para sí mismo.
Entonces, supuso, que la verdadera razón por la que se habían convertido en compañeros era porque tenían que aprender a entenderse unos con otros. Y las cosas quizás no habrían salido bien si no hubiesen sido forzados a trabajar juntos en equipos que nadie habría elegido.
Ken y Daisuke habían sido opuestos a simple vista. Armonizaban bastante bien, pese a todo lo que había sucedido entre el Digimon Kaiser y el líder de los Niños Elegidos: habían sido quiénes tuvieron más enfrentamientos físicos y discusiones en los primeros viajes al Mundo Digital. Luego de que Wormmon se sacrificase, Ichijouji había necesitado alguien que le diese fuerzas, a alguien que pudiese darle valor y que fuese su amigo. La respuesta había sido Motomiya, el líder, el guía. Daisuke era entusiasmo, energía y valor. Exactamente lo que Ken había necesitado después de la horrible experiencia que habían pasado. Y, a la vez, él le podía dar a Daisuke algo de calma y tranquilidad, otra perspectiva para el temerario compañero de V-mon. Lo ayudaba a enfocarse, a priorizar y no solo a lanzarse a la aventura.
Desde el comienzo, ellos habían sido un buen dúo. O cuarteto, sí consideraban la unión de sus digimon... V-mon y Wormmon también se habían llevado bien.
Hikari y Miyako también habían sido dos claras contrarias. Y el hecho de las dos hubiesen logrado digievolucionar cuando estaban en el Mar de la Oscuridad no había hecho más que alentar la teoría de Iori. Miyako siempre se había quejado de no comprender a Hikari, incluso había envidiado a la joven Yagami por algunas cosas que él no comprendía del todo. Y la portadora de la luz había le sonreído a Inoue cuando las habían encontrado juntas aquella vez que pudieron realizar la digievolución en conjunto, como si hubiese visto algo nuevo de Miyako después de que sus compañeros se hubiesen unido. No estaba demás decir que había una floreciente amistad entre ellas, más fuerte de lo que habían tenido al principio...
Un acercamiento obligado entre las dos y sus guardianes digitales había significado el comienzo verdadero de su amistad. Iori todavía sonreía cuando las veía juntas. Miyako, hablando sin parar y la joven Yagami, como la oyente silenciosa.
Su unión con Takeru había sido mucho más tardía que las otras pero más evidente en ese mismo sentido, la de acercar a dos miembros del grupo. Iori se había acercado a Yamato para preguntarle cosas sobre el joven Takaishi, en la búsqueda de aprender sobre él. Había existido BlackWarGreymon y la oscuridad que sacaba lo peor de Takaishi. Iori recordaba haberse preguntado si su amigo rubio tenía doble personalidad.
Como resultado, se había sentido frustrado cuando no pudo realizar la digievolución y había saltado a los brazos de Takeru cuando pudieron. Recordaba la mirada de sorpresa en esos ojos azules, la sonrisa fácil y la fuerza adquirida...
Lo recordaba.
Iori había conocido a Daisuke, Hikari y Miyako desde la escuela, especialmente a Inoue y era en ella en quién más confiaba. A Ken y a Takeru los había encontrado algún tiempo después así que le costó creer en ellos. Con Ichijouji había demasiada distancia para hacer una alianza tan sólida y no conocía lo suficiente a Takeru como para saber lo que debería sentir por él. Le agraba cuando estaban juntos pero lo confundía, también...
Y, entonces, tuvieron que luchar en el mismo equipo.
Parecía —Iori no pensaba que fuese una locura pese a que era bastante increíble— que el Mundo Digital se había querido asegurar que ellos permaneciesen juntos. Había formado lazos entre ellos que antes no habían existido...
¿Se habría unido Ken a ellos? Probablemente, sí, pero quizás habría tomado más esfuerzo para que tuviesen el mismo camino. Y tal vez no habrían podido destruir a BelialVamdemon a tiempo. ¿Hikari y Miyako habrían terminado discutiendo por lo diferentes que eran? Improbable pero no imposible. Miyako, después de todo, siempre era impulsiva y ya había demostrado que había cosas que desaprobaba sobre Hikari. Iori y Takeru, ¿habrían podido armonizar en ese grupo rompible? No estaba seguro. Él no había entendido el odio de Takeru hacia la oscuridad en ese entonces. Tal vez lo habría juzgado mal o precipitadamente.
Y, tenía que reconocerlo, él no había sido el ser más imparcial a la hora de realizar juicios de valor.
Cuando le había comentado a Koushiro sobre su teoría —porque no había nadie más— el pelirrojo lo había mirado sorprendido, diciendo que nunca lo había pensado así. Iori se había ruborizado porque, vamos, uno no siempre piensa cosas que se le escapan a un genio.
Y ahora que todos parecían hacerse comprometido con la misión... obtenían sus emblemas. Una parte de él no podía dejar de preguntarse sí antes no se los habían merecido.
(***)
—Takuya, espera —Y él ya se ha detenido al escuchar su nombre.
Era Taichi y si había alguien del grupo de los Elegidos en el que podía confiar, sin duda alguna, ese era el portador del valor. Probablemente la causa era aquella unión que tenían los espíritus de la llama con el emblema anaranjado —Takuya aún era capaz de recordar la sensación de la transformación: diferente, más fuerte, potente e intensa de lo que podía describir—. Además de que había adoptado la cercanía de Agumon y la de Taichi como presencias cálidas y constantes. Similares a los espíritus del fuego que se agazapaban en algún rincón lejano de su mente. Demasiado familiares como para ignorarlas.
—¿Está todo bien? —dudó.
—Sí, sí. Yo quería preguntarte algo —Taichi pareció buscar cuidadosamente las palabras y Takuya se encontró temiendo que se desate una discusión entre ellos, era lo que menos necesitaba—. Está bien sí no quieres decirme pero, quería saber si hay algo en lo que pueda ayudar. Ustedes hoy... Tú no has sido el de siempre.
Taichi tenía una expresión extraña, como sí dudase de sus propias palabras. O como si temiese incomodarlo.
Kanbara sonrió, sin poder evitarlo. No era usual para él sentir tanta confianza para con alguien que había conocido apenas. Y con Taichi resultaba tan sencillo que debería ser incómodo, molesto. Pero no lo era. Quizás eran las similitudes entre ellos o las diferencias que se evidenciaban lentamente. No hay dos personas iguales, en realidad... Y mientras que el fuego los hacia idénticos, el calor de las llamas los mostraba diferentes.
Eran parecidos, eran distintos, era demasiado sencillo olvidar que se habían conocido pocos días atrás.
No podía describirlo con claridad, no estaba seguro de sí importaba.
—Ha sido un día... —había demasiadas palabras y ninguna parecía lo suficientemente adecuada.
—¿Difícil? —Taichi ofreció.
—Esa es una palabra para ello. Me inclino más por terriblemente-agotador.
Una sonrisa rompió el gesto nervioso del compañero de Agumon. —Esas son dos palabras.
—Igual siento que no es suficiente —Takuya insistió después de reírse un poco. Se sentía bien, casi normal. Izumi le había ayudado a sentirse como él mismo y la sensación permaneció como una vaporosa nube que lo rodeaba pese a que ella se había ido a descansar—. Ver a Seraphimon trajo muchos recuerdos, ¿sabes? Él... él fue el primero de los Tres Ángeles que encontramos en nuestras aventuras y entonces también se convirtió en un Digihuevo después de una batalla con nuestros enemigos —Taichi parpadeó, mientras intentaba imaginar lo que le contaba. Takuya ladeó el rostro y contempló el extenso jardín que se extendía fuera de las ventanas: el Digimundo que desconocía—. Me hizo pensar, nos hizo pensar en nuestro Mundo Digital... En cómo estará, si podremos salvarlo, si nuestros amigos están vivos o tuvieron que renacer...
Taichi podía entender eso.
Durante tres años, él y sus amigos habían perdido contacto con sus digimon —salvo esporádicos episodios donde podían reencontrarse— y recordaba cuando apareció el Digimon Kaiser y recibió una llamada de ayuda de Agumon. La angustia que había sentido por no saber. Tal vez la sensación de Takuya no era idéntica a la que tuvo en su momento —los hechos no eran realmente comparables— pero Taichi podía entender la preocupación y la incertidumbre, la duda y la espera.
Posó una mano en el hombro del más joven, dubitativo. —Podemos preguntarles a las Bestias Sagradas cuando las liberemos, mañana. Quizás Gennai nos pueda orientar. Estoy seguro que... Que podremos hacer algo.
Takuya sonrió, devolviéndole la mirada —Gracias, Taichi —vaciló, como si no pudiese decidirse sobre decir algo durante unos segundos—. Con los muchachos habíamos pensado en pedirle a alguno de los Trailmon que nos lleve...
El mayor de los hermanos Yagami alzó las cejas, confuso. —Pensé que los Trailmon se habían marchado de este Mundo
—Si —Kanbara estuvo de acuerdo. Había sido el plan original, después de todo—. Fueron al Mundo Real, a la estación de Shibuya. Ellos se sienten a salvo allí y les habían prohibido regresar a nuestro Mundo Digital. Tendremos que convencerlos de que nos lleven pero...
—Si ustedes tienen que ir a ese Mundo, nosotros también iremos —Taichi afirmó, con firmeza—. Nos han ayudado en este mundo y si es necesario, todos ayudaremos a salvar el otro. Somos un equipo.
Takuya pensó en Izumi riendo con Mimi y Sora, en Kouji conversando con Ken en medio de la noche, en Iori sentandose junto a Tomoki, en la sonrisa de complicidad que Daisuke y Junpei tenían cuando hablaron de los emblemas, en la mirada que decía demasiado entre Hikari y Kouichi, en la manera que podían sentarse alrededor de la mesa y compartir el espacio, en la forma en la que podía sentir el emblema del valor brillando en su pecho cuando se transformaba...
Y por primera vez, desde que descubrieron que tenían que cooperar unos con otros, esas palabras parecían reales.
(***)
Kouji suspiró en voz baja cuando vio a Ken y Kouichi. Se negó a sentirse celoso de que su hermano hubiese entablado una amistad con el joven Ichijouji de manera tan repentina. Después de todo, el compañero de Wormmon le agradaba también.
La conversación durante la cena había despertado sus dudas y sí dejaba a Kouichi marcharse sin responderlas esa noche, seguro no conseguiría que lo hiciera luego. Su hermano tenía una facilidad increíble para ignorar sus propios problemas. Kouji no lo aprobaba aunque entendía que era algún mecanismo de defensa o algo así. Tenía algunos parecidos, también. No muy buenos, realmente, pero habían funcionado bastante bien cuando los necesitó y ahora trataba de deshacerse de ellos.
Siempre había pensado que era mejor resolver las cosas de la forma más práctica y dejar a los problemas crecer jamás era una buena idea.
Por eso le había costado hacer amigos antes de ir al Mundo Digital. Kouji creía que no tener amigos era la solución más práctica para cuando tuviese que mudarse. Su padre solía moverse mucho por Japón y Kouji iba con él durante gran parte de su infancia. Cuando se casó con Satomi pareció decidir que debían obtener un lugar al que llamar hogar. Pero ya había desarrollado la idea de que no debía necesitar a nadie, que depender de alguien era ridículo.
Hasta que el Mundo Digital pasó. Y Kouichi, Takuya, Izumi, Junpei y Tomoki llegaron a su vida para quedarse...
Y no es que no había luchado contra la idea.
Oh, sí que lo había hecho, desde el comienzo. Los primeros días viajó solo, ignorando a los otros chicos cuando se los cruzaba, siendo más desagradable de lo usual cuando se dirigían a él. Incluso cuando conoció a Kouichi había luchado con la idea. Pero, y Kouji no lograba definir el por qué todavía, todas sus barreras habían sido inútiles con —en aquel entonces— el desconocido chico que había dicho ser su hermano.
Había cambiado cuando los conoció —y sí miraba hacia atrás podía decir que había cambiado mucho cuando los conoció— pero aún había cosas que permanecían intactas.
La idea de depender de extraños era lo que más le molestaba de todo el asunto que estaban viviendo. Takeru y Yamato no eran desagradables pero Kouji no los conocía —al más joven, por momentos, no quería conocerlo— y la idea de necesitarlos, de depender de ellos, era francamente molesta.
No se sentía como sí pudiesen llevar sus propias batallas. Era más bien como sí tuviesen que tirar de una cuerda y ver quién cede, quién no.
—Gracias, Kouichi —fueron las palabras que pronunció Ken mientras se levantaba.
Parecía que la conversación había sido bastante seria por la expresión que se reflejaba en el rostro del portador de la Bondad. En sus brazos, Wormmon dormía. Cuando lo vio, Ichijouji hizo un pequeño asentimiento en forma de saludo y se marchó sin decir nada más.
Kouichi ladeó el rostro para mirarlo, como sí hubiese estado esperándolo. Kouji enarcó una ceja mientras se sentaba junto a él.
—Tal vez sean los Spirits de la oscuridad —explicó—. Pero creo que te sentí llegar.
—Parece útil —Kouji resopló, divertido. Entendía lo que quería decir con eso—. Porque así te encontré.
—Nunca estuve perdido.
—Hoy lo estuviste —dijo Kouji, inexpresivo.
En el bosque de las pesadillas, justamente. En el lugar donde Takuya y los demás fueron prisioneros. En donde hubo batallas y muerte y vida.
Kouichi suspiró, cansado. No lo miraba cuando respondió —Sí, y aunque suene repetitivo... Lamento hacerte preocupado.
Ignoró esa última parte. Era repetitivo, de algún modo que Kouji no quería pensar —¿Qué fue lo que pasó?
Kouichi parpadeó —¿... lo que pasó?
—Sí, sé que pasó algo —insistió, con terquedad. Los ojos desafiantes—. Dímelo.
Kouichi sabía que no tenía sentido fingir que no entendía a lo que su hermano menor quería llegar. Sus hombros se hundieron —¿Tenemos que hablar de esto?
—Sí —replicó Kouji, porque no había forma en la que dejaría pasar el tema ahora que había visto una posibilidad.
Kouichi resopló y parecía mucho más nervioso que antes. Sus manos se retorcieron en su regazo y Kouji decidió que tendría que usar cada gramo de su paciencia esa noche si quería llegar a alguna parte.
—Cuando entramos al bosque, me pareció escuchar un sonido —inició Kimura, unos segundos después—. Eran olas, las olas de un mar o algo.
Kouji frunció el ceño. Él también había escuchado algo al llegar al bosque pero no lo había reconocido como olas. —¿Un mar?
Si lo pensaba mejor, podía hacer una conexión.
—Sí. Fue durante un segundo, pero lo escuché fuerte y claro. Entonces, desapareció... Pensé que solo había estado en mi cabeza... Lopmon parecía tranquilo así que decidí que había sido mi imaginación, ya sabes que los sitios oscuros me traen recuerdos —lo ocurrido en sus primeras aventuras colgando en el aire entre los dos—. Estaba bien, y lo dejé pasar. Pero... Hikari era... Había algo extraño en ella cuando la miré. Ella parecía... Parecía como un holograma, ¿sabes? Un holograma con interferencia. Le pregunté sí ella estaba bien y cuando me acerqué, me sujetó del brazo. Parecía aterrada —se encogió un poco en su lugar ante el recuerdo de la mirada angustiada en esos ojos cobrizos—. Y luego no sabía donde estaba.
Hikari prácticamente lo había arrastrado con ella, entonces.
Kouji no sabía que pensar sobre eso. ¿Lo había hecho por impulso, para salvarse, o por deseos de que él se perdiese y no ella?
Minamoto aún no podía decidir si ella le agradaba o no. Junto a su novio rubio, estaba caminando por una línea muy delgada en su mente. Había sumado puntos al regresar y tratar a Kouichi con mayor amabilidad pero Kouji no olvidaba su actitud en los primeros días.
Iba a darle el beneficio de la duda a la portadora de la luz... Por el momento. Igual que con Takaishi.
—PicoDevimon apareció en el bosque y nos dijo que Ofanimon falldown mode los había encerrado en su cristal demonio —afirmó, en voz baja.
Kouichi lo miró y asintió, asimilando las palabras con lentitud.
—Parecía que nos habíamos movido a otra dimensión... ¿Te acuerdas del mundo oscuro que te conté? Ese que Jou y Ken mencionaron la otra noche —habían tenido una vaga conversación al respecto, pero Minamoto dijo que sí, para resumir—. Era idéntico a ese, aparentemente. Todo gris, apagado... Pero Lopmon pensó que se trataba de un sitio diferente porque había una oscuridad distinta a la que yo debería de sentir...
Y cuando su gemelo se quedó en silencio, Kouji entendió.
Vaciló un minuto. Tal vez, dos. —Estaba Duskmon, ¿no es así? Por eso Hikari lo conocía, por eso supo de lo que estabas hablando antes.
Vio a Kouichi encogerse un poco más sobre sí mismo. Y esa era toda la respuesta que necesitaba. Toda esa firmeza con la que había contado su historia hacia no más de algunas horas, parecía haberse esfumado.
Su hermano parecía tan fuerte y tan frágil a la vez.
Le pasó un brazo alrededor de los hombros, un silencio torpe se extendió entre ellos cuando no encontró palabras para consolarlo. No era bueno para eso, pero sí para quedarse allí. Y para estar allí, para no dejar solo a su gemelo cuando lo necesitaba.
En el pasado, les habían robado el tiempo. Ahora estaba en sus manos recuperar un poco de lo que habían perdido.
Kouichi permaneció quieto, tranquilo. Demasiado tranquilo. —Él dijo que debería haber muerto, Kouji —y seguramente no era lo único que había dicho.
Odiaba a Duskmon, realmente. No importa lo mucho que Kouichi dijese que era su lado oscuro, el menor no lo aceptaba de ese modo.
Suspiró, suavemente, y se forzó a poner en palabras amables sus pensamientos. No hacia falta demasiado para eso, nunca era brusco cuando se trataba de consolar a Kouichi o hablar con Tomoko. Torpe y tímido, sí. Brusco, intentaba que no...
—Sabes que no es cierto —fue lo mejor que pudo decir.
Quería decir algo más, algo mejor, para consolar o tranquilizarlo, pero que en realidad nunca había sido su fuerte. Lo único que podía hacer era quedarse allí y sostener a Kouichi en una pieza.
Quizás funcionaba de ese modo, el vínculo entre ellos. Kouichi siempre pensaba en sostenerlo todo así que Kouji se preocupaba y ocupaba de mantenerlo a él.
—Le creí —Kouichi bajó la cabeza, avergonzado. Definitivamente ya no estaba mirándolo y Kouji podía sentir su arrepentimiento en cada palabra, la vergüenza de casi haber cedido a la oscuridad otra vez, aunque fuese en una forma muy diferente—. Por un momento, yo... Yo le creí. Fue igual que entonces, que cuando me quedé solo con la oscuridad... Y no podía sentir nada. Nada... Hasta que Hikari le gritó que me dejase en paz. Y luego Ken... —Kouji casi podía sentir su sonrisa. Una sonrisa débil pero sincera, al fin y al cabo—. Entonces pensé en ti, en mamá, en nuestros amigos, en Satomi y nuestro padre. Pude sentir a Löwemon y a KaiserLeomon conmigo, más claros que nunca. Me di cuenta que no estaba solo nunca más.
Kouji guardó silencio un rato, esperando que su gemelo se relajase.
—No tenemos que estar solos nunca más —susurró, en acuerdo.
A veces, eso era todo lo que se necesitaba saber.
(***)
Koushiro no sabía que decir. Bueno... Sí, en realidad sabía lo que quería decir pero no tenía idea de cómo hacer para que los sonidos salieren de su garganta ni parecía capaz de articular alguna frase coherente.
No sabía por donde empezar. No quería arruinar una conversación antes de tocar el tema que necesitaba aclarar.
Era difícil.
Para él, a quién nunca se le había dado bien hablar de sentimientos le resultaba díficil. Las matemáticas, los códigos, las computadoras... Nada de eso implicaba afecto, emociones. No necesitaba más que la lógica para detectar la solución a los problemas, resolver los códigos y estudiar la programación.
Esto no era igual.
A él le interesaban los por qué, las formas en la que se ensamblaban los elementos y como funcionaban en conjunto. Pero las personas no podían desarmarse para ver cuál era el motor de los sentimientos. No era pausible descubrir los procesos pertinentes al corazón... Y él se sentía tan mal equipado para enfrentar lo desconocido, lo incomprensible.
—Lo siento —fue lo primero que salió de su boca.
Mimi lo miró fijamente. Los ojos color miel brillando en la penumbra y la misma mirada dolida que no había podido quitarse de la mente retumbó en el espacio entre ellos. Ella se cruzó de brazos, como sí hubiese empezado a sentir frío, y él extendió la mano para tocar —y deshacer— la línea de dolor que podía ver dibujada en su semblante.
Koushiro se detuvo a medio camino, sabiendo que no sería bienvenido y retiró su brazo en silencio.
Si para todo el mundo es complicado entender sus sensaciones, sus emociones... ¿a alguien le sorprendería lo mucho que lo aterraba todo el asunto a alguien como él?
El corazón... Si Mimi pensaba en ello, seguramente imaginaba un rosado dibujo infantil que era capaz de transmitir amor mientras que él no dejaba de recordar que era un órgano que solo bombeaba la sangre al cuerpo. ¿Podían ser más diferentes, acaso?
Y, sin embargo. Sin embargo...
—Me gustas mucho Mimi —suspiró, porque no podía agravar la situación peor de lo que ya estaba. Necesitaba decir eso, arrancarlo de su pecho...
Porque le pesaba toneladas en el cuerpo.
Sinceramente y aunque le hubiese gustado que fuese en mejores circunstancias, las cosas con ella estaban siempre de cabeza en su mundo de lógica. Tampoco podía ser la declaración de amor que ella habría esperado alguna vez. No, con la vena romántica que todos conocían de ella...
Pero era sincero y era lo mejor que podía ofrecerle a alguien.
Quiénes lo conocían y sabían cómo era, llegaban a apreciar cosas de otro modo —o eso le habían dicho para consolarlo— y él no quería perder a Mimi por lo diferentes que eran. No arriesgaría su amistad por lo incompatibles que pudiesen ser sus ideas. No sería tan tonto. Porque ella le había dado color al gris monótono, había marcado sonrisas en las nubes de tormenta y a pesar de todos los desencuentros que habían tenido, seguía regresando y ayudándolo a sonreír cuando nada más parecía lograrlo.
—Yo... No quería ofenderte, antes. No quise, es decir... Bueno, lo que dije. Sé que tú nunca jugarías con los sentimientos de las personas. No es algo que haría Mimi y tú eres bueno, eres Mimi... Pero, ah, yo no entiendo... porque me querrías.
La joven Tachikawa parpadeó y se concentró para entender los significados en aquel torrente de palabras. Koushiro había bajado lentamente el volumen de su voz y para el final, ella tuvo que inclinarse más cerca para poder escuchar y entender todo.
Parecía la primera vez que escuchaba que Koushiro Izumi decía algo respecto a lo que él sentía y lo que podía oír no le gustaba, para nada. Eran cosas bonitas en lo que se referían a ella, supuso, pero no pudo dejar de fijarse en lo que señalaba de sí mismo.
Habían platicado mucho desde que ella se mudó a los Estados Unidos —como sí la distancia física los hubiese acercado— y él rara vez decía algo que implicase mostrar cuáles eran sus sentimientos. Eran más amigos ahora de lo que habían sido cuando vivían en la misma ciudad e, incluso Michael, no dejaba de quejarse cuando mencionaba a Koushiro muchas veces en la conversación. Una de sus amigas, Quinn, siempre contaba las veces que decía el nombre del pelirrojo. Mimi tenía que admitir que era muchas.
Y ahora él estaba allí, diciéndole tantas cosas que no había planeado escuchar. A su manera, algo torpe y con demasiada sinceridad que no sabía que responder.
Había mucho para decir...
—Eres Koushiro —murmuró, cuando él se quedó en silencio, cerrado y distante pese a estar tan cerca. Quería poder encerrar todo el cariño que sentía por él en su nombre, en las letras que lo formaban y hacérselo llegar—. Me tratas como sí lo que pienso fuera importante, me escuchas quejarme de las cosas más absurdas en la madrugada, te preocupas por lo que necesito y no solamente por lo que quiero, has soportado mis caprichos...—se mordió el labio, nerviosa. Jugó con algunos mechones de su cabello, enredándolos en su dedo índice antes de mirar a Koushiro con fijeza— Cuando estoy contigo, me siento... Como sí pudiese ser... Solo Mimi
Se sentía casi tonta cuando agregó lo último pero la pequeña sonrisa que apareció en el rostro del pelirrojo era recompensa suficiente.
—Yo también siento que puedo ser como soy cuando estoy contigo —susurró.
La portadora de la pureza recordaba. Recordaba como sus compañeras se había reído de él cuando eran niños y lo veían con la computadora. Cuando se quedaba solo, sin hablarle a nadie, cuando parecía no pertenecer al mundo real. Pero ese no era Koushiro... No. Era su miedo, el miedo hablando por él, actuando por él... ¿Miedo a qué?
Mimi no tenía ni idea pero ella sabía que el miedo cambiaba a las personas...
Lo había visto en sus pesadillas.
—Kou, yo...
—Mimi, yo...
Y sus nombres se combinaron al unísono, entrelazando en la distancia que los separaba. Ya no se sentía tan inmensa como antes y casi parecía reducirse lentamente, como si fuesen atraídos hacia el otro por la gravedad.
No iban a tener un cuento de hadas, supuso ella. Era una suerte que no creía tan ciegamente en los príncipes azules tanto como cuando tenía diez años porque Koushiro le rompería el corazón. Ahora, podían ser rojos o morados. Tal vez, negros como los ojos de Koushiro.
Tampoco iba a ser algo que llegase con un manual de instrucciones, pensó él. Tendrían errores que no podría prevenir y seguramente harían las cosas mal. Sabía que Mimi iba a lastimarlo con comentarios que no pensaría, que daría vuelta todas las cosas y las acomodaría a su antojo... Pero estarían juntos.
Durante una eternidad finita, saborearon el sabor dulce de un secreto compartido. Koushiro tenía la cara roja, los ojos brillantes y Mimi tenía ganas de besarlo de nuevo.
Y eso fue lo que hizo.
(***)
Takeru sonrió a los dos, antes de despedirse. Ya era tarde y pensó que era lo mejor irse a descansar. Estaba tranquilo ahora que había podido hablar con Tailmon y Patamon sobre lo que lo había pensado. Era un alivio, para él, no ver la decepción en los ojos de la claramente las palabras que le había dicho sobre sentir que no podía confiar en él para proteger a la joven Yagami.
Auch. Aún dolía.
—¿Qué fue eso? —dudó, cuando vio a su compañero marcharse.
—Se llaman celos, Patamon —Tailmon sonrió. Su cola se meneó de un lado al otro en un movimiento que parecía un tic nervioso.
Patamon no pudo evitar arrugar su expresión, confuso —¿Por qué Takeru estaría celoso de Hikari? —declaró, como sí aún no se lo creyese.
Los ojos azules de la felina brillaron, divertidos —Por Kouichi.
—No entiendo.
Tailmon lo miró —Es lo mismo que sientes porque Takeru le está prestando más atención al Digihuevo de Seraphimon que a ti.
Patamon pareció avergonzado, genuinamente. Tailmon sonrió aún más cuando lo vio teñirse con una sombra rojiza.
—No estoy celoso... Yo solo... Es que... ¿por qué Takeru iba a estar celoso de Hikari y Kouichi?
—Porque Hikari estaba aterrada de él hasta hace unas horas —Tailmon sonrió, como sí supiese algo que nadie más sabía—. Y ahora algo ha cambiado. Puedo sentirlo, tú también. Y Takeru, por supuesto.
—No quiere decir nada.
—No, no lo hace. Que Takeru se preocupe más por el digihuevo de Seraphimon en este momento, tampoco.
Patamon suspiró. Tendría que hablar con Gabumon la próxima vez que tuviese alguna duda, él no se burlaría como lo hacia Tailmon. —Los sentimientos son tan confusos.
—Sí —ella acordó, facilmente—, sí lo son.
—¿De qué están hablando tanto ustedes dos? —V-mon llamó, agitando uno de sus brazos para llamarles la atención. Junto a él, Tentomon parecía exasperado. Nadie sabía bien como se las arreglaba para expresar sus emociones sin cambiar el gesto, debía ser algún don.
—Nada —Patamon replicó. No quería que V-mon pensase que estaba celoso de un Digihuevo.
—¿Qué sucede? —Tailmon dudó, mirando entre los digimon.
La mayoría había ido a descansar después de la cena que habían compartido. Agumon encabezando la comitiva de los que estaban agotados —siempre le daba sueño después de comer— y unos cuantos se habían quedado alrededor con sus compañeros humanos. Ciertamente no había muchos que se separasen demasiado tiempo de los chicos cuando estaban juntos.
Tailmon había dejado a Hikari sólo cuando la joven Yagami convenció a Miyako de bajarse de su escondite e ir al interior del edificio, donde la brisa nocturna no les provocaría escalofríos y podrían estar más cómodas. Hawkmon estaba agotado —había recorrido el bosque entero por su cuenta, había sido herido y sanado, había luchado— así que Miyako le había ordenado descansar. Por supuesto, se había quedado dormido en los brazos de su compañera.
—Los otros son tan aburridos —declaró el compañero de Daisuke—. Muchos fueron a dormir. ¡Agumon también! Yo me siento muy bien para poder dormir.
—Koushiro-han me ha dicho que posiblemente es a causa de la unión con los espíritus del trueno que nosotros estamos recibiendo más energía... Después de que Bolgmon desapareciese, nos seguíamos sintiendo fuertes.
V-mon saltó, en un gesto que era reminiscencia de su compañero humano. —¡Eso es estupendo! Tentomon y yo recibimos poder gracias a Junpei. Podría correr una maratón.
—Supongo que algo de eso nos afectará a todos —Tailmon susurró, pensativa—. Pero... ustedes dos ya han encontrado a su compañero entre los guerreros. Tal vez a eso se deba que tengan tanta energía extra.
—¿No es extraño? —Patamon sonrió. Tentomon parecía zumbar en su silencio, como sí estuviese pensando mil cosas a la vez. Y suprimiendo esas ideas.
—Tú sabes, yo siempre pensé que sería Tailmon la compañera de los espíritus de la luz.
Tailmon suspiró —No digas eso delante de nadie más.
—Kouichi no es una mala opción —V-mon se apresuró a decir porque sabía que podía sonar ofensivo—. Es sólo que...
—Lo sé.
—Hay muchas novedades en este viaje.
Tailmon asintió. El cansancio de la batalla aún permanecía en su cuerpo y ella comenzaba a sentirlo. Lo había ignorado en pos de resolver algunas cosas. Ahora que todo parecía más tranquilo, pensaba que era un buen momento para descansar y seguir el ejemplo de Hawkmon. Takeru ya había resuelto sus dudas, Hikari había ido a dormir con Miyako, las batallas habían cesado por el momento.
—Yo me pregunto como se reunirán los muchachos que faltan —Tentomon susurró, sonaba tan intrigado como Koushiro Izumi—. Los emblemas y los espíritus se unen y parecen tener una razón para hacerlo.
—Supongo que lo veremos muy pronto —Y Patamon bostezó, con los ojos reflejando su agotamiento.
(***)
Gennai pensó que la noche había sido corta, en comparación con los días largos que habían afrontado. Sin embargo, era un amanecer prometedor para él. Las Bestias Sagradas podrían ser liberadas, nuevamente y las cosas finalmente se normalizarían en el Mundo Digital.
Con suerte, el Mundo Real tendría el mismo destino.
Al mismo tiempo, podrían ver que camino seguir a partir de ese momento. Los asuntos más apremiantes ya habían sido resueltos y ahora los Elegidos, los Guerreros y sus compañeros digitales serían libres para dedicarse a la verdadera e invisible amenaza que los aquejaba.
Bueno, no tan libres.
—¿Puedo hablar con usted, Gennai-san?
El rostro de Hikari Yagami no era el que esperaba ver tan temprano esa mañana pero tampoco podía decir que estaba sorprendido de que se decidiera a interceptarlo cuando nadie más estuviese rondándola. Ella era, después de todo, quién más razones tenía para querer charlar con él.
Hizo un pequeño gesto para que se acercase a su posición y rompiese la distancia.
—Claro que sí, Hikari.
La portadora del emblema de la luz dio un paso tentativo hacia el frente y luego parpadeó en la dirección a las habitaciones, dudando de sus propias acciones. Sabía que Miyako aún no estaba despierta pero quería asegurarse que Tailmon no la había seguido. Necesitaba hacer algo por su cuenta, para sentirse más segura.
Desde que había descubierto que era la portadora de un poder oscuro, no podía dejar de preguntarse cosas. Quería saberlo todo, quería olvidarlo todo, quería entender...
Necesitaba algunas respuestas, al menos.
—¿Por qué nunca me dijo sobre el emblema de la oscuridad? —preguntó en voz baja.
El secreto la había herido, bastante. La mirada en los ojos de sus amigos cuando Gennai dijo quién era el dueño del emblema de la oscuridad se habían quedado grabadas en su memoria.
No eran miradas de rechazo, no, era la sorpresa más absoluta, la incredulidad... Como si fuese inconcebible que el emblema fuese suyo.
El hecho de que Ken hubiese estado aliviado fue demasiado difícil de asimilar, como sí se hubiese estado preparando para recibir ese golpe... Que Ichijouji hubiese creído que él mismo —el dueño de un corazón bondadoso— era dueño de las tinieblas había sido doloroso de ver. Pero lo más díficil era aceptar que ella... Ella misma sabía que eso no era posible.
No dudó que ese emblema le pertenecía desde que escuchó que lo nombraban.
Dolía, porque ellos siempre la había mirado y había visto algo diferente, alguien luminoso, alguien bueno. Y ella entendió que también representaba todo lo contrario.
—Ya lo dije. No estabas preparada.
—Tampoco lo estoy ahora, ¿verdad? Usted no me lo dijo porque quiso, fue porque Takeru lo preguntó. No tuvo otra opción.
Gennai se encogió de hombros —Tenías derecho a saber. Siempre lo has tenido.
Hikari suspiró, pero estaba satisfecha con la respuesta. Al menos, Gennai no mentía respecto al emblema —No cree que estoy preparada para llevarlo conmigo. ¿O es que tengo que renunciar al emblema de la luz para obtener el otro?
Se sentía ligeramente alarmada al terminar la frase.
Sabía que las palabras de Gennai no querían decir exactamente eso pero no podía dejar que esa fuese una posibilidad. Sus dedos se curvaron alrededor del emblema rosado, rechazando la idea de que eso tuviese que suceder.
—No tienes que hacerlo, no. —Gennai aseguró, con calma. La joven pensó que no recordaba haberlo visto perder el control—. Lo que tienes que hacer es aprender a que los dos emblemas funcionen juntos, en equilibrio. La luz y la oscuridad conforman un todo... Puedes pensarlo así. Tienes en tus manos la mitad del emblema y...
Hikari retrocedió ante eso. Sus ojos se abrieron lentamente, contemplando destinos que nunca había pensado antes —¿La mitad...? —hizo una pequeña pausa, negando con la cabeza—. Es el mismo emblema... Es... Se trata del mismo emblema.
—Lo que quiero decir es que la luz del emblema representa una parte del poder que poseen Tailmon y tú. La otra parte siempre ha estado allí, latente. Necesitarás toda la fuerza que puedas obtener para combinarlas... —Gennai hizo una pausa y pareció luchar entre decir algo o permanecer en silencio— Tristemente, Hikari, no hay muchos seres capaces de dominar la luz y la oscuridad. El único que conozco y que ha soportado el peso de las dos es Huanglongmon, la quinta Bestia Sagrada. El poder de la luz es eterno, Hikari. Y también lo es el de la oscuridad. Son las entidades en las que se basa este mundo. Tú tienes afinidad natural con ambas fuerzas y por eso te atraen por igual. Puedes soportarla, aunque una de aterre —Se encogió al escucharlo, asintiendo para sí misma. Era cierto—. Por eso, al final, tú decides cual es más fuerte de las dos.
La luz que brilla dentro de mí alcanza para todos, había dicho cuando se enfrentaron a Apocalymon. Nunca hubo espacio para la oscuridad.
¿Cómo podría lograr siquiera...?
La hermana de Taichi encogió en su lugar, sintiéndose incómoda y débil. —¿Entonces, hasta que no pueda dominarlo...?
—Así es. La oscuridad del emblema, como he dicho, permanecerá inactivo hasta que sea completamente necesario. No tienes que preocuparte por eso.
No era realmente un alivio.
Los ojos de Gennai brillaron —¿Cuál es tu mayor miedo de todo esto, Hikari?
La hermana de Taichi tardó un minuto en contestar. La voz le temblaba cuando respondió —Los monstruos de la oscuridad.
A los seres como Duskmon, como Vamdemon. A los que la habían arrastrado al Mar de las Tinieblas... Les temía, les temía muchísimo.
—No es ese el mayor de tus miedos —Gennai contradijo, sin alzar el timbre de su voz—. Piensa bien. ¿A qué le temes más que a nada en el mundo?
A que la oscuridad se la trague. A existir en la inmensa oscuridad, sin un rayo de luz o esperanza que pueda iluminarla. A que los bordes se desdibujen y pierdan todo sentido, a que ella se pierda en esa penumbra. Temía no ser más Hikari y a seguir siéndolo mientras iba a la deriva en un mundo sin vida.
No podía decirlo.
—Has llevado el poder de la luz desde que eras una niña pequeña pero no rechazas el poder de la oscuridad, tampoco. Le temes, pero sigue siendo parte de ti. No es que no estás preparada para el emblema que te pertenece... No estás preparada para llevar los dos emblemas a la vez. Representas el equilibrio entre ambas, Hikari —él prosiguió—. Y es una misión delicada que no has pedido pero que tienes en tus manos... Para esa misión, para tomar posesión de ambas fuerzas... No, aún no estás lista. Por eso no puedes tener el emblema de la oscuridad en todo su esplendor contigo.
Entonces, no es que el Mundo Digital no confiase en ella sino que...
Oh... Oh.
Gennai la había estado protegiendo. El Mundo Digital la había estado protegiendo.
—El poder de la luz que tienes se apoya en casi todos los emblemas que tienen tus compañeros. Pero... ¿sabes en cuál se apoya la oscuridad?
Su primer instinto fue el de negarlo pero, entonces, lo pensó mejor. Sí, estaba segura que tenía la respuesta —... En la esperanza.
Gennai sonrió. Cruzó los brazos en su espalda —En la esperanza —confirmó. Suavemente—. Por eso es la única fuerza capaz de encender la luz en los momentos más oscuros. Y por eso se la conoce como la fuerza que promueve el equilibrio. Sin la esperanza, no habría luz. Sin la oscuridad, no habría esperanza. Sin luz, no habría oscuridad. Así funciona. Al final del día, es la esperanza lo que mantiene todo en una pieza.
La esperanza es lo que nos permite mantener la luz en nuestros corazones cuando nos rodean las tinieblas, algo así había dicho Quinglongmon. Por eso su emblema y el de Takeru estaban conectados, por eso juntos eran más fuertes. Porque la esperanza era la custodia de la luz en la oscuridad, ¿no?
¿o era al revés?
De todos modos, si ella era la dueña de ambos emblemas... En realidad, no había ninguna diferencia. Takeru seguía siendo su esperanza y algo cálido en su corazón le dijo que eso no iba a cambiar pronto.
Su esperanza, ya sea siendo ella oscuridad... O luz.
—Ya veo —susurró.
—¿Te encuentras bien? —cuestionó Gennai, la sombra de la preocupación inundando sus ojos.
Hikari asintió —Solamente... Es mucho para pensar.
—Es mejor que te tomes el tiempo que necesites para pensar en ello. Podrás sacarte algunas dudas si las Bestias Sagradas aparecen hoy...
—¿Usted cree que lo harán? —Hikari no las conocía mucho pero eran reacias a presentarse delante de ellos, siempre lo habían sido. Quinglongmon era quién más lo había hecho y solo había sido una vez, cuando las Piedras Sagradas fueron destruidas.
—Tal vez, tal vez —respondió Gennai, pero esperaba que sí, que lo hicieran.
(***)
—Así que esto es una especie de... ¿ritual? —dudó Junpei mientras contemplaba la ronda que conformaban los Elegidos. Se veía mucho mejor que la noche anterior y las líneas de inquietud casi se habían desvanecido de su expresión.
El sol estaba en lo alto del cielo, iluminándolos. Habían comido algo y ya estaban cerca del mediodía cuando decidieron reunirse para hacer lo que su mentor les había sugerido.
Kouji lo miró, enarcando una ceja. Nunca admitiría que se alegraba de ver a Shibayama actuando más como él mismo —Tienes una fijación para relacionar a los Elegidos con temas religiosos, ¿no es así? Exorcismos, rituales...
Kouichi resopló una pequeña risa y Takuya trató de disimular la carcajada que escapó de sus labios. Izumi negó con la cabeza, murmurando algo que se parecía a 'muchachos'. Pero se trataba de una queja carente de molestia real.
—¡Miren! —Tomoki estaba ajeno, en realidad, a la conversación. Sus ojos habían quedado eclipsados por lo que veía.
Era como un arcoiris de luces, pese a que el orden era inexacto y la cantidad también superaba la suma apropiada. Naranja, azul, rojo, verde, morado, gris, amarillo, rosa, marrón, fucsia, e índigo se elevaron hacia el cielo en una columna brillante y lo cubrieron todo al caer a la tierra.
Izumi sintió que las comisuras de sus labios se arqueaban hacia arriba cuando la ola de colores la alcanzó. —Es hermoso, ¿verdad?
Takuya no podía dejar de sonreír al verla, contagiándose del gesto dibujado en el rostro de la guerrera del Viento. —Sí, lo es.
Junpei se aclaró la garganta ruidosamente cuando los dos se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro, y ambos se ruborizaron ante la llamada de atención. Kouji se permitió una sonrisa burlona mientras contemplaba el gesto avergonzado de su mejor amigo y Kouichi escondió la diversión detrás de su mano cuando Izumi lo fulminó con la mirada.
Tomoki parpadeó en dirección a los dos, sin comprender que se había perdido. En realidad, se había distraído por un minuto contemplando como las luces de los emblemas los bañaban como sí estuviesen a la intemperie en un día de lluvia.
Gennai y los Digimon habían permanecido algo alejados cuando los Elegidos se reunieron en un círculo pero se acercaron cuando todo terminó. Aunque nada había cambiado drásticamente, era innegable que todo se veía más...
Brillante.
—Pensé que los emblemas iban a desaparecer también —Jou afirmó, suavemente. Sus dedos se habían aferrado al emblema con la misma premisa que años atrás, cuando habían hecho exactamente lo mismo. Había tenido temor de que se desapareciesen.
—Bueno, las cosas son diferentes —Koushiro comentó. Taichi no podía dejar de sonreír al ver que el pelirrojo sostenía la mano de Mimi entre sus dedos. Él se ruborizó ligeramente cuando todas las cabeza se giraron en su dirección—. Quiero decir... Gennai ha dicho que nuestros emblemas, en realidad, nunca se fueron... Son parte de nosotros.
—¿Los conservaremos, entonces? —Sora no podía negar que mantener el colgante en su cuello le daba seguridad. Incluso aunque fuese una manifestación física de algo suyo.
También significaba que sus compañeros no perderían las Digievoluciones Ultra, lo cual era algo bueno.
Una extraña bruma emergió de todos los rincones posibles, el cielo se tornó oscuro y una brillante luz los cegó por completo. Hikari se estremeció inconscientemente, aferrándose al brazo de Takeru sin notarlo y el joven Takaishi sintió la tensión de sus hombros.
—La batalla aún no ha terminado —dijo una voz profunda.
Entonces, la hermana de Taichi se relajó lentamente porque sabía que no era una amenaza y, así lo hizo Takeru cuando distinguió la desconocida figura que se presentaba ante ellos. Pese a que no lo había visto jamás y a su aspecto descomunal, no parecía amenazante.
Era inmenso. Se asemejaba a un enorme Dragón Amarillo —como su semejante en el Mundo Real—, enorme y plagado de escamas doradas que parecían reflejar el sol. A su alrededor, todo parecía más oscuro pero quizás se debía a la luz que parecía provenir desde el sitio donde se encontraba.
No se trataba de ninguna de las Bestias Sagradas que habían conocido antes —y que habían esperado ver—, tampoco el ave luminosa que los había salvado de los Ángeles Caídos en una ocasión.
Era...
—Huanglongmon —respiró, Gennai. Hikari no podía dejar de maravillarse con la expresión asombrada que había cruzado en el rostro del casi siempre impasible mentor. Luego, permitió que la sorpresa se deslizase en su propio rostro.
La quinta Bestia Sagrada, la que residía en el corazón del Mundo Digital y la que lo protegía desde el centro mismo. El digimon de la luz y oscuridad que Gennai había mencionado...
Ese Huanglongmon.
—La batalla aún no ha terminado, Elegidos. Aún tienen un enemigo que derrotar —su voz retumbaba, llenando el mundo y armando la existencia de sitios que nadie había imaginado. Sus ojos se cerraron en un parpadeo e inclinó la cabeza, con solemnidad—. Aún tienen mundos que salvar.
La visión era tenue, difusa. Hikari sentía que esos cuatro pares de ojos se fijaban instintivamente en ella durante una eternidad. Luego, se dirigían hacia otro punto y de nuevo a ella. No estaba segura de si lo estaba percibiendo correctamente pero se sintió aliviada cuando Takeru le dio un apretón tranquilizador, como si percibiese la inquietud que emanaba de ella.
—¿Sabe quién es el enemigo? —la voz tranquila, respetuosa, de Patamon logró que todos lo mirasen. El pequeño digimon, valiente y tranquilo, esperó—. O en dónde podemos encontrarlo.
Agumon se movió junto al compañero de Takeru, en silencio.
—En el Mundo del que provienen los Guerreros Legendarios —Huanglongmon parecía no hablar por su boca y sus palabras se proyectaban por todas partes—. Nació la amenaza desde un ser que se perdió así mismo y consumió a todos los que tocaba. Se desarrolló, cambió, mutó. Corrompió a un Ángel Salvador, a un Guerrero Legendario y a un segundo Ángel Sagrado. Pero aún continúa... Aún existe...
—¿Por qué?
—Es un digimon que se negó a seguir el curso de la vida y sus datos fueron contaminados... Y él tiene que vivir de otros medios para continuar.
—El fantasma —Lopmon suspiró, reviviendo la historia de AncientSphinxmon en sus recuerdos. Sus brazos se aferraron aún más al Digihuevo de Seraphimon.
—¿Quiere destruir el Mundo Humano? —dudó Agumon y Taichi pensó que esa era la voz de líder de su compañero. Totalmente diferente al sonido infantil al que estaba acostumbrado— ¿Quiere destruir el Mundo de nuestros amigos?
—Quiere consumirlo todo porque él ya no debería existir.
—Me recuerda a Apocalymon —susurró Koushiro, para sí mismo. Mimi se aferró a su brazo, tratando de que no hablase en voz más alta—. Pero estoy seguro que no es él. No puede ser, lo destruimos.
—Él quiere el poder de la luz y la oscuridad —Huanglongmon aseguró, Hikari sabía que la estaba mirando directamente a ella. Podía sentir un extraño cosquilleo en toda su piel—. Quiere el poder de la luz y la oscuridad. Quiere a los que pueden controlar ese poder... Tengan cuidado, niños Elegidos.
La neblina había comenzado a disiparse y el cielo celeste parecía emerger entre las nubes que antes no estaban allí.
Hikari extendió una mano, de forma inconciente. Espera, quiso decir, espera.
Pero Huanglongmon ya se había ido. Como si nunca hubiese estado allí.
—¿Qué acaba de pasar?
—Alguien puede explicarme que fue eso, por favor —Tomoki susurró.
Gennai soltó un suspiro. Aquel había sido un episodio totalmente aislado y no sabía que decir para explicar lo sucedido. En teoría, Huanglongmon no podía salir del centro del Mundo Digital. Era imposible, estaba confinado allí —prisionero, si se quiere— porque su poder era demasiado grande para ser controlado, para ser exhibido.
—Él quería darnos una advertencia —Patamon susurró, con calma. Tailmon asintió, en acuerdo solemne—. Quiso decirnos todo lo que sabía.
—No era mucho —Koushiro suspiró, sintiendose extrañamente cansado. Ninguno de los encuentros con las otras Bestias Sagradas había sido tan díficil— ¿Qué fue eso, Gennai-san? ¿Fue real o sucedió en nuestras mentes?
—¿Por qué no ambos? —el mentor que los había guiado replicó. Estaba seguro de que había sido una ilusión pero eso no quitaba su veracidad o la forma en la que todos habían sido sacudidos por ese... poder—. Huanglongmon envió un mensaje para ustedes, Patamon tiene razón.
Taichi intercambió miradas con sus amigos más cercanos, sintiendo la inquietud que se había instalado. Cuando Agumon regresó a su lado, le palmeó la cabeza, sonriendo ligeramente. Se había portado como un líder.
Patamon se refugió en los brazos de Takeru y la joven Yagami flexionó sus piernas hasta llegar a mirar los ojos despejados de Tailmon.
Algunos de sus amigos digitales se obligaron a moverse cerca de sus amigos humanos, como si necesitasen comodidad. Sora meció a Piyomon en sus brazos y Iori se esforzó por acariciar a Armadimon sin cambiar de postura.
—Dijo que el enemigo proviene de nuestro Mundo. Debe estar allí —Takuya intervino. Miró a Lopmon y al Digihuevo que sostenía durante un breve momento—. Eso quiere decir que debemos ir hacia allá y enfrentarlo.
—¿No creen que el Libro del Conocimiento que pertenecía a Bokomon puede ayudarnos? —Lopmon alzó la voz. Sentía el cuerpo tembloroso por razones que no llegaba a precisar—. AncientSphinxmon me explicó como funciona.
Kouichi frunció el ceño y Koushiro ladeó el rostro —¿Cómo funciona? —preguntaron al mismo tiempo. Y la voz del primero reflejaba extrañeza mientras que la del segundo era pura curiosidad.
—AncientWisetmon lo escribió, ¿no es así? —Izumi rememoró.
Lopmon asintió —Sólo hay que preguntar y dejar que nos responda.
—¿No... No necesitamos a Bokomon para eso? —Tomoki preguntó, con un hilo de voz. Sus amigos lo habían puesto al tanto de lo sucedido pero él no lo había vivido— Fue siempre quién nos leía lo que decía ese libro.
Lopmon hizo un minuto respetuoso de silencio. Por los digimon que había perdido y que aún tenía que recuperar —Yo puedo hacerlo.
La joven Orimoto se inclinó a su lado y acarició su cabeza, mostrandole una sonrisa de aliento —Entonces hay que hacerlo. Si vamos a ir a enfrentar a este Fantasma —le lanzó una mirada a Takuya—, tendremos que tratar de saber la mayor cantidad de cosas para enfrentarlo correctamente.
—Quizás no pueda averiguar mucho —El pequeño digimon marrón se excusó—. Pero lo intentaré.
—Nosotros iremos con ustedes —Taichi declaró en voz alta, repitiendo palabras que parecían antiguas. Takuya sonrió—. Si planean luchar en su mundo, quiero decir.
—¡Esa criatura ha amenazado todos los Mundos! —Daisuke acompañó, elevando un puño hacia el cielo—. No lo dejaremos ganar.
Los gestos de confirmación se unieron rápidamente, contagiandose unos con otros mientras prometían su participación. Los digimon eran entusiastas, animados por nuevas fuerzas.
Y cuando Hikari parpadeó, notó las pequeñas luces que brillaban en el aire.
Elegida de la luz y la oscuridad, nos encontramos de nuevo.
Había escuchado esas voces antes, cuando era niña. Recordó el bosque, la pelea de Taichi y Yamato, la desaparición y reaparición de Takeru. Recordó la forma en la que la llamaban. —Sí —respondió, en voz baja. No quería alertar a nadie.
Queremos hablar con tus compañeros. Solo en ti podemos manifestarnos, pequeña. Queríamos enviar a nuestro mensajero, Yukio, pero a él le fue encomendada otra misión y aún no ha regresado.
Yukio Oikawa era el mensajero de los Homeostasis desde que había muerto para salvar el Mundo Digital hacia dos años. Él que los visitó antes de que fuesen al bosque... Él había sido quién le entregó los nuevos emblemas a Daisuke, Iori y Miyako.
Ella parpadeó y levantó el emblema de color rosado, dirigiéndolo hacia el cielo. Los destellos brillante la rodeaban...
—¿Hikari? —escuchó que alguien la llamaba, era alguien familiar y sonaba preocupado.
Hikari levantó el emblema de la luz, sosteniendolo entre sus dedos. Dentro de la etiqueta, la pequeña placa rosada había comenzado a brillar.
Cerró los ojos y se dejó caer.
Entonces, la luz llegó para cubrirlo todo.
—¡Hikari! —Tailmon sintió un intenso deja vu cuando los ojos cobrizos de su compañera le devolvieron la mirada. Brillaban, colmados de la sabiduría de vidas que no le pertenecían. Su voz era apenas audible cuando repitió el nombre de la joven— ¿Hikari?
—Lo sentimos, Tailmon —se trataba de la menor de los Yagami pero no era ella, podía sentirlo. Y también recordaba que antes ya había sucedido lo mismo y sintió su cuerpo relajarse lentamente—. Pero es la única persona en la que podemos manifestarnos.
La declaración llamó la atención de los presentes. Salvo Gennai, que casi siempre se mantenía inexpresivo, los gestos de confusión se salpicaron en los rostros humanos.
Los digimon no se movieron de sus lugares, atentos, mientras miraban en dirección a Hikari.
Nosotros deseamos paz y tranquilidad para el Digimundo...
En pocas palabras, carecemos de un cuerpo... Y por eso estamos pidiendo prestado el cuerpo de ella.
—¿Ustedes? Oh —Koushiro susurró, sus ojos abiertos en el reconocimiento. Se volvió hacia algunos rostros confundidos—. Los Homeostasis sólo podían manifestarse mediante Hikari, ¿recuerdan? Por eso envian a Gennai o a Oikawa-san con mensajes para nosotros, no pueden hacerlo por sí mismos. Sucedió la primera vez que llegamos a este mundo, cuando Taichi y Yamato... —se aclaró la garganta, dirigiéndose al grupo de Takuya y a los más jóvenes de su propio grupo, que desconocían los detalles—. Fueron los que nos mostraron porque habíamos sido elegidos. Ellos hablaron con nosotros a través de Hikari, la última vez.
Junpei frunció el ceño. Y él pensando que sus aventuras en el Mundo Digital habían sido peculiares. A cada momento, encontraba algo de que asombrarse con los Elegidos y sus vivencias.
Lopmon permaneció impasible, sus brazos rodeando al pequeño Digihuevo de Seraphimon con ademan protector.
La joven Yagami se volvió hacia el pelirrojo, la pequeña sonrisa curvando sus labios —Es cierto, Elegido del Conocimiento. Nos da mucho gusto volver a encontrarnos con ustedes —hizo una pequeña pausa, sus labios fruncidos en un gesto más triste—. Pese a las actuales circunstancias, por supuesto. Yukio nos ha dicho que han recibido ya los emblemas.
—Lo hicimos —Daisuke estaba absorto. No sabía que pensar sobre le hecho de que alguien que no fuese Hikari le hablase desde el cuerpo de su amiga. V-mon permaneció a su lado, firme y casi solemne, como cuando se habían cruzado con Huaglongmon— Ustedes, uh, ¿por qué están aquí ahora?
—Nosotros no podemos interferir en los acontecimientos que todavía no sucedieron... Sin embargo, queríamos entregarle algo que les pertenece.
Koushiro frunció el ceño. Había algo en esa declaración que no parecía correcto pero no podía descifrar de qué se trataba. Permaneció en silencio, sin embargo, cuando vio que Gennai inclinaba la cabeza hacia un lado, en un gesto claramente contemplativo. Sus amigos tampoco parecían querer intervenir y los guerreros se quedaron unos pasos más atrás, tensos y alertas. Mejor quedarse en silencio, por el momento.
Hikari cerró sus palmas alrededor del colgante, sin apartar la mirada. Una luz blanca emergió desde sus manos entrelazas.
—Ustedes querían averiguar sobre el emblema de la oscuridad, dónde estaba y cuando aparecería.
Separó las dos manos después de lo que pareció mucho tiempo y en lugar de un solo emblema, había dos.
En la derecha, descansaba una etiqueta de color blanca y en la izquierda, una negra. Tenían el mismo dibujo que antaño, una pequeña estrella de ocho puntas. También podría ser una flor.
—¿Siempre estuvieron juntos? —Takeru cuestionó. Se contuvo para no dar un paso hacia donde estaba la hermana de Taichi y sujetarla. La expresión tranquila pero no exactamente de ella, lo detuvo.
—Juntos, sí. La luz y la oscuridad tienen cierta relación, como una moneda de dos caras... Por eso, la oscuridad nace en los lugares que están llenos de luz—la voz de Hikari tenía un matiz diferente, más suave. Parecía ser una repetición de algo que había dicho antes—. Tuvimos que sellar los poderes del emblema oscuro para que no llegase a las manos equivocadas. Preferimos mantener solo uno de los dos activos, con el que Hikari siempre se sintió más cómoda... Y además, el que ni Vandemon ni los Dark Master ni cualquier otro ser que lo ambicionase podría manejar.
Sora había sido quién descubrió los nombres de los emblemas durante sus primeras aventuras. Había sido el digimon murciélago quién reveló cuales eran los significados de las etiquetas que Gennai les había enviado a investigar. No supieron del emblema de la luz hasta mucho después...
Y la pequeña Hikari había sido la única que no recibió el nombre del emblema de la misma forma que los demás. ¿Habían cometido el error de no investigar más? Habían estado más preocupados por salvar el mundo, los mundos, que para darle significados a muchas cosas. No había sido esencial...
¿Lo habría sabido Gennai? Seguramente sí. Sora sabía que Gennai había ocultado cosas de ellos y, generalmente, tenía buenas razones para ello. Había aprendido a que debía aceptarlo.
¿Lo habría olvidado o simplemente, notando todo el temor a la oscuridad que tenía Hikari había preferido no mencionarlo? Era probable, especialmente, si temía que la pequeña —que entonces apenas iba a segundo grado, igual que Takeru— hubiese rechazado el emblema, por miedo...
Esa era la cualidad que tenía cada uno de ustedes hace cuatro años, habían sido las palabras que les dijeron cuando se encontraron con las revelaciones de por qué habían sido elegidos, pero si llegaran a perderla… ¿saben que es lo que sucedería? Es probable que utilicen sus digimon para fines malignos.
Y no era algo imposible. Había ocurrido una vez, con Ken… Cuando el emblema de la Bondad se corrompió, había sido terrible.
Ya, en aquel entonces, sus últimas batallas habían tenido demasiadas desventuras, recordó. Con los Dark Masters, las peleas y separaciones entre ellos como para sumar nuevas incognitas en sus mentes. ¿Qué tan horrible hubiese sido si sucediese algo parecido con el emblema de la oscuridad?
Además, si realmente estaban sellados los poderes... ¿Por qué, incluso, mencionarlo? Nadie tuvo la necesidad de hablar del emblema que había existido en silencio hasta ese momento...
Si esta amenaza no hubiese ocurrido, nadie habría tenido que saberlo.
Sora vio que Taichi fruncía el ceño y casi podía escuchar sus pensamientos. Eran ecos repetitivos de los suyos propios: no le sorprendería que hubiesen llegado todos juntos a la misma conclusión. Alargó su mano para tocarlo, quería más que nada suavizar esa expresión preocupada que había aflorado en el rostro de su mejor amigo.
Taichi le dio una pequeña sonrisa que no podía engañar a nadie. Yamato y Koushiro parpadearon en dirección a él, siguiendo sus movimientos.
—Hikari tuvo, entonces, los dos emblemas siempre consigo —Kouichi susurró, para sí mismo y muchos recordaron que los guerreros estaban allí, también. Los ojos cobrizos de la joven Yagami se fijaron en Kimura—. Por eso Gennai-san les dijo que su poder había estado latente, que actuaba igualmente... Siempre estuvo en su poder.
—Así es —replicó ella y dio unos pocos pasos hacia él, para sorpresa de la mayoría— pero ahora Hikari tiene que llevar los dos emblemas activos y aún no está lista para controlarlos a ambos —hizo una pausa y sus ojos se detuvieron en todos los rostros humanos, sin vacilar ni un segundo. Al final, se detuvieron en una persona— Por eso pensamos que sería mejor que... Alguien más lo tenga.
Y extendió el emblema de la etiqueta negra hacia Kouichi, con seguridad.
—¿Yo? —cuestionó, sorprendido.
—Por favor, recíbelo —Hikari tomó su mano y dejó que él sostuviese la etiqueta— Sabemos que lo mantendrás a salvo de la corrupción —insistió ella, obligándolo a cerrar sus dedos en torno al emblema—. No te preocupes, no te hará daño.
Un pequeño silencio se extendió.
Kouichi levantó la mirada y fijó sus ojos en los orbes cobrizos, firme y decidido. Sus dedos se afirmaron alrededor del colgante —No le temo a la oscuridad.
—Eso es bueno. Porque la oscuridad no debe causar temor —una sonrisa se formó en el rostro de Hikari y todos vieron que se acercó hacia Lopmon, para acariciar el Digihuevo que sostenía el digimon— En la vida, todos son grises.
Lopmon sintió que el huevo temblaba en reconocimiento.
—Ya no nos necesitan —Hikari susurró—. Estamos convencidos de que encontrarán el camino correcto por su cuenta. Buena suerte, Elegidos.
Y Kouichi la sujetó para que no cayese al suelo cuando se desmayó.
—De acuerdo —Takuya, respiró cuando pasaron unos instantes de mutismo. Se tocó la nuca mientras miraba los rostros de sus amigos—. Creo que aún hay cosas de las que no hemos hablado...
—¿Y qué es lo que acaba de pasar? —dudó Miyako, lanzándole una mirada inquieta a su amiga inconsciente.
—Bueno, yo creo que acabamos de recibir dos mensajes de las entidades más importantes de este mundo —Kouji declaró.
—Y en un lapso de veinte minutos —Daisuke musitó mientras veía como Taichi trataba de cargar a Hikari entre sus brazos.
—Huanglongmon es la Quinta Bestia Sagrada y los Homeostasis son quiénes me crearon a mí, a los emblemas y los digivices de los Elegidos —Gennai confirmó.
Koushiro se frotó los ojos con el índice y el pulgar —Es su manera de decir: sí, Kouji. Tienes razón.
Algunas sonrisas brotaron en los presentes.
—Entonces... ¿Qué es lo que vamos a hacer ahora? —cuestionó Mimi, cuando ya no había más que hacer allí. Todo estaba tranquilo y despejado, casi imperturbable. Querría arrojarse junto a Koushiro bajo la sombra de un árbol y buscar formas a las nubes...
Pero había cosas más apremiantes que disfrutar de la compañía de su... ¿novio?
Todas las miradas se fijaron en Taichi. Desde sus compañeros más antiguos hasta los más recientes, como si hubiese sido coreografiado.
Gennai no fue la excepción aunque él no tenía los mismos motivos que los demás. Él se asombró de lo lejos que había llegado ese muchacho desde que lo había conocido. Era un contraste increíble con lo que había sido a los once años. El pequeño temerario y obstinado había madurado.
El joven Yagami contempló el rostro sereno de su hermana, lo joven que parecía y lo frágil que se veía. Permanecía inconsciente, dormida. Soñando cosas que nadie sabría jamas.
Suspiró, dejando que las cosas se asentasen en su mente. Levantó los ojos para fijarse en Agumon, que le dio una sonrisa alentadora.
Taichi siempre podía contar con su digimon.
Miró primero a sus amigos, repasando las líneas de sus rostro y fijándose como habían cambiado en todo el tiempo que los conocía. Aún reconocía en sus caras a esos niños que desearon buscar aventuras cuando todas las luchas concluyeron, a los que subieron con él a un viejo tren abandonado y tuvieron que decir adiós entre lágrimas.
Los niños que crecieron con él.
Sora, Yamato, Koushiro, Jou, Takeru, Mimi... Hikari.
Los digimon que los acompañaron. A quiénes extrañaron por tres años, a quiénes nunca olvidaron. Todos ellos habían compartido días eternos y batallas dolorosas, noches de miedo y victorias para rememrar.
Sus compañeros fieles, sus amigos de otro mundo.
Agumon, Piyomon, Gabumon, Tentomon, Gomamon, Patamon, Palmon, Tailmon.
Contempló a los niños que recibieron el testigo, los que siguieron con su tarea, a quiénes tuvieron que asesorar y a los que vieron luchar las batallas que les negaron. Determinados y valientes, ellos debieron pagar precios altos para vencer y avanzar.
Los que siguieron el camino que ellos iniciaron.
Daisuke, Iori, Miyako, Ken. V-mon, Armadimon, Hawkmon, Wormmon.
Luego, finalmente, detuvo la mirada en los Guerreros. No los conocía, en realidad. Pero entendía en que se parecían, en lo que compartían y en lo que los hacia diferentes...
Todos ellos, todos, tenían esa cosa que los hacia diferentes. El motivo por el que estaban allí, la razón de que tenían que seguir y la causa de que tuviesen que luchar. No los hizo mejores ni peores... Solo diferentes.
Hizo que compartiesen un mismo destino.
Takuya, Izumi, Tomoki, Kouichi, Kouji, Junpei.
Los emblemas representaban sus cualidades, los espíritus reflejaban la voluntad de sus poseedores. Eran una parte de ellos y de lo que eran, lo que habían sido, lo que llegarían a ser. Les dio poder y los ayudó y los protegió.
Pero estaban obligados a luchar, también. Ese era el precio que pagar por ser llamados Elegidos. Y era también el precio por aceptar el llamado que les hicieron.
—Haremos lo que se supone que tenemos que hacer —declaró, con voz clara—. Vamos a seguir con nuestro viaje.
(***)
N/A: Esta vez la actualización se demoró mucho menos que antes pero, en realidad... casi cualquier cantidad de tiempo es menor que la anterior. Ejem.
¡Este es el final del primer Arco de la historia! Yay! Y que mejor final que Taichi tomando las riendas como el buen líder que es ahora y que más adelante se convertirá en el puente entre dos mundo. Ninguno, claro. ¿Quién no adora a Tai en su faceta de los-guiaré-hacia-la-victoria?
Al fin hemos llegado hasta el siguiente tramo pero no por ello la historia está cerca de terminar, aún nos queda bastante por recorrer.
Hablando sobre la Digievolución DNA, también pienso que las opciones más lógicas eran Iori-Miyako y Takeru-Hikari. Daisuke-Ken sería la excepción a esa regla pero incluso cuando era el Digimon Kaiser, fue Daisuke a quién más "respetaba" como oponente así que igual tiene sentido que estuviesen juntos. De todos modos, Iori me dio la oportunidad de preguntarme cosas sobre sus uniones y el sentido que tuvieron en su momento.
*En el CD drama Natsu e no Tobira (transcurre en el verano de 2003) Daisuke menciona que Hikari rechazó una cita y se quejaba de que Iori tuviese una novia siendo más joven que él. A pesar de que estoy incluyendo datos de los CD drama en esta historia, no todos siguen la misma línea de tiempo original.
**Naranja, azul, rojo, verde, morado, gris, amarillo, rosa, marrón, fucsia, e índigo. Me costaba decidirme los colores de los nuevos emblemas, salvo una clara excepción, pero aquí están todos los tonos que apareceran de aquí en adelante, aunque sea en descripciones vagas. Marrón para Daisuke, fucsia para Miyako e índigo para Iori.
***Corrompió a un Ángel Salvador, a un Guerrero Legendario y a un segundo Ángel Sagrado. Se refiere a Lucemon, a AncientSphinxmon y a Cherubimon respectivamente. Según la historia que narró el guerrero de la oscuridad, se trata del primer enemigo de los guerreros legendarios.
****Muchas de las frases del capítulo fueron tomadas del capítulo 45 de Digimon Adventure, que es donde los Homeostasis hablan con los Elegidos a través de Hikari. Por primera vez, al menos.
*****La conversación con Huanglongmon es una ilusión, como Gennai dice. El digimon se quiere comunicar con ellos y eso hace, ¿cómo? Ese es un misterio. La quinta Bestia Sagrada está confinada a regir el mundo desde el centro y no puede salir. Pero es un digimon que puede manejar la luz y la oscuridad así que era imprescindible que hiciese un cameo en esta historia.
******El emblema de la oscuridad estaba sellado dentro del emblema que tenía Hikari. Ese era el motivo por el que no era blanco sino rosa y también por eso Gennai se refería al emblema como inactivo, oculto pero latente. Los dos estaban fundidos en uno hasta ahora. Por tiempo indefinido (hasta que Hikari acepte su poder) estará en manos de Kouichi.
Pffff. No entiendo porque las notas finales quedan tan extensas.
¡Gracias! Muchísimas gracias por leer, por sus favoritos y follows. Nos vemos/leemos en la siguiente actualización.
Naileth, ¡mil gracias por tu comentario! Me alegra mucho que te haya gustado la trama a pesar de que no encontraste a la pareja que esperabas. Izumi y Takuya son muy lentos, lo sé, pero es que Takuya es torpe en estás cuestiones jajaja. Y Koushiro y Mimi han... ¿formalizado? Bueno, están en eso. Dejalos que se entiendan entre sí, que es díficil ;D Hikari y Kouichi tienen potencial, ¿no es así? Los veo como una especie de imágenes especulares entre sí, en cierto modo. Creo que son una combinación interesante. Y no descarto la idea de escribir de ellos en el futuro, ¡gracias!
Guest, ¡Hey! Muchas gracias por tu review. ¡Me alegra que sigas por aquí! Bueno, los gemelos son un par muy adorable así que te entiendo XD. Kouichi no tuvo gran oportunidad de desarrollarse en Frontier (su vida en el Mundo Digital era bastante angustiante, la verdad y no tuvo paz) pero siempre he pensado que es un personaje lleno de contradicciones (y me encanta eso) así que me desquito dandole capítulos donde su presencia es muy importante (?)
