Bueno mis preciosas lectoras, por aquí les dejo un nuevo capítulo de esta loca historia que no abandona mi loca cabecita, espero que lo disfruten, sobre todo aquellas que tanto habían extrañado a este individuo.
CAPÍTULO 26
La vida es un constante ir y venir de oportunidades, de decisiones por tomar que se presentan ante cada uno de los seres humanos, para según ello tomar la opción que parezca más conveniente para su vida.
Eso precisamente era lo que estaba por sucederle a Edward Cullen, quien dejando a sus padres tras él, para evitarse un nuevo enfrentamiento con su progenitor delante de su madre, se dirigió hasta la oficina del Director del Hospital, atendiendo así al llamado que le habían hecho por medio de los altoparlantes.
No tardó más que unos minutos en llegar hasta dicha área ubicada en el tercer piso del edificio.
Saludó a la joven secretaria, una pelirroja de cuerpo escultural, no mayor a los veinticinco años, Stephany, quien le devolvió el saludo de forma sugerente.
Mentalmente, el cobrizo rodó los ojos, recriminándose el haberse acostado con ella tiempo atrás, puesto que aquella mujer no perdía las esperanzas de poder cazarlo, ni mucho menos entendía ya un NO por respuesta.
-Josh me está esperando – indicó a la chica, de manera seria, para que lo anunciara, en vista que no dejaba de mirarlo.
La pelirroja asintió, sin dejar de comérselo con los ojos.
-Así es, ya te anuncio – le contestó, al tiempo que susurraba con voz bastante audible y sugerente – papacito.
Edward se sintió bastante incómodo con ello, era algo a lo que no podía acostumbrarse, a pesar de que siempre le sucedía; sin duda alguna ya se había convencido que aquello era uno de los inconvenientes que surgían al relacionarse íntimamente con sus compañeras de trabajo y sobre todo con aquellas que no entendían cuál era el tipo de relación que él buscaba y que podía ofrecerles.
Josh Spencer, neurocirujano reconocido a nivel nacional e internacional, el Director de aquel hospital, era un hombre ya entrado en sus cincuenta años, de contextura robusta y piel canela; su cabello empezaba a pintarse de blanco, pues las canas ya hacía tiempo habían hecho su aparición, pero él siempre alegó que cada que aparecía una no era otra cosa más que una experiencia adquirida a lo largo de toda su vida y afirmaba que en ningún momento se avergonzaría de ellas intentándolas cubrir con algún tinte.
Fue aquel hombre que le abrió las puertas al joven Cullen cuando, gracias a Carmen Denali y a sus influencias en el mundo empresarial, no pudo encontrar trabajo en ninguna otra empresa de prestigio; Edward tuvo que admitir que también parte de eso fue gracias a su padre, pero con el paso del tiempo se dio cuenta que el Dr. Spencer no le habría permitido continuar en el puesto que actualmente ocupaba si no estuviera conforme con el trabajo que realizaba.
Con el transcurrir de los meses la relación entre ambos se fue construyendo poco a poco, forjándose una amistad sincera, respetuosa y honorable; él sabía muy bien cuándo actuar como un amigo y cuándo hacerlo como el jefe que era.
En más de una ocasión, y por la amistosa relación que también tenía, ya le había intentado hacer ver a Edward que no era muy recomendable, por decirlo de alguna forma, que se inmiscuyera íntimamente con el personal femenino del hospital, porque en algún momento aquello podría traerle algún inconveniente a futuro y de ser el caso él tendría que actuar como correspondiera al ser la máxima autoridad; si bien era cierto que en el hospital no se había instaurado una política de tolerancia cero en cuanto a las relaciones íntimas entre el personal del mismo, Josh esperaba no tener que llegar hasta ese punto.
Pero veía con tristeza que el accionar de su joven amigo y colaborador no iba a cambiar de momento o en futuro próximo; conocía a rasgos generales la historia que él llevaba a cuestas, ya fuera por las conversaciones mantenidas con el padre de él y con el mismo Edward, nunca le gustó entrometerse en la vida de los demás; pero una vez que surgió y creció la afinidad entre ambos, llegó el momento en que no pudo dejar de enterarse, por ende sus consejos no faltaron, intentando orientarlo por el camino correcto, más sin embargo, tenía muy en claro que cada quien es responsable de sus actos y de las decisiones que se toman en la vida.
-Edward, muchacho, pasa y toma asiento – saludó Josh, guardando uno de sus libros médicos en la estantería y ubicándose en su propio sillón tras el escritorio.
-Josh, no había tenido la oportunidad de saludarte hoy – se excusó el cobrizo un poco apenado – he estado un poco ocupado con la nueva remesa de equipos que nos llegó ayer.
-Sí lo sé, no te preocupes hijo, no pasa nada, aunque hace poco me pasé por el laboratorio de radiología, pero tampoco te encontré por ahí – Josh lo miró especulativamente, el cobrizo intentó esconder su expresión avergonzada, pero al ver que el hombre frente a sí negaba, se dio cuenta que no lo logró – mejor ni preguntar dónde andabas ¿verdad?.
-Yo lo siento mucho, pero bien sabes que… - empezó a explicarse nuevamente, siendo interrumpido por su jefe quien levantó la mano deteniendo así sus excusas, las cuales ya había oído tiempo atrás y en reiteradas ocasiones.
-Sé que no descuidas tu trabajo, muchacho, por el contrario, no tengo quejas de tu desempeño, el cual siempre ha sido más que extraordinario – un suspiro de cansancio abandonó la boca del Dr. Spencer – solo espero que no llegue el momento en el que tengas que arrepentirte de las decisiones y caminos que has tomado ahora, porque solo en ese momento podrás ser consciente de todo el daño que te has hecho a ti mismo.
Edward optó por quedarse callado, varias veces habían tenido la misma conversación y a pesar de los consejos que él le brindaba, no le hacían cambiar de actitud, ya que a cómo el analizaba las cosas no estaba haciendo nada malo, solamente se dedicaba a vivir la vida tal cual se le presentaba, ni mucho menos le debía fidelidad a nadie de momento.
Josh al entender el mutismo por parte del hombre frente a sí decidió dejar a un lado aquel tema e ir de lleno al asunto que lo había traído hasta su oficina.
-Bueno, mejor vamos directo al grano – le dijo, asintiendo el cobrizo en concordancia – te he mandado a llamar porque tengo algo que comunicarte, ofrecerte, plantearte o como quieras llamarlo.
Edward lo miró extrañado ante las palabras de su jefe y sobre todo al ver la seriedad en su rostro, cosa que de inmediato lo puso en guardia.
-¿Qué sucede? – interrogó inmediatamente, ansioso por saber qué era lo que tenía que decirle. No quería pensar que Carmen Denali tenía algo que ver en lo que él le iba a comunicar, ya que si fuera el caso no habría ninguna proposición de por medio sino más bien una decisión en firme.
Al pensar en aquella mujer, no puedo evitar pensar en Tanya la hija de ésta, alegrándose nuevamente con el hecho de que por fin se hubiese quitado de encima a aquella rubia que lo había estado atosigando meses después de ser despedido de la empresa de sus padres. Enterándose después de que su madre había amenazado con desheredarla definitivamente si no dejaba de buscar a Edward, para luego mandarla a radicarse en París, donde habían abierto una nueva sucursal de la compañía.
-No es nada malo – se apresuró a contestar el aludido, al ver una expresión de preocupación empezar a formarse en el rostro de Edward, interrumpiendo sus pensamiento – al contrario es algo que te va a beneficiar mucho, si decides aceptar claro está.
Edward exhaló levemente el aire que había contenido sin darse cuenta, logrando que una sonrisa apareciera en su rostro.
-Entonces, ¿me vas a decir ya qué es lo que vas a proponerme? – volvió a cuestionar más tranquilo pero igual de intrigado. Siempre estaba y estaría abierto a nuevos retos que se le fueran presentando en el camino. Necesitaba probarse a sí mismo y a los demás de lo capaz que era cuando algo se le designaba a realizar.
-Hace un par de días un colega mío, con el que mantengo contacto periódico, me comentó sobre una situación que se estaba dando en el hospital que él dirige y a la cual tiene que darle solución lo más pronto posible – empezó a comentar Josh, mirando fijamente a Edward para ir notado sus reacciones – el administrador en funciones de dicho hospital cesó de su trabajo, renunció; lastimosamente luego de que eso sucediera se empezaron a evidenciar ciertos… - se detuvo, intentando encontrar el término adecuado para lo que tenía que decir – manejos que al parecer no fueron llevados de la forma correcta.
Edward comprendió rápidamente a lo que se quería referir.
-Algo así como malversación de fondos – dedujo.
Josh no afirmó ni negó ante sus palabras.
-El caso es que ha acudido a mí, solicitando que lo ayude, recomendándole a una persona de mi absoluta confianza para ocupar dicho cargo en su hospital – una pequeña llamita de ilusión empezó a formarse dentro de Edward, ante la perspectiva que poco a poco se iba formando ante las palabras del médico frente a él – le dije que pensaría bien y luego me comunicaría con él cuando le tuviese alguna persona a la cual recomendar para dicho cargo.
-Y me dices esto a mí porque… - dejó el cuestionamiento en el aire, esperando que él completara su respuesta.
-El Dr. Arthur Daniels, muy aparte de ser un excelente médico, un cirujano cardiovascular muy reconocido tanto a nivel nacional como internacionalmente hablando, es un excelente amigo, nos conocemos desde nuestro inicios en la Universidad de Oxford – continuó explayándose – actualmente él es el Director del Washington Hospital Center – al escuchar el nombre del hospital Edward fue abriendo sus ojos, sorprendido – así es hijo, como ya has caído en cuenta, éste hospital se encuentra en Washington D.C., Estados Unidos.
Edward se levantó de la silla y empezó a caminar alrededor del espacio libre de aquella oficina. Asimilando y analizando la información que le había proporcionado Josh.
-Haber si entiendo bien y espero no equivocarme – le dijo luego de unos minutos mientras el galeno se había limitado a observarlo en espera de que él pudiera digerir lo que le había dicho – de acuerdo a lo que me has comentado – le miró fijamente desde su posición de pie – prácticamente me estás ofreciendo ocupar ese puesto – sus palabras estaban mezcladas entre afirmaciones y preguntas a la vez, Josh asintió, para que le quedara claro que eso era lo que él estaba haciendo. La sonrisa de Edward empezó a aparecer en su rostro, puesto que esa oferta le estaba empezando a gustar – pero… y qué pasa con mi trabajo aquí, acaso me estás ofreciendo ese puesto porque…
Josh lo interrumpió nuevamente.
-Estoy más que satisfecho con la labor que has desempeñado en este hospital Edward, eso no lo dudes en ningún momento – manifestó seriamente al suponer cuáles eran los pensamientos del joven cobrizo – y a pesar de ser éste un hospital de gran renombre, ya no te puedo ofrecer un puesto que te haga crecer más profesionalmente hablando; creo que te conozco demasiado bien como para estar seguro de que llegará un momento en el que la función que aquí realizas ya no te va a satisfacer lo suficiente, eres de aquellas personas que aspiran a crecer en todo momento para llegar a ser un excelente profesional, a tratar con nuevos retos – expuso sus argumentos, los cuales tenían mucho de veracidad y Edward lo entendió, porque lo estaba describiendo a la perfección – has hecho aquí una labor fantástica y por eso tengo la certeza que podrás desempeñar este mismo rol en ese hospital que prácticamente es el doble de tamaño que éste, aunque francamente yo no deba decirlo; así como estoy seguro que podrás ayudar al Dr. Daniels a salir del bache en el que le ha dejado su anterior administrador.
-¿Y mi puesto aquí quién lo supliría? Si llego a aceptar, no quiero que alguien que no esté acorde al cargo y sobre todo que no sepa el manejo de todo llegue a tirar por la borda todo el trabajo que he logrado alcanzar hasta ahora – quiso saber ya que por mucho que le motivara aceptar aquel nuevo trabajo, no iba a ser tan malagradecido y dejar el puesto que ocupaba ahora en manos de alguien que no supiera desempeñarse como correspondía, no le haría ese daño a quien le extendió la mano cuando más lo necesitaba.
Josh sonrió ante la preocupación del muchacho, ya que tenía muy en claro que en el fondo él era una maravillosa persona, que se había equivocado mucho y había herido a más de una persona, sí, pero sin embargo su corazón no estaba del todo perdido.
-Tienes a un asistente que te ha sabido llevar el ritmo muy bien – Josh se refería a Mark Winsord, y Edward no pudo rebatir sus palabras, el chico había demostrado tener una gran capacidad cognitiva y le seguía el ritmo en todas las actividades que él debía desempeñar. Aunque le costara aceptar, sabía que en manos de aquel muchacho un año menor que él, la administración del hospital iba a estar en buenas manos – Entonces Edward ¿aceptas el trabajo?
La respuesta del aludido tardó un poco más de lo que el Dr. Spencer esperaba, el cobrizo se tomó su tiempo para analizar los pros y contras ante cualquiera que fuera a ser su decisión.
Sabía que si aceptaba, su vida cambiaría radicalmente, empezando por el hecho de que tenía que mudarse no solo de ciudad sino también del país, pero si se negaba, perdería una grandiosa oportunidad y el nunca por nada del mundo haría algo así. Jamás dejaría pasar algo así, mucho menos cuando aquello implicaba ser reconocido por su trabajo, el cual ahora traspasaría las fronteras por lo que podía vislumbrar en su futuro
Mirando al Dr. Spencer fijamente, se acercó hasta él y extendió la mano.
-Gracias por pensar en mí Josh – le dijo verdaderamente agradecido y emocionado – ten por seguro que no te arrepentirás de haberlo hecho y sobre todo no dudes de que te haré quedar muy bien, no tendrás razón alguna para arrepentirte de haberme recomendado para el puesto.
Acto seguido volvió a tomar asiento en espera de todas las instrucciones que debía de seguir para traspasar su puesto y dejarlo en manos de su asistente y sobre todo para recibir los datos del que sería su nuevo jefe llegado el momento.
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Una vez que Josh y él dejaron todo decidido el cobrizo telefoneó enseguida a su madre para saber dónde podía localizarla; dirigiéndose de inmediato a hasta la casa de sus padres, puesto que Esme hacía poco que había llegado ahí; quería contarle las novedades a su madre, dejando en el olvido el incidente en el que se habían visto envueltos antes de ir a hablar con Josh.
Luego de saludarse afectuosamente se acomodaron en el sofá de la sala, anunciando Edward de inmediato las novedades que tenía que contarle, que se moría por decirle.
-Es algo que realmente no me esperaba mamá en serio – el cobrizo afirmó con acritud – pero considero que es una oportunidad que no debo de rechazar, ya que me permitirá ampliar mis horizontes laborales y continuar con mi crecimiento profesional – admitió imprimiendo en su voz un tono decidido – es más, ya le di mi respuesta, le dije que aceptaba.
Esme miraba a su hijo, dedicándole toda su atención una vez que escuchó sus palabras, sintiendo en su interior cómo la incertidumbre empezaba a crecer ante lo que su único hijo le decía.
-¿Y qué fue lo que te propuso el Dr. Spencer? – le preguntó.
-Un colega y amigo muy allegado a él necesita de administrador general para el hospital que dirige ya que el que ocupaba ese puesto renunció dejándolo con ciertas situaciones conflictivas que debe solucionar lo más pronto posible; ese hospital es más grande aún que el de Josh y él está consciente de que actualmente ya he aportado todo cuanto he podido aquí y de que no me puede ofrecer un mayor crecimiento profesional – empezó a explicarle en resumen, empleando casi las mismas palabras que él le había dicho – así que me recomendó con ese colega suyo y han accedido a darme un tiempo de prueba, si lo paso, lo que obviamente va a suceder, pues me quedaré con el puesto que está vacante por tiempo indefinido – terminó de relatar, completamente emocionado.
Esme se levantó del sofá, procesando todo lo que Edward le acababa de decir, sintiendo la incertidumbre crecer más y más dentro de sí, además de sentirse un poco dolida al ver que su hijo ni siquiera había considerado el hecho de pedirles opinión a ellos para tomar su decisión.
-¿Y ya aceptaste? – preguntó a pesar de haber escuchado que sí lo había hecho, él asintió, permitiendo que su madre asimilara sus palabras.
-Sí mamá, ya lo hice, porque será algo excelente para mí, una excelente oportunidad – aseveró – además de que por mucho que intentemos evitarlo papá y yo ya no podemos trabajar en el mismo sitio – señaló con pena, ya que aunque no lo demostrara le dolía que su padre estuviera prácticamente en su contra, porque así era como él lo sentía.
A Esme también le dolía aquella realidad pero sobre todo la hería aún más el pensar que las cosas, según como las veía, no se iban a arreglar entre su marido y su hijo tan pronto como ella lo había deseado.
Dejó esos pensamientos de lado por el momento y se centró en lo que estaban tratando en ese instante.
-¿Qué hospital es, quizá podamos averiguar cómo es el ambiente...? – empezó a especular en voz alta, pero su hijo la interrumpió.
-No es un hospital de aquí mamá, ni siquiera es de la región o del país – la miró directo a los ojos para poder darle la noticia – el hospital está en Washington D.C., Estados Unidos.
Los ojos de Esme se abrieron a su máxima capacidad cuando escuchó aquello último, y tragando grueso se puso de pie de inmediato, negando, no pudiendo creer que el destino de su hijo, inconscientemente, tomara aquel giro que lo acercaría, sin que él supiera, a donde se encontraba la mujer que amaba y a la cual había herido profundamente.
-No, no puede ser… - susurró anonadada, para luego, cuando se dio cuenta de la reacción desmedida que demostró, intentar recuperar la compostura – Edward, cariño, porque mejor no lo piensas un poco más – expuso cualquier excusa que se le pasaba por la cabeza para hacerlo desistir – es un cambio radical que vas a tener que dar, aquí estamos nosotros, tu familia, las personas que más te queremos, en cambio allá, en un nuevo país, te encontrarás completamente solo, sin nadie que te tienda la mano cuando lo necesites, tendrás que acoplarte a la forma de ser de allá – cada palabra que pronunciaba las reafirmaba con los movimientos de sus manos, para darle mayor énfasis – quédate aquí cariño, por favor, no vayas para allá, no podrás...
Edward la miró extrañado por aquella más que inesperada reacción, pero fue aquella última palabra lo que logró exacerbarlo definitivamente, interrumpiéndola en el momento sin querer llegar a ser grosero con su propia madre.
-Claro que sí mamá, claro que puedo hacerlo – le dijo con seriedad, levantándose del sofá, totalmente ofendido por la reacción exagerada que ella había tenido pero más que todo dolido por aquello último que dijo – creí que de entre todas las personas tú eras quien más tenía fe en mí, que sabías que soy perfectamente capaz de desempeñar cualquier trabajo que se me presente, que puedo superar cualquier reto que se me ponga por delante y hacerlo mejor que bien, no sé porque reaccionas así.
Inspiró profundamente, cerrando sus ojos para poder continuar, evitando así ver la expresión de dolor y angustia que seguía plasmada en el rostro de ella.
-La decisión ya está tomada, madre – afirmó de manera rotunda, sin dejar siquiera abierta la posibilidad de cambiar de opinión más adelante – después de tres días me iré al seminario de administración gerencial hospitalaria en el que ya me había inscrito días atrás – le comunicó – porque será lo último que me costee el Royal London Hospital Trust, gracias a Josh, y de ahí después de dos semanas regresaré para prepararlo todo e irme hacia mi nuevo proyecto laboral.
Y dicho eso, dio media vuelta y se encaminó hacia su habitación, dejando a su madre completamente estupefacta, no solo por la forma en la que le había hablado, sino también por el hecho de no saber cómo tendrían que actuar ante aquella nueva situación, teniendo muy en claro que deberían de poner en sobre aviso a Bella.
Edward se recostó sobre su cama, respirando profundamente para intentar calmarse, no quería irse enojado con su madre, pero sin duda alguna tenía que hacerle saber que le dolía que ella, de entre todos, también pusiera en duda sus capacidades.
Estaba con los ojos cerrados, pensando en todo lo que tenía que empezar a organizar, cuando la melodía de su teléfono lo trajo de vuelta al presente, al sacarlo de su bolsillo y ver el nombre de la persona que llamaba en el identificador, contestó de inmediato.
-O'Malley – lo saludó.
-Cullen – devolvió el gesto el hombre al otro lado de la línea.
Dilan O'Malley y él se habían conocido en uno de los seminarios a los que había asistido a raíz de que empezó a trabajar en el hospital, el chico era uno de los ayudantes de soporte técnico informático que estaban a cargo de todo lo que al área tecnológica se refería. Había congeniado tan bien y en tan poco tiempo que habían entablado una buena amistad.
Dilan era oriundo de Winchester, Inglaterra, con sus veintinueve años de edad, recién se estaba abriendo camino en el mundo laboral, pero su buen dominio en el campo tecnológico le servía de mucho, sobre todo por el hecho de haber terminado hacía poco su formación profesional.
Fue la constante comunicación, lo que les llevó a conocerse más en el campo personal, a tal punto de que Dilan sabía lo sucedido con Isabella Swan, y aunque solo una vez se permitió aconsejarle que debía de cambiar el ritmo de vida que había optado por seguir si era que quería recuperar a la mujer que el cobrizo decía amar, se ofreció para ayudarle a encontrarla.
Si bien, Dilan no era un hacker consumado ni de nivel profesional en la materia, su conocimiento tecnológico sí que le permitía realizar ese tipo de acciones y de por sí ir aprendiendo más y más en el tema.
-Te tengo noticias – le dijo con voz emocionada, yendo directamente al grano, como se caracterizaba.
El cobrizo automáticamente se sentó, de golpe, sobre la cama, con una expresión en su rostro que denotaba una mezcla de incredulidad y felicidad al mismo tiempo.
-¿En serio Dilan? – preguntó, para estar seguro de que lo que había escuchado fuera cierto.
Lo escuchó soltar unas risitas al otro lado de la línea.
-Por supuesto hombre – confirmó de inmediato – no fue nada fácil déjame decirte, porque de acuerdo a lo que pude apreciar, se estaban tomando muy bien su trabajo para no permitir que nadie pudiera descifrar la dirección IP desde la que estaban saliendo los mails.
-Eso es lo de menos – Edward descartó de inmediato esa información, no la necesitaba, lo único que quería era saber en dónde se encontraba su castaña – pero ya, hombre, dime dónde diablos es que está.
Escuchó un suspiro de frustración al otro lado de la línea, lo cual le hizo poner aún más ansioso, pasándose la mano que tenía libre por su cobriza cabellera.
-Mira al parecer, lastimosamente, me detectaron en cuanto empezaba a llegar al punto clave, así que no tengo la ubicación exacta, o sea la dirección precisa del computador desde donde estuvieron saliendo esos correos electrónicos, pero pude localizar el país y sobre todo… - silenció su información un instante para darle mayor expectación al momento, y Edward lo sabía, así que solamente gruñó en respuesta, al ver cómo su amigo jugaba con él, Dilan rió aún más fuerte y optó por no alargar más el asunto – la ciudad; así es mi querido Edward sé en qué ciudad está viviendo la chica en cuestión.
Edward separó el móvil de su oreja un instante, respirando profundamente, intentando calmar su emoción, antes de obtener la respuesta que tanto había ansiado conocer.
Por fin podría ir en busca de Bella, por fin podría insistirle para que lo escuchara y sobre todo por fin podría hacer que lo perdonara y volverían a estar juntos de una buena vez y para siempre.
Acercó nuevamente el teléfono hasta su oído y preguntó.
-¿Dónde está?
-Bueno pues mi querido amigo – Dilan contestó a su vez – como que vas a tener que irte de un continente a otro hombre, porque tu amada damisela está nada más y nada menos que en Estado Unidos, específicamente en Washington D.C.
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TRES DÍAS DESPUÉS…
Edward Cullen miraba fijamente la casa en la que tantos años había compartido con su Bella, la misma casa que había sentido como un segundo hogar tiempo atrás y que ahora permanecía cerrada, en espera de que en cualquier momento su dueña viniera a ocuparla nuevamente.
Tenía muchas ansias de ir a buscarla ahora que sabía dónde podía encontrarla, o por lo menos, ahora que su búsqueda se había reducido solamente a aquella ciudad. Pero su deber estaba primero. Debía de asistir a aquel condenado seminario ya que Josh lo ahorcaría si dejaba de hacerlo, además de que si quería desempeñarse muy bien en su nuevo trabajo y llevar las mejores referencias no debía desperdiciarlo.
-Pero ya pronto mi Bella – dijo para sí mismo, al tiempo que se acercaba al taxi que lo esperaba para llevarlo hasta el aeropuerto, dando un último vistazo a la casa – después de estas dos semanas te buscaré hasta encontrarte y tú y yo volveremos a tener lo que nunca debió de quedar en pausa, como que me llamo Edward Cullen – juró.
Se subió en el taxi y le indicó al chofer que lo llevara hasta el aeropuerto.
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Y como en aquellas jugarretas del destino, cuando el taxi en el que iba Edward giraba hacia la derecha perdiéndose de vista, una camioneta Nissan Titán negra se estacionaba frente a la casa de la otrora Familia Swan; auto del cual, momento después, se bajó una castaña mujer a la cual se le llenaron los ojos de lágrimas cuando los recuerdos invadieron su mente, recuerdos de aquel tiempo atrás en el cual aquella casa había sido su hogar… Bella.
Y eureka, por fin saben que Bellita regresó a la ciudad que la vio que crecer y en la que gozó y padeció tantas cosas.
Ahora espero sus hipótesis, como siempre obviamente… qué creen ustedes que pasará: ¿Se encontrarán Bella y Edward en esta ciudad o cuando ambos estén en Washington? ¿Será que Seeley tendrá pronto la oportunidad de partirle la cara a cierto cobrizo o deberá esperar más tiempo? ¿Será que Tanya habrá desaparecido de la historia para siempre o no?
Como se han dado cuenta no ha aparecido nuestro asesino misterioso… ¿Creen ustedes que se tomó unas pequeñas vacaciones o que ésta asechando de cerca a sus presas para dar el siguiente paso?
Y un millón de interrogantes más que puedan surgir, déjenmelas saber… me encanta cuando ponen a volar su imaginación. Creo que ya falta cada vez menos para que realmente empiece lo bueno, solo me permito adelantarles que se vienen muchos más momentos especiales Bella&Booth.
Muchas gracias por todos sus comentarios y favoritos, créanme cuando les digo que siempre me motivan para seguir con esta historia, aun cuando me demore un poco en actualizar.
Será que este capítulo merece un Review, pues espero que sí.
Besos y nos leemos pronto en el siguiente capítulo.
