Para Anais a quien piensa que mi historia es increíble.
Cálculo que por lo menos tendrá unos… 40, 50 capítulos?! Es que cada uno es de por lo menos 10 páginas para que no se fatiguen leyendo, ahora si los alargara tomaría menos (15 a 20 pags por cap y es probable que me tome más en actualizar, por lo menos 1 por semana como Halfblood Messenger), pero eso depende ustedes.
Ahora, el fic.
CAPÍTULO 25
Olimpo, en el templo de Atenea específicamente la diosa, vestida con su chaleco tweed a maestra universitaria, observaba la Athena Parthenos.
La enorme estatua de oro se alzaba imponente en un amplio salón rodeado por columnas griegas antiguas pero resplandecientes como luces de neon, alrededor varias mesas, bancos de trabajo, herramientas de diseño e inventos de madera, planos de diferentes estrategia o mapas de batallas antiguas desperdigados alrededor que eran un recordatorio claro de la naturaleza de la diosa, más esta veía su orgullo… el orgullo de Grecia reposando en su salón principal con su aura de poder bañando de luz dorada toda la estancia como el sol que se eleva por la colina en la madrugada.
Su mente divagaba levemente en la postura y diseño, veía el rostro y recordaba al artista que tuvo el honor de estar frente a ella para inmortalizarla en aquel metal, sonaba algo vanidoso por su parte pero en aquellos tiempos los dioses se comportaban de forma distinta a como lo hacen ahora, así que bien se podría decir que maduraron aunque sea un poquito, sin embargo otra cuestión importante intentaba ocupar la mente de la diosa la cual pensaba a ratos fugaces en lo que había ocurrido en el campamento mestizo.
Se había enterado del ataque hace una hora, aunque sus hijos e hijas eran unos genios en la batalla no podía evitar "preocuparse un poco". Sobre todo por uno en particular.
Suspiro profundamente y se dio la vuelta dándole la espalda a la estatua gigante, ya que la hacía pensar en la situación que su hija estaba pasando
—Por qué esto pensando así?! Se reprochó a sí misma para después de sacudir levemente la cabeza desapareció en una columna de fuego.
En el consejo los dioses estaban a lo suyo, un haz de llamas se prendió en su trono y la diosa hizo acto de presencia, a los otros olímpicos no pareció sorprenderles que la organizada de "casi" llegara tarde a la reunión, ya que Zeus aún no había llegado y sus compañeros divinos más bien estaban absortos en sus pensamientos y no eran completamente felices.
Atenea dio un vistazo general como cual comandante detalla el terreno antes de la pelea, de inmediato noto la ausencia de dos de ellos… del primero era típico que incluso no viniera aludiendo su desinterés por todo ese asunto, pero del segundo que estaba atravesando una pérdida… igual que "ella".
No sabía por qué de pronto no podía dirigir pensamientos de enojo y rivalidad como siempre lo hacía.
De nueva cuenta cayo en ese sentimiento de culpa así que volvió a lo que iba, Hera enrollaba su rizo de pelo marrón trenzado en una cinta de oro mirando al vació como una chiquilla mala que espera que la reprendan en la sala de detención, con su vestido blanco ondulando con los vientos de Eolo que refrescaban el Olimpo, Deméter se entretenía creciendo y encogiendo una rama de vid enrollada en su trono con total desinterés, de todos ella nunca llegó a "conocerlo" totalmente, Ares se distraía apuñalando entre sus dedos a toda velocidad con una sonrisa maquiavélica como si pudiera regocijarse totalmente del deceso de uno de los pocos mortales que lo ofendió.
—Es una pena lo del joven Jackson. Interrumpió su distracción la voz poco triste de apolo mientras rayaba un poco su camisa blanca con unos párrafos de haiku.
—No lo crees hermana?. Se dirigió a Artemisa.
Atenea dio un vistazo a la niña diosa quien para aquel momento estaba en su forma adulta, una bella mujer clara de cabello y ojos plateados con la cabeza semicubierta por la capucha de cazadora como si de un velo fúnebre se tratara dada la ocasión, mas no expresaba tristeza, tampoco alegría ni madurez pero casi podía apostar que si hubiera dicho algo, estaría de acuerdo con su hermano ya que ella tenía una buena opinión de él.
Unos suaves sollozos la distrajeron por décima vez dirigiendo la vista a la causante de su jaqueca.
—Pobre Percy. Murmuro Afrodita por lo bajo para que Ares no lo oyera.
—Quieres parar ya!. Le critíco.
La diosa apenas levanto el rostro, sus lamentos le recordaron a los de la típica protagonista de telenovela cliché, así que no podía decir si de verdad se lamentaba por él, pero tratándose de la diosa del amor la verdad no importaba.
—Pobre Annabeth. Lo dijo esto un poco más alto como para molestarla.
Atenea se apoyó en el espaldar de su trono frunciendo el ceño tratando de olvidar "ese" detalle, pero luego su mente inquieta recordó lo que le había dicho a su hija el tercer día, aunque le costara admitirlo tenía cierta esperanza al respecto, pero luego se topó con la realidad.
—De verdad creí que él podría lograrlo. Acotó Hermes pensativo y melancólico.
Luego echo un vistazo a Hefesto quien no hacía más que construir un pequeño autómata con lo que encontrara en su bolsillo.
—Y dónde están Poseidón y Hades.
Atenea recordó que el dios no era el señor de delicadeza, sin embargo Deméter tomo la palabra.
—A Hades no le interesa, le pidió a mi hija que me encargara que le informe la decisión después. Respondió un poco Mosqueda de fungir como paloma mensaje. Y Poseidón…
Todos callaron al oírlo.
—…No ha salido de su palacio submarino desde esta mañana. Continuo Hestia interrumpiendo el silencio mientras atizaba su fuego. Y hay un enorme huracán azolando la costa sureste de Norteamérica avanzado desde el mar de los monstruos.
—Ahora recuerdo que los mortales lo han clasificado como el peor registrado desde hace 10 años. Añadió Hermes. Es peligroso acercarse al mar en estos momentos.
Desde su trono, Dionisio no hacía más que agitar una lata de coca-cola diet con su dedo en el aire (para crearle espuma al abrirlo) mientras leía una revista de novedades, Atenea sentía cierta aversión hacia en esos momentos, no por el hecho de no demostrar emoción alguna por la muerte de uno de sus campistas, sino por el hecho de no prever el ataque al campamento de sus hijos siendo el director del mismo.
—Ya deja de mirarme así. Le reprochó. También crees que debo llorar de pena por el petulante de Percy Jackson. Finalizó para volver con más ímpetu a su distracción como si tratara de ocultar sus emociones.
Aquel comentario no la ofendió demasiado, más bien a Atenea le sorprendía un poco que pronunciara el nombre del susodicho sin errores y es que ella no era una idiota para no estar al tanto de los pequeños favores que también pidió al hijo de su enemigo, que por cierto brillaba por su ausencia… pero no podía culparlo (al menos no esta vez).
—De nuevo estás pensando así?!. Se dijo a sí misma en su mente. Acaso sientes lástima por tú enemigo?!. Le dijo de nuevo su cerebro.
Echo a una última ojeada a todos los dioses, y aunque le costara admitirlo… todos echarían de menos al joven héroe del Olimpo.
—Incluida tú.
Estaba a punto de reprocharse a sí misma de nuevo en voz cuando escucharon el estruendo de relámpagos, Zeus estaba a punto de convocarse en la sala, todos dejaron lo que hacían y se sentaron correctamente en sus tronos, por el sonido de los relámpagos él no estaba feliz.
Aun recordaba el juramento, hace más de milenio.
Fue como un lapsus momentáneo, se dejó influenciar por Hera quien se movía un poco inquieta en su trono mientras las nubes se arremolinaban alrededor del trono de su padre preparándose para su llegada, fue estúpido y ella se dio cuenta cuando Briares al mando de la titanide Metis apareció y libero a su padre, por causa de ello todos habían sido obligados a enviar a un héroe cada mil años en esa mortal búsqueda, incluso Zeus había enviado a su hija favorita, Amelia Earhart, aunque más por insistencia de ella que por la voluntad de su padre, un acto muy noble de su parte la verdad.
Aunque lo negaran, todos habían sufrido por ello, ahora, y si Zeus así lo decretaba, tendrían que volver a empezar de nuevo, a su alrededor rápidamente aparecieron pequeños querubines con cámaras de tv en sus cabezas sostenidas en su base por pesados gorros y sin embargo volaban a una velocidad alucinante con la cual podía cambiar rápidamente el Angulo de toma, algunos se colocaron alrededor del trono de Zeus y otros alrededor del salón del consejo.
Atenea maldijo para sus adentros la estúpida idea del dios de la risa Momo, quien no le bastaba volverse el guía de sus hijos durante la búsqueda, sino también convenció a Zeus pensando que era divertido humillarnos transmitiendo el "evento" por canal Hefesto, y como al dios le importaba poco ni se opuso al respecto.
Finalmente las nubes formaron una columna de nimbos alrededor del trono y una explosión luminiscente dejo al descubierto al rey de los dioses, tenía una expresión seria y un poco intimidante.
Todos se levantaron e hicieron una reverencia, Zeus permaneció inamovible.
Sin embargo luego todos quedaron callados, como si no supieran el mejor modo de empezar con la mala noticia.
—Bueno padre, creo que yo comenzaré diciendo…
Atenea iba a comenzar ya que nadie quería, pero cuando de nuevo los ojos azul eléctrico de su padre tuvo un extraño presentimiento, sin mencionar que no había dicho ni una palabra desde que apareció imponentemente en la sala siendo como de costumbre el primero en expresar su descontento respecto a que aún no cumplían el juramento de recuperar su cetro dorado.
Apolo también pareció notarlo, se puso de pie y comenzó a acercarse.
—Padre?!. Balbuceó.
Hera comenzó a rodearlo con la vista, no sabía que andaba mal…
El resto de los dioses que habían estado rígidos en sus tronos se ablandaron y miraron en dirección al trono de Zeus mientras apolo se acercaba, los querubines hicieron un acercamiento con sus cámaras al rostro de Zeus que seguía rígido e insufrible.
—Por qué esta tan callado?!. Preguntó Afrodita.
Artemisa empuño su arco con fuerza como presintiendo el peligro, pero Apolo siguió acercándose hasta quedar frente a él.
—Padre que suce-?! Está diciendo mientras le toco el hombro con su mano.
Entonces Zeus, explotó.
El logo de canal Hefesto apareció súbitamente en la pantalla con una sirena de alarma como fondo de pantalla.
—Tenemos una noticia de último minuto desde el salón del consejo.
La imagen parpadeó en estática y luego apareció la sala de los dioses cubierta por una extraña humareda color broncíneo oscuro, el humo lo cubría todos, la mesa redonda con un mapa del mundo en el centro, los asientos de poder, las imponentes columnas griegas alrededor y el el fuego de Hestia.
—Algo acaba de ocurrir durante la reunión de los doce cuando discutían el fracaso de la última búsqueda del cetro dorado.
De repente en pantalla aparece Apolo arrastrándose por el suelo tosiendo alarmantemente, escupiendo unas nubecillas del mismo color que la niebla en la sala, luego detrás de este apareció Artemisa de rodillas cubriéndose la boca con la misma tos, la cámara dio un giro rápido hacia el trono de Dionisio donde el dios con Hestia a su lado se encontraba en la misma situación, solo que además el dios de vino vomitaba como si hubiera bebido mil cajones de Budweiser mientras que Hestia acostada de lado se arañaba un poco la garganta como si le doliera.
—Pero qué es ese humo que invade el consejo?!. Expresó alarmada la presentadora ninfa.
Luego la imagen enfoco a Hefesto tosiendo también, lo cual resulta irónico para alguien que vive entre humos de fragua, las venas de sus músculos tonificados brotaban con cada acceso de su garganta, cerca de él rodeada por una nube broncínea Deméter tosía cubriéndose con un mano y sosteniendo una hoja verde de maíz de un extremo como si hubiese intentado ventilar el lugar, Hera desde su trono estaba doblada sobre su pecho tosiendo cubriéndose con ambas manos.
El trono de Zeus estaba vació, lo único que lo cubría era una especie de papel de fiesta como de aquellos en los que metes harina y revientas en la cabeza de los invitados, de hecho casi parecía lo que había ocurrido ahí.
—Es impresionante, todo comenzó cuando el gran Zeus apareció en su trono, inmóvil extrañamente. Narraba la ninfa temblándole la voz como si comenzara a entrar en pánico. Luego cuando el dios Apolo se acercó para cerciorarse que ocurría tocándolo del hombro, ESTE EXPLOTÓ!.
Hermes se movía agitada de un lado a otro como si quisiera huir y algo le impidiera, también parecía que ninguno de los dioses no tuviera fuerza o fuera incapaz de escapar de huir de aquel sitio.
—Algo está ocurriendo con los olímpicos. Exclamo la ninfa presentadora.
De repente todos los dioses comenzaron a encogerse, el brillo radiante de poder en sus pieles se apagaba como una bombilla descomponiéndose, pronto sus asientos de poder les quedaron gigantes y ellos parecían más humanos que dioses.
—¡SE ESTAN ENCOGIENDO A SUS FORMAS HUMANAS!. Grito alarmada e histérica.
Finalmente la aura huyo del set presa del pánico, y en la pantalla detrás del palco de noticias Atenea caminó un par de pasos que parecían ser pesados para ella y finalmente se desplomó en el suelo cerca de los tronos de Poseidón y Hades.
Y todo se volvió oscuro.
No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero despertó en el hospital del templo del Apolo.
La enorme sala rectangular larga con dos filas de camas blancas con cortinas ondeando en las ventanas altas por los vientos de Eolo, la cabeza le daba vueltas y vueltas como si hubiera subido de nuevo a la montaña rusa que Hefesto construyo para celebrar la independencia de Grecia de los otomanos en 1832, la garganta aun le escocía tosiendo a ratos mientras trataba de entender que había ocurrido en la sala de tronos.
—Hola hermanita, cof!. La saludo Apolo en la cama contigua.
Le sorprendió de sobremanera verlo en plan de paciente olvidándose del estado en que quedo momentos antes de caer inconsciente ella, que por cierto también se encontraba con una bata femenina blanca, frente a ella y a la derecha en las camas estaban el resto de los dioses pero había algo raro en ellos, cuando junto las manos también se dio cuenta de que ella lucía igual.
Se llevó las manos al rostro, estas no brillaban y tampoco sentía ese calor de poder que le daba su aura divina, el resto de los dioses también se veían apagados y sin poder… como humanos.
Apolo señalo con la cabeza al hombre que estaba a su lado, al voltear se topó con un viejo de barba blanco grisácea, ojos rojos y expresión anciana y cansada como si hubiera trabajado cada minuto de su vida, entonces se dio cuenta de quien se trataba.
—Asclepio?!. Murmuró.
—Así que fuiste la segunda en despertar.
El dios de la medicina, que vestía un quitón (o traje antiguo griego), volteó al resto de las camas mientras veía al resto de los dioses volver en sí, lucían confundidos y perdidos como si les faltara, que en efecto así era.
—Gracias por ayudarnos hijo. Le dijo Apolo al dios que sostenía un báculo de una sola serpiente.
Atenea no deja de verse las manos como si sintiera incompleta.
—Qué nos paso?!. Preguntó. Y qué fue eso en la sala de tronos?!.
Deméter se sentó en su cama junto a la mesita plástica de noche con una maceta que según Asclepio su hija Perséfone le envió apenas supo de su condición.
—Y por qué no vino mi hija en persona?!. Preguntó la diosa.
—No podía. Señalo Asclepio.
Deméter frunció el ceño, Atenea pensó que seguramente era la culpa de Hades, pero intuyo luego que el dios tenía inquietantes noticias para ellos.
—Zeus… nuestro padre. Dijo Artemisa, que por cierto llevaba una bata plateada finamente pegada a su cuerpo que llamaba la atención de un sátiro camillero que se retiraba de la habitación observando picaronamente pero en silencio de delatar sus intenciones frente a la diosa.
—Zeus no está en el Olimpo ahora mismo. Señalo Asclepio.
—Cómo?!. Balbuceó Hermes mientras intentaba invocar su símbolo de poder, pero sintiéndose débil de repente.
—De hecho, no lo he visto desde ayer. Señalo calmadamente.
Todos exclamaron sorprendidos.
—Cuanto ha pasado desde que… decía Hermes.
—Descuiden. Sonrió el dios viejo para calmarlos. Apenas ha pasado un día.
—¡Esto es intolerable!. Se quejó Dionisio desde la cama en el extremo más alejado de la sala.
Solo algunos voltearon en su dirección, entre ellos Atenea quienes vieron como intentaba hacer aparecer una lata de su bebida de dieta, pero esta no se materializaba completamente (aparecía solo una lata vacía, o el líquido de la lata sin esta derramándose en cualquier caso).
—No debería sobre esforzarse Sr. Dionisio. Recalcó Asclepio de la forma más educada posible, como cualquier buen doctor. Sus poderes no funcionan totalmente ahora mismo.
Todos balbucearon un "como" incrédulos.
—Y los de ninguno de ustedes tampoco.
Ares comenzó a impacientarse hasta ponerse de pie violentamente intentando invocar su espada, pero solo aparecía una hoja medio forjada como si hubiera salido recién de la línea de trabajo de un herrero, Afrodita se puso de pie caminando hasta su amante para tratar de calmarle sin darse cuenta que traía la bata sin abrochar detrás de ella por lo que una ninfa de aire que volaba por la ventana cayó fuera del edificio sonrosada al verle la parte trasera desnuda.
—Al parecer fueron víctimas de un ataque terrorista. Dijo en un tono dramático de serie de TV.
Todos fruncieron el ceño cómicamente.
—Perdón. Se disculpó el dios de la medicina un poco avergonzado. Pero lo que dije no se aleja mucho de la realidad.
Hefesto lucía pensativo, hasta que finalmente dijo algo.
—Fue alguna clase de bomba temporalizada. Señalo.
Asclepio se tocó el mentón pensativo y luego contesto.
—Si un globo relleno de aire puede pasar por una bomba… decía. Entonces tienes razón.
Atenea no dejó de analizar toda la situación ni las acotaciones de sus familiares divinos.
—Que era esa niebla broncínea?! Preguntó.
Asclepio se llevó la mano a su túnica y saco un puñado de polvo amarillo que mostro a los presentes dejando caer un poco desde los extremos de su mano, todos miraron con atención.
—Esto es lo que he extraído del interior de todos ustedes. Explicaba.
—ESTABAMOS LLENOS DE POLVO?! Preguntó incrédula Hera desde su cama.
Asclepio se aclaró de garganta antes de continuar.
—Es una rara combinación. Decía. He detectado bronce celestial molido, trozos de carne reseca de Gorgona, y un montón de otros elementos tanto comunes como muy raros.
Hestia saco un poco la lengua pensando que todo había estado dentro de ella.
—Pero lo que más me intrigo. Continuó. Fue encontrar restos de "adamantina".
Todos los dioses abrieron bien los ojos.
Todos conocían la adamantina, era el material del que fue hecha la primera guadaña de Cronos, con la cual castró a su padre Urano y se hizo cargo del mundo por los tiempos de la era dorada, pensar que esa cosa había estado dentro de ellos era muy… inquietante.
—Entonces tienes razón. Decía Apolo. Hemos sido víctimas de un ataque.
Atenea vio a Hera pensativa mientras pensó que se preguntaba seguramente que habría sido de Zeus.
—PERO CÓMO?!. Exclamo indignado Atenea. Y EN NUESTRA PROPIA SALA DE TRONOS, ESO ES…
La diosa se mordió el labio indignada sin poder continuar, el resto de los dioses comenzaban a resentirse también… además estaba el hecho de saber dónde estaba su padre, donde estaba Zeus?!
— Este polvo que inhalaron parece haber sido preparado con magia. Continuaba explicando. Se ha han contaminado en buena parte con él.
—Qué quieres decir?!. Pregunto Ares de nuevo fastidiado.
—Acaso eso explica… decía Hermes mientras resignado de no poder invocar a Martha y George observaba su piel con incredulidad.
Suspiro profundamente como hallando valor para decirles la mala noticia.
—Así es. Afirmó. Este "Hechizo" como lo llamaré, ha mermado sus poderes y los ha reducido a su forma humana.
Un silencio sepulcral inundó la sala.
—Y eso no es todo. Continuó. Buena parte del Olimpo ha sido contaminada con él también, por lo que es peligroso para ustedes quedarse aquí.
Entonces Atenea preguntó que ha sido del resto de la ciudad, ya que pese a notar al sátiro mirón y la ninfa de aire sonrojada se percató de que no había visto a muchos seres míticos pululando alrededor cuando se trataba del mismo Olimpo.
—El olimpo ha sido evacuado casi en su mayoría. Dijo el dios de la medicina. Mis Asclepydes y yo estamos descontaminando la ciudad, pero nos tomara días.
Luego el dios cerro su puño sobre el montón de polvo que sostenía, el cual pese a ser polvo no se volvió humo en el aire con la fuerza lo que señalaba la veracidad de sus palabras.
—Eso no es posible. Protestaba Dionisio. ¡Somos dioses! Se supone que estamos al mando de…
—Eso ya lo sé Señor. Le dijo. Pero ahora mismo apenas si tienen fuerza para mantenerse de pie, mucho menos para desempeñar sus labores.
Todos los dioses se quedaron tiesos de nuevo pensando en las graves repercusiones, y si acaso era posible que un dios pudiera tener miedo en ese momento en sus rostros estaba un poco reflejada aquella emoción.
—Descuiden, sus poderes se restablecerán con el tiempo. Explicaba. Pero mientras tanto deberán en sus formas humanas hasta que se recuperen por completo.
Ninguno lo podía creer, los dioses del Olimpo ahora se encontraba indefensos y desválidos, y el equilibrio de poder en el mundo pendía de un hilo.
—Por cierto deben saber algo más!. Añadió el dios de la medicina.
Todos voltearon a él.
—el director de actividades del campamento mestizo les ha enviado una carta… explicaba. Informándoles con detalle acerca de los últimos acontecimientos ocurridos ahí.
Atenea recordó el ataque que había sufrido el campamento esa mañana, aquello era la respuesta clara de que estaban siendo asediados por una nueva amenaza… sin mencionar el ataque al campamento júpiter que según había escuchado de uno de sus sirvientes y el ataque al campamento de sus hijos les decía que estos nuevos enemigos debían ser fuertes y sumamente peligrosos para ser capaces de atacarlos desde tres puntos fuertes a la vez.
—Quirón ha expresado su deseo de compartir información de vital importancia para ustedes. Añadió Asclepio.
Ares se alzó furioso en su cama, igual que Dionisio.
—Oh no! No querrás decir lo que estoy pensando…
Ha atenea le sorprendió el hecho de Ares pueda pensar, pero seguramente aquello era tan desagradable que lo avispo un poco.
—Así es. Señalo Asclepio. Cómo están restringidos a su forma humana, y no pueden volver a sus respectivos reinos por su cuenta…
Todos vieron lo que iba a venir.
—Deben ir al campamento mestizo.
Pasado el mediodía, Atenea se encontraba en su templo recogiendo un par de cosillas… se sentía un tanto diferente encogida en su forma humana, el salón de principal de su templo le parecía inmenso, y la Athena Partenos le quedaba enorme a sus pies.
Todo se había vuelto patas a arriba, y era algo difícil de digerir.
Primero Perseus Jackson fracasa en la búsqueda del cetro dorado, luego el campamento Júpiter es atacado, después del campamento mestizo es arrasado y finalmente los mismos dioses reciben una atentado bomba, EN SU PROPIA SALA DE CONSEJOS… y para colmo Zeus sigue sin aparecer, ya comenzaba a preocuparse un poco pero si Quirón tenía información importante que compartir tenían que ir a escucharlo.
Atenea suspiró incómodamente, pensando en… su hija.
Sintió de nuevo esa molesta sensación de culpa en su pecho cuando guardo la última de sus cosas en su mochila con pinta de profesora universitaria, una parte de ella quería ver a su hija pero al mismo tiempo otra no, y las dos ideas tiraban de ella por los brazos queriendo cercenarla pero si Asclepio tenía razón no había remedio, hasta que se recuperaran debían ir allí, además estaba la enorme interrogante de dejar solo el Olimpo en manos de Eolo y los cuatro vientos.
Si ellos se encontraban restringidos a sus formas humanas, solo faltaba una chispa para encender el ansia de poder latente en todos los dioses menores por ahí regados
—Espero que… murmuró para sí.
Luego de estar lista salió de su templo rumbo a un jardín abierto y amplio donde el resto de los dioses los esperaban, Ares con su traje de motociclista acompañado Afrodita con su vestido de diseñador, Apolo con su camiseta blanca y pantalón de mezclilla café como un adolescente de gran ciudad al lado de Artemisa con la típica capucha de cazadora pero en su forma de niña, Hefesto con su overol jean azul sobre una remera blanca y su gorra de trabajo roja, Hermes con su chándal de gimnasia y zapatos de corredor(vio algo agitarse en su bolsillo, algo que parecía un par de gusanos), y Dionisio con su traje de piel leopardo y sus pantalones de fiesta blancos.
—Estan todos?!. Pregunto Atenea quien se paraba en frente de ellos como si fuera la líder.
De repente vieron a una mujer mayor de pelo negro ondulado y ojos marrones con un vestido oro de trigo.
—Menos mal que llegué. Suspiró la diosa secándose la frente con una hoja de maíz.
Atenea frunció el ceño cómicamente mientras veía a Hera, con su vestido blanco ondulando al viento, echar una ojeada hacia el enorme templo coronando la cima del olimpo donde yacía la sala de tronos, a su alrededor y esparcido en el aire había una niebla broncínea dominando el aire, en cualquier otro caso Eolo sencillamente había disipado el polvo pero Asclepio desaprobó la idea ya que de haber hecho eso todo el Olimpo habría sido cubierto.
—Bueno, tendremos que concentrarnos todos si queremos transportarnos.
Todos agacharon la cabeza como si reunieran el poco poder que podían, un circulo se iluminó a su alrededor ganando fuerza a cada segundo, momento después todos desaparecieron en una columna de energía.
No paso más de un minuto cuando de repente la distorsión de espacio tiempo se reordeno y el paisaje de un comedor apareció delante de ellos, un campista que a esa hora era el último en almorzar se cayó de la silla por la sorpresa golpeándose la cabeza ligeramente, los dioses habían aparecido alrededor de la gran hoguera y dieron un vistazo alrededor.
Era una imagen algo triste.
Deméter vio con algo de indignación como una buena parte de los bosques y la totalidad de los campos de fresas habían sido quemados, Hermes vio las canchas de voleibol cerca de la zona común erosionadas como si hubieran sido explotadas por fuertes ondas expansivas, a lo lejos en el Pino de Thalia Atenea noto que faltaba el vellocino dorado y parte del árbol se marchitaba debido a su ausencia, al mirar alrededor también se percató de que las fronteras parpadeaban como si fueran imágenes residuales, Hefesto prestó su atención a la fragua y la armería con varias armas esparcidas por doquier como si hubiera estallado una bomba en el interior, Dionisio vio la casa grande con algunas tejas voladas por el viento y las paredes de madera un tanto golpeadas, afrodita prestó su atención a una estructuras altas de madera que estaban siendo construidas alrededor de la zona común y la cancha de baloncesto.
—Piras funerarias. Pensó Atenea con mucho pesar.
Pero todos quedaron pasmados cuando vieron la zona común: todas las cabañas habían sufrido daños, algunas más que otras (sobre todo las de Hera y Zeus), pero ninguna como la cabaña tres la cual había sido destruida y solo quedaba una montaña de escombros de rocas marinas y coral, había un sabueso infernal enorme como un humvee recostado frente a esta.
—Mis señores!. Los sorprendió la aparición de Quirón a sus espaldas desde la galería de arco. No pensé que vendrían.
Atenea dio un paso al frente.
—Han ocurrido un montón de cosas. Señalo.
—Estoy segura de que desea informarse. Dijo el centauro, quien no traía ninguna camiseta alegórica como siempre para sorpresa de la diosa, además podía notar algo de melancolía en su voz.
—Por qué no vamos a la casa grande. Señalo.
Quirón asintió.
En el camino los dioses inspeccionaron más de cerca las áreas por las que pasaban, pero a su paso se reunían los campistas súper sorprendidos murmurando entre sí adonde alcanzó a oír… "Son quienes creo!" "Es imposible" "Pero que hacen aquí" "Y porqué están casi todos".
Se sorprendieron cuando cruzaron la zona común, aunque no por las cabañas, sino por las tiendas romanas ubicadas al sur de estas en un terreno apartado, los romanos se sorprendieron demasiado al verlos, inclinándose rápidamente como si un acto reflejo se tratara, ellos se encontraban levantando de nuevo sus tiendas después de la destrucción, por la zona común un grupo de jóvenes vestidas con capuchas se acercaron a una de las diosas.
—S-Señora?!. Balbuceó confusa una de ellas.
—Saludos. Dijo con toda la normalidad pese a no darse cuenta de la impresión que les dio a sus subordinadas.
—Q-Que le paso?. Preguntó una de ellas, una ninfa. Luce tan…
—…Humana. Dijo con pesar la niña diosa. Lo sé.
Todas se miraron confundidas, pero ella les prometió que se los explicaría todo.
Después de ella los siguieron los campistas por ahí presentes, se acercaron a sus padres al reconocerlos, Travis y Connor trataron de saludar divertidamente a su padre pero incluso ellos se veían sorprendidos más su padre les siguió la broma, los chicos de Ares parecían tenerle miedo a su padre y él no hacía más que contribuir al mismo al gruñirles, todos menos Clarisse quien solo trago algo de saliva para sorpresa del dios de la guerra aunque no la demostrara como si ella ya no le temiera demasiado.
Los chicos de apolo se acercaron a su padre, más que sorprendidos parecían curiosos de verlo como uno de ellos, ósea como otro adolescente más, el dios pilló entre la multitud a Rachel Dare quien se había reunido con ellos cuando no daba crédito a lo que sus ojos veían, Apolo la saludo y se lo devolvió con apenas ánimo pudiendo notar además como tenía los ojos un poco rojos como si hubiera llorado, y así fue con el resto de los campistas, pero los dioses notaron que en sus rostros yacía la pena y la melancolía, los dioses supusieron que debían sentirse como ellos, abatidos, derrotados y con su líder caído.
La moral estaba por los suelos.
Cuando Atenea examino a sus hijos descubrió que faltaban alguien.
—Dónde está su consejera?!. Dijo aquello en lugar de decir su nombre actuando con la seriedad que acostumbra para no causar demasiada impresión en sus ojos.
Sin embargo estos agacharon un poco las cabezas, algunas se las rascaron y otros desviaban la mirada en cualquier dirección, Atenea volteó hacia su familia divina y notó que Afrodita la miraba con un poco de reproche.
—No puedes dejar en paz a tu hija Atenea. Le dijo de mala gana. Debe estar sufriendo mucho.
Drew Tanaka, la segunda al mando de la cabaña de Afrodita se acercó a su madre.
—Mamá, luces… hermosa. Dijo algo dubitativa.
Pero Afrodita en lugar de recibir bien el cumplido, entro en histeria.
—Hermosa?!. Balbuceo. Debería lucir ESPLÉNDIDA! Exclamo. INDESCRIPTIBLE.
Entonces exigió que alguno de sus hijos le entregara un kit de maquillaje de mano, histérica por su apariencia debido a la restricción de sus poderes debido a esa tonta bomba-zeus como se refirió.
Sus hijos le lanzaron mil y un kits de cosméticos mientras Atenea, Artemisa, Hestia y Hera fruncían el ceño.
—Ejem… será mejor que nos demos prisa. Señalo Quirón tratando de pensar que lío armarían el resto de los campistas que estaba esparcidos por el campamento intentando mantener el lugar en orden después del ataque.
Caminaron un buen trecho en el cual Afrodita volvió a quejarse por no poder tele transportarse como de costumbre hartada de usar las piernas mientras Hermes señalaba que no había problema para él con eso y para cuando llegaron a la casa grande Dionisio fue el primero en entrar, el resto de los dioses vieron a Will Solace recogiendo sus equipos de curación de las mesas y vendas esparcidas por doquier sorprendiéndose de la presencia de los "poderosos dioses".
Rápidamente se acomodaron en diversas sillas alrededor de la mesa de ping pong, Quirón les explico lo ocurrido desde ayer, el ataque de los tres ciclopes y sus poderosas armas, el robo del vellocino dorado y la destrucción de la cabaña tres que correspondía con la noticia recibida de la muerte de Percy Jackson por la televisión.
—Ya veo. Señalo Atenea.
Las caras de los dioses apenas si se lamentaron cuando recordaban el fracaso de la búsqueda, pero Atenea señalo que en su mensaje tenían información de vital importancia, sin embargo Quirón agacho la cabeza.
—Respecto a eso… se excusaba el centauro. Ella aún está demasiado triste para hablar.
Atenea alzo una ceja, igual que afrodita aunque de pena más que de intriga.
—Entiendo.
Dionisio algo enfadado por la situación protestó exigiendo que la "niñata" viniera ahora mismo escupiera todo, Quirón le reprendía frunciendo el ceño, aunque de forma más seria que de costumbre tal vez porque en su situación actual no había mucho que pudiera hacerle, sin embargo el resto de los dioses entendieron.
—Vamos a celebrar una ceremonia por nuestros caídos esta noche. Señalo. Luego mañana tendremos una reunión general en el pabellón comedor… para decidir que vamos hacer ahora.
Todos asintieron, lo cual sorprendió un poco al centauro quien se había enterado de la situación de los dioses unas horas antes de su llegada, los dioses estaban actuando con bastante moderación por la delicada situación.
—Dónde está mi hija, Quirón?!. Le pregunto Atenea con severidad.
Quirón volvió a agachar la cabeza.
Atenea se preguntó porque no la había buscado en la cabaña seis desde un principio, fue algo… no, era demasiado orgullosa para mencionarse así misma con esa palabra.
Pero en fin ahí estaba parada frente a "su cabaña", las tejas del techo estaba parcialmente arrancadas como si hubieran recibido un ventarrón, la puerta estaba medio inclinada como estuviera rota una de sus bisagras, se acercó abriéndola con cuidado.
—Y eso por qué.
Antes de ponerse a discutir consigo misma la abrió, el cuarto estaba totalmente desordenado y revuelto con hojas de papel, planos e inventos a medio terminar esparcidos por doquier, distinguió un bulto rubio sentado sobre una litera extendida subiendo un bajando su mano una y otra vez, no pareció notar su presencia mientras la diosa avanzaba a paso lento y cuidadoso como si atravesara un campo de minas.
—Augh!. Sollozó.
Atenea se quedó de piedra por un segundo cuando vio como ella se quejaba sosteniendo su dedo gordo derecho con una mano.
—Maldición… susurró mientras se llevaba la mano a la boca dejando por un momento lo que hacía.
Presa de la curiosidad la diosa se acercó más, escuchó nuevos sollozos provenientes de ella mientras volvía a su trabajo.
—Annabeth
La joven que estaba erguida muy concentrada en su tejido se puso derecha cuando escucho su nombre pero no volteo el rostro para ver de quien se trataba, dejando el cuidado de lado la diosa finalmente se paró a su lado al borde la litera.
—Madre? Susurro apenas viéndola.
Si los dioses tenían un corazón como el de los humanos, seguramente sería posible que este diera un vuelco ya que Atenea no pudo describir la opresión en su pecho al ver a su hija en ese estado: tenía los ojos rojos e hinchados, parte de su ropa estaba rasgada, atenea supuso que no se habría cambiado desde la última batalla que tuvo, su cuerpo casi parecía temblar, al ver de cerca la mano (cuyo dedo estaba enrojecido y con manchas minúsculas de sangre) que alzaba una y otra vez se dio cuenta que llevaba una enorme aguja atada a un hilo y en su regazo había una tela rectangular larga de color verde con rebordes dorados y un tridente plateado en medio.
Era un sudario, ella estaba tejiendo el sudario de Percy.
—Hija…
Annabeth ni siquiera pudo hablar ya que la voz se le quebró cuando se lanzó a los brazos de su madre quien sorprendida reaccionó instintivamente y la abrazó.
La diosa no era muy emotiva que digamos, las emociones no eran lo suyo, en la batalla una estrategia se guiaba por el más puro y sano juicio que llevara a su ejército a la victoria y por la emoción o el miedo de los soldados, por lo que solo la abrazó suavemente.
—¡¿Por qué?!. Sollozo con mucho dolor.
Atenea continuaba luciendo confundida sin modo de saber que decir, mucho respecto a su ya difunto novio.
—Es la voluntad de los dioses. Tontamente alcanzo a decir.
Sintió como la abrazaba con más fuerza apretándola con sus manos y causándole un poco de dolor, no sabía si aquella reacción era más para reprimir sus emociones descontroladas o para desquitarse físicamente por la implicación suya en su tragedia, los sollozos aumentaban de intensidad era como si se hubiera guardado todo el dolor que sentía por el deceso del hijo de su enemigo (quien en aquellos momentos estaba causando un caos en la costa este) para así restregárselo en la cara.
—Hija, tienes que mantener la cabeza fría.
El fuerte llanto se calmó un poco como si tratara de obedecerla, lográndolo apenas pero solo para volver a su trabajo mientras Atenea daba un vistazo a su alrededor.
—Dónde está la laptop de Dédalo?!. Preguntó.
Annabeth se limpió los ojos antes de hablar.
—Me la robaron, igual que a él. Exclamo. Fueron esos ciclopes. Esto último lo dijo con toda la rabia que pudo, la cual no era demasiada debido a su triste estado.
Atenea apretó los dientes indignada, y luego le recordó cual iba a ser su papel ahora en adelante.
—Tus amigos van a necesitar de ti más que nunca. Trato de razonar con ella. Para que los guíes.
Parecía hacer caso sordo de ella mientras continuaba pasando la aguja.
—Escucha… Atenea balbuceó ya que le era difícil continuar con lo que iba decir. Sé que lo querías…
—Quería?!. Murmuró interrumpiéndola.
Hubo un momento de silencio.
—Lo amaba!. Decía mientras se limpiaba bruscamente las nuevas lágrimas que caían de sus ojos antes de volver a su tejido.
Atenea se quedó callada sin saber cómo continuar.
—No lo entiendes. Annabeth volvió a decir.
Finalmente ella pareció dar la última puntada porque tomo unas tijeras y corto con cuidado el trazo de hilo para no dejar marcas pero cuando Atenea creyó que iba a dejarlo frente a su regazo, lo tomo en sus manos comenzó a verlo con profunda tristeza.
—El me mostró… que la inteligencia sola no es suficiente.
Aquel comentario molestó un poco a la diosa, pero dejo que continuara hablando.
—Que a veces la mejor estrategia. Decía. Es apoyarse los unos a los otros, nada más. Dijo mientras sacaba un trozo de papel bajo una sábana y lo observaba con melancolía, Atenea acerco un poco la vista para verlo mejor.
Era una foto, en ella se veía a Annabeth junto al lago de canoas parada sobre un claro de hierba verde y fresca, detrás de ella estaba Percy abrazándola sobre los hombros y apoyando un poco su peso contra ella, los dos reían divertidamente, ella con los ojos cerrados como si se concentrara en el momento mientras que él con los suyos abiertos teniendo ambos el paisaje del lago detrás.
Atenea suavizó un poco su expresión.
—Así logramos sobrevivir al Tártaro, así logramos vencer a Gea… Comenzó a sollozar de nuevo. ¡…Debí ir con él! Se lamentó.
Atenea quiso hablar pero su hija nuevamente lo interrumpió.
—Él vio algo en mí, algo que nadie más notó. Continuaba. Y yo encontré en él, algo que necesitaba.
Atenea podía entender sus palabras, pero no hallaba dentro sí la emoción suficiente para sentirlas, supuso que eso era algo que solo su hija podía percibir.
—Ahora tendré que vivir sin aquello que él me daba. Decía. Su amistad, su comprensión y su cariño incondicional.
La diosa cerró los ojos, no quería seguir oyendo más… sin embargo sentía lástima por ella por lo que acarició un rato su cabeza antes de salir silenciosamente de la cabaña, se volteó un rato para ver un poco más a su hija abrazando sus piernas mientras arrugaba la foto que había sostenido en sus manos.
Esa noche todos los campistas estaban reunidos alrededor de la pira funeraria.
Generalmente estas ceremonias eran en el anfiteatro, pero este les quedaba chico para la ocasión, nadie había cenado, ninguno tenía apetito, durante el ataque habían perdido a 10 campistas, además de 2 cazadoras muertas… sus cuerpos formaban dos filas de seis sobre las piras funerarias suspendidas en plataformas de madera como lo era en la antigua tradición griega, eran unos cuatro campistas jóvenes de Hermes, dos intrépidos de Ares, tres Apolo y un chico de Hefesto, además de las dos cazadoras.
Los dioses por respeto a las antiguas tradiciones guardaron silencio y se comportaron, cosa que era increíble para todos.
Uno por uno los consejeros de las cabañas se acercaron a sus compañeros, dejando dos dracmas sobre sus ojos y tomando luego las antorchas, los cuerpos ardieron por unos minutos antes de que todos pasaron a una pira que estaba justo enfrente de las doce, apuntando hacia la casa grande, una un poco más amplia que el resto pero que no tenía ningún cuerpo en ella.
Todos los campistas formaron un círculo alrededor de ella, con los dioses enfrente, Atenea y Quirón avanzaron primero, el centauro tenía la antorcha en sus manos y detrás de ellos iba Annabeth.
Alrededor de ellos la mayoría observaban muy tristes, algunos campistas sollozaban, otros murmuraban que aquello era un chiste debido a que además de no poder siquiera recuperar su cuerpo, ni siquiera había un alma que honrar a los Elíseos, más sus amigos cercanos los miraban severamente.
Quirón soltó el fuego en la pira y en unos minutos se prendió por completo, Atenea dio un paso al frente seguida por su hija volteando después de un rato a verla, esta tenía los ojos cerrados a la fuerza sin poder evitar llorar mientras sostenía con una mano el sudario verde pero con la otra se agarraba firmemente más arriba por el brazo como si tratara de impedirse a sí misma el tirarlo al fuego, finalmente Atenea puso un mano sobre su hija instándola a completar la ceremonia, aunque muy a su pesar.
El sudario ardió rápidamente.
—Vuelve… Percy. Murmuró derrumbándose de rodillas siendo sostenida por su hermano Malcolm.
Los dioses quedaron en silencio, excepto por Afrodita y quizás… por Hestia.
El llanto de profundo dolor de Annabeth les rompió el corazón a sus amigos, Piper llorando abrazó a Jasón con todas sus fuerzas quien solo tenía una mirada triste, lo mismo que Hazel a Frank solo que ambos lloraron tanto como ella ya que habían perdido a su mejor amigo mientras que Leo agachaba la cabeza, Will Solace hizo lo mismo también, si había llorado o no eso nadie lo sabría ya que sus mechones de pelo rubio lo ocultaron, por su parte Thalia también lloró un poco y al darse cuenta de que sus cazadoras la veían se tapó con la capucha, los únicos que hacía bastante escandalo eran Tyson quien lloraba y sollozaba a mares llamando a su hermano y la Señorita O'Leary que aullaba al cielo nocturno como en un llamado lastimero a su dueño, Clarisse apretaba los dientes y puños como si quisiera moler a golpes a alguien mientras que su novio Chris Rodríguez posaba sus manos en sus hombros notando que la guerrera temblaba, Travis y Connor se soplaban las narices con un pañuelo sucio pasándoselo mutuamente además, Katie Gardiner se limpió los ojos con un pañuelo propio e inconscientemente la hierba verde a sus pies se marchito, Pólux de la cabaña doce también lloro pero fue más discreto que todos, y finalmente Nico di Angelo apretaba los dientes conteniendo su llanto, ya había llorado suficiente cuando perdió a Bianca y quería mantener un recuerdo alegre de su mejor amigo.
Los consejeros de las cabañas Iris, Hypnos, Nemesis, Nike, Tyche, Hecate se acercaron y depositaron cada uno un enorme ramo de laureles dorados al fuego como homenaje al héroe, a pesar de todas sus culpas, logro darles un hogar y una identidad propias en el campamento salvándolos del olvido y la miseria en la que hace solo unos dos años se encontraban.
Atenea vio a Quirón de reojo por un momento, pensó que ya debería estar acostumbrado a esto, lo había hecho por miles de años y sin embargo observó cómo se le derramaba una pequeña lágrima que se le perdía entre los pelos de su barba blanca.
El centauro ni siquiera sabía que decir, sería tonto decir que su alma descansara en paz… así que solo alcanzó a decir mientras veía a Annabeth cubriéndose el rostro con ambas manos.
—Jamás te olvidaremos… Percy.
CONTINUARA…
¡Cielos! Por un momento en este capítulo me volví emo.
XD
Espero que no haya sido demasiado… triste.
La parte del sudario, la saque de mi otro corto "Estupidez" por qué… me parecía adecuada.
En la próxima empieza una nueva saga, ya es hora de que dioses y mestizos pasen factura.
PROXIMA SUBIDA: 16/06/13
P.S. Si tengo algun "horror" ortografico, hacérmelo saber para así poner mas atención, gracias.
