26. La Reunión
La mañana siguiente de domingo fue inexistente para los cuatro Guardianes, que no despertaron hasta la una del mediodía. Las chicas se quedaron en su rincón habitual de la sala común, hablando sobre lo que había pasado la noche antes. Hermione le contó todo lo que le habían hecho a Cho.
- Se suponía que cuando te lo contara nos podríamos reír de todo esto pero me siento fatal por lo ocurrido... Nunca pensé que terminaría así
- Sí, te entiendo pero no debéis culparos... Fue ella la que se unió a Voldemort
- Buenos días, chicas – Harry bajaba y Ron iba detrás
- Hola
- ¿Qué te pasa, Ron?
- Me siento fatal
- ¿Por lo de Cho? – preguntó inocentemente Ginny mirando la cara que ponía Harry
- Sí
- Ella se lo buscó, nadie tiene la culpa – intentó animar a su hermano
- Sí hay alguien que tiene la culpa... Voldemort – Harry lo dijo tajante
- Esto es una mierda, nunca me había sentido el malo de la película
- No quiero que suene cruel y menos viniendo de mí – Harry se sentía fatal por el final de Cho – Pero, como tantas cosas en mi vida, hay que seguir adelante y ahora mismo nos enfrentamos a una guerra
- Eso también me hace sentirme fatal ¿Oísteis lo que dijo Dumbledore ayer? Se supone que Los Guardianes comienzan sus misiones... Pues la verdad, yo no sé por donde empezar
- Lo tuyo es la estrategia ¿no? – exclamó Hermione
- Efectivamente ¿Cómo se supone que un chaval de quince años va a elaborar una estrategia para destruir a El Señor Tenebroso?
- Bueno... traslada tus conocimientos en el ajedrez a la batalla real
- Cuando yo sacrifico a una pieza no se trata de personas, Hermione
- Ya... es verdad, esto es una mierda
- Además ¿Cómo se supone que vamos a proteger a Emy? ¡Menudos Guardianes fuimos ayer!
- En eso le doy la razón a Ron – dijo Harry apesadumbrado
- Creo que nos estamos equivocando con el concepto de Guardianes – añadió Ginny
- Más nos vale, porque nosotros no tenemos la sangre fría para actuar como lo hizo Emy ayer – dijo Ron
- Lo que Ginny creo que quiere decir, es que nosotros no somos los Guardianes de Emy – explicó Hermione
- ¿A no? ¿Entonces de quién somos los Guardianes? – preguntó Harry
- Nosotros debemos ayudar a mantener el equilibrio... esa es la verdadera misión de Emy – esclareció Ginny
- Sí... es cierto – Harry lo meditaba y cada vez lo veía más claro – Todas nuestras misiones mantenían esa palabra. La mía es ayudar en todo lo posible a los cuatro y a ella
- Lo que pasa es que las misiones son muy ambiguas y particularmente yo no sé por dónde empezar – dijo desanimada Hermione – Buscar la solución para mantener el equilibrio no es tan sencillo ¿sabéis?
- Pues yo he avanzado mucho en mi misión – saltó Ginny muy orgullosa
- ¿Ah, sí? Explícate – pidió Harry
- Yo debo guiar a La Unión de las Cuatro Sangres a encontrar su corazón perdido, eso está claro que ya se ha cumplido. Por fin tiene el cariño de Harry y el amor de Sirius
- ¡Es verdad! Con todo esto no sabemos lo que pasó – Harry se echó las manos a la cabeza – Deberíamos ir a hablar con ella
- Entonces se supone que tu misión ya ha acabado – reflexionó Ron
- Aún no, todavía me queda investigar cómo pueden estar juntos físicamente pero ya estoy cerca, lo presiento... El resto es mantener a la estrella unida por amor y eso sólo necesita un empujoncito – dijo Ginny pícaramente refiriéndose a su hermano y a Hermione
Nadie dijo nada, todos se levantaron para dirigirse a la torre sur, y como en la sala común había gente, sobre todo comentando la noche anterior, tuvieron que dar todo el rodeo. Al doblar la esquina de uno de los pasillos del castillo, se toparon de frente con Malfoy, Goyle y Crabbe. Nadie dijo nada, se limitaron a mirarse y pensar la mayor cantidad de insultos posibles. Cuando ya se alejaban Hermione no pudo evitar decir lo que pensaba.
- A Malfoy se le acabó su cómplice en el colegio
- Eso es lo que tú te crees, asquerosa sangre sucia
En el mismo momento que lo dijo, una campana roja incandescente flotó encima de la cabeza de Draco y comenzó a sonar de una forma horrorosa para los pobres oídos de los allí presentes. Al momento apareció Peeves, burlándose de él.
- Te han pillado, te han pillado, gominolo rubio
Draco comenzó a correr detrás del poltergeis intentando descargar la rabia que sentía dentro. Evidentemente, Ron y los demás comenzaron a partirse de la risa pero al oír que alguien venía y suponiendo que era algún profesor, salieron corriendo para no meterse en problemas y no pararon hasta llegar a la puerta de la torre sur. Medio asfixiados por la carrera y las risas llamaron a la puerta.
- Buenos días, Harry Potter y amigos – saludó un Dobby muy sonriente – Pasen, pasen
- Buenos días, Dobby – contestaron todos
Al entrar en la salita de la torre, todos se quedaron con la boca abierta. Su tía y Sirius estaban sentados en la mesa del comedor tomando un desayuno tardío, charlando y riéndose animadamente pero los dos estaban en... pijama.
- ¡Chicos! ¡Qué sorpresa! – exclamó Sirius
- ¿Qué tal estáis esta mañana? – preguntó muy sonriente Emy
- Bien – contestaron todos al unísono más que asombrados por la escena
- ¿Os pasa algo? – Sirius lo preguntó sabiendo perfectamente porque estaban así
- ¿Es que me he perdido algo? – preguntó Harry
- Pensé que ya os lo habría contado Ginny – dijo Emy ingenuamente
Los tres chicos miraron a Ginny que levantó las manos como diciendo "a mí que me registren".
- Sentaros – ordenó Emy - ¿Habéis desayunado ya?
- No – los chicos actuaban como corderitos, no se sabía muy bien si por la impresión o por el hambre
- Dobby, si eres tan amable, trae una tetera y una bandeja con pastas
Cuando Dobby se dirigía a la cocina volvieron a llamar a la puerta y marchó a abrir.
- Buenos días ¿Ya se os puede felicitar? – Remus entró como un obús con Arabella detrás de él haciendo muecas para que no le hicieran caso
- ¿Felicitaros? ¿Por qué? – preguntó Harry
- ¡Upps! – Remus se tapó la boca dando a entender que había metido la pata
- Harry, cariño... nosotros hemos pensado... ¡Claro que si tú estás de acuerdo!
- ¿De acuerdo con qué?
- No sé por que a tu tía le cuesta tanto decírtelo – exclamó Sirius medio esparrancado en la silla, con una sonrisa de oreja a oreja
- ¿Ah, no? Pues explícaselo tú, listo
- ¡Qué alguien me diga qué está pasando! – Harry estallaba de la curiosidad
- Bueno... – se sentó bien en la silla y carraspeó para hablar más claro - Es sencillo... ella... yo... los dos... es mejor que se lo digas tú, preciosa – Sirius tenía las mejillas sonrojadas de vergüenza
- ¿Ves? Es que los hombres sois muy gallitos y se os va la fuerza por la boca
- Emy, por favor, dímelo ya ¿Es algo malo? – Harry ya no lo soportaba más
- No, no, para nada... o al menos eso creo... Bueno como sabes, ayer, antes del baile, Sirius y yo hablamos y nos dejamos claro lo que sentíamos el uno por el otro... amor – Emy hizo una pausa para ver la cara de su sobrino – Veo que no te disgusta
- ¿Por qué habría de disgustarme? Fui yo quien le animó a hacerlo
- ¡No lo sabía! – dijo Emy mirando a Sirius asombrada – Bueno entonces no te importará que me haya pedido que me case con él y yo haya contestado que sí
- ¿QUÉ? – dijeron todos a la vez
- ¡Oh, Señor! Estoy tan contenta por vosotros – dijo medio llorando Arabella, que abrazaba a su amiga y luego se refugió en el hombro de Remus
- ¡Harry! ¿No nos vas a decir nada? – preguntó impaciente Sirius – Si tú no estás de acuerdo, pues lo hablamos
- Eso es... esto es... – Harry estaba paralizado, lo veía todo borroso como en una nube, miles de sentimientos le llegaban al corazón y a la cabeza, sus ojos comenzaron a brillar con mucha fuerza – ¡MARAVILLOSO! – La risa salió de su boca y sus brazos se abrieron para estrecharse con los de su tía
- ¿Y yo no me merezco un abrazó? – dijo Sirius simulando pelusa
- Claro – Harry soltó a su tía y se abrazó a su padrino - ¿Te tengo que llamar tío?
- Llámame como quieras, chorlito – dijo riéndose
- Pues entonces llámale "cara culo" – dijo partiéndose de la risa Remus
- Cualquier día te voy a romper esa bocaza que tienes – amenazó a su amigo
Las felicitaciones no se hicieron esperar y todos almorzaron juntos en la torre. Como habían quedado, cuando terminaron se fueron en grupo al despacho del director. Allí ya les esperaban el resto de profesores y unas quince personas más. Entre ellas había cuatro que los chicos vieron y conocieron perfectamente, Arthur, Charlie, Bill y Percy Weasley estaban allí. Se saludaron efusivamente y al poco tiempo ya se formaron grupos de charla, hasta que a la media hora de estar allí Dumbledore les llamó la atención para que todos le escucharan.
- Buenas tardes a todos, los que encuentren una silla y quieran sentarse, adelante, este despacho no está destinado para albergar a tantas personas pero como todos somos de confianza nos iremos apañando
Los oyentes así lo hicieron, la mayoría de las mujeres se sentaron en butacas dejando a los hombres de pie y en grupos.
- Quisiera presentar a las personas que están aquí esta noche – Dumbledore sonrió gentilmente – Voy a comenzar por mi profesorado, que merece, por supuesto, toda mi confianza, la Subdirectora y profesora de Transformaciones, McGonagall; de Herbología, Sprout; de Astronomía, Sinitra; de Aritmancia, Vector; de Encantamientos, Flitwick; de Historia de la Magia, Binns; de Pociones, Snape y Figg; de Adivinación, Trelawney; de Defensa Contra las Artes Oscuras, Lupin; de Vuelo, Rowling; de Cuidado de Criaturas Mágicas, Hagrid; de Estudios no Mágicos, Martín y de Runas y Leyendas Antiguas... ese soy yo de momento
Como si del final de una actuación se tratara, Hermione se arrancó a aplaudir seguida después por sus amigos para que no se sintiera avergonzada, así que al final aplaudieron todos e incluso Dumbledore, que aquello le parecía muy gracioso.
- Bueno, sin lugar a dudas nos acabamos de dar un homenaje – dijo entre risitas, cambió de gesto y se puso mucho más serio – También se encuentran entre nosotros Arthur y Percy Weasley, que forman parte importante del personal del ministerio y nos van a informar, como hasta ahora, de los acontecimientos sucedidos allí. Bill Weasley es nuestro infiltrado dentro del mundo económico mágico y Charlie Weasley, junto con Hagrid y nuestra querida Madame Maxime, directora de la prestigiosa escuela de Beauxtearus, son los encargados de mantener relaciones con las diferentes criaturas del mundo mágico... Llegados a este punto, he de informaros a todos, que Azkaban ha sido asaltado, los presos han sido liberados y se han unido a Voldemort, al igual que los Dementores.
- ¡NO PUEDE SER! – dijo indignado Remus – Hemos perdido la primera batalla
- Te doy la razón pero no hemos perdido esta guerra – carraspeó para hacerse notar y acabar con los comentarios de los presentes – En la anterior temporada que nos mostró Voldemort, se vieron indicios por su parte, que nos hacían pensar que Inglaterra se le quedaba pequeño y quiso saltar hacia Europa... Gracias que Harry lo paró
- No lo suficiente – contestó el niño que sobrevivió
- Pero sí ha habido un receso que nos ha hecho ser menos confiados y más previsores. Está claro que Voldemort es una amenaza, no solamente para la comunidad mágica de este país, sino para el resto de los países y de las personas que habitan en ellos, sean magos o no. Por eso se ha acordado nombrar a embajadores especiales, una de ellos es la Señorita Fleur Delacoux, que se encargará de la parte sur de Europa. Ella es una excelente diplomática y sabe una barbaridad de idiomas y culturas en esta zona del continente. Periódicamente nos informará de los progresos con el resto de estas comunidades, a la vez de alertarnos sobre algún posible acontecimiento
Hermione miraba fijamente a Ron preguntándose si ella seguiría atrayéndole como las moscas a la miel.
- La misma labor va a tener el señor Viktor Krum en los países del norte de Europa. Su fama, bien atribuida, por ser el buscador en el equipo nacional de Quidditch de Bulgaria, le abrirá muchas puertas para convencer y poner al tanto a los magos de esos países
Ahora era Ron quién miraba a Hermione, con los ojos rojos de celos y veía que ella estaba muy contenta por la presencia del "famosillo" buscador. Harry también observaba divertido las miradas de su mejor amigo.
- Mundugus Flecher y Douglas Dawson harán de embajadores en Asia y aunque no hay una cantidad importante de magos en ese continente, toda ayuda es necesaria para vencer a nuestro enemigo. Tondum Mensé se encargará de Africa, Mark Seaton será nuestro embajador en América y Sydney Bolls se ocupará de Australia. Todos ellos son grandes conocedores de sus zonas y estoy seguro que trabajarán duro y de forma muy efectiva para lograr la unión del mundo mágico
Todos se estrecharon las manos entre ellos, deseándose suerte y animándose en los que ya se hacían llamar "tiempos difíciles".
- En esta sala aún quedan por presentar a seis personas que son parte fundamental de la resolución de este gran problema – Dumbledore miró a los cuatro alumnos y sonrió paternalmente – Quiero presentaros a Los Guardianes de La Unión de Las Cuatro Sangres – el anciano esperó a que terminara el murmullo entre los embajadores – No quiero que les juzguen por su tamaño, aparentemente demasiado juvenil para estar aquí, ellos son mucho más valientes que algunos de los que estamos en esta sala. Ronald Weasley, Guardián de Slytherin, valiente, leal y fabuloso estratega; Hermione Granger, Guardiana de Ravenclaw y una erudita y valiente muchacha; Virginia Weasley, Guardiana de Hufflepuff y sin duda alguna una inteligente y magnifica muchacha, puro corazón; y por último, Harry Potter, Guardián y Heredero de Gryffindor, en este caso su fama es inmerecida... es mucho más que el niño que derrotó a Voldemort, es una persona inteligente, valiente, con un gran corazón y un sentido de la responsabilidad un tanto ambiguo pero muy correcto – esta vez Albus tuvo que esperar más rato a que los murmullos cesaran – Veo que mucho de los aquí presentes no se habían percatado de tu presencia, Harry.
- Es por su endiablado pelo – contestó cariñosamente Emy
- Ven aquí – le mandó el director
Emy se puso al lado de Dumbledore, éste le sonrió y comenzó de nuevo a hablar.
- Como os he dicho antes, ella es la Profesora Martín, su verdadero nombre es Emily...
- Evans – contestó Emy al ver el receso de Dumbledore
- Es la hermana de Lilian Evans, o sea la tía de Harry, pero a la vez es la hermana de James Potter, el padre de Harry... vamos que es su tía por partida doble – a Albus parecía que todo eso le era gracioso de contar
Todos los que conocía a Emy se quedaron de piedra, incluso el perro que escuchaba toda la conversación. No hubo nadie que no mirara a Emy de una forma conmocionada pero Harry casi se cae de culo.
- Al morir su padre y su hermano, ella es la Heredera de Gryffindor, aunque como ya sabemos, solamente los hombres de la familia son los que heredan los poderes, así que realmente lo es Harry. Lo mismo la pasa con Slytherin, si Voldemort muriese ella sería la Heredera o Harry... no lo tengo muy claro. Evidentemente es también, y de eso no cabe la menor duda, la Heredera de Hufflepuff, incluso diría que tiene el mismo aspecto y el mismo carácter que Helga, eso sí sólo lleva sangre de Ravenclaw pero no es su Heredera... ¡eso ya sería el colmo!... Me estoy desviando del tema... El caso es que es ella La Unión de Las Cuatro Sangres – Albus ya se estaba cansando de esperar a que terminaran los comentarios así que sólo hizo un segundo de pausa – Ella es un caso bastante excepcional, ya que hasta hace poco, ni siquiera había efectuado un hechizo – esta vez los comentarios eran en voz más alta – Pero tiene un gran poder en sí misma y es la pieza funda...
- Perdone, Dumbledore ¿Dice que hasta hace poco no practicaba la magia? – preguntó Mark Seaton, el futuro embajador de América
- Sí, eso he dicho
- Muchos de los que estamos aquí hemos venido a esta reunión con la esperanza de contar con un mago que, al menos, fuese tan poderoso como Voldemort
- Albus Dumbledore lo es – dijo Hermione firmemente
- Gracias, Hermione – contestó el aludido – Continúa, por favor, estamos aquí para aclarar dudas por un futuro mejor
- Bueno... sabemos que eres bueno Albus, nadie lo duda pero no creo que sea suficiente... Si ella es sólo un aprendiz...
- Él no ha dicho que yo fuera un aprendiz, dijo que llevaba poco tiempo practicando la magia – aclaró Emy
- ¿Y me puede explicar la diferencia?
Emy miró a Albus, éste le hizo un gesto para que fuese ella quien siguiera con las explicaciones, al fin y al cabo quién mejor que ella para aclararlo.
- La diferencia principal reside en que yo no he necesitado... Perdónenme, pretendo ser lo más diplomática que se pueda y lo que voy a decir no es ninguna clase de insulto, sino mi forma de ser – Emy inspiró aire y lo expulsó lentamente – Yo no he necesitado practicar la magia hasta que llegué aquí
- No la entiendo – exclamó Fleur
- Es sencillo, incluso ahora, cuando necesito revolver la leche o el té, yo lo hago dando vueltas con la cucharilla o si necesito un libro de mi despacho me levanto de la mesa y le cojo; leo todos los trabajos de mis alumnos sin ningún tipo de magia y me acicalo sin ninguna clase de potingues mágicos; de hecho, hasta anoche creo que no había efectuado un hechizo para mi propio beneficio
- ¿Y cuál fue? – preguntó pícaramente Remus
- Bueno... era una tontería
- Sí, sí pero ¿Cuál? – Insistió Remus mirando de soslayo al perrito
- Tenía invitado y dupliqué mi cama para que pudiera dormir en una y no en un sofá. También hice aparecer una pijama de seda y eso fue todo
- Eso está muy bien para una persona que acaba de empezar con la magia pero no creo que nos sirva contra Voldemort – criticó Douglas Dawson
- Veo que lo que quieren es probar si soy válida. Entiendo que, un tema tan serio como el que estamos tratando esta tarde aquí, requiera de la confianza de todos ustedes. Personalmente no he pedido este cargo, hay gente que lo sabe muy bien, no me es grato saber que de mí dependen muchas responsabilidades... Este trabajo no está tan bien remunerado – Emy sonrió para relajarse un poco e hizo que los demás también se rieran – Pero, aunque no he preparado estos exámenes, pueden preguntarme lo que quieran para saber de mis capacidades
- Llevaba tiempo pensando en ello, Emy. Después de lo visto ayer por alguno de los presentes, quiero pedirte que nos muestres como te puedes defender de Voldemort – Snape parecía ansioso por ver la demostración
- Está bien, haremos algo sencillo y luego algo más complicado ¿Quién quiere lanzarme un hechizo un tanto infantil, de esos que se lanzan nuestros alumnos con sus rivales? – Emy sonrió por acordarse de la historia que le contó Harry sobre el Hechizo "Tragababosas" – el de las babosas estaría bien
- Yo mismo – dijo Remus muy divertido por la oportunidad - ¿Estás atenta?
- Claro, no necesito que me avises
- ¿Me estás diciendo que lo harías igual con los ojos cerrados?
- Esto no es el circo, además cuando veas lo que hago sabrás que da lo mismo de una manera que de otra... lánzale
- "Tragababosas"
El rayo salió disparado con mucha rapidez hacía Emy y cuando estaba a punto de impactar, se paró en seco. Emy sonreía mientras miraba el haz de luz y como había hecho en otras ocasiones, lo cogió con las puntas de los dedos y comenzó a jugar con él.
- ¿Veis a lo que me refiero? No dejo que llegue a impactar, así que normalmente juego con sus chispas y... lo devuelvo
Remus se puso bizco al ver de vuelta el rayo, iba a darle en medio de la cara pero de nuevo se paró en seco.
- No te preocupes, Remus, no soy tan mala, aunque tú hoy te lo merecías – Emy satisfecha por la cara de su amigo se mostraba divertida – Ahora es cuando normalmente lo hago desaparecer como el humo de un cigarrillo pero hay un problema que todavía no he podido solucionar... No me gusta el olor que deja, es demasiado empalagoso, ya me entendéis… como vainilla... a mí me gusta mas el agua de rosas o lavanda, de todos modos lo conseguiré, seguro que es rebeldía de la propia magia
- ¿Puede hacer eso con cualquier hechizo? – Preguntó Madame Maxime
- Sí pero he de reconocer que si por algún motivo estoy despistada del todo y es una maldición imperdonable, sobre todo la mortal, es posible que me desmayara y eso facilitaría que me la volviera a echar siempre que sepan que no he muerto
- ¿Cómo puedes explicarnos esto que acabamos de ver? – preguntó Mundugus Flecher
- Creo que la mejor definición que os puedo dar es la misma que le di a Voldemort. Yo no soy una bruja, yo soy magia y aunque parece que mi cuerpo se vea vulnerable, con la magia se comporta como dos gotas de agua ¿Qué daño se pueden hacer una a la otra?
- ¿Dominas todo los campos de la magia? – volvió a preguntar Mundugus Flecher
- Bueno he de ser sincera, lo que dijimos es correcto, sólo llevo unos meses practicando y materias como Pociones o Herbología que se basan en práctica y mucha paciencia, no son mi fuerte, aunque sé perfectamente todos los ingredientes y sus utilidades
- ¿Qué sabe de la Historia de la Magia? ¿Conoce, por ejemplo... a Hunter Coll? – Sydney Bolls pensaba que ya la había cazado
- ¿Hunter Coll? No he tenido el gusto de conocerle
Se oyeron unas risotadas por parte de ciertos asistentes.
- Es normal que no lo conozca, Señorita Evans – alardeó la embajadora de Australia
- ¿Por qué razón, por estar muerto o por haber vivido la mitad de su vida en una selva inhóspita y la otra cerca del polo norte? – Si alguien debía ser chula ya estaba ella. Pensó "mi madre siempre me dijo que servía para pandillera juvenil, debo de dejar de hacer eso, no es maduro"
La sala cayó por la respuesta y eso permitió que los ladridos de Hocicos se oyeran mejor. Los cuatro amigos miraron al perro y se rieron. "Sirius, hasta cuando es perro, defiende a Emy" pensó Harry.
- No he debido de ser tan impertinente, perdóneme, Señorita Bolls
- Ningún problema, yo no debí de dudar de su palabra
- Quiero hacer un comentario en este sentido – Emy se puso muy seria – No subestiméis nunca a Voldemort, es igual de listo que malvado. Su conocimiento en bastantes materias le ha dado el poder que ahora tiene y su ambición va mucho más allá. Él sabe que, contra más conocimientos tenga, mayor será su poder, por eso ahora disfruta de un nuevo cuerpo, la magia negra se la suministró
- ¿Qué podemos hacer nosotros contra la magia negra? – preguntó Arabella
- Al igual que una vela anula la oscuridad de una sala, nosotros podemos anular su magia negra. Si tú ahora mismo me dijeses que soy imbécil, que mis orejas son más grandes que mi cabeza y que me nariz es la de una vieja de setecientos años, solamente tengo que pensar que no soy muy lista pero tampoco tonta, que mis orejas al menos me ayudan a llevar pendientes y que mi nariz se puede solucionar con mucho maquillaje, en fin... a palabras necias oídos sordos. En eso consiste la magia negra, en tener la suficiente seguridad en que no te puede dañar
- Creo, Emy, que ese es un comentario bastante ingenuo – exclamó Snape
- ¿A qué te refieres?
- Mismamente el ritual que utilizó para poder volver a ser corpóreo ¿Crees que Potter lo hubiese podido detener sólo con pensar que aquello no podía estar pasando? – Snape sonreía malévolamente
- Bueno... creo que en ese momento él no podía saber a lo que se enfrentaba
- ¿Y crees que ahora sí es capaz? Ni siquiera ha pasado un año de aquello
- Mis Guardianes se han centrado en saber utilizar muy bien todos los hechizos que les hemos enseñado y yo misma me ocuparé de enseñar a Harry magia negra y sus contrahechizos este verano
- A ver si es verdad y los dos años que le quedan en el colegio sean un puro tramite – dijo el profesor de pociones sarcásticamente
- ¿Alguien más tiene alguna duda sobre los conocimientos o poderes de La Unión? – Preguntó Dumbledore - ¿No? Pues entonces quiero tratar el último asusto de esta tarde.
De repente alguien sacó su varita y lanzó un "Totus Crucio" que fue directo a Emy.
