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Capítulo 28:

Habían pasado ya, más de veinticuatro horas desde el secuestro de los hermanos, y la vampiresa no sabía si en realidad ayudaría o simplemente se metería en la boca del lobo y terminaría corriendo la misma suerte que los hermanos, pues no sabía si aún seguían con vida o no

Entró abriendo grandemente las compuertas del aislado bar: era uno de aquellos bares moteros de transición situados al lado de carreteras solitarias alejadas de la mano de Dios.

Como regía su trabajado plan, Elena entró despampanantemente en aquel antro, donde solo se encontraban los Caparella, el camarero y dueño del bar y los Salvatore, maniatados a una pared y siendo torturados

La castaña contoneaba su cadera de un lado para otro, haciendo más visible su ceñido disfraz: era un mono ajustadísimo de cuero negro con una cremallera central, que ella no había terminado de subir, dejando bien realzado sus senos. Llevaba recogida su melena en una coleta alta, como zapatos unos botines negros de tacón y también portaba unos guantes de la misma textura

Los presentes en la sala quedaron contemplando sus andares al entrar, y ésta como si nada pasara, se dirigió, sin siquiera echar un vistazo a los Salvatore, directamente hacia la barra

-Un whisky doble- ordenó al sentarse en un taburete y dejar su bolsa sobre la barra

Los hermanos quedaron atónitos ante aquella entrada triunfal de la vampiresa, pero sobre todo estaban expectantes de cuál sería el siguiente movimiento de la chica, pues estaba claro que no había ido hasta ahí simplemente para beber

-Es una vampiresa- susurró uno de ellos al que parecía ser el jefe, éste le miró de reojo y luego volvió a posar sus ojos en la vampiresa que permanecía impasible, bebiéndose tranquilamente su copa

-Oh, interrumpo algo?- preguntó ésta al girarse y pillarles observándola- parece que estabais ocupados- añadió echando un rápido vistazo a los hermanos que no salían de su shock: Elena se estaba comportando completamente distinta, hasta su manera de hablar. Si no fuera porque ellos mismos la enterraron, pensarían que la que estaba sentada en aquella barra era la mismísima Katherine Petrova

-Qué es lo que haces aquí?- preguntó el jefe observándola con desconfianza

Uno de los Caparella se adelantó y cogió la bolsa que la morena había dejado sobre la mesa, dispuesto a abrirla

-No es de caballeros revisar el bolso de una mujer- dijo negando con la cabeza y mirándolo, en un tono aparentemente tranquilo, como quien avisa a un niño que deje de jugar con fuego, haciendo que aquel vampiro dejara inmediatamente la mochila- que porqué estoy aquí?- repitió mirando al jefe, levantándose de su taburete y acercándose a él, contoneando las caderas de un lado a otro y dibujando una sensual sonrisa ladeada- estoy de paso, dirigiéndome a Mystic Falls. Dicen que por ahí hay mucha marcha, ya sabes a lo que me refiero- añadió deslizando su dedo índice sobre el pecho del vampiro, sin apartar la mirada de la de él, haciendo que éste se estremeciera- pero parece que la diversión comienza antes- añadió parando su dedo en el cinturón del chico y arrebatándole, con su otra mano, los dardos untados en verbena que éste poseía-puedo unirme?- preguntó casi en un susurro, acercándose más a su oreja, haciéndole estremecerse de nuevo. Luego se separó un poco de él, mirando a todos en la estancia- puedo?- volvió a preguntar alzando el tono

-Sí- contestaron casi al unísono tras unos silenciosos minutos, que a la intrusa se le hicieron eternos, pensando que su plan había fracasado

Elena los miró a todos con una pícara sonrisa, pareciéndose cada segundo más a Katherine. Al fin posó sus ojos en los Salvatore, que la observaban sin decir absolutamente nada.

Elena se mordió el labio inferior y cerró un ojo, intentando atinar, luego lanzó el dardo, dándole a Stefan en el abdomen, haciendo que éste emitiera un grito de dolor.

Todos en la sala gritaron contentos y Elena comenzó a dar saltitos con una sonrisa dibujada, luego mandó callar y todos la obedecieron, los tenía en el bote

Volvió a apuntar y ésta vez le dio a Damon en el pecho. Los Caparella se acercaron a ella gritando y contentos: chocándole la mano, dedicándola halagos y uno incluso la elevó.

Elena fingía felicidad. Una vez en el suelo, la vampiresa se acercó hasta las víctimas, éstos la miraron con cara de interrogación, esperando alguna escusa o disculpa, características de la muchacha, pero Elena se limitó a extraer cruelmente los dardos de su cuerpo, luego giró sobre sus talones, dejándoles consternados

-Queréis ver un espectáculo que nunca olvidareis?- gritó la chica, aun con aquella sonrisa pícara

-Sí!- contestaron todos, fascinados por la belleza de aquella vampiresa

Elena comenzó a bajarse más la cremallera de su mono, lentamente, haciendo que todos y cada uno de ellos concentrara su atención en su, cada vez más pronunciado, escote- uno, dos…-contaba a la vez, posando sus ojos en cada uno de ellos

La vista de Noíl estaba cada vez más nublada, las estrellas parecían ser el doble y las verdes hojas de los enormes árboles que se movían por el viento, parecían estar a punto de caer sobre él.

Permanecía tumbado en el suelo, rodeado por varios cadáveres, tanto de sus hombres como del bando contrario. Aquellos insurgentes habían resultado ser más numerosos y fuertes de lo que esperaban y, por consiguiente, la pelea durar más del tiempo previsto, acarreando así la falta de alimento y de agua

El jefe del clan se movía pasmosamente, intentando inútilmente taparse su enorme herida situada en el abdomen, de la que brotaba un mar de sangre. Comenzaba asentir frío, un gélido sudor comenzaba a descender por su frente y el sonido de la batalla: gritos, hierro chocando…comenzaba a resultarle lejano.

Giró su cabeza hacia la izquierda, llamado por alguna maravillosa voz que repetía una y otra vez su nombre con suavidad. Al principio solo vio la cara de un hombre muerto, ya pálido y en cuya faz se podía ver reflejada la muerte, pero agudizó la vista y vio a Zuleica llegar corriendo. Todo parecía, de repente, ir en cámara lenta. Venía desde lejos, ataviada con el mismo vestido de la noche anterior e incluso maquillada y peinada igual. Noíl sonrió al verla.

La Novotney se acercaba a él, pero no parecía estar preocupada y triste de verle moribundo, sino todo contrario: sonreía y parecía realmente feliz.

Al fin, Noíl pudo ver el origen de su felicidad y es que él mismo permanecía de pies mirándola y esperando a que ésta llegase. Zuleica se abalanzó sobre él y con sus piernas rodeó su cadera, ambos se besaron apasionadamente y luego quedaron frente contra frente

-Tengo una noticia que darte: estoy embarazada- anunció la chica en una sonrisa.

Noíl emitió una carcajada de felicidad, abrazándola y dando vueltas de la alegría. Una inmensa luz cegó los ojos de Noíl, haciendo que volviera a girar su cabeza hacia el frente.

-Señor!- podía escuchar una voz, que le parecía lejana- hemos ganado la batalla- decía mientras apretaba fuertemente la herida, intentando parar la pérdida de sangre- enseguida le sacaremos de aquí, solo aguante

Noíl escuchó aquellas palabras, luego volvió a escuchar la armoniosa carcajada de Zuleica de fondo, emitió una sonrisa y todo desapareció: ruido, dolor, tristeza, alegría… absolutamente todo

-…y cinco!- terminó de contar la morena, sacando de su mono una máscara de cuero negro que cubría toda su cabeza y volviendo a subirse la cremallera, esta vez hasta el final, no dejando un solo milímetro de su piel al aire

Los Caparella le miraron con interrogación, sin entender qué es lo que estaba haciendo. De repente, sonó la alarma contra incendios y comenzó a salir agua del techo, un agua que les quemaba, un agua mezclada con verbena. El pánico comenzó a apoderarse del local, todo el mundo quería salir de allí y ponerse a buen recaudo

Los Salvatore, permanecían aullando de dolor, pues estaban atados y no podían moverse, Elena, enseguida, corrió a su bolsa y de ella sacó una especie de manta impermeable que colocó sobre ellos

-Estáis bien?- preguntó la chica

-No podías avisar antes de quemarnos vivos?- comenzó Stefan

-Se puede saber qué haces aquí?- preguntó Damon interrumpiendo a su hermano

-Os he salvado la vida- dijo ésta mirándoles fijamente- eso es lo que cuenta

Los tres quedaron en silencio, viendo cómo los últimos Caparella abandonaban el local, mientras que el agua seguía inundando el local

-y ahora qué?- preguntó Stefan

-no sé- contestó la morena

-cómo que no sabes, no tienes un plan de fuga?

-No, sólo vine con la idea en mente de salvaros- repuso ésta- supongo que esperaremos a que el agua deje de salir y nos iremos a casa

-No podemos- les interrumpió Damon- nos están esperando fuera- añadió completamente serio, posando sus intensos ojos azules en cada uno de ellos

Elena echó un vistazo por la ventana y efectivamente los vio: estaban iracundos y llenos de sed de venganza, contando los minutos hasta que el agua cesase de salir.

Tragó saliva y sintió sus piernas temblar: es verdad que había sido entrenada por Elijah, pero nunca se había encontrado en una situación parecida. Además, un vampiro enfurecido ya es mucho más fuerte y difícil de vencer, pero veinte enfurecidos? eso ya es una hazaña imposible

-Tenemos que luchar- concluyó la vampiresa con aparente seguridad

Ambos permanecían tumbados en aquel campo de tulipanes, Alex giró la cabeza para mirar a la Novotney, pero ésta siquiera se percató, estaba riéndose a carcajadas de algo que el Salvatore había dicho anteriormente

Alex la observó reír y reír por unos minutos, sin borrar una sonrisa de tranquilidad de tener a Zuleica a su lado

-Te quiero- dijo de repente, luego llevó la mano a su boca intentando remediar, inútilmente, aquellas palabras que habían salido inconscientemente de su boca

Zuleica paró en seco su risa y a su vez se giró para mirarle, con el ceño fruncido- qué has dicho?

Un silencio sepulcral reinó entre los dos por unos minutos, en los que Alex disputaba interiormente por si tener la valentía de repetir aquella palabra o no. Una cálida brisa les azotó, pero éstos parecían siquiera darse cuenta, se miraban el uno al otro sin apartar la mirada o pestañear, la Novotney en espera de alguna respuesta

-He dicho que…-comenzó sentándose y respirando hondo- he dicho que te quiero- dijo al fin- desde cuándo? Eso lo desconozco, pero sí sé el por qué: porque eres única en todos los aspectos, imprevisible, porque no te pareces para nada a las demás mujeres que he conocido y por eso mismo me gusta todo de ti, desde el más mínimo gesto de tu cara cuando estás hablando y explicando algo hasta cuando estas llena de sudor y ataviada como un chico. Te quiero- repitió- son unas palabras que llevo acallando dentro de mí todo este tiempo. Sí, sé que la palabra en sí es muy fuerte. Dado el tiempo que nos conocemos tendría que decirte algo como "me gustas" o "me encantas", pero verdaderamente lo que siento es mucho más que eso. No sé, llegué a pensar que eran tonterías de la adolescencia o del aburrimiento, ya que aquí no hago nada más en especial que estar contigo, pero algo en mi interior me dice que no es así, que tú realmente eres…- paró un momento, emitiendo una tímida y nerviosa sonrisa- sé que todo esto suena a película o simplemente a cursilada, pero siento que eres mi media naranja

Zuleica se había sentado también y miraba fijamente a Alexandre, bebiendo de todas y cada una de las palabras que escuchaba, pues ella sentía algo parecido, pero nunca habría sido capaz de decirlo

Todo sucedió muy deprisa: la Novotney le dio un rápido y tímido beso en la mejilla, cosa que él no consideró suficiente y agarró suavemente por la mandíbula a la chica, algo que le hizo recordar profundamente su primer beso con Noíl, y la atrajo a ella, dándole un beso, que desde luego no era comparado al de Noíl, pues aunque el jefe del clan también le gustara, y mucho, aquel primer beso que se dieron había sido sin sentimiento alguno, pillando a Zuleica desprevenida, justo lo contrario que éste.

El beso comenzó a acalorarse, ambos se dejaron llevar por la pasión y el amor que sentían uno por el otro. Alex, sin dificultad alguna, atrajo hacia él a la muchacha, haciéndola sentar sobre su regazo. El beso era cada vez más intenso.

-Espera, espera…-dijo éste en un jadeante susurro, separándose por milímetros de aquella joven- estás segura que…

-Aham…-murmuró la chica mientras asentía con la cabeza y se volvía a acercar a él, sintiéndose una adicta de aquellos labios.

Ésta vez fue ella quien parecía tomar la iniciativa, despojando al híbrido de su camiseta, dejando al descubierto aquel musculoso pecho, que observó durante unos segundos, mordiéndose el labio inferior, con ganas de apoderarse de aquel cuerpo y hacerlo suya. Alex observaba sorprendido a una frenética Zuleica, que parecía desearle tanto como él a ella

-Espera, espera…-volvió a decir el chico- tengo que decirte algo…

-Qué pasa ahora?- preguntó ésta dulcemente

-Tienes que saber que soy…-se paró un momento buscando la manera más adecuada de decirlo- que yo nunca he…

-Mejor- le interrumpió Zuleica comprendiendo lo que quería decir y volviendo a besarle, esta vez en el cuello- yo tampoco

Pasaron una noche increíble, inmejorable, sintiéndose el uno al otro, sintiéndose uno. Eran como dos puzles inacabados que al fin encontraban su pieza en común y final. Alex se dejó llevar completamente por el placer, volviendo a tomar el control y sin siquiera percatarse que sus ojos cambiaron de color

-Wow!- exclamó la chica al ver aquel color, alzó sus manos, pues ella se encontraba en el suelo, debajo de éste y rozó suavemente sus ojos, fascinada por aquel descubrimiento. Alex permaneció inmóvil, esperando a descubrir la reacción que tendría Zuleica a continuación.

Varias veces había pensado en contarle sobre su hibridez, pero algo le había detenido y nunca habría imaginado que lo descubriría así. Tras unos minutos observándole, Zuleica emitió una dulce sonrisa y alzó la cabeza para besarle de nuevo, aceptando sus rarezas, aunque sin entender a qué era debido ese cambio de color.

Al amanecer, Elijah y Rebekah ya estaban ante sus padres, pues según había dicho la rubia, era un asunto de extrema urgencia

-Padre? Madre?- saludó éste al verles

-Dime hijo…-comenzó Esther adelantándose, pretendiendo ir al grano en lugar de ser condescendiente- convertiste a la doble gunger en vampiresa?

-Sí, madre- admitió Elijah bajando la cabeza al sentirse descubierto, y también avergonzado, ya que toda la familia estaba presente, a excepción de Klaus- pero qué importa eso? La matasteis, el sacrificio fue realizado y Klaus está muerto, por qué…?

-Porque hay un híbrido- le interrumpió Michael, contestando a la pregunta que no llegó a formular

-Y eso qué tiene que ver con ella?

-Resulta, que ese híbrido es su hijo- concluyó Esther

-Un híbrido pululando por el mundo- añadió el patriarca con desdén

-Ella no tuvo ningún hijo- afirmó éste frunciendo el ceño- quiero decir, sí lo tuvo, pero murió…- comenzó rememorando cuando la encontró en la casa de aquella anciana, completamente debilitada…desechando mentalmente que Elena pudiese haberle mentido- quién os ha dicho semejante mentira?- preguntó con un tono firme

-Anastasia, una bruja de mi confianza, afirma haberlo visto-contestó la original con tranquilidad

-De todas maneras, sea verdad o no, lo comprobaremos ahora- concluyó Michael- dónde está la doble gunguer?

-En…-se interrumpió pensando- si te digo dónde está, me llevarás contigo y no se la hará ningún daño

-Tu amor por ella te ciega y debilita- sentenció el patriarca con cierta decepción- está bien

-Está en Mystic Falls

El trío de vampiros había pasado gran parte de la noche luchando, Elena había traído más que un impermeable en aquella mochila y permanecieron luchando desde dentro del bar, hasta que el agua dejó de salir y el cuerpo a cuerpo fue inminente.

Se salvaron y cubrieron las espaldas unos a otros, como un verdadero equipo y al fin parecían haber ganado, pues los Caparella no eran muy fuertes pero el hecho de estar furiosos y ser numerosos les dio la aparente ventaja, aunque la persistencia de éstos y la unión que tenían les dieron la victoria final.

-Cómo supiste que estábamos ahí?- preguntó Stefan mientras volvían a casa, estaban heridos y agotados, pero también contentos

-Bueno…-comenzó avergonzada- os escuché hablando luego os seguí y…

-Sabes que podías haber muerto ahí dentro?- comenzó Damon- eso que hiciste era un plan de lo más estúpido y arriesgado, imagínate que estuviéramos muertos…

-Pero no lo estabais!- le interrumpió Elena- y os salvé la vida y se supone que me lo teníais que agradecer no…-se interrumpió al sentir el sol quemándola la piel

Comenzaba a amanecer y el sol la quemaba, pues, en algún momento de la emocionante pelea, su anillo calló y lo perdió sin siquiera darse cuenta

Stefan tuvo el rápido reflejo de empujarla hacia la sombra de un árbol. El sol comenzó a salir por su espalda y el árbol no la cubriría por mucho tiempo. Los hermanos comenzaron a buscar su anillo a toda la velocidad, era una búsqueda a contra reloj

-Ahh!- escucharon un grito proveniente de Elena: el sol comenzaba a quemarla de nuevo y no había sombra posible para taparla.

Los hermanos se miraron, no había tiempo para discusiones ni celos. Así que Damon corrió rápido hacia la vampiresa y le cubrió con su cuerpo, abrazándola y haciendo que, temporalmente, el sol no la alcanzara

-Date prisa, Stefan!- gritó el vampiro: el sol seguía su curso y pronto llegaría en lo más alto- escucha, Elena- comenzó viendo que no tendrían tiempo- si Stefan no llega a encontrar el anillo antes que el sol llegue, ponte el mío

-Ni hablar, Damon, no dejaré que hagas eso

-Elena, no hay tiempo para tus tonterías suicidas, ahora estamos pensando en ti, en salvarte y no hay otra solución…

-Y qué pasaría contigo, Damon?

-Ya me las arreglaré- dijo éste- Además, ya he vivido mucho- se atrevió a bromear-Escucha, Elena…si no salgo de ésta quiero que sepas que…

-No!- le interrumpió la morena- no te despidas de mí, no lo hagas!- gritaba la chica intentando librarse de las manos de Damon, pero éste era mucho más fuerte

-Uno, dos…-comenzó a contar el moreno, a la vez que agarraba fuertemente de Elena y comenzaba a quitarse el anillo- tres, cuatro…

-No, Damon, por favor!- rogaba la chica intentando librarse de todas las maneras posibles. Las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas, sintiéndose impotente

-…cinco, seis, siete, ocho- el sol comenzaba a subir y él se convencía cada vez más que si tenía que morir, la mejor manera sería esa: dando su vida por Elena- nueve…-ya tenía el anillo prácticamente quitado-…y di…

-Lo tengo, lo tengo!- gritó Stefan apresuradamente, corriendo hacia ellos y colocándoselo a Elena

Damon la soltó, colocándose bien el anillo y emitió un hondo resoplido, habiéndose sentido más cerca que nunca de la muerte.

Miró a Elena, que abrazaba a Stefan agradecida. Estaba perfectamente bañada ya por la luz del sol y emitió una aliviada sonrisa, sonrisa que desapareció en cuanto ésta se dio la vuelta, pues le propinó un fuerte y sonoro puñetazo que le hizo caer al suelo

-Nunca más, Damon, nunca más!- le dijo la vampiresa iracunda, aun con las lágrimas en los ojos. Luego partió furiosa a toda velocidad, sin esperar a nadie

La pareja amaneció con los primeros rayos de sol, tumbado uno junto al otro en ese enorme y solitario campo de tulipanes, que horas antes había sido el lecho que presenció su consumimiento de amor

-Buenos días…-saludó ésta en un susurro, dibujando una sonrisa

Alex permanecía mirando hacia arriba, con un brazo rodeando a su amada y otro en su nuca, actuando de almohada, miraba al cielo con el ceño fruncido- hola- contestó mirándola y dibujando una encantadora sonrisa a su vez

-Qué te ocurre?- preguntó ésta alarmada- te arrepientes de…?- preguntó sentándose

-No, no!- exclamó éste enseguida, sentándose a su vez- para nada, fue lo más bonito que he vivido nunca- dijo haciendo que la chica se relajara

-Entonces…?

-Estoy preocupado por mi hermano- confesó volviendo a la seriedad

-Hermano? Tienes un hermano?- preguntó dibujando una sonrisa de curiosidad- quién es?

-Seguro que le conoces- dijo con toda naturalidad- es Noíl, el jefe del clan

-No…Noíl!- exclamó la chica perdiendo la sonrisa, sin poder disimular el impacto de aquellas palabras-"oh, dios mío, qué he hecho…"- comenzó a pensar para sus adentros, mirando nerviosamente al suelo, pero enseguida volvió a alzar la cabeza- has dicho que estas preocupado por él…por qué?

-Porque fue a una guerra, al parecer sin importancia, de la que se supone que ya tenía que haber vuelto y no sé nada de él. Tengo un mal presentimiento…

Zuleica sintió su corazón desfallecer al escuchar aquellas palabras, quedó inmóvil y hasta palideció, no era suficiente con saber que las dos personas por las que sentía algo eran hermanos, que en encima, uno de ellos estaba en paradero desconocido, probablemente muerto. Una lágrima asomó por sus ojos con el mero hecho de pensarlo

-Te…te pasa algo?- preguntó éste apartando la lágrima de la mejilla de la muchacha

-No, no…-reaccionó al fin la chica emitiendo una falsa sonrisa, retirando su cara de las manos de éste, se puso rápidamente su ropa y se puso de pies- se… será mejor que me…que me vaya- tartamudeaba la morena intentando, por todos medios, no mirarle a los ojos- mis padres estarán preocupados por mí y…- ni siquiera podía pensar en alguna excusa, giró sobre sus talones y marchó corriendo, sin siquiera poder dedicarle una última sonrisa, aunque fuese falsa: para su desafortunada sorpresa, Noíl había terminado por importarle más de lo que ella misma pensaba.