¡Hola!... Espero que estén muy bien… Yo ando de maravillas, agradeciendo a la vida de que finalmente llegara el fin de semana con feriado (un día más de descanso), lo necesitaba con toda el alma. Antes de dejarles el capítulo de hoy, que sé que debieron estar maldiciéndome por no haberlo dejado la semana pasada ni el día de ayer, quiero disculparme por eso, estuve ocupada y el capitulo no estuvo listo para la semana pasada y apenas hoy tuve el tiempo libre para pulirlo, revisarlo y subirlo. Bien… no hablo más, muchas gracias por su paciencia, un beso… DISFRUTEN!

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Cap. 24: Cuentos de hadas

"Boda"… Esa era la palabra que últimamente veía y oía por todos lados. Londres había enloquecido, no había otra manera de explicarlo, todos los periódicos de sociedad hablaban de la inminente "renovación" de votos de los duques de Lancaster. Era algo increíblemente escandaloso, jamás nadie había hecho algo así. Pero la ciudad estaba feliz con la noticia, rebosante de personas, aunque la Temporada social hubiera ya terminado, todos querían una invitación para la ceremonia de la que aún no se tenían detalles.

- Duquesa tiene una visita…

Otra más, fue lo que pensó Kagome a la par de su suegra, quien amablemente le hacía compañía en el salón rojo, donde estaban recibiendo la ola de personas. La mayoría de las personas eran mujeres, con sus hijas. Era claro que querían saber todo sobre su terrible y mortificante experiencia; toda la ciudad se había enterado de lo sucedido y se había postrado, no literalmente, de rodillas pidiendo perdón por la infamia sobre su escape y engaño al duque con el primo de este. Se había convertido en la mártir de la ciudad, al sufrir en las garras del asesinado espía francés y el cobarde traidor de la corona, Sesshomaru. Esas palabras nos las usaba ella, solo replicaba las leídas en la prensa y las dichas por las mismas visitas.

- Fue una experiencia terrible… - dijo una de las mujeres, a lo que las demás asintieron solemnemente.

Ya había perdido la cuenta de cuantas veces había escuchado eso, durante toda esa semana. Una semana, no había pasado mucho tiempo desde lo acontecido, pero ella veía el suceso como si hubiera sucedido hace años, más que como si hubiera sucedido hace unos pocos días. Pero en fin, era solo una semana y Londres aún quería comentar el suceso, con la esperanza de que ella revelara sórdidos secretos o quién sabe qué cosa.

- Afortunadamente el duque actuó rápido y fue a rescatarte querida – intervino otra de ellas.

- Eso suena tan romántico, como un cuento de hadas…

Cuento de hadas, Inuyasha era el héroe de él. Todos los hombres felicitaban a Inuyasha por su gran hazaña, las mujeres suspiraban por su magnífico rescate a lomos de un caballo blanco, la gente definitivamente tendía a exagerar. Era cierto, Inuyasha la había rescatado, si no hubiera sido por él que llegó en el momento justo tal vez no estaría en esos momentos ahí sentada y sí todo había sido muy heroico; sin embargo no había caballo blanco, ni malvadas brujas, ni dragones. No era un cuento de hadas, era solo un episodio en su historia.

- Lo importante es que ya eso está en el pasado… - ya ni sabía quien estaba hablando, era como espectadora más de la conversación, no quería intervenir, aunque si abría la boca un poco, todas enfocaban su mirada en ella, esperando por lo que tuviera que decir. Ya no era tan divertido ver semejante reacción.

- Sí… Y que se va celebrar una ceremonia, como recordatorio de los votos de los duques – comento emocionada una de las mujeres.

- Sí, ¿de quién fue la idea?

- De mi hijo… - contesto Izayoi, al ver que Kagome no hacia ademán alguno de contestar.

Izayoi había estado al tanto de todo, del engaño de Sesshomaru para obtener el título y todo el asunto del matrimonio. Y le parecía una excelente idea que su hijo y Kagome se casaran, esta vez como Dios manda y sin ninguna intriga detrás de todo. Por supuesto nadie más sabia la historia.

- El duque se volvió un romántico – suspiró una de las damas – No recuerdo que fuera así años atrás, es más, era bastante libertino – Lo siento mucho duquesa…

- No se preocupe – abrió finalmente la boca – Ahora el duque es mi esposo y es lo único que interesa – sonrió con amabilidad y todo el mundo estuvo de acuerdo.

- Oh… pero todo me parece muy divertido – siguió otra con la conversación – Es la primera vez que escucho algo como esto, una renovación de votos, si no uso mal las palabras y se puede decir así… - continuó la mujer - ¿se sienten nervios como la primera vez duquesa?

- Esto… Pues es una sensación muy similar, aunque sin tantas mariposas en el estomago, al fin y al cabo sabes que ya estas casada – Todas rieron y estuvieron de acuerdo con su respuesta.

- Buenas tardes señoras, señoritas – entró el duque a la habitación ganándose un par de suspiros al unisonó – Debo decir que todas se ven supremamente radiantes el día de hoy.

- No deja de ser un adulador su excelencia – habló una de las damas sonrojada.

- Oh, pero si digo solo la verdad que mis ojos ven… - continuó él – Pero todas comprenderán, que no veo a más bella dama que a mi esposa… - extendió una mano hacia ella ayudándola a pararse - ¿me disculparían si la robo de su agradable compañía unos minutos?

- Claro que no importa su excelencia…

- Eso fue muy galante – sonrió Kagome una vez fuera del salón.

- Soy un enamorado de mi esposa y no hay ninguna otra dama que quiera ver…

- Me alegra escuchar eso… - le dio un beso en los labios, antes de caminar a su lado - ¿Pasa algo?... Creí que ibas a estar en el White's con Miroku…

- Estaba en el White's con Miroku, pero todo está muy aburrido… - comentó – Quería venir y estar contigo, ¿acaso no puedo?

- ¡Vaya!... Cálmate – bromeó ella – No sabes cuánto agradezco que me sacaras de allá, creí que iba a morir pronto.

- Bueno espero que no lo hagas… No hasta que tengamos a este pequeñín acá.

La mano de Inuyasha se posó en su vientre aún plano. Su embarazo era confirmado, casi nadie lo sabía, aparte de la madre de Inuyasha y los condes de Aberdeen, nadie más tenía idea de su estado y querían que todo continuara así, hasta que la noticia fuera inminente revelarla.

- Estaba pensando que hiciéramos la ceremonia en Knighton Hall – comentó Inuyasha una vez llegaron a la biblioteca, ambos pasaban mucho tiempo allá.

- Me parece lo mejor, aunque creo que todo Londres espera una gran ceremonia, en la iglesia de Saint George…

- Bueno, nunca dijimos que haríamos algo así, es nuestra boda, nosotros decidimos que hacer.

- ¿Y cuándo nos vamos?

La verdad estaba un poco cansada de Londres, la cantidad de personas que querían verla la estaban abrumando, quería regresar a Knighton Hall, le encanta ese lugar, la casa solariega, sus aires a campos, su cercanía con el mar. Ese lugar era como un paraíso.

- ¿Te gusta la casa de campo?

- Claro que sí… pensé que eso estaba claro – sonrió mientras se subía sobre él, que estaba recostado en el diván.

- Tengo muchas otras propiedades en el campo.

- Lo sé… tienes propiedades en Cornualles, un par en Escocia, tienes otras en el continente…

- Vaya tengo una esposa enterada…

- Tu madre me contó… No solo estoy para comprar sombreros, ¿sabes?

- Claro que lo sé… - con suavidad dio media vuelta dejándola a ella bajo él – No sabes cuánto me alegra volver a tenerte conmigo…

- También a mi… Por fin las cosas van a estar muy bien…

- No te sientes un poco triste por tu hermana… o algo así…

Kikyo, había sido tomada como cómplice en el secuestro de ella. Había sido condenada al exilio por su traición a un par del reino y ahora estaba condenada a vivir en el ostracismo en Irlanda.

- No voy a decir que me alegro por ella – dijo Kagome – Al fin y al cabo ella es mi hermana o hermanastra, en todo caso… No le deseo el mal, pero cometió un error y debe de pagar por él, ¿no?

- Claro que sí… lo mismo que Sesshomaru…

- Está en Nueva gales del sur, la prisión… - musitó Kagome.

- Nunca me llevé bien con mi primo, siempre tuvimos esa rencilla por el título, pero lo que hizo es imperdonable y no me voy a sentir culpable por la condena que está obligado a pagar…

- Yo no me siento en absoluto culpable por lo que le pasó a Kikyo, fue su decisión y debe asumir sus consecuencias… - estuvo de acuerdo Kagome.

- Me preocupaba que sintieras algún remordimiento, me tranquiliza saber que no – le dio un pequeño beso en los labios y sonrió cuando se separaron – Será que te extrañan demasiado si te demoro mas.

- No importa… - sonrió enamorada mientras lo tomaba del rostro para devorarlo con sus labios.

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- Londres está desierto, creo que todos esperaban que de un momento a otro volvieran para la ceremonia – dijo Sango mientras acomodaba a su bebé en la manta.

- ¿Es broma?... todos sabían que nos habíamos ido…

-Sí, pero todos pensaron que volverían, se imaginaron una ceremonia por lo alto, la misma pareja de duques no se casan dos veces – le dijo Sango.

- Bueno, supongo, pero… La sociedad está loca

- Sí, un poco – se rió Sango mientras su hijo balbuceaba con ellas.

- Que grande está… los bebés crecen muy rápido… - dijo Kagome tocándose su vientre de más de cinco semanas, había una pequeña protuberancia en la parte baja, solo se le notaba si se desnudaba, con las voluminosas faldas ni se notaba.

- ¿Cómo te sientes?... – preguntó Sango con una sonrisa, ella conocía de la emoción de sentirse cargando una vida dentro de uno mismo.

- Rara… no hay síntomas ni nada por el estilo, lo que si es que se me despierta el apetito en mitad de la noche – Aunque claro que eso podría ser por el tipo de actividades que tan a menudo venía practicando con Inuyasha, pero eso no se lo iba a contar a Kagome.

- Bueno, según me dijo mi madre hay veces que los síntomas aparecen más tarde o que algunas mujeres ni siquiera sufren de ellos…

- Eso mismo me comento Izayoi en una de sus cartas…

- ¿Cómo le está yendo?

- Al parecer de maravillas – contestó Kagome, su suegra estaba haciendo un pequeño viaje por el continente, ahora que se podía viajar sin problemas ni miedos por la guerra – Está visitando antiguos amigos de ella y el difunto duque… La última carta venía de Italia…

- Entonces Inuyasha y tu andan como de luna de miel o algo así… - sonrió coqueta Sango.

- ¡Sango!... – se rió Kagome mientras acariciaba los cabellos del bebé – La verdad es que… sí…

Ambas se rieron a carcajadas y el bebé las imitó extasiado por las risas en el ambiente.

- ¿Qué es tan divertido señoras?

Miroku e Inuyasha llegaron hasta el pie del árbol donde estaban ellas, habían dejado sus caballos más lejos para tomar asiento con sus esposas.

- Cosas de mujeres cariño – contestó Sango a su flamante esposo.

- Creo que hemos sido excluidos, el único hombre que puede escuchar las conversaciones de las damas es tu hijo… - sonrió Inuyasha mientras se sentaba al lado de Kagome.

- ¿Estás celoso de un bebito? – preguntó Kagome sonriendo.

- Claro que no… es conmigo con quien pasas la noche – susurró en su oído haciéndola sonrojar, le encantaba cada vez que lo hacía.

- Inuyasha – le recriminó en un murmullo, claro que sus dos amigos estaban en lo suyo.

- ¿Qué tal si vamos a dar un paseo y dejamos a ese par solos con su bebé?

Kagome sonrió con un asentimiento y se puso en pie. Inuyasha entrelazo su mano con la de él y la llevo caminando por uno de los senderos de Knighton Hall.

- ¿Leíste el periódico de la mañana? – preguntó Inuyasha cuando ya iban bastante lejos.

- No, algo interesante…

- No, sólo que todo Londres ya enteró de que tendremos un nuevo miembro en los Taisho… el heredero de los Lancaster…

- Dios… ahora tendremos visitas sorpresa de miles de personas o por lo menos tendremos la correspondencia llena…

- No te preocupes, si no queremos que nadie nos vemos, podemos organizarlo, es muy molesto, yo me encargo…

- No quiero parecer grosera…

- No lo parecerás… - le aseguró Inuyasha – Mira…

Kagome sonrió mientras veía el paisaje de los acantilados del castillo. Era increíble, Inuyasha la llevaba todos los días al mismo sitio, justo en el instante en que el sol estaba en lo alto y las aves revoloteaban en el cielo para luego bajar al mar, juguetear con las olas y alzar vuelo una vez más. Era un paisaje imponente.

- ¿Por qué siempre me traes acá? – quiso saber Kagome.

-No lo sé… -aseguró el duque con una sonrisa, mientras abrazaba a su esposa – Me encanta esta vista, es como si todo se conjugara para que se viera así… Como si cada elemento que ves, acordara aparecer justo en este instante y mostrar este espectáculo de belleza… Me fascina…

- Es hermoso… ¿Alguien más lo ha visto?

- No, lo vi cuando era pequeño… Ahora lo has visto tu y traeremos a nuestro pequeño cuando nazca… - le dio un beso en los cabellos y Kagome sonrió.

- Aún falta…

- Bueno, a veces el tiempo vuela…

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- Yo voy a ir…

- No… - Totosai el mayordomo lo tomó del brazo con firmeza y lo sentó – Bébase su whisky y espere sentado.

Inuyasha miró al anciano, no se suponía que era él quien mandaba y no el viejo. Pero bueno, quería mucho a Totosai como para decirle semejante cosa.

- Pero es mi esposa… - dijo Inuyasha como si el hecho no fuera claro para todos.

- Ya falta poco hijo… Kagome lo está haciendo muy bien – su madre salió por cuarta vez del cuarto y le dijo lo mismo.

Si todo estaba así de bien, por escuchaba los gritos de Kagome y sus maldiciones dirigidas a él, había escuchado una muy claramente en que decía que jamás iba a dejar que la volviera a tocar. Esperaba que no fuera cierto, le encantaba tocar a Kagome, lo hizo hasta que el doctor les pidió no tener intimidad marital pues el parto estaba cerca. Claro que Kagome le iba a permitir tocarla, era su esposo, además a ella le encantaba, sus gemidos de placer en la cama lo dejaban claro.

- Mamá… quiero entrar – le pidió como si fuera un niño pequeño.

- Lo sé cariño… - le acarició la mejilla – Pero adentro solo estorbarás y Kagome no necesita a alguien preocupado allá…

Su madre había vuelto para los dos últimos meses de embarazo de Kagome y gracias a Dios, porque no sabría qué hacer si hubiera estado él solo. Lo más probable es que se hubiera desmayado, bueno en realidad lo había hecho y no estaba muy orgulloso de ello. Había caído redondito al suelo cuando Kagome le dijo en el momento en que se preparaban para salir a su paseo de la tarde, que había roto fuentes. Los jardineros que estaban rondando la propiedad tuvieron que ayudarla a llegar a la casa y otro par lo llevaron medio consiente a él hasta la casa.

- No se supone que soy el padre… - dijo Inuyasha a Totosai quien le sirvió otro dedo de whisky.

- Claro que lo es señor… - dijo el anciano.

Lo tenía esperando en la salita fuera de la habitación que compartía con Kagome. Podría estar caminando de un lado a otro, eso había hecho hasta un par de minutos antes, luego sintió que sus rodillas flaqueaban y tuvo que sentarse, otra vez le ayudaron a llegar a un sofá. Esta vez Totosai.

- Entonces por qué no puedo estar allá…

- Porque no podemos acercar una silla en la cama para que esté sentado señor…

- ¿Crees que me desmayaría?... Soy un hombre, de pequeño vi algunos partos, de las yeguas y ¿recuerdas la gata de la cocinera?, estuve en el parto de los gatitos…

Sabía que estaba hablando puras tonterías, afortunadamente Totosai no comentaba nada o se sentiría más idiota de lo que se sentía.

- Bueno, voy a entrar… - dejó el vaso sobre la mesa de centró y se puso de pie con absoluta determinación.

Caminó hasta la puerta, está vez Totosai no lo detuvo, cuando colocó una mano en el picaporte. Escuchó un sonido, más exactamente un lloriqueo; una vez más sus piernas temblaron y puso haber caído una vez más, si Totosai no lo hubiera sostenido.

- ¡Es un niño!...

La puerta se abrió y la madre de Inuyasha salió con lágrimas en los ojos dando la buena nueva.

- Un niño… - musitó Inuyasha con una sonrisa – ¿Escuchaste Totosai? – preguntó a su mayordomo mientras lo abrazaba emocionado.

- Claro que si señora, felicitaciones – dijo correspondiendo al abrazo.

- Vamos, entren, entren… - los apuró Izayoi casi llevándolos a rastras.

- Su excelencia, felicitaciones… - dijo el doctor.

El asintió y se acercó a Kagome, quien sostenía un pequeño bultito en sus brazos. La miró, estudiando que estuviera bien, ella le sonrió. Al parecer no cumpliría la amenaza de que jamás la dejaría tocarla.

- Míralo… - sonrió mientras le acercaba el bebito a los brazos.

Bueno esto no era igual que los gatitos de la gata de la cocinera, pensó para él mismo. Pero aún así no era tan difícil, se sentó al lado de Kagome y tomó al bebé en brazos. Era una bolita de mejillas rosadas y una mata de pelo azabache, el mismo color de Kagome, ojala tuviera sus ojos, si quería esos ojos en su niño. Su niño, ahora era papá. Sonrió a la cosita pequeñita de sus brazos y le dio uno de sus dedos cuando el pequeño abrió su manita, para luego encerrarlo con fuerza.

- Es precioso… - dijo Izayoi mirándolo tras él – Dios… es hermosísimo…

- ¡Ahh!... – Kagome gimió con fuerza asustando a todos los presentes.

- ¿Qué te pasa?...

- Yo no… - un nuevo gemido salió de sus labios, había algo muy raro, le dolía, tal cual una… ¿contracción?

- Doctor… - urgió Izayoi a este quien de inmediato se acercó a Kagome.

- No puede… - el doctor miró a Kagome y luego a los demás.

- Va a tener otro bebé… veo la cabeza…

- ¿Qué?... – Inuyasha se puso pálido, pero esta vez estaba sentado por lo que no se cayó, además no se caería con su bebé en brazos.

- Vamos, cariño, sal de aquí – le quitaron a su bebé de los brazos y se lo pasaron a Kaede quien estaba ayudando a Kagome en el parto.

Totosai lo levantó de la cama y lo llevó fuera.

- ¿Escuchaste Totosai? – le preguntó con una sonrisa nerviosa – Otro bebé… Son dos…

Esta vez la espera fue menos corta y gracias a Dios no se desmayó, eso no hablaría muy bien de él. Su madre salió un par de minutos después, con lágrimas en los ojos y una sonrisa en sus labios.

- Es una niña…

- ¿Niña?... – sonrió y miró a su mayordomo quien se limpiaba una lágrima de felicidad – Tengo una niña…

- Puedes entrar cariño…

Esta vez fue más consciente del ambiente de la habitación, el aroma de la sangre estaba levemente presente en el cuarto. Afortunadamente ya habían abierto las ventanas y el lugar comenzaba a orearse.

Kagome estaba en la cama, recostada sobre los cojines, la cama ya había sido cambiada por sabanas limpias. Su esposa estaba con las mejillas sonrojadas y los cabellos levemente revueltos. Estaba hermosa.

- Inuyasha… - musitó y extendió el bultito en sus brazos – Una niña…

Inuyasha sonrió mientras tomaba a la nena en sus brazos. Un bultito pequeñito y tenía los cabellos del mismo color que el suyo, unas mejillitas rosadas y unos labios sonrosados. En el instante en que le dio un beso en su frente, la pequeña abrió sus ojos, dorados, su niña tenía sus ojos.

- Tiene mis ojos – no pudo guardarse el hecho y sonrió a la par que Kagome - ¿Dónde está mi hijo? – preguntó buscándolo por el cuarto.

Kaede se acercó con el pequeño envuelto en una manta azul y se lo dejó a Kagome.

- Felicitaciones… son dos niños preciosos y saludables…

- Gracias Kaede – contestó Inuyasha con una sonrisa – Gracias…

- Tenemos dos bebés… un niño y una niña… - dijo Inuyasha mirando a ambos bebés sobre su cama, se veían muy pequeños en la inmensa cama - ¿No hacen más que dormir?

- Las primeras semanas sí – le dijo Kagome mirando a sus hijos, eran perfectos.

- ¿Cómo les vamos a llamar?

- Mmmm no sé, hay miles de opciones…

- Quiero llamarla Sakura… - dijo Inuyasha acariciando la mejilla de su bebita – Sakura Taisho, la princesa de los Lancaster.

- Ese título no va ahí… - sonrió Kagome – Y Senkai… próximo duque Lancaster…

- Bueno, ella será mi princesa… - dijo – Me gusta el nombre para mi hijo…

- Bien, creo que resolvimos lo del primer nombre… los demás los pensamos luego… - dijo Kagome sonriendo.

- Kagome…

- ¿Sí? – preguntó mirando a su esposo.

- Gracias…

- ¿Por qué? – miró a su esposo y le sonrió.

- Por todo… agradezco cada momento de mi vida desde que te conocí…

- Aún cuando me acorralaste en tu cama en Londres…

- Eso fue lo mejor de todo… - se acercó a ella y le dio un beso en los labios – Me encanta acorralarte en la cama, en la alfombra, donde sea cariño…

- Fue un extraño comienzo, ¿no?... cualquier diría que las cosas no saldrían bien… - comentó Kagome entre los brazos de su amor.

- ¿Por qué?

- No comenzamos muy bien… empezamos algo así como con el pie derecho… No fue precisamente un cuento de hadas…

- ¿Cómo qué no?... Tuvimos nuestro encuentro atropellado, ese odio entre el príncipe y la princesa, una hermanastra malvada, un cruel villano y hasta un dragón traído del exterior… No tuvimos rescate en el caballo blanco, pero tuvimos fui a caballo… No tuve un espada, pero hasta con un espada te hubiera rescatado…

- Eres un tonto – dijo Kagome sonriendo – Bueno si lo pones así pareciera que si fue un cuento…

- Cada quien escribe su propio cuento, a su manera… Nosotros tenemos el nuestro…

- Entonces al final… "Viviremos felices para siempre"…

- ¿El final?... esto es el comienzo a Kagome, ahora escribiremos el nuevo capítulo, día con día, hora con hora… - miró a sus pequeños y luego a Kagome – Cada día escribiremos nuestra felicidad, al lado de nuestros hijos y del resto que vendrán…

- ¿Quieres más?

- ¿Bromeas?... Quiero llenar el Parlamento con mis hijos…

- Te amo…

- Y nos amaremos para siempre….

FIN

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Jajajaja pobre Inu! Me reí demasiado escribiendo y describiendo al Inu nervioso en el parto! Jajaja

Como les había revelado el capitulo anterior! Este es el FINAL de esta maravillosa historia. Pero no se alarmen, tendremos un EPILOGO a la espera para el próximo viernes, SIN FALTA. Tengo que agradecerles muchísimo a todos ustedes, pero dejaré las lagrimas y la llorada para el próximo viernes…

Por ahora, espero que les haya gustado el capítulo de hoy y todaaaaaaa la historia en general. Tengo una historia que seguir y un nuevo proyecto en el cual aun estoy pensando, pero aún no me cuadran las ideas! Jajaja!...

Espero sus mensajes, comentarios y demás! Un abrazote para todos, un beso! Y NOS LEEMOS EN EL EPILOGO!