Luke la miró pensativo mientras terminaban su comida. Aún tenía el sabor de su beso en la boca, aquel beso de la noche anterior que recorría sus entrañas como fuego.
Se preguntaba qué sentía ella, quería preguntarle mil veces cuánto amaba a Valentine y qué era en realidad lo que sentía con respecto a él.
Tenía la atormentante sensación de que todo era una simple atracción física, una cosa provocada por la misma situación en que estaban, y que en su corazón siempre pertenecería a su parabatai.
No importaba lo mucho que dijera que odiaba a Valentine, no importaba lo mucho que le dijera que estaba enamorada ahora de él. La inquietud seguía allí.
Una nefilim y un Subterráneo ¿En qué pararía aquello?
El restaurant era como si no existiera para ellos. Y debían marcharse rápidamente, aunque nada de eso los salvara en realidad.
Cuando estuvieran en algún lugar pacífico, tendría que sacar todas esas cosas de su pecho.
-No me mires así, Luke- ella interrumpe sus cavilaciones con ese comentario.
-Me sorprendió lo que me dijiste- él evade las últimas cosas en las que estaba pensando.
-Crees que no sea verdad- murmura Jocelyn terminando de mala gana la hamburguesa aquella. Ambos se ponen de pie para marcharse.
-Sí, eso creo. Valentine habrá sido lo que fue, pero lo hizo todo precisamente por su hijo… lo del Levantamiento- decía –No creas que eres la única sorprendida de que haya sido capaz de hacer lo que hizo por celos, yo tampoco puedo creerlo a veces-
-Tal vez tienes razón- admitió –Pero él cambió cuando Jonathan nació, decía que ahora todo debía hacerse para tener un mundo mejor donde pudiera crecer, un mundo para él… sin importar "lo que costara" cy comenzó a ausentarse y pasarse las noches en aquel sótano, y…-
Luke no entendía, y tal vez la misma Jocelyn no entendía por qué había pensado eso. Y no era el tema del que quisieran hablar precisamente.
-Él cambió, y se volvió contradictorio… en todo. Tal vez por eso me costó dejarlo cuando empecé a ver las cosas que hacía…-
-No sigamos recordando eso, no es momento- cortó Luke secamente al fin.
Salieron y, arrancando el carro, dejaron el restaurant de carretera atrás, al igual que muchas cosas de sus vidas pasadas.
En medio de toda la confusión que reinada en el Mundo de Sombras, El Instituto de Nueva York parecía estar totalmente aparte de eso. Robert Lightwood en lo personal no dejaba de preocuparse por el creciente afecto de su esposa hacia el hijo de los Morgenstern que allí crecía.
Supuestamente era su deber que así fuera, pero esto venía abajo cada vez que el jefe del Círculo se aparecía, sin ningún aviso, exigiendo ver a Jonathan.
Jamás dejaría de ser un Morgenstern aquel niño. Robert mucho se temía que la Clave los descubriera, aunque Maryse dijera que el Cónsul actual era un total inepto, que podían tener a Valentine enfrente de sus narices y no darse cuenta.
-Ese inepto fue la causa del Levantamiento- decía Maryse con Jace en los brazos y el pequeño Alec corriendo por ahí torpemente–Nadie en su sano juicio elegiría a un Blackwell Cónsul-
-Bueno- replicaba Robert cansadamente- Si su propio sobrino está en contra de él... es de imaginarse- se restriega los ojos y agrega –Qué desastre, en serio-
-No me importa-
-Debería importarte, amor-
-Mi vida, nuestra vida está ahora aquí, entre los mundanos- ella se pasea por el cuarto, con Alec siguiéndola siempre, y se acerca a la ventana- Cruzas esa puerta y no hay más nada de nuestro mundo-
-Hay un gran Submundo allá afuera. Muchos de ellos, y de nosotros infiltrados en todas partes… Y no olvidemos que Valentine está alborotando todo y los nefilim tenemos más trabajo que nunca. Van a venir más de Idris a raíz de este conflicto-
-Por el ángel… Deseo un mejor lugar para nuestros hijos- ella se estremeció, de frío tal vez, aunque la ventana estaba cerrada.
En eso oyen unos pasos que se acercan por el pasillo, y la sombra de un hombre aparece por la puerta. Era Hodge, y al ver que no interrumpía nada privado, entra.
-Jonathan está creciendo fuerte- comenta -¿Han visto cómo aprende con su padre? ¡Tan joven!- suelta con expresión de asombro. Pero era al que más inquietaban las visitas furtivas de Valentine al instituto.
-Jace, su nombre es Jace, no se te olvide- le recuerda Robert con severidad.
-Sí, qué ironía… Como J.C. – Hodge se acerca a Maryse. También era tutor de Jace, debía enseñarle todo lo referente a su mundo, mientras que Valentine se encargaba de lo otro.
Se sacudió las cavilaciones para entrar en otro tema:
-La Inquisidora no dejará de meter las narices y hacer visitas aquí, no sé cómo estará tomando la Clave todas las acciones que se están viendo en esta ciudad-
-La Clave está muy ocupada con el Círculo- sonrió Maryse con gusto –Tanto mejor, no tienen cabeza para enfocarse en nosotros y lo que ocurre aquí. Tal como planeó Valentine-
-Me pone demasiado nervioso que él venga ¿Creen que lo hará hoy?- Hodge empezó a dar vueltas por el recinto -¿Qué tal si la Inquisidora viene justo cuando él esté aquí?-
-No creo que Valentine no tenga eso muy en cuenta y se las ingenie para evitarlo, Hodge, todo lo debe tener bien calculado-
-¿Estás segura, Maryse?- Hodge la mira severamente -¿Tú crees que Valentine está en total condición de defenderse de todo esto?-
En realidad no lo estaba, buscó los brazos de Robert para sentirse segura, porque de verdad que no lo estaba. Las preocupaciones de Hodge las tenían todos ellos también.
Tal vez era verdad que no estaba en total condición para nada. El jefe del Círculo pasó toda la noche anterior sumido en una fiebre delirante, que no parecía notar el rojo pentagrama dibujado sobre el piso negro en donde practicaban la convocación de demonios… escondidos en un recinto abandonado entre los carriles del metro.
Al igual que Jocelyn lo había hecho, y tal vez en el mismo momento en que ella le había contado a Luke, había pensado en la runa del amor de su pecho. Él nunca dejaba de pasar los dedos sobre esa runa cuando acariciaba a Jocelyn. Deseaba poder ver ahora si ella también la tenía, de seguro que sí, pero él quería verla. Verla y tocarla, como hacía antes.
Ahora, estaban en un lugar que no reconocía en esos momentos, y no le importaba. Sus compañeros le hablaban y no le importaba.
Lo único que había en su mente era aquel cuarto de la casa de Harlem ¿Sería posible? Jocelyn y Lucian en aquel lecho…
-¿Cuántas veces lo habrán hecho a mis espaldas?- dijo en voz alta con tristeza y Celine Montclaire que estaba a su lado lo escucha.
-¿Qué?-
-Jocelyn y Lucian, Celine, ellos- le clavó los ojos azules y la mujer entendió muy bien a qué se refería.
Y se queda fría ante eso. Por más traidores que fueran, ella en ningún momento vio nada que indicara semejante cosa. Pero Valentine estaba envenenado de celos.
-¿En Idris?- balbucea –Eh, no, en ningún momento noté yo cosa alguna, señor- No sabía qué tanto podía confiar en Valentine, había matado a Michael Wayland, a su hijo, y a Stephen Herondale también. Celine seguía en el Círculo porque estaría perdida de estar afuera.
Valentine no estaba viendo las cosas como eran, estaba invadido de imágenes y cavilaciones irreales, enfermizas. Su mente no estaba clara, desde hacía tiempo que no estaba clara, y confundía sus prioridades por ideales inexistentes o malvados.
Ya eran demasiados meses y aquel hombre se imaginaba noches ardientes entre Jocelyn y Lucian, cuando vivían en el cuartucho sobre la Librería Garroway, en las calles como animales, en aquel lugar cobijados por la praetor lupus que había asesinado…
Su Jocelyn, había sido él quién le enseñó todo. Ahora veía que toda la seducción y la pasión que había aprendido con él… la usaba con Lucian. Tenía su rostro juvenil e ingenuo en su mente tan claro como el pentagrama que veía en el piso. Ella era inocente, y muy marginada. Jocelyn Fairchild fue la primera persona que vio su verdadera alma y comprendió lo que sufría. Ella lo apoyaba y era como él ¿Por qué cambió, por qué lo traicionó?
No hallaba otra explicación más que Lucian Graymark, pero muy dentro de él sabía que necesitaba hablar con ella, aclarar muchas cosas que el calor del Levantamiento había silenciado entre ellos.
Recordaba cuando montaban sobre su negro caballo, Valiente, los dos, no hacía mucho, por las sombras de los árboles de Brocelind, Jocelyn se apretaba a él que sentía su dulce respiración sobre la nuca, alborotando su largo mechón de cabello negro que se dejó crecer desde niño y que le caía hasta los hombros (y que ahora llevaba trenzado); y ella, ella seductora deslizaba su mano más abajo de su cinturón de armas.
Mucho más abajo…
Valentine se estremeció.
-No puedo perder todo así- exclamaba ante unos pocos compañeros perplejos que no entendían nada –Debo hablar con Jocelyn, sí, tal vez…- como si los recuerdos de sus años felices, y de su amor, borraran todas las desgracias ocurridas después.
Murmuraba y murmuraba pero luego un fuego le ardía en las entrañas y exclama:
-No, lo mataré, a Lucian. Y a ella, a ella le haré pagar por su infidelidad. Ella, se revuelca con el animal, seguro que sí-
Nadie le decía nada cuando Valentine repetía eso, aunque sus compañeros dudaran en realidad de esa terrible idea.
