Capitulo 27
Luna y George
Ginny estaba en la sala común con Luna, Hermione le había pedido a la rubia que no se separara de ella, porque no se sentía bien y como todos sabían que ella se había golpeado la cabeza, Luna no tardó en dejar tranquila a Hermione confirmándole que sería su sombra.
Como tenían algunas tareas pendientes, la primera media hora ninguna habló, simplemente se limitaban a redactar sus escritos en los pergaminos.
- ¿Terminaste? – Preguntó Ginny.
- Si. ¿Damos un paseo?
- En eso estaba pensando.
Las dos chicas se fueron a dar una vuelta, Ginny prefirió hacerlo en un lugar más bien público así que estuvieron dando vueltas por uno de los patios más concurridos.
De repente al girar en un pasillo Ginny pudo observar como Draco, acompañado por sus gorilas se acercaban del otro extremo y se detuvo, pero el blondo a penas verla les dijo nervioso algo a sus amigos y se marchó hacia otro lado, bajando la mirada sin siquiera mirar.
- Este Malfoy debe haber tenido un encuentro con el sauce boxeador. – Decía Luna – pareciera que alguien le ha golpeado la cabeza y perdió la memoria de lo que era.
- ¿Qué era? – preguntó Ginny
- Un abusivo, malcriado y egocéntrico niño.
- Ojalá haya cambiado.
- Lo dudo, el lobo pierde el pelo pero no las mañas.
- No es nuestro problema.
- es verdad.
- hablemos de algo más alegre. ¿Qué sucede con George? – la vieja Ginny volvía, preguntando de frente y sin tapujos de tal forma que incluso la despreocupada de Luna se atragantó, y mientras era asistida entre tos y tos decía
- George… ¿Quién?... Tu hermano…
- Si, mi hermano George. – Le confirmaba Ginny - ¿Mejor?
- Si – Contestaba la chica ya repuesta.
- ¿Entonces?
- Nada – Respondía Luna – Esta revista es muy interesante habla sobre…
- ¡Vamos! ¿Me voy a enterar cuando tengan su segundo hijo que hay algo entre ustedes?
- ¡Hijos! ¿Tener algo? No sé de lo que hablas.
- Yo los ví antes de año nuevo, en la tienda, cuando fuimos con mamá y Harry.
- ¿Ver? Yo fui a comprar, nada más.
- ¿Seguirás evadiéndome?
- No hay nada.
- Que pena, preferiría que fueras tú mi cuñada antes que Sabrina.
- ¡Qué Sabrina! – Entonces saltó Luna y Ginny sonrió, había caído en la trampa.
- Para ser alguien que no te interesa te preocupa bastante su situación amorosa.
- ¿Amorosa? ¿Sabrina? ¿Quién es esa? – La pelirroja no pudo aguantar más la risa y se largó a reír a carcajadas.
- ¡Te estaba engañando! ¡Y como has caído! ¿No es que mi hermano George no te interesa? – Luna volvió a sentarse, ya estaba atrapada, había quedado al descubierto, pero sabía que podía confiar en Ginny, ella guardaría el secreto, sabía que a la única que podría contárselo sería a Hermione, que tal vez se lo contaría a Ron, que luego se lo diría a Harry y luego el que no debe ser nombrado releería la mente y los abrían todos los mortífagos y de allí ¡A un paso del profeta!
- ¡No! – Gritó sin darse cuenta y Ginny la miró interrogante. Luna se había agitado y tomado el pecho con las manos. - ¡No se lo digas a nadie! ¡Por favor!
- ¿Decir qué Luna?
- Que George me besó y que desde ese momento no puedo sacarlo de mi cabeza y que me manda una lechuza cada dos días para preguntarme como estoy y decirme que me extraña y que espera verme en las vacaciones y que intentará pedir un descanso para esa fecha para salir juntos a algún lado – Lo había dicho todo casi sin respirar y Ginny tardó algunos segundos en procesar toda la información.
- ¿Cada dos días te manda una lechuza? – La rubia asintió – No se lo digas a nadie, menos a mi madre, te escribe más que a ella – Y se largó a reír. Pero Luna seguía preocupada - ¿Qué te sucede Luna? ¡Estar enamorado es fantástico!
- Es que… yo no sé… yo…tengo dudas… esto es nuevo para mí. - Y la pelirroja comprendió perfectamente las dudas de Luna y como alguna vez Hermione la había aconsejado ella también lo hizo.
- Harry es un año mayor que yo – Comenzó a decir – Ron y Hermione tienen la misma edad, bueno en realidad ella es unos meses mayor que él, y tienen una relación bastante apasionada.
- Ya lo sé. Muchos lo hemos advertido – Y ambas reían.
- pero Harry respeta mis tiempos, y abiertamente me ha dicho que esperará todo lo que yo necesite hasta estar segura. George sabrá interpretarlo tal cual Harry, si te quiere de verdad, sabrá esperar hasta que no tengas dudas y como Hermione me aconsejó, lo mejor es hacer las cosas sin ninguna duda, si las tienes, eso te hará sentir mal luego, que es aparentemente cuando viene lo mejor. – Y largó una risa cantarina – Al parecer se genera una conexión muy grande que si se ve coartada por la incertidumbre produce malestar en lugar de dicha.
No he experimentado aún esa conexión, no sé si me entiendes.
- Perfectamente
- Pero confío en Hermione y creo que ella ama mucho a Ron y viceversa, con lo cual debe saber bien de lo que habla.
- Son la pareja perfecta.
- Si, y Harry y yo, Y George y tú.
- ¡Basta! – Decía Luna poniéndose de pie y comenzando a caminar seguida de Ginny.
- ¿Y? ¿Cómo fue el beso?
- No pienso decírtelo, vamos a seguir estudiando– Reía Luna ya más calmada, muchas veces no compartía lo que los demás pensaban, en realidad los demás no compartían su forma de ver y deducir las cosas, aunque con George se sintió rápidamente conectada como ahora lo hacía con los dichos de Ginny.
En una tienda de bromas, en el callejón Diagon, George estaba trazando algunas ideas en un pergamino, pero todo lo que se le ocurría terminaba relacionándolo con Luna.
Ahora entendía a Fred, como se ponía cuando Angelina se le acercaba o le hablaba al oído.
Y eso que su relación con Luna no era ni una cuarta parte de la que Fred tenía con Angelina. ¿había dicho relación? Si al fin y al cabo no había sido más que un beso.
¡Pero que beso! Y lo recordó como si fuese ayer.
Se había quedado el veinticuatro de diciembre hasta tarde, Fred debía pasar antes de ir a la casa por la de los padres de Angelina y él no tenía que hacer más que desaparecerse.
Estaba por cerrar la tienda, ya las calles estaban prácticamente desiertas cuando la vió.
Vestida con un saco que le llegaba hasta los tobillos, de color verde, le pareció un arbolito de navidad y sonrió.
Rápidamente la reconoció, Luna había llamado su atención mucho tiempo antes pero era tres años menor que él, que no era demasiada diferencia, pero al saberla compañera de Ginny ello lo llevaba rápidamente a verla como una niña pequeña.
Algo totalmente inverosímil, porque la chica que le acercaba no era ninguna niña, tampoco una mujer pero definitivamente una hermosa adolescente.
- Hola- Lo saludó
- Hola – respondió, notó que ya todos los comercios estaban cerrados y no pudo evitar preguntarle - ¿Qué haces por aquí?
- Acompaño a mi padre, estamos averiguando si los duendes salen después de las doce a recoger los suministros para tener durante el año.
- ¡Ah! – Se limitó a decir - ¿Y no piensan festejar navidad?
-¿navidad no es para estar en familia?
- Si.
- Y bueno, yo estoy con mi familia, con mi padre. – George revoleó los ojos y asintió dándole la razón.
- ¿Y tú? ¿No deberías estar en tu casa?
- ¡Si! Pero despreocúpate me desaparezco.
- ¡Ah! Olvidaba que tú ya sabes hacerlo, yo recién podré sacar mi licencia el año que viene.
- Lo sé Luna. – Dijo descubriendo que sabía su nombre pero al parecer ella no se sorprendió.
- Bueno George, feliz navidad.- Contestó ella con suma seguridad.
- ¿Cómo sabes que soy George y no Fred? – Luna se sonrojó, demostrando su vergüenza al verse descubierta y ante la mirada interrogante de él le contestó.
- Tú tienes un lunar en el cuello, que él no tiene. Calculo que por un mal bronceado.
- ¡Es verdad! Nadie lo había notado. Hace unos años, yo olvidé tomarme la pócima para no broncearme y casi me calcino bajo el sol del medio día, luego de eso me quedó este lunar. Muy observadora. – la felicitó.
- Esa soy yo, la chica observadora, rara, la lunática.
- A nosotros nos ven igual, los locos y raros gemelos Weasley – Sonrió él para hacerla sentir que no era diferente en ningún sentido, al menor para él.
- Bueno debo irme. Felicidades - Y se acercó para darle un beso, él se puso nervioso, era increíble pero estaba traspirando de los nervios ¡Por Merlín! ¡Qué era solo una chica!
Y comenzó a titubear si dar la mejilla, si poner la derecha, la izquierda. ¿Existían protocolos para eso? ¡Pero que cuernos pensaba! Y mientras se decidía viró el rostro quedando ambos enfrentados.
Y entonces Luna resbaló, a causa del hielo que era provocado por el agua que caía desde el marco superior de la puerta y él la aferró fuertemente, tanto así que sus bocas quedaron apenas a escasos milímetros y sus cuerpos totalmente pegados.
Ella respiró profundamente, cerró los ojos, él no lo dudó, y la besó. Sintió como si en frío de la calle desapareciera y los rayos del sol le golpearan en la cara y en el cuerpo, invadiéndolo de un calor apabullante.
Ella pasó los brazos por su cuello y se aferró al beso que él no tardó en profundizar, su lengua invadió la boca que se abría para recibirla y el tiempo se detuvo.
- ¡Luna! – El llamado del padre de ella los separó abruptamente.
- ¡Voy papá! ¡Adiós George! – Saludó agitada ella y salió corriendo, el se quedó parado sin saber que pensar, si era algo aislado, si fue un accidente o si había algo más y de repente notó que ella volvía sobre sus pasos y arrojándose nuevamente en sus brazos volvió a besarlo, dulce pero profundamente.
- Luna – Susurró él y ella se separó.
- A mi también me gustó – Y luego de esa declaración salió corriendo para perderse definitivamente por las desiertas calles.
Tardó algunos minutos en componerse y en deducir lo que ella había querido decir, para luego tener una revelación. ¡Ella también se había fijado en él en algún momento! ¡A ella también le había gustado! Y sus ojos brillaron, como lo hacían ahora, mientras la recordaba.
- ¡Tierra llamando a George! ¡Contesta George! – Lo llamaba Fred.
- ¿Qué? – preguntó dándose cuenta que lo llamaban
- No debo preguntar en quien estás pensando hermanito. Si solo te falta tener tatuado su nombre en la frente. ¡Luna!
- ¡Cállate! – Lo amonestaba el hermano.
- ¿Callarme? ¿Alguna vez lo hice?
- No molestes.
- ¡Yo estaría saltando como un loco de alegría!
- Pero ese eres tú Fred, yo soy distinto.
- Lo sé. – Le respondía – Hoy le escribirás.
- Si – suspiraba.
- Piensa que pronto comienzan las vacaciones. Y podrás verla todos los días.
- Si – Volvía a suspirar.
- Bueno, a ver si de esa forma recobras un poco tus ideas – Y ambos se trenzaron en una lucha de pergaminos.
En la oficina de Dumbledore, los muchachos practicaron hasta el cansancio, Harry se maravillaba cada vez más de los poderes de sus amigos. Día tras día las dotes de los muchachos se afianzaban.
Por su parte Ron notaba que Hermione estaba nerviosa, al principio intuyó que era debido a la inminente lucha con Lucius, para ella todo esto era novedoso, diferente le era para él que desde hacia muchos años llevaba los dones que practicaba a diario. Debía reconocer que los nuevos poderes eran novedosos para él también, pero de alguna manera notaba, modestia aparte, que siempre se las ingeniaba para asimilarlos más rápido que ella.
De seguro se debía a la aptitud de Hermione de analizarlo todo, bueno, casi todo, porque sabía que al estar con él perdía totalmente la cordura.
Sonrió recordando esos momentos de locura, y observó a su novia leyendo un enorme libro, sentada en el sofá de la habitación de práctica y sin quererlo entró en su mente, con la única idea de saber que estaba leyendo, para ayudarla o tal vez para disuadirla de seguir haciéndolo y repetir alguna de aquellas hermosas locuras.
Pero Hermione no leía, recordaba lo sucedido con Draco y, si bien él demostraba haber entendido muy bien el mensaje estaba un poco nerviosa de que su veta mortifaga, le impidiera cumplir con su promesa.
Lo peor de todo era que si se atrevía otra vez a ponerle una mano encima a Ginny sería ella la que no dudaría y lo mataría sin siquiera pestañear.
De repente sintió como Ron se ponía de pie lentamente y lo miró, bastó simplemente cruzar apenas su mirada para darse cuenta que él ya sabía toda la verdad y sus ojos se ampliaron por la sorpresa.
- ¡Ron! – le dijo e intentó acercarse, pero él la detuvo poniendo entre ambos su brazo extendido.
- Me mentiste – Le dijo acusador, pero aún peor, se notaba un dejo de decepción en el reclamo.
- ¡Déjame explicarte…!
- No, no hace falta. – Y comenzó a retirarse. Hermione no entendía nada, siempre se ponían a discutir, eso lo podía manejar, pero esta actitud tan fría le era totalmente desconocida.
- ¡Espera! ¡Por favor! – Pero no hubo respuesta de parte de él. Sin dudarlo lo siguió, no podían discutir por Draco.
- No pienso discutir – Le decía él observándola antes de comenzar a subir la escalera.
- ¡Detesto cuando lees mi mente! – Le contestaba ella
- ¿Acaso hay más cosas que me ocultas?
- ¡No, Ron! ¡Por favor! Las razones eran obvias, si tú te enterabas ibas a matarlo.
- Nunca lo sabrás, podrías haberme dejado el beneficio de la duda, creo que en este tiempo te he demostrado que soy totalmente diferente a la persona que creías que era, al menos en lo referente a proteger mi identidad. Lo que tú hiciste fue arriesgado, peligroso y demuestras una total falta de responsabilidad con los poderes que tienes. – Un grito o incluso una bofetada no hubiesen sido tan fuertes para Hermione que esa declaración, pero al parecer Ron no quería discutir.
- No creo que seas tan racional – Intentó tantear hasta donde la frialdad de Ron era tan cierta.
- Por supuesto que no – respondía serenamente – Realmente tengo ganas de tomarte por el cuello y acogotarte, pero has visto lo que generamos la última vez, y no quiero repetirlo, con lo cual opto por lo más lógico, me marcho- Comenzó a irse pero de repente se detuvo, giró sobre sus talones y la señaló con el dedo – Pero eso no quita que estoy muy enfadado, más aún, estoy decepcionado de que no confíes en mi. Pero me privo de reaccionar de otro modo porque no quiero discutir más. Sólo piensa si lo que hiciste estuvo bien. ¿Realmente crees que tu actitud fue correcta? ¿Te crees tan poderosa de poder enfrentar tu sola a Draco? ¿En algún momento se te ocurrió siquiera pensar en el peligro al que te exponías? ¿A ti o a McGonagall? – Ella iba a replicar – Entiendo que lo que hizo fue atroz, no quiero imaginarme como estará Ginny por lo sucedido.
- Ella está bien.
- Gracias a ti y te lo agradezco enormemente, pero debes aprender que a veces el poder que tienes lo tienes que reservar. Yo también lo hubiese detenido, sin dudarlo, lo hiciste muy bien, pero lo que hiciste posteriormente fue imprudente e irresponsable.
- ¡Ron! – Él la detuvo de hablar con un gesto de su mano.
- Ahora no, no quiero escucharte, no quiero verte. Hasta mañana. – Miró a varios lados y cuando verificó que nadie podía verlo desapareció dejándola al borde de las lágrimas.
Y lo peor de todo era que él tenía razón, se arriesgó, no por rescatar a Ginny, sino por lo que hizo luego, además, ahora que lo pensaba, la carta, las fotos, eso traería dudas en Draco, Snape podría leerle la mente y descubrir que había un protector. Ahora se daba cuenta de todo. Y se sintió pésima, pero peor era la actitud de Ron, tan desaprensiva y gélida.
Realmente prefería sus gritos y berrinches, podía lidiar con ello, pero no con esa fría actitud, que además le seguía demostrando como él dominaba a la perfección su poder, ya que se controlaba para no discutir, para no ser descubierto.
¡Por Merlín! ¡Si soportó una tortura para no ser descubierto! ¿Cómo dudaría que hiciera todo para protegerse a él y a ella también?
Él no fue a cenar y en cuanto pudo salió del comedor y fue directo al dormitorio de los chicos.
- ¿Ron? – Lo llamó, pero él no contestaba - ¿Ron? – Repitió pero no obtuvo respuesta. Se acercó a su cama y corrió las cortinas; allí estaba tendido en el lecho, completamente vestido, con la vista fija en el techo.
- No quiero verte Hermione, vete, ya se me pasará.
- Pero quiero pedirte disculpas yo…
- ¿Crees que quiero tus disculpas? Creo que no entiendes lo importante que es esto. Por si aún no te has dado cuenta estamos en medio de una guerra.
- No tienes que ser tan insensible, sé muy bien a que y contra quien nos enfrentamos, sé muy bien cuales son nuestras responsabilidades. – Ella se sentó en la cama.
- Ve a tu dormitorio, mañana hablamos.
- ¡No! ¡Yo quiero hablar ahora! ¡Quiero solucionarlo ya! ¡No podré dormir si se que estás enojado conmigo!
- No estoy enojado. ¿Contenta? Ve a dormir.
- ¡No seas sarcástico conmigo Ronald. – Ella pensó que utilizar ese nombre lo haría al menos mirarla, quería ver si aún había algo de esa llama en sus ojos, pero no. Ron ni se inmutó - ¿Qué te sucede? – Hermione estaba extrañada, esa actitud iba más allá de algo normal, le había pedido disculpas, le había dado la razón sinceramente. Pero Ron parecía no reaccionar.
- es tarde, los chicos están por venir. – Entonces ella los hizo invisible
- Solucionado
- Nos escucharán – Entonces invocó un hechizo insonorizador.
- Solucionado – Ron suspiró
- Cuando te pones terca como una mula, me sacas de quicio – decía él haciéndose visible otra vez, virando y dándole la espalda.
Hermione se recostó a su lado, ya que evidentemente discutir no era una opción, intentaría acercarse para lograr su perdón.
Lo abrazó por detrás y comenzó a besar su oreja, su cuello, y a acariciar su pecho e ir bajando por el abdomen, al llegar a la cremallera del pantalón, él la detuvo.
- No estoy de humor. – Esa declaración, la dejó anonadada.
- ¿Cómo? – Preguntó, pensando que había escuchado mal.
- Que no tengo ganas – Le aclaró el pelirrojo sacando la mano del cierre del pantalón, para que no quedaran dudas.
- Así, que después de todo, tienes un talón de Aquiles – Intentaba burlarse ella para sacarle al menos una risa, pero él estaba totalmente impávido - ¡Bueno! ¡Basta! Me cansé de tu actitud, no es muy madura…
- Mira Hermione, no voy a discutir, no tengo ganas de hacer nada y punto. No soy tu juguete sexual que te sirve para calmar tu libido. Hoy no tengo ganas, habrá muchas veces que no tendré, así que puedes ir acostumbrándote a ello. Soy un hombre normal, y en este momento se me da no querer tener relaciones. ¿Comprendes?
- ¿Relaciones? Pensé que hacíamos el amor
- ¡Por favor! No vengas con frases armadas. Sabes muy bien a lo que me refiero. ¿Qué parte de no quiero verte por hoy no entendiste?
- La parte de que estás exagerando la situación. Si, te mentí. Si, te oculté lo de Draco. Si, actué irresponsablemente. Y te estoy pidiendo disculpas. ¡Además tú no eres mi juguete sexual! Eres el amor de mi vida y me molesta esta actitud tan indiferente.
- No entiendes.
- ¡No! ¡No entiendo!
- Yo tampoco, pero hoy quiero estar solo. ¿Puedes irte?
- ¿No puedo siquiera hacerte compañía hasta que se te pase? – Le decía ella acurrucándose mimosa pensando que simplemente agachando la cabeza él reaccionaría.
- No – Secamente directo.
- Por favor… - Le decía ella volviendo a acariciarlo y sin esperar lo giró y se sentó sobre él – Creo que te gusta que a veces sea yo la que domina la situación ¿No? – Decía desabrochándole la camisa, pero nuevamente sus manos fueron apresadas por él.
- hazte visible Por favor – Ella obedeció rápidamente, calculando que él se estaba ablandando. - ¡Vamos! ¡Ve a tu cuarto! – Hermione no lo podía creer, en otra oportunidad ya Ron estaría sacándole también la ropa a ella y listo para poseerla sin problemas.
- No insistiré, me marcho. Pero te ruego pienses en tu postura – Y se desapareció.
Estaba atónita, era la primera vez que Ron la rechazaba de esa manera, esperaba que al día siguiente la situación mejorara.
Ron no podía dormir, los recuerdos que había visto en la mente de Hermione en un principio lo enfurecieron, luego al notar que ella se lo había ocultado y además verla actuar tan irresponsablemente, en lugar de acrecentar esa furia la aplacó, en principio pensó que era debido a que si dejaba desatada esa ira, de seguro traería las mismas consecuencias de la semana pasada, rayos, truenos y falta de magia en todo el castillo, con lo cual decidió actuar serenamente, pero ahora sentía como si su llama interna se hubiese apagado.
Quería estar con Hermione, pero no podía ni mental ni físicamente, sentía literalmente que un balde de agua fría había caído sobre él.
Sabía que estaba actuando en forma exagerada, que ella era sincera en sus disculpas y que gran parte de lo que pensaba no era correcto, pero a su vez era algo que no podía controlar; prefería estar enojado, de esa forma su sangre herviría y luego de gritarle a Hermione toda su frustración por haberlo dejado a un lado, le haría el amor apasionadamente y luego lo solucionarían.
Así eran ellos, se gritaban, discutían, aunque a los demás les pareciera que ahora no lo hacían tan seguido por su noviazgo, si que discutían, pero lo hacían cuando estaban solos; puesto que ahora había una diferencia, el debía quedar como un energúmeno delante de todos, pero ella sabía que él podía refutarle todas sus teorías, incluso ganarle, pero frente a los demás debía seguir siendo el tonto Ron.
Hermione sabía que no lo era, ahora también Harry y gran parte de su familia, pero al analizar su actitud se sentía un verdadero tonto, pero a la vez no lo podía, o peor aún, no quería recapacitar.
¿Estaría castigando a Hermione? No, en todo caso también se castigaba a él mismo.
¿Falta de amor? No, él amaba a Hermione.
¿Qué le sucedía? Sentía que su sangre no corría por las venas, cosa clínicamente imposible, pero esa era la sensación justa.
Sin darse cuenta se quedó dormido.
A la mañana siguiente no se sentía mejor, todo lo contrario, se levantó, duchó y vistió cancinamente, así se sentía, como un anciano que había perdido todas sus fuerzas.
Entonces decidió recurrir a las personas que podrían tal vez ayudarlo y sin dudarlo se apareció en su casa; por suerte se padre aún no se había marchado y de echo estaba desayunando con su madre, y les pidió a ambos hablar.
Arthur y Molly lo miraban sorprendidos, no tenían idea de lo que sucedía pero el semblante de su hijo no era nada bueno.
- ¿Le has mentido alguna vez a mamá? – Preguntó Ron rompiendo el sepulcral silencio que había invadido la cocina de los Weasley.
- ¿Mentirle? – Arthur parecía no comprender.
- Si papá, mentirle, ocultarle cosas. – Arthur suspiró, meditó unos segundos y contestó.
- Muchas veces no le cuento cosas que suceden en el trabajo, cosas sin importancia que podrían preocuparla sin sentido.
- ¿Por ejemplo?
- por ejemplo, algún llamado de atención, si tuve mucho trabajo, si manché mi saco, cosas que resuelvo sólo y no son necesarias decirlas.
- ¿Y si fueran graves?
- La gravedad del asunto está en cada persona. Nunca le mentiría si me subieran el sueldo por ejemplo ¡Ojalá! – Bromeó – O si me despidieran. – Hizo silencio al ver que su broma no había surtido efecto en su hijo, Ron hizo una pausa y luego preguntó.
- ¿Y tú mamá?
- Muchas veces no le cuento las innumerables veces que ustedes se han lastimado levemente, o si alguna comida salía mal, pero si le digo cosas de importancia, como cuando Charly se dislocó el hombro a los cinco años intentando volar en su escoba o cuando casi quemo la mitad de la cocina por un accidente con el fogón.
Ron permanecía callado, mientras Molly hablaba le había servido el desayuno a él pero este lo rechazó.
- Problemas con Hermione – No era una pregunta de su padre, era una afirmación, y Ron simplemente asintió.
- Ustedes dos aún no están casados, pero te hablaré como si lo estuvieran – Dijo Arthur intuyendo el problema – No siempre es necesario decir todo lo que nos sucede, muchos podrían decir que es una falta de confianza, pero hay cosas que no aportan nada al matrimonio y por lo tanto prescindibles de decirlas. No sé que sucedió… - Ron lo interrumpió y comenzó a relatarle lo que hizo Hermione, Molly se dejó caer en una silla ya que estaba de pie sirviendo el desayuno y su marido la tomó de la mano.
- ¡Maldito Malfoy! – Simplemente declaró Arthur
- ¿Qué clase de monstruo es? – Preguntó Molly, pero instantáneamente aventó la mano al aire contestándose ella misma – Con el padre que tiene no sé siquiera para que lo pregunto.
- Ginny está a salvo, eso es lo importante.
- Pero tú y Hermione… - Y Ron le relató su sensación, su vacío por la falta de confianza de su novia, pero obvio la falta de interés sexual para con ella.
- No puedo decirte si la actitud de Hermione fue acertada o no, no creo que eso corresponda a alguno de nosotros dos. Simplemente estoy agradecido que haya salvado a Ginny y no puedo pensar en nada más. Pero creo que de seguro en algún momento pasará esta actitud tuya.
- Siento lo contrario papá, temo que mis poderes me lleven a sentirme de esta manera tan extremista.
- ¿Por qué no lo consultas con Dumbledore?
- Lo haré. – Se levantó y antes de desaparecer les dijo – Su charla fue muy beneficiosa y se marchó.
Ya en el despacho de Dumbledore Ron esperaba alguna palabra de parte de Albus, pero este lo miraba fijamente sin decir nada.
- ¿Y? – Llegó a preguntar cuando notó que le era imposible entrar en la mente del director; Dumbledore lo miró y luego le sonrió diciéndole
- Sus poderes son tan amplios y tan desconocidos…
- ¿Y el nuevo manuscrito? – Lo interrumpió Ron
- Tu sabes – le explicó – que los escritos se encuentran en una lengua antigua, que ya les enseñaré, además nadie sabe el origen de esta condición y aún menos los poderes que se gestaron a partir de su unión. Yo estoy leyendo poco a poco, pero debo ir despacio y retrocediendo sobre la traducción, cuando veo que es incorrecta. Esto entorpece enormemente el adelantarme a sus nuevos poderes. Hasta ahora, sólo por sus experiencias, con algo de intuición y mucho de suerte he logrado develar alguno de sus nuevos dones pero seguimos en absoluta tiniebla. Lo que no cabe duda es que ustedes están conectados en forma absoluta con los poderes, que todo lo que les suceda sentimental o físicamente estará relacionado con algo nuevo.
- ¿Bueno o malo?
- Tú sabes la respuesta mejor que yo, no hay buenos o malos dones, hay…
- Buen o mal uso de los mismos.
- Exacto.
- En definitiva no puedes adelantarme absolutamente nada.
- Lo siento, pero intentaré buscar algo relacionado en el manuscrito.
- Se lo ruego, siento un vacío profundo, sé que mi actitud es irracional, pero no la puedo controlar – Abandonando su lugar frente al director donde se hallaba sentado, Ron se puso de pie, y se acercó a la ventana; sobre el borde de la misma había una hermosa flor con enormes pétalos blancos dentro de una maceta.
El pelirrojo acarició uno de los mismos y la flor comenzó a marchitarse provocando que ambos presentes se asombren.
- ¿Qué significa esto? – Ambos se miraban con total estupor, Dumbledore llamó a su fénix y lo acercó a Ron ordenándole
- Tócalo – Ron dudó - ¡Tócalo! – Volvió a repetir enérgicamente – No le harás daño. – Ante esa declaración Ron pasó la mano por el ave, la cual en apenas unos segundos se incendió, convirtiéndose en cenizas de las cuales nació un nuevo fénix.
- ¡Por Merlín y Circe! ¿Puedo matar con el simple tacto?
- Aparentemente – Dumbledore aún reflexionaba.
- ¡Entonces no debo acercarme a nadie!
- Llamaré a Hermione, esperemos que ella no tenga esa capacidad.
- Yo la buscaré – Ron no esperó y desapareció reapareciendo casi al instante con la castaña que estaba sorprendida por el casi rapto, pero su estupor fue aún mayor cuando le contaron lo sucedido.
Sin esperar ella se acercó a la flor marchita y también la tocó, pero al contrario del efecto producido por Ron, los pétalos tomaron su blancuzco color y lozanía anteriores.
- Yo doy muerte. – Declaraba cancinamente Ron
- ¿Yo revivo? – preguntaba tristemente Hermione.
- Aguarden, tal vez no es muerte lo que provocan, nadie puede revivir a los muertos, es algo mágicamente imposible aún con sus poderes.
- nunca lo sabremos – le contestaba Ron
- Todo lo contrario, ahora mismo nos sacaremos esa duda – Y sin esperar más el director se acercó y abrazó al pelirrojo el cual no pudo hacer nada para evitar tocarlo y cuando intentó hacerlo ya era demasiado tarde.
Dumbledore se separó lentamente de él y los dos chicos pudieron ver como su rostro empalidecía, sus ojos perdían su luminosidad y su cuerpo caía al suelo.
Ambos se quedaron estáticos sin saber que hacer observando el cuerpo inerte del director.
- Lo maté. ¡Lo maté! – Repetía Ron desesperado pero Hermione agachándose lo hizo detener con un gesto de su mano.
- ¡Míralo bien! – Exclamó – Aún respira, no está muerto, se encuentra en un letargo – Y sin dudarlo posó su mano sobre el pecho del profesor el cual se recuperó luego de algunos segundos, sus signos vitales y facciones habituales ya estaban normales, y una vez repuesto, simplemente los miró y sonrió.
- Me encuentro muy bien. Tranquilízate Ron – Declaró el director.
-¡Tranquilizarme! ¡Tranquilizarme! ¿Y si no estuviese Hermione? ¿Quedaría como la bella durmiente? ¿Hasta cuando? Soy peligroso…
- Espera Ron – Hermione intentó acercársele pero él retrocedió.
- ¡Alto! ¿Y si te tocara a ti? ¿Quién te rescataría?
- No sabes si tiene ese efecto en mí, además cuando me trajiste aquí no pasó nada al darme la mano. – Le replicó la castaña.
-N estoy seguro de ello y no voy a arriesgar tu vida por no saberlo. Hasta encontrar una solución me recluiré en la habitación de práctica. – Y sin más desapareció.
Dumbledore y Hermione se miraron.
- No descansaré hasta encontrar la solución – Le aseguró el director haciendo aparecer una pócima, la cual bebió inmediatamente – Esto me permitirá mantenerme despierto…
- La pócima para evitar el sueño, somnus interrumpere, creí que era un mito – Luego Hermione hizo una breve pausa pensando en los efectos de la pócima – Pero es altamente peligrosa.
- Sin lugar a dudas, y te ruego que nunca hagas uso de ella Hermione.
- ¿Y usted?
- Yo tengo algunas cualidades especiales también – declaró serenándola Dumbledore – Ahora ve y descansa – Le dijo mientras él se sentaba a leer unos pergaminos.
Hermione obedeció rápidamente.
Más era fácil irse, pero no lo era descansar, el saber que ella era en gran medida responsable por lo que estaba sucediendo la mortificaba con lo cual se dedicó a hacer lo que hacía mejor, investigar.
Dumbledore seguía leyendo el libro que le había conseguido Snape, cuando observó algo que lo maravilló.
- No puede ser. – Y una sonrisa se dibujó en su rostro. Pero con el problema de Ron su rostro volvió a opacarse. ¿Cuándo podrían hacer uso de su revelador y poderoso descubrimiento?
