Disclaimer: Pues no, nada de esto es mío, excepto Kara y pocos personajes más.

N/A: Tenía el capítulo acabado desde la semana pasada , pero por diversos motivos no he podido colgarlo antes. Sorry!! En general el capi no está mal, aunque podría haber estado mejor. Como vereis estoy intentando acelerar un poco el fic, poruqe sino se va a hacer eterno y voy terminar con 60 capítulos XD.

Ale, espero que os guste!!


"Despierta, tiemblo al mirarte;
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma
yo velo mientras tú duermes."

25. Duerme

Cuando despertó se llevó una mano a la cabeza. Estaba mareada y tenía la vista nublada. Descubrió que estaba en la cama de su habitación, con los doseles a medio echar. Se removió ligeramente. No recordaba nada...o casi nada. Había llegado a su clase de Historia, se había sentado en su pupitre y a partir de allí todo era un borrón negro.

-Me llamaste Tom.

Giró la cabeza hacia la derecha para descubrir que su maestro estaba recostado en un enorme butacón junto a ella. En sus rodillas había un libro abierto por la mitad, señal de que llevaba un buen rato allí. Sus ojos azules centelleaban en la semi oscuridad de la habitación.

-Has estado pronunciando mi nombre en sueños. Poca gente conoce mi nombre muggle, así que me pregunto cómo lo habrás averiguado.- no había enfado en su voz, ni siquiera reproche, sólo una simple curiosidad y quizás, algo de complacencia.

-Lo siento... - en la mesita de noche vio un frasco vacío de lo que pudo identificar como poción para dormir sin sueños. Eso lo explicaba casi todo.

Él no contestó. Con un movimiento de mano el libro que tenía en las rodillas se cerró y voló hasta su lugar en una de las estanterías.

Con un poco de esfuerzo logró incorporarse y se restregó los ojos para intentar aclarar su vista. Un largo bostezo salió de su boca y ni siquiera se molestó en disimularlo. Luego se desperezó y apoyó la espalda en la pared intentando que ,al estar fría, la terminara de despejar.

Voldemort seguía mirándola con atención, sin perderse ninguno de sus movimientos. El hecho de que su aprendiz supiera su verdadero nombre lo había sorprendido. Nadie entre sus seguidores sabia nada de su vida de estudiante, ni siquiera los más allegados, por lo que era imposible que se lo hubiera oído a su padre, o a Malfoy, ni siquiera a Snape. Pero había un hecho que lo preocupaba todavía más, y es que ni siquiera le había importado. Se había sorprendido, sí, pero de alguna manera no le importaba que ella supiera algo de su "vida anterior".

-Es igual, no has cometido ningún crimen.- su voz sonaba relajada pero se endureció al pronunciar la siguiente frase.- Aún así, no me llames de esa manera delante de nadie

-Sí, señor.

Kara miró a su alrededor sintiéndose un poco incómoda. No sabía cómo comportarse delante de su maestro. Cansada de estar en la cama, hizo amago de ponerse en pie. Justo en ese momento, Voldemort hizo lo mismo mientras le tendía una mano. Ella lo miró con una ceja enarcada. Podía ser inocente, pero no tonta; y ese comportamiento no era normal.

-Por si acaso.- dijo mientras se encogía de hombros con toda naturalidad.

-Creo que puedo levantarme yo sola, gracias.- le contestó mientras rechazaba su mano. Todavía quedaban vestigios de orgullo Gryffindor en ella, y de momento no tenía ninguna intención de echarlos a perder.

Con obstinación apoyó ambas manos en la cama y se puso en pie tambaleante. Al principio se mareó pero consiguió manterner el equilibrio. Con pasos vacilantes dio la vuelta a la cama y se encaminó hacia el balcón. Cuando sus pies tocaron la fría piedra desprovista de moqueta, del suelo, un escalofrío la recorrió.

Comenzaba a atardecer. El sol arrancaba reflejos de tonos anaranjados al paisaje, dándole un aspecto todavía más mágico si cabía. Desde el bosque cercano que rodeaba la mansión podía oírse los últimos cantos de los pájaros antes de regresar a sus nidos; a su vez también comenzaba a oírse el ulular de las lechuzas y el resto de aves nocturnas. Una suave brisa acariciaba las copas de los árboles y su propio pelo, jugueteando con él como un niño travieso.

Se apoyó en la balaustrada de piedra y miró hacia abajo : hombres que iban y venían peinando cada rincón del terreno, velando por la seguridad de cada uno de los habitantes de la casa. Allí todos se alimentaban de todos. No había nadie ocioso, todo el mundo tenía una tarea asignada. Deseó alejarse de ese ajetreo, estar sola en la mansión. Recordaba las que habían sido sus vacaciones de los últimos años : ella sola, en su mansión, con la única compañía de Wela- que por supuesto, se marchaba cuando ella se lo pedía- y de sus libros. Adoraba poder pasear por el jardín de su casa descalza, en pleno verano y con el césped recién regado; adoraba poner perdido el vestíbulo de su casa al entrar en ella con los zapatos embarrados; adoraba quedarse hasta las tantas en su salón con la chimenea encendida y viendo uno de los mejores inventos de los muggles : el televisor.

Allí no tenía nada de eso. Sólo tenía los fríos saludos por cortesía de los mortífagos. Falsas sonrisas de comprensión que no eran más que condescendencia u odio encubierto. A penas un par de personas sentían empatía hacia ella. Si la "respetaban" era porque todavía quedaba en sus mentes restos del recuerdo de su padre- un gran hombre que eligió un mal camino- o por su posición actual. Y ella era consciente. Era consciente de que con formular su deseo, podía acabar con la vida de cualquiera; un simple movimiento de mano y tendría lo que quisiera.

Volvió al mundo real cuando notó una tela deslizarse sobre sus hombros. Era su túnica.

Se giró para encontrarse con los ojos de su maestro.

-No querrás resfriarte ¿verdad?

¿Resfriarse? Todavía llevaba la ropa de la mañana ¿Cómo iba a resfriarse?

-Supongo que no.

-Bien.

Ambos se mantuvieron en silencio durante un buen rato, apoyados en la balaustrada codo con codo y viendo simplemente como el sol se iba poniendo y la Luna ocupaba su lugar. La Luna, aquél satélite que tanto maravillaba a Kara. Había algo en ella tan misterioso y atrayente...la Dama de la Noche; una luz en la oscuridad.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de la chica.

-¿Te gusta?

-Me encanta.- se sinceró. Miró a Voldemort sin dejar se sonreír. Durante un momento pareció que sus ojos eran grises, pero al segundo siguiente la ilusión había desaparecido. Él lo atribuyó al reflejo de la Luna.

Algo se removió dentro de él que le hizo regresar a su comportamiento habitual.

-Creo que será mejor que entremos. Comienza a hacer frío.

Kara le echó un último vistazo a su "amiga" y siguió a su maestro hasta dentro de la habitación. Con un solo movimiento de varita, Voldemort hizo que se cerraran los enormes ventanales, se corrieran las cortinas y se encendieran las lamparitas que habían en ambas mesillas de noche.

-No es necesario que bajes a cenar. Descansa, mañana te espera otro día duro.

Hizo caso de lo que le decían. Una vez su maestro se hubo marchado se cambió de ropa y se metió en la cama. A pesar de haberse pasado medio día durmiendo, todavía se sentía un poco cansada. Al cabo de media hora, volvía a dormir a pierna suelta, por lo que no se dio cuenta de que silenciosamente, alguien se había vuelto a colar en su habitación.

OoooOoooO

-¡Esto es un desastre!-gritó mientras se dejaba caer en el suelo exhausta y sudada.

-Vamos, levántate.

-¡Me niego! Es la quinta vez en una sola mañana que me ganas. ¡Estoy harta!

Lucius se llevó una mano a la cara. Las vacaciones de Navidad estaban a punto de terminar y a pesar de que habían avanzado rápido, habían tenido que frenar bruscamente cuando descubrieron que si combinaban defensa y ataque, Kara resultaba ser...un poco patosa.

Su agilidad había mejorado bastante, al igual que su velocidad ( ahora sólo salía con un par de moretones de cada clase) y había aprendido rápidamente las técnicas de autodefensa muggles , pero a la hora de combinar todos los aspectos la cosa no resultaba ser tan eficiente. Frustrada, incluso le había pedido a Lucius que le diera clases extra por las tardes, pero no había manera. La espada se le resistía.

-Por Dios, Kara. No puedes pretender ser una combatiente perfecta en tan sólo dos semanas. De hecho, es bastante sorprendente que hayas aprendido tan rápido teniendo en cuenta...tu escasa coordinación

-Vaya, muchas gracias.- musitó todavía desde el suelo.- Es un gran consuelo saber que todo el mundo me considera una torpe.

-No te estoy llamando torpe, sólo resalto lo evidente.- como regalo recibió una mirada envenenada de la castaña.- Kara, un verdadero guerrero sabe que al perder una batalla, está mejorando su arte de mejorar la espada. Sabrá luchar con más habilidad en el próximo combate.

-Esa frase no sirve conmigo. ¡A penas consigo sostener la espada!

-Ten paciencia.

-Paciencia...- refunfuñó mientras se ponía en pie y se sacudía los pantalones. Recogió su espada del suelo, la envainó y se volvió hacia su profesor.- Pues mira la paciencia que tengo: me voy.

Al rubio no le dio tiempo a replicar, porque efectivamente, su alumna se había marchado.

Kara salió frustrada del gimnasio. Tardes de agotamiento para nada. Era una negada con la lucha cuerpo a cuerpo. Con un gesto molesto se recogió el pelo enmarañado en una coleta y conjuró una toalla para secarse el sudor. Ni siquiera iba a regresar a su habitación ¿para qué perder más tiempo? Se dirigió directamente hacia la clase de Snape.

Éste parecía ser el único que no le daba tanta importancia a su entrenamiento, porque durante las dos semanas que llevaba asllí, sólo se habían dedicado a repasar pociones que ya había estudiado en la escuelo. Muchas era interesante recordarlas, como las curativas, las revitalizantes y otras cuantas; pero estaba segura que no era eso lo que Voldemort quería que Snape le enseñase. Además, el comportamiento del profesor de pociones había cambiado repentinamente desde había un par de días.

-¡Cuidado por donde vas!

Paró en seco cuando oyó la voz. Miró a su alrededor pero no vio nada. Pensó que había sido una broma de su mente para sacarla de sus cavilaciones y devolverla a la realidad. Entonces notó como algo le rozaba las piernas.

-Ah, hola Nagini.-­dijo cuando descubrió a la serpiente.- Perdona, no te había visto

-No importa, pero mira por donde vas y no te quedes soñando.

-Sí, sí. Lo siento.

Por alguna extraña razón, desde hacía un par de días era perfetamente capaz de hablar pársel. A pesar de que había estado estudiando el libro que Voldemort le había prestado y que había sido capaz de formular un par de frases, un día de repente, se despertó y descubrió que entendía perfectamente a la enorme serpiente que siempre la había intimidado tanto. Al explicarle el extraño suceso a su maestro, él tampoco había sabido darle una razón, pero le había dicho que mejor no se quejara. Ahora tenía una cosa menos que estudiar.

-¿Vas a ver a Snape?-le preguntó la serpiente con sus ojos sin párpados clavados en los suyos. Ell asintió.-Pues dile que el amo quiere verle para que le informe de las últimas novedades de la Orden. Ese viejo...Dumbledore, lleva mucho tiempo sin hacer nada. Seguro que está tramando algo.

Kara supo que la cara se le había desencajado. Sólo alcanzó a asentir dando a entender que había captado el mensaje. Vio a la serpiente deslizarse de vuelta al despacho del Señor Tenebroso mientras ella se quedaba allí, en medio del pasillo. Snape ¿miembro de la Orden? Eso explicaba porque el viejo y loco director de Hogwarts confiaba de manera tan ciega en el oscuro profesor. De alguna manera sabía que las lealtades del mortífago estaban con él. Y ella también lo sabía.

Y también sabía que eso le suponía un problema.

Apresuró el paso hasta llegar a la clase de Snape. Éste ya había puesto un caldero al fuego y había apuntado la poción que practicaría hoy en una pequeña pizarra. En ese momento se encontraba detrás de su escritorio con la vista pegada en un pergamino en el que escribía a gran velocidad. Al verla entrar levantó la mirada durante unos segudos, pero no le dijo nada hasta que terminó lo que estaba haciendo.

Cuando volvió a levantar la vista, ella no se había movido de la puerta. Desde allí lo miraba con reproche y una muerca descorazonadora en el rostro.

-Hoy harem...

-¿Por qué no me lo había dicho?.- le cortó antes de que pudiera seguir.- ¿Por qué me ocultó durante todo este tiempo que estaba trabajando para Dumbledore?.- Snape palideció y una mueca agria cruzó su rostro.- Sabía que yo no estaba cómoda aquí, y aún así me mantuvo lejos de lo que podría haber sido la solución.

-No sé de que habla, Langdon.

-El Señor Tenebroso quiere verle para que le ponga al día de las últimas novedades, Profesor Snape recalcó las dos últimas palabras para remarcar su decepción él. Durante la última semana se habían acostumbrado a tutearse.- Quizás debería ir ya. Ya sabe, al amo no le gusta esperar.

Con el entrecejo fruncido, Snape cruzó la habitació para dirigirse a la puerta, pero antes de que pudiera salir, Kara le cogió del brazo.

Sus ojos eran grises, gélidos, y al igual que había pasado en el castillo cuando se la encontró destrozando los baños, sintió que con esa mirada le arrebataba parte de su fuerza, parte de su magia. Intentó apartar la vista, pero por alguna extraña razón le era imposible. Y comprendió cuál era esa extraña razón. La chiquilla había logrado controlar su mente; en un momento de descuido se había introducido en ella y había anulado su voluntad.

Al contacto de la mano de la chica con su brazo, sintió la Marca Tenebrosa arder. Reprimió una mueca de dolor.

Ni se le ocurra decirle a Dumledore nada de mí, ni de mi misión.- susurró amenazante.- Si descubro que lo ha hecho, por mucho que me pese, le delataré ante Voldemort. Estoy segura de que le interesará saber dónde están las lealtades de uno de sus mortífagos favoritos.

¿De verdad crees que va a hacer caso a una simple niña?- se atrevió a decir.

No tentemos a la suerte.

Después de un movimiento brusco dejó que su profesor se marchara. Luego, ella se dejó caer en el lugar que solía ocupar. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Amenazar a Snape? ¿Amenazar a la única persona que podría haberla sacado de todo aquello?

Había sufrido un ataque de pánico; la simple idea de que Dumbledore pudiera enterarse de todo la había hecho enfermar. No era sólo que Dumbledore se enterara- después de todo, si había podido perdonar a Snape, por qué no a ella- eran las consecuencias de que lo hiciera : Harry y por descontado el resto de sus amigos. ¿Cómo iba a reaccionar el niño que vivió al enterarse de que alguien al que acababa de entregar su confianza estaba infiltrado en las filas de Voldemort? ¿Y Ginny? El simple hecho de salir con un Slytherin había provocado que casi terminaran matándose. Ron, Hermione...Todos.

Si se descubría su verdadera identidad podía despedirse de toda su vida. Se quedaría sola y sin amigos. Y eso era algo que no estaba dispuesta a soportar. Había tenido que llevar en silencio la ausencia de su padre y de su madre, ¿por qué tenía, entonces, que seguir sufriendo?

Todo era muy injusto.

Una vez se hubo calmado apagó el fuego sobre el que estaba el caldero y salió del aula. Lo que más necesitaba en ese momento era despejarse.

Cruzó el pasillo hasta la puerta que estaba al otro lado del gimnasio. Dio varios golpes suaves en la puerta y esperó a que le contestaran desde dentro.

-Adelante.

-Buenas.- saludó mientras asomaba la cabeza. Paul levantó la vista del libro que estaba leyendo.

-Creía que no nos tocaba clase hasta después.

-Y no nos toca.- contestó ella mientras entraba.- Pero necesitaba molestar a alguien.

-Me alegra saber que te soy útil de alguna manera.

-Por supuesto; yo sé sacarle partido hasta al trasto más inservible.

Paul hizo una mueca que pretendía representar el dolor que le había provocado su comentario.

Ella, en vez de sentarse en su pupitre se sentó en el escritorio, a su lado, dándole la espalda a la puerta y mirándolo. El dejó de lado el libro y también la miró.

-¿Quieres contarme algo?

-Ayer soñé con Matthias.

No era de eso de lo que precisamente quería hablarle, pero servía igualmente. De una manera extraña y después de los baches iniciales habían logrado conectar, encontrando así un aliado el uno en el otro en un mundo al que ambos sentían que no pertenecían.

-Ah, tú exnovio...

-Sí, ése mismo. Por lo visto, debes caerle bien, porque me habló de ti.- Paul la miró con mayor interés. Desde hacia varios días Matthias había aparecido en los sueños de la chica, pero sólo para hacerle compañía.- Decía que eras un buen tipo y que debía confiar en ti; tienes suerte de tener tan buen aval...

-Si es que en realidad soy un angelote.- le sonrió. Disimuladamente, había colocado una de sus manos en la rodilla de la chica.

-No te emociones.- añadió mientras apartaba de la mano del hombre de su pierna.- Tener un buen aval no te da derecho a tomarte tantas confianzas...

-Y yo que me ha había hecho ilusiones...- suspiró fingiendo abatimiento.- Sólo un besito...

-Paul...

Con un movimiento rápido la cogió de la cintura y la hizo sentarse sobre sus rodillas, a horcajadas. Ella contuvo la respiración sorprendida, con los ojos abiertos de par en par; como una presa que mira asustada a su cazador. Una presa muy apetecible, de hecho.

-Sólo uno...pequeñito.- susurró al borde de sus labios, con su aliento acariciándole. Ella llevantó un dedo en señal de advertencia. Podía sentir su corazón bombeando rápidamente, a punto de estallar.

-Ni se te ocurra.- él chistó.

-Qué lástima.

Lentamente, ella se recolocó sobre sus piernas, quedando las suyas propias colgando por uno de los lados de la silla. Apoyó su cabeza en su hombro sin que él quitara sus manos de su cintura.

-Que conste que es porque no quieres.

-Por supuesto que no quiero. Aprovechado.

-¡Pero si hasta tu ex dijo que era un buen partido!

-No; dijo que eras un buen tipo, no un buen partido.

Kara sonrió y él le devolvió la sonrisa con sus ojos chispeando. Aquellos ojos que eran tan iguales y tan diferentes a otros... Eran unos ojos sinceros, puros, del color del cielo despejado, que le recordaban a una soleada tarde de verano. Por lo visto, sentía una extraña debilidad por los ojos claros.

-Algún día lo conseguiré: caerás rendida ante mis encantos.

-No lo dudo.- murmuró ella mientras se recostaba entre sus brazos.- ¿Qué tal si echamos una cabezadita?

-¿Y la clase?

Ella que ya tenía los ojos cerrados abrió uno sólo para mirarlo. En esa posición parecía una niña pequeña.

-¿Quién necesita clases cuando se puede dormir?

-Tienes toda la razón.- concedió él mientras apoyaba la cabeza en el respaldo y cerraba los ojos.

Cuando salió un par de horas después de la clase, todavía bostezando se encontró de frente con Snape, que en ese momento salía del despacho de Voldemort. Ambos se quedaron quietos y callados en medio del pasillo mirándose, analizándose mutuamente.

Kara se dispuso a seguir su camino hacia su habitación para cambiarse y prepararse para comer, pero el brazo de Snape le bloqueó el camino.

-No le diré nada a Dumbledore. Es cosa suya decidir dónde está su lealtad. Pero no crea que lo hago por usted; sólo defiendo mis propios intereses.

Kara enarcó una ceja.

-Todos conocemos a gente que intenta tapar sus buenas acciones con ironía y desinterés; como si amor fuere sinónimo de debilidad.- dijo

Luego se marchó dejando a Snape sólo en medio del pasillo.

OoooOoooO

Las vacaciones de Navidad acabaron, y con ellas la "tranquilidad" de la que Kara había estado disfrutando. A la vuelta de los días de descanso se encontró con todo sus amigos; incluso con una Hermione algo demacrada pero feliz de regresar al castillo. Las aguas parecían volver a su cauce. El castillo le daba una seguridad que la mansión Riddle no le transmitía; pero sabía que en poco tiempo tendría que abandonar la seguridad del nido. De hecho, a partir de ese momento, todos los fines de semana regresaría a la casa para seguir con su entrenamiento. La excusa había sido que su padre estaba muy enfermo y quería pasar sus últimos momentos con ella.

Podía ser una torpe, pero era toda una maestra engañando.

Le prometió a Ron terminarse con él la ingente cantidad de dulces que le había regalado y que no había tenido tiempo de probar. Después de darles las gracias a todos por sus regalos, subió a su habitación a dejar todas sus cosas. No había podido llevarse consigo la espada, ni los libros de los que había estado estudiando, puesto que habría resultado extraño, pero Paul le había provisto de varios manuales bastante instructivos que no llamaban demasiado la atención.

Cuando bajó de nuevo se encontró con Harry, al que no había podido saludar antes.

-¡Hola!

-Así que era eso lo que no me querías enseñar ¿eh?.- dijo mientras la abrazaba. Kara pudo ver que en una de sus manos sostenía un pergamino enrollado y sujeto con un lazo rojo. Se encogió de hombros.

-¿Mereció la espera?

-Desde luego. Ron lleva todo el viaje quejándose porque dice que a mi me has sacado más guapo que a él.

Rió. Rió con una risa franca, como hacía mucho tiempo que no hacía.

-¡Eso no es cierto!- rugió Ron desde lo alto de las escaleras; Harry que todavía tenía un brazo sobre los hombros de Kara, rió por lo bajo. –Es imposible sacarte más guapo, porque todo el mundo sabe que yo soy más guapo que tú.- continuó mientras bajaba los escalones hasta reunirse con ellos.- Por cierto, ella- señaló a Kara.- es mía, yo la ví antes, así que no la toques.

Arrancó a Kara de los brazos de Harry y la estrechó entre los suyos propios mientras le sacaba la lengua al ojiverde. La chica seguía riendo.

-No te pongas celoso, Ronald. Toda tuya...

-Eh, eh, que yo no soy de nadie.- consiguió decir ella todavía entreriendo.- Sólo seré de aquél que yo decida. Y de momento, no sosis ninguno de los dos. Lo siento chicos.

-Pues menudo chasco...

Así, poco a poco, todos volvieron a su rutina diaria, aunque el ambiente entre ellos estaba enrarecido. Lo achacaron a que se acercaba la época de exámenes, época en la que tanto Hermione como Kara se ponían histéricas; aunque eso no explicaba las extrañas desapariciones de la pequeña, que ni siquiera daba señales de vida en las horas libres. Además, Ginny estaba harta de tener que ir cargando todos los días con el correo de su amiga. Cada día, sin falta, recibía un enorme sobre. La castaña se excusaba diciendo que eran noticias de su padre y de su estado de salud, cuando en realidad era temario para estudiar y trabajo que le enviaban desde la Mansión Riddle.

La sobrecarga que tenía con el material de estudo la hacia muy susceptible a estímulos externos: durante los último días había reaccionado de manera muy violenta en varias ocasiones cuando se la había molestado mientras estudiaba en la biblioteca o terminaba de leer algún libro en la Sala Común; incluso llegó a maldecir- aunque sin querer- a un compañero que la había sorprendido rondando cerca de la Sección Prohibida. Aun cuando entraban en su habitación sin avisarle, se molestaba. Y todo aquello tensaba mucho el ambiente.

La gota que colmó el vaso fue la desaparición del profesor Lupin, que no llegó puntual a una de sus clases con su alumnos de 6º.

Kara se mordía las uñas intranquila. Ahora más que nunca necesitaba acumular la mayor cantidad de conocimientos sobre las artes oscuras, y esa clase en particular era una de las pocas que no podía permitirse el lujo de perder. Ginny la miraba con una ceja arqueada, extrañada por el comportamiento de su amiga.

-Kara, me estás poniendo nerviosa.

En ese momento entró en el aula la profesora McGonagall acallando todas las conversaciones. Su rostro estaba serio, aunque podía apreciarse un pequeño tic en el labio inferior, y cuando habló lo hizo con una voz monótona e impersonal, como si hubiera ensayado el discurso ante el espejo para hacerlo más creíble :

-El profesor Lupin está indispuesto y no podrá dar clase hoy; en unos momentos llegará su sustituto.

En cuando la jefa de estudios abandonó la clase, todas las conversaciones se reanudaron, aunque esa vez todas trataban el mismo tema. ¿Por qué el profesor Lupin no podía dar clase? La Luna llena no estaba cerca, de hecho, faltaban tres semanas para lapróxima. Ginny, al igual que ella, también estaba en ascuas, pero además añadió otro interrogante: ¿por qué no lo sustituía Sirius? ¿quién mejor que un exauror para dar Defensa Contra las Artes Oscuras?

De repente la puerta se abrió de nuevo, y anque las conversaciones se detuvieron momentáneamente, un murmullo general recorrió la clase cuando el sustituto entró.

"No me lo puedo creer"

-Madre del amor hermoso.- murmuró Ginny a su lado mientras se comía con los ojos al rubio de metro noventa que sonreía a todos con cara de circunstancias.

Hasta que su mirada se detuvo en ella.

Co la cara todavía descompuesta por la sorpresa, alcanzó a dedicarle una tibia sonrisa, también de circunstancias. ¿Qué demonios hacía él ahí?

Regalándole un guiño- ella rezó, mientras se sonrojaba, por que nadie se hubiera dando cuenta- se colocó tras la mesa del profesor y echó un último vistazo a sus alumnos.

Kara se dio cuenta enseguida de que no era un principiante en todo aquello. Se le daba bien hablar delante de la gente; se desenvolvía con soltura, era directo y sabía como expresarse para darse a entender; con ciertos cambio en el tono de voz era capaz de cambiar la atmósfera de la clase y lo descubrió como un orador excelente. No tenía reparos en regalar una sonrisa o un guiño deesos ojos azules suyos a cualquiera que estuviera dispuesto a recibirlos; y era capaz de dedicar una palabra amable en cualquier momento. En definitiva, tenía carisma.

Pero ella sabía que detrás de esa máscara de dulzura con esa sonrisa de conejito de peluche, se esncondía todo un canalla. Un lobo con piel de cordero ¿Era dulce? Por supuesto; pero ambos sabían que é no estaba allí para repartir dulzcura como gominolas ni para enseñar a un grupillo de adolescentes sobrehormonados nuevos hechizos de Defensa.

En cino minutos, después de un breve discurso los tuvo a todos en el bolsillo. Especialmente a las féminas.

Miró a Kara cómplice y ella negó con la cabeza. "Eres un canalla y un engatusador" decía su mirada.

Cuando la clase terminó ella se demoró adrede recogiendo sus cosas y aunque Ginny se empeñaba en esperarla, terminó cediendo después de un par de miradas duras de la castaña y se marchó.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó mientras se acercaba a la mesa. Él recogía sus libros, sus plumas y el tintero, y los metía en una cartera de piel marrón. Levantó la mirada durante unos instantes y sus ojos se clavaron en los de la chica. Luego curvó sus labios en una sonrisa.

-Dar clase, naturalmente.

-Naturalmente- repitió ella.

-¿Te he dicho alguna vez que con el uniforme estás muy...?

-¡Paul Becker!- lo interrumpió ella escandalizada.

-Vale,vale.- dijo él con un tono conciliador a la vez que levantaba ambas manos en señal de paz.

Después de guardar todas sus cosas se irguió en toda su estatura, imponiendo respeto con su físico. Luego dio la vuelta a la mesa y se apoyó en ésta con los brazos cruzados sobre el pecho.

Observó a la chica con curiosidad: llevaba el uniforme estándar de la escuela, con el nudo de la corbata correctamente apretado y toda la ropa en su sitio. Tan típico de ella. Lo único que no parecía en su sitio era el pelo castaño brillante, que le caía de manera desordenada por los hombros hasta media espalda. En su rostro había una mueca de discoformidad y desconfianza, pero su actitud era segura. Con las manos en los bolsiñños de la túnica, no apartaba la mirada de él. Al cabo de un par de minutos su expresión cambió a una sonrisa satisfecha y entonce se dio cuenta de lo que había ocurrido: la muy maldita le había leído la mente. Entrecerró los ojos molesto. Si quería saber algo que se lo preguntara. Le iba a ser sincero.

-Es una livio saber que no me espías.

-Para eso ya está Snape.- contestó de mala manera. La cara de ella se agrió un poco.- Y yo que venía a verte porque te echaba de menos...

-Oh, pobrecito- replicó ella zumbona y con una sonrisa de suficiencia.- ¿Qué le has hecho a Lupin?- preguntó luego seria.

-Me ofendes. Nada, naturalmente. Tú profesor se encontraba indispuesto de verdad

-Y tú sólo has aprovechado la oportunidad.

-Naturalmente.

-¡Deja de decir eso!

-¿El qué?

-"Naturalmente"

-Naturalmente.

Kara bufó exasperaba mientras le dedicaba una mirada envenenada. A veces era él el que parecía un adolescente. De hecho, estaba segura de que se comportaba de esa manera sñolo por el placer de hacerla rabiar; encontraba alguna especia de diabólica satisfacción en ver cómo se sonrojaba y exudaba enfado por cada uno de los poros de su piel.

-Un día de estos,- le dijo mientras lo señalaba con un dedo- un día de estos me vengaré y entonces desearás no haberte cruzado en el camino de Kara Langdon- mientras hablaba se había ido acercando hacia él hasta que pudo darle un par de golpecitos en el pecho con el dedo acusador.- Conocerás mi lado oscuro...

-Tú no tienes de eso.- rió él casi con desinterés.

-¡Por supuesto que lo tengo!

-No trates de engañarte. No eres...

Calló.

Fue en un abrir y cerrar de ojos. Poco a poco la paciencia de Kara se había acabado hasta dejar a la chica completamente fuera de sí , y esos ojos brillantes mirándola burlonamente sólo contribuían a enfurecerla más. Los suyos propios habían pasado a ser de un marrón aguado que no llegaba ni siquiera a ser verde pero que eran una clara señal de que él no debía seguir jugando. Paul había obviado la señal y había continuado hablando, soltando su verborrea y la mente casi enajenada de Kara sólo pudo encontrar una solución:

Lo besó. En un gesto brusco e impropio de ella lo agarró de la túnica y estiró de él hasta que sus labios se encontraron. Para ella fue sorprendente comprobar que sus labios sabían mejor de lo que jamás se había imaginado. Y él...él estaba demasiado sorprendido como para reaccionar. Con otro tirón hizo que él se encorvara para poder acceder mejor a sus labios. Y entonces, ocurrió el milagro: Paul despertó de su letargo momentáneo, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y actuó en consecuencia. Con frenesí mató los últimos centímetros que quedaban entre su cuerpo y el de la chica cogiéndola de la cintura y apretándola contra él.

Ella se sobresaltó cuando notó sus grandes manos deslizarse suavemente hacia abajo, pero aún entre sus labios, esbozó una sonrisa y con los brazos rodeó su cuello. Podía sentir su calor corporal, ese del cual tanto había disfrutado y tanto la había turbado en el baile; podía senti el pecho y el abdomen de él rozar el suyo propio cuando respiraban. Su lengua se había hecho paso entre sus labios y exploraba cada uno de los rincones de su boca y no le desagradaba en absoluto. De hecho, tuvo que reprimir un gemido de placer.

Con un suave movimiento y como si de una pluma se tratara consiguió levantarla para dar la vuelta y sentarla sobre la mesa haciéndolo todo más cómodo para ambos. Deslizó una de sus manos hasta el cuello de la chica, evitando así cualquier posible escapatoria. Bajo sus dedos podía sentir el pulso de la chica, cada uno de sus latido, el suave palpitar de su vida que con un simple roce se aceleraba hasta límites insospechados. Eso lo excitó en sobremanera, pero justo cuando iba a profundizar- más si cabía- el beso ella se separó agitada, buscando aire.

Con ojos brillantes lo miraba, lo miraba como si nunca antes hubiera mirado a nadie. Era una mirada que traspasaba. Tan pura y tan inocente que resultaba obscena. Sintió entonces una de sus pequeñas manos colocarse sobre una de las suyas propias y deslizarla hacia abajo sin apartar la mirada. Su tacto reconoció el cambio de la tela del jersey a la tela de la falda; pero su mano no se detuvo allí. Siguió su camino hacia abajo, hacia lo desconocido hacia lo...deseado. La tela de la falda se acabo, y su mano se detuvo allí.

Ella lo seguía mirando. Y sonreía.


No voy a hacer comentarios XD Mejor que opineis vosotros

CRISPI: antes que nada quiero agradecerte que me hayas añadido a tu lista de autores favoritos. Muchas gracias wapa!! Jejjeje. Bueno, no soy una viciosilla, pero admito que mi mente en ocasiones es...algo calenturienta. XD Bueno, ya ves lo que ha pasado con Paul, o si no lo ves, puedes imaginártelo jajajajaja.En cuanto a Voldy, tranquila, que aunque ella haya regresado a Hogwarts va a seguir haciendo acto de presencia y de hecho va a atormentar a la pobre Kara.Quiero que comience a haber guerra entre ellos.. Si te soy sincera yo me impaciento conmigos misma poruqe escribo y escribo, pero nunca escribo lo qeu tengo que escribir (no sé si me entiences). Ah! Te repito que no te preocupes por la largaria del review, ya ves, si a mi me encantanXD. Bueno, ya me dirás qué te ha parecido. Besos wapa!!

Ennaira Skywalker: probablemente no era esto lo que te esperabas verdad?? pero ya sabes cómo soy y que cierto tipo de escenas no me salen ni queriendo. Lo siento!! XD No te preocupes por criticar, criticar es bueno siempre que lo hagas para ayudar, claro. Lo de Draco te comprendo, pero vamos aquí todos se comportan de manera rara y quería pensar que detrás de esa capa de frialdad tiene que haber un ser humano que sepa contar algún chiste; además no iba a dejar a Kara sin ningún apoyo no?? En cuanto a lo del pársel. La verdad es que no estoy muy segura porque en el libro no especifica nada; de todas maneras es un fic : si he resucitado a Sirius y a Dumby, por qué no voy a hacer que Kara hable pársel?? XD. Bueno, pues eso ya me dices que te gusta y qué no!! Besos mi antigua padawan!!

Otra vez tengo que agradecer a todos aquellos que leen aunque no dejen rr (o a los que leían) y tienen esta historia en sus favoritos o en alerta : Afodita Black, Anna Yaco-Chan, Arianna Lovegood, CRISPI (aunque tú si dejas rr XD), Eldah BuenAmor, Lia Du Black, Luna Kitty-Lovegood, Salamandra Majere, benevolentsnape, jana94 y marosa394

Besos!!

Gaia