Espero que sea de su agrado, y como podran darse cuenta el tipo de narración es un poco mejor que antes ^.^ eso comenzo a notarse a partir del capitulo 25 si no me equivoco.
Saludos, y les agradeceria mucho si me dieran su opinion sobre como esta el capitulo.
Reyk
Capítulo 26.- Amistad en juego
primera parte.
*Tercera parte del pasado de Shikamaru, Gaara y Sasuke
Esos ojos miel atrajeron la atención del Uchiha, tenían un brillo que antes no había visto en ninguna otra y el ver como la cabellera caía por los hombros de la castaña. Sin poder evitarlo sus orbes azabaches recorrieron de pies a cabeza a la chica.
Pasaron a un costado de él, que solo salió de su ensimismamiento cuando escucho a quien le nombraba.
—Adiós, Sasuke-kun —musitó la castaña ha lado del Uchiha, quien giro para verla caminar junto a la azabache, sonriendo de manera cómplice ambas.
—¿Quién rayos eres? —pensó, al instante en que retomaba su camino. No podía negarse a sí mismo que la castaña atrapo su atención, cosa que era muy difícil de obtener para cualquiera.
Tras caminar por los largos pasillos del edificio, al fin llego a su destino, donde encontró al Nara durmiendo aún y al pelirrojo tratando de despertarlo.
—¿Qué ocurre Gaara? —interrogó, al ver la molestia reflejada en el rostro de su amigo.
—Llevo como quince minutos hablándole, bamboleándolo y el muy idiota no despierta —quejó el Sabaku, con una vena saltándole en la frente por lo irritado que se sentía.
—Ahora verás cómo se despierta a esté vago —respondió el Uchiha sonriendo con malicia y el pelirrojo en espera de lo que el azabache haría— ¡Shikamaru dice Yoshino-san que por qué diablos no le contestas el celular! —le "gritó" como si de verdad estuviera alarmado por lo que decía.
El Nara, ante la sola mención del nombre de su progenitora despertó más que espantado buscando en los bolsillos del pantalón el aparato. La desesperación en el moreno era visible pues bien sabía cómo se las gastaba su madre cuando le hacían enfadar y una de las cosas que irritaban más a la señora Nara era que no le respondieran cuando ella los llamaba.
—Tks demonios, no encuentro mi celular —quejó— mi madre me asesinara…
—¿Aprendiste Gaara? —interrogó el Uchiha al pelirrojo, sin tomar en cuenta la desesperación de su otro amigo.
—Sí, ya veo que no hay otra cosa que asuste más a un Nara, que una madre Nara, enfadada —respondió con burla, cayendo al fin en cuenta Shikamaru que había sido víctima una vez más de las elocuencias de su par de amigos.
—¿Se divirtieron, malditos par de problemáticos? —interrogó con fastidio el joven peinado en una coleta grácil.
—Deja de quejarte y da gracias a que te despertamos. Está por comenzar la clase del profesor Ibiki y ya sabes cómo se las gasta el maldito, si no ponemos atención —le aclaró el Sabaku, al instante en que se sentaba del lado derecho de su butaca y el Uchiha al lado contrario del Nara.
Las tres primeras clases pasaron de forma a pasible, y tal como lo había decretado el Nara el día anterior, el Uchiha y el Sabaku llegaron tarde, cobrándose al fin lo que ese par, las veces anteriores le habían hecho gastar…
—
Había pasado ya una semana desde que ese incidente había ocurrido, Kyoko caminaba normalmente ya recuperada de su torcedura, sus compañeras de grupo se habían enterado de que ella y Sasuke eran mellizos, por lo que la adolescente era blanco de interrogatorios y varias le pedían que actuara de celestina con el azabache, ya que le pedían que le entregara las cartas que ellas le escribían.
El asunto empeoró aun más cuando conocieron al Nara y al Sabaku, percatándose también de que Kyoko sostenía una muy buena amistad con ellos.
Recaditos iban y venían, las respuestas de los chicos siempre era un simple "Gracias" que por muy estúpido que suene hacia suspirar a las féminas.
Tres largos meses transcurrieron y Hikari se había unido también al ritual de las cartas. Siempre le entregaban tres pequeños fajos de cartas uno para cada chico a la Uchiha. La rutina para entregárselas a sus destinatarios era el mismo.
Los chicos siempre iban a su casa por las tardes, y como a los tres les resultaba bochornoso que sus amigos se enteraran de semejante situación, habían hecho prácticamente prometer a la Uchiha que guardaría el secreto.
—"Kyo, ni una sola palabra a Gaara y a Shikamaru de estas cosas" —habían sido las palabras que utilizo Sasuke.
—"Kyo-chan, no le cuentes nada sobre esto, a tu hermano y Shikamaru" —fueron las palabras del Sabaku.
—"Tks, Kyo me resultaría demasiado problemático si ese par se entera de esto" —había sido el pedido indirecto del Nara.
La Uchiha cumplió con su palabra, todas las tardes se tomaba cierto tiempo con cada uno de los amigos de Sasuke, siempre con una excusa algo ilógica, que ninguno dado el turno, se atrevían a contradecir, para evitar imprevistos cuando ellos lo hicieran.
Una tarde encerrados en su habitación Kyoko y Shikamaru leían las cartas, hasta que se toparon con una carta en un sobre de extraño decorado, en líneas onduladas verdes con una hoja de árbol dibujada. El Nara la desplego y leyó…
—¿Ya la conocías Shika-kun? —interrogó curiosa la Uchiha cuando el aludido devolvía al sobre la hoja.
—Pues, eso te lo diré mañana. Si es quien creo, llegara a ese lugar —respondió pensativo el Nara, quien ya no quiso leer el resto de las cartas.
—Bueno, entonces si me disculpas quiero ir por un vaso de agua —se despidió la Uchiha encaminándose a la cocina y el Nara a la habitación de Sasuke.
El Sabaku ya esperaba a la chica en la cocina, pues ese era su "centro de reunión". Tan solo llegar a lado del pelirrojo, saco el fajo de cartas que traía oculto debajo de su blusa y se lo entrego.
Carta tras carta leía Gaara, cada una de ellas en la misma hoja al igual que el Uchiha y el Nara, respondió con un "Gracias". Sin embargo una de las cartas, dejo pensativa a la Uchiha pero no dijo nada. Pensó que eran coincidencias, ya que en su grupo había tres chicas que se llamaban igual y solo dos tenían un nombre más.
Desdoblo la carta que traía dibujada en el frente líneas onduladas en color azul cielo y un corazón pintado, y curioso por primera vez, leyó lo que está decía…
El pelirrojo termino de leer y responder las cartas y se las devolvió a la Uchiha quien las oculto de nuevo en donde las traía.
La tarde transcurrió, después de la merienda el Nara y el Sabaku volvieron a su hogar. La azabache estaba por conciliar el sueño, cuando un par de golpes llamando a su puerta se lo impidieron.
—Pasa, Sasuke-kun —el aludido entro, era hora de leer sus cartas. Así lo hiso, una tras otra fue leyendo, piropos y en ocasiones proposiciones algo fuera de tonó le escribían las jóvenes compañeras de su hermana. Hasta que llego a la carta de sobre extraño, está tenía bordes de líneas onduladas de color rojo y una carita sonriente pintada. Desplego la hoja que citaba:
Hola Sasuke-kun, me gustaría tratarte y saber más de ti. Si te interesa, mañana te estaré esperando en el mismo lugar y a la misma hora… dónde nos conocimos por primera vez. Besos…
Hikari.
Después de eso Sasuke se retiro a su habitación, durante la noche ambos hermanos no dejaron de pensar en las letras de esa carta, por distintos motivos.
—¿Será la misma chica del gimnasio? —invadió esa duda la mente del azabache, cayendo en un gratificante sueño. Dos recamaras después de la suya, una sensación extraña invadía a su hermana.
—Ojala me equivoque y no se trate de la misma persona —meditaba la Uchiha al recordar que aquellas cartas que habían captado la atención de su hermano y sus amigos, decían lo mismo y estaban firmadas con el mismo nombre.
Paso la noche, algunas pesadillas invadieron los sueños de la Uchiha, pesadillas que con el llegar de la mañana quedaron olvidadas. Como cada día se alistaron y prepararon para asistir al colegio.
—Evander, al salir del colegio traes a esté par de diablos a casa —ordenó el Uchiha mayor…
—¿Tú que vas a hacer, por qué no vendrás con nosotros? —interrogó al mayor, pues la fémina se sentía celosa de que alguna chica robara la atención de su hermano; atención que hasta entonces era de ella.
—Nada en especial, sólo tengo que arreglar un pequeño inconveniente —respondió como si nada el Uchiha mayor, dejando un poco más calmada a su pequeño tormento.
—Está bien —acepto con resignación la Uchiha.
—
La primera clase transcurrió de lo más apacible, cuando el timbre sonó marcando el final de la primera materia y el inicio de la próxima…
—Nos vemos en la siguiente clase, debo reunirme con mi hermano —aclaró el Sabaku a sus dos amigos, al ver la expresión de intriga reflejada en el rostro de ambos. El pelirrojo se encamino a su destino, por primera vez en mucho tiempo se sentía ansioso, un poquito nervioso. Aun no entendía por qué razón acudió al llamado de aquella carta, cuando lo más fácil hubiera sido ignorarla, pero no, ahí estaba. Esperando a alguien que no sabía si era la persona que él creía. Cuando de pronto, una voz a sus espaldas lo saco de sus pensamientos.
—Me alegra que vinieras, Gaara-kun —una sonrisa se dibujo en sus labios y un tenue rubor en las mejillas de la castaña.
—¡Valla, veo que sí hablas! —respondió con tono burlón el pelirrojo al recordar el primer encuentro que tuvieron.
—No te burles —quejo al instante en que acorto la distancia entre ambos— sabes, te parecerá muy atrevido de mi parte lo que diré, pero —un abrupto sonrojo invadió el rostro de la castaña— me gustas mucho.
Los orbes celestes del Sabaku se abrieron a más no poder y su rostro palideció, pues jamás se imagino que la chica delante de él, le saliera con semejante confesión. Bastaron unos segundos para que el Sabaku recobrara la compostura, pero cuando lo hizo, el espacio que lo separaba de la chica era nulo.
—Solo quería que lo supieras Gaara-kun —susurró estando con los pies en puntitas, para estar lo más cerca que pudiera del rostro del pelirrojo. Depositando un beso en la comisura de los labios del Sabaku.
Se marcho corriendo, sin darle tiempo al chico a que dijera una sola palabra. Gaara sentía su corazón latir sin frenesí mientras se adentraba a su aula. La mirada de sus amigos se poso en él, quien no le dio importancia.
Como era posible que con unas simples palabras y un aparente casto beso, le hubiese dejado tan prendado de la castaña. De pronto, el sonido del celular del Nara comenzó a resonar por toda el aula, sacando de su ensimismamiento al Sabaku.
—¿Qué ocurre? —interrogó el Uchiha a su lado.
—Tks, es Pein, dice que necesita hablar conmigo —informó de lo más tranquilo el Nara. Cerró el cuaderno que tenía sobre su pupitre y se dirigió hasta donde estaba el profesor.
—¿Se le ofrece algo, joven Nara?
—Un pase, me llamó mi hermano, es una emergencia —respondió, restándole importancia al asunto. El profesor Ibiki, al ver que no había señal alguna de que se tratara de algún truco para escapar de su clase, le otorgo el pase.
—Sea lo más breve posible y vuelva a clases.
Shikamaru sonrió de lado al ver que su pequeño truco había dado resultado. Había puesto una alarma con el mismo tono que usaba para recibir mensajes. A paso lento y con la duda a cuestas, se dirigió al punto de encuentro.
Al ver que no había nadie, decidió esperar unos minutos, se recostó sobro el pasto a la sombra de un frondoso árbol, contemplaba con rostro sereno el pasar de las nubes en el cielo claro de la mañana, cerro sus ojos ciruelos por un instante, abriéndolos rápidamente al sentir que alguien se sentaba a su lado.
—¡Uniforme de gimnasia! —pensó al ver la larga cabellera castaña sujeta en una coleta baja. —eres la misma chica de la vez pasada.
—Sí, disculpa por marcharme de la forma en que lo hice —la chica se dejo caer a lado del Nara, apoyando sus manos sobre su abdomen— me alegra que vinieras —una sonrisa escapo de los labios de la chica.
—¿Ya te encuentras bien, Hikari? —interrogó el Nara. Sus palabras sorprendieron a la castaña, pues nunca se imagino que aquel apuesto adolescente se preocupara por ella.
—Sí, ya estoy bien. Fue algo sin importancia —aclaró.
—Que yo sepa, uno no llora por cosas sin importancia —rebatió el moreno, exaltando levemente a la castaña. Un suspiro escapo de sus labios, no sabía porque, pero ése chico le inspiraba tanta confianza.
—Lo que paso es que… encontré a mí entonces novio besándose con alguien a quien consideraba una de mis mejores amigas —confesó, en su voz se denotaba la tristeza que aún le provocaba hablar sobre el tema.
—Lo lamento, no debí ser imprudente —se disculpo el moreno por lo incomodo del tema.
—No te preocupes Shika-kun, he decidido olvidar y ser feliz de ahora en adelante —finalizó con una sonrisa— gracias por venir hoy —musito, sorprendiendo un poco al moreno.
—Por nada. Ahora debo irme ya que solo pedí un pase por unos minutos —se despidió.
—Está bien, pero me gustaría vernos de nuevo. No hablaba con nadie desde hace muchos años como lo he hecho contigo —una sonrisa sincera se dibujo en los labios de la castaña.
—Ok, nos vemos aquí mismo a la hora de descanso pasado mañana ¿te parece? —propuso el Nara.
—Sí, aquí te estaré esperando ese día.
Hikari observo al Nara marcharse, no lograba identificar la sensación que se removía inquieta en su pecho y en su estomago, era sin duda alguna, una sensación nueva para la castaña. Después de perder de vista a Shikamaru, la chica volvió a su clase de deportes. Ella se sentía observada, pero al buscar de donde provenía aquella sensación no lograba encontrarla.
—
Sin percatarse siquiera de su actuar, el Sabaku se torno un poco extraño en su actitud. Sin duda alguna, no era el más hablador de los tres pero, el que no prestara atención a la clase, ese sí era un enigma para sus otros dos amigos ya que por lo regular el pelirrojo era quien los fregaba con respecto a los estudios. Llego casi la hora de salida y el profesor de la última clase no llego.
—Es hora de irnos —musito el Nara.
—Nos vemos mañana, yo debo esperar a Kyo-chan —respondió el Uchiha.
—Está bien, nos vemos mañana —se despidió el Sabaku. En completo silencio él y Shikamaru se encaminaron a la salida.
Al encontrarse solo, el azabache se encamino a los casilleros del gimnasio, sin embargo, él no sería quien esperaría la llegada de aquella persona. Si algo poseía el Uchiha, eso era un gran orgullo y ego.
Pasó de largo hasta la cancha de baloncesto, observando ahí a su hermano mayor con sus amigos y otro chico más. Sasuke recargo su espalda sobre la pared que sostenía las gradas.
—¿Qué diablos quieren? —escuchó la voz del joven alto, de piel apiñonada y cabellera platinada. El temor que sentía era palpable, pues bien sabía cómo se las gastaba esa panda de chicos.
—Repite lo que le dijiste a Gaara la semana pasada aquí en esta misma cancha —ordenó el pelirrojo sin apartar la vista del aludido.
—¿Yo? yo no he dicho nada —mintió, ocasionando que el enfado en el Sabaku fuera visible.
—¿Entonces, me estas queriendo decir que mi hermano menor es un mentiroso? —el aludido trago duro, por breves instantes palideció, recobrando casi instantáneamente el valor al ver salir de los baños del gimnasio a su grupo de amigos.
—Solamente le dije la verdad —aclaró altanero— le dije que ya me había follado a su hermana porque era una zorr…
Las palabras fueron selladas abruptamente en la boca del platinado, por un puñetazo que le propinó el azabache quien al escuchar tales palabras salir de la boca de Hidan, un repentino odio le invadió llevándolo a actuar de esa manera.
El asombro en el rostro del Uchiha menor era evidente, jamás había visto actuar de esa forma a su hermano y el Sabaku también se había impactado, pues su amigo Itachi le había ganado. Sasori estuvo a punto de hacerle a Hidan lo mismo por la ofensa hacia su hermana.
El platinado fue lanzado un par de metros de la posición en la que estaba, yéndose a estampar de sentón contra la duela. De la comisura del labio inferior le escurría un hilillo carmesí, al sentirlo, con la manga de su uniforme borro en un gesto brusco el rastro de sangre. Se levanto furioso, dispuesto a encarar y cobrarse el golpe recibido; pero sin embargo, al ver la expresión en el rostro de Itachi, las palabras se le atoraron en la garganta casi al punto de asfixiarse por la opresión que le ocasionaban. Sus amigos al verlo en esa situación regresaron en sus pasos, perdiéndoles de vista.
Los ocelos ónices del Uchiha, brillaban de una manera demencial que intimidarían hasta las máximas autoridades del colegio. Con pasos firmes el azabache acorto la distancia que los separaba y tomándolo de la solapa de la camisa del uniforme…
—Jamás en tu perra vida se te ocurra siquiera susurrar sobre Temari —sentenció, palabras solo para oídos del platinado— no la mires, no te le acerques —en un movimiento brusco lo soltó, volviendo a lado de Sasori, Pein y Deidara— me enteraré si lo haces.
La expresión del rostro de Hidan les dijo más que mil palabras al Nara, Sabaku y el Kaede…
—Vámonos —dijo el Uchiha mayor, encaminándose en dirección a dónde estaba aún su hermano menor, siendo seguido Itachi por los tres.
Sasuke no se movió ni un milímetro de su lugar, al pasar frente a él, Itachi le miró de soslayo con una sonrisa de autosuficiencia y a la vez burlesca pero en ningún momento dirigido a su hermano.
—Hola Sasu-chan —le saludo el rubio en tono juguetón.
—Púdrete Dei-chan —rebatió el azabache irritado por las repentinas bromas que le jugaba el amigo de su hermano. Los otros dos solamente ladearon la cabeza en saludo al menor, quien les respondió de igual manera.
—¿Qué diablos le habrá dicho neko-chan para que ese idiota palideciera de esa forma? —pensaba el azabache al instante en que una sonrisa como la que momentos antes se había pintado en el rostro de su hermano, viéndolos alejarse cada vez más de la cancha.
—¿De qué carajos te ríes, estúpido bastardo? —le mangoneo el platinado, sacando al Uchiha de sus cavilaciones.
Sasuke encaro a quien osaba a jalonearlo y al reconocer al platinado con un manotazo firme se soltó del agarre del muchacho.
—Si tanto deseas saber —la sonrisa burlesca no desaparecía de sus labios— de lo patético que eres, además de bocazas —sus palabras solo exaltaban cada vez más al platinado— Ya que la amenaza de "mi hermano" te puso a temblar —remarcando con énfasis el parentesco que lo unía a Itachi. El valor de momentos antes se esfumo de Hidan al pensar que, si el Uchiha reaccionaba de esa manera con la hermana de uno de sus amigos, no se quería imaginar cómo sería si se tratara de su hermano. El platinado se tuvo que tragar su coraje y no decir más nada, se dio media vuelta y se marcho.
Sasuke se quedo un rato más en la cancha de baloncesto, Hidan estaba frente a su casillero terminando de cambiarse el calzado cuando unas manos le taparon los ojos, al platinado no le hacía falta mirar a la dueña de tales manos pues él ya lo sabía.
—Hola preciosa ¿tienes clases de gimnasia? —interrogó al instante en que atraía a la chica frente a él y colocándola entre sus piernas rodeo con sus manos la estrecha cintura ocultando su rostro en el pecho de ella.
—Tengo entrenamiento, ya que me integre a la selección de básquet de mi grupo —respondió con alegría abrazándolo del cuello— ¿y tú, no tienes clases ahorita?
—Sí, tengo clases de lenguaje a la última hora —se puso en pie, quedando el rostro de la chica a la altura de su pecho, la abrazo y ella correspondió— nos vemos más tarde Hikari… —se despidió dándole un beso a la castaña— te estaré esperando en donde siempre —comunico, evitando en todo momento que la chica notara el golpe que traía en la boca.
—Sí, tratare de no demorar mucho.
Fue la respuesta de la castaña mientras lo veía alejarse a paso lento. Sin embargo el comportamiento del platinado dejo intranquila a Hikari, pues ella mejor que nadie conocía el carácter de Hidan, y sin duda estaba actuando extraño.
—¿Qué demonios le habrá pasado? —pensaba al instante en que se encontraba en el lugar donde supuestamente debería estar ya el Uchiha— ¿Será que no piensa venir?
En eso estaba pensando cuando por el pasillo que lleva a la cancha divisó la figura del azabache acercándose. Quedaron frente a frente, y aunque el moreno se lo negase la muralla que había construido termino por derrumbarse al verse reflejado en los ojos miel de la castaña.
Continuara…
Proximo, Capítulo 27.- Amistad en juegoSegunda Parte
Tercera parte del pasado de Shikamaru, Gaara y Sasuke:
