Capítulo 26

Harry despertó, sintiéndose ligeramente mareado. Miró a su alrededor en busca de la familiar forma de sus gafas. Las cogió y se las puso. Estaba en la enfermería, tan blanca e impoluta como siempre. Se incorporó en la cama con cuidado y miró su mesilla: estaba llena de cajas de golosinas y tarjetas de sus compañeros deseándole una pronta recuperación. Sonrió un poco, sintiéndose todavía entumecido.

—Buenos días, Harry. —dijo Dumbledore a un lado. Harry le miró: estaba apaciblemente sentado en una silla de plástico. —¿Cómo te encuentras?

—Mejor, señor. —Harry se quedó en silencio. Después, preguntó, —Señor, ¿y Quirrell?

—Falleció anoche. —la voz de Dumbledore era queda y vieja; él mismo parecía tan viejo sin esa sonrisa benevolente. —Voldemort llevaba casi un año poseyéndolo. No pudo soportar la ruptura del lazo que los unía. —se hizo el silencio. —Es complicado darse cuenta de cuánto significa para nosotros una persona hasta que la perdemos.

—No sé si alegrarme, señor.

—No le tengas rencor a Quirrell, él ya está muerto. —el brillo de sabiduría volvió a los ojos azules de Dumbledore. —Era un hombre pequeño tratando de engrandecerse usando a las personas equivocadas. Voldemort puede ser muy persuasivo, y alguien como Quirrell, sediento de poder y sabiduría, es una presa fácil para él. No lo culpes por ser un necio.

—Murió por mi culpa, ¿no?

—No, Harry. Su cuerpo estaba al límite de su vida, él no habría podido continuar en unos meses más. Tenía que alimentar a dos personas, recuérdalo.

—Pero yo lo llevé a eso, cuando lo toqué. Yo… Lo toqué y parecía como si le quemara, ¿por qué?

—Voldemort siempre ha sobreestimado el poder del amor, Harry. Algo tan simple como eso pudo derrotarlo en el pasado, y volverá a derrotarlo en un futuro. La protección que tu madre Lily te concedió al sacrificar voluntariamente su vida por ti hace imposible que Voldemort pueda tocarte sin sentir un dolor atroz.

—Entonces, Voldemort está muerto.

— Escapó, desafortunadamente. Dejó al profesor Quirrell morir para salvarse; no es algo que un amigo haría. Lord Voldemort es una persona muy sabia e inteligente, pero no por ello menos necio. Él tiene grandes conocimientos en todas las ramas de la magia, especialmente las Artes Oscuras, pero tiende a subestimar el poder de los sentimientos, el poder del amor.

—¿Voldemort usó magia negra para ser inmortal? —preguntó Harry. —Pensé que sólo la piedra filosofal…

—Eso es algo, Harry, que te contaré cuando seas más mayor. —esquivó Dumbledore su pregunta.

—¿Y la piedra filosofal? —preguntó Harry, recordando la piedra de brillo rojizo.

—Ha sido destruida. Nicolás y Perenelle Flamel han elaborado el suficiente Elixir de la Vida como para mantenerse vivos hasta que solucionen sus últimos asuntos en esta vida.

—Eso quiere decir que ellos van a morir.

—Para una mente bien preparada, la muerte es la siguiente gran aventura. —Dumbledore paseó la mirada por el rostro de Harry. —No hay que temerle a la muerte, Harry, es sólo una fase más de la vida. Hay quien, como Voldemort, tiene un miedo atroz a la muerte, y eso le ha hecho hacer cosas horribles para preservarse de ella. Pero lo que tememos de la muerte es sólo el miedo a lo desconocido, a no saber lo que habrá más adelante.

Se quedaron callados, los dos magos mirándose entre ellos. Harry creía que se debía a que era demasiado joven, pero las palabras de Dumbledore no le reconfortaban. No quería morir. Dumbledore pareció ver su frustración, porque en seguida sonrió y sus ojos se fijaron en la mesilla llena de tarjetas y golosinas. Había ranas de chocolate, cajas de Grageas de todos los sabores de Bertie Bott y pasteles de calabaza.

—Tienes muchos amigos que esperan que te recuperes pronto. Los señores Dursley, Longbottom y Malfoy esperan especialmente tu pronta recuperación. —Harry sonrió al escuchar sus nombres. Ellos le habían ayudado a llegar hasta la sala donde se había enfrentado a Quirrell y su otra cabeza.

El profesor Dumbledore se marchó después de despedirse de Harry. Hagrid acudió al día siguiente, después de la comida. Estuvieron un rato hablando, aunque Hagrid, que no era nada disimulado, deseaba entregarle algo. Harry le dio unas cuantas ranas de chocolate y una caja de Grageas de Todos los Sabores de Bertie Bott, esperando que así se calmara. El hombre se removía en su asiento, una silla que Madame Pomfrey había encantado para que Hagrid cupiera.

—Sé que no tienes muchos recuerdos de tus padres, Harry, y tampoco guardas ninguna foto de ellos. —empezó Hagrid. —Me he puesto en contacto con algunos de los amigos de tu padre, gente que le conocía bien, y te he hecho un álbum con todo lo que he conseguido. Espero que te guste.

Hagrid le tendió el álbum de fotos. Las tapas eran duras y blancas, con el nombre de sus padres escrito en letras rojas. Harry sintió que se le cerraba la garganta mientras sus dedos temblorosos abrían el libro. Había fotos de sus padres allí dentro, casi todas en movimiento. Estaba su padre James de pequeño, cogido con otros tres niños de su edad, y su madre en una foto muggle con tía Petunia. Las fotos continuaban, y Harry sonrió ante una especialmente graciosa, donde James hacía una pirueta en el aire con su escoba. Pasó por varios artículos, incluyendo uno sobre la sexta victoria consecutiva de Gryffindor en la copa de quidditch, otro sobre la boda de sus padres, y el artículo extenso acerca de su trágica muerte.

Harry no se dio cuenta del momento en que Hagrid se fue, extremadamente silencioso para alguien de su altura y constitución. No había podido darle las gracias, pero sabía que Hagrid entendía lo agradecido que Harry estaba de tener tantos recuerdos de sus padres. Madame Pomfrey apareció tras la pantalla poco después y le revisó, moviendo la varita por su cuerpo. Le tendió su uniforme de Hufflepuff y después de obligarle a prometer que no haría grandes esfuerzos, lo dejó marchar. Esa noche era el Gran Banquete de Despedida y el Sorteo de la Copa de la Casa, y Harry no quería perdérselo por nada del mundo.

Draco, Dudley y Neville le esperaban sentados en las escaleras del Vestíbulo, hablando entre ellos. En cuanto vieron a Harry, corrieron a abrazarle. Harry los recibió de brazos abiertos: no había preguntado por la expulsión o la increíble pérdida de puntos que podría suponer lo que habían hecho, pero de sólo ver a sus amigos sentados en la escalera, sabía que no estaban expulsados. Ninguno de ellos estaba enfadado con Harry, y para él, eso era lo único que importaba.

Harry recibió de manos de Neville su boletín de notas. Como llevaba tres días postrado en cama, no había podido recogerlo él mismo, así que la profesora Sprout se lo había dado a Neville. Habían pasado de curso todos ellos: Hermione, siendo la primera de clase; Harry, el segundo; Draco superándolos a todos en Encantamientos y Neville en Herbología. Dudley había conseguido compensar la mala nota de Pociones con sus excelentes notas en Transformaciones. Harry deseó que Crabbe, Goyle y Parkinson se hubieran quedado en primero, pero incluso los dos zoquetes habían pasado de curso.

El Banquete de Despedida fue glorioso. No pudieron sentarse los cuatro juntos, pero la abundante comida, los nervios y la expectación por saber quién era la Casa ganadora eran casi tan bueno como sentarse los cuatro juntos. Neville y Harry charlaron animadamente con Ernie y Hannah toda la noche. Cuando llegó el momento tan esperado, el silencio en el Gran Comedor era tal que incluso el más mínimo susurro se oía.

—¡Otro año que se va! Antes de empezar el recuento de puntos, —hubo varios gruñidos y quejas por la sala. Dumbledore, en vez de enfadarse, sonrió. — espero que todos ustedes se vayan de Hogwarts este año con un poquito más de conocimiento en sus mentes. Ya tendrán todo el verano para vaciarlas de nuevo y volver al año que viene, listos para aprender. A los alumnos de séptimo año, quiero que les den todos un fuerte aplauso, porque al año que viene no los volverán a ver aquí. — se escucharon los aplausos en todo el comedor. Hubo unas cuantas lágrimas y unos cuantos hurras. —Al resto, recordarles que tiene prohibido hacer magia fuera del colegio.

Se hizo un silencio tenso. Harry tragó con fuerza, ansioso. Sabía que Hufflepuff no ganaba por todos los puntos que McGonagall les había quitado poco antes de que se enfrentaran a Quirrell. De todas formas, quería saber si había alguna posibilidad de que Slytherin o Gryffindor ganara.

—Ahora, en cuarto lugar, Hufflepuff con trescientos diez puntos; en tercer lugar, Gryffindor, con trescientos treinta; en segundo lugar, Slytherin, con trescientos noventa; y en primer lugar, Ravenclaw, con cuatrocientos veinte puntos. —la mesa de Ravenclaw estalló en júbilo. Harry contempló la cara de Draco: sus cincuenta puntos perdidos los habían dejado en segundo lugar. Dumbledore levantó una mano y continuó hablando:

—Sin embargo, me gustaría otorgar unos cuantos puntos de último minuto. —los Ravenclaw se sentaron en sus asientos, sabiendo que algo iba mal. —Para el señor Dudley Dursley, cincuenta puntos para Gryffindor por demostrar tal valor y coraje al mantenerse firme por sus amigos. —la mesa de Gryffindor estalló en aplausos. —Para el señor Neville Longbottom, cincuenta puntos para Hufflepuff por ser uno de los mejores ajedrecistas del mundo mágico. —Hufflepuff aplaudió tanto que Harry pensó que se quedaba sordo. Las orejas de Neville estaban teñidas de un color rojo. Harry miró a Dumbledore: tenía esa sonrisa amable de siempre.

—Para el señor Harry Potter, cincuenta puntos para Hufflepuff, por demostrar un sobresaliente valor y lealtad. —Hufflepuff volvió a aplaudir. Harry miró a Draco y sonrió, sabiendo que llegaría su turno en breves. —Para el señor Draco Malfoy, otorgo cincuenta puntos a la Casa de Slytherin por su uso de la fría lógica en el juego del fuego.

Los Slytherin aplaudieron, incluso aquellos como Crabbe, Goyle o Parkinson que eran adversos a los ideales del padre de Draco. La Casa entera se levantó, aullando de felicidad. Incluso aquellos a los que las matemáticas les costaban sabían que acababan de ganar la Copa de las Casas. Harry y Neville aplaudieron por ellos, a pesar de que el resto de Hufflepuff no se mostró muy feliz.

—Parece que tenemos un nuevo ganador de la Copa de las Casas: Slytherin. —Dumbledore chasqueó sus dedos. Los banderines y el gran estandarte tras la mesa de profesores cambiaron para mostrar una serpiente estampada sobre verde y plateado. —Por decimotercer año consecutivo, he de añadir. —hubo risas en Slytherin. Sin embargo, Dumbledore no parecía tan entusiasmado como debería. —Enhorabuena a los ganadores.

Harry miró la mesa de los profesores: Flitwick y Snape se estrechaban la mano. Snape tenía una sonrisa maliciosa en los labios y parecía inmensamente satisfecho. El resto de los profesores parecía más bien confundido y sorprendido, mirando cómo el director se sentaba tras haber asegurado la victoria de Slytherin, aunque debería haber ganado Ravenclaw en un principio. La honrosa excepción de Quirrell en la mesa principal nubló el buen humor de Harry un poco.

La fiesta continuó en la Sala Común para Slytherin, mientras Snape llevaba la Copa de las Casas por decimotercera vez consecutiva a su despacho. En Hufflepuff, Harry y Neville aprovecharon para despedirse del resto de sus compañeros; seguramente no los verían en el tren. Les vendría bien un viaje tranquilo hasta casa. Nadie se fue temprano a la cama esa noche, porque después de que todos se fueran a sus dormitorios, los niños siguieron hablando de sus planes para el verano.

Al día siguiente, los armarios se vaciaron, los baúles se llenaron y las mascotas fueron puestas a buen recaudo en jaulas o en los bolsillos de los estudiantes. Todos metieron sus uniformes en los baúles y se vistieron sus ropas casuales. Fue una mañana de despedidas emotivas y promesas de verse en verano, abrazos y un adiós verdadero a los alumnos de séptimo año que se iban para siempre a enfrentar el mundo adulto.

—Este verano nos veremos, ¿no? —preguntó Neville con miedo. —Es injusto que estéis juntos todo el verano y yo esté solo.

—Le diremos a padre si te da permiso para venir a casa este verano, y luego nosotros iremos a la tuya. No estarás solo en todo el verano. —le aseguró Draco.

—Nos aborrecerás, de hecho. —apostilló Dudley.

Harry miró por la ventanilla del tren que se ponía en marcha. El castillo viejo y a la vez encantador parecía despedirse de ellos. Quería volver con los señores Malfoy, contarles todo lo que había ocurrido esa noche fatídica cuando Quirrell había intentado robar la piedra, pero no quería dejar el castillo. Por nueve meses, ése había sido su hogar, Harry lo había sentido realmente en su corazón. Allí encajaba, allí tenía unos fantásticos amigos con los que había investigado y hecho de detective ese año.

Entonces se dio cuenta de la realidad: sus fantásticos amigos estaban allí, con él. Ese verano, irían todos juntos a comprar sus útiles de Hogwarts, y le enseñarían a Neville Malfoy Manor. No necesitaba Hogwarts para estar con ellos. Le iría bien alejarse de Hogwarts, de todas formas, pues el recuerdo de Quirrell quemándose le producía todavía una culpa inmensa que trataba de aplacar como podía. Draco le despertó de su ensimismamiento:

—¿Estás bien, Harry?

—Sí, no pasa nada. — Harry les sonrió. Draco volvió a su juego del ajedrez con Neville. Dudley extendió de nuevo el Profeta diario.

Llegaron al andén por la tarde, cuando las primeras luces del día se iban. Había un montón de padres allí esperando por sus hijos. A un lado, Harry distinguió las siempre rubias cabelleras de los Malfoy. Sonrió, estaba de vuelta en su hogar. Quedaban menos de tres meses para empezar a preocuparse por Hogwarts de nuevo.


Nota: me interesaron varias cosas de este capítulo en especial. Primero, y antes que nada, la 'justicia' que hizo Dumbledore, a pesar de que no le ha gustado hacerlo XD Slytherin se merecía ganar, que para eso había ganado la Copa de Quidditch y si Draco no se hubiera metido en el asunto de Quirrell, habrían ganado.

Lo segundo, el regalo de Hagrid a Harry. Como os podeis imaginar, servirá en un futuro para algo más que el regocijo de Harry, pues ahí están los Merodeadores. Si JK Rowling hubiera tenido toda la saga pensada (cosa súper difícil) yo estoy bastante segura de que habría incluído a los Merodeadores en el álbum de fotos (Seems legit XD).

Y por último, y lo más importante de todo, es el cambio en Harry. Si pensáis en el cannon, Harry ama Hogwarts y odia pasar el verano en casa de sus tíos. Vamos, como él mismo dice en las Reliquias de la Muerte, Hogwarts es su primer hogar verdadero. Por eso mismo es importante, porque ahora Hogwarts no va a jugar un papel tan crucial como en el cannon: Harry vive apaciblemente con los Malfoy, los cuales no son malos y le dejan invitar a sus amigos y mantenerse en contacto con ellos (más bien yo creo que le animarían a relacionarse en verano con sus amigos); así que Hogwarts pasa a segundo plano (por supuesto, Hogwarts sigue siendo un castillo lleno de sorpresas y aventuras y blablablá, pero Harry ya no lo va a apreciar de la misma forma).

Paladium