Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 26
El paisaje pasaba veloz a través de las ventanas del automóvil, la débil iluminación no permitía distinguir con claridad la vegetación al lado del camino. Por esa misma carretera hace casi medio año, su primogénito se marchó del reino sin que ella lo sospechara. Pero él no estuvo solo, varios se confabularon para ayudarlo a sus espaldas.
Milk comenzaba a dudar sobre aquellos hermanos cazarrecompensas, ella siempre se jactó de ser una madre ejemplar y abnegada, sin embargo al enviar a dos mercenarios por su hijo como si fuera un vulgar ladrón destruía tal imagen. No obstante, no podía evitar sentirse traicionada por su propia familia.
Durante varios meses la verdad se le ocultó, ella ingenuamente creyó en la coartada de Gohan, quien supuestamente se fue en un viaje en barco para recorrer el mundo. Qué tonta se sentía por haber creído esa excusa tan inverosímil, el enojo que experimentaba ante esa burla apoyaba la radical decisión que tomó.
– ¡Aumente la velocidad! –con voz demandante le ordenó al chofer.
– Sí mi reina, como ordene–replicó el conductor del automotor.
Entre tanto la ausencia de Gohan se alargaba, ella y su esposo, sufrieron el renacimiento de uno de los conflictos más delicados en sus años de casados. Milk pensaba que los poderes sobrehumanos de su marido heredados también a sus hijos, eran dones monstruosos que únicamente ocasionarían problemas.
Al vivir el mundo en paz, la reina consideraba inútiles tales habilidades. Ella opinaba que cualquier contrariedad debía solucionarse utilizando la lógica y el intelecto, fue por eso que Gohan recibió la educación tan rigurosa que tuvo cuando niño. Sin imaginarlo, Goku secretamente les enseñó a sus hijos cómo usar esas destrezas que catalogaba de bestiales.
Su amor por Goku ya no era aquel cariño honesto que sintió desde niña, ser madre y tener un reino completo sobre sus hombros la cambiaron. Por su parte, su esposo era consciente de la manera de ser de Milk, incluso tiempo atrás sostuvieron una conversación centrada en su matrimonio y en sus hijos, como nunca antes la habían tenido.
Por primera vez desde que partió del reino, la soberana retiró la mirada del camino. Agachando la cabeza para que el conductor no la viera, dejó escapar unas cuantas lágrimas amargas que le recorrieron las mejillas. Lo amaba, su amor por él estaba debilitado pero no extinto. A pesar de eso, continuaba sintiéndose engañada por su cónyuge al esconderle los planes de Gohan.
Pero no sólo Goku, el Rey, su padre, también actuó a escondidas de ella, permitiendo la realización de la atrevida idea del adolescente. Simplemente no terminaba de creer que tantas personas tan cercanas a ella la traicionaran, ya no sabía en quién confiar dentro de las gruesas paredes del monumental castillo. Aquello únicamente le daba más fuerza para proseguir con sus acciones, lo que muchos quisieron ocultar ella lo expondrá a la luz.
– Una esposa…–murmuró la madre de Goten y Gohan.
Siendo la mujer que le dio la vida conocía mejor que nadie al príncipe, desde niño él demostró un gran interés por las ciencias, las artes y la literatura. Pese a eso, la interacción con otros siempre fue su mayor flaqueza. Una enorme timidez le impedía socializar con personas nuevas, al llegar a la adolescencia tal obstáculo se magnificó.
Ante esto aún le resultaba difícil de creer, que él mismo estuviera buscando a una jovencita a la cual desposar. Por su cobardía hacia el sexo opuesto, fue que ella organizó la ceremonia de selección para que Gohan eligiera a la candidata que más le gustara, sin embargo él se negó a escoger causando un revuelo ese día.
Sin importar cuál chica escoja Gohan para casarse con él, Milk no permitirá que una plebeya tomara su lugar en el trono. La reina anhelaba que su reemplazo fuera digna de serlo, y no que una joven salida de quién sabe dónde la haga a un lado. Además esa señorita tenía que ser una madre igual o más devota que ella, sus nietos debían ser altamente respetados por su linaje.
– Me verás muy pronto hijo, en menos de lo que imaginas–afirmó al regresar su vista a la carretera.
En la distancia, se distinguían pequeños puntos luminosos que se multiplicaban al continuar. Eran las luces de Ciudad Satán, el refugio clandestino de un muchacho heredero a la corona de un reino. Milk apretó sus puños al distinguir su objetivo cada vez más cercano, esa urbe tendría el honor de recibir una visita real.
El anochecer iniciaba igual que los muchos otros que lo precedieron, al ocultarse el sol surgió la luna en el firmamento adornado con miles de estrellas. Las bombillas de los cientos de postes de alumbrado público, fueron encendiéndose una por una suministrando su luz, iluminando así, cada calle y esquina de la bulliciosa Ciudad Satán.
– Como pueden ver la fiesta hace pocos minutos dio inicio, los jardines de la mansión están repletos de personas usando toda clase de disfraces–narró una reportera estando rodeada de muchos espectadores.
No obstante, esa noche era diferente a todas las demás. El hombre más influyente y adinerado que existe en esa metrópoli, efectuaba exactamente en ese mismo instante una de las festividades más grandiosas que sus conciudadanos recuerdan. Precisamente, esa fiesta tenía como objetivo condecorar a otro personaje icónico de la ciudad: el Gran Saiyaman.
– El alcalde Mr. Satán es el anfitrión de esta celebración nunca antes vista en nuestra ciudad, sin embargo el invitado de honor aún no aparece…muchos esperamos que el Gran Saiyaman se haga presente en cualquier momento…
Dentro de la estación de policía, los oficiales en su turno nocturno hacían guardia en caso de que su autoridad sea requerida. El ambiente progresivamente iba disminuyendo su temperatura, una espesa niebla descendía sobre los edificios y carreras de Ciudad Satán. Las condiciones climáticas, parecían prepararse para el estallido del caos.
– ¿Ya viste eso?
– Sí, todos ellos celebrando y nosotros estamos aquí congelándonos.
Un par de uniformados observaban por medio de una pequeña televisión, las imágenes transmitidas en directo desde la ostentosa mansión del campeón mundial de las artes marciales. Los dos miraron a los numerosos invitados saludando y riendo a las cámaras, se notaba que estaban disfrutando de la fiesta.
Con el pasar de los minutos la actividad aumentó en la comisaría, dos adolescentes ebrios entraron esposados y custodiados hasta una celda, un hombre gritando groserías también ingresó fuertemente vigilado por otros detectives. La delegación policial continuaba recibiendo a más infractores de las normas que establece la sociedad, no por nada era una ciudad conocida por su alta criminalidad.
A pesar de haber visto muchas cosas en su carrera como policías, los uniformados de Ciudad Satán estaban a escasos segundos de ser testigos de la mayor oleada de delincuentes nunca antes imaginada. Pero previamente de enfrentar a dichos rufianes, primero debían escuchar y ver como la anarquía iniciaba con una explosión.
– ¡Qué fue eso! –Exclamó preocupado un agente del orden– ¿acaso se trató de un terremoto?
Poco antes de su afirmación, una sacudida muy intensa se expandió por el subsuelo. La vibración hizo crujir los cimientos de los edificios, así como de los cristales en las ventanas. En el cielo oscurecido, un destello brillante le robó su color a la noche. Un minuto después de eso, los teléfonos de la estación de policía comenzaron a sonar sin parar.
Muchos habitantes asustados por el movimiento telúrico y la intensa luz, llamaban alarmados a las autoridades pidiendo una explicación. Sin embargo, ni siquiera las fuerzas de la ley conocían qué causó tal hecho, ni de qué se trataba. Pronto llegaron hasta sus oídos, reportes de una verdadera guerra en la mansión del campeón provocada por decenas de hombres armados.
– ¿Qué pasa?
– ¿Quiénes son esos?
– ¡Es el Gran Saiyaman!
Los sucesos inexplicables continuaron sin detenerse, cinco minutos luego del resplandor misterioso se observaron más detonaciones en el cielo justo sobre los edificios de la ciudad. Esta vez los causantes sí fueron descubiertos a primera vista, se trataban del Gran Saiyaman y dos sujetos extraños con habilidades idénticas a las del superhéroe enmascarado.
Las patrullas y sus estridentes sirenas se fueron apoderando de las calles, nadie entendía aún el porqué de tanta conmoción. Pero lo que sí comprendían, era que esta debía ser detenida cuánto antes. Fue así, mientras todos en Ciudad Satán se concentraban en lo que ocurría frente a sus ojos, que aprovechando el factor sorpresa un motín se extendía en la penitenciaría.
Cada prisionero consiguió su adelantada libertad, con la correccional destrozada los criminales marchaban a paso firme hasta la urbe del campeón. Ignorando por completo esa eventualidad, las fuerzas policiales se aproximaban aceleradamente hacia la casa del alcalde. La mansión que horas antes era el epicentro de una fiesta llena de baile y color, era ahora el origen de una batalla desenfrenada.
– ¡Por Kamisama, qué alguien nos ayude! –gritó una chica aterrorizada al verse rodeaba de delincuentes.
– ¿Dónde está el Gran Saiyaman, por qué no hace algo? –se preguntó otro invitado a la extinta fiesta.
– ¿Mr. Satán, qué pasó con Mr. Satán? –un nuevo cuestionamiento salió de una mujer, que abrazaba contra su pecho a su hijo pequeño.
Una serie de llamaradas consumían los frondosos jardines de la propiedad, simultáneamente a eso, los hombres bajo las órdenes de los cazarrecompensas, neutralizaban fácilmente los pocos efectivos de seguridad colocados por el alcalde en su celebración. Los criminales tenían controladas todas las entradas y salidas, manteniendo como rehenes a los asistentes a la gala en honor al héroe de casco naranja.
La poca iluminación se combinó con el humo de las llamas, haciendo que las pobres víctimas no pudieran ver nada, impidiéndoles así, poder encontrar un lugar donde esconderse. Al llegar a la escena, un despliegue completo de agentes judiciales intentó entrar en la mansión, encontrándose con una gran resistencia por parte de los secuaces de los mercenarios.
– ¡Abran fuego, disparen…disparen!
Refugiándose con sus patrullas, los policías disparaban contra varios malhechores que los esperaban en la entrada de la residencia del alcalde. Los invitados secuestrados seguían preguntándose por sus dos héroes, ni el enmascarado ni tampoco el campeón mundial estaban a la vista, se sentían solos.
– ¡Muévanse rápido, vamos caminen!
Entre tanto algunos se encargaban de detener a la policía, otros seguían las indicaciones de Diecisiete y Dieciocho en su ausencia. Las personas tomadas como prisioneros eran reunidas una a una, con el objetivo de evitar que se dispersaran o intentaran oponerse a ellos. Deseaban prevenir una revuelta antes de que tuvieran la oportunidad de pensarlo, no había margen para el error.
– ¿Encontraron al alcalde? –le cuestionó un delincuente a otro.
– Aún no, pero continuamos buscándolo–respondió uno de los suyos.
Los miembros de las pandillas más grandes de Ciudad Satán, proseguían adueñándose de la morada del campeón sin que fueran detenidos. Con los participantes de la celebración cautivos, únicamente debían preocuparse por la policía que trataba de entrar en acción. Muchos de ellos aún no creían que realmente estaban logrando ejecutar su plan, no estaban ni Videl ni el Gran Saiyaman para arruinarlo todo.
Por otro lado, el objetivo de su búsqueda abría los ojos lentamente sin comprender lo que estaba sucediendo. Mr. Satán se hallaba tirado en el suelo con un fuerte dolor recorriéndole el cuerpo, no recordaba cómo llegó allí pero esa era sólo una más de sus preguntas. El alcalde y poseedor del título mundial fue reincorporándose torpemente, al estar detrás de unas plantas de su jardín consiguió permanecer oculto.
– ¿Qué diablos está pasando aquí? –se cuestionó el padre de la heroína ojiazul.
Al parpadear aclarando su visión, miró enmudecido como la mansión que era su orgullo materializado ardía en llamas lentamente. Los hermosos jardines a los que tanto dinero les dedicó, eran devorados por el fuego que destruía lo que había construido en años. Él escuchó como los potentes disparos y los gritos resonaban muy próximos, el pandemónium apenas iniciaba.
En primera instancia el alcalde pensó en su vida, pero al oír el miedo en sus invitados se dio cuenta de un hecho innegable. Fue él quien convocó a tantas personas en su mansión, por lo tanto, era su deber hacer lo que fuera por ellos. Además era el campeón mundial y el gobernador de esa metrópoli, no tenía permitido actuar como un cobarde.
– ¡Encuentren al alcalde, encuéntrenlo deprisa! –Mr. Satán oyó como los invasores de su hogar le buscaban.
– ¡No hay nada por aquí!
Percatándose de que uno de ellos se acercaba a su posición, velozmente se arrojó de nuevo al suelo ocultándose lo mejor que pudo. El sonido de unos pasos se iba incrementando, hasta que fue capaz de ver un par de botas muy cerca de él. Sólo un diminuto arbusto chamuscado lo separaba de ese criminal, el cual escudriñaba con su vista su entorno.
– ¡Acá tampoco! –gritó a sus compañeros, ignorando que estaba a pocos centímetros del papá de Videl.
El caballero del peinado estilo afro, como una serpiente sigilosa fue irguiéndose a espaldas del hombre armado. No ocultaba su nerviosismo, pese a ello tragó saliva y tomó valor. Reaccionando en centésimas de segundo, con sus corpulentos brazos rodeó el cuello del delincuente aplicando mucha presión.
Poco a poco el secuaz de los mercenarios fue perdiendo la conciencia, Mr. Satán no deseaba asesinarlo simplemente dejarlo fuera de combate, pronto consiguió su objetivo al caer desmallado al piso el sujeto armado. Miró en varias direcciones preocupado por haber sido descubierto, al ver que su presencia aún no ha sido detectada, arrastró al hampón noqueado escondiéndolo detrás de la maleza.
– ¿De dónde salieron estos salvajes? –en voz suave se consultó a él mismo, al mirar en cualquier dirección, se hallaba allí, uno de los hombres de Diecisiete y Dieciocho.
Recogió el arma de su oponente vencido y corrió ocultándose entre el humo de las llamas, al apoyarse en una pared distinguió a la distancia a algunos de los invitados de su fiesta siendo retenidos. Los rehenes se hallaban sentados en el suelo, rodeándolos en una formación circular sus captores los custodiaban.
Las manos le sudaban y temblaban suavemente, el campeón no acostumbraba portar un arma de fuego, si bien no era un principiante. En el pasado frecuentaba ir de cacería ganando algo de experiencia, pero una cosa era dispararle a un animal, y otra muy distinta es abrir fuego contra un ser humano.
Mr. Satán escuchó atentamente los disparos que se realizaban en la lejanía, sabía que la policía intentaba entrar en la mansión para ayudar. Si lograba rescatar a los rehenes, podrían correr hasta la salida obteniendo refugio en las autoridades. Era una idea peligrosa, sin embargo también resultaba la única opción a tomar.
– ¡Si salgo con vida de esto, me iré de vacaciones! –expresó en los instantes previos a entrar en acción.
Avanzó cauteloso cuidándose de no ser visto, se reclinó un poco para tomar una roca la cual lanzó hacia un costado contiguo a los prisioneros. Su sencilla distracción funcionó, al ver como dos pandilleros fueron a inspeccionar separándose de sus colegas. Cuidadosamente enfiló el rifle, aunque titubeante al principio disparó firmemente.
Una parte de sus tiros fueron acertados mientras los otros resultaron infructuosos, alcanzó a neutralizar a dos de los delincuentes entre tanto respondieron al fuego los restantes. Las personas inocentes no sabían quién les estaba ayudando, pero confiaban esperanzados que su libertad llegara cuánto antes.
Cuando se le agotaron las municiones, no le quedó más alternativa que hacer lo que mejor hace: luchar. Había pasado largo tiempo desde la última vez que combatió contra otro individuo, ahora se arrepentía por haber dejado de entrenar como es debido hace mucho, aquello quedó a un lado por culpa de las fiestas, las salidas nocturnas y demás excesos.
Sus pasos fueron obteniendo más velocidad al correr, con el impulso necesario dio un gran salto que lo llevó hasta caer frente a los rufianes. Viendo al alcalde frente a sus ojos, los malhechores dirigieron los cañones de sus armas hacia él disparando frenéticamente. Exigiendo su cuerpo al máximo, el veterano artista marcial y campeón eludió las descargas por muy poco.
– ¡Es Mr. Satán! –un partidario de los mercenarios, vociferó dando la alerta – ¡lo encontramos!
– ¡Idiotas no lo maten, Diecisiete lo quiere con vida!
Empleando únicamente sus manos, Mr. Satán forcejeó con un bandolero tratando de quitarle su ametralladora. Como ambos se aferraban al arma sin renunciar a ella, el padre de la justiciera adolescente le dio un cabezazo a su rival dejándolo aturdido. Seguidamente demostró porqué ganó el campeonato mundial, golpeándolo con un poderoso derechazo al mentón que lo derribó.
Actuando rápido al observar como se aproximaban más ladrones, Mr. Satán acabó con un adversario más con una patada dirigida al pecho. Los rehenes gritaron celebrando su rescate, coreando repetidas veces el nombre de su héroe, sin perder tiempo él los guió hacia la salida de su mansión.
– ¡Corran, corran! –el alcalde apresuraba la huida antes de ser detenidos.
Tristemente para él y sus admiradores, no contaba con la enorme cantidad de criminales enviados por los cazarrecompensas. Quienes a unos metros, se mantenían inmóviles bloqueando el camino para el campeón y los demás. De inmediato el padre de la pelinegra detuvo sus pasos, los rehenes sin remedio imitaron a su líder.
– ¡Señor alcalde, qué gusto verlo!
– ¿Quién demonios son? –Mr. Satán preguntó iracundo– ¡lárguense de mi casa!
– Siento decirle que eso es imposible–el pandillero apuntó su carabina contra él, sus camaradas también lo hicieron–como puede ver están rodeados, no podrá ganarnos…ríndase sin oponer resistencia.
– ¿Por qué hacen esto?... ¿quién los envió?
– Muy pronto lo sabrá, pero primero entréguese o todas esas lindas personas que lo acompañan pagarán las consecuencias de sus actos.
El campeón volteó la mirada hacia atrás, viendo los rostros asustados de los niños que solamente querían ver a su superhéroe y divertirse. Él no deseaba ser el responsable por la muerte de tantos inocentes, así que sin tener otra elección elevó sus manos rindiéndose finalmente. Cinco hombres se le acercaron para esposarlo, la primera parte del plan estaba lista: Mr. Satán fue capturado. Sin embargo, todavía faltaban dos etapas más que cumplir para dar por exitosa toda la operación: eliminar a Videl y al Gran Saiyaman.
– ¡Es un helicóptero de la policía! –un malhechor señaló con su mano, la aeronave de la ley que surcaba el cielo nocturno sobre sus cabezas.
– ¡Derríbenlo, derríbenlo!
Equipado con un lanzacohetes portátil, otro de los subalternos de Dieciocho y Diecisiete lo orientó contra el vehículo volador. Al tenerlo en la mira disparó, el misil salió propulsado con violencia dejando una estela brillante en el aire al volar. El piloto del helicóptero policial divisó muy tarde el proyectil aproximándose, horrorizado aplicó una maniobra evasiva que no funcionó.
El cohete impactó en el rotor de cola de la aeronave, el helicóptero dio varias vueltas bruscas al ir desplomándose, hasta estrellarse contra la mansión del alcalde. Los invitados a la fiesta aún usando sus disfraces, se preguntaban silentemente si alguien los salvaría. Su héroe de historieta no estaba presente, la heroína de ojos azules tampoco, y su campeón mundial fue derrotado.
Lento pero imparable, un nuevo régimen de anarquía se apoderaba de Ciudad Satán.
La luz de la luna le brindaba un bello brillo a las nubes en el cielo, desde aquella gran altura las luces de la ciudad se veían como una telaraña resplandeciente que se extendía por doquier. Tres figuras volaban velozmente sin importarles el frío de la noche, progresivamente fueron descendiendo hasta perderse en lo profundo de un bosque.
El grosor de la vegetación, no permitía que la escasa iluminación nocturna se esparciera entre los árboles, sumergiéndolos en una oscuridad casi perpetua. No obstante, ninguno de ellos se preocupaba por no ver nada con sus ojos. Tanto Gohan como los hermanos sentían el ki, permitiéndose así verse entre ellos de forma literal.
Durante varios minutos permanecieron de pie sin moverse, los mercenarios tenían una idea de la forma de luchar del príncipe pero gracias a su leve enfrentamiento anterior, ahora poseían una visión concreta del estilo y nivel del chico. En la mirada de Diecisiete se notaba que él quería dar el primer movimiento, su ego no le permitiría perder ante un hombre que usaba un traje tan ridículo.
– ¿Qué ganan ustedes dos al hacer esto? –Gohan rompió el silencio, al lanzar una pregunta en la penumbra.
– Como te dijimos antes, tu madre nos envió para regresarte a casa–Dieciocho respondió al cruzar los brazos–ella nos ofreció diez mil monedas de oro como pago por nuestros servicios.
– ¡No puedo creer tal cosa, mi madre no haría algo así!
– Niégate a creerlo todo lo que quieras, eso no cambia el hecho de que estamos aquí–Diecisiete alegó de inmediato.
– ¿Cómo se enteró, quién le dijo? –volvió a cuestionar deseoso de respuestas.
– No lo sabemos, y honestamente no me importa–Dieciocho replicó con desdén–estoy ansiosa por largarme de aquí y reclamar la recompensa por tu captura.
Gohan se dio cuenta que los dos hermanos elevaban nuevamente sus poderes, aquel bosque oscuro se iluminó gracias a sus deslumbrantes auras. Sin quedarse atrás, el hijo de Milk y Goku también empleó su poder ante el reinicio de la lucha. Diecisiete dio un paso hacia el frente, la rubia de Dieciocho captó el mensaje, él pretendía ser el primero en enfrentar al chico disfrazado.
Manteniéndose alerta el superhéroe de Ciudad Satán no le perdió la pista, ese hombre ya le había demostrado su fuerza y comprendía que no podía desconcentrarse ni un segundo. No obstante la mujer era otra preocupación, ella reveló muy poco de sus habilidades pero presentía que eran igual de formidables que las de su hermano.
El joven cazarrecompensas no resistió más, y se arrojó contra el heredero al trono de la Tierra del Fuego. Recorrió la extensa distancia que los separaba en una fracción de un pestañeo, cerró el puño de su mano derecha y lo dirigió hacia el rostro de Gohan. El adolescente por muy poco lo evadió, pese a ello su rival continuó disparando repetidos puñetazos.
– ¡Ahhhhhh! –Diecisiete gritaba iracundo al embestir al novio de Videl, conociendo el carácter juguetón que solía tener en ocasiones, Dieciocho solamente los observó esperando su turno.
Al paso de los minutos el mercenario fue ganando terreno en la confrontación, Gohan sólo atinaba a bloquear y esquivar los ataques sin poder responderlos. El hermano de Dieciocho estaba luchando con más intensidad que en su pelea en la ciudad, demostrándolo con un duro rodillazo al estómago del príncipe disfrazado.
Diecisiete, aprovechó el sufrimiento de su oponente para aporrearlo en la espalda empleando un codazo, Gohan simplemente gritó al sentir la magnitud del dolor. El impulso del golpe lo envió hacia el suelo cayendo de rodillas, percatándose de la proximidad de su enemigo se apartó antes de que él se estrellara en el piso salpicando muchas rocas en todas direcciones.
La ira se apoderó de la lucidez de Gohan, estaba furioso con él mismo…no podía permitir que un desconocido le diera una paliza. Apresurado y sin medir sus movimientos contraatacó, trató de golpearlo pero Diecisiete atrapó sus puños con cada mano. Teniendo las manos unidas, ambos optaron por utilizar sus cabezas.
Sus cráneos se estrellaron sin piedad cinco veces, la visera del casco del superhéroe se agrietó hasta casi destruirse, mientras que un grueso hilo de sangre recorrió la cara de Diecisiete. El sexto topetazo expulsó hacia atrás al cazarrecompensas, teniendo la ocasión perfecta para atacar el príncipe no dudo en hacerlo.
Gohan castigó el abdomen de su contrincante empleando cuantiosos puñetazos, aguantando los impactos Diecisiete volvió a capturar las muñecas del principesco adolescente. Tomándolo por sorpresa, se distanció de él gracias un rodillazo a la barbilla. Posteriormente, con la ayuda de un derechazo al mentón lo mandó a volar hasta colisionar contra un árbol partiéndolo en dos mitades.
– ¡Aún no me has vencido! –opinó con su voz algo ahogada, al regresar a la lucha.
El superhéroe se quitó su casco destrozado arrojándolo al piso, su expresión facial era notoriamente enfadada. Al mismo tiempo los pelinegros gritaron incrementado su ki, Dieciocho desde su cómoda posición los vio al agredirse físicamente a una velocidad supersónica. Los golpes masacraban sus cuerpos con vehemencia, el salvajismo los controlaba con deleite.
Los ojos de la rubia mercenaria se movían de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Los árboles cercanos caían derribados como daños colaterales de la batalla, profundos cráteres se multiplicaban por el piso fangoso del bosque. Los animales silvestres huían aterrados, los dos hombres sin darse cuenta destruían metro a metro la zona boscosa.
Como si se leyeran la mente, ambos se golpearon en la cara hundiendo sus respectivos puños en la mejilla de su adversario. Diecisiete reaccionaba con más velocidad a los golpes que el príncipe, atacando antes de que Gohan tan siquiera pensara qué hacer. Habían pasado muchos meses, desde la última vez que el hermano de Goten participó en una lucha real, por el contrario, el mercenario estaba en forma.
– ¡Diecisiete idiota, no lo mates! –Gritó una malhumorada Dieciocho– ¡lo necesitamos con vida para cobrar nuestra paga!
Flotando levemente por encima de Gohan, el cazarrecompensas lo atacó con otro rodillazo esta vez en la nuca del chico. Con su otra pierna libre, lo pateó en las costillas haciéndolo escupir sangre por la boca. Conservándose en esa misma postura, utilizando su antebrazo izquierdo Diecisiete lo conectó en la parte trasera de su cuello.
La rabia dentro del príncipe se iba aumentando a pasos agigantados, por fuera era un joven amable y tímido pero cuando la circunstancia lo ameritaba, podía dejar salir el enfado que se ocultaba dentro de su interior. Ante las arremetidas sufridas, Gohan se separó un poco del mercenario tomando grandes inhalaciones de aire por la falta del mismo.
Su ropa de Gran Saiyaman se iba desgarrando con la intensidad de la pelea, pero su vestimenta no era lo único con daños en su haber. Los golpes y cortaduras, se esparcían en toda la extensión de su anatomía. En contra parte, Diecisiete se hallaba prácticamente impecable lo cual reflejaba las pocas oportunidades de atacar que Gohan ha tenido.
Al observar la sonrisa burlona en la cara de Diecisiete, el chico de cabello puntiagudo no resistió más y sin freno se dispuso a destrozarlo. Tercamente el héroe reutilizó sus puños como arma, en contraste, el cazarrecompensas se mantenía tranquilo por el pobre desempeño de su rival. El enojo de ir perdiendo le nubló la cabeza a Gohan, de continuar así, tal cosa sería fatal.
Usando las palmas de sus manos abiertas, Diecisiete fue deteniendo los puñetazos de Gohan al mismo tiempo que una ansiosa Dieciocho aún esperaba su momento de luchar. La oscuridad de la noche se perdió por el brillo que los contrincantes expulsaban, las auras de ellos resplandecían tanto como el mismísimo sol.
Por fin, Gohan notó una abertura en la rígida defensa del mercenario la cual no dudó en aprovechar. Con su pierna derecha lo pateó directamente en el estómago, provocando que una espesa mezcla de saliva y sangre saliera escupida por los labios de Diecisiete. El adolescente expresó su felicidad con una risa confiada, pero esta no permaneció así mucho tiempo.
Cuando pretendía lanzar un derechazo, su mano atravesó la figura borrosa del cazarrecompensas. Segundos luego, éste regresó materializándose a sus espaldas. Al sentir su presencia detrás de él, Gohan se volteó sólo para ver como Diecisiete colocaba sus manos frente a su cara, instantes después, el hermano de Dieciocho le disparó un abrasador rayo de energía que le incineró parte del rostro.
– ¡Ya fue suficiente, ahora me toca a mí jugar con él! –Dieciocho no quiso esperar más y voló hacia su pariente, simultáneamente a esto, Gohan por la fuerza del ataque energético se estrelló otra vez contra el suelo.
– Vamos Dieciocho, si apenas estamos empezando–manifestó Diecisiete, él deseaba continuar luchando.
– ¡Quítate, yo seguiré donde te quedaste!
Mientras tanto, en lo profundo del cráter que Gohan creó al colisionar. Él lentamente se puso de pie, y al sentir como su sangre se escurría por su nariz, fue llevando sus manos hacia un costado para unirlas, concentrando allí, parte de su poder.
– ¡Kaaameee, haaameee! –el superhéroe decidió utilizar la técnica favorita de su padre, entre las palmas de sus manos una esfera de ki fue ganando vigor. El dúo de mercenarios discutía por quién seguiría peleando, sin prestarle nada de atención a su mutuo rival – ¡hhhaaaaa!
En un fluido movimiento, Gohan extendió sus brazos exactamente hacia los dos hermanos, la enorme descarga de energía salió propulsada iluminando todo a su paso. El pleito de familiares se acabó al ver el ataque que se les venía encima, sin tener tiempo para esquivarlo únicamente atinaron a cruzar sus brazos frente a sus cuerpos cubriéndose.
Una detonación ensordecedora se presentó sobre aquel inocente bosque, la onda de choque fue arrancando árboles enteros de raíz para mandarlos a volar, como si estos no fueran nada. Por un santiamén la noche recuperó su oscuridad, momentáneamente a eso, el polvo y las rocas lanzadas al aire retornaban a tierra por la gravedad.
– ¿Qué les pareció eso par de idiotas? –Gohan cayó de rodillas adolorido, aún sosteniendo sus brazos estirados y apuntados al cielo.
Son Gohan cerró sus ojos al respirar agitado, por su ki sabía que ambos se mantenían ubicados en el mismo sitio. Por otro lado, los hermanos flotaban con sus ropas claramente afectadas, como consecuencia de recibir directamente el Kamehameha. Incontables incisiones en su piel sangraban, no obstante, aún vivían sin tener ninguna herida mortal.
– ¡Esto no puede ser cierto! –Dijo Gohan al verlos– ¡deberían estar gravemente lastimados!
A pesar de sus lesiones, los combatientes aterrizaron metros adelante del príncipe. El hijo de Goku no daba crédito a lo que veía, había lanzado ese ataque con casi toda la fuerza que le quedaba. Fue entonces que el chico entendió una lamentable verdad, durante los meses que vivió en Ciudad Satán él no entrenó ni un sólo día.
El heredero al trono acostumbraba entrenar con su padre, hermano y Picorro a escondías de su madre, pero más importante aún, lo hacía casi a diario. Al viajar a la ciudad del campeón mundial, se olvidó por completo de su entrenamiento y sin saberlo, su nivel de pelea disminuyó poco a poco. Y ahora que requería de sus poderes, estos no estaban a la altura.
Para acabar con simples criminales armados con bombas y armas de fuego, no era necesario mucho esfuerzo. Sin embargo, para vencer a un par de hermanos adiestrados y deseosos de capturarlo a como dé lugar, necesitaba combatirlos con un poder que ya no tenía. El aparentemente invencible e intocable superhéroe, veía como la derrota se acercaba sin que pudiera detenerla.
– A partir de este instante, yo seré tu oponente–Dieciocho afirmó al avanzar hacia él sin disminuir su marcha.
Gohan sin querer aceptar definitivamente que no ganaría, no le quitó la mirada para nada. La guerrera de cabello rubio, caminaba con elegancia al aproximársele pero repentinamente ella se despareció del campo de batalla. Sorprendido por su velocidad, el novio de Videl la buscó desesperado antes de sentir su ki justo detrás de él.
Dieciocho lo sujetó por la nuca y lo tumbó al suelo, sujetándolo en esa posición voló veloz arrastrando su cabeza semienterrada en el piso. Una larga zanja se cavó gracias a la cara Gohan, por más de cuarenta metros ella lo acarreó sin detenerse. Luego lo sacó del fango sólo para aventarlo contra una roca cercana, ésta se fragmentó en muchos pedazos con el impacto.
Golpeado, humillado y diezmado, el héroe emblemático de Ciudad Satán se fue levantando. Su rostro estaba cubierto de lodo y rocas, quedando prácticamente irreconocible. El hermano mayor de Goten escupió mucha sangre, nunca antes en toda su joven vida alguien lo había torturado de tal manera.
– ¿Te rindes? –Dieciocho le consultó al cruzarse de brazos.
– ¡No! –respondió al escuchar sus huesos crujir.
– ¡Cómo quieras! –ella se preparó para reiniciar las hostilidades.
No es correcto golpear a una mujer, eso le decían los estrictos modales que sus tutores le impusieron. Pero estando atrapado en la situación actual, haría caso omiso a tales reglas de conducta. Tomó impulso y salió disparado hacia la chica rubia, ella lo esperó sin moverse demostrándole que no le temía.
Ahora fue Gohan quien dio uso de su rapidez al desvanecerse del sitio, sin demorarse mucho reapareció detrás de ella, consiguiendo así, patearla en la zona baja de la espalda. Sin frenar su aceleración, él la siguió mientras era propulsada materializándose por encima de la mercenaria, logrando golpearla con un codazo al pecho que la sepultó en el suelo.
Sin embargo, Dieciocho no se quedó atrás. Replicó disparándole una esfera de energía la cual fue rechazada por parte de Gohan con un manotazo. La cazarrecompensas despegó hacia las alturas, siendo perseguida de cerca por el príncipe que pronto disparó incontables ráfagas de ki tratando de derribarla.
Diecisiete soltó una leve risa, Dieciocho ya estaba jugando con él. Inesperadamente ella frenó su avance permitiendo que los ataques energéticos se le aproximaran, moviéndose en zigzag los esquivó uno a uno. Por primera vez en toda la pelea el chico tenía una leve ventaja, viéndola ocupada se colocó a un lado de ella para propinarle un rodillazo profundo en el vientre que la desequilibró.
Lamentablemente para el superhéroe, la mujer se desvaneció antes de continuar atacándola. Pese a tal detalle, él no permitiría que siguiera burlándose de él. Ambos reiniciaron su encuentro cuerpo a cuerpo a una tremenda velocidad, por menos de un pestañeo eran visibles en un punto, luego se les veía en otro.
El cansancio era un lastre que lo detenía de a poco, después de casi seis meses sin tener una pelea de verdad, al estar fuera de ritmo el chico sencillamente no era capaz de continuar. Progresivamente él dejó de lanzar golpes para sólo bloquear los de Dieciocho, ella lo estaba presionando mucho con su defensa sin darle ni una ocasión para contraatacar.
Desesperado por apartarla, Gohan gritó a todo pulmón creando a su alrededor una burbuja de ki que fue inflándose más y más. Gracias a su táctica pudo quitársela de encima, aunque eso sólo postergaba lo inevitable. Su larga capa roja se desgarró casi por completo, el adolescente justiciero al verla así decidió arrancársela, el traje que alguna vez fue motivo de burla para algunos y de justicia para otros, ya no existía más.
– No tengo la menor idea de dónde salieron, pero reconozco que no son nada ordinarios–susurró para sí mismo, se sentía avergonzado por no ser capaz de pelear mejor…haber dejado el entrenamiento por tantos meses fue un grave error.
– Te recomiendo que te des por vencido, no querrás que tu madre te vea hecho trizas–Diecisiete a la distancia le sugirió.
Los dos aterrizaron quedando frente a frente, la guerrera con una delicadeza femenina removió sus cabellos rubios de sus ojos cerrados. Sorpresivamente con su pie derecho pateó a Gohan haciéndolo perder el balance, en el instante preciso que él caía hacia un costado, ella giró sobre sus talones impactándolo con un puñetazo lateral a la mejilla.
Dieciocho brincó sobre él únicamente para darle un puntapié en la cabeza, Gohan trató de responder pero su derechazo fue detenido por su rival, ella le sonrió burlescamente mientras tanto en su mano libre, su poder se acumulaba en lo que sería un puñetazo explosivo. Y efectivamente así fue, la fuerza del golpe lo envió a volar muy alto en el firmamento gobernado por la luna.
Las nubes se fueron agrupando sobre los tres, suaves al principio pero punzantes al final las gotas de lluvia ganaron protagonismo en la batalla. El agua recibió con los brazos abiertos a Gohan al seguir subiendo, ésta lavó de su cuerpo gran parte de la suciedad y sangre que lo cubrían de la cabeza a los pies.
En aquel momento, Dieciocho pretendía acabarlo cuando su hermano se le adelantó, él apareció a un lado del príncipe apresándolo con un fuerte abrazo. Cara contra cara, Diecisiete tomó el control del rumbo y se dirigieron juntos hacia tierra en una caída en picada. Completamente incapaz de defenderse, Gohan solamente se dejó llevar.
– Perdóname Videl–masculló antes del final.
Estando a un segundo de estrellarse Diecisiete lo soltó, el heredero al trono chocó con violencia en el suelo creando un cráter colosal. La colisión formó una sacudida que estremeció la corteza terrestre íntegramente, inmutable y sin miedo el aguacero siguió cayendo.
– ¿Qué diablos haces Diecisiete? –Dieciocho le demandó– ¿por qué te entrometes en mi pelea?
– Tenías razón, debíamos terminar con él tan pronto fuera posible–respondió el mercenario de pelo oscuro–si seguimos jugando sin parar nunca concluiríamos.
La tormenta que azotaba el bosque ganó rigor, en el fondo del agujero un convaleciente Gohan yacía derrotado. Ya mucho más tranquilos los dos caminaron hacia el muchacho, la lluvia lo ahogaba sumergiéndolo en un charco de fango espeso. Estando en esas condiciones, un destello pálido sobresalió de la ropa del héroe.
– ¿Qué tenemos aquí? –Diecisiete con su mano le retiró la medalla que Mr. Satán le dio por sus heroicos esfuerzos, el cazarrecompensas la admiró al reírse, la sostuvo entre sus dedos antes de aplastarla destrozándola totalmente–¡lo siento, fue un accidente! –fingió hipócritamente al burlarse de él.
– Vámonos rápido, no quiero mojarme más–afirmó una empapada Dieciocho.
– Sí, vamos.
Victoriosos, los hermanos cargaron a Gohan quien perdió el conocimiento, teniéndolo bien sujeto despegaron volando de regreso hacia Ciudad Satán. Finalmente el superhéroe símbolo de la justicia en aquella urbe, estaba ahora bajo su custodia. Ambos volaron con calma por arriba de la tormenta escapando de ella, ya no había necesidad de tanta prisa.
Sus mentes codiciosas solamente deseaban recibir su paga, aquel sería el botín más grande en toda su historia.
El humo no la dejaba ver nada, el fuego comenzaba a devorar las finas y delicadas paredes de madera tallada a mano. Videl corrió por los largos pasillos de la mansión semejantes a un laberinto, aunque ella vivió allí por años nunca se habituó a aquella edificación tan enorme y espaciosa.
Al correr fue quitándose el molesto disfraz de bruja que usó para la fiesta, arrojó el sombrero de hechicera sin importarle donde cayera. El collar costoso que Gohan le obsequió, se columpiaba de un lado a otro al andar. La señorita dueña de esa azulada mirada, seguía pensando en el objeto guardado en la pequeña caja aterciopelada que su novio le dio a cuidar.
– Cuando esto termine, te explicaré de una vez por todas quién soy y qué hago en esta ciudad–las últimas palabras que se dedicaron uno al otro, se manifestaron de regreso en sus recuerdos–prométeme que cuidarás esto pero aún más importante, que no lo abrirás hasta que yo regrese.
– ¿Qué hay dentro?
– Lo sabrás luego, pero prométemelo.
– Te lo prometo Gohan.
Videl no era ninguna señorita ingenua, sabía lo que normalmente se guardaba dentro de una caja tan pequeña como esa. No obstante, consideraba imposible la teoría que su subconsciente le decía a gritos: matrimonio. Debía ser otra cosa, y no algo tan serio como eso. La hija del alcalde disminuyó su marcha hasta quedar estática frente a una ventana para tomar aire fresco, estando allí sacó la cajita de su ropa y la sostuvo con sus delgados dedos curiosos.
Podría tratarse efectivamente de una sortija sin ser necesariamente de compromiso, pero todas sus dudas se despejarían en un santiamén con sólo mirar dentro del joyero aterciopelado. Aunque su curiosidad deseaba saber qué había dentro, su promesa la hizo detenerse volviendo a depositar la caja en su vestimenta.
Una serie de disparos la sacaron de sus pensamientos, la adolescente observó hacia el exterior de la residencia, vislumbrando la gran cantidad de criminales armados apoderándose de su casa…o la que alguna vez fue su casa. Videl sacudió su cabeza, en las circunstancias en la que se encuentra, no era el momento indicado para reprocharle a su padre por haberla echado.
Desde aquella ventana, miró a los demás invitados a la fiesta siendo arrinconados y amenazados de muerte si intentaban algo. La chica a lo lejos reconoció una voz gruesa de caballero, era la de su papá. Videl cuidándose de no ser descubierta, no se perdió detalle de alguno de cómo el alcalde trató de rescatar a los secuestrados, fracasando tristemente a muy poco de escapar.
– ¡Papá! –exclamó estupefacta, ya no recordaba la última vez que vio luchar a su padre.
Aquel hombre que después de ganar el torneo de artes marciales, se dedicó únicamente a explotar su imagen obteniendo más fama y dinero. Ahora dejaba de lado su propia seguridad para combatir por la vida de otros, luego de mucho tiempo el campeón mundial verdaderamente estaba haciendo honor de su título.
Viendo segundo a segundo todo lo acontecido, tuvo el impulso de saltar desde allí y ayudar a su progenitor. Sin embargo, por más que deseó auxiliarlo analizó la situación con cabeza fría. Ella tenía el factor sorpresa a su favor, si pretendía salvar a los rehenes primero debía pensar en qué hacer sin arriesgar la vida de ningún inocente.
La novia de Gohan suspiró tomando grandes bocanadas de aire, pronto volvió a recorrer deprisa los corredores de la mansión. El fuego que empezó calmo poco a poco aumenta su ímpetu, en cuestión de minutos devoraría la mansión completamente. Los muebles, las pinturas, las cortinas y demás elementos decorativos, alimentaban las llamas que hacían crujir la estructura sin piedad.
Sin detener su avance en busca de su habitación, Videl escuchó los gritos de los sirvientes quienes huían temiendo por sus vidas. Debía llegar cuánto antes a su recámara, de lo contrario el fuego o el humo podrían arrebatarle su último aliento. Por más remodelaciones que aquella edificación tuviera, ella conocía mejor que nadie por donde debía ir.
"¡Sólo un poco más, un poco más!"–pensó la justiciera de cabello negro, el aire se le había terminado y comenzaba a asfixiarse.
Los ojos le lloraban al soportar el espeso tizne, enceguecida por la misma razón apresuró sus pasos a punto de desfallecer. Cuando creía que no lo lograría, notó la puerta de su habitación a unos metros más adelante. Videl no dejó de correr y con fuerza se estrelló contra la entrada derrumbándola, tropezó levemente por el impacto hasta finalmente terminar sobre su cama.
La niebla tóxica la estaba ahogando, tenía que moverse rápido antes de perder el conocimiento. Las llamas consumían el techo y las paredes de su alcoba, el lugar que la vio pasar de una niña pequeña a ser la jovencita que es hoy estaba siendo destruido centímetro a centímetro. La única hija del campeón tosió fuertemente, el hollín ardiente le incineraba los pulmones provocándole un dolor terrible.
Cuando su padre le ordenó irse de la mansión, se llevó consigo todas sus pertenencias a excepción de unas prendas muy importantes. Oculta en un viejo baúl donde conservaba recuerdos de su infancia, se hallaba la ropa que utilizó al enfrentar el crimen de forma clandestina. Aquel no era ni el momento ni el lugar adecuados para un cambio de imagen, pero no tenía otra opción.
Su piel sintió el ardiente calor del incendio al quedar al descubierto, la fémina se retiró las restantes piezas de su traje de hechicera reemplazándolas con aquellas vestimentas. Se cubrió con esa ropa oscura además de un chaleco blindado resistente a las balas, dejó libre sus largos cabellos mientras su rostro era escondido con un antifaz. Y como toque final, un largo látigo se hizo presente al colgar de su cintura curvilínea.
Seguidamente abrió la ventana de su alcoba preparándose para salir, estando a punto de saltar se volteó y miró a atrás. El insaciable fuego destruía su habitación reduciéndola a cenizas, ella no era una chica muy sentimental pero aún así sintió pesar, al observar como tantos objetos de su vida se carbonizaban ante su mirada.
El viejo saco de boxeo que incontables ocasiones destruyó al fortalecer sus músculos, las fotografías y recortes de periódicos que recolectó para investigar al Gran Saiyaman, la cama que la albergó en las frías noches de invierno. Sus reflexiones se vieron cortadas cuando una parte del techo colapsó, la debilitada estructura de la mansión estaba cayéndose a pedazos.
Antes de irse, se aseguró que tanto el collar como la caja que Gohan le entregó estuvieran seguros en sus bolsillos. Repentinamente la cara del chico pareció dibujarse entre las llamaradas, fue un incendio el culpable de acercarlos al principio, fueron las llamas las responsables de haberlos hecho compartir su primer beso, una acaricia accidental que pronto se repitió muchas veces con total intención.
– ¡Más te vale volver Gohan!
Con esa corta frase saltó por la ventana cayendo varios metros evadiendo el fuego, al descender cerró los ojos y empleó su ki tal como su novio le enseñó. La energía que vivía dentro de su ser la sostuvo cuando la gravedad quiso dejarla caer, elegantemente se encumbró en el aire saliendo del espeso humo elevándose a una gran altura.
Desde allí vio a la mansión ser destruida por un inferno, a los bomberos junto a las fuerzas policiales luchando por tratar de entrar, y a los criminales que se los impedían. Sin que nadie se percatara de su silueta en el cielo nocturno, la chica de inmediato se lanzó en picada hacia los malhechores hasta aterrizar ganándose la atención de las personas allí reunidas.
– ¿Quién diablos es? –preguntó un corpulento pandillero.
Sin aún darse cuenta de que se trataba de Videl, un grupo pequeño de los secuaces de Diecisiete y Dieciocho la rodearon apuntándole con sus rifles y ametralladoras. A cierta distancia los invitados a la fiesta y Mr. Satán, observaban a la desconocida figura femenina vestida completamente de negro. El hombre con peinado afro masculló incoherencias, por más improbable que pareciera creía saber quién era.
– No sé de dónde saliste lindura, pero no compliques las cosas–uno de ellos avanzó hacia la chica empuñando su pistola, él se confió al inspeccionar visualmente la ajustada ropa que llevaba puesta, la cual no dejaba ninguna característica de su anatomía a la imaginación.
Moviéndose con una velocidad fuera del alcance humano, la adolescente desarmó al incauto truhán al patearle la mano. Sorprendido, el criminal no tuvo tiempo de responder ya que Videl con una fuerte puñetazo al mentón lo envió directo al suelo. La adrenalina comenzaba a recorrer sus venas haciéndola sentir imparable, su respiración y ritmo cardiaco también estaban fuera de lo normal, ella se convirtió en una especie de bomba a punto de estallar.
– ¡Disparen, disparen! –ante el grito temeroso proveniente de uno de los tantos delincuentes, los demás individuos que la acordonaban usaron sus armas contra ella.
A pesar de saber usar su ki, Videl seguía siendo una novata en lo que respecta a dicha energía. El instinto de supervivencia la obligó a esquivar las balas, aunque algo en el fondo le decía que ella era capaz incluso de resistirlas tal como el Gran Saiyaman lo demostró varias veces. Los malhechores disparaban sin control tratando de eliminarla, pero esa chica escurridiza no se los permitía.
Gracias a su rapidez se colocó al lado de un secuaz de los mercenarios, ella sujetó la carabina que utilizaba y con la culata de ésta lo golpeó en la cara, seguidamente con un fuerte manotazo a la garganta lo neutralizó. A sus espaldas los disparos de otro bandolero se estrellaron en su ropaje blindado, Videl saltó hacia atrás desvaneciéndose frente la vigilante mirada de aquel hombre.
– ¿Dónde estás maldita? –Gritó refunfuñando el mismo sujeto al buscarla en todas partes– ¿dónde estás, dónde estás?
– Aquí…
Los ojos de ese criminal se abrieron ampliamente, al escuchar como una voz susurrante respondió a su pregunta. Apresurado recurrió a su pistola, tragó saliva y se dio la vuelta apuntando con el arma. Pero confuso descubrió que no había nadie detrás de él, sin poder evitarlo un golpe suave y efectivo en su nuca lo envió al mundo de los sueños.
Sin saber qué hacer, más de los pandilleros en la mansión corrieron para ayudar a sus compañeros. Aquella chica desconocida aún para ellos, los hizo olvidarse de la policía que continuaba tratando de entrar en la propiedad del campeón, de no detenerla, toda la operación se vendría abajo.
Los invitados a la fiesta y su anfitrión, no dejaban de ver a esa hermosura que doblegaba a sus captores. Mr. Satán lo sabía…era ella, debía ser ella. Qué otra mujer en toda Ciudad Satán pelearía de esa manera, simplemente no había nadie más. Inclusive el trío de amigos haraganes, estaban embrujados ante el espectáculo que observaban, fantaseando mentalmente con aquella chica.
En el centro de toda esa atención, Videl se mantuvo firme ante los diez hombres que se pararon bordeándola en un círculo cerrado. Sus globos oculares vigilaban a cada oponente, los cuales empuñaban sus revólveres dirigidas directamente hacia su cabeza. Amante de los desafíos, la heroína dibujó una sonrisa al acomodar parte de su largo cabello negro sobre su oreja izquierda.
Las manos de los tiradores temblaban al sostener sus armas, ella imperturbable no mostraba ningún semblante de temor. Humedeció sus labios al mentalizar su ofensiva, notó como uno de ellos expresaba un rostro de duda…él sería el primero. Velozmente cogió su látigo y con acierto lo enredó en la pierna de su objetivo, posteriormente lo haló tirándolo al suelo.
Reaccionando milésimas de segundo después, los demás pandilleros se prepararon para acribillarla con sus disparos. Sosteniendo aún al rufián con su flagelo, lo elevó haciéndolo girar alrededor de ella utilizándolo así para golpear a tres de sus rivales. Los seis tipos que permanecían enfrentándola, recurrieron a sus pistolas sin más que hacer.
Uno de los seis al vaciar el cargador de su arma, sacó de entre sus ropas un largo cuchillo. Caminó y al estar cerca de Videl trató de apuñalarla, pero la joven se volteó reclinándose a un costado. Pese a su maniobra, la hoja metálica de la cuchilla la cortó cerca de su hombro derecho. Furiosa, la hija del campeón objetó dándole una patada en el pecho a su atacante.
Como consecuencia de esa arremetida, la daga fue lanzada al aire girando sin control. En ese instante un nuevo contrincante se dispuso a atacarla, Videl atrapó la cuchilla y se la lanzó a dicho sujeto enterrándosela en el estómago expulsándolo así de la pelea. Un rápido vistazo, le confirmó que sólo le quedaban cuatro más por vencer.
– ¡Desgraciada, muérete!
El que sería el cuarto en ser derrotado abrió fuego frenéticamente, la justiciera con unas piruetas hacia atrás evadió los proyectiles antes de emplear otra vez su velocidad. Se materializó a su lado tomándolo por la muñeca de su mano armada, sin soltarlo le retorció el brazo, finalizando su acometida con un puntapié al codo le rompió la extremidad, cosa que se evidenció con el grito agónico del hombre.
Decidida a terminar de una vez con los demás, corrió hacia uno preparando un fuerte puñetazo. Él también pensó en la misma artimaña, pero Videl lo sorprendió al cambiar de opinión cuando al estar frente a frente se inclinó hacia adelante, golpeándolo duramente en la cabeza con el talón de su pie derecho.
Los dos últimos se miraron asintiendo, debían atacarla juntos. Colocados cada lado, lanzaron un derechazo que la chica eludió agachándose, los puños de ambos se estrellaron en el respectivo rostro de su compañero. Desde esa ubicación, la adolescente giró sobre sí misma con sus piernas hacia arriba conectándolos con repetidas patadas.
De regreso sobre sus pies, reutilizó su látigo azotándolos en cada milímetro de su ser. Para concluir, brincó cayendo frente ellos, los tomó por sus cabezas y las estrelló una contra la otra dejándolos batidos definitivamente. Pero haber vencido a esos diez, sólo hizo que más tomaran sus lugares.
– ¡Dejen de perder el tiempo, lleven a Mr. Satán con Diecisiete!
Horas antes del ataque, el cazarrecompensas ordenó que una vez el alcalde estuviera en sus manos, este debía ser llevado hasta su presencia. Cumpliendo con tal ordenanza, al mismo tiempo que Videl luchaba con cada vez más delincuentes, su padre era sacado apresuradamente del sitio. Para ellos era más aterradora una posible represalia de Diecisiete por fallar, que luchar contra la mujer disfrazada.
En el pasado, Videl había enfrentado a múltiples rivales armados en asaltos a bancos u otras situaciones. No obstante, en esta oportunidad aquellas viejas disputas se hacían pequeñas. Aunque los iba venciendo uno a la vez, parecían que eran infinitos, por todas partes surgían criminales dispuestos a lo que sea por derrotarla.
Ella estaba llevando al límite sus destrezas de artista marcial, pese a que lo disfrutaba en demasía, los golpes además del cansancio la detenían con el pasar de los minutos. Utilizar su ki resultaba una herramienta muy ventajosa, pero al estar en una confrontación real las cosas no resultaban tan simples.
Videl continuó combatiendo cuerpo contra cuerpo, pero la adrenalina que la hacía seguir hacia delante también se convertiría en su mayor enemigo. Al estar tan emocionada por sus habilidades aumentadas, no se percató que pronto terminaría agotada e incapaz de proseguir. Sin estar consciente de ese detalle, al verse rodeada de tantos oponentes les arrojó numerosas ráfagas de ki.
– ¡Ahhhhhhhhh! –descontrolada, la justiciera como una especie de ametralladora humana disparó a todo lo que se moviera.
Los criminales, policías y rehenes miraron boquiabiertos las esferas energéticas multicolores que volaban por toda la mansión. Algunas daban en el blanco mientras otras caían por doquier causando más daño que bien, pronto Videl sintió sus fuerzas disminuidas deteniendo sus movimientos después de tanto tiempo batallando.
A pesar de haber decenas de hombres inconscientes regados por los jardines de la mansión, aún quedaban suficientes de pie. Los cuales escucharon, como las unidades policiales lograron ingresar en la casa de Mr. Satán luego de intentarlo por horas. Era el momento de dar por terminado el ataque a la fiesta del campeón, y de eso se encargarían los kilos de explosivos que instalaron.
Con su anatomía repleta de golpes y raspones, la exhausta adolescente respiraba tratando de aliviar sus pulmones exigentes de oxígeno. Hasta ahora comprendía el grave error que cometió, al despilfarrar tanta cantidad de energía sin medir las consecuencias de sus acciones. Sus ojos azules vieron esperanzados como desde la entrada de la propiedad, los uniformados corrían para restaurar el orden.
– ¿Dónde estás papá? –se cuestionó al no verlo en ninguna parte, pero otro pormenor la puso a pensar.
Los sujetos que la rodeaban y que tenían la oportunidad perfecta para acabarla no lo hicieron, por el contrario, salieron corriendo, huyendo del lugar dejándola sola y aún más importante con vida. Sin embargo la heroína adolescente no se sintió triunfadora, sospechaba que lo peor estaba por ocurrir. Videl notó que los rehenes habían sido abandonados, por eso corrió hacia ellos para liberarlos de sus ataduras.
– ¡Corran deprisa, salgan de aquí rápido! –les advirtió la señorita, generando una estampida humana hacia la salida más cercana.
La chica trató de volar otra vez, pero su ki agotado no pudo hacerla ni flotar. Videl también comenzó a correr pero las piernas le pesaban toneladas, terminando en el suelo de rodillas. Estando arrodillada en el piso, vio como su padre era sacado de la mansión por otro camino hasta perderlo de vista.
Momentáneamente, los oficiales de la ley se olvidaron temporalmente de los delincuentes al auxiliar a los invitados a la fiesta. La guerrera pelinegra gruñó al ponerse de pie, los músculos de sus pantorrillas y brazos se entumecieron por el intenso combate, causándole un dolor agudo e insoportable. Segundos antes de escapar, los criminales accionaron el mecanismo de detonación de las bombas que se preparaban para estallar.
Videl estaba sola y por su cuenta, la policía prestaba su atención a los secuestrados sin ni siquiera advertir su presencia. Su intuición le gritaba que saliera de allí inmediatamente, pero al no poder caminar adecuadamente optó por otra idea. Una rejilla abierta del alcantarillado se encontraba a unos metros, sin importarle que ese fuera un sitio sucio y nauseabundo se arrojó en esa abertura justo a tiempo.
Los cronómetros de los aparatos explosivos llegaron a cero, en una secuencia de detonaciones la mansión que por años fue el orgullo del alcalde fue destruida. El fuego se adueñó de todo el domicilio del campeón, incinerando cuanta cosa se encontraba a su paso. Muchos fragmentos salieron expelidos por el aire, cayendo sobre las cabezas de los policías y bomberos reunidos en las afueras del inmueble.
– ¿Dónde están Mr. Satán y el Gran Saiyaman? –la pregunta de un oficial, se generalizó en sus restantes colegas.
Las fuerzas policiales, dieron inicio con la búsqueda de ambos hombres símbolos de su ciudad, no tenían idea de su ubicación y mucho menos si aún seguían con vida. No obstante, ignoraban por completo que un ejército de rufianes malintencionados se acercaba más y más. Por primera vez en años, las autoridades deberán hacerse cargo de la situación sin la ayuda de ningún adolescente valiente.
La tormenta y la zona boscosa se habían quedado muy atrás, los hermanos al volar distinguieron las luces de la ciudad debajo de ellos. Robándole el protagonismo a la noche, una columna de humo y fuego se distinguía desde aquella altura. Diecisiete sonrió triunfante, si todo salió como lo planeó ese sitio destruido debía ser la mansión del campeón.
– ¿Lo ves Dieciocho? –Le indagó a la mujer de corto cabello rubio junto a él–las cosas marchan según el plan, las ganancias no cabrán en nuestros bolsillos.
– ¡Podrías apresurarte, quiero quitarme esta ropa mojada! –exclamó con mal humor.
El cazarrecompensas, también observó las muchas patrullas que se dirigían hacia la que fue la morada del alcalde. Al ver eso pensó que en ese mismo momento, Rock ya debió haber liberado a los prisioneros de la cárcel, con la ayuda de ellos causará una locura en Ciudad Satán, ya que ésta se quedará sin su alcalde y sus amados héroes.
Su vuelo se alargó por varios minutos más hasta finalmente culminarse, fueron descendiendo poco a poco hasta aterrizar frente la entrada del escondite de las dos organizaciones delictivas aliadas. La reducida cantidad de hampones que se quedó cuidando su guarida, se asombró al ver como los mercenarios arrastraban por el suelo a un adolescente vestido como el Gran Saiyaman.
– ¡Ya era hora! –Lunch corrió para recibirlos– ¿lograron atrapar al payaso del Gran…?
Sus labios se silenciaron al mirar precisamente al superhéroe derrotado, los cazarrecompensas lo dejaron tirado en el piso solamente para que los criminales encabezados por Lunch lo rodearan. La rubia con listón rojo en la cabeza, se arrodilló frente al chico inconsciente tomándolo por su cabello para verle la cara.
– ¡No puedo creerlo!
Lunch no fue la única que pensó así, los miembros de las bandas Red Shark y Blue Shadow miraron al hombre desfallecido con total incredulidad. Ellos trataron de hacer justamente eso por meses, le dispararon y lo hicieron estallar con bombas, pero nada parecía derrotar a ese paladín de la justicia salido de la nada.
– ¡Tiene que ser una broma!
Sin embargo, esos dos sujetos con nombres de números lograron lo que ellos no pudieron. Esta era la primera vez en que veían el rostro del enemigo que los derrotó incontables ocasiones, muchos de los pandilleros allí reunidos no creían que fuera un chico tan joven.
– ¿Por qué ponen esas caras? –Dieciocho les habló–deberían estar contentos, el Gran Saiyaman ya no los molestará nunca más.
– Habrá que mantenerlo bien vigilado, atarlo con cuerdas no será suficiente para contenerlo–Diecisiete comentó para todos.
– ¿Cuándo regresaremos a la Tierra del Fuego? –la mercenario cuestionó.
– Aún no…pronto, primero quiero ver que el plan se complete.
Diecisiete hizo un ademán, y un par de malandrines se acercaron a Gohan al que tomaron por sus piernas arrastrándolo para confinarlo en otra habitación, donde se quedaría hasta llegado el momento de llevarlo con su madre. El obstáculo más difícil de superar ya había sido sobrepasado, la dominación total de Ciudad Satán estaba próxima.
Aunque todavía faltaba un pequeño pero valioso elemento, el que ganase el título mundial en el torneo de artes marciales, y quien es también el gobernador de dicha urbe seguía sin aparecer. La mente maestra detrás de toda esa conspiración, comenzaba a molestarse por la tardanza del grupo que se quedó en la mansión, ya deberían estar de regreso.
– ¡Son ellos, ya están aquí!
Un grupo de sus subordinados retenían al alcalde, quien traía la cabeza cubierta con una capucha negra y las manos esposadas. Diecisiete caminó hacia él, uno de los criminales lo pateó en la espalda tirándolo de rodillas frente a su nuevo jefe. Pero antes de otra cosa, el mercenario pelinegro se dio cuenta de un detalle notable.
– ¿Dónde están los demás?
– No vendrán, fueron vencidos.
– ¿Los vencieron, quién lo hizo? –Dieciocho se unió a la conversación.
– Fue una mujer muy extraña, tenía poderes similares a los del Gran Saiyaman.
– ¿Me estás diciendo, que una sola mujer eliminó a más de la mitad de mis hombres?
– Sí.
– ¿Acaso se trataba de Videl? –la rubia de Dieciocho cuestionó.
– No, a ella la perdimos de vista y luego apareció esa chica.
– Descríbela.
– Parecía una adolescente, cabello negro y largo–enumeró las características de esa desconocida–con su estilo de pelea acabó fácilmente con muchos de nosotros.
– Déjame preguntarte algo–Diecisiete acotó al poner una mano en su hombro– ¿quién más en esta ciudad, es una jovencita que lucha contra sujetos como tú y yo? –le preguntó con una fría y falsa calma.
– Pues…pues…
– Continúa.
– Pues Videl–respondió temeroso de lo que él pueda hacerle.
– ¡Exacto grandísimo estúpido…esa mujerzuela era Videl! –El cazarrecompensas iracundo lo castigó con un puñetazo que lo estrelló contra una pared a sus espaldas, los demás criminales enmudecieron al temer por sus vidas– ¡son unos imbéciles, la tuvieron frente a sus ojos todo el tiempo y no se dieron cuenta!
"Lo sabía, era mi Videl"–Mr. Satán pensó arrepentido por haberla echarla fuera de casa, luego de eso no supo nada de ella hasta ahora.
– Videl no tenía esas habilidades antes–Dieciocho razonó–supongo que Gohan debió enseñárselas.
– No importa, no tiene el nivel suficiente para enfrentarnos–replicó su hermano–la dejaremos de lado por ahora, antes quiero hacer algo más.
Diecisiete retiró de un tirón la capucha que cubría la cabeza del campeón, Mr. Satán parpadeó varias veces observando a sus captores. Muchos a primera vista eran pandilleros comunes, pero dos sujetos sobresalían no sólo por su vestimenta, sino también, por la expresión en sus caras las cuales reflejaban sus grandes ambiciones.
– Buenas noches señor alcalde…
– ¿Quién diablos es usted, cómo se atreve a hacerme esto? –preguntó rápidamente al interrumpirlo.
– Ya habrá tiempo para las presentaciones–él se agachó colocándose a su altura, y tomando su rostro con una mano lo obligó a mirarlo–pero primero le informo, que a partir de hoy yo soy el nuevo dueño de esta ciudad…
– ¡Está demente! –Contestó–sea lo que sea que esté planeando no funcionará.
– ¿Y quién va a detenerme?
– La policía, me buscarán y cuando me encuentren lo llevarán a prisión–Diecisiete se rió a carcajadas sin medida– ¿qué es tan gracioso?
– Sus patéticas leyes no son nada para mí, no hay nadie que me pueda ponerme una mano encima sin que pague con su vida, ni un millón de policías podrían tocarme.
– Quizá, no lo sé–aseveró Mr. Satán–si pudiera lo encarcelaría yo mismo, pero soy un viejo ahora aunque existe un hombre que sí lo vencerá.
– Dígame el nombre de ese supuesto salvador…
– El Gran Saiyaman, él lo hará pedazos–la risa de Diecisiete se tornó más perversa.
– Permítame decirle, que su gran héroe yace inconsciente en otra recámara de este edificio–aseguró el pariente de Dieciocho–y si por casualidad se pregunta quién lo derrotó, lo está viendo frente usted…fui yo.
– ¡Imposible, sólo quiere jugar conmigo!
– Crea lo que le plazca, pero el infierno está por incinerar su amada ciudad y cuando eso ocurra, se dará cuenta que soy peor que el mismísimo demonio.
El padre de Videl trató de responder a aquella afirmación tan insolente, pero uno de los criminales detrás de él usó su rifle para golpearlo en la nuca enviándolo a dormir. Luego de eso y siguiendo las órdenes de Diecisiete, un par de subordinados se encargaron de llevar al indefenso campeón mundial a la celda que le tenían preparada.
– Iré a cambiarme de ropa–Dieciocho se dirigió a Diecisiete.
– Espera, yo también me quitaré este atuendo empapado.
Pausadamente cada truhán se retiró, dejando sola a la que alguna vez fue considerada como la delincuente más buscada en esa ciudad. Lunch contempló como la pandilla que fundó y los secuaces que reclutó, obedecían los mandatos que ese par de engreídos les daban sin atreverse a protestar. Por más que refunfuñara, las cosas no cambiarían sino hacía algo.
Enojada también se marchó, en su mente buscaba una manera eficaz de eliminar a esos granujas que la hicieron a un lado del poder. Lejos de cualquiera, vio por una ventana el transcurso de la noche la cual estaba por terminar. El sonido de las patrullas y helicópteros policiales, era una tonada que irónicamente le tranquilizaba los nervios al disfrutarla.
Siendo una orgullosa mujer, no permitiría que las mieles del triunfo fueran acaparadas por otros sin dejarle nada a ella. No tenía otra alternativa, debía recuperar el control de la organización criminal que creó sin importar el costo. Sin embargo, antes de idear un plan, necesitaba encontrar el punto débil de los dos hermanos cazarrecompensas, claro, si es que lo poseen.
El sol comenzaba a salir por el horizonte, las aves al notar su brillante y cálida presencia cantaron sonoramente con regocijo. Tanto el pasto como los árboles en todo el reino, estaban cubiertos con una leve capa de rocío que provocaba que el ambiente se llenara de un aroma único de las montañas. Siendo la hora de levantarse, cada habitante en la Tierra del Fuego así lo hizo.
Pero a diferencia de la mayoría, un hombre no despertó en una cama suave arropado entre sábanas tibias. Son Goku, el esposo de la reina y padre de los herederos al trono, se despertaba luego de pasar la noche en la rama de un árbol. Aunque dicho sitio parecía ser inapropiado, él lo veía como si fuera su propia habitación.
– ¡Ahh, qué hambre! –bostezó al estar despierto.
La noche anterior, él saboreó deleitado el banquete más grande que jamás había imaginado. Goku no sospechaba porqué su esposa ordenó la preparación de tanta comida, pese a ignorar la razón eso no lo detuvo a la hora devorarlo todo, platillo por platillo. Increíblemente, su extraordinario apetito una vez más pedía ser saciado.
El guerrero saltó desde la cima del árbol cayendo sin problemas metros más abajo, al igual que tantas mañanas anteriores comenzó con su rutina matinal. Primero realizó una serie de ejercicios estirando sus brazos y piernas, pronto comenzó a lanzar puñetazos al aire los cuales fueron ganando velocidad al proseguir.
No sólo sus golpes se apresuraron, él saltaba de un punto a otro acelerando más y más. Sin embargo su avance no duró mucho, y la causa de eso se debió a que llegó hasta una diminuta llanura en medio del bosque. El piso de esa explanada estaba maltrecho, evidenciando las muchas ocasiones en que fue utilizado para entrenar.
– Bien hecho hijo, lo haces excelente…
Cuando Gohan era un niño pequeño, Goku se percató del poder que yacía oculto dentro de él. Su esposa lo rodeaba de profesores de distintas asignaturas enseñándole matemáticas, literatura, geografía, biología, química, física y entre otras más. No obstante, su padre sabía que su hijo tenía un talento adicional que no estaba siendo pulido.
– ¡Atácame, no dudes en hacerlo!
Milk en reiteradas oportunidades le expresó de forma nada amable, su deseo de que Gohan no fuera instruido de ningún modo, en aquellas bárbaras habilidades denominadas artes marciales. A pesar de eso, Goku deseaba enseñarle a su hijo cómo usar el don que poseía. Tristemente, los momentos más cercanos entre los dos debieron darse en la clandestinidad.
– ¡No te detengas, sigue Gohan sigue!
Krilin y Picorro también sintieron el ki que emanaba el infante, y apoyando a Goku prometieron no decirle nada a la reina. Algunos días el guerrero de piel verde lo instruía, en otros el hombrecillo sin nariz le enseñaba alguna que otra técnica. Con el pasar de los años, el niño creció demostrando un manejo correcto de su fuerza.
Goku se sentó en el piso mirándose a él mismo y su primogénito entrenando juntos, se carcajeó nervioso al recordar las veces que Milk casi los descubre. La suerte estuvo de su lado en esos tiempos difíciles, escapando por un margen muy reducido de la vigilante mirada de su mujer. Ahora su hijo ya no era un chiquillo, pronto sería un hombre con el peso de un reino en los hombros.
– Seis meses, ya casi han pasado seis meses…
El cumpleaños de Gohan estaba a muy poco de celebrarse, y según las leyes impuestas por la reina, el príncipe tomaría posesión del trono junto con su esposa en dicha fecha. Pero en contra de los planes de Milk, el heredero no estaba dispuesto a contraer nupcias con cualquier damisela, él buscaría su propia prometida.
El tiempo le pisaba los talones al muchacho, tenía que regresar antes de su natalicio o no podrá reemplazar a su abuelo. Goku se puso de pie y se dirigió al castillo, como era normal los guardias y demás sirvientes le saludaban respetuosamente sin importar que no fuera el soberano, aunque estuvo a punto de serlo.
– ¡No está en su habitación!
– ¡Encuéntrenla, la reina debe estar en alguna parte!
– ¡Informen a su majestad, el Rey debe saber lo que ocurre!
Son Goku escuchó las frenéticas voces de la escolta real, la reina no se hallaba en sus aposentos. El artista marcial corrió de inmediato entrando en la recámara de Milk, comprobando efectivamente su ausencia. Pensando más serenamente, él escaneó cada rincón del reino buscando su ki sin lograr encontrarla.
– ¿Dónde estás? –preguntó en un susurro.
Si bien la reina subestimaba la capacidad de razonamiento de su marido, él antes que nadie se dio cuenta que el guardarropa de Milk no contenía ninguna pieza de vestimenta. Esa observación por más mundana que fuera, demostraba que su desaparición fue planeada y no como consecuencia de un secuestro o algo semejante.
– ¿Es cierto que mamá…? –Goten no pudo terminar de hablar, porque el llanto lo controló por completo.
– Calma hijo, no sé dónde se encuentra tu mamá, pero ella está bien…
La noticia se divulgó entre murmullos de boca en boca, y evidentemente ésta también llegó hasta los oídos del Rey. La inestable salud de Ox Satán decayó de nuevo, llegando al punto de desmayarse por la conmoción. Y fue entonces, que al estar parado al lado de su suegro que Goku tuvo una sospecha que rozaba lo imposible.
– ¡No puede ser…no hay forma de que lo haya descubierto todo!
– ¿Qué pasa papá? –su segundo retoño le habló al estar tomado de su mano.
En ese mismo momento pero en otro lugar, Picorro miraba hacia más allá de las fronteras de la Tierra del Fuego. Él no conocía aún los acontecimientos que convulsionaban al castillo, en el pasado fue una persona con intenciones malignas, y percibía mejor que cualquier otro cuando hay maldad.
– Gohan, ten cuidado.
Ni él mismo sabía interpretar, la extraña ansiedad y preocupación que abrumó su pecho. Temía que las decisiones tomadas por Gohan, desencadenaran consecuencias terribles e inesperadas. Sin imaginarlo, a kilómetros de distancia un vehículo se detuvo frente un letrero que le daba la bienvenida a los recién llegados a Ciudad Satán.
La puerta del pasajero se abrió, a partir de ese momento ya no había marcha atrás para nadie…
Fin Capítulo Veintiséis
Hola, una vez más les doy las gracias por haber leído el capítulo. Reconozco que tal vez quedó muy cargado con escenas de peleas, pero al estar alcanzando al clímax de la historia no había más opción que hacerlo así. Gohan y Videl están llegando a punto que pondrá a prueba su relación, ya que la verdad que él mantuvo en secreto por meses finalmente ella la conocerá.
Si mis cálculos no fallan, faltarían de dos a tres episodios para dar por terminado este relato. A menos claro, que las cosas cambien mientras escribo. Todavía quedan algunos detalles que deben resolverse como el conflictivo matrimonio de Goku y Milk, además que él se reencuentre con sus viejos amigos de la infancia, entre otros.
Existe otro punto que quisiera explicar, creí haberlo comentado antes pero me equivoqué. Es en cuanto a Picorro, al principio de la obra de Toriyama, él es un demonio pero más adelante se descubrió que se trataba realmente de un extraterrestre. Como ya saben, en este fic no hay alienígenas y los personajes son humanos.
Pero yo utilizo a Picorro tal y como Akira lo mostró al comienzo de su manga, es decir, como un demonio. Aclaro esto por si llegaron a tener esa duda, me disculpo con ustedes estimados lectores por no haberles explicado antes ese punto. Pensaba que sí lo había hecho, pero al releer algunos capítulos anteriores noté que no lo hice.
Para finalizar, quiero darle las gracias por sus comentarios en el capítulo anterior a los siguientes lectores: Merylune, My2, Chibi Carshmen Ichigo, Kumikoson4, Guest, Kumik, Neko, Samara Voorhees, Animex12345, y a Tadeus. Le agradezco a cada uno de ustedes, por sus honestas opiniones o críticas para la historia.
Gracias por leer y hasta la próxima.
