Hola a todos! Bueno, estoy de regreso, y, como siempre, debo empezar pidiendo perdón. Detesto esto, de verdad, odio tener que demorarme tanto, odio tener que hacerlos esperar y odio tener que esperar yo misma para saber qué va a pasar, ya que ocupo el lugar de lectora de este fic tanto como ustedes, no puedo tener la certeza de lo que va a pasar a continuación, hasta que me siento frente a la PC y empiezo a escribir, porque, más allá de que tenga una idea general y un manuscrito (que ya casi no lo uso porque últimamente estoy cambiando todo) siempre van surgiendo cosas nuevas mientras escribo. He aquí mi problema: MI MADRE. Oh, qué novedad! Jajaja! Es que le molesta que me pase el día frente a la PC, así que sólo puedo hacerlo cuando ella no está, que es, una o dos horas por las mañanas cuando se va a hacer las compras y luego se da una vuelta por su negocio, y una o dos horas por las noches, cuando se va a cerrar el negocio (si no me manda a mi 8\ ) y esas pocas horas diarias que tengo de PC, tengo que dividirlas en escribir, leer fics, editar fotos y algún momento de Internet. Todo sería muuucho mejor si tuviera la PC en mi habitación, o en cualquier lugar lejos de ella! Jaja!

Como sea, el capítulo ya está terminado al fin, y debo decir que, después de todo lo que escribí bastante rápido, ya que me llevó solo tres días… Y además, igual que con el anterior, también estoy muy conforme con este capítulo.

Espero que les guste a ustedes!

Disfrútenlo!

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Pesadilla II

(Capítulo 26)

Ron no podía dar crédito a sus oídos cuando sus amigos le relataban todo cuanto habían oído. Èl no podía haber hecho tal cosa ¿acostarse con Megera? Por supuesto que no, él nunca lo habría hecho; y sdi en verdad había ocurrido, ¿Cómo era que ni siquiera podía recordar nada? No recordaba nada, absolutamente nada, pero, si realmente había ocurrido, ¿Cómo podía no recordarlo? Era realmente absurdo… Pero claro, si Megera lo había hechizado, como ella decía, entonces cualquier cosa era probable, Megera sería capaz de hacerlo todo por conseguir lo que quisiese. Todas esas cavilaciones estuvieron presionándole el cerebro desde el comienzo del relato, y durante todo lo que duró el mismo. Pero, sin embargo, aquello no duró demasiado. En cuanto sus amigos finalizaron la descripción de lo que habían oído, y él, tras pensarlo y repensarlo, pudo admitir que había una gran posibilidad de que fuera cierto (aunque él no pudiera recordarlo), el dolor que le había martillado el cráneo durante el día entero, pareció esfumarse de repente, sin dejar rastro alguno de que alguna vez hubiese existido, y entonces, pudo recordarlo todo, absolutamente, con lujo de detalles, como si un portal se hubiese abierto un portal en su memoria y los recuerdos se hubiesen desesperado por salir, y al fin lo hubieran conseguido. Se recordó en su cama, sin poder conciliar el sueño, recordó un ángel que acudía en su ayuda, y lo llevaba a su casa y luego… sí, todo lo demás, aquello por lo hubiese preferido que el dolor de cabeza no hubiera cesado, aquello en lo que no quería ni pensar, que le causaba asco y repulsión de sí mismo.

Miró a sus amigos con el pánico expreso en sus ojos, y no pudo menos que decirles:

Ahora lo recuerdo – con voz débil, casi un murmullo, y temblorosa, temerosa…

Ellos lo miraban con una expresión que entremezclaba quién sabe qué sentimientos, además del pánico y la desesperación.

- El dolor de cabeza se ha ido… - siguió el muchacho – y ahora puedo recordarlo todo. - … - ¡Santo Dios! ¡¿Cómo pude haber hecho esto?! ¡Yo, acostarme con Megera!... – sollozó - ¿Qué dirá Herms cuando se entere de esto? ¡Oh, no! ¿Qué voy a hacer ahora? ¡¿Cómo pude haberle hacho esto a ella?! Soy un asco… No la merezco… No, no puede enterarse, por favor, prométanme que no le dirán nada de esto, por favor, ella no puede saberlo… No puedo permitir que lo sepa, me dejará y… no, Herms…

- Tranquilo Ron, no se lo diremos y ella no se enterará, no tiene por qué saberlo – prometió George por parte de ambos.

Permanecieron en silencio, sin que ninguno de los tres supiera qué más decir, valorando cada uno sus posibilidades en su mente, pensando en cuál sería el siguiente paso, en qué debían hacer ahora para salir del embrollo.

- Bueno, si así fue… que ya sabemos que así fue, - comenzó George – me temo que estamos en un gravísimo problema.

Y entonces Ron, que no podía dejar de pensar en lo que él mismo había hecho con Megera, completamente asqueado, horrorizado y arrepentido, cayó en la cuenta de qué era lo realmente más terrible de todo lo que había hecho esa noche. Porque podía haberse acostado con Megera, lo que era realmente terrible, pero sabía que no era lo más terrible de todo, no, lo más terrible de todo era el secreto que había develado al enemigo. Sus ojos se abrieron platos y lo asaltó el pánico al darse cuanta de la gravedad de sus actos. Y deseó, una vez más, nunca haber recordado todo eso, Más que eso, deseó que nada de eso hubiese ocurrido nunca, deseó no haber sido tan débil para dejarse engañar por la muchacha de cabellera dorada, deseó haber podido resistirse, haber podido decir NO, haber sido consciente de sus actos y negarse rotundamente a irse con ella, y hasta deseó haber estado completamente consciente para destruirla, para terminar con ella en cuanto se hubo presentado en su dormitorio. Pero ahora ya era demasiado tarde para pensar en todo ello, porque el daño ya estaba causado, y no había ni hechizo, ni poción ni manera alguna de revertirlo, no había salida, sólo les quedaba enfrentarse a su error.

- Oh, Harry, lo siento tanto… de verdad yo… yo no quería... ni siquiera sabía, te juro que no fue mi intensión… ¡Santo Dios! Cómo pude haberlo hecho… Te entenderé si no vuelves a hablarme, ni yo volvería a hablarme… - sentado sobre la cama, el joven Weasley apoyó los codos sobre las rodillas y escondió el rostro entre sus manos, mortificándose con el recuerdo de su error, de su gravísimo error.

- Oye Ron, cálmate, sé que no querías, nada de esto es tu culpa, ella te hechizó… - Harry trató de calmarlo.

- Pero si yo no hubiera sido tan débil… si me hubiese resistido…

- Ron, ella te hechizó, NO PODÍAS resistirte. Pero eso no importa, ahora debemos encontrar la forma de salir de esta.

Y de verdad que no sabían cómo iban a hacerlo. Ahora los Mortífagos conocían el secreto de Harry, del Señor de La Muerte, y no quedaba otra solución que enfrentarse a ellos, y evitar que se hicieran con las Reliquias. Aunque, de todos modos, había algo que ellos no sabían, y era dónde exactamente estaban esas Reliquias, y lo cierto es que sólo una de ellas continuaba junto a su dueño; otra estaba con su antiguo dueño, y la última, bueno, ni el mismo Harry se creía capaz de hallarla, eso era, al menos, un punto a su favor. Pero de todos modos, tampoco podían quedarse tranquilos con eso, sabían que los Mortífagos removerían cielo y tierra para encontrarlas, y el primer punto de su búsqueda sería aquella casa, donde Harry vivía, ¿qué iban a pensar ellos que él no las tenía, que las Reliquias no estaban allí?

Como fuese, Harry (y todos) tenían ahora un punto más en la cabeza del que preocuparse: lo que le pasaría a Ginny, el secuestro de sus amigos, y ahora lo que fuera que Harían los Mortífagos para conseguir las Reliquias, sus Reliquias.

El llamado de la señora Weasley a cenar los sacó a los tres de sus cavilaciones. Y, con la expresión aún preocupada, salieron del dormitorio rumbo al comedor. En el pasillo, se cruzaron con Hermione y Ginny, que salían del dormitorio de la última. Harry intercambió con su novia una mirada triste, y no pudo evitar acercarse a ella, para rozar su rostro con la yema de sus dedos, antes de presionar sus labios con fuerza sobre los de ella (después de todo, la señora Weasley no podía verlos). Pero con Ron, las cosas no fueron ni por asomo similares, el chico dedicó a su novia una mirada de terror apenas la vio aparecer en el pasillo, y luego se apresuró escaleras abajo, dejando a Hermione mirándolo desconcertada.

- ¿Qué bicho le picó? – preguntó enfadada, a nadie en especial, mirando hacia las escaleras, donde acababa de perderse de vista su novio.

- Eh… él sólo está hambriento – contestó George sonriendo y con una nota divertida en la voz.

La cena fue silenciosa. Sólo Molly, Ginny, George, Ron, Fleur, Harry y Hermione estaban allí, porque el señor weasley y sus tres hijos mayores, Bill, Charlie y Percy, aún no habían regresado del Ministerio. Fleur y al señora Weasley se mostraban evidentemente preocupadas por sus maridos (y sus hijos, Molly) que aún no regresaban. No podían evitar removerse nerviosas en sus asientos y levantar la vista al menor sonido que proviniese de afuera. La cena concluyó, e incluso luego de una larga sobremesa, los cuatro hombres restantes no habían regresado, por lo que, finalmente, Molly mandó a todos a la cama (Ron y Harry dormirían en el dormitorio de George, para dejar los suyos desocupados a los demás Weasley), y ella y Fleur tomaron posiciones en el sofá de la Sala, aguardando, a cada minuto más nerviosas, el regreso de sus maridos y los demás.

Aprovechando la falta de atención que la señora Weasley tenía en ellos en esos momentos, los muchachos se escabulleron dentro de la habitación de las chicas. Debían trasmitirles todo lo que acababan de enterarse… Bueno, al menos un parte, la más importante.

Harry se acurrucó con Ginny en un rincón, acunándola contra su pecho y con la nariz hundida en su cabello, recorriendo sus brazos con la yema de sus dedos y deseando poder hacer mucho más que eso. Deseaba hablarle y decirle lo mucho que lo sentía, disculparse por lo que había ocurrido y dejarle bien en claro cuánto la amaba, que no importaba lo que fuese a ocurrir, que él la amaba de todas formas y que nunca la dejaría; pero no podía, porque por mucho que lo deseara, no estaban solos allí, y después de todo, ahora que podían estar juntos, ¿por qué perder el tiempo con palabras? Los demás se acomodaron por el resto de la habitación. Ron se sentó junto a su novia sobre la cama, y se permitió pasarle un brazo por sobre los hombros, pero aún así, se mantuvo algo distante y la expresión de culpa no se borró de su rostro en ningún momento, Hermione le rodeó la cintura con su brazo y lo observaba preocupada, preguntándose la causa del evidente malestar del chico. En cuanto a George, no tomó asiento, sino que permaneció de pie en el centro de la habitación, caminado nervioso de un lado a otro, ida y vuelta, una y otra vez. El muchacho comenzó a hablar, con voz firme y seria.

Bueno, hemos estado vigilando a Megera y me temo que no hay buenas noticias.

- ¿Por qué?¿Qué ocurrió? – preguntó Hermione retirando, al fin, los ojos de Ron y dirigiéndolos hacia George.

- Bueno, lo que ella quería era saber cómo derrotar a Harry – explicó el interpelado – Y lo que ahora sabe es que Harry no puede ser derrotado, que es el Señor de La Muerte. De alguna forma, que desconocemos – dirigió una mirada fugaz a su hermano, que, por suerte, pasó desapercibida ante los ojos de Hermione – se enteró de las Reliquias, lo sabe todo, o al menos lo que importa… Sabe que son tres y qué son, y sabe que mientras pertenezcan a Harry, nadie podrá derrotarlo.

Hermione lo miró con ojos como platos y la boca levemente abierta en una expresión de sorpresa y terror, sus ojos fueron de George a Harry, y luego de nuevo a George y de nuevo a Harry, no podía dar crédito a sus oídos ¿Cómo podía ser que lo hubieran averiguado? Nadie sabía sobre eso, nadie más que ellos y el propio Dumblendore. Ginny, que no había estado prestando la menor atención a su hermano, perdida en sus pensamientos, pareció salir de pronto de su ensimismamiento en cuanto oyó, como a lo lejos, las última palabras que éste había pronunciado, "… se enteró de las Reliquias, lo sabe todo, o al menos lo que importa… Sabe que son tres y qué son, y sabe que mientras pertenezcan a Harry, nadie podrá derrotarlo.". Levantó la cabeza, abandonando el calor del pecho de su novio, y clavó sus ojos en los de él. Harry pudo ver el pánico explícito en las negras pupilas de su novia, y trató de trasmitirle tranquilidad con los suyos, de decirle que todo estaba bien, que hallarían la manera de terminar con todo esto y que no correrían peligro, pero sabía que si lo hacía, estaría mintiéndole descaradamente, se conformó con transmitirle tranquilidad, aunque no estuvo seguro de haberlo logrado.

- Pero… - comenzó Hermione con voz temblorosa por el pánico - ¿Cómo es eso posible? Si… nadie más que nosotros sabía de esto, nadie más que nosotros y que Dumblendore… Ano ser que… ¿Y qué tal si quienes tienen a Luna y Neville los torturaron para que se los dijeran?

- Herms, no seas absurda – repuso Harry, estremeciéndose de sólo pensarlo – Ellos ni siquiera sabían de esto.

- Oh, cierto… Lo siento… Pero, entonces ¿Cómo lo saben?

Ron estaba evidentemente nervioso ante la insistencia de su novia por saber cómo habían conseguido los Mortífagos el dato, y no pudo siquiera articular palabra. Su hermano lo salvó.

- No sabemos cómo hicieron para descubrirlo, pero eso no viene al caso, eso no es lo que importa. No, lo que importa ahora es cómo va a salir de ésta. – George calló, pero nadie habló, entonces Harry siguió con lo que ya había discutido por la tarde con los muchachos.

- El punto es que, sabiendo que yo tengo las Reliquias, querrán arrebatármelas para luego poder matarme, y el primer lugar en que buscarán será aquí. Ellos no saben que yo no las tengo conmigo, no saben dónde están, pero de seguro supondrán que las tengo aquí en la casa.

- Creo que debemos preocuparnos por que vengan… - reflexionó Hermione – la casa está protegida ¿no?

- Y dime, si está protegida, ¿cómo hizo Megera para entrar desde un principio? Si entró antes, no hay razón para que ahora no pueda hacerlo – aventuró George.

Silencio.

- Un momento – Ron habló al fin, al caer en la cuenta de lo que su hermano acababa de decir – Eso mismo me gustaría saber, si la casa está protegida ¿Cómo pudo haber entrado?

Obviamente, nadie tenía respuesta. Genial, algo más que agregarle a la lista de preocupaciones: el encantamiento protector no estaba funcionando correctamente.

No se quedaron mucho en el dormitorio de las chicas, una vez que todo (lo importante) estuvo dicho, y que hubieron discutido al respecto, ya no quedaba más por hacer, y lo mejor era que los chicos regresaran a su dormitorio antes de ser pillados allí por la señora Weasley y causar un problema más para sumar a esa lista cuyo peso ya comenzaba a sentirse y a fastidiar. Harry besó a Ginny en los labios, y le dio las buenas noches y Ron, un poco más relajado porque lo peor hubiese pasado y su novia no se hubiese enterado, también besó a su novia. Acto seguido, los dos Weasley y Potter, se marcharon a sus camas.

No charlaron una vez que se hubo acostado cada uno en su cama y se hubieron encargado de apagar las luces. No estaban de ánimos para seguir discutiendo sobre lo que había ocurrido, ya habían hablado sobre eso lo suficiente por esta noche, ni para hablar de nada más. Preferían sumirse cada uno en sus preocupaciones, en sus temores, en sus penas, ya que parecían menos graves cuando no se las mencionaba en voz alta, y hasta parecía ser que podían pensar con más claridad cuando no lo hacían, tenían la esperanza de que, al estar concentrados en sus cavilaciones, pudieran hallar soluciones razonables por sí mismos, por más loco que parezca, parecía más fácil encarar los problemas hallándose en la soledad, sólo ellos y su mente. Los minutos, que se parecían más a largas horas, pasaron mientras los chicos se removían inquietos entre sus sábanas, dándole vueltas a todo lo que perturbaba sus cabezas, y, poco a poco, de uno en uno, fueron cayendo dormidos, al fin vencidos por el cansancio. Todos menos Harry. Sencillamente el muchacho de ojos verdes y cabello azabache estaba demasiado alterado como para conciliar el sueño, tenía demasiadas preocupaciones, había demasiadas cosas fuera de lugar como para que pudiera permitirse el lujo de caer dormido. Sus amigos, Neville y Luna estaban en manos enemigas desde hacía casi 24 horas y quién sabía las atrocidades que estarían teniendo que soportar, y todo por su culpa, como siempre…; el señor Weasley y sus tres hijos mayores se habían marchado al Ministerio, y aún, casi la medianoche, no habían regresado; Ginny iba a ser castigada en cuanto su padre regresara, y quién sabía con qué pena, y una vez más, él era el culpable…; y como si con todo eso fuera poco para mantenerlo la noche entera en vela, los Mortífagos conocían ahora su más profundo secreto, el que, nadie debería haber descubierto bajo ningún punto de vista, el que, hasta ahora, lo había mantenido protegido de ellos, y no sabía qué harían ellos para conseguir arrebatarle las Reliquias, sólo podía deducir que no sería nada agradable, los Mortífagos irían a buscarlo, no cabía la menor duda. Una vez más, por su propia culpa, toda la familia Weasley estaba en peligro, y él no hallaba en sus entrañas la manera de evitarlo. El silencio de la habitación, la soledad con sus pensamientos, comenzó a fastidiarlo mientras daba vueltas en la cama de un lado a otro. No estaba aliviándolo en absoluto el meditar sobre todo lo que parecía estar viniéndosele encima en esos momentos, al contrario, lo sumía más y más en un dolor aplastante, mientras sentía cómo el hueco que se había abierto en su pecho por la mañana, aumentaba de tamaño a cada segundo. Al fin, hastiado de sus pensamientos que le causaban tanto fastidio, se dispuso a olvidarse de todo, a vaciar su mente, para poder sumirse en un sueño, aunque sea superficial, pero que le permitiera alejarse de todo aquello al menos por unas horas. George dormía, aparentemente tranquilo, podía oír el sonido acompasado de su respiración; Ron dormía, también, pero hablaba en sus sueños, decía cosas inteligibles y cada tanto algo como "soy un asco" o "no la merezco", y Harry supo inmediatamente que el muchacho soñaba con Megera, con lo que había hecho con ella. Trató de no prestar atención a esos apagados sonidos, la respiración de George, las palabras de Ron, y cerró completamente su mente a todo lo que fuera ajeno a él, intentando dormir, deseando dormir. Por un momento, dejó de oír los sonidos de aquel dormitorio, pero fue otro sonido, uno que venía de afuera, ajeno a aquella habitación, el que le hizo perder toda concentración, y regresar, tan pronto como se había alejado, a la realidad.

- ¡¿Pero, qué dices?! ¡Quiero ver a esa jovencita de inmediato! – Lo que oyó, especialmente la última parte, hizo que al joven insomne se le acelerara el corazón a mil por hora, que los ojos se le abrieran como pelotas de ping pong, que el pánico que lo atacaba y que había logrado aplacar en su intento por dormirse, lo atacara en una dosis mucho mayor, que los temores que había guardado en su interior desde la mañana, afloraran de golpe, amenazando con hacerse realidad. Esa voz sonaba realmente enfadada, severa, destilaba furia, como nunca antes la había oído, como creyó que nunca la oiría, como no imaginó que pudiera llegar a sonar, y eso fue lo que más paralizó a Harry, el conocimiento de que se había enterado de todo y de que se encontraba total y completamente encolerizado.

El señor Weasley ya estaba en casa, y ya lo sabía todo y ahora venía lo peor, lo que él había temido desde la mañana, lo que había hecho, en un principio, que se abriera el hueco en su interior. Hablaría con Ginny, la reprendería, y le impondría su castigo, le aplicaría la sanción que considerara necesaria de a cuerdo con su "falta", Su "falta, no la de ella, porque todo eso era culpa de él. El joven aguzó el oído en la oscuridad de su dormitorio. Oyó una puerta cerrarse, relativamente cercana, la del dormitorio de los padres de su novio, supuso, casi con seguridad; pasos apresurados a través del pasillo, no demasiados, los justos y necesarios para llegar al dormitorio de Ginny. Contuvo la respiración, para que ni siquiera el sonido del aire al entrar y salir de sus pulmones le impidieran oír el menor susurro, deseó que Ron y George también dejaran de respirar; y puso todo su atención en los sonidos que venían del exterior. Una puerta chirrió al abrirse; un paso más, hacia el interior del dormitorio; y una voz, la de la señora Weasley, sorprendentemente dura y severa.

- Ginevra, ven aquí, tu padre desea hablar contigo.

Unos pasos más suaves, Ginny; la puerta volvió a cerrarse con otro chirrido; ahora dos pares de pies caminaban a la par, unos pisaban con fuerza, como un cable a tierra para que su dueña, la señora Weasley, probablemente, descargara su ira, los otros, pisaban firmes y decididos, sin rezagarse y sin oponer resistencia a los anteriores, Ginny, increíblemente segura de sí misma, sin acobardarse.

Una puerta se abrió, y luego volvió a cerrarse, y Harry ya no pudo oír nada más. Pero permaneció en silencio, a la espera de un nuevo sonido, de alguna señal. Lo que parecieron horas después, un nuevo sonido, indicándole que la puerta de la sala de juicio había vuelta a abrirse, hizo que se pusiera de pie de un salto y caminara con decisión hacia la puerta. Sin detenerse a pensarlo, abrió la puerta y salió al pasillo. Se quedo de piedra en medio del pasillo, justo delante de su puerta, contemplando aquella imagen que, aunque prometía no ser entristecedora, le partía el corazón. La señora Weasley se hallaba de pie en el umbral de la puerta de su dormitorio, y observaba a su hija que caminaba hacia su dormitorio. La espalda erguida, la barbilla en alto, y la expresión inescrutable, seria y hasta severa, pero aún así, los ojos brillando con una luz de tristeza; Ginny no lloraba, como era de imaginar, ya que ella nunca lo hacía, excepto aquella vez… la muchacha caminó con decisión y se escabulló hacia el interior de su dormitorio sin volver la vista atrás. Al espectador que observaba desde el otro lado del pasillo no le quedó duda, el castigo ya había sido impuesto.

La señora Weasley se percató de su presencia y se volvió para dirigirse a él.

- La llevaremos con Muriel a primera hora. Tal vez sirva para que ambos aprendan algo de esto – informó con voz monótona, antes de desaparecer hacia el interior de su habitación y cerrar la puerta tras ella.

Quién sabe cuánto tiempo estuvo el muchacho de pelo azabache y ojos verdes parado en aquel mismo sitio, en medio del pasillo y con los ojos clavados en aquella puerta cerrada, en la puerta del dormitorio de su novia, donde ella estaría tal vez llorando, tal vez recibiendo el consuelo de su amiga, tal vez pensando en él, y sabiendo, que al otro día, ya no volverían a verse. Sabiendo que ya nada podía hacer para evitarlo, largó un gran suspiro, y, finalmente, regresó a su cama, con el corazón desgarrado y el pozo de su pecho siendo ya más grande que él mismo.

Otro rato más permaneció en su cama, retorciéndose de un lado a otro entre las sábanas, con los ojos cerrados y tratando de despojar su mente de todos esos pensamientos que lo atormentaban, y no fue sino hasta que el cielo pareció comenzar a iluminarse con la tenue luz del amanecer, que el agotamiento le ganó al dolor y el muchacho calló en las redes de un sueño intranquilo y pesadillezco.

Un auto negro, de aspecto lujoso y con el logo del Ministerio de la Magia grabado a los lados avanzaba por la carretera bajo la tenue luz del amanecer; el auto frenaba y tres personas con las cabezas enfundadas en capuchas negras los interceptaban de repente. Ahora Ginny, su novia, y los señores Weasley, amordazados y con ojos vendados eran empujados por cuatro hombres, a punta de varita, por un callejón completamente en penumbras, hasta llegar al final, donde un muro les cerraba el paso. La imagen cambió. Un pasillo de piedra, oscuro y sombrío, con paredes húmedas y frías, y sólo iluminado por la débil llama de algunas antorchas empotradas de tanto en tanto en esa misma pared, se abría ahora ante él, como un túnel sin fin, con curvas y esquinas. Él corría, con toda la velocidad que se lo permitían sus piernas, cansadas y doloridas, pero no había tiempo para pensar en el dolor, o en el cansancio, no había lugar en su mente para aquello, ahora sólo una cosa importaba: salvar a su novia y a sus amigos, rescatarlos de aquel lugar de tormento y de las torturas, que no le cabía duda, habían sufrido durante su tiempo allí. Sintió que lo seguían y al voltear, comprobó que, en definitiva, así era, de nuevo, aquella figura encapuchada. Intentó correr más rápido, pero ya se hallaba al máximo de su aceleración. Rayos de luz roja, y de otros colores pasaban rozándole su cuerpo, y él no podía más que correr, y lanzar hechizos en respuesta por encima de su rostro, tratando de atinarle a su objetivo. La imagen cambió una vez más. Vio a Ginny, en una especie de calabozo, oscuro y húmedo, acurrucada en una esquina con ojos vendados, la boca cubierta por un sucio trapo a modo de mordaza y manos y pies atados; vio a Luna y luego a Neville, en las mismas condiciones que su novia; y luego vio a Hermione y a los señores Weasley. Todos encerrados en diferentes calabozos, solos y asustados.

Las imágenes cesaron, y el muchacho despertó jadeando, con el cuerpo cubierto de un sudor frío y pegajoso y la mente completamente confundida. Ya era claramente de día, tal vez las nueve, o diez de la mañana; lo supo porque los rayos de sol que se filtraban por entre las cortinas e inundaba la habitación entera, era de un tono amarillo dorado y relucían con claridad, y, además, los hermanos Weasley que habían compartido el dormitorio con él esa noche, no se hallaban allí: no podía ser demasiado temprano si ellos ya se habían levantado. La cabeza le daba vueltas, y le tomó un buen rato reaccionar y darse cuenta de que acababa de despertarse de una pesadilla. Pero, sin embargo, no podía llamar a aquello una pesadilla, era algo más, era más parecido a la clase de pesadillas vívidas que experimentaba cuando Voldemort estaba vivo y su mente estaba conectada con la de él, era exactamente igual a esa clase de pesadillas, una demasiado real para ser sólo producto de su subconsciente. Y esas pesadillas, las que solía sufrir cuando su mente entraba a la del mago más tenebroso del mundo, nunca resultaban ser sólo eso (al menos casi nunca, había una excepción), eran imágenes reales. De inmediato supo que aquella, la que acababa de tener, era una como esas tantas del pasado, era real, no le cabía duda al respecto. Pero, aún así, no podía ser algo que estuviera ocurriendo en ese mismo momento, como había sido en las ocasiones anteriores, no, porque él se hallaba en su cama en ese momento, y estaba seguro de que Hermione, Ginny y los señores Weasley, también… aunque Neville y Luna… ellos sí estaban secuestrados y tal vez sí se encontraran en las condiciones en que habían aparecido en su pesadilla. Decidió levantarse y darse una ducha, para despabilarse y poder pensar con mejor claridad, y además, para retirarse el pegote de sudor que le cubría el cuerpo entero.

Se puso de pie, sintiendo el cuerpo sorprendentemente pesado, tomó un conjunto de ropa limpia y arrastró los pies hacia el final del pasillo, en dirección al baño que todos compartían en la planta alta. El agua tipia cayendo sobre sus hombros y resbalando sobre todo su cuerpo, le ayudó a relajarse y alivianarse, y entonces pudo pensar con más claridad. Con el tranquilizante sonido del agua corriendo, y golpeando como lluvia sobre su cuerpo, lo ayudaron a reflexionar con mayor calma, y así, comenzó a repasar su sueño, y a relacionarlo con la realidad, y por fin, pudo comenzar a atar los cabos sueltos.

Evidentemente en su sueño, el auto del Ministerio había sido víctima de un ataque Mortífago, y sus tripulantes habían sido secuestrados, tal y como, se suponía, había ocurrido con sus dos amigos. Y luego, los prisioneros, habían sido llevados a su "prisión", por aquel callejón oscuro… tal vez hubiera allí alguna entrada, algún pasadizo… y después… después él iba a rescatarlos. Pero ¿Cómo ligarlo con la realidad? Al repasar el sueño, no pudo evitar percatarse instantáneamente de algo, algo que había ocurrido hacía semanas y que, de algún modo, ya había olvidado. La pesadilla de Ginny. La pesadilla que su novia había tenido la misma noche en que se habían mudado, en esa misma casa. Ella se la había descrito, y le había asegurado, que aquello había sido más que un simple sueño. De hecho, él le había creído, y lo había mantenido preocupado por varios días, hasta que, simplemente, con el paso del tiempo había terminado por olvidar el hecho. Y, sin embargo, ahora, aquello volvía claramente a su memoria, y es que había una clara conexión con su propia pesadilla, hasta podría ser la misma, sólo que con algunas variaciones. Las palabras de Ginny pasaron por su mente describiendo la pesadilla… un pasillo largo… paredes de piedra… oscuridad… ella, Hermione, Luna y Neville en calabozos… amordazados, maniatados…El corazón se le aceleró de repente al establecer relaciones entre los dos sueños, las relaciones se hacían prácticamente por sí solas, porque ambos sueños era casi iguales, había que diferenciarlos en la parte del comienzo, del auto del Ministerio y los Mortífagos conduciéndolos por la calleja, y la presencia del señor y la señora Weasley, pero por demás, eran lo mismo. Intentó serenarse, recuperar el ritmo normal de los latidos de su corazón, acompasar su respiración, y volver a enfocar su mente en estableces una conexión en el sueño, ahora los sueños, y la realidad… Piensa… Piensa… Inclinó la cabeza hacia el suelo para el agua tibia cayera sobre su nuca y entonces, divisó, oscilando sobre su pecho, el relicario de piedra verde que su novia le había regalado el día anterior, llevó su mano hacia él y recorrió la superficie de la piedra con la yema de los dedos, luego lo abrió, y entonces la vio. La respuesta le llegó sola, y tenía que ver con su novia. Ginny, todo comenzaba con ella, ella y sus padres, ellos eran la clave… pero… ¿Dónde estaban ellos ahora? La respuesta salió de entre sus labios antes de que la pregunta pudiera terminar de formársele en la mente.

- De camino a la casa de Muriel… - la voz le sonó débil, como un susurro, y se quebró al terminar la frase. Molly, Arthur y Ginny, estarían ya a esas horas de camino a casa de su tía abuela, y probablemente – se obligó a pensar – estarían siendo llevados por alguien del Ministerio, en uno de sus autos…

Tardó varios segundos en reaccionar y salir de la "parálisis" en que se había sumido al llegar a aquella conclusión. Los Weasley nunca llegarían a destino, algo grave les ocurriría en el camino. Estaba seguro de eso, algo le decía que debía confiar en su pesadilla, porque no era un pesadilla, era más como un vaticinio. Serían llevados a aquel callejón que, seguramente tenía la entrada al lugar de prisión, un escondite de Mortífagos…

Cerró los grifos y saltó fuera de la ducha en cuanto hubo salido de su ensimismamiento y recuperado la movilidad de su cuerpo. Tomó el toallón y se secó precariamente en un intento desesperado por ser rápido. Se vistió con la ropa interior y los pantalones, y salió corriendo con los pies descalzos, el torso desnudo y el cabello chorreando agua. Atravesó el pasillo a grandes zancadas y bajó la escalera, más resbalando que corriendo.

George, Ron y Hermione, que desayunaban sentados a la mesa de la cocina, dieron un salto, asustados, cuando Harry irrumpió en la habitación a medio vestir, chorreando agua y con la respiración agitada por la carrera.

- Harry, ¿qué… - comenzó Hermione, pero su amigo la interrumpió.

- ¿Dónde están los demás? – preguntó, haciendo un esfuerzo para recuperar el aliento.

- Bill, Charlie y Bill fueron de nuevo al Ministerio y Fleur fue con ellos, es como si no pudiera dejar a Bill sólo ni por un minuto… Parece que de verdad necesitan ayuda… las cosas están saliéndose de control allí afuera, aún no han dado con el paradero de Neville y Luna, y continúa desapareciendo gente. Adivina, las tres personas que desaparecieron entre anoche y esta mañana (además de Neville y Luna) son muggles y sangre sucia, y todos ocupaban cargos en el Ministerio, lo que lo pone peor respondió George con la voz cargada de ira, pero, al igual que los demás, sin quitarle de encima unos ojos extrañados y, también, algo asustados.

- No, no me refiero a ellos – repuso Harry, aunque era verdad que la información que acababa de recibir, lo había dejado sorprendido… aunque no sorprendido en el sentido estricto de palabra, porque era de esperar que algo así ocurriría. La caza había comenzado. – Me refiero a tus padres, y a Ginny, ¿Dónde están ellos? – le urgió.

- Harry… anoche, cuando el señor Weasley regresó a casa… bueno, él, impuso a Ginny su castigo… – soltó Hermione entre preocupada por su amigo, y asustada por la reacción que podía llegar a tener.

- Lo sé, lo sé. Dijo que la enviaría con Muriel – Todos parecieron sorprenderse ante su conocimiento del tema – Pero, ¿Dónde están?¿Ya se han marchado?¿Hace cuánto tiempo? – necesitaba respuestas, y las necesitaba pronto, pero sus amigos seguían observándolo como si estuviera loco, completamente fuera de sí. Hermione fue quien le respondió nuevamente.

- Sí, ellos se marcharon, hace… hace unas tres horas.

- ¡Santo Dios! ¿Qué diablos voy a hacer ahora? – Harry comenzó a caminar por toda la habitación, con las manos sobre la cabeza y la mirada clavada en sus pies, mientras pensaba en cuál sería su siguiente paso, ya que era demasiado tarde para tratar de impedir que se marcharan.

Sólo te queda dar con su paradero, le dijo una voz en su mente, debes hallar ese callejón, y la manera de entrar en lo que sea que esconde. Como si fuera tan fácil – le replicó a la voz - ¿Cómo se supone que voy a hallar ese lugar? Se supone que se trata de algún escondite Mortífago, y los escondites Mortífagos son secretos, sólo ellos mismos conocen su ubicación, de no ser así, esas ratas ya estarían todas pudriéndose en Azkaban. "Sólo los Mortífagos conocen su ubicación" esa idea revoloteó en su mente durante unos segundos, quedó allí flotando, como las hojas de los árboles, cuando caen en otoño y se dirigen al suelo en un lento y delicado vals. Debía encontrar un Mortífago, y hacerlo hablar, emplearía lo maleficios imperdonables si era necesario… ¿Dónde conseguiría un Mortífago? De repente sus ojos se retiraron del suelo, e inconscientemente revolotearon, a través de la ventana, hacia la cas vecina…

- Megera…- Masculló para sí. Todos lo miraban expectantes mientras marchaba por la habitación, de un lado a otro; y sus ojos se abrieron como platos al oírlo mencionar el nombre de la muchacha de cabellos dorados, de la Mortífaga.

- Harry… ¿q…qué ocurre? – preguntó Hermione en un susurro, temerosa de lo que pudiera llegar a recibir como respuesta.

Pero su amigo no le respondió, quizá ni siquiera la oyó. Continuó caminando de un lado a otro de la cocina, con las manos sobre la nuca, y la vista nuevamente clavada en las baldosas del piso, murmurando para sus adentros con un loco, y con verdadero aspecto de maníaco.

"Megera" repitió en su mente el muchacho. Sólo debía tenderle una trampa, secuestrarla e interrogarla, torturarla, para que le dijera todo lo que supiese. No va a resultar – volvió a hablarle la voz de su cabeza – Ella está en contacto con otros, se enterarán de alguna forma y vendrán a por ti. Harry gruñó, la voz tenía razón, lo buscarían, y sabía que lo hallarían… pero, era la única forma… estaba dispuesto a correr el riesgo si con eso conseguía salvar a quien amaba y a todos cuantos estuviesen cautivos allí. No es la única forma – Se sorprendió ante esto, pero de todos modos aguardó a recibir el resto, la explicación, la revelación de otra manera de hacerlo, y sin embargo, eso no ocurrió. Su inconsciente sabía que tenía otra forma de saberlo, y si su inconsciente le decía que había otra manera de llegar a donde necesitaba llegar, entonces era porque así era, porque él, en el fondo, sabía que así era, y no sólo eso, si no que además, conocía, sabía, cuál era la otra alternativa. El problema era que no podía traerla a su mente, que no podía rescatarla, desenterrar de lo profundo de sus entrañas, de la parte de ellas que sí la conocían. "Mortífagos… Mortífagos…" repetía en su fuero interno, como si aquella fuera la clave para desentrañar lo que su propia mente le ocultaba; sin interrumpir su caminata, de un lado a otro, de ida, y de regreso por toda la cocina, bajo las miradas inquisidoras, preocupadas y ansiosas de todos los que allí se hallaban. Tal vez estuvieran hablando, entre ellos, o incluso a él, pero Harry no podía saberlo, porque en ese momento no tenía ni oídos, ni tiempo, para nada más que ni fuesen sus propias reflexiones. Tal vez pasaron sólo segundos, tal vez largos minutos, quién sabe, hasta que el muchacho comenzó a acercarse de a poco a su respuesta. "Mortífagos… ¿A quién conozco que tenga lazos con Mortífagos?¿A quién conozco que pueda saber de las guaridas de los Mortífagos?" Se frenó de golpe en su caminata cunado la respuesta brilló en su mente, como un cartel de neón de uno de esos bares nocturnos, como si siempre hubiese estado ahí, gritando "¡Mírame!¡Mírame!", y Harry se sintió completamente estúpido por no haberlo visto antes, por no haberse dado cuenta de que la respuesta estaba ahí no más. Claro, era perfecto, él era la única persona que podía ayudarlo, y sabía que no se negaría a hacerlo en cuanto se lo pidiera, por más Mortífago que fuese, por mucho que lo aborreciese, sabía que no iba a negarle su ayuda, él se lo había prometido, hacía meses ya; podía recordar sus palabras con claridad: "Bueno… si algunas vez llegas a necesitar nuestra ayuda, no importa para lo que sea, no dudes en pedirlo."Se lo había dicho hacía meses, luego de agradecerle el que hubiera salvado su vida. Ahora había llegado el momento en que necesitaba su ayuda, e iría directo a pedírsela.

Harry levantó la mirada de las baldosas y la dirigió a sus espectadores, con una sonrisa triunfante dibujada en su rostro consternado.

- Debo irme – fue todo lo dijo, y se dispuso a regresar al dormitorio para terminar de vestirse. Es que no había tiempo, debía irse inmediatamente y solicitar ayuda, a quien, sabía, se la iba a brindar.

- ¡Harry, espera! – Hermione se puso de pie furiosa - ¡Podrías decirnos qué diablos está pasando contigo! Porque de verdad que no entendemos absolutamente nada, estás trastornándonos. – Ron se puso de pie a su lado y le apoyó una mano en el hombro, instándola a recuperar la calma

- Harry, de verdad queremos saber qué es lo que está ocurriendo, luces como…

- Luces exactamente como un maniático que acaba de escapar del área de trastornos mentales de San Mungo – George terminó, como mucha sutileza, la frase que su hermano no había podido concluir. Y Hermione y Fleur lo fulminaron con la mirada. Y él se defendió - ¿Qué me miran así? Es cierto, y ustedes lo saben.

- Ven Harry, siéntate y cuéntanos – lo alentó su amiga.

El muchacho obedeció, se sentó y comenzó a explicar, lamentándose por el tiempo que estaba perdiendo.

- Tuve un sueño, un sueño en el que vi a Ginny y a sus padres de camino a lo de Muriel en un auto del Ministerio, y luego eran atacados, y secuestrados, y llevados a algún lugar que no reconocí… y hubo más […] – el muchacho relató el resto del sueño, y se enfadó sobremanera cuando, al final, vio la expresión de incredulidad con lo miraba su audiencia.

- Harry, tú lo has dicho, fue un sueño. Nada les ocurrió en el camino, y nada va a ocurrirles, y puedo asegurarte de que Arthur y Molly ya están en camino de regreso.

- ¡No, Hermione, no fue sólo un sueño! Sé que es real, porque lo presiento, porque sabes que no es la primera vez que me ocurre, sé diferenciar entre fantasía y realidad – Ahora sabía que hubiera sido mejor que se marchara de entrada, sin haberse detenerse a explicar nada. Sus amigos se empeñarían en convencerlo de que no había de qué preocuparse, de que no era real, y él, se empeñaría en hacerles entender que sí lo era. Y así pasarían un buen rato discutiendo, y ese tiempo que perdiera discutiendo con ellos, sería otro que perdería de su búsqueda. – Escúchame, yo sé lo que vi, y sé cómo fue, y sé que no fue una pesadilla, allí había algo más… y, de todos modos, no es la primera vez que ocurre, porque lo que yo vi, es lo mismo, o casi, que vio Ginny hace semanas, así que no vas a decirme que estoy exagerando, que no hay de que preocuparse porque no llevas razón en eso.

El muchacho se puso de pie de golpe, y sin más, les dio la espalda a sus amigos, que lo observaban boquiabiertos y se dispuso, una vez más, a subir al dormitorio y acabar de vestirse, para marcharse a su destino tan pronto como le fuera posible, sin más demoras ni interrupciones, de verdad debía apurarse, debía recuperar a Ginny y a quienes fuese.

- De a cuerdo – oyó que George hablaba con decisión a sus espaldas - ¿Hacia a dónde nos dirigimos?

Harry volteó, y se quedó observándolo, dudando de si George realmente había dicho eso. Pero sí, en cuanto vio su rostro serio y decidido, no le quedó duda de que sí lo había hecho. El pelirrojo se puso de pie, dispuesto a seguirlo y también lo hizo su hermano, finalmente, para no quedar fuera, también lo hizo Hermione, aunque no sin algo de resignación.

- Bueno, supongo que después de todo pareces que tienes razón – declaró la castaña, con una entonación que sonó a protesta.

- Y aunque no la tuviera – continuó Ron, pero éste hablándole a su novia – no lo dejaríamos marchar solo.

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Acá estoy, para seguir fastidiándolos! XD jajaja!

Y bien, ¿Qué les pareció? Sé que en algunas paartes es como que me fui un poco por las ramas, porque estaba tan concentrada que me salía las cosas sin pensarlas, pero de todos modos, no quise arreglarlas, porque eso es lo que salió de mi en el arrebato de inspiración, y creo que así debe quedar… jajaja! Espero sus reviews : D

Y desde ya, millones de gracias por los reviews del capítulo anterior de verdad que son de mucha ayuda Y debo decir que me alegra que se vayan animando a comentar y a ser sinceros, es todo cuanto necesito: sinceridad.

*Albus Dumblendore Paita = Hola! Me alegra tenerte como lector! XD Bueno, también me alegra que el capítulo anterior te haya gustado y sí, te doy la razón en que el capítulo 60 fue leeeento y aburrido, porque sé que fue, incluso para mí : D Pido perdón por las largas esperas, y bueno, ya lo expliqué para todos al comienzo, no es algo que me ponga feliz hacerlos esperar, ni tener que esperar yo misma para poder escribir… De verdad lo siento mucho! XD

*Nocturnal Depression = Me alegra mucho que te haya gustado el capítulo! XD No pude cumplir con lo de no demorarme, pero bueno, espero que no te enojes, jeje!

*Samara Cuenta Cuentos = Bueno, una vez más, muchísimas gracias por el review! Y te juro que de verdad no sé lo que estoy haciendo, yo sólo escribo lo que me va surgiendo en la mente… jajaja! Mmm… En cuanto a tu "crítica" (jaja!) bueno, creo que tenés razón, tal vez no quedó muy claro en el texto, pero la respuesta es NO. Ron no tenía puestas las orejas extensibles, porque, como creo que dije en uno de los capítulos anteriores (no estoy segura) el sólo hecho de oír la voz de Megera significaría volver a caer bajo su hechizo, por la misma razón tampoco se asoma a la ventana para participar de el espionaje.

Espero que te haya servido mi explicación XD

Ah, y otra cosa: perdón por haberte abandonado con los reviews en "Todos los magos sienten miedo", pero supongo que habrás leído lo que puse al comienzo, y bueno, ahí está el problema, simplemente no logro ponerme al día, pero estoy tratando! Jajaj!

Y por cierto,

FELIZ AÑO NUEVO!

Ya saben lo que dicen, "más vale tarde que nunca" XD

Nos vemos en la próxima! Los quiero…

_______________________________________________________________________________*Ginny!*