El declive del gigante
—¡Mierda!— estalló fastidiado Genma arrojando al suelo de lámina su casco antiasalto —¡¿Cuándo piensan salir?!
Se encontraba irritado, sofocado y furioso, llevaban casi dos horas esperando en el estacionamiento mientras uno de los dos que llevaban el uniforme de repartidores se paseaba entre los pasillos del supermercado vigilando a sus objetivos, reportando que estaban jugando con las latas de champiñones en conserva.
Inoichi, no más cómodo que los demás, se secaba la sien sudorosa con los guantes.
—Saben que los seguimos— murmuró Genma.
—Hay que movernos Genma, los Uchiha tienen ojos en todos lados, alguien les ha de haber soplado.
—Hemos sido muy cuidadosos, estoy seguro…
—No, hay que movernos.
La radio que tenía en sus manos el capitán Shiranui hizo ruido de señal entrante.
—El personal de seguridad entró, van a llevarlos a gerencia. Derribaron a la botarga de Yogurtti.
—¡Es ahí! ¡Genma! ¡Los van a sacar por atrás!
—¿Qué?
—Genma, no hay manera de que salgan por enfrente, ese era el plan, por eso hacían tantas estupideces, para que los de seguridad los saquen por atrás.
Hubo un solo momento de duda, el agente en el interior no podría seguirlos, así que los perderían de vista y todo habría sido un gasto de recursos en vano. Tenía que tomar una decisión a la brevedad. Si iban atrás, si se quedaban enfrente, todo era un riesgo, y las consecuencias las pagaría no solo la chica Yamanaka.
—Vamos atrás— ordenó Genma golpeando la ventanilla al conductor que puso en marcha el motor.
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Tobi se reía con tal fuerza que debía sujetarse el estómago con las manos y andar le era complicado. Zetsu, sin embargo, estaba completamente ruborizado y se limitaba a emitir escuetos comentarios a su compañero para que recobrara la compostura. Los dos oficiales que habían sido llamados para atender los disturbios que habían ocasionado estaban de mal humor y lo hacían saber empujando por la espalda a Tobi cada que parecía detenerse.
—¡Tobi es un buen chico! ¡Tobi no hizo nada malo!— y de nuevo rompía en estruendosas carcajadas.
—¡Tobi no sabía que Patito-kun quería ir al baño! ¡Tobi solo quería abrazar a Patito-kun!
"Patito-kun" era la mascota de una popular marca de yogurt batido para niños, y una botarga del mismo se encontraba en el pasillo que correspondía a su producto ofreciendo muestras y globos para los más pequeños. Tobi había tomado de la mano a Zetsu y se habían lanzado contra él al tiempo en que emitía un grito de guerra, y después de haber jugado fútbol con latas en el pasillo de conservas, eso fue lo que les dio toda la atención del cuerpo de seguridad.
Los guardias lo condujeron hasta la gerencia, una mujer anciana, con toda la piel de la cara colgada en proporciones atemorizantes y un peculiar peinado alto que rememoraba las orejas de un gato, les esperaba con los brazos cruzados dejando entrever una pipa encendida.
—Ya pueden largarse a holgazanear como lo estaban haciendo— dijo rudamente la vieja a los guardias dándose la vuelta para entrar en el despacho.
Los guardias se retiraron y Tobi, que ya había calmado su ataque de risa, levanto la manos en alto y dando saltos siguió a la mujer para perseguir al animal que paseaba entre sus pies dirigiéndose también al interior.
—¡Gatito!— se había lanzado enseguida a abrazar a uno de los muchos gatos que rondaban entre el escritorio y los archiveros, pero el gato, huraño y asustado respondió agitando la patas con fuerza para arañarle la cara, propósito que logró sin esforzarse demasiado y lo suficientemente poderoso como para que Tobi lo soltara dando chillidos escondiéndose detrás de Zetsu.
—¡Gatito malo!
—Neko-baa— saludó Zetsu con cortesía, aunque a él no le parecía tanto así, más que nada porque solo la conocía por apodo y no por nombre.
—Al diablo con tus saludos, causan un desastre en mi tienda y pretenden que los siente al tomar el té ¿qué quieren?
—Unos hombre siguen a Tobi y Tobi… ¡Ah!
Tobi nuevamente empezó a llorar escandalosamente cuando la vieja le hubo dado un golpe en la cabeza con la larga pipa dejándole ceniza en el cabello.
—¡Tobi se incendia! ¡Tobi se incendia!
—Entonces quieren salir seguros, bien, pero no crean que voy a ignorar la mercancía que dañaron.
Tobi seguía corriendo de un lado a otro sacudiéndose la cabeza y gritando, pero no era enteramente exageración suya, las cenizas si le habían quemado de verdad.
—Mada-chan enviará un cheque mañana— dijo cuando se detuvo y comprobó que no había quedado calvo al mirarse en el empañado espejo que decoraba una de las paredes.
—Más vale que sea verdad.
La anciana les señaló una puerta apenas visible detrás de una vieja cortina desgarrada con la que los gatos jugaban.
—Salida de emergencia, queda oculta por la bodega de almacenamiento y sale directamente a la avenida, ni siquiera pasarán por el estacionamiento.
—Gracias, Neko-baa.
Zetsu volvió a reverenciar y tomó a Tobi por la muñeca para alejarlo del gato que insistía en hostigar.
Los peldaños de metal hacían mucho ruido, pero con los ventiladores de las bodegas el eco se perdía. Ya era muy tarde, el viento helado se colaba por el enrejado y soplaba en sus nucas. La altura era similar a la de cuatro pisos de alto, no era la primera vez que acudían a esa mujer y a esa salida, no tardaron en vislumbrar el Sedán color rojo quemado que les esperaba con el mismo conductor.
—Vas atrás con Ino-chan— dijo Tobi a Zetsu adelantándose para subir al lugar del copiloto.
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—Al parecer sus habilidades no se oxidaron mientras estuvo retirado— comentó Genma con una sonrisa de medio lado al ver a una peculiar pareja de varones salir de un pequeño callejón para abordar un vehículo rojo.
—Pero entonces tendremos que cambiar de vehículo si ya saben que los sigue la camioneta de pastelería.
Inoichi se arrodilló para mirar por la pequeña ventana que lo separaba de la cabina.
—¡Chōza!— exclamó de repente.
Justo a dónde señalaba, un robusto hombre de peculiar cabello rojo dentro de un Yaris Sport negro, muy compacto para su complexión, se estacionaba a un lado de la calle, seguramente para entrar a la farmacia que estaba ahí. El Sedán avanzó en cuanto la luz del semáforo lo indicó.
—Esa es una buena opción, pero no alcanzaremos todos.
—Yo iré— se apresuró a decir Inoichi mientras el chofer le daba alcance al mencionado personaje que cerraba la puerta del auto.
Rápido para no llamar la atención y no perder más tiempo, bajaron Genma, Inoichi y otros dos elementos que sin aviso abordaron el compacto negro al tiempo en que un quinto arrastraba a Chōza dentro de la camioneta para explicarle, le arrebataron las llaves y Genma tomó lugar de conductor acelerando para pasar mientras aún estaba la preventiva.
Inoichi empezó a ponerse nervioso. Todo lo habían hecho muy rápido, pero no garantizaba que no se hubieran dado cuenta del trasborde, y si lo habían hecho, se la pasarían jugando toda la noche. Empezó a golpear rítmicamente el tablero con los dedos.
—¿De verdad no tienen ni un solo domicilio de ese sujeto? — preguntó resultándole increíble que no se hubiera empezado con el registro de propiedades.
—Izuna Uchiha no tiene ni un solo pañuelo a su nombre, legalmente todo pertenece a Madara. Y Madara es muy cuidadoso con todos sus movimientos, limpio desde cualquier punto de vista legal, no es su culpa tener un hermano idiota que se junta con criminales internacionales y eso, no es realmente seguro, eso te lo dirá cualquier juez de instrucción.
—Tonterías, todo mundo sabe que Izuna es incapaz de tomar decisiones serias, es un chivo expiatorio de su hermano.
Genma chasqueó la lengua.
—Y pensar que era tan obvio— dijo después de un rato de silencio dentro del auto cuando por fin el Sedán rojo se detuvo al frente de un edificio departamental en la zona conurbada. El plan de manejo de Genma había variado notablemente, seguirlo deliberadamente por atrás despertaría nuevamente las sospechas, así que, confiando ciegamente en que no incurrirían en una infracción vial, uso calles secundarias que siguieran el mismo rumbo, especialmente para cuando dejaron el bullicioso centro.
Con parque infantil de por medio entre su auto y el Sedán, usaron la mira de sus rifles para ver a detalle en qué edificio entraban.
—No puede ser— murmuró Genma.
—¿Qué sucede?
—Miren quién está en la entrada.
Inoichi y uno de los hombres que le acompañaban enfocaron al susodicho que permanecía en el quicio de la puerta.
—¿El capitán Itachi Uchiha?— preguntó el agente con incredulidad en la voz.
— Pero…
—¡Ino!
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—¿Realmente era necesario traer a la niña?— preguntó Itachi cuando vio a Izuna bajar del auto para sacar él a Ino, Zetsu ya se había quejado suficiente respecto a las heridas y el nulo tiempo de recuperación que había tenido.
—¿Y dónde querías que la dejara? ¿En mi departamento? No te quejes y ayúdame.
Itachi se acercó para recibir a la muchacha echándosela al hombro como si de un costal se tratara mientras que Izuna a su vez, ayudaba a Zetsu.
—Creo que se abrió un punto— se quejó llevándose la mano al costado donde a través de la camisa se hacía visible un pequeño punto rojo.
—Tranquilo, tranquilo, Konan-neechan está arriba, ella sabe de estas cosas, apóyate en mi.
—Puedo caminar, de verdad.
—¡Vamos! ¡No soy tan solícito todos los días!— se quejó Izuna obligándolo a pasar un brazo por encima de sus hombros.
—Eso es verdad.
Zetsu levantó la mirada encontrándose con el semblante serio de Pain, volvió a bajarla sintiéndose cohibido y avergonzado por haberle desobedecido e incluso colocar en una situación incómoda a toda la organización.
—Vamos arriba, ya estamos todos, al menos los que quedamos.
Los tres asintieron.
—¿Esa es la niña?— preguntó Pain notando que Itachi no estaba precisamente ligero.
—Sí.
—¿A qué la han traído?
—Mada-chan me lo pidió— respondió Tobi.
—Ya veo— y Pain no pronunció más, quedó al final cerrando la puerta a su espalda.
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—Los chicos no están lejos, llegarán en unos quince minutos, no podía dejar que los vieran, por eso se retrasaron tanto— dijo Genma apresuradamente mientras revisaba por tercera vez que todo su equipo y armamento estuviera en orden.
—¡Pero Ino!
—Mira, ella está bien, y estos tipos no son apresurados, se toman su tiempo, si quisieran matarla ya lo habrían hecho, lo mejor para ella es esperar a que lleguen las personas que…
—¡Maldición! ¿Y si lo que tienen ahí no es una reunión ejecutiva sobre su siguiente gran plan? ¿Y si lo que quieren es pasarse un buen rato? ¡No sería ni la primera ni la ultima chica que…!
—¡Basta ya! ¡El capitán Morino aceptó su reingreso y lo asignó a este equipo con la seguridad de que podría comportarse como un profesional y no como un papá histérico! ¡Y no le estoy diciendo que finja que no le importa! ¡Es solo que nosotros somos cuatro y ellos quien sabe! ¡Podrían ser cien y tener un lanzamisiles ahí adentro!
Inoichi se quedó quieto y callado, con el semblante endurecido, los otros dos agentes también permanecieron en silencio sepulcral. Nunca habían visto alterado a Genma, nunca habían conocido persona o situación que le hiciera perder el porte carismático que tenía todo el tiempo.
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La habitación se encontraba pulcramente arreglada, tres largos sillones de piel negra se emplazaban en la amplia sala dejando al medio una mesa de centro a juego con una cubierta de cristal esmerilado que dibujaba las líneas de una escena casi mítica, bestias de diferentes naturalezas se arremolinaban en torno a una figura principal en cuyo ojo descansaba una luz LED blanca sumamente discreta pero que, sin embargo, daba cierto realce al trabajo que de otra forma no sería completamente visible desde todos los ángulos como lo era en ese momento. Nadie pronunciaba palabra, miraban la mesa como absortos por un hechizo hasta que el ruido de unos pasos sobre el piso de mármol rompió la conexión y todos levantaron la vista para ver al recién llegado.
Itachi, Kisame, Izuna, Zetsu, Konan y Pain eran los únicos sobrevivientes de un grupo apenas más numeroso, todos los demás habían caído bajo una serie de eventos sin control que había puesto de cabeza sus planes originales. El séptimo miembro, y dirigente de la operación, era Madara Uchiha.
De todos los presentes, era Kisame, tal vez, el menos informado, pues la expresión sorprendida de su rostro se quedó por unos segundos, un lapso más breve que el que tuvo cuando descubrió que Tobi en realidad no existía como tal, que era una mera pantalla y él único que no lo sabía era él.
—Los eventos actuales exigen un método diferente al que teníamos planteado.
Los seis pares de ojos le siguieron en el recorrido que hizo desde su aparición cuando salió de una de las habitaciones para tomar lugar frente a la chimenea, entre los tres sillones.
—El ganador de la contienda por ser ministro es sin duda Danzō, ya hemos visto de lo que es capaz por conseguir el archivo del asesinato de Minato Namikaze, y no tengo motivos para pensar que no conoce los demás.
—¿Y por qué no lo desaparecemos y zanjamos el asunto?— preguntó Kisame poniéndose de pie, una técnica a la que recurría muy a menudo cuando no quería sentirse aplastado por la presencia de otro. Su gran altura le daba una visión superior, pero con Madara no pareció funcionar del todo.
—Se hará, e Izuna se hará cargo de ello.
El aludido miró de reojo y asintió sin decir nada.
—Pero no es tan sencillo como eso, la razón por la que se falseó toda la información referente a la muerte de Minato Namikaze fue porque yo lo ordené, si ese expediente sale a la luz inevitablemente se mencionará el archivo Jūbi y empezará otra guerra. No es ese el propósito.
Kisame gruñó y volvió a tumbarse en el sillón.
—Ichibi, Nibi, Hachibi ¿Cuál es la maldita diferencia? Ya tenemos todos los proyectos, pero nada les costará a los países volver a invertir para resucitarlos con otro nombre— se quejó nuevamente el policía haciendo la cabeza para atrás.
—Ninguno sería tan poderoso como Jūbi, eso tenlo por seguro, su pérdida no es aceptable, dediqué muchos años y recursos a ello y no pienso permitir que un imbécil tuerto se aproveche de mi inversión.
Itachi se encontraba más melancólico que otras ocasiones, con seguridad eso era lo que había turbado el humor neutral de Kisame, pero no por ello había dejado de poner atención.
—Izuna-san se hará cargo de él, entonces ¿Los demás? Yo ya no puedo regresar al departamento ni a la jefatura. En máximo diez horas seré la persona más buscada de Konoha.
—Konan y Pain vienen conmigo, sustraeremos el archivo Kyūbi ya que no pudiste hacerlo tú, Kisame terminará lo pendiente con Hachibi ¿Estás cerca, no es así?— Kisame primero gruñó y después afirmó.
—Acompáñalo, Itachi. Zetsu va a quedarse aquí a reposar sus malditas heridas y si intenta escapar otra vez, yo mismo le pongo una bala entre los ojos.
—Hermano— replicó Izuna—. Zetsu-san ha sido un buen aliado, fiel por años ¿No merece un poco más de gratitud?
—Mi gratitud será darle una cama, y si insiste en revelarse, será darle una muerte rápida.
Madara hablaba con una voz poderosa y firme, su mirada era severa y en ningún momento cambio el semblante casi prepotente, Izuna agachó la cabeza y se quedó callado nuevamente.
—Si Kisame no lo estropea, podremos proceder a la fase final mañana mismo, antes de tener a todo el absurdo ejército en la puerta…
Pero Madara no terminó de concretar su idea, antes de que cuando menos terminara de decir "puerta" el ruido de una explosión obligó a todos a levantarse.
—Maldición, viene de abajo— indicó Izuna aunque era obvio para todos—. No tengo muchos hombres abajo, tendremos que retirarnos, el siguiente punto de encuentro será en Ame.
—¡Por acá! ¡El pasaje subterráneo!— gritó Izuna.
—¡Estamos en un quinto piso!— señaló Kisame sacando sus dos pistolas de aparatoso tamaño.
—Hay una bajada especial, para estos casos.
Madara seguía imperturbable y mientras los demás iban detrás de su hermano menor, él incluso regreso para abrir la caja fuerte del librero.
—¡Madara!— chillo Izuna al verle actuar con tanta parsimonia mientras abajo el ruido de los disparos parecía acercarse más.
—No te pongas histérico, si esos inútiles fueran capaces de repeler mi frente con facilidad me habrían matado hace años.
Las estrechas escaleras por las que solo podía bajar uno a la vez, iban en espiral efectivamente hacia abajo, con gruesos muros de concreto reforzado envolviéndolas y luces automáticas que se encendían a medida que Pain avanzaba al frente de la comitiva.
Al final, el último peldaño desembocaba a un pasillo igualmente estrecho, como no había opción de dirección lo recorrieron.
—Mierda— se quejó Zetsu de momento frenando su paso haciendo que Izuna chocara contra su espalda.
—¿Qué?
—¡Ino!
—Maldición, déjala, ya la encontrarán ellos.
—¡No!
—Rubias hay por montón en el norte, te consigo una igual.
—¡No es eso! ¡Ella…!— Zetsu se quedó en blanco ¿Qué excusa podía darle que la volviera importante para él? ¿Cómo convencerlo de regresar a riesgo de que los hombres de Madara estuvieran muertos y fueran arrestados, o peor, perforados por las balas de los agentes de Konoha? ¿Por qué no solo dejarla? Recuperaría la seguridad, estaría bien con los uniformados de su propia ciudad, ellos la devolverían a su padre, a su hogar… y le contarían la verdad sobre él… que era un criminal, un asesino, que usaba el invernadero como cementerio. Entonces ella le tendría miedo, o asco…
—Le conté… le confesé… que yo guardo los archivos que Akatsuki consigue, y el código que usé para encriptarlos.
Zetsu cayó de espaldas al suelo sangrando por la nariz.
—¡Imbécil! ¿En qué demonios pensabas? ¿Es en serio?— estalló Izuna luego de haberlo golpeado sin contenerse un poco cuando menos.
—Sí, fue una estupidez, lo sé, pero…
—¡Pero nada!— e Izuna ciego de furia como estaba, lo pateó nuevamente en el rostro, esta vez dándole en la boca. Pero no quiso perder más tiempo y volvió a subir las escalera rápidamente. Zetsu se había mareado, solo se limpió con la manga subiendo también, lamentándose por haber despertado la furia de un Uchiha, pero estaba detrás, y el pasillo era demasiado angosto, si quería regresar solo le quedaba que Izuna lo hiciera también.
Llegó al punto inicial casi al mismo tiempo pero más sofocado, notablemente dolorido, su compañero con grandes zancadas pretendía alcanzar la habitación en la que habían encerrado a la chica, pero la puerta de ese piso voló en pedazos haciendo saltar astillas en todas direcciones. Izuna gritó de rabia lanzándose detrás del sillón para sacar de ahí una de las tantas armas ocultas que había en el departamento, Zetsu aprovechó para pasar detrás de él llegando primero a la habitación.
Ino yacía sobre la cama, aún vendada completamente y él se acercó para empezar a deshacer los nudos, no podría llevarla cargando.
Afuera, en la sala, Izuna empezó a disparar.
En solo unos instantes ya había liberado sus piernas y sus manos, le estaba quitando las vendas de los ojos y la boca cuando Izuna entró de repente.
Todo pasó muy rápido pero cada detalle permanecería vívido en la mente de Ino hasta el día en que muriera.
Sus ojos estaban sensibles, pero estaba obscuro, así que no quedó muy deslumbrada y la nitidez de cada movimiento era clara entre las siluetas azules y negras que dejaba distinguir el claro de luna entrando por el enorme ventanal junto a una fría brisa que agitaba las cortinas traslúcidas.
Izuna tropezó con el borde de la cama y por ello se salvó de que una bala le atravesara la cabeza, la persona que había jalado el gatillo estaba aparentemente sola, llevaba un uniforme negro y un casco antiasalto, justo cuando la cabeza de Izuna golpeaba el cobertor hubo un instante de silencio. Ino se sintió presa del terror nuevamente y se olvidó por completo que estaba por agradecer a la persona que tenía a su izquierda por desatarla. Sus ojos azules, hinchados de llorar prisioneros, vieron el gesto que hacía ese policía ¿Quién era? Le pedía que fuera con él, pero ella no se movió ni un centímetro, y parpadeó queriendo entender quién peleaba con quién y de qué lado debía estar.
En el mundo fuera de ella debieron de ser solo fracciones de segundo, pero a ella se le antojó toda una eternidad, el extraño vestido de negro se llevó una mano al casco y levantó el visor dejando descubierto su rostro… conocía esa cara… los labios de aquel hombre gesticularon muy lentamente: "Ven"
—¡Papá!— chilló la rubia con todas sus fuerzas, tanto que tal vez pudieron oírla todos en ese edificio aún en medio del caos desatado por las armas intercambiando disparos.
Pero ella aún no terminaba de bajar de la cama, cuando un estallido, aturdidor como un relámpago vibrando en su oído atravesó la habitación, desde la cama directo a esa cara conocida, teniendo como resultado el efecto mismo de un poderoso árbol cayendo ante la insistencia del talador; primero un crujido, la caída silbante, el golpe seco haciendo eco en el suelo de mármol.
Todo pasó muy rápido, pero cada detalle permanecería vívido en la mente de Ino hasta el día en que muriera.
El gigante que la llevaba en brazos cuando se quedaba dormida en la sala, el mismo que la llevaba a la escuela por las mañanas, el que permanecía en vela cuando enfermaba, el que la reñía cuando llegaba tarde, el que usaba un delantal amarillo para preparar la cena y lavar los platos… estaba tirado en el suelo, derribado por algo tan insignificante como un pedazo de metal.
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