Draco y sus tres hijos se fundieron en un abrazo lleno de cariño. Ian prácticamente se había derrumbado entre los brazos de su rubio papá. Harry observaba unos pasos atrás, aun no sabía cómo decirle a su rubio que Ian necesitaba ayuda urgentemente. Severus y Remus se unieron a la felicidad de la familia.

—Harry —Ron se acercó a él—, me voy. Tú hijo ya está a salvo.

—Gracias Ron. ¿Hablarás con Hermione? —El pelirrojo negó.

—Es innecesario Harry. Me iré a un hotel por lo pronto y luego decidiré que hacer.

—Ron…

—No te desgastes compañero. Es lo que tengo que hacer —Ron desapareció y Harry sintió como otro peso subía a su espalda. Debió hablar con su amigo antes, cuando se enteró de todo. Un error más para la cuenta.

Unas horas después, todos los mayores estaban en la habitación de Ian. Draco se había recostado en la cama a lado de su hijo quien se abrazaba a él como cuando era pequeño. Severus y Remus barajaban las posibilidades para ayudarle a su nieto a no atrasarse tanto, después de los días fuera del colegio.

Harry observó a su hijo, sus miradas se cruzaron. Ian asintió abrazándose aun más a su papá. El moreno se aclaró la garganta. Todos voltearon a verle, con voz pausada y sin perderse las reacciones de su hijo, Harry fue contando el problema que Ian arrastraba, obviando las cosas que dañarían demasiado a Draco. Cuando terminó, Severus sujetaba con fuerza el brazo derecho de Remus y el rubio tenía los nudillos casi blancos por la fuerza que le imprimía a sus manos que sujetaban a su hijo.

—Necesita ayuda. Hablé con Luna, iniciará las terapias la próxima semana —Luna había sido una gran ayuda cuando Harry había decidido dejar las drogas. La rubia era una gran terapeuta y esperaba que ayudara a su hijo.

—Tendrás todo el tiempo que necesites —Severus observaba a su nieto. Ian se levantó de la cama para abrazarlo y susurrarle que lo sentía.

—Veremos eso luego, saben que pueden contar con nosotros. Ahora debemos irnos Severus, Ian debe descasar —Remus abrazó al chico y luego se fueron. El ex licántropo sabía que su pareja estaba terriblemente perturbado y deshecho. Tenía que sacarlo de ahí antes de que se derrumbara frente a todos.

Cuando se quedaron solos, Ian regresó a la cama al lado de su rubio papá quien aun no decía nada. Estaba tan consternado. Harry se acercó a ellos, Ian instintivamente se hizo a un lado y dejó que su padre se colocara en medio de los dos. El moreno pasó sus brazos por ambos cuerpos y los acercó a su pecho. Draco reaccionó y sujetó con fuerza a su hijo.

—Saldremos de esto juntos —dijo el rubio con enorme convicción. Miró primero los grisáceos ojos de su hijo quien asintió. Luego miró a Harry, quien le dio un tierno beso.

—Juntos mi rubio —Se quedaron así un largo rato. Los tres abrazados pensando en todo lo que habían pasado para poder estar de esa manera. Ya entrada la noche, Sully se apareció en la habitación. Draco e Ian se habían quedado dormidos pero Harry no podía por más cansado que se sintiera.

—Amo, el Señor Longbottom está en la puerta de la mansión —Harry poco a poco salió de los brazos de ambos Malfoy.

—Hazlo pasar a mi despacho. En un momento voy para allá —En un principió pensó que al ver a Neville, lo mataría. Sin embargo, los acontecimientos recientes le habían hecho reflexionar. Bajó hasta su despacho donde lo esperaba un nervioso Neville Longbottom.

—¿Dónde está? ¿Cómo está? Quiero verle. Por favor, déjame verle —No había arrogancia en las palabras de Neville. Harry sintió un poco de lástima por él. Ian le había dicho que no quería verlo. Que no quería saber nada de él.

—Siéntate Neville, debemos hablar y no será algo corto, ni agradable —El castaño se tensó de inmediato.

—Le… ¿Le ha sucedido algo? —Harry no dijo nada. Le sirvió un whisky a Neville y él se sirvió un café. Sully siempre le preparaba una jarra porque sabía que le encantaba y en ese momento el moreno lo agradeció más que nunca.

—Tenemos que hablar de algo Neville —Vio como su ex compañero tragaba saliva e intentaba hablar—. No digas nada, es importante. Para empezar, mi hijo no quiere saber nada de ti —Neville intentó balbucear de nuevo pero Harry continuó—. Hay cosas que debes saber. Tengo que contarte algo que es muy importante para el futuro de ustedes.

Cada vez que Harry contaba esa historia sentía como un peso se iba de su alma pero otro se instalaba muy profundo. Uno que llevaba cincelado el titulo de: Mal Padre.

Al terminar de hablar, Harry observaba como Neville intentaba retener sus lágrimas. Vio el sufrimiento en los ojos azules y el dolor de no saber el por qué.

—Yo no… no lo sabía. Nunca lo noté. Conmigo jamás…

—Parece que mi hijo se parece más a mí de lo que creíamos. Es un adicto funcional. Hacía sus cosas.

—Pero que… —Neville cubrió su rostro con ambas manos. Harry le dio un largo trago a su café y continuó.

—Te vi… con Narcissa. Vi cuando la besabas —El castaño de inmediato conectó su mirada con la verde esmeralda.

—Tenía diecisiete años y aun no… me definía. Lo había intentado con Ginny; pero Narcissa era una mujer hermosa, cautivadora —Neville desvió su mirada hasta el cuadro de la Señora Malfoy—. Esa noche perdí la cabeza y me deje guiar por un tonto impulso de niño. Ella me rechazó de una forma muy elegante. Me dijo que no fuera en contra de mi naturaleza y que me dejara guiar por lo que quería, por lo que sentía —Un gran suspiro escapó de él—. Nunca le había contado esto a nadie. Después, antes de la batalla final le prometí que cuidaría a Draco, que lo protegería con mi vida si fuera necesario. Me suplicó que lo cuidara de ti.

—Tu historia se parece cada vez más a la del Graduado. Primero con la abuela, luego con el hijo y terminas con el nieto —Ambos esbozaron una sonrisa atenuada por el dolor—. Debiste proteger a Ian de mí —dijo Harry con seriedad. Guardaron silencio un momento observándose—. Tienes que darle algo de tiempo, él te buscará.

—¿Y si no lo hace?

—Querrá decir que lo suyo no era verdadero. Pero confía en mí. Ahora está pasando por muchas cosas y tiene que encontrar un equilibrio.

—Lo haré. Esperaré. Gracias Harry —El moreno palmeó una de las piernas de Neville.

—¿Quién soy yo para juzgarte? No soy mejor que tú y lo que ha pasado me lo recordó más que nunca. Anda, ve a tu casa, descansa. Yo te mantendré al tanto de todo lo que haga mi hijo. Solo te suplico que le des un poco de tiempo —Neville asintió y después se marchó. Esa sería una larga noche para los dos.


Severus Snape observaba como la noche bañaba cada parte del jardín de su colegio. Por primera vez en años se sentía inútil, impotente y muerto de terror por no poder hacer nada. Por no saber qué hacer. Los brazos de Remus rodearon su cuerpo, sintió un tibio aliento chocar con la piel de su cuello.

—Deja de pensar en eso Severus —El director quiso zafarse de esos brazos pero no se lo permitieron.

—No entiendo como nunca lo noté. Él me lo contaba todo… —Severus fue girado violentamente por Remus.

—Deja de sentirte mal por eso. No eres su padre, no era tu deber cuidar de él o guiarlo por el buen camino. Para eso tiene a sus padres. Severus, has cargado con tanto en tu vida, no puedes con esto también. Harry y Draco reflexionarán, ayudarán a su hijo y a nosotros nos toca apoyarles, ¿entiendes?

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Cómo puedes decir eso?

—No te digo nada malo. Solo quiero que comprendas cual es nuestro lugar en esto. Ian saldrá adelante, tiene unos padres maravillosos y nos tiene a nosotros, sus abuelos. Deja de comerte el cerebro con esto —Severus dejó caer su cabeza sobre el pecho del ex merodeador. Esperaba que la fe de Remus tuviera algo de razón.


La mitigada luz del día estaba por entrar al despacho. Harry había pasado toda la noche ahí, contemplando el cuadro de Draco y sintiéndose miserable como nunca. ¿Cómo pudo hacerle tanto daño a su hijo? ¿Cómo no se dio cuenta? Estaba tan ocupado siendo blando y permisivo. ¡Joder! Le estaba doliendo en el alma saber que seguía cometiendo los mismo errores.

Los brazos de Draco se enredaron en su brazo derecho. Intentó ocultar sus lágrimas pero fue imposible.

—¿Por qué pasaste toda la noche aquí? —Harry besó los dedos de su rubio.

—No quise molestarles.

—¿Cómo estás?

—Yo tengo la culpa de esto, Draco. Estaba tan ciego, fui tan estúpido al creer que dándole cosas podía él… quise comprarlo cuando debía poner todo mi esfuerzo en ganarme su cariño como un padre y no como un pelele.

—En todo caso…

—Me equivoqué —la voz de Ian se escuchó fuerte y clara. Ambos padres observaron a su hijo. Quisieron decir algo pero Ian no les dejó. Sabía que si no hablaba en ese momento, no lo haría jamás—. Yo… me aproveché de ustedes. En un principio estaba enojado porque odié que perdonaras a mi padre tan rápido. Me decepcionó que solo necesitaras verlo como para dejarlo todo por él. Sin embargo, después fue muy cómodo aprovecharme de la culpa que sentías —dijo mirando a Harry—, y beneficiándome de tu felicidad papá. Fue sencillo, era un adolescente y podía hacer casi cualquier cosa —Los tres se observaron por un momento—. Ya no quiero que sea así. Quiero cambiar, dejar atrás al niño mimado y reformarme como lo hizo mi padre.

—Hijo… —Ian caminó hasta sus padres. Se sentó al lado de Harry y tímidamente enredó sus brazos en la misma forma que su papá.

—Hablé con Luna y ella me dijo que lo mejor era seguir una vida normal. Que podía regresar al colegio y yo quisiera hacerlo. La vería a ella todos los lunes en el despacho de mi abuelo Severus y… me gustaría venir todos los fines de semana aquí, ¿qué les parece? —preguntó tímidamente observando a sus dos padres.

—Si es lo mejor para ti —Draco observaba a su hijo y luego miró a Harry quien, al igual que su hijo, parecía resuelto a que todo saliera como debía. Esa sería una lucha de los tres.

—Regresarás al colegio el lunes y yo iré por ti el viernes por la tarde.

—Gracias padre. Debo arreglar las cosas con Teddy, pedirle disculpas por todo lo que le hice.


Una semana después de los acontecimientos, Sarah estaba más tranquila. Había hablado con Draco y lo había notado más calmado con la nueva actitud de Ian. Se la pasaba hablando con Harry y él. Según Luna, el cambio de Ian era verdadero. Así que lo único que podían hacer todos era ayudarlo.

—¿Qué tal esta? —Richard le pasó la información y la fotografía de la mansión. Sarah se quedó maravillada.

—Está al lado del castillo —El hombre asintió con una sonrisa satisfecha en la cara. La chica le sonrió—. Sabías que me encantaría, ¿no es cierto?

—Bueno, tanto como encantarte no sé. Es un lugar bonito y lo más cercano al castillo. No fue fácil. Longbottom es dueño de casi todas las hectáreas —Sarah lo besó. Richard siempre era tan maravilloso. Alguien tocó a la puerta—. Debe ser él.

—Cuanto antes terminar mejor, ¿no crees?

Richard se puso de pie y en ese momento la puerta se abrió para dejar entrar a Ryan Smith. Ambos hombres se encontraron, levantando una lucha de miradas. Ryan se sorprendió con el empresario Gales. Nunca pensó que sería un hombre mayor, tal vez unos diez años mayor que Sarah.

—Richard Sheen—Le extendió la mano a Ryan, quien le dio un fuerte apretón—. Me tengo que ir, ¿nos vemos esta noche? —Sarah asintió y luego tomó asiento en el sillón central. Cuando Richard salió de la oficina, Ryan fulminó con la mirada a la ex Slytherin.

—¿Me citaste para que lo conociera?

—Te cité para pedirte que me dejes en paz. No quiero nada contigo Ryan. Me caso con Richard porque lo quiero. Porque es el hombre de mi vida. Lo que hubo entre nosotros se acabó y no quiero tener que cuidarme de ti todo el tiempo. No quiero tus miradas, ni tus persecuciones. Tomé una decisión, me quedo con él para siempre —Ryan tensó sus maxilares y estudió detenidamente a Sarah.

—Bien, si él te hace feliz, a mi no me queda más que… irme.

—Entiende, me enamoré… me preguntó si te amaba y yo le he dicho que no. Seguir con esto sería aferrarse a un imposible y nos haríamos un daño inmenso. Richard me enseñó a olvidar y a perdonar. No fue hasta que regresaste que me di cuenta de lo mucho que le amo. Ryan, si tu quieres podemos ser amigos, te ayudaré a olvidar…

—Me tengo que ir.

El móvil de la chica sonó, al leer el mensaje de texto sonrió. Le había pedido a Richard que alargaran la fecha para la boda, quería apoyar a Draco sin tener la presión de la boda encima. Su prometido estaba reacio con la idea; primero porque seguramente perderían todo lo adelantado y en segundo lugar porque Richard de verdad se moría por casarse con ella.

Sin embargo, el mensaje era muy claro: Tú ganas serpiente. Nos casamos cuando quieras.

Sarah dejó reposar su espalda en el sillón. Había herido a su amigo y lo sabía pero no había otra forma de terminar eso. Ya no le amaba, ya no podía, ni quería quererle. Solo esperaba poder rescatar la amistad que durante tantos años les había unido.

Ojalá que te vaya á que se acaben tus penas,que te digan que yo ya no existoy conozcas personas más buenas.

Que te den lo que no pude darte,aunque yo te haya dado de más volveré a adoré, te perdí… ya ni modo.


Ian había regresado al colegio la mañana de un lunes muy frío. Luna le había dicho que primer paso para recuperarse era pedir perdón y perdonarse en el proceso. Empezó con sus padres, siguió con su abuelo y ahora le tocaba el turno a Teddy. Nunca pensó que follar con Emily pudiera ser tan grave. Sin embargo, viéndolo en retrospectiva… la había cagado con ganas.

Caminó por el castillo saludando uno que otro amigo y buscando sin buscar al que en otro tiempo había sido su mejor amigo… Su hermano.

Encontró a Teddy Lupin hablando tranquilamente con Daniel. Sacó fuerza de su lado Gryffindor y se encaminó hasta sus dos amigos.

—Hola —En cuanto Daniel lo vio, se lanzó a sus brazos y lo estrechó con fuerza.

—Ian… Maldito, me tenías muerto de la preocupación —Daniel sintió la tensión entre su amigo Slytherin y el Ravenclaw—. Yo creo que… me voy… a buscar a James.

Ian se acercó a Teddy y a boca jarro le dijo: —Ted, siento mucho lo que te hice. No sé si algún día podrás perdonarme pero quiero que de verdad sepas que lo siento. De todo corazón —Teddy lo observó por un momento y luego golpeó amistosamente el hombro derecho del Slytherin.

—Te perdono. ¿Qué clase de hipócrita sería si no lo hiciera? Soy un creyente de que se debe dar segundas oportunidades a las personas. Sé que estás arrepentido, por primera vez en estos años te veo sin el orgullo pintando en tus ojos. Además, eres como mi hermano no podría odiarte aunque lo quisiera.

—Gracias Teddy —Un suspiro escapó de Ian—. ¿Ella y tú…? —Teddy sonrió.

—Sigue enamorada de ti —Ian cerró los ojos y se tragó el dolor que sentía al escuchar las palabras tan decepcionadas de Teddy.

—Podría hablar con ella…

—No tiene caso. Por algo pasan las cosas, no es como si nunca la fuera a olvidar —En ese momento Ian descubrió que lo más pesado de cometer errores era vivir con las consecuencias de ellos. Les había destrozado el corazón a dos buenas personas y eso pesaría mucho tiempo—. ¿Has hablado con tu señor?

—No, no es el momento. No quiero verlo, tengo mucho que resolver antes de eso, ¿no crees? En ocasiones me pongo a pensar, que tanto es lo que yo le quería o lo que yo quería molestar. Es complicado, ya lo resolveré —Teddy rió.

—Lo harás. Lo sé, por ahora, vamos. Hay mucho que hacer —Teddy le dio un apretado abrazo y le sonrió. Algo cálido se instaló en el pecho de Ian, algo que no olvidaría jamás: Un verdadero cariño.


Harry sabía que olía a tabaco y alcohol, debía darse un baño antes de meterse a la cama con su rubio. Sin embargo estaba tan cansado que al entrar a la habitación no pudo evitar dejarse caer al lado de Draco y enredar sus brazos en la cintura de su pareja. La plática con Ron en el bar le había dejado muerto.

—Hueles a cigarro —Harry suspiró cansinamente, aspiró el aroma suave que desprendía el platinado cabello.

—El imbécil que estaba al lado de nosotros se la pasó fumando. Casi nos arrojaba el humo en la cara, tuve que hechizarlo para que se fuera.

—También hueles a alcohol —Harry besó la nuca del rubio y le concedió razón.

—Ron me tiró una jarra de vodka encima cuando me hablaba de Krum. Iré a darme una ducha, descansa —Draco retuvo los brazos de Harry. Se escuchaba tan decaído que no tuvo corazón como para no escucharlo. Con un pase de varita dejó a su pareja como nuevo, secretamente Harry se lo agradeció, odiaba esos aromas. Más cuando estaba cerca de su rubio.

—¿Tan mal te fue? —El moreno apoyó su rostro en el hombro de Draco.

—Se va a ir de su casa, quiere separarse de Hermione —El rubio giró su rostro para darle un beso en la mejilla.

—Estarán bien, sea cual sea su decisión, ellos estarán bien —Harry observó los finos labios del rubio y lo besó profundamente. Draco se estremeció al sentir el aliento de Harry y los rastros de té en su lengua, brevemente pensó si era de mal gusto empalmarse de esa forma al hablar de los problemas maritales de sus amigos.

—Siempre pensé que envejeceríamos con ellos. Que veríamos a nuestros hijos crecer juntos y lloraríamos cuando se casaran o nos dieran nietos.

—Eres un romántico, ¿lo sabes? —Harry rió.

—Algo, soy un necesitado de amor —Draco se dejó abrazar con más fuerza. Sabía que esa era una broma que escondía mucha verdad. Su familia era un sueño para Harry y que sus amigos de toda la vida estuvieran mal, le hacían sentir peor.


Hermione le dio una calada particularmente larga a su cigarrillo. Era un hábito muy malo y lo sabía pero no podía evitar fumar cuando se sentía nerviosa como en ese momento. Ron estaba por aparecerse para llevarse sus cosas y ella no tenía ni idea de que decirle para convencerle de quedarse. Las barreras de la casa de movieron, segundos después Ron Weasley se materializó en la estancia.

—Buenas noches —Ron no esperó la respuesta y caminó rápidamente rumbo a la habitación. Hermione reaccionó y fue tras él.

—Ron… —Cuando llegó a la habitación, lo vio poner su ropa en una maleta—, escúchame por favor.

—¿Qué Hermione? No hay nada que decir. Te casaste conmigo sin amor. Nunca fui nada para ti, merecías algo mejor, alguien como Krum —Hermione bajó la mirada avergonzada—. ¿Qué te puedo ofrecer? Ahora mismo no sé qué buscabas de mi —Ron siguió metiendo sus cosas en la maleta a golpe de varita.

—Era sencillo lo que anhelaba Ron —Hermione se tragó el nudo en su garganta y se armó de valor. Tenía que decírselo porque ahora más que nunca su marido necesitaba oírlo—. Quería el tiempo de tus madrugadas, que tus labios sellaran mi piel, sabanas mojadas al cansar mi cuerpo —Ron levantó la mirada, no dijo nada, simplemente tomó su maleta. Caminó hasta el lumbral de la puerta, Hermione alcanzó a detenerlo al sujetarlo del antebrazo—. Quiero amanecer con tu camisa puesta cada noche de mi vida.

Los brazos de Hermione reptaron hasta enrollarse en el cuello de Ron. El pelirrojo soltó la maleta, tomó las muñecas de su mujer para alejarla pero perdió valor cuando ella se pegó aun más a su cuerpo. Tragó saliva cuando la vio esforzarse por alcanzar su boca. Ron aun se sentía furioso pero era un idiota enamorado. Llevó sus manos hasta la estrecha cintura de Hermione y la elevó lo suficiente como para besarla con pasión desmedida.

Habías pasado una semana lejos de su mujer, de su casa y de sus hijos. Ron cerró la puerta de la habitación sin separarse del beso y arrastró a su mujer hasta la cama. Esa sería una noche que jamás olvidaría por la gran pasión que Hermione le demostró. Porque cada caricia y beso parecía ser el primero. Se fundiría en ella llegando hasta ser uno.

Hermione se enredaba mimosa en los fuertes brazos de Ron y éste se dejaba hacer no muy convencido de todo. Era terrible cuando la duda se instalaba entre un matrimonio. En ese momento justo no sabía si Hermione había estado con él porque quería conquistarlo o porque no quería perder la estabilidad de su familia.

—Lograré que me perdones Ron —El pelirrojo abrazó con fuerza el desnudo cuerpo de su mujer y quiso creerle con todo el corazón.

—Sé que lo intentarás. Los niños merecen que lo intentemos —Hermione subió por el cuerpo de su marido, se dejó llevar por su excitación que le dictaba besar cada musculo que tenía a su alcance.

—Sí, claro. Pero no solo es por ellos, es por mí… por lo que siento por ti —Ron suspiró un tanto por las caricias y otro tanto por las palabras. ¿Creer o no creer? No era tan fuerte como para vivir en una mentira.

—Sería tan fácil decirte que te amo. Pero no lo quiero de esa forma, quiero demostrártelo, sin palabras… solo hechos.

Ron se dejó seducir por las palabras de Mione, acarició su ondulado cabello y la besó de nuevo como si no hubiera mañana. Porque de verdad quería creer.


El móvil de Neville fue cerrado sin ninguna delicadeza, el pobre hombre estaba tan desesperado. No sabía si sería buena idea ir al colegio y montar guardia hasta poder ver a Ian. Harry le había dicho que le diera tiempo; pero nunca dijo cuánto y todo ese silencio le estaba matando. Ian no contestaba sus llamadas, ni sus mensajes. Parecía como si le hubiera borrado de su vida.

—¿Nada? —preguntó Ryan.

—Nada y ya no sé qué hacer.

—Es momento de volar, ¿no crees? Yo perdí a Sarah y por lo que veo, Ian no quiere saber de ti —Neville frunció el ceño, Ryan tenía razón, sin embargo…

—No Ryan, yo no me voy. Me he cansado de huir, Kerry es mi hogar con o sin él. Además, debo esperarle. Tiene que escucharme.

—Yo no puedo seguir aquí… no puedo verla con él. Por lo menos no ahora —Neville entendió, era el momento de decirle adiós a su compañero de aventuras—. Me iré mañana.

—¿Sabes que la boda se retrasó? Sarah se casará en seis meses más —Ryan asintió.

—Eso no importa. Quiero irme, entre más pronto mejor —Smith dio media vuelta directamente a las habitaciones.

Neville escuchó los pasos de su amigo perderse y luego un silencio que se le antojó asfixiante. El crepitar del fuego le recordó los momentos que había vivido con Ian justo en esa estancia. Le recordó los besos, las caricias pero sobre todo las miradas.


Cuantas cosas quedaron prendidas,hasta dentro del fondo de mi luces dejaste no sé cómo voy a apagarlas.


¿Por qué nunca se había dado cuenta? Era tan horrible saber que la persona que amaba vivía en el infierno. Estuvo tan ciego, se dejó llevar por la presencia autosuficiente de Ian y nunca se dio cuenta de lo mucho que necesitaba de alguien.


Ojalá que mi amor no te duela y te olvides de mí para siempre. Que se llenen de sangre tus venas y te vista la vida de suerte.


Se quedaría ahí, en medio de la soledad hasta que Ian decidiera regresar. Hasta que se decidera y le diera la oportunidad de ser una pareja de verdad. Mientras se bebería la soledad y se fumaria su tristeza.


Yo no sé si tu ausencia me mate; aunque tengo mi pecho de acero. Pero nadie me llame cobarde sin saber hasta dónde lo quiero.

Ojalá que te vaya bonito.