"SOMBRAS Y CORAZAS"
Capítulo 24, segunda parte: La leyenda de San Mungo Bonham
"Hay dos formas de ver la vida:
una es creer que no existen los milagros,
la otra es creer que todo es un milagro"
Albert Einstein
El sanador Smethwyck entró a la habitación de Hermione. En la cama, la castaña estaba sumida en un sueño profundo, el cual era esporádicamente interrumpido por alguna que otra alucinación. La chica tenía el rostro lívido y la boca entreabierta… Y junto a ella, como un centinela, el ojiverde no tenía mejor aspecto.
-Ya está listo el antídoto -dijo el sanador.
El moreno volvió la vista, Smethwyck le mostró una botella de cristal con una solución escarlata.
-Con esta poción intentaremos disminuir los efectos tóxicos del veneno.
Harry asintió con las esperanzas renovadas, al tiempo que Smethwyck inyectaba el nuevo medicamento en el suero que pasaba por la vena de Hermione.
-Hay que esperar -dijo Smethwyck, echando un vistazo al monitor. El ritmo cardiaco de su paciente era lento.
Los minutos fueron pasando sin que ningún cambio se registrará. Harry no necesitaba hacer ninguna pregunta a los sanadores para saber que Hermione no estaba mejor. Todos los sanadores tenían la misma actitud, miradas cargadas de incertidumbre y temor, palabras sueltas entre ellos sobre el delicado estado de Hermione y rostros desesperanzados intercambiando opiniones para seguir en la búsqueda de algún remedio.
Cada vez que un sanador se acercaba, Harry no podía evitar recordar a Hermione con aquel uniforme verde lima, la varita en alto y un expediente entre las manos. Siempre dispuesta a ayudar con esa mirada llena de inteligencia y dulzura.
Media hora después, Hermione despertó e intentó sentarse, Harry le ayudó a acomodar las almohadas y las cobijas para que se incorporara.
-Gracias, sanador -dijo la chica.
Harry hubiera querido explicarle que él no era sanador, sino auror, y que la sanadora era ella, pero Hermione rápidamente se distrajo con sus cabellos castaños. Parecía sorprendida de su rebeldía y estaba intentando acomodarlos en una trenza.
-Supongo que querrás estar un momento a solas con ella -dijo Smethwyck a Harry. Él con la moral por los suelos, hizo un gesto afirmativo, y los sanadores salieron del cuarto.
Harry contempló a su compañera sin saber qué decirle. Ella, totalmente ajena a su presencia, descubrió el bolso que estaba sobre la mesita de noche y estiró su brazo para tomarlo, pero no logró alcanzarlo, porque sus movimientos eran cada vez más lentos y torpes. Harry tuvo que dárselo.
Hermione abrió el bolso y encontró una cartera llena de identificaciones y tarjetas bancarias. La castaña se entretuvo sacándolas todas y sosteniéndolas en abanico como si se trataran de naipes. Después se deshizo de ellas, aventándolas hacia ambos lados de la cama. Harry se limitó a levantar las cosas con un hechizo.
La castaña volvió a mirar el interior de la bolsa y sacó un paquete mediano, forrado con papel y atado con cintas. Con curiosidad, comenzó a quitar las envolturas queriendo descubrir qué había ahí adentro. Harry tuvo que ayudarla porque ella tenía un discreto temblor en sus manos que no le permitía hacerlo por sí misma.
Grande fue la sorpresa del ojiverde al descubrir la hermosa escultura del escudo del hospital San Mungo. La última vez que él había visto ese objeto, había sido como un adorno más en la sala de su casa, y después de lo ocurrido con Ginny y Zabini en dicho lugar, pensó que aquel escudo había sido destruida, siendo uno más de los muchos objetos en los que descargó su ira el día que encontró juntos a los falsos Hermione y Viktor.
Harry se preguntó por qué motivo Hermione tenía ese escudo guardado en su bolso. Quizás, el día de su desaparición, Hermione lo había reducido de tamaño y lo había empacado para donarlo a San Mungo, pensando que era el lugar donde debía estar, puesto que aquella reliquia había pertenecido al fundador del hospital.
Hermione contempló la magnífica escultura, completamente asombrada por el brillo del oro.
-Tiene el símbolo del hospital -dijo Harry, señalando con su dedo la cabecera de la cama donde estaba grabado el mismo escudo-. ¿Lo ves? Es una varita con un hueso atravesado.
-Me gusta mucho.
-Es tuyo, cielo. Fue un regalo de uno de tus pacientes.
Ella volvió a mirar el escudo, deslumbrada. Harry hubiera querido contarle la historia del señor Bonham, pero Hermione estaba muy entretenida, girando la escultura entre sus manos, concentrada en sus destellos.
-¿Sabes? -dijo Harry, al ver que aquel objeto había sido el único que había llamado la atención de Hermione por más de tres minutos-. Esta antigüedad es un poco más grande de lo que ves. ¿Podrías prestármela un momento para devolverla a su tamaño normal?
Hermione se negó, pegando el escudo a su cuerpo.
-Sólo un momento -insistió Harry.
Ella lo miró con cierto recelo antes de extender el escudo hacia Harry, pero no se lo entregó por completo, sino que lo mantuvo sobre sus palmas temblorosas.
Harry apuntó el escudo con su varita, pero las manos de Hermione que no dejaban de moverse, lo hicieron detenerse, si el hechizo la tocaba, podía lastimarla. Con su mano libre, Harry sostuvo las palmas de Hermione para evitar que siguiera moviéndose.
-Engorgio -murmuró Harry.
Para sorpresa del ojiverde, su encantamiento no tuvo ningún efecto, pues la escultura siguió conservando su tamaño mediano.
-Finite Incantatem -murmuró el ojiverde, pero nada sucedió con aquel misterioso escudo.
Hermione le dedicó una mirada llena de escepticismo y quiso apartar su escultura, pero Harry no se lo permitió. Tenía que averiguar si aquel objeto era seguro o guardaba algún encantamiento peligroso.
-Specialis Revelio -murmuró Harry, apuntando nuevamente la escultura mientras sostenía las manos de Hermione.
Todo sucedió demasiado rápido. Un rayo salió de la varita de Harry y tocó el escudo, haciendo que un enorme destello de luz se desprendiera del mismo y los envolviera como un aura. Harry sintió una fuerte vibración como si se tratará de una descarga eléctrica y sus ojos vieron un resplandor que salía del centro del escudo y lo unía a Hermione a través de finos hilos dorados.
Por la mente del ojiverde comenzaron a pasar rápidamente varias imágenes de su vida: Él en el expreso de Hogwarts cuando vio por primera vez a Hermione. Ella en el baño de las chicas, viendo al trol que Quirell había metido en el colegio y que él había derribado. Hermione lanzándose a sus brazos antes de que él fuera a rescatar la piedra filosofal, murmurándole que había cosas más importantes que la inteligencia y los libros. Hermione en la enfermería petrificada. Los dos volando en Buckbeak para rescatar a Sirius. Hermione despidiéndose de él con un beso en la mejilla en King Cross. La batalla en el Departamento de Misterios y Hermione siendo atacada por Dolohov. Hermione regañándolo por hacer trampa con el libro de pociones en las clases de Slughorn. La casa de campaña en el bosque de Dean, los dos buscando los Horrocruxes. Hermione caminando de su brazo después de visitar la tumba de sus padres. Su primer beso, la boda y la luna de miel. El reencuentro en el laberinto de la locura. Y finalmente, Hermione gravemente enferma en San Mungo.
Una nueva vibración volvió a sentirse y un rayo de luz salió del escudo y tocó a Hermione en pecho, y los hilos dorados que los unían desaparecieron por completo.
Harry sintió un fuerte vértigo mientras su mente trataba de asimilar todo lo que había pasado. A su lado, Hermione respiraba rápidamente, su mirada estaba desenfocada y aturdida… Harry estaba seguro de que ella había visto y sentido lo mismo.
-¡Harry! -murmuró Hermione, mirándolo a los ojos antes de perder el conocimiento y caer desvanecida entre las almohadas, soltando el escudo.
-Aquí estoy -exclamó Harry con el corazón latiéndole a todo lo que daba porque ella lo había reconocido por un breve segundo.
Él se acercó y la acomodó entre las cobijas, murmurándole al oído cuánto la quería.
Hermione sintió que la cabeza le daba vueltas, en su delirio se vio a si misma encerrada en la mansión Malfoy y separada de Harry. Recordó el momento en que atravesó el arco de piedra con la esperanza de poder escapar de allí y después vio los pasillos oscuros de un terrible laberinto. Aún podía sentir una sed intensa quemándole la garganta y la necesidad imperiosa de beber el contenido de unas botellas color púrpura... Y después vio a Harry cargándola entre sus brazos para sacarla de ahí.
Hermione sintió los labios de Harry contra su frente, escuchó el ruido de un monitor y el goteo constante del suero. Todo estaba borroso cuando abrió los ojos, pero poco a poco fue reconociendo las paredes del hospital y los equipos médicos… Y sus ojos castaños no tardaron en encontrarse con un rostro moreno de ojos verdes y cabello negro azabache.
-¡Harry! –exclamó ella, reconociendo a su esposo con la certeza de que su visión no era una alucinación, sino que era real.
-¡Hermione! ¿Linda, puedes recordarme?
Ella dibujó una sonrisa y le dijo:
-Eres el Niño que vivió, el Elegido, el Jefe del Cuartel General de Aurores y mi esposo.
Harry tuvo que tragarse el nudo en la garganta antes de abrazarla y estrecharla contra sí, loco de contento.
Ella le dedicó una sonrisa aún sin poder creer que él estaba ahí. Había deseado tanto volver a contemplar esos hermosos ojos verdes escondidos detrás de esas gafas.
-¿Cómo te sientes? -preguntó Harry, tomándola de la mano.
-Creo que bien -murmuró Hermione. No sabía qué había pasado con el escudo y esa extraña conexión que tuvo con Harry, pero tenía la sensación de que una nueva y misteriosa energía envolvía todo su ser.
Harry llevó la mano que sostenía hasta sus labios y depositó un beso, conteniendo las ganas de brincar de gusto.
-¿De verdad, estás bien? ¿No me ocultas nada?
Ella negó con la cabeza, mirándolo a los ojos y acariciando su mejilla con el dorso de su mano.
-Te amo, brujita -exclamó Harry, besándola en la frente con cariño.
-Yo también te amo -dijo Hermione, sintiendo cómo Harry la envolvía entre sus brazos como si deseara fundirse con ella.
Con una sonrisa, Hermione se inclinó y lo besó en la punta de la nariz. Harry no tardó en buscar sus labios y Hermione no dudo ni por un segundo, en corresponder a su deseo.
Todo se fundió en ese beso. La angustia y la soledad. La tristeza de Hermione ante la separación. La pena de Harry por aquella falsa infidelidad. La desesperación de Hermione al encontrarse encerrada. La búsqueda desenfrenada de Harry. El dolor de la distancia y la alegría de volver a encontrarse. Todo se redujo a ese encuentro. Un beso suave, tierno y placentero.
-Harry, yo nunca te engañe, te lo juro –dijo ella con la voz apurada, como si tuviera miedo de que el tiempo se le fuera a terminar y no pudiera decirle la verdad.
Él la silencio con un beso.
-Lo sé, preciosa –exclamó Harry, cubriendo de besos lo que quedaba de sus rizos-. ¡Lo sé! Soy yo el que te pide perdón por haber caído en esa trampa. ¡Fui un ciego! Perdóname...
Hermione lo miró sin reproches. Los ojos de Harry revelaban infinito arrepentimiento.
-Perdóname por haber dudado de ti y por no haberte cuidado bien -continuó Harry-. Yo debí haberte protegido de este infierno.
-No te culpes, nadie hubiera imaginado el plan de Malfoy.
-Si yo no hubiera sido tan celoso y orgulloso, no estarías aquí en este momento.
-Yo también cometí errores. Si no hubiera cruzado ese arco de piedra, tampoco estaría aquí.
-Tú sólo intentaste recuperar tu libertad.
-Gracias por encontrarme y por sacarme de ese laberinto.
-No tienes nada que agradecer.
Hermione buscó la mano de su esposo para estrecharla, mientras Harry besaba con ternura en lóbulo de su oreja.
-¿Y Malfoy? -preguntó la chica, apoyando la cabeza en su hombro-. ¿Qué pasó con él?
-Está detenido, nunca más volverá a hacerte daño. Sólo tienes que pensar en ponerte bien.
Hermione lo miró a los ojos y sonrió nuevamente, sintiendo que despertaba de una pesadilla. Harry la besó en los labios. Esta vez un beso mucho más largo. Al separarse, Hermione se dejó caer en los brazos de Harry, con la respiración entrecortada, pero con una sonrisa entre los dientes.
-Hermione, fue imprudencia, no debí…
-Yo también lo quería.
Él la miró preocupado, evidentemente aún estaba muy débil.
-Voy a estar bien -aseguró la castaña.
Harry asintió y aunque deseaba tener a Hermione una eternidad para él solo, no tuvo más remedio que oprimir el botón de asistencia, para que un sanador fuera a revisarla.
El sanador Smethwyck apareció en la habitación, y su cara fue de absoluta sorpresa, al ver el cambio que se había suscitado en Hermione.
-Buenas tardes, sanador Smethwyck -dijo la chica.
-¿Cómo estás? -preguntó el viejo sanador en cuanto pasó la primera impresión y fue capaz de juntar dos palabras.
-Consciente, orientada, con adecuada coloración e hidratación y pérdidamente enamorada de mi esposo.
Harry supo que había bromas que sólo los médicos entendían, pero le gustó la última parte.
-Ya veo -dijo Smethwyck, acercándose para valorarla. Con paciencia y profesionalismo, le tomó la presión y la temperatura, auscultó su corazón, valoró su respiración y la revisó minuciosamente.
-¿Cómo está? -preguntó Harry. Su expresión era de esperanza y de terror, todo a la vez… A pesar de que observaba una franca mejoría en su compañera, quería escuchar de labios del experto que ella estaba bien, que iba a sanar y que viviría muchos años más.
-¿Quieren explicarme que ha pasado? -preguntó Smethwyck, clavando su vista en ambos muchachos, mirándolos inquisitivamente.
-¿Por qué? ¿Cómo me encuentro? -preguntó Hermione.
-Increíblemente sana -dijo Smethwyck
Hermione soltó un suspiro de alivio y Harry sintió que el alma le volvía al cuerpo.
-Ahora quiero saber cómo lo han conseguido -dijo Smethwyck con gesto cómplice.
Harry no tenía palabras para describir lo ocurrido, pero tomó entre sus manos el escudo del hospital y se lo entregó al sanador.
-¿De dónde sacaron esto? -preguntó el viejo médico sorprendido, mirando el escudo con curiosidad.
-Es mío, uno de mis pacientes lo dejo en mis manos antes de morir -dijo Hermione.
-¿Saben que este escudo perteneció a San Mungo Bonham, el fundador del hospital?
Ambos muchachos asintieron.
-San Mungo Bonham nació en 1560 y murió en 1659 -explicó Smethwyck-. Fue un gran sanador que creó cientos de pociones medicinales y hechizos curativos, y su poder para sanar era asombroso. Cuenta una leyenda que antes de que San Mungo se dedicará a la medicina mágica, estuvo enamorado de una bruja muy bella, con quien planeaba casarse. Un día, la muchacha enfermó gravemente, y no hubo mago en aquella época que pudiera hacer algo para ayudarla. Desesperado, San Mungo comenzó a estudiar y a investigar, tratando de encontrar algún remedio para su amada, pero todo su esfuerzo fue en vano y ella murió. San Mungo sufrió mucho tiempo por su pérdida y se encerró en sí mismo, convirtiéndose en un ermitaño. Muchos años después, aún inquieto por no conocer el mal que había acabado con la vida de su novia, San Mungo fue al panteón y exhumó sus restos, pero de aquel cadáver sólo quedaban los huesos. San Mungo tuvo entonces la visión del escudo del hospital, y a partir de ese momento, supo a qué iba a dedicarse el resto de sus días. Buscó a un orfebre y le pidió que hiciera una escultura con la imagen de un hueso y una varita. Después se dedicó a ayudar a cuanto enfermo encontró, creó pociones y hechizos, y poco a poco, su fama fue creciendo hasta convertirse en el fundador del hospital más importante del mundo mágico. San Mungo vivió 99 años y antes de morir, hechizó con medicina mágica antigua el escudo que tanto había atesorado como recuerdo de su novia.
-¿Por qué hizo eso? -preguntó Harry.
-Quizás pensó que, a través del escudo y la magia de la medicina, su amor por ella siempre seguiría vivo.
-Pero… ¿qué fue lo que hizo que el escudo revelara su poder? -preguntó Hermione
-Quizás el estado tan grave en el que te encontrabas. No miento al decir que ya habíamos agotado hasta el último recurso y no lográbamos salvarte la vida.
Los muchachos intercambiaron una mirada. Harry se estremeció al recordar lo cerca que estuvo de perderla, y supo que, a partir de ese momento, toda su vida veneraría la memoria de San Mungo Bonham, ese mago del siglo VII que había hechizado aquel escudo, logrando salvar así la vida de la mujer que amaba.
El sanador Smethwyck esbozó una sonrisa. No podía creer que ese par no advirtiera lo más obvio del mundo.
-Harry y Hermione, hay magia que únicamente funciona cuando hay amor de por medio… Un amor tan grande y tan intenso como el que sintió San Mungo por su prometida.
Harry y Hermione se miraron intercambiando una gran sonrisa, sin la menor duda del amor que los unía. Y a pesar de la presencia del médico, ambos unieron sus labios en un cálido beso.
Con un movimiento de su varita, Smethwyck retiró la sonda del suero y los cables que conectaban a Hermione al monitor desaparecieron. Ya no eran necesarios.
-¡Hermione! -dijo el sanador-. En vista de que te encuentro bien, y de que no me cabe la menor duda de que Harry va a seguir todas mis indicaciones al pie de la letra, voy a permitir que guardes reposo en casa.
Ella alzó las cejas sorprendida, pero en sus labios se dibujó una gran sonrisa. Harry también sonrió lleno de emoción ante la sola idea de llevarse a Hermione a casa.
-Eso sí -dijo el médico-, tienes que ser una buena paciente y tomarte las pociones que voy a recetarte. Además, tendrás la visita diaria de alguno de nosotros, Mosby, Snell o yo, para ver cómo sigues.
-Haré todo lo que usted indique -prometió Hermione, sin poder creer que esa noche dormiría en su casa.
-Eso espero, porque si no obedeces, volveré a internarte.
Ella asintió. El sanador escribió una nota en el expediente, le dio varias indicaciones a Harry y le pidió que firmara los papeles del alta.
-Sanador Smethwyck, ¿puedo volver a trabajar en San Mungo? – preguntó Hermione, temiendo escuchar un "no" por respuesta, después de más de cuarenta días lejos de su trabajo.
-Hermione Potter, ¿qué pregunta es esa? Por supuesto que puedes volver. Tus pacientes te necesitan y tus colegas te extrañan. San Mungo te espera con los brazos abiertos, pero eso sí, hasta que te mejores.
-Puedo volver mañana –dijo la castaña.
-Por supuesto que no –saltó Harry-. Hasta dentro de algunas semanas.
Smethwyck asintió, lanzándole una mirada de advertencia. Ella no podía pisar el hospital hasta que él lo autorizara.
-Es todo -dijo Smethwyck con voz jovial-. Pueden utilizar la red flu del hospital para volver a casa. Cualquier cosa que necesiten, sólo tienen que enviarme una lechuza e iré enseguida a Grimmauld Place.
-Gracias –dijeron los muchachos.
Smethwyck estrechó sus manos y salió de la habitación.
-Es mejor que lo sepas de una vez -dijo Harry a Hermione, entrelazando sus manos sobre su frágil cintura-. Estás en serios problemas porque voy a cuidar de ti como nunca nadie lo ha hecho en toda tu vida… Ni siquiera se te ocurra pensar que voy a dejar pasar un solo día sin demostrarte cuánto te quiero.
Ella rio, besando su cabello azabache.
¿Vamos a casa? –preguntó Harry con un beso en los labios.
-Nada me gustaría más –dijo Hermione, tomando su mano y entrelazando sus dedos con los suyos.
"Hoy te duermes en casa y la ventana que da al sur de tu alma, sigue abierta.
Tus deseos otean la distancia y tus sueños golpean en mi puerta".
Fragmento "Estoy presente", Alberto Cortez
Hermione abrió los ojos en cuanto sus pies tocaron el piso de la chimenea. Salió de ésta y sonrió al verse libre y muy lejos de la mansión de los Malfoy.
-Bienvenida a casa, señora Potter -dijo Harry, apareciendo en la chimenea.
Ella se giró y lo abrazó llena de jubilo.
-No puedo creer que he vuelto.
Harry sonrió sin poder ocultar la alegría que le provocaba su regreso.
Los ojos de Hermione recorrieron Grimmauld Place, viendo por primera vez, en muchos días, el lugar donde tanto había deseado estar. Su casa nunca antes le había parecido más bonita, ni más familiar, ni más íntima, ni más suya.
Todo estaba igual. El vestíbulo, el comedor, las escaleras, la alacena de Kreacher, ¿la sala? Un momento… La sala estaba diferente, parecía como si un tornado hubiera pasado por ahí y hubiera acabado con absolutamente todo lo que encontró en su camino.
-¿Qué le pasó a la sala? -preguntó Hermione.
-¿De verdad, no lo sabes? -preguntó Harry.
Ella negó con la cabeza. Él sólo atinó a abrazarla con todas sus fuerzas, cerrando la puerta al recuerdo de aquel desagradable incidente.
-Tendremos que esperar a que te alivies para comprar muebles nuevos -dijo Harry, besando sus rizos-. Tendrán que ser muebles que sean al gusto de la señora y del señor de la casa.
Hermione se dio cuenta de que, en el corazón de Harry había una herida abierta.
Desde la cocina, Kreacher escuchó las voces de la pareja y contento con su llegada, salió a recibirlos, pero en cuanto asomó la cabeza a la sala, vio que sus amos estaban abrazados y besándose, y no quiso romper ese momento. Volvió a la cocina y regresó cinco minutos después, sólo para descubrir que Harry y Hermione seguían exactamente igual que como los había dejado la última vez. Kreacher no supo si permanecer incógnito o toser para interrumpirlos.
Crookshanks no fue tan comprensivo, pues en cuanto descubrió a su dueña, corrió a su encuentro, haciendo esfuerzos desesperados para que Hermione le prestará atención. Levantó sus patitas delanteras sobre las rodillas de la chica y comenzó a maullar.
-¡Crookshanks! –murmuró Hermione, volviéndose hacia su mascota.
El gato se lanzó sobre su regazo, haciendo que Hermione se separara totalmente de Harry. Ella lo cargó, le hizo un par de cosquillas y le acarició el lomo. Crookshanks ronroneo contento.
-Hola, Kreacher -dijo Hermione, advirtiendo la presencia del elfo.
-Buenas noches, señora -dijo Kreacher, tratando de ocultar una sonrisa-. Bienvenida.
-Gracias -dijo Hermione y sin importarle el poco afecto que Kreacher sentía por los "magos de sangre impura", puso a Crookshanks en el piso y le dio un abrazo al elfo. Kreacher la miró incómodo y Harry divertido. Hermione lo soltó al cabo de un instante y volvió al lado de su esposo.
-¿Quieren cenar algo? -preguntó el elfo.
-Sí, por favor -dijo la pareja a coro.
Kreacher mencionó el nombre de un platillo francés que Hermione no tardó en reconocer como su favorito. El elfo con cierto embarazo, le dijo que era mera coincidencia que él hubiera preparado ese platillo precisamente ese día, y se alejó rápidamente para servir la mesa.
-Kreacher también te extrañó mucho -dijo Harry a Hermione-. Lleva días preparando tu platillo favorito, esperando este momento. Te quiere y es su manera de demostrártelo… Y por favor, prométeme que en cuanto veas el jardín, te sorprenderás. Kreacher no ha dejado de cuidar de tus flores ni un solo día.
Hermione sonrió conmovida. El elfo era una de las criaturas más nobles que conocía.
En toda la casa reinaba un ambiente de fiesta por el regreso de Hermione. Ella y Harry cenaron entre risas y caricias. Los platillos de Kreacher resultaron deliciosos, y para Harry fueron un verdadero manjar, pues el pobre ni siquiera lograba recordar cuándo había sido la última vez que había disfrutado de una comida decente.
-El agua está lista –anunció Harry, saliendo del cuarto de baño después de llenar la tina.
-Gracias -dijo la chica, deseando darse un buen baño. Harry la abrazó y caminó con ella hasta la bañera.
-¿Quieres que te ayude? –preguntó el ojiverde.
Ella asintió con mirada traviesa. Se sentó en el borde de la tina y besó a Harry antes de que él le ayudará a retirarse la ropa.
Hermione sintió las prendas deslizarse sobre su cuerpo y pudo sentir las tiernas caricias de Harry mientras la desvestía. Sus movimientos eran suaves y cuidadosos, como si ella estuviera hecha del más fino cristal.
-Sigues siendo mi musa –dijo Harry, totalmente fascinado con la figura de su esposa.
Ella le dedicó una sonrisa antes de sumergirse en la tina llena de agua caliente y burbujas de jabón.
Harry la contempló abiertamente mientras ella tomaba un poco de shampoo y lo untaba sobre su cabello. La deseaba con todo su ser y más que nunca, pero tuvo que recordarse a sí mismo que hace apenas unas horas, Hermione había estado agonizando en San Mungo, y que, a pesar de su milagrosa mejoría, aún estaba convaleciente.
Hermione extendió su mano para tomar la de él. Sin importar que a Harry le gustara o no, ella podía leer sus pensamientos y ver a través de él.
-Ven -pidió Hermione, haciendo espacio en la tina-, por lo menos tomemos un baño juntos.
Él no necesito que Hermione se lo pidiera dos veces, se desvistió y entró en el agua caliente.
Hermione comenzó a aventarle chorros de agua, él entre risas le siguió el juego hasta que, la atrapó entre sus brazos y la acurrucó contra su pecho. Ella recargó tranquilamente la cabeza en su hombro, sintiéndose totalmente feliz.
Cuando terminaron de bañarse, Hermione se secó y se cubrió con una bata del ojiverde, porque Harry con toda la pena del mundo, le explicó que en el tiempo que pensó que ella le había sido infiel, había mandado retirar todas sus cosas de la habitación.
Ella se abstuvo de hacer algún reproche. Todos los seres humanos hacen cosas tontas cuando sienten mucho dolor, y Harry no había sido la excepción. Él le confesó que gracias a ese arrebato había descubierto a Milly.
Envuelto en una toalla, Harry tomó a Hermione entre sus brazos y la llevó hasta la cama, recostándola con cuidado.
-Te prometo que, si falta algo de tus cosas, te compraré todo de nuevo–dijo Harry.
-¿Incluido un bolso? -bromeó Hermione.
-Lo que quieras –dijo Harry, abrazándola con ternura.
-Tú eres todo lo que quiero –dijo ella, echándole los brazos al cuello.
Hermione tomó la varita de Harry e hizo un encantamiento accio para invocar ropa interior y una pijama limpia. No supo de qué habitación salieron volando las prendas, pero gracias al encantamiento, pronto se vio vestida con una hermosa bata de seda y encaje.
Vestido con su pijama, Harry se recostó junto a ella y la estrechó contra sí, sentándola en sus piernas. Había estado tan cerca de perderla que no quería soltarla nunca.
-¿No vas a contarme qué fue lo que viste en la sala? -preguntó Hermione.
Él la besó en la sien.
-El día que desapareciste, Ginny se hizo pasar por ti, y cuando llegué del trabajo, "te encontré" con "Viktor", acostada en el sillón.
Hermione abrió los ojos como platos, indignada por lo que había sucedido, pero también sorprendida por la mención de Ginny.
-¿Ginny? -exclamó Hermione, incrédula.
-Sí, Ginny siempre estuvo detrás de todo. Entre ella y Zabini secuestraron a Viktor antes de los mundiales y…
Hermione lo interrumpió aún más sorprendida por la inocencia de Viktor, pues siempre había creído que el búlgaro había participado gustosamente en aquella trampa.
-¿Quieres decir que Viktor no es cómplice de Malfoy?
-Así es -dijo Harry, acariciando sus mejillas con la yema de sus dedos-. Viktor no tuvo nada que ver. Él fue secuestrado y encerrado en una cabaña en Little Hangleton. Fue Zabini quien se dedicó a usurpar su lugar.
Hermione lo miró consternada.
-Encontré a Viktor hace unos días, estaba en muy malas condiciones… Tuve que llevarlo a San Mungo.
-¿Y cómo está ahora?
-Bien, el sanador Smethwyck ya lo dio de alta. Viktor me ayudó para que pudiera encontrarte... Gracias a él, pude descubrir a Zabini.
-¿Y cómo supiste que yo estaba en la mansión Malfoy?
-Recibí tu carta. Zabini la tenía.
Ella sonrió, ya ni siquiera se acordaba de aquella carta
-¿Zabini, Malfoy y Ginny están detenidos?
-Sí -dijo Harry sin poder evitar una mueca de disgusto ante la sola mención de aquellos nombres-. Pronto voy a presentar todas las pruebas que tengo en su contra, pero tendrás que declarar... ¿Estás de acuerdo?
-Por supuesto, no se vale todo lo que hicieron.
-Viktor también declarará, pero me temo que Arabella Figg no podrá hacerlo
Hermione se estremeció al recordar a la anciana.
-¿Qué pasó con ella?
-Está en San Mungo, fue torturada y su mente quedo gravemente dañada.
La chica lo miró sintiendo una gran pena por aquella mujer. En cuanto pudiera volver a San Mungo, iría a visitarla.
-¿No vas a contarme de tu próximo premio en medicina mágica? -preguntó Harry, apartándole el cabello y dándole un beso en el cuello-. ¿Cómo le hiciste para que Malfoy pudiera caminar? ¿Cómo encontraste un remedio para la maldición immobile crura?
-Tú me diste la idea -reconoció Hermione, besando sus labios-. Tú hace tiempo me preguntaste que pasaría si tuviéramos una poción hecha a base de sangre de unicornio y lágrimas de fénix… Gracias a tu pregunta, me acordé de la poción de Anouk, y ese fue el remedio que hizo que Malfoy pudiera ponerse de pie.
Harry asintió, aunque gracias a la intervención de Hermione, Malfoy podía caminar, de su cuenta corría que el slytherin no volviera a poner un pie fuera de Azkaban.
-Hermione, ¿te hizo lago ese infeliz? ¿Se atrevió a tocarte? ¿Te torturo? -preguntó el ojiverde, tomando su cara entre las manos para que ella lo mirara.
Hermione vaciló, pero le contó la verdad.
-Sólo fue un crucius –dijo la chica de la forma más sutil que le fue posible.
Harry sintió que hasta los pelos de la nuca se le erizaban a causa del coraje y la indignación. Quería matar a ese desgraciado.
-Ya pasó, Harry, estoy bien.
El negó con la cabeza. Zabini, Malfoy y Ginevra no merecían volver a ver la luz del sol.
-Harry, inicialmente Draco Malfoy planeó todo porque necesitaba una sanadora y sabía que yo había atendido a Kingsley. Malfoy era un inválido en una silla de ruedas, y como sanadora no tuve otro remedio que atenderlo. Yo solamente cumplí con mi trabajo, pero inexplicablemente, Malfoy comenzó a verme diferente…
-¿Se enamoró de ti?
-Creo que, a su manera, comenzó a sentir cierta atracción, nada más. Él no sabe amar a nadie.
Harry trató de no mostrar disgusto, pero la sola idea de imaginar a Malfoy interesado en Hermione, obligándola a atenderlo en contra de su voluntad y aprovechándose de su invalidez para retenerla a su lado, le producía un deseo enorme de lanzarle una maldición imperdonable.
-No quiero que pienses que yo tengo algún interés en Malfoy -advirtió Hermione
-No, Hermione, no estoy pensando eso -dijo Harry besando la punta de su nariz-. Ya bastante caro he pagado todos mis errores como para volver a cometerlos. Lo último que tú mereces son mis dudas y celos.
-¿Confías en mí?
-Más que nunca... No sabes cuánto me pesa no haberlo hecho.
-Harry, admito que me hubiera gustado que no cayeras en esa trampa y que jamás hubieras puesto en duda mi amor por ti… pero, si yo misma, te hubiera encontrado en la misma situación, no hubiera pensando diferente. Es más, si un día te encuentro con otra mujer, lo primero que haré será lanzar un avada kedavra al niño que vivió.
-No existe otra mujer, te quiero a ti.
-Lo sé porque puedo ver que a pesar de que estabas herido por esa falsa infidelidad, me buscaste para saber si estaba bien.
-No nada más te busqué por eso, sino porque en el fondo, te quería a mi lado, porque una sola palabra tuya y yo te hubiera perdonado todo. Absolutamente todo, incluyendo una infidelidad.
-Yo jamás podría compartir mi vida con alguien que no fueras tú -dijo Hermione con voz dulce-. Te amo a ti.
-Yo también te amo –dijo el moreno-. Amo lo que tenemos y lo que somos cuando estamos juntos, pero quiero que estemos mejor. Prométeme que siempre tendremos tres cosas en nuestro matrimonio: primero, quiero que siempre me cuentes tus necesidades, tus miedos, tus sueños, ambiciones y deseos. No quiero que el puente de la comunicación entre nosotros se rompa nunca.
-Cuenta con ello.
-Lo segundo, es que quiero que seas feliz y que me permitas serlo al lado tuyo.
-¿Envejecer juntos, rodeados de hijos y nietos?
-Nada me daría más gusto.
-¿Y cuál es la tercera cosa? -preguntó Hermione alzando las cejas.
Él la contempló con la mirada más pícara que ella le hubiese visto hasta ese entonces.
-Eso no te diré hasta que estés totalmente sana –murmuró Harry en su oído.
Ella se puso de colores y Harry le guiñó un ojo divertido. Hermione le dio un golpe con la almohada, deseando que ese momento llegará pronto. Y después se recostó en su hombro, dejándose vencer por el cansancio propio del día.
-¿Hora de dormir? -preguntó Harry.
-Me temo que sí -dijo ella, acostándose sobre el suave lecho.
El ojiverde apagó las luces, se recostó a su lado y acomodó las cobijas.
-Harry…
-¿Si?
-No dejes que llegue un ejército de mortífagos y me secuestre por la noche.
-Primero me matan –dijo el moreno.
Ella sonrió, sabía que esa declaración no era ninguna broma.
-Duerme, Hermione. Ya nada podrá separarnos.
-Dame un beso –pidió la chica.
Él se inclinó y la besó en los labios.
-Te amo, preciosa.
-Y yo a ti -murmuró Hermione antes de quedarse dormida.
Harry se quedó despierto varios minutos más, velando el sueño de Hermione hasta que sus ojos se fueron cerrando lentamente.
Y por primera vez, en mucho tiempo, Harry fue capaz de disfrutar de un sueño profundo y reparador, porque lo que más amaba en el mundo, dormía tranquilamente entre sus brazos.
