Capítulo XVI: Lo que el ángel sabe
El ángel de la gabardina oyó como sus amigos entraban en el búnker y bajaban las escalinatas para llegar al gran salón donde él estaba esperándolos. Lamentaba que el motivo de su visita fuera darles aquel tipo de noticias, sabía que era algo que no les gustaría escuchar, pero debía hacerlo. Había llegado el momento de afrontar la realidad.
-Tenemos que hablar. -les dijo Castiel con seriedad.
-Cas. -saludó Dean. -Algo me dice que no estás aquí para anunciarnos que te ha tocado la lotería, ¿verdad? -añadió con pesadez mientras tomaba asiento enfrente del ángel. Sam y Emma le siguieron.
-Yo no juego a la lotería... -habló un confundido Castiel.
-Tío, después de tantos años, deberías estar más familiarizado con el sarcasmo... -soltó Dean derrotado al ver el semblante del ángel. -En fin, ¿qué sucede?
Castiel posó su mirada azul en Emma, no sabía por dónde empezar, aquella chica que se había convertido en parte del equipo libre albedrío y ahora los problemas y el sufrimiento parecían no darle tregua.
-¿Cas? -preguntó la joven devolviéndole la mirada y rompiendo el silencio. -Me estás preocupando...
-Es sobre ti, corres peligro. -soltó sin demasiado tacto el ángel.
¿Acaso existía una forma bonita de comunicar todo aquello? Lo dudaba, así que decidió no andarse con rodeos. Observó como el cuerpo de Sam se tensó al momento, sintió como el pulso de Emma se aceleraba y como Dean se limitaba a esperar alguna explicación más por su parte.
-Crowley... -se aventuró a adivinar Emma recordando el encuentro que había sufrido con el demonio. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Había estado tan centrada en las cacerías y en ayudar a Dean que había olvidado que el mismísimo Rey del Infierno buscaba algo de ella.
Sam notó la ansiedad de la chica y posó su mano sobre la rodilla de esta en un gesto de confort.
-No te preocupes Em, iremos a por él. Te prometí que no te haría daño. -habló el menor de los Winchester a su lado. Emma en respuesta apretó la mano del cazador.
-No es Crowley. -interrumpió Castiel. -Las últimas ordenes que dio fueron claras, quería a la sanadora con vida. La cuestión es que hace semanas que nadie sabe de él, es como si se hubiera esfumado... El Infierno se ha vuelto un caos, los demonios están asustados y Astaroth ha decidido dar un paso al frente.
-¿Cómo? -preguntó un atónito Dean. -¿Por qué abandonaría Crowley su preciado trono?
-Sí, no tiene sentido... -coincidió Sam. -¿Y quién demonios es Asta... lo que sea?
-No sabemos lo que ha movido a Crowley a dejar su puesto. -respondió el ángel. -En cuanto Astaroth, se le conoce como el "Gran Duque del Infierno" y junto a Belcebú fue la mano derecha de Lucifer en la creación del mismo...
-¡Perfecto! -bufó Dean. Tenían suficientes problemas y esos hijos de puta seguían saliendo de debajo de las piedras. -Un alto rango del Infierno... ¿Es que nunca se acaban?
-Y qué... -balbuceó Emma. -¿Qué es lo que quiere Astaroth?
-Te quiere a ti. -contestó Castiel. -Las noticias han viajado rápido allí abajo. Conocen de lo que has sido capaz: curar a un demonio, dominar a uno y acabar con él... Y lo más importante, también sospechan que has sido enviada aquí por Dios lo que te convierte en una gran amenaza para todos ellos.
-Pero si yo... -la angustia se empezaba a apoderar de ella. Hubiera preferido que Crowley fuera la amenaza, al menos lo conocía y no sonaba tan aterrador como ese tal Astaroth. - No tengo nada en especial Cas.
-Te equivocas. Hay algo especial en ti, algo que vi desde el primer día pero que no supe reconocer por no haberlo visto antes. Pero ahora que he hablado con Gabriel, y él también lo ha visto, no hay duda.
Dean miró al ángel y luego a su amiga. Sabía de lo que estaba hablando Castiel, en su época como demonio también había observado algo especial en aquella humana y tampoco había sido capaz de identificar de que se trataba pero hubo algo en ella que le atrajo, una especie de poder irradiaba de su ser.
-Yo también lo vi. -sorprendió Dean a todos los presentes. -Cuando era un malnacido de ojos negros pude sentir ese algo especial del que habla Cas. Cuando estabas curándome sentí miedo de lo que emanaba de ti, era una especie de poder que no había visto antes, no se parecía a un ángel y mucho menos a un demonio... Era algo más puro que todo eso.
-¿Qué estáis diciendo? -reclamó Sam algo exaltado.
-Su alma es especial. -contestó calmadamente el ángel. -Es poderosa, más de lo que se haya visto nunca.. Un alma humana es algo muy preciado ya de por sí pero, la tuya... -habló esta vez mirando a Emma. -La tuya es como si valiera por miles y eso conlleva un gran poder. Tal vez sea eso lo que esté buscando Astaroth, hacerse con tu alma, se podrían hacer grandes cosas con ella... Pero no te preocupes el Cielo va a cuidar de ti, eres la prueba de que nuestro padre sigue vivo y vamos a protegerte.
-Yo no estaría muy tranquilo si mi vida dependiera de los ángeles... -rió amargamente Dean. -No te ofendas Cas pero al Apocalipsis me remito. -Sam le pegó un codazo a su hermano mientras seguía aferrando la mano de la chica.
Los hermanos se miraron en silencio, comprendían perfectamente cómo debía estar sintiéndose Emma en aquellos momentos, al fin y al cabo, ellos habían pasado por algo similar con el Apocalipsis. Cielo e Infierno peleándose y tratando de decidir por ellos.
Por su parte, Emma estaba totalmente inmersa en tratar de asimilar todo lo que Castiel le acababa de decir. Astaroth uno de los fieles a Lucifer iba tras ella o tras su alma, un alma que por lo visto era especial y poderosa. Dios tenía un plan para ella, un maldito propósito... ¿En qué momento había pedido ella por todo aquello? Era de locos. No era bastante increíble haber sido enviada a aquel universo, haber conocido a los Winchester y haberse enamorado de Sam, no, ahora también se le unía todo lo demás.
No pudo evitar sentir una gran impotencia apoderándose de su interior. ¿Y si todo lo que había sucedido era porqué así había estado planeado? ¿Y si ella no había tenido elección y no era más que un títere en manos del destino? Tenía ganas de llorar pero no quería romperse frente a ellos así que, respiró hondo antes de hablar.
-¿Qué es lo que el Cielo quiere de mí? -aquella pregunta sorprendió a todos. -Si estáis dispuestos a protegerme es porqué algo ganáis con ello, ¿no? -continuó hablando la chica. -Necesito que me seas sincero Cas, por favor. -añadió suplicándole con su castaña mirada.
Castiel la miró con asombro, era una chica inteligente no podía negarlo.
-Tu ayuda para encontrar a nuestro padre. -respondió sinceramente el ángel. -Verás el Cielo sin él, sin sus órdenes, sigue siendo inestable. La mayoría de los ángeles siguen sin estar familiarizados con el libre albedrío y el resto de nosotros tememos que el Cielo vuelva a convertirse en un campo de batalla. No queremos otra guerra civil, no estamos preparados para perder a más de nuestros hermanos...
-Entiendo. -habló lo más tranquilamente que pudo Emma mientras evitaba mostrar que por dentro se estaba resquebrajando. -¿Cómo os puedo ayudar?
-Creemos que tú alma podría guiarnos hasta Dios, con ella en el Cielo seríamos capaces de rastrear el poder que te trajo hasta nuestro mundo y reconstruir nuestro hogar...
-Espera. Dime que lo he entendido mal. -interrumpió un más que molesto Sam. -¿¡Pretendéis usar su alma a modo de GPS para dar con Dios!?
-Algo así. -admitió Castiel.
-¿¡Cómo puedes siquiera proponerlo!? -demandó el menor de los Winchester irritado. No podía creer que el ángel estuviera hablando en serio. -¿Ese es el plan del Cielo? ¿Quitarle su alma? -dejó de sostener la mano de Emma para llevársela a la cabeza. -Dime Cas... ¿En qué se diferencia eso de lo que el Infierno tiene preparado?
Las duras acusaciones golpearon al ángel.
-¡En el propósito! -respondió Castiel elevando su profunda voz. Entonces, dirigió la vista hacia el mayor de los hermanos buscando algo de comprensión pero Dean no hacía otra cosa que negar con la cabeza.
-Cas, en ocasiones, sigues siendo un auténtico capullo. -soltó Dean dejando clara su postura. No podía ponerse de parte del ángel, no si el precio era el alma de su amiga. El recuerdo de su hermano desalmado le golpeó, no volverían a pasar por ello. Los ángeles deberían buscar otro camino.
La última revelación de Castiel y el ambiente tenso que se respiraba ahora entre ellos fue el detonante que hizo a Emma desmoronarse. Las lágrimas se le empezaron a amontonar en sus ojos, no podía seguir fingiendo que todo iba bien, en un brusco movimiento se levantó de su asiento.
-Lo siento... -se disculpó. -Necesito... necesito estar sola. -añadió entre sollozos saliendo de allí. Sam ignorando la petición de la chica salió tras ella, no sin antes dedicarle una dura mirada al ángel.
El mayor de los Winchester se alzó de su silla para alcanzar una de las botellas de alcohol que guardaban en el mini bar, necesitaba un trago, así que se sirvió un whiskey doble antes de volver a tomar asiento. Su cara reflejaba todo el agotamiento que llevaba acumulado. Estaba tan exhausto que apenas notó que la herida en su vientre había empezado a sangrar hasta que el ángel apareció a su lado para sanarla.
-No creas que con esto se me olvidará lo que acabas de insinuar... Ni Sam ni yo vamos a permitir que le quites su alma, no me importa el uso que queráis darle. -habló Dean. -Ya has jugado con el poder de las almas antes y mira como salió... -añadió recordándole a Castiel cuando absorbió todas las almas del Purgatorio.
-Dean, respetaré la decisión que tome Emma. -dijo Castiel con franqueza. -Lo creas o no a mí tampoco me emociona la idea de usar su alma pero, es mejor que lo hagamos nosotros a que lo hagan otros. Si Astaroth consiguiera hacerse con ella sería poseedor de un gran poder, la batalla entre Cielo e Infierno tendría un claro vencedor... Y no podemos permitir que algo así suceda.
El cazador tomó un largo trago antes de hablar.
-No paras de repetir el gran poder que tiene su alma pero, también has dicho que no hay precedentes de algo así. Que nunca habíais visto nada igual... -Castiel iba asintiendo mientras Dean hablaba. -Entonces, ¿cómo sabéis que puede ser usada para grandes cosas? y, ¿a qué te refieres con grandes cosas?
-Es cierto que nunca habíamos tenido constancia de ningún humano con un alma tan pura y poderosa como la de Emma. Pero existen profecías, leyendas... -Dean no pudo evitar bufar sarcásticamente al escuchar la palabra "profecías" pero el ángel lo ignoró y siguió con la explicación. -...que hablan de un alma especial capaz de romper con las reglas de lo conocido, hasta ahora nunca le habíamos dado mucha importancia a esos escritos porque como ya he dicho desconocíamos la existencia de algo parecido. Pero ahora, bueno, ahora estamos hablando de que podríamos encontrar a Dios, tal vez incluso cerrar las puertas del Infierno... Ella podría soportar las pruebas sin tener que sacrificarse, tal vez esa sea su misión.
-Tal vez, tal vez... -repetía Dean. -¡Son todo suposiciones, Cas! Ni siquiera te atrevas a decirle todo esto a ella... ¿Cerrar las puertas del Infierno? ¡Joder! -maldijo. -Es sólo una chica inocente que no pidió por nada de esto.
-Tampoco tú y Sam pedisteis ser los recipientes de Miguel y Lucifer, y sin embargo lo eráis.
-Sí, Cas, lo sé. -admitió el cazador. -¡Pero al menos nacimos en este maldito universo! Ella no tiene nada que ver con todo este mundo y no permitiré que la metáis en vuestras batallas.
-Nos guste o no, debes admitir que, ya está metida en ellas. -sentenció Castiel con tristeza.
Dean sabía, en el fondo de su corazón, que el ángel tenía razón. Desde el momento en que Emma había decido ayudarles había quedado expuesta a todos aquellos peligros que rodeaban sus vidas. Pese a ello, no iba a darse por vencido con su amiga. Se encargaría de ese tal Astaroth aún temiendo a lo que tenía que recurrir para matarlo...
-Cas, necesito que me traigas algo.
En las afueras del búnker, en esos precisos momentos...
La noche era fría pero la chica no podía sentir la brisa sobre su cuerpo, sólo sentía una profunda ansiedad. Emma, apoyada contra la pared de la entrada del búnker, intentaba respirar hondo aunque el nudo en su estomago y la opresión en su pecho le impedían hacerlo. Las lágrimas brotaban de sus ojos y descendían sin control por sus mejillas mientras sus puños se encontraban cerrados férreamente a ambos lados de su cuerpo.
La puerta del búnker se abrió y Sam salió del interior del refugio. La chica no reparó en él, estaba demasiado sumida en sus propios pensamientos. El chico la observó con absoluta preocupación. Nunca la había visto en ese estado, ni siquiera cuando se había quebrado meses atrás al recordar a su familia. Estaba absolutamente ausente. Sam se posicionó frente a ella.
-Em, ¿estás bien? -al momento de pronunciar esas palabras se sintió un estúpido, por supuesto que no estaba bien. La chica seguía con la mirada perdida así que Sam se agachó hasta ponerse a su altura. -Estoy aquí, todo saldrá bien. -dijo mientras le secaba las lágrimas con sus dedos. -Estoy aquí. -repitió está vez creando contacto visual con los oscuros ojos de la chica.
-Sam... -susurró ella finalmente entre sollozos.
-Sí, tranquila. -dijo atrayéndola hacia él para abrazarla. Los lloros de la joven cazadora aumentaron y Sam no pudo hacer otra cosa que abrazarla más fuerte. Sabía que la chica necesitaba soltar toda aquella carga de sentimientos, conocía la sensación, así que se limitó a sostenerla entre sus brazos al mismo tiempo que le susurraba palabras de apoyo.
Cuando la chica ya no podía soltar una sola lágrima más, rompió el abrazo con Sam y retrocediendo unos pasos trató de alejarse pero el cazador se lo impidió agarrándole por la muñeca.
-No lo hagas. -pidió Sam. -No te apartes, habla conmigo.
-Esto es demasiado... Cielo e Infierno con planes para mí. -respondió ella con una mirada triste. - Sam, yo no soy lo suficientemente fuerte para hacer frente a algo así... Y tampoco quiero serlo, al igual que no quiero perder mi alma ni ser especial.
-No estás sola ¿vale? -Sam entendía a la perfección por lo que estaba pasando Emma. -Yo voy a estar aquí, a tu lado, y juro que voy a protegerte de cualquiera que intente ponerte un solo dedo encima. No voy a permitir que nada malo te ocurra. -le hablaba mirándole directamente a los ojos pero ella le rehusaba la mirada.
Emma se sentía como un títere. Le aterraba pensar que todo lo que había sucedido desde su llegada al mundo de Sobrenatural ya hubiera sido escrito. Que como si de la serie se tratase, ella simplemente formará parte del reparto y estuviera jugando su papel. Esa idea le volvía loca y las dudas no hacían más que consumirle por dentro.
-¿Y si todo esto tenía que pasar? -preguntó conmocionada. -Si todo forma parte de un plan y simplemente estoy actuando como Dios ha dictado...
-Emma, sabes que siempre hay elección.
-No lo sé, tal vez ni siquiera lo que sentimos sea real...
Esa última frase resonó con fuerza en la cabeza del menor de los Winchester, el cual reaccionó sujetando el rostro de Emma entre sus manos para depositar un suave beso sobre sus labios. Cuando Sam se separó ella aún tenía los ojos cerrados.
-Dime. -habló llevándose una de las manos de la chica hasta su pecho. -¿Esto es lo suficientemente real para ti? -la chica pudo notar el latido acelerado en el pecho del cazador. -Porqué para mí lo es. Es lo más real que he sentido nunca Emma.
-Sam...
-No, escúchame. -cortó el chico. -Sé cómo te sientes, he estado ahí antes Em, sé que ahora mismo no puedes pensar con claridad. Qué crees que todo esto es más de lo que puedes soportar... Pero te equivocas, eres fuerte y esto no va a poder contigo. Te lo prometo. -aseguró Sam. -¿Confías en mí? -añadió acariciándole la mejilla.
-Confió en ti. -aseguró la chica.
-Lo resolveremos. -zanjó Sam dedicándole una media sonrisa. Entonces le tendió la mano y Emma se la tomó, ambos se adentraron de vuelta al búnker.
