XXV

El sonido del viento le parecía aún más fuerte a como era en las Islas a pesar de que en aquel lugar el fuerte sonido que hacían las olas al romperse contra las rocas o la arena no la dejaba dormir tranquilamente en las noches.

Eran sonidos que generalmente venían acompañados de pesadillas en donde ella tenía el mismo destino que sus padres habían tenido cuando ella tenía a penas 18 años de edad. Y de cierta manera les odiaba por haber hecho ese viaje, por dejarla a cargo a pesar de haber pasado encerrada la mayor parte de su joven vida, por no preocuparse por el pronóstico del clima, porque viajar hasta Corona por ir a la boda de su sobrina era mucho más importante que permanecer en Arendelle y estar al lado del fenómeno que era la mayor de sus hijas.

Les reprochaba por partir a pesar del riesgo que seguramente ellos sabían que había, pero ignoraron porque "era una ocasión importante", dijeron que confiaban en ella, pero ella era una niña inexperta a quien arrojaron a esos idiotas del consejo, quienes siempre contribuyeron a que esa inseguridad en ella aumentara.

Siempre cuestionando todo lo que ella proponía, jamás tomándola enserio por ser una chica y usándola como peón para ofrecerla al mejor postor. Era joven, bonita y heredera al trono de un reino que aunque pequeño era bastante próspero y lleno de riquezas, simplemente en su Coronación buscaban exhibirla, pero claro, la posibilidad de que eso ocurriera no les importó a Adgar e Idun, solo la dejaron completamente sola.

Se sentía bastante sola en ese instante, estaba oscuro y lo único que conseguía escuchar era el viento. Sentía la necesidad de levantarse y caminar hasta la otra habitación para asegurarse de que Hans seguía allí, aunque estaba más que segura de ello.

El pelirrojo no trataría de dejarla allí, sabía que era mejor tenerla de su lado que como enemiga y tratar de burlarla sería algo realmente estupido de su parte y Hans lo sabía, al igual que todos la había subestimado en el pasado, pero ahora sabía que ella era inteligente y capaz de muchas cosas; eso le agradaba.

Se encontró a ella misma sonriendo ante ese pensamiento. Le agradaba.

Y le reconfortaba saber que no estaría sola durante su viaje a Arendelle, porque Hans no la dejaría ir sola; eso ya estaba más que comprobado, le agradaba el sentimiento que le provocaba el hecho de que él conocía cuáles eran sus intenciones y aún así no la miraba como un monstruo, tampoco la juzgaba por buscar venganza.

Sabía que Hans había manipulado a su antojo a muchas personas e incluso tratado de cortarle el cuello con una espada y posiblemente ambos eran unos monstruos y debido a ello Hans no se escandalizaba con la idea de ver sangre derramada. Ella no le asustaba.

Jamás lo comprendería; el por qué Hans Westergard no había entrado en pánico en ningún momento al ver sus poderes y lo que estos podían hacer.

Finalmente cedió y se levantó de la cama y se dirigió a la habitación donde Hans se había instalado. Estaba despierto y parecía sorprendido de encontrarla allí.

— Elsa. — Era como si en esa palabra y en el intercambio de miradas entre ambos hubiese existido una conversación entera, ella se dirigió hasta donde él estaba sin decir nada. — ¿Todo en orden?

— Jamás lo ha estado. — Respondió ella. —, tengo una pregunta. Cuando estábamos en las Islas y yo fingía ser otra persona, tú me contaste algo sobre tu madre...

— ¿Quieres saber si mentí sobre eso? — Ella asintió. — En parte si, pero ya lo sabías, eres una mujer inteligente.

— ¿Cuál es la verdad?

— Mi madre es la hermana de la última esposa de mi padre, pero ellos jamás se casaron, fue una simple aventura sin importancia para mi padre. — Dijo Hans con indiferencia. —, la razón por la cual me reconoció fue para evitar un escándalo. Y bueno, lo más probable es que mi madre esté muerta, pero jamás la he visto en mi vida. — Dijo Hans. —, ¿Por qué el repentino interés?

— Simplemente curiosidad, tu familia tiene muchos secretos, tantos que pensó que jamás alguien sería capaz de descubrir todos ellos.

— Todas las familias tienes secretos, especialmente las nobles. — Dijo Hans. —, tus padres te tenían a ti, ¿No?, seguramente siempre quisieron tenerte oculta después de lo ocurrido con tu prima Rapunzel, tus poderes le hubiesen servido a otros Reyes para conquistar cuantos reinos quisieran, robarte cuando eras aún una niña habría sido una gran tentación.

— ¿Y si ellos alguna vez pensaron utilizarme de esa manera?

— Probablemente lo hicieron, ¿Cual es el problema?, están muertos. — Dijo Hans. —, pero todo esto no es la razón del por qué viniste, ¿O si?

— No trajimos mucho dinero con nosotros, es básicamente lo que traíamos con nosotros en nuestra improvisada escapada, ¿Como salir de Corona con eso? — Cuestionó Elsa.

— No creo que debamos preocuparnos por eso. — Dijo Hans. —, de igual forma si las cosas se complican, se que tus poderes podrían persuadir a cualquiera, si funcionó con mi padre, lo harán con toda una tripulación.

— Tu padre prácticamente nos jugó chueco.

— Aunque debiste considerar el hecho de que tu misma fuiste quien rompió toda relación con las Islas cuando estabas en el poder. Tu hermana aún no asciende al trono oficialmente, seguramente aún no puede cambiar ciertas cosas.

— Otro factor que debemos tomar en cuenta es, que probablemente los tipos de esa cantina aún sigan buscándonos, posiblemente.

—¿Eso te inquieta? — Elsa sabía que él no se tragaba la idea de estar asustada ello. Es decir, había tenido miedo en ese momento, incluso cuando huían hasta llegar a la torre donde se hallaban, pero lo único que ahora podría inquietarle era volver a quedarse sin saber cómo reaccionar, no actuar a tiempo, pero era cierto, no tenía miedo de encontrarse a esos tipos.

Al contrario, en el fondo deseaba que volviesen a intentarlo para demostrar que no era una persona con la cual querrían tener problemas, pero no sabía que responderle a Hans, puesto que en ese momento ni ella misma se entendía.

— Solo no quiero permanecer aquí más de la cuenta.

— No lo haremos, ya arriesgue demasiado al salir de las Islas como para quedarme en una torre abandonada por demasiado tiempo, iremos a Arendelle.

— Me sorprende que no quieras algo a cambio, no eres del tipo de persona que hace algo de forma desinteresada. — Comentó ella.

— Tu no eres más el tipo de chica que se deja manipular o chantajear, se que no me necesitas lo suficiente como para acceder a mis peticiones, pero eres testaruda y necia, te meterías en problemas si te dejo ir sola y créeme, no quiero vivir para ver como un repartidor de hielo se convierte en Rey.

— No soy testaruda. — Se quejó la rubia.

— Tienes qué pensar más las cosas antes de actuar, no les des la oportunidad a los demás de pensar que eres idiota o impulsiva. — Dijo Hans. —, te esforzaste tanto por actuar como si no me necesitaras que tomaste decisiones erróneas, cuando no había necesidad de demostrar nada. Se que no me necesitas así como yo tampoco o hago.

— ¿Y qué haces aquí entonces?

— Ambos tenemos asuntos pendientes con Arendelle, pero cuando termine todo esto ambos tomaremos caminos separados.


Hans dormía profundamente. Estaba soñando.

Estaba en Arendelle y bailaba con la Princesa Anna, buscaba con la mirada a Elsa por alguna parte, pero no la localizaba.

— ¿Ya vienés en camino? — Cuestionó la pelirroja. Él la miró confundido. —, te dije que debías traer a Elsa, haz tardado.

— Anna. — Dijo él. La música terminó abruptamente y de repente el papel tapiz de las paredes comenzó a derretirse al igual que todo el castillo y el suelo quedando solo dos pilares, Anna estaba frente a él.

— El tiempo se agota, Hans. — Dijo la Princesa. —, tienes que evitar que ellos se salgan con la suya, intento retrasarlo cuanto sea posible, pero debes traer a Elsa a Arendelle.

— Ella quiere matarte. — Dijo. La pelirroja sonrió.

— Lo imagino, pero lo merezco y ciertamente Arendelle la necesita, si Kristoff se sale con la suya...

— No seas patética y di no frente al altar.

— ¿Crees que eso lo detendría?, créeme, Kristoff no está solo en esto y solo Elsa puede ayudar en esto, debes traerla y decirle que congele el cristal de fuego.

— ¿Qué? — Preguntó confundido antes de despertar de golpe, confundido.

Pero ahora estaba en las Islas del sur, recordaba esa pequeña casa en donde se había refugiado. Era la casa de Elsa.

Se giró y allí se encontraba la rubia, mirándolo con una sonrisa. Una sábana la cubría casi por completo, más sus hombros desnudos y su cabello platinado revuelto le hacía imaginar que la joven se hallaba completamente desnuda.

Elsa rodeó su cuello con sus brazos y lo acercó a ella. La albina lo besó lenta y pausadamente mientras lo hacía posicionarse sobre ella, ella le sonrió ampliamente.

— Quisiera quedarme así por siempre. — Dijo la rubia. — Solo tu y yo, sin nadie más.

Fue entonces que miró hacia la ventana y se percató de que allí afuera no había nada más que arena y el mar a lo lejos. Cuando volvió s fijarse en la Reina de las Nieves, esta yacía sin vida sobre el sofá.

Hans trataba de hacerla reaccionar, pero era inútil.

— Es lo que tenía que pasar. — Dijo una voz a sus espaldas, pero antes de poder girarse a ver de quien se trataba sintió un puñal ser enterrado en su espalda.

Y fue entonces cuando finalmente despertó.