Revelaciones
¿Existía algún modo de adelantar el tiempo y hacer que la semana terminase? Si lo había, Annabeth de verdad necesitaba saberlo. Bueno, quizás a esas alturas ya solo debería dejar que todo fluyera. Tan sólo restaba un día más antes del fin de semana, y con ello las posibilidades que algo malo sucediera decrecían considerablemente.
Pero es que, seguramente, era por el hecho de que ya nada peor podría suceder.
Cuando recibió aquella llamada de Piper para quedar en ese café de Midtown nunca había imaginado que terminaría lidiando con el segundo peor problema de esa semana. Y vamos, que sólo estaba limitándose a referirse a sus problemas profesionales, porque si entraba en el ámbito de su vida privada y amorosa podría escribir un libro con todo lo acontecido. Dioses, definitivamente necesitaba unas vacaciones.
-Piper si tuviste un problema con alguien de Olympus sólo dímelo y veré la forma de solucionarlo, pero por favor no te vayas- dijo en una súplica, tomando una de las manos de, en su opinión, la mejor empleada que tuvo a su cargo. Necesitaba hacerla recapacitar, necesitaba convencerla de que todo eso no era más que un error.
Había sido una mañana muy agitada en Hespérides, entre juntas, revisiones y la visita a dos grandes proyectos de construcción que la firma estaba llevando a cabo en Queens, de modo que tras almorzar con Zoe había sopesado el tomarse el resto de la tarde libre aprovechando que su agenda del día acababa de concluir. Bueno, sus planes se vieron truncados cuando Piper la llamó para informarle que Percy acababa de convocar a una conferencia de prensa para esa misma tarde en el Marriot Marquis sin esclarecer más sobre el asunto. Lo habría sabido, si no fuera porque aún continuaban sin hablarse. Tras eso la chica le pidió de favor reunirse antes del evento, y ella no puso objeciones pensando que sería por nimiedades de Olympus. Jamás se había esperado su renuncia.
-No hay nada que pueda solucionarse- respondió ella, mirándola con una sonrisa bastante triste y apagada mientras apretaba sus manos en señal de que agradecía su gesto. En ese instante se preocupó. Durante los últimos meses había llegado a conocerla a fondo, de modo que si la pobre estaba tan alicaída era porque la razón debía de ser importante. Tras un suspiro, y una sonrisa alentadora de su parte, ella prosiguió -Annabeth yo... yo me involucré sentimentalmente con alguien-
-¿Es eso? Por favor, sabes mejor que nadie que no es problema- sería una hipócrita si dijera algo, porque era precisamente Piper quien la había encontrado en plena sesión acalorada de besos con Percy en su oficina. No decía que avalaba las relaciones sentimentales dentro del área de trabajo, pero siempre y cuando no interfieran con las obligaciones no les veía impedimento.
-No me entiendes... – respondió la menor algo nerviosa, para luego hacer una pausa y beber un gran sorbo de la limonada con menta y jengibre que había ordenado al llegar. -Estuve involucrada. Ya se terminó, y créeme que no renunciaría si el verlo no me afectase tanto...-
-Sé que no me incumbe y pensaras que soy una entrometida pero, ¿podría saber de quién se trata? Porque sí no es alguien de importancia consideraría despedirlo y que tú te quedaras en Olympus...- explicó al instante, y es que aunque pudiese sonar algo precipitado no tendría pegas para hacerlo. No podía dejar que se marchara así nada más. -Eres la mejor empleada que he tenido a mi cargo, y no quisiera que te marcharas. No ahora que planeo dejarte a cargo de todo para dedicarme a Hespérides-
La castaña tan sólo volvió a sonreírle, quizás de forma más alicaída y triste que la vez anterior. Como si le costase demasiado aquel gesto, como si de verdad no sintiese siquiera ganas de hacerlo. E inspeccionando bien su rostro Annabeth llegó a notar sombras debajo de sus ojos, unas que ni siquiera el maquillaje que traía podían llegar a tapar. Todo indicaba que la situación de verdad había afectado a la pobre chica, y con ello comenzó a sentir por anticipado un intenso odio por quien fuera el idiota que llegó a dañarla tanto.
-Muchas gracias, y aunque de igual manera no solucionara nada voy a decírtelo porque te considero una amiga...- ésta vez fue su turno de beber limonada, porque entre tanto misterio y resguardo de verdad estaba poniéndose ansiosa con todo el asunto. -Fue Jason Grace-
Se ahogó con la bebida.
En lo que tosía e intentaba limpiarse las mejillas miró el rostro de Piper, buscando alguna señal que le confirmase lo que creía haber oído. Esa sonrisa rota con un asentimiento bastaron para confirmar que de verdad sus oídos no estaban jugándole una mala pasada. Jason. Jason Grace. Su amigo y el abogado de Olympus. Jason Grace. El hombre que se casaría dentro de dos días.
-¡¿Qué?!- soltó tras unos segundos, aún aturdida y sin poder procesar demasiado bien lo que acababa de oír. Bebió otro sorbo de limonada, aunque pensándolo mejor quizás con tanto sucediendo no le vendría mal un poco de alcohol. -O sea no sabías que…-
-No. Lo supe un par de días atrás- asintió tras las respuesta, y es que en medio de tanta confusión comprendía que Piper no estaría tan devastada si las cosas fueran de otro modo. Además no era la clase de chica que se entrometería adrede en una situación como esa. -Nos conocimos de casualidad una semana antes de la gala de beneficencia, y luego de que nos presentaste esa noche coqueteamos y... me besó. A partir de ahí comenzamos a salir, pero decidimos no decírselo a nadie en Olympus para no tener problemas-
Por Zeus y todos los malditos Dioses del Olimpo. Habían pasado casi dos meses desde la subasta, con lo que toda esta situación llevaba ocurriendo bajo sus narices durante todo ese tiempo. ¿De verdad estuvo tan ciega como para no verlo? Bueno, era cierto que a razón de pensar en Percy las veinticuatro horas del día estaba un poquito más distraída, pero aquello era demasiado importante como para que no viese las señales antes. Fue entonces cuando comenzó a rememorar todo lo acontecido durante el viaje por Asia: Piper y Jason desaparecían al mismo tiempo, usaban las mismas excusas, se perdían por horas… Dioses… ¡DIOSES, DIOSES, DIOSES!
-Le di todo, y se aprovechó de mi Annabeth- volvió a la realidad con aquellas palabras, y nada más ver como el rostro de la muchacha se llenaba de lágrimas y ahogaba un gemido por los bajo su corazón se rompió. No se merecía, ni por asomo, estar pasando por algo así.
-Te juro que estoy impactada. Jamás creí que Jason fuera de esa clase de personas…- fue entonces cuando mandó al inframundo el protocolo y todo lo demás. Pues sí, en este tiempo ambas se habían vuelto amigas pero no al punto de intercambiar gestos ni demás. Se levantó de su lugar hasta sentarse junto a la castaña, y la envolvió en un abrazo sabiendo que ese era el tipo de consuelo que más necesitaba en esos momentos. -Piper, no sé qué decir-
-No tienes que decir nada- continuó gimiendo bajo su pecho, tratando de parar las lágrimas aunque sin mucho éxito, por lo lentamente comenzó a acariciarle el hombro y algunos mechones rebelde de su cabello.
Era increíble. Sabía que Jason y Reyna tenían problemas porque Percy algo le había comentado del asunto, pero jamás imaginó que todo eso terminara en un romance a escondidas con Piper de por medio. Ninguna de las dos se merecía eso, y ella que las conocía a ambas podía afirmarlo. Puede que ya no tuviera sentido y que no fuese asunto suyo, pero el rubio la iba a escuchar.
Lentamente los sollozos de la muchacha se fueron calmando, y cuando por fin lo hicieron levantó el rostro algo apenada sonriéndole un poquito más animada. Annabeth le correspondió de la misma forma, ahora tomando una de sus manos tratando de infundirle algo de valor y de confianza.
-Estoy infinitamente agradecida contigo por toda tu ayuda, y de verdad me apena dejarte cuando más me necesitas pero no lo haría si no fuera necesario- asintió ante aquella respuesta, y es que de estar en su lugar puede que hiciera lo mismo. Aprovechar la situación para alejarse de todos y de todo para comenzar de nuevo, y nada menos que con una oferta de trabajo quizás mejor que la que tenía actualmente. -Siempre soñé con una propuesta así, y creo que podré adaptarme a Luisiana-
-Si decides regresar en algún momento no dudes en buscarme- estaba, quizás, algo molesta con Hazel por haber hecho aquel movimiento sin comentárselo, pero viéndolo ahora había sido algo así como obra de las Moiras. Piper de verdad estaba devastada, y un cambio de aire le vendría bien para sobreponerse. -Cuídate mucho-
-Tú también- dijo la chica de ojos miel, antes de que intercambiaran otro abrazo. Permanecería en Olympus un día más, pero con su agenda y los compromisos del día siguiente dudaba que volviesen a coincidir que esta manera. Este era, en sí, su último encuentro a solas.- Y perdona al señor Jackson… No estuvo pasándolo nada bien estos días-
-Descuida, planeo hablar con él luego de la conferencia de prensa- respondió sonriéndole, aunque antes de que la chica pudiese hacer o decir otra cosa bajó la vista hacia su reloj de muñeca para consultar la hora. -¡Dioses, llegaremos tarde!-
-Perseo, ¿estás completamente seguro de lo que harás?- preguntó Rachel, buscando su mirada a través del espejo mientras él se anudaba la corbata. Levantó la vista por unos segundos, los suficientes como para establecer contacto visual y sonreírle, antes de asentir y continuar con su cometido.
-Totalmente- no le bastó esta aclaración posterior, y es que a pesar de haberlo dicho fuerte y claro la pelirroja seguía dando vueltas por el saloncito sin dejar de masajearse las sienes. Claro, y después decía que el nervioso y paranoico era él.
Obvió aquel análisis minucioso que su mejor amiga realizaba en su cabeza, concentrándose en ver que su aspecto frente al espejo fuese el correcto. Corbata anudada, cuello prolijo, traje y zapatos limpios. Su ropa, al menos, estaba lista. Le picaba un poco el maldito polvo que las maquilladoras le pusieron en el rostro para realzar su rostro frente a la cámara, pero sabía que si se lo quitaba volverían a colocárselo y no quería pasar por ese traumático proceso otra vez. Lo único alterado en su imagen era su cabello, pero a eso si no había con que darle porque desde niño era imposible de controlar. Con el tiempo se había vuelto su marca personal, así que lo dejo así, prácticamente que revuelto. Estaba listo.
Se acercó hasta la pequeña mesita con bebidas que los camareros del hotel dejaron momentos atrás, y procedió a servirse un trago de bourbon con un poco de hielo. No le gustaba beber antes de la cena, pero requería de cierto valor antes de enfrentar a las cámaras así que no le vendría mal un poco de aquella añeja bebida.
Podía sentir los ojos azules de Rachel clavados en su espalda mientras tomaba asiento en uno de los silloncitos y se desperezaba sobre el mismo. Algo le decía que la chica aun no terminaba de darle lata con el asunto que los tenía allí, y no se equivocó porque en menos de dos segundos se ubicó en el sillón opuesto sin quitarle la vista de encima. Quizás no había sido una buena idea comentarle sus planes antes de anunciarlos a la prensa.
-Te apoyo y entiendo perfectamente los motivos que te llevan a esto, pero estoy segura de que a tus inversores y al público en general no le hará ninguna gracia la noticia- rodó los ojos. Ya era la tercera vez que nombraba a los malditos inversores. Odiaba que cada decisión que tomara dentro de los negocios tuviera que basarse en un grupo de tipejos trajeados, a los que no les importaba lo más mínimo Olympus con excepción del dinero que obtenían. -Es el trabajo de tu vida lo que estás poniendo riesgo, y tú mismo me autorizaste a detenerte si en algún momento tomabas una decisión que no favoreciera a Olympus-
-Es lo correcto, pero gracias por el consejo- respondió, esbozando otra sonrisa para ver si así lograba convencer a la pelirroja de creer en sus palabras. Ella continuó mirándolo con el semblante serio y preocupado, de modo que le pasó su vaso y se levantó para servirse otro. -Tranquila, lo tengo controlado-
Estaban en una de las habitaciones del segundo piso del Marriot Marquis, esperando a que su secretaria les anunciara que ya todo se encontraba listo para su aparición. Horas antes, tras una repentina idea mientras almorzaba, le había pedido a Piper que convocara a una rueda de prensa para esa misma tarde, de modo que ahora estaba preparándose para ello al tiempo que la prensa arribaba y se acomodaba en uno de los salones del hotel. Todo anticipaba que sería un caos. En parte le gustaba porque quería que el anuncio que pensaba dar repercutiese lo máximo posible en los medios, pero no dejaba de aterrarle la idea de pararse en frente de cámaras de televisión y todo eso.
Una vez que tuvo el vaso de whisky en su mano lo elevó en señal de brindis hacia Rachel y, acto seguido, ambos se acabaron el propio. La pelirroja tratando de apagar sus veloces pensamientos, y él en busca de un poco de serenidad. Por lo general era Annabeth quien lo acompañaba en esta clase de situaciones, pero no estaba allí y también dudaba mucho que apareciera por la conferencia ese día. Esperaba que, con las repercusiones de los medios, al menos viera la repetición de la entrevista luego. Necesitaba que la viera. TENÍA que verla.
Llevaba toda la semana desaparecida, y aquello, aunque no se notase, estaba matándolo por dentro. No estaba acostumbrado a pasar tanto tiempo separado de ella, y mucho menos ahora que mantenían una relación amorosa. A Piper le dijo que no podía pasar por Olympus por cuestiones de Hespérides, mas él sabía que la verdadera razón era la pelea del hotel. No había querido buscarla por miedo a empeorar las cosas, al menos no de momento, aunque gracias a su secretaria y a Rachel había logrado saber sobre ella en estos días. Pero acabaría, y es que pronto todo eso sería parte del pasado.
Fue el sonido de la puerta principal al abrirse lo que sacó a Rachel y a él de sus respectivos pensamientos. Al instante ambos voltearon la cabeza en aquella dirección, encontrándose con Piper.
-Estamos listos para comenzar, señor Jackson- la chica les dedicó a ambos una leve sonrisa, antes de bajar un poco la cabeza en señal de respeto y retirarse del lugar sin aguardar una respuesta.
Percy la siguió de inmediato al salón de conferencias, sintiendo como su pelirroja amiga seguía de cerca sus pasos en silencio, mientras acomodaba unos documentos en donde habían redactado el discurso para la prensa. En realidad aquella idea había sido de Rachel y tan solo por apaciguar sus nervios accedió a ello, pero al momento de hablar para las cámaras sería directo y haría el anuncio evitando dar demasiadas explicaciones.
Nada más ingresar al recinto los fotógrafos iniciaron su ataque de flashes, al tiempo que los camarógrafos encendían sus cámaras y trataban de enfocar lo mejor posible su ascenso hasta la pequeña tarima dispuesta para él. Fue la seguridad del hotel la que lo ayudó a abrirse paso, puesto que todos allí parecían dispuestos a querer conseguir una exclusiva de la situación. No era la primera vez que daba una conferencia de prensa abierta en la ciudad, de modo que distinguió a casi todos los reporteros y por ello supo que su anuncio tendría tanto repercusión local como nacional. Por supuesto que además de los periodistas abocados al ámbito de negocios y finanzas estaban los interesados en la moda y los chismes, lo que inclusive ayudaría aún más a expandir la noticia.
Con un rápido vistazo inspeccionó el salón, justo mientras golpeaba con suavidad el micrófono principal para comprobar que funcionase. Annabeth no estaba allí. Había tenido la esperanza de que Piper le dijera lo de la conferencia y ello la llevase a presentarse, pero no había rastro suyo por el lugar. Era de esperarse. Suspiró pesadamente, sintiendo de repente esa tan molesta ansiedad que lo invadía antes de hablar en público, pero haciéndole caso omiso se aclaró la garganta y elevó la vista al público.
-Antes que nada, muchísimas gracias a todos por venir- inició, esbozando una sonrisa a la muchedumbre al tiempo que todos los periodistas elevaban sus micrófonos y grabadoras para poder captar mejor sus palabras. -Sé que no es mi estilo convocar a una rueda de prensa con tan poco tiempo de anticipación, y lamento si alteré sus agendas pero necesitaba dirigirme a ustedes hoy-
Se tomó unos segundos para inspeccionar la multitud con la vista con la excusa de sonreírles a todos, pero buscando en realidad un par de ojos grises allí. Dioses, de verdad necesitaba a Annabeth. Había pensado que podría hacerle frente a la situación sin su ayuda, pero esto de tener tantas miradas sobre sí mismo estaba sofocándolo. Al encontrarse con el rostro de Rachel la chica le sonrió animada, elevándole ambos pulgares en señal de que todo iba bien… Bueno, no era su novia pero apreciaba los ánimos. Piper, a su lado, también le sonreía animada.
-Mucho se habló de Olympus en estas últimas semanas, en parte por la gira de inauguración a las nuevas tiendas Asiáticas y en parte a otros motivos relacionados a mi vida personal- continuó, arrugando un poco la frente y elevando un poco el tono de su voz a medida que hablaba. Porque, como era de esperar, ni bien entró en el tema los periodistas comenzaron a susurrarse entre sí tratando de buscarle significado a sus palabras. -Y sí, con ésta última parte me refiero a mi relación con la señorita Tanaka-
Boom, primera bomba lanzada.
Tuvo que cortar el discurso al instante, ya que el ataque de flashes por parte de los fotógrafos no se hizo esperar. Aunque eso no era lo peor, sino el hecho de que en una milésima de segundos la paz que reinaba en el salón desapareció. Todos saltaron de sus asientos hasta agolparse frente a la tarima, mientras soltaban preguntas a diestra y siniestra, que en muchos casos resultaban inentendibles, esperando a ser contestadas.
-¿Está confirmado los rumores, señor Jackson?-
-¿Cuánto lleva involucrado con Drew Tanaka?-
-¿Tendremos alguna aparición pública que formalice su relación?-
Dioses, precisamente por esto odiaba las conferencias abiertas. Los reporteros ni siquiera daban la oportunidad de explicar todo antes de sumergirse en sus conclusiones, y no le sorprendería en absoluto que las cadenas televisivas que estaban transmitiendo el evento en vivo ya hubiesen puesto un absurdo titular tergiversando su frase.
-Basta, por favor- pidió el azabache, elevando el tono de su voz aunque tratando de no sonar grosero. Las voces se fueron apagando de a poco, aunque no por ello desaparecieron los murmullos. Bueno, era lo mejor que podría obtener de esa bola de buitres. -Como iba diciendo, Olympus, y yo, hemos sido tema de conversación para la prensa en estos últimos días así que me veo en la obligación de aclarar algunos puntos y, además, comentarles las últimas novedades- durante aquella pausa volvió a encontrar sus ojos con los de Rachel, quien para esos momentos ya lucía más nervioso que él. Ésta vez fue su turno de sonreírle, y es que a pesar de sus dudas sabía que aquella era la mejor decisión que podría tomar. -Drew Tanaka dejará de ser la cara principal de Olympus-
Boom, segundo ataque realizado.
Si con el inicio del discurso había logrado alterara a todos, ahora sí podría decirse que provocó un caos masivo. Todos, tanto los reporteros de chismes como los empresariales lucían totalmente consternados, pero no por ello menos exaltados. En este punto la seguridad del Marriot Marquis tuvo que hacerse cargo del asunto, y es que parecía que de un momento a otro todos saltarían a la tarima.
Podría decirse que el asunto no era para menos. Percy era muy consciente que la fama y el prestigio que tenía actualmente la casa de alta costura eran gracias a Drew, y aquello era algo sabido por todo el mundo. La mujer ya estaba en una posición demasiado importante dentro del mundo de la moda cuando Rachel le propuso que fuese la modelo principal de la firma, de modo que gran parte del éxito se lo debían a ella. La gente compraba sus productos, los magnates invertían, otros diseñadores buscaban colecciones en conjunto. Todo por Drew. Por ello entendía la preocupación de la pelirroja, y también el revuelo que la prensa estaba haciendo por la noticia.
-Estoy muy agradecido por los años que ella dedicó a la firma, pero creo que ya es momento de que tomemos un rumbo nuevo y demos la oportunidad a nuevos rostros- esta vez no hizo falta que alzara la voz, puesto que ni bien se acercó nuevamente al micrófono los reporteros se sumieron en un completo silencio a la espera del proceder de su discurso. -Aún no hemos elegido candidata, pero puedo decirles que el nombre de una recién descubierta modelo de Chinatown resuena mucho en mi agenda-
Y cómo no. Para variar, esas simples palabras bastaron para que todos volviesen a estallar en frases atropelladas e inentendibles. Quizás hubiese sido mejor guardarse aquella primicia para sí mismo, y es que apenas dos horas antes había tenido nada más que una charla telefónica con la modelo sugerida por Rachel para ocupar el lugar de Drew. Ni siquiera había propuesta de contrato o un acuerdo de por medio, pero bueno como todo en ese día las cosas estaban fluyendo de forma acelerada y prácticamente con espontaneidad. Ya era tiempo de pensar menos y simplemente actuar. Por pensar demasiado había terminado metido en todo ese asunto.
-¿Sabremos la identidad de la chica?-
-¿Forma parte de la nueva nómina de RED?-
-¿Cómo deja todo esto a su relación personal con la señorita Tanaka?-
Dio una mirada general al público, más en concreto buscando a su pelirroja amiga para ver que tal llevaba la entrevista, y fue entonces cuando la vio. Se acercaba hasta Rachel y Piper con el móvil pegado a su oído, aun concentrada en la conversación que mantenía por medio del mismo, mientras gesticulaba exaltada con la mano que tenía libre. Quizás el resto temería al ver a Annabeth Chase en ese estado tan letal y mortífero, pero para él no había nada más precioso en aquel salón.
Con aquel vestido marfil ceñido a su cuerpo y su rubio cabello algo despeinado y cayendo de lado creía, sinceramente, estar frente a una diosa griega salida del mismísimo Olimpo. A pesar de la distancia que los separaba podía apreciar su rostro a la perfección, levemente resaltado por el discreto maquillaje y brillo labial que solía emplear durante sus horas de trabajo. La extrañaba, y la extrañaba muchísimo. Tan sólo llevaba unos días sin verla y aunque había sido consciente de lo mucho que le dolía tenerla lejos ahora la sensación era desesperante.
De repente ella cortó la comunicación, elevando ahora su rostro en su dirección permitiéndole, así, perderse en sus ojos. Quizás aquella era la parte de su anatomía que más le gustaba. Tenía un cuerpo de infarto, y no negaba que sus pechos eran su debilidad, pero sus ojos… Dioses, sus ojos simplemente le quitaban el aliento.
Por unos momentos creyó estar alucinando, y es que, a pesar de todo lo vivido en estos días, la separación y el pleito, Annabeth le sonreía. Sí, parpadeó varias veces y hasta tapó las luces de los reflectores con sus manos para cerciorarse de que aquello no era una ilusión óptica. La sonrisa y el dulce gesto de su rostro no desaparecían. Bien, lo había logrado. Ahora tocaba la última, y no menos importante, parte de su discurso.
-Voy a detenerme en la última pregunta- aclaró, elevando el tono de su voz consiguiendo al instante que todos los periodistas dejaran el salón nuevamente sumido en un silencio sepulcral. -Siempre he considerado a Drew una amiga, y espero que este abrupto final a nuestro acuerdo no logre acabar con la relación cordial que mantenemos-
Podía sonar falso y hasta quizás como algo preparado para las cámaras, pero de verdad agradecía todo lo que la modelo hizo por Olympus y esperaba que ello no empeñase su relación. Ahora bien, también la conocía y por eso también dudaba que enterarse de esto por los medios le hiciera mucha gracia. Le hubiese gustado hablarlo en persona, pero estando ella aún en Tailandia el asunto era complicado.
-Pero antes de que tergiversen mis palabras o vean cosas donde no las hay quiero aclarar: jamás estuvimos involucrados románticamente- continuó elevando el tono de su voz, porque para estas alturas la prensa ya no soportaba el silencio y esperaba largar su siguiente batería de preguntas y especulaciones. No aún, todavía faltaba que diera el mejor anuncio de todos. -No cuando estoy muy enamorado de Annabeth Chase, mi futura esposa-
Boom, tercer y último ataque concluido.
Los flashes no se hicieron esperar y comenzaron a dispararse, pero esta vez no sólo hacia él sino también a la rubia que, de un momento a otro, fue interceptada por la prensa desde su posición al final de la multitud. Desde la tarima podía verla a la perfección. Sin dudas todo el asunto la tomó por sorpresa, porque lucía bastante consternada pero aun así no dejaba de mirar a la horda de reporteros con una sonrisa e intentaba escuchar cada una de sus preguntas aunque sin poder encontrar las palabras para contestarlas.
¿Querían más aclaración que esa? Bueno, Percy Jackson se las daría. Dejó de un salto su lugar en el escenario, encaminándose con paso firme y decidido hasta su novia, todo bajo la mirada, preguntas, grabaciones y fotografías de la prensa. Cuando ella lo tuvo en su campo de visión buscó las respuestas a esa última frase en su rostro, y él tan sólo se limitó a sonreírle de esa forma que sabía que tanto le gustaba antes de sujetarla con firmeza de la cintura… Y la besó. Allí, con todos los medios locales, periodistas, y por cadena nacional, besó con emoción los labios de Annabeth Chase, su novia y reciente futura esposa.
Extra: Destino
De por sí Frank no toleraba a los burócratas del gobierno, pero los odiaba a más no poder cuando sus decisiones ponían en la cuerda floja la seguridad de un puñado de gente. Todo con tal de que la prensa no diera la noticia de que, por un descuido de sus "eficientes agentes de la policía", había escapado uno de los maleantes más peligroso de los últimos tiempos. Sabía que tarde o temprano esa información saldría a la luz y los medios de prensa de todo el país centrarían su atención en Nueva Orleans, pero aun así el secretario del gobernador del estado de Luisiana había pedido completa discreción a los agentes del FBI en su trabajo.
En esos momentos se hallaba sentado sobre uno de los bancos de madera del centro comercial Elmwood, hojeando la sección de deportes del diario local y bebiendo un café cargado de Starbucks. Su misión consistía en pasar de incognito hasta dar con el sujeto, cosa que todavía no sucedía y ya lo estaba poniendo nervioso. Según la información brindada por una fuente anónima "Gabe" rondaba aquel lugar sin saberse bien cuáles eran sus intenciones, pero hasta ahora ninguno de los agentes de campo ni los francotiradores ocultos habían logrado verlo y que hubiera mucha gente abarrotando el centro comercial tampoco ayudaba.
Acercó hasta sus labios el vaso para beber un poco más de café, y casi escupe todo el líquido de su boca cuando oyó un grito proveniente de su auricular. ¡Dioses! ¿Es que los nuevos agentes siempre tenían que ser tan incompetentes? Tampoco hacía mucho de su salida de Quantico, pero lo primero que había aprendido era a no comunicarse con el equipo a menos que fuese estrictamente necesario y hablando en voz muy baja. Tratando de disimular giró la diminuta perilla del volumen que el mismo tenía incorporado, y prefirió dejar para más tarde el regaño a Wells.
Dio otro rápido vistazo al patio mientras cambiaba de sección el periódico. Nada. Familias con sus hijos, empleadas movilizándose con prisa, adolescentes tonteando con sus grupos de amigos. Esto de verdad le daba muy mala espina. Hacía dos horas que recibieron la información sobre el paradero de "Gabe", un tipo con nombre tonto pero bastante peligroso, y en ese tiempo él ya podría estar lejos de allí o bien haber planeado algo bastante arriesgado por ser un psicópata. Esperaba que fuera lo primero, porque definitivamente el operativo no había sido previsto para lo segundo.
"¿Cansado de estar solo los viernes por la noche? ¿El trabajo no te da el tiempo necesario para conocer a ese alguien especial? ¡No te preocupes, Cupido Express puede ayudarte! Tan sólo comunícate con nuestra línea de atención de 24hs y nuestro personal capacitado te ayudara a encontrar un amor tan grande como el de Paris y Helena"
¿De verdad había personas que creían en esta basura? Bueno, con la vida solitaria y dedicada exclusivamente al trabajo no es que él fuese la persona idónea para dar consejos pero no había que ser un genio para entender que unas preguntas telefónicas no funcionarían. En las pocas veces que llegó a sentir algo por alguna mujer había aprendido que era cuestión de coincidir. Llámese destino, o las Moiras o casualidad, había algo más grande que confabulaba para que el encuentro entre dos personas se diera, pero definitivamente no un grupo de idiotas jugando a ser cupido.
Se sobresaltó al oír un grito de auxilio desesperado, y esta vez no de su auricular sino de una mujer joven situada a sus espaldas. Tenía que ser "Gabe". Bien, al diablo con pasar desapercibido y todo lo demás. Ya bastante circo había montado por seguir las ordenes de esos burócratas. Era tiempo de mostrarles como actuaban los verdaderos agentes de campo del FBI.
De un salto dejó el banco, tirando sin querer la gorra y el periódico, para correr luego hasta el lugar donde provenían los sonidos. Claro que los miembros del equipo habían entrado en un estado de frenesí y hablaban todos a la vez intentando preguntar qué era lo que sucedía puesto que él era el único agente dentro del centro comercial, así que fue entonces cuando decidió apagar el maldito auricular y sacar el arma de su cinturón. Necesitaba concentrarse. Confiaba plenamente en sus instintos, y si de casualidad algo sucedía los francotiradores no lo dejarían solo.
Se desplazó en contra de la marea de personas, que en vista de la situación y del pánico buscaban resguardarse dentro de algunos negocios o bien salir al exterior. Por suerte los encargados de seguridad estaban al tanto de la situación y trataban de acelerar la evacuación, pero no por eso el avanzar en dirección opuesta se volvía fácil.
Todo se descontroló aún más cuando volvieron a oírse gritos de la mujer misteriosa, esta vez rogando por su vida. Dioses, de seguro el bastardo de "Gabe" la tenía de rehén. Todo pareciera indicar que estaban localizados al final del pasillo lateral derecho, y eso complicaba más las cosas porque indicaba que no tendría apoyo de los francotiradores. Se detuvo unos segundos a pensar la situación: avanzar sólo, aunque fuese para distraer a ese maniático, o esperar refuerzos. Optó por lo segundo.
El corredor ya estaba desierto para cuando llegó, y la quietud del lugar tan sólo se hallaba alterada por los gemidos lastimeros de la mujer cautiva. Se escondió detrás de una de las columnas, para usar los vidrios espejados de una tienda como superficie reflectante y ver qué era lo que sucedía allí. Como lo temía, el maldito de "Gabe" tenía una rehén, quizás una empleada de una tienda, y apuntaba a su cabeza con un arma, a seguro porque se había visto descubierto y pensando que quizás así lograría escapar de allí. Pues se equivocaba.
Estaba pensando una forma de acercarse. Si salía de allí blandiendo su arma estaba seguro que ese loco se asustaría aún más y le dispararía sin piedad a la mujer, pero si se quedaba sin hacer nada sería cuestión de tiempo hasta que perdiera los nervios y jalara el gatillo. Iba de civil, quizás lo mejor sería jugar la carta del negociador sin delatar su rango de agente del FBI. Sí, eso era lo más acertado. Lástima que no llegó siquiera a salir de su escondite, y es que en ese preciso momento una chica salió de una de las tiendas con las manos en alto en dirección al maleante.
-Por favor, suéltela- dijo acercándose, hablando con voz clara pero firme, logrando asustar al hombre, que de seguro no se había esperado algo así ¡¿Pero qué diablos hacía esa chica?! ¿De verdad quería negociar con ese canalla poniendo en peligro su vida?
-¡Aléjese!- escuchó a modo de respuesta, viendo ahora como el sujeto continuaba sujetando del cuello a su rehén pero apuntaba su arma a la recién llegada. –No dé un paso o más, o le juro que disparo-
-Sal de ahí, por Zeus y todos los Olímpicos- maldijo él, de forma casi automática, en voz baja. Es que de verdad había que estar loco para enfrentar a un criminal desarmado. Eso o ser demasiado valiente, y por el modo imperturbable como la morena permanecía en su puesto supuso que era lo segundo.
Fue entonces cuando un movimiento extraño del otro lado del corredor le llamo la atención. Viró la vista al instante, encontrándose allí con dos agentes de su escuadrón que asentían con la cabeza indicándole que estaban listos para proceder en cuando él diera la orden. Bueno, al menos ya tenía refuerzos. Les indico que aguardasen, porque antes de actuar tenía que asegurarse que ese tipo no apuntaba a alguna de las civiles.
Lo que no se esperó fue que la última en llegar continuase avanzando.
De verdad, ¡¿qué diablos estaba pensando?! ¿Es que tenía tendencias suicidas o algo parecido? Porque cualquier persona con un mínimo de inteligencia se dirigiría en dirección contraria. Podía ver como "Gabe" se ponía más y más nervioso con sus pasos, y no supo bien cómo pero algo en su interior le dijo que ya no estaría con amenazas y dispararía.
Al diablo con el protocolo y lo demás.
En cuestión de milisegundos salió de su escondite y corrió en dirección a ellos, en línea recta directa para posicionarse justo entre el criminal y la morena temeraria. No tenía ángulo de tiro para su rehén, de modo que seguro dispararía al frente.
Y no se equivocó.
Escuchó el disparo, y a los pocos segundos cayó al suelo sobre su rodilla izquierda a causa del impacto sobre su pecho. Tenía chaleco, por supuesto, pero eso no quitaba que el disparo doliese como el jodido inframundo. Aun así, permaneció firme buscando proteger a como diese lugar a la mujer a sus espaldas. De igual modo fue innecesario, puesto que en medio de todo el revuelo sus compañeros habían actuado y ya apuntaban sus armas a "Gabe" obligándolo a entregarse. Todo controlado.
-¿Se encuentra bien?- preguntó entonces, levantándose del suelo para encarar a la mujer misteriosa por la que tuvo que recibir un doloroso y molesto disparo a la altura del pectoral izquierdo.
Por. Los. Dioses.
Con tanto sucediendo no se había detenido siquiera a mirarla con detenimiento. Ahora tenía que decir que por suerte no lo hizo, porque se habría distraído y quizás todo hubiese terminado mal… Y es que ella era simplemente preciosa. Cabello color canela, ojos dorados y una sonrisa que quitaba el aliento. Perfecta.
¿Ahora se entendía? Eso era el destino obrando. Porque estaba seguro de que recibir un disparo era un pequeño precio a pagar tan sólo por tener el placer de conocer a una chica tan bonita ¿Y quién sabía? Si por algo sucedió de esa forma era porque seguramente algo más les aguardaba.
Notas: lo prometido es deuda: dije que regresaría a fin de mes y aquí estoy. Tenía planeado subir el capítulo hace unos días, pero tuve unos problemas con la universidad y recién hoy tuve tiempo para hacerlo.
Vamos por parte. En las notas del capítulo anterior prometí doble actualización si es que lograban adivinar el extra. Bien, lamento decirles que fallaron. Fueron muy buenas ideas, y aquí tengo que citar a superfkque puede que me inspirase un poco, pero no le atinaron.
Bueno, ahora regresando al capítulo espero que les haya gustado. Admito que estoy conforme con él, cosa que no sucede con frecuencia, y que he disfrutado muchísimo escribirlo. ¿Querían Percabeth? Listo, lo tuvieron. A Jasiper todavía le queda un poquito más por solucionar, pero tiempo al tiempo.
No voy a poner fecha de la próxima actualización, porque tengo el esquema del siguiente capítulo pero todavía me queda bastante por trabajar. Si todo sale bien y las musas me inspiran, CREO que a mediados de octubre. Le rezan a los Dioses para que suceda.
Nos leemos.
Atte. Anitikis
