La luna iluminaba a un par de jóvenes sentados en la arena, el viento había logrado que un pequeño rubio buscara calor sentándose en medio de las piernas de su amante, el cual le abrazaba de manera protectora por la espalda y descansaba su cabeza sobre este.

—¿No es hermoso, Ciel?—dijo Nagato abrazando a su pequeño para aspirar su esencia. El olor de Ciel, definitivamente, para Nagato resultaba una droga. Y el lindo e inocente rubio estaba consciente de eso, y le encantaba.

—¿Qu..qué cosa, Nagato?—tartamudeo el mencionado con leve sonrojo. Estar de esa forma junto a Nagato, en un lugar como ese...le causaba eminentes sensaciones bastantes vergonzosas e intensas.

—Estamos cerca del océano, mi pequeño marinerito.—le informo el pervertido, mientras lo miraba con dulzura y malicioso a la vez.

Ciel se quedó en completo silencio; observando el inmenso cielo estrellado, sintiendo la salada brisa marina, siendo iluminado por la brillante luna y sobre todo el apreciando sonido del vaivén de las olas en la orilla... música para sus oídos.
El pequeño rubio parecía estar en un trance, un maravilloso trance, estaba en el lugar que su familia nunca le había permitido conocer, el océano. Ciel siempre se sintió tan fascinado con todo lo que consideraba prohibido, y en lo cual el mar entraba allí. Jamás entendió los vagos y poco detallados razones de su padre al prohibirle ir a conocer su gran anhelo, el mar. Y sin embargo, ahora lo tenía frente a sus ojos.

—Ciel, ¿te encuentras bien?—le cuestiono su novio, algo preocupado por la aparente congelación de su hermoso amor. Nagato solo lo observaba y realmente le estrezaba pensar que Ciel pudiera sentir algún miedo al lugar, puesto que nunca lo había conocido.

Nagato no conciliaba que su amante despertara de su trance. Sonriendo maliciosamente, Nagato lamió el cuello de Ciel hasta llegar al lóbulo de su oído para morderlo con ternura. Dicho acto hizo que el más pequeño se estremeciera y temblara un poco. A Nagato le encanto esa reacción.

—Uh, al parecer mi pequeño tiene frío. — dijo Nagato con una sonrisa traviesa. Nagato lo deseaba, su cuerpo, su alma, todo el. Deseaba conocerlo y conectarse junto a la persona más importante para el en todos los sentidos posibles. Aunque debía admitir que el sexual era la forma más esperada.

—Sólo...un poco...pe..pero—jadeó el marinerito, sintiendo como unos dedos se colaban por su ropa para tocar su torso.—Se me pasará en un rato.

—Es una lastima, conozco un juego de piratas y marineros que sirve para entrar en calor— dijo el mayor, besando el cuello de su novio. Nagato se aseguro mentalmente de que iba a llamar la atención del pequeño. Atraerlo de la forma más inocente, resultaba esta situación más interesante e intrigante.

—¿EN SERIO? —se emocionó poniendo una tierna cara de cachorro al mirar a su amante.— ¿algo así cómo una búsqueda del tesoro?

—Algo así.—Nagato volvió a escurrir los dedos entre el traje de marinerito de Ciel, provocando un sonrojo en él. Ciel había caído en la trampa, y no lo iba a soltar muy fácil. Nagato se estaba desesperando. Quería sentir a todo el ser de Ciel, pero lo quería sentir todo y ya.

—¿Cómo se juega?—pregunta inocente-mente mientras se dejaba llevar por los besos de Nagato. Ciel se sentía tan relajado, tan cómodo, tan...sereno. Estar junto a Nagato, definitivamente era el pasatiempos de Ciel. El pasatiempos favorito.

—Pues verás...—Nagato se quitó la camisa para ponerla en la arena y recostar a su novio en ella, no quería que el dorado pelo de su amado estuviera repleto de arena.—Tú eres un marinerito, el cual tiene un tesoro muy preciado y deseado por los piratas. Yo soy el pirata, que según la leyenda, es el único capaz se tener tan preciado tesoro.

Ciel no entendía porque su cuerpo se sentía así, quizás sólo sea uno de los efectos de estar a esas horas tan cerca del océano... o quizás sean las constantes caricias y besos de Nagato, en áreas sensibles y un poco privadas. Nagato desabotonó el pequeño traje se marinerito con los labios, cuando logró dejar el torso del perlado niño fue dando pequeñas mordidas y chupones hasta llegar a sus labio; donde depositó un beso llenó de pasión, deseo y placer. Nagato se sorprendió al ver el adorable rostro de su uke mientras le respondía el beso con más ansias.

—¿Por... qué haces... esto, Nagato? —Decía con una entrecortada respiración mientras desabotonaba inconsciente-mente el pantalón de Nagato, cuando torpemente lo logró, colocó sus pies en la cintura de Seme dando señal que el quería lo mismo.

Nagato deslizó su mano para hacer la anterior acción del pequeño, el cual abrió más las piernas para facilitar el desvestimiento. Este aceptó la invitación recostándose sobre el y entrando las manos por la parte trasera para remover aquella estorbosa prenda.

—Sencillo —dijo dejando solo en bóxer a un adorable, rozagante y agitado pequeño dorado.—Porque quiero.

—¿Quieres jugar?—preguntó algo extrañado y de manera inocente.

—No, porque quiero expresar lo que siento, porque que veas cuanto te deseo, porque quiero comprobar de que es capaz de hacer un niño tan dulce e inocente como tú, porque quiero comprender que piensas, porque quiero saber que estás sintiendo y sobre todo quiero aprenderme el mapa de tu cuerpo... el tan codiciado por los piratas, tesoro del marinero.

—Dices..cosas.. sin.. sentido—los gemidos de Ciel interrumpían lo que trataba de decir.

Nagato le acariciaba los muslos desnudos y besaba con ternura sus pies, entonces fue cuando decidió quitarse los pantalones y recostarse para besar al pequeño; el cual al sentir algo duro cerca de su miembro no pudo evitar que el suyo también se pusiera como el de Nagato, quien sintió el resultado de besar de manera tan apasionada el cuello de Ciel.

—Tan hermoso, tan frágil, tan... travieso.—Nagato recorrió beso a beso cada centímetro de la perlada piel de Ciel, desde la punta de sus dedos hasta su ansiosa boca. El pequeño inocente comenzó a sentir como hervía su sangre cuando sintió el rose de ambos miembros por debajo de los boxers, le estaba gustando, lo suficiente como para posar sus brazos en el cuello de Nagato y sus pies alrededor de la cintura de su atacante, todo para sentir más la sensación simulada de un vaivén con boxers interviniendo.—Tu inocencia, al parecer está muy lejos en estos momentos, Ciel.

Sonreía victorioso, tenía la persona más inocente y frágil a su merced, demostrarse pervertidamente adorable.. ese sonrojo solo provocaba más. Nagato de detuvo a mirar al chico que tenía a su merced, era demasiado bueno para ser verdad, se dedicó a acariciar a su cansado amante y en menos de lo que esperaba ya este se había quedado dormido. Se veía muy comprometedor dormido, pero no tendría sentido con él durmiendo aunque la idea de violarlo no es una mala idea, pero no contaría como objetivo logrado.

Nagato vistió a su pequeño, cuestión de que se podría enfermar y que ya tenían varias horas separados del grupo, no tardarían mucho en salir a buscarlos. Luego de haberse vestido, tomó a Ciel entre sus brazos y se dirigió en donde habían dormido el resto. Osea, la casa del ermitaño.
—¿Pirata Nagato, encontró su tesoro? —preguntó con los ojos semi-abiertos y entre sueño.

—Así es, capitán Ciel.—le contestó con una pequeña sonrisa.

—Volvamos a jugarlo en otra ocasión, ¿sí?—dijo sorprendiendo a Nagato, bostezó antes de caer en los brazos de morfeo.

—Cuando quieras, tesoro.—le dio un pequeño beso en los labios.

Ambos caminaron románticamente juntos, tomados de la mano y Nagato depositando constantes besos dulces y amorosos a Ciel por todo su rostro y cuello. Al llegar se encontraron a un molesto (disimulado) Sasori y a un desinteresado Thoru.

—¿Dónde estuvieron toda la noche? —cuestiona Sasori, algo molesto. Arqueaba una ceja y mantenía los labios tiesos y el rostro muy serio.

—Fuimos a ver el océano y de paso a ver las estrellas.—contesta Ciel dedicándole una linda sonrisa, sin embargo el enojo de Sasori no logro apreciar el tierno acto del rubio.

—Te creería si no fueras un pervertido, Nagato—comentó Thoru.—Ademas, tiene marcas en el cuello.

—Iré a buscar más leña—avisó Sasori con voz alterada y molesta, mientras se iba en dirección contraria al campamento.

Nagato lo observo sintiendo como el era el ganador. Luego noto como Thoru observaba las marcas en el cuello de Ciel, y luego lo miraba con desaprobación. El pervertido ignoro eso.

—Voy a ir a ayudarlo.—sentenció Nagato, siguiendo el camino por donde fue Sasori.

El rubio corrió y corrió hasta encontrarse con el peliazul sosteniéndose de un árbol débilmente.

—¿Te encuentras bien?—le pregunto Nagato, llamándole la atención. Sasori lo miro con desprecio.

—Por supuesto.—le contesto en mala actitud. Sin embargo, Nagato noto lo débil que se comportaba. Decidió ayudarlo. Nagato intento tomarle del brazo, sin embargo Sasori respondió con un torpe golpe.—¡Aléjate!

Nagato coloco los ojos en blanco.

—No tienes que esconder tu dolor.—le aconsejo, intentando ser amable.—No sirve de nada.

—Inservible tu.—le contesto Sasori, tentando a Nagato a odiarlo aun más.—¡Lo has corrompido! ¿Que demonios te pasa?

—¿No le hice daño, idiota?—le cuestiono este con enojo e histeria.—Ademas, a el le gusto.—Nagato estaba provocando la furia y el desprendimiento del control de Sasori.—Y a mi también. El era tan provocador y atrevido...Ah, lindos recuerdos...

—Idiota.—Sasori en ese momento le da una cachetada. Nagato quedo estático, sintiendo como su rostro ardía en el lado donde había recibido el golpe.

—¿Que...?—intento hablar.

—¡El me pidió que lo besara, pedazo de tonto! ¡Al parecer tu amado noviecito te traiciono por alguien como yo!—le grito Sasori, con una peligrosa sonrisa.—Alguien que valiera más la pena.

Entonces Nagato lo golpeo, haciéndolo caer. Sasori quedo estático en el piso, observándolo con desesperación y odio.

—Lo amo—confeso este, con frialdad.

—Yo también lo amo.—le contesto Nagato secamente mientras lo veía de reojo. Se agacho y coloco encima de Sasori, hasta unir sus miradas de odio.—Te odio, Sasori.

—Y yo a ti, Nagato.—le contesto Sasori, tenso.—Nunca lo quise detener. Este insaciable odio que sentí desde el momento en que te vi junto a el.

—Retorcido analítico, realmente me enfermas.—le murmura Nagato al lado del oído del peliazul, para luego morderlo.

—Siempre comprendí que estaba mal, pero por amor todo vale, ¿no?—le cuestiono Sasori, para luego golpearlo y que cambiaran la posición.

—Nunca fuiste sincero. Ocultabas un cuchillo en tu espalda para luego clavarlo, maldito.—le dijo Nagato, acercándose cada vez más.

—Te odio.

—¿Odio, no? Todo por probar a Ciel, obligarlo.—le recrimino Nagato, brusco y cruel.

—¿Obligarlo?El lo exigió. El deseo probar mis labios...a mi.—le dijo Sasori, para luego ganarse una golpiza mortal de Nagato.—Te odio.

—Y yo a ti.

Entonces ambos unieron sus labios, expresando en esos besos todo el odio que sentían el uno por otro. Y por primera vez, los sentimientos fueron mutuos.

Odio y placer.