Disclairmer: Los personajes no me pertenecen, son de la genial Suzanne Collins, sólo los uso para el argumento del fics.

Summary: Katniss Everdeen, una adolescente de diecisiete años, comienza el instituto en donde su vida da un giro de...muchos grados al conocer a sus compañeros: amistosos algunos y a otros que les partiría la cara. Después de la muerte de su padre, Katniss, no creía que volvería a ser feliz pero ¿Se había equivocado? Mal Summary . T por lenguaje adulto


Capítulo 26: Distracciones

La fiesta continuaba pero Prim no me soltaba, ni yo tampoco a ella. Sentía las piernas como gelatina bajo mi peso, lo único que me mantenía estable era el cuerpo de mi hermana aferrado al mío, y una agitada emoción que rompía con todos los muros de los que me había provisto durante todos aquellos meses me revolvía el estómago y hacía que el pecho me doliera como si, en vez de aire, estuviera respirando plomo. Tenía las lágrimas picando inestables en los ojos, sin embargo, a pesar de la angustia, estábamos en una fiesta, con todos mirándonos, expectantes. No podía largarme a llorar, debía reservarme ese lujo para cuando volviera a casa, no iba a ruinarle la velada a mi hermana.

Alcé la vista hacía donde se encontraba Healer, en la mesa que hacía unos minutos yo me encontraba con Thresh y Mad anonadados en conversaciones totalmente externas al cumpleaños. Mi madre…nuestra madre estaba más emocionada que Prim y yo juntas. Había surcos de grandes lágrimas en sus mejillas brillantes por la humedad, su pequeña nariz estaba enrojecida y sus labios se retorcían en una extraña sonrisa, un mezcla de horror y alegría se dispersaba por ella, aunque lo más intrigante eran sus ojos, celestes como los de Prim, en los que la fuerza, débilmente, había reaparecido. Verla de aquel modo hizo que mi pecho se aflojara, no del todo, pero sí lo suficiente para no ahogarme.

Effie, quien estaba al lado de Healer, también lloraba y a la vez intentaba que el maquillaje no se le perdiera por entre las lágrimas. Ella también sabía quién nos cantaba la nana, aunque las reacciones de Effie siempre eran una sorpresa para todos, esta vez estaba siendo de lo más normal. Haymitch ya estaba alcoholizado, por ende no me importaba su reacción, y los demás invitados, luego de los aplausos, habían vuelto a sus charlas aunque parecían un tanto confusos con nuestra reacción, no comprendía la situación, y para mi ego, y mi sonrojo, algunos se me habían quedado viendo con la boca abierta, impresionados por mi canto.

Mi padre había sido el verdadero cantante de la casa y me había enseñado todos las canciones que conocía. Si él hubiera cantado, con lo increíble que era escucharlo, los comensales todavía estarían delirando con su voz.

-Te amo, Kat- susurró Prim cuando se despegó de mí, aunque sus brazos seguían rodeándome.

-Yo también, Patito- sonreí y le di dos besos en las mejillas húmedas- tu fiesta todavía no ha terminado y si Effie te ve con esa cara larga te matara. Ve- la animé mientras me devolvía la sonrisa, todavía se notaba su tristeza pero había una vasta alegría.

Dejé que Prim se alejara y se dirigiera al baño a lavarse el rostro para poder volver, presentable como diría Effie, al festejo.

-¡Wow, Kat ¿No sabía que cantabas tan bien?!- me felicitó Mad quien se había acercado a mí luego de que mi hermana se fuera corriendo. También estaba impresionada y había un brillo que nunca había visto en sus ojos azules.

Me encogí de hombros ante el alago.

-Lo tenía reservado- admití ya que no volvería a hacerlo, a excepción de que Prim me lo pidiera- Sólo para ocasiones especiales- mascullé más para mí misma que para ella.

-¡Deberías decirle a Cinna que cantas tan bien!- comentó con exaltación. Esta faceta de Mad era nueva para mí, normalmente estaba muy calmada, supuse que lo que tenía que ver con talentos musicales era muy excitante para ella- él fue quien me ayudó a conseguir mi beca- añadió mientras bajábamos del pequeño escenario y nos dirigíamos nuevamente a la mesa.

-¿En serios?- inquirí con sorpresa.

Sabía que Mad entraba entre los estudiantes favoritos de Cinna, había pensado que era porque siempre estaba atenta y con todas las tareas perfectas y a tiempo para entregarlas. Era la mejor de su materia, aunque, en general, Mad era buena en todo. Pero nunca me hubiera imaginado aquello.

-Sí. Le debo mucho- confirmó sonriendo. Casi parecía que el caso Gale se le había borrado de la mente…casi.

Recordé entonces lo poco que faltaba para que Mad se fuera, sólo quedaba un mes y medio. Ella me había contado que el curso había comenzado en septiembre, como en todas las escuelas del hemisferio norte, pero que con ella habían hecho una excepción y comenzaría en diciembre, así podía finalizar sus estudios aquí. Luego se iría.

-¿Cómo te preparas para el viaje?- pregunté con ansiedad y también para alejar la conversación de lo que había hecho recién, lo que más necesitaba ahora era distraer mi mente.

-Ya tengo como dos maletas de ropa y partituras, no sé cuando tendré que pagar de sobre peso en el vuelo ¡y todavía falta un mes!- comentó Mad un poco retraía y más ansiosa que yo mientras nos acercamos a la mesa en la que Thresh, el cual estaba enfrascado en una conversación de football con Haymitch, nos esperaba.

-Será fantástico- la alenté aunque por dentro quería que no se fuera nunca.

Aquel verano, de por sí, ya sería extraño y se me arrugaba la frente al caer en la cuenta de que Mad no estaría para animarme.

-Eso espero- suspiró con pesadez muy poco convencida- Estoy muy nerviosa- admitió en voz baja para que únicamente yo la pudiera oír.

Cuando llegamos a la mesa redonda en donde habíamos comido, mi poste helado ya estaba completamente derretido y me extrañó que Haymitch no se lo comiera, Effie había controlado su llanto y su maquillaje estaba reluciente, aunque ella no paraba de verse en un pequeño espejito que había metido en su bolso antes de salir de casa. Healer también lucía más contenía y Prim, luego de haber pasado por el tocador, la abrazaba por detrás del asiento mientras le susurraba algo al oído con su sonrisa deslumbrante.

-¡Chicas, eso fue increíble! ¡Deberían hacer un dueto!- comentó Haymitch al vernos con la voz una octava más alta de lo que debería. La borrachera de este hombre no tenía límites.

-Sí, y Thresh sería nuestro representante- añadió Mad recuperando su sonrisa y mofándose de nuestro amigo mientras tomaba asiento a su lado. Él le devolvió la sonrisa, aunque con algo de sarcasmo diría yo, mientras también nos felicita por la actuación.

Excepto por mis amigos los demás ocupantes de nuestra mesa conocían mi voz así que la conversación se volcó en el talento de Mad con el piano, y ella se puso colorada cuando Effie la acribilló a preguntas. Prim le dio las gracias y se quedó unos cuantos minutos con nosotros hasta que Effie le reclamó que no podía dejar a los invitados solos. Puse los ojos en blanco ante el estúpido comentario.

La fiesta siguió su curso y pasadas las once, luego de que el DJ volviera a pasar música para que los invitados bailasen, las luces se atenuaron y una mesa con ruedas, mantel a rayas azul y blanco –acorde con la estricta decoración de la mejor amiga de Healer-, y el pastel de cumpleaños, el mismo que había hecho esta misma mañana con Peeta, llegó al centro del salón de la mano de los meseros que había contratado Effie junto al cáterin de la comidas. Un combo, como no había dejado de mencionar durante los últimos días la mujer.

Algo bueno de que la fiesta estuviera por acabar era que Effie ya no molestaría todos los santos días con la organización, simplemente se apegaría al, no muy humilde, personaje que reitera el cumpleaños como el mejor que una chica podía tener…claramente, en mi opinión, era más tolerable.

La banda, la cual no tenía idea de cuando había llegado, comenzó a tocar el famoso "Feliz cumpleaños" cuando todos nos pusimos de pie alrededor de la mesa, mientras Haymitch se encargaba de prender las dos velas con los números "uno" y "cuatro" respectivamente, junto a unas véngalas decorativas, imagino, obra de su esposa. La luz que proyectaba el pequeño fuego artificial le daba una muy buena presentación a las letras cursivas de chocolate blanco con las que Peeta, hábilmente, había escrito el nombre de mi hermana.

Prim volvió a mirarme emocionada al ver el pastel. Claro que no podía llevarme ni el cuarto del crédito por la torta; tendría que darle las gracias a Peeta nuevamente por su ayuda ¿Estaría en la fiesta a la que Glimmer nos había invitado? ¿O se habría tomado la noche libre? El pensamiento me hizo sonrojar aunque no comprendía del todo el por qué.

Antes de que la canción terminara y que Prim soplara para que las llamas de las velas se apagaran Effie le pidió que posara para una seguidilla de fotografías, uno de sus nuevos pasatiempos, para tener en el álbum familiar. Volví a rodar los ojos ante la idea, aunque luego de pensarlo por un par de segundos comprendí que serían las primeras fotos en las que nuestro padre no aparecería, eso no hizo otra cosa que hacerme temblar. Al final se encendieron nuevamente las luces y los amigos de Prim fueron en fila a felicitarla mientras la abrazan o le dan un beso en la mejilla. Entonces la banda comenzó a tocar rock twist para darle más ánimo a la fiesta y, contra todo pronóstico, los jóvenes se lanzaron a la pista a bailar como si se tratase de los Beatles y supieran como moverse. Thresh le pidió entusiasmado a Mad que lo acompañara y hasta Haymitch quería salir a bailar, pero, nuevamente, Effie se lo impidió ya que quería seguir tomar fotos con los integrantes de la familia y amigos más cercanos.

A regañadientes me uní a la seguidilla de flashes sin poder frenar la ola de pensamientos negativos que tenían con respecto a ello. Fueron los siete minutos más largos de mi vida y cuando Effie, luego de despotricar una vez más contra mi cabestrillo, se vio satisfecha salí casi corriendo al baño.

Desesperada me mojé el rostro en el lavabo intentando camuflar las lágrimas que se me desprendían de los ojos ¿Cómo podía dejar que esto me afectara tanto? En ningún momento de estas semanas me había imaginado que el recuerdo de mi padre me perseguiría tanto, mucho menos en aquella ocasión en la que debía estar feliz junto a Prim. No quería que me viera así, definitivamente no dejaría que lo hiciera.

Necesitaba ver a Lavinia, terminantemente. Tal vez, si me sentía lo suficientemente ahogada el lunes, vomitaría todo lo que no le había contado en las pasadas sesiones.

Antes de salir del baño miré mi reflejo y, a pesar de querer disimular mi tristeza, sabía que no funcionaría. No quería preocupar a Prim precisamente en aquel momento, tal vez era hora de volver a casa…o al menos de salir de allí, alejarme de la gente. Afuera la canción había cambiado y Thresh junto a Mad habían vuelto a sus asientos mientras se reían de los pasos horrendos que hacían los invitados, era obvio que no estaban acostumbrados a bailar ese tipo de música.

-Chicos, creo que ya me iré a casa- los llamé cuando me acerqué a nuestra mesa.

Thresh me miró risueño, aunque su sonrisa decayó ante mis palabras.

-¿Tan pronto?- comentó sin notar mi estado de ánimo.

-Sí…no me siento muy bien- respondí frunciendo el labio para dejar en claro que no me haría cambiar de opinión.

-Está bien…- reconoció resignado estirando las piernas por debajo de la mesa para luego levantarse en cuestión de segundos- pasaré por el baño antes de irme, no creo que Rue me quiera aquí ahora que tú te vas- explicó y rápidamente desapareció por las mesas.

Fruncí el entrecejo ante su comentario, no debían irse si no querían.

-¿Qué sucede, Kat?- inquirió Mad una vez que el chico estuvo lo suficientemente lejos para no poder oírnos. Su rostro lucía indagador, Mad era mucho más perspicaz que Thresh y no sólo por que fuera una chica.

Me encogí de hombros, no podía explicarle todo ni tampoco iba a hacerlo.

-Creo que deberías distraerte un poco- opinó mi amiga sonriéndome mustiamente- acabo de hablar con Glimmer…me dijo que Peeta estaría en la fiesta- agregó encogiéndose de hombros.

No estaba segura de por qué Mad me lo decía, tal vez fuera el hecho de que no quería ir sola con Thresh, cosa que no creía fuera cierta, o, podría ser, que creyera que me hacía un favor al comentarlo. De todas formas había mordido el anzuelo. Titubeé mordiéndome el labio inferior, no quería parecer tan obvia, aunque Madge ya lo supiera ¿Qué le diría a Thresh? Tal vez, con suerte, mi compañera se inventara algo y el chico no haría ninguna pregunta…aunque, conociendo a Thresh, podría no necesitar saber el por qué si no el simple hecho de que me iría a la fiesta con ellos.

-No estás jugando limpio, Undersee- le reproché entrecerrando los ojos mientras ella me sonreía y se volvía a encoger de hombros.

-Será divertido- dijo simplemente y tomó su abrigo del asiento.

-Iré a la fiesta, pero llegó a cruzarme can Cashmere, Clove o cualquiera de ellos y me largo, te lo juro- confesé para poder retomar la dignidad que me quedaba, además de que era completamente cierto. Lo menos que quería hacer era ver a la pandilla de ribas putas y a sus estúpidos chicos musculosos.

Al regresar Thresh, Mad le sonríe triunfante. Malditos.

Nos despedimos de Prim, hice especial hincapié en que me guardara un trazo de pastel antes de que Haymitch se lo comiera, y luego de abrazarla fuertemente, sintiéndome muy mal por dejarla a mitad de la fiesta, nos fuimos.

-Muy bien, mundo ¿Nos vamos?- preguntó Thresh friccionando sus manos con sus energías renovadas cuando encontramos un taxi en la esquina, a unos metros del salón desde donde todavía se podía escuchar la música. Me pregunté como hacían los vecinos para soportar los fines de semana.

-¿Tienes idea de a dónde vamos?- inquirí levantando un ceja cuando me acomodé en el asiento trasero del coche.

Thresh me devolvió una mirada pícara.

-Mad se encarga de eso-.

Resoplé ¿A dónde me estarían llevando? Tal vez la fiesta no era muy lejos de casa y, si cambiaba de opinión, podía huir a mi habitación rápidamente. Me sonrojé al comprender por qué había decidido acompañarlos y esperaba que Mad nunca le revelara a Thresh aquello.

Al cerras la puerta, Mad le pasó la dirección al conductor, quien siquiera nos prestaba atención, debía pensar que éramos unos borrachos más que frecuentábamos su taxi, y se volvía a vernos.

-Glimmer me envió la dirección por un mensaje. Es en una casa. No muy lejos de la mía- explicó la chica y gruñí antes la idea de que estaría más lejos de lo que pretendía de mi hogar.

Todo sea por Peeta. Podría ser que su compañía me devolviera el ánimo, aunque pensándolo bien, no creía ni que él pudiera con ello. Seguramente, lo más sensato, habría sido hacer caso omiso a las palabras de Mad y volver a casa para refugiarme en la ducha.

El viaje resultó ser más corto de lo que pensaba, el hombre al volante parecía querer terminar su turno lo más temprano posible y, pasando unos cuantos semáforos en rojo, llegamos en un santiamén. Noté que pasamos muy cerca de la panadería de los Mellark.

Fue muy fácil encontrar la casa en donde se celebraba la fiesta ya que de ella salía una música fuerte con sonidos electrónicos, mientras que en la vereda de la fachada, provista escasamente con una puerta de madera y dos ventanas simétricas una a cada lado del portal pintadas de verde opaco, había grupos pequeños de jóvenes hablando, más bien gritando, entre sí con vasos de bebida. Siquiera se fijaron en nosotros hasta que mi vestido, color fuego, les llamó la atención. Primer indicio de que no debería haber venido.

Dentro la casa estaba más concurrida de lo que me hubiera gustado, me hacía acordar aquella quinta a la que había ido con Johanna, Annie y Mad a fines de septiembre, la cual también estaba inundada de gente, humo y olor a alcohol. Palidecí al recordar que estaba saliendo con Gale en aquel tiempo y rogué porque a Mad no se le ocurriera rememorarlo también…entonces un pensamiento sagaz apareció en mi mente: Era extraño que Mad quisiera ir a una fiesta y, en vista de lo que le había ocurrido durante la semana, tal vez fuera una forma de desahogarse y olvidar por un segundo a Gale. Esperaba que su brillante mente no se volcara a la colección infinita de bebidas que había desperdigadas por la casa.

El salón principal era amplió pero con tanta muchedumbre no lo aparentaba ya que hasta la mesa ratona del centro estaba ocupada por el trasero de dos chicas. A la derecha se podía ver una cocina, el lugar por el que más gente se veía salir con tragos recargados; a la izquierda se lucía una escalera y al fondo una puerta ventana corrediza que daba a un jardín, ni muy grande ni muy chico pero que estaba completamente deshabitado, al parecer los invitados preferían el bochornoso ambiente interno, aunque supuse que era porque el alcohol era más accesible allí que en el patio.

No nos fue difícil encontrar a Glimmer ya que la chica llamaba mucho la atención al bailar descaradamente con un chico en el centro de la habitación. Rodé los ojos, la rubia tenía las mejillas encendidas y no soltaba un vaso de plástico aunque necesitara la mano para bailar ¿Sería así siempre? ¿O todavía se sentía miserable por la traición de Cato con Cashmere?

Ya que ninguno tenía ganas, ni estómago, para acercarse a la enardecida chica recorrimos el lugar en buscar de Peeta ¿Estaría en una situación similar a la de Glimmer? ¿Y si, de alguna forma, Cashmere estaba allí y lo había engatusado para estar con ella? Se me revolvió el estómago ante la pregunta y me convencí de que Peeta nunca haría eso, le desagradaba. Sin embargo sentí que era el segundo indicio de que no debería haber venido.

Para mi sorpresa, cuando encontramos al chico, Glimmer había vuelto de su baile erótico, con su vaso casi vacío, y Delly se encontraba junto a ellos. Era extraño verlos sin el uniforme del instituto pero no por ello desagradable, ambas chicas iban muy bien vestidas aunque nada muy escandaloso como lo que yo tenía puesto, mientras que a Peeta podía comérmelo con los ojos. Iba vestido casi como Thresh: camisa y jeans gastados. Casi podía oler el gusto a pan en su piel.

-¡Por fin llegaron!- chilló Glimmer al notar nuestra presencia a su lado. No necesitaba estar muy cerca de ella para sentir el olor a alcohol en su ropa.

Noté que Peeta la observaba con su ceño fruncido y lleno de preocupación pero al verme a su lado se me quedó mirando como si no me reconociera. El regocijo de placer me hizo estremecer, su mirada me envolvía y las palabras de Mad vinieron a mi mente: "no creo que tú le seas indiferente".

-¡Hola!- lo saludé por entre la música al notar mi rubor y me sentí estúpida.

-¡Creí que tenías una fiesta!- sonrió con sus blancos dientes.

Me encogí de hombros intentado hacer pasar desapercibido el recuerdo del cumpleaños.

-Vengo de allí. A Prim le encantó el pastel- comenté recordando que le debía una muy grande mientras el calor no se iba de mi rostro.

Peeta soltó una carcajada suave.

-Imaginé que no te prepararías tanto para venir aquí- opinó señalando el vestido que llevaba haciendo que las piernas me temblaran.

-Sólo es un cumplido- me recordé a mí misma.

-Imaginas bien-.

Mad no había estado tan equivocada. Sólo había pasado un minuto junto a Peeta y se me había olvidado hasta respirar ¿Por qué me había pedido ser su amiga? ¿Por qué no quería más? ¿Por qué me había besado entonces aquella vez?

Las palabras de Delly me sacaron de mi ensueño.

-¡Katniss, tu vestido es hermoso! ¡Todos te están mirando!- me sonrió la chica como siempre lo hacía, deslumbrante. Me gustaría poder sonreí como ella.

Delly tenía razón. En un breve impass recorrí el recinto y las chicas más próximas a nuestro pequeño círculo se comían mi vestido con sus ojos, mientras que los chicos me miraban el trasero. Quise golpearlos.

-Supongo. Aunque tener un cabestrillo quita muchos puntos- afirmé restándole importancia. Realmente no me importaban las miraditas de los demás, sólo quería tener los ojos de una persona puestos en mí.

-¡Peeeeeeeeta!- lo llamó Glimmer interponiéndose entre nosotros de sopetón y encaramándose al hombro de su amigo por su brazo libre. Quise sacarla a patadas- ¡¿Me traes otro de estos?!- continuó la chica mientras se balanceaba de un lado a otro acaparando la atención de todos.

No recordaba haberla visto de aquel modo en la fiesta de la primavera, aunque en ambos casos tenía el rostro encendido y sudoroso.

-Glimm ¿Cuánto has bebido?- le preguntó Mad al acercarse a ella para sostenerla.

La rubia pareció meditarlo durante un minuto entero mientras nosotros la miramos expectantes, seguramente el número de vasos iba más allá del de los dedos de su mano, pero al final pareció olvidar la pregunta y volvió a dirigirse a Peeta.

-Por favorrrr- dijo rogando abrazándose al muchacho.

Bufé fuertemente y comencé a negar con la cabeza reprobatoriamente. La actitud de Glimmer a veces, generalmente, era insoportable ¿Cómo hacía Peeta para soportarla todo el tiempo durante tantos años? Casi me hervía la sangre al verlos a ambos tan cerca. Sabiendo lo inestable que estaba la chica la escena podía terminar en desastre con extremada facilidad ¿Por qué mierda me había dejado convencer?

Puesto que Glimmer tenía a todos con los ojos puestos en ella y su borrachera ancestral me alejé lentamente del grupo, no había venido a soportar aquellas estupideces y no me importaba que estuviera como una cuba, seguía siendo una actitud de lo más deplorable por parte de de la rubia. A pesar de tener un vestido escarlata que brillaba cada vez que me movía nadie notó mi retirada y sin pensarlo dos veces me acerqué a la puerta ventana en la parte trasera del salón para salí al exterior.

El aire de la noche primaveral todavía era frío, con vestigios del invierno, un escalofrío me recorrió la médula y deseé tener un abrigo, pero sólo llevaba el pequeño bolsito. La música se atenuó un poco al cerrar la puerta corrediza a mis espaldas. El jardín estaba casi vacío, a excepción de una pareja que se había refugiado debajo del alfeizar de una ventana para que nadie los viera, el pasto todavía no había comenzado a crecer y se notaba seco por la falta de lluvias de la temporada, un solo árbol se alzaba enorme al lado de una piscina de concreto con pintada descascarada de un color celeste desteñido al lado de la medianera de tres metros que dividía el terreno.

Sin prestar atención alguna a los dos individuos me encaminé hacia la alberca, que, para mi júbilo, estaba vacía, con sólo hojas de arce arremolinándose, barro, polvo y demás porquerías en el piso. Sin pensarlo dos veces me metí dentro de la estructura bajando las escaleras sucias hasta llegar a la base de la piscina en donde nadie me vería. Effie me mataría si se llegaba a enterar en donde había metido el vestido que me había regalado pero eso a mí no me importaba en absoluto.

Dentro de la pileta la música resonaba por eco en las paredes vacías, el aire no corría y se sentía un fuerte olor a putrefacción. Un perfecto lugar en donde nadie me molestara.

Barrí con la mano la suciedad de uno de los escalones para sentarme, me sentía cansada y no sólo porque hubiera pasado de una fiesta a otra, si no, más bien, por el efecto que me estaban causando. Al principio la idea de ver a Peeta me había dado la vana esperanza de poder despejar mi mente de los crípticos y tristes pensamientos que me persiguieron durante todo el día, pero, la verdad, las cosas nunca pasaban como yo quería o esperaba, y esta no iba a ser la excepción.

Envolví mis piernas con los brazos y apoyé el mentón en mis rodillas esperando que no me doliera el cuello luego. Era una posición incómoda teniendo en cuenta que uno de mis brazos estaba encastillado y no podía moverlo con facilidad, pero no había huido de la fiesta para quejarme de mis dolores físicos. Necesitaba respirar aire fresco antes de perder el control ¿Qué era peor? ¿Llorar en el cumpleaños de Prim o en una fiesta en la que nadie me conocía?

Era una suerte que no me hubiera puesto maquillaje, pensé vanamente.

No estaba segura de cuánto tiempo había pasado hasta que una estridente risa hizo eco en las paredes de la piscina por encima de la música. Quien fuera que había ingresado al patio lo había hecho de golpe y había sorprendido a la pareja de la cual ahora parecía estar riéndose. Aunque, dentro de la construcción, no podía estar del todo segura.

Unos segundos después una cabeza rubia asomó por la piscina y deseé que fuera Prim aunque sabía que ella no estaba allí.

Glimmer llevaba consigo otro vaso de quien sabe qué cosa, tenía una sonrisa en los labios pero se notaba que sólo era una mueca producida por el alcohol, su sonrojo, producto de la borrachera, persistía y creí que se mataría cuando comenzó a descender por los escalones de la alberca a tropezones con sus tacones.

¿Por qué justo ella debía encontrarme de todas las personas que había en la casa? ¿Dónde estaba Peeta cuando se lo necesitaba?

-¡Oye, ten cuidado!- espeté al ver que casi se tropezaba en el barro mientras daba vueltas sobre sí misma.

De haber estado con un ánimo diferente la escena me hubiera hecho reír y hasta me hubiera mofado de ella filmándola con mi celular. Pero no estaba para bromas precisamente, ni mucho menos para tolerar la presencia de Glimmer. Sin embargo podía haber sido peor.

-¡No te preocupes, tonta! Estoy perfectamente- exclamó con los ojos cerrados mientras yo gruñía antes el apodo- ¿No te parece un poco sucio y difícil este lugar para esperar a tu príncipe azul?- preguntó como quien no quiere la cosa justo cuando dejaba de girar y tomaba un trago de su vaso.

Fruncí el ceño, no podía abalanzarme sobre ella estando en aquel estado.

-¿Cuántos de esos te has bebido?- inquirí molesta preguntándome por que Peeta la había dejado seguir bebiendo.

-¿No se suponía que él la cuidaba?- agregué en mi fuero interno con sarcasmo.

Glimmer comenzó a contar con sus dedos lo que provocó que un poco del líquido se derramara por el vaso. Era azul.

-Mmm, creo que…siete- concluyó aunque no muy segura.

¿Cuánto más podía tolerar su organismo?

-¿Me das?- le pregunté estirando mi brazo sano.

Realmente no sentía ninguna necesidad de beber, la última vez que lo había hecho había vomitado enfrente de Peeta y no quería revivirlo. A pesar de que en ese momento estuviera detestándola sabía que alguien debía controlarla y como era la única persona allí, debía hacerme cargo. Era como cuida a un niño. Peeta debía estar echando humo con todo lo que se había metido su amiga.

-¡Claro!- gritó y se acercó a mí para compartirme su trago.

Simulé que tomaba así la dejaba satisfecha y me quedé con el vaso escondido entre mi cuerpo y el escalón que estaba a mis espaldas mientras Glimmer retomaba su danza circular alrededor de la piscina hasta notar que sus tacones se llenaron de porquerías. Entonces no se le ocurrió mejor idea que sentarse a mi lado. Gruñí mentalmente ante su elección ¿Por qué no, simplemente, podía largarse y volver a la fiesta?

-Me encanta su vestido, realmente no creía que tuvieras tan buen gusto- admitió luego de mirarme con ojos brillosos- ¿Me lo prestarías?- preguntó después de un rato como si no estuviera segura de lo que estaba diciendo.

-Claro…-respondí vagamente, extrañada por la idea de que no me preguntara el lugar donde lo había sacado para poder ir ella misma y cómpraselo.

Al parecer ni la ebriedad más intensa podía hacer que Glimmer olvidara su nueva situación económica. Debía ser algo muy difícil de asumir para alguien que siempre lo ha tenido todo…bueno, no todo, su estado como líder de la Elit o su relación con Johanna había sido un fracaso. Entonces una luz se enciende en mi cerebro abrumado.

-Hace unos días Mad y Thresh me contaron lo que te pasó con Johanna- confirmé ya que no me parecía justo mentirle, además estaba casi segura de que Glimmer no recordaría nada de aquello por la mañana.

-¿A sí?- respondió desatenta la chica. Se había recostado sobre los escalones y miraba las estrellas que se colaban por entre las nubes de la noche.

-Aja- continué, al parecer no le afectaba hablar de ello- aunque, no me dijeron que fue lo que hizo Clove a Johanna- continué esperando que no se levantara y se fuera justo en aquel momento.

Cuando mi compañera de banco y Thresh me habían hablado del pasado de Glimmer con Johanna nunca me habían explicado lo que realmente había sucedido, sólo que Glimmer se había comportado muy mal con su mejor amiga y que esta nunca se lo perdonó.

La rubia soltó un bufido seguido de una carcajada que no tenía nada de alegre.

-¿Por qué me preguntas esto cuando estoy borracha?- inquirió.

Me encogí de hombros intentando no lucir ansiosa.

-No me lo contarías de no estar así-.

Glimmer se volvió a verme y me regaló una sonrisa.

-Es cierto…-.


Henos aquí! Cómo han estado? espero que de maravilla.

Siento mis continuos retrasos pero estoy teniendo muy poco tiempo para estar en la computadora, así que imaginan lo poco que puedo escribir...recién hoy me puse a hacer el capi y por suerte lo termine, aunque muuuuuuuuuuy tarde.

Espero que les haya gustado, espero que los haya dejado expectantes muajajaajjaja!

Estoy en alerta roja, con esto quiero decir que se me viene los parciales encima, así que seguramente tarde más en actualizar...lo lamento, esta no es la primera vez que se los advierto, pero igualmente les pido disculpas.

Muchísimas gracias por sus comentarios, siempre dispuestos y esperando con MUCHA paciencia!

Ya me voy por que es muy tarde y mañana tengo facultad!

Besos, nos leemos, Scarlet!

PD: YA LLEGA!