CAPÍTULO 25: Historia de nuestra tierra II

IKARI: Futuro… contigo

21 de Enero 2014, 21.30h

Casa del Clan Ikari

La noche se presentaba fría y probablemente acabaría nevando. Hacía varias horas que el cielo se había encapotado de nubes grises, y que el sol se hubiese ocultado tras las montañas hacia la tarde-noche más sombría y helada.

Sakura caminaba delante de Sen, abrigada con una capa de lona blanca que el joven ANBU le había prestado. Él le seguía los pasos de cerca, rodeando su cuerpo con una fina capa de chakra de fuego blanco. Era una de las ventajas de ser un Dragón Imperial, podía emplear todos los elementos en su beneficio.

Al llegar a la entrada del Castillo, la joven se detuvo. Era un ritual que hacía siempre que debía cruzar el enorme jardín del edificio, pues allí fue donde los Dragones Oscuros le habían atacado y donde vio desvanecerse el alma de su difunto padre. Aquel lugar le recordaba cada instante la triste historia de sus progenitores, una vida dura llena de engaños, mentiras y crudas realidades que su madre habría sufrido en silencio por ella. Ahora quería pensar que era feliz, estuviese donde fuese, muerta o viva, fugitiva o cautiva, pero feliz.

Sen tomó la petrificada mano izquierda de Sakura, procurándole calor, y mirándola a los ojos, estiró de ella al interior del Castillo. Ella regresó de su intromisión en sus recuerdos y caminó junto a él; ya en el interior del edificio, Sakura se puso cómoda en la sala de estar donde Sen había encendido el fuego de la chimenea. Se encontraba en la cocina preparando algo para poder cenar, mientras ella calentaba sus extremidades y tomaba unos sorbos de sake caliente. Minutos después, el joven sirvió unos platos de sopa y pescado, que sin tiempo para saborearlos, terminaron por devorar.

La cena había sido deliciosa, pero el silencio aún reinaba entre los dos jóvenes, que no hacían más que cruzar miradas y sonrisas. Sakura se sentía completa, estos minutos con Sen eran para ella los mejores del día, incluso de los últimos días. Contrariamente, para Sen comenzaban a ser los minutos más largos de su vida y la situación empezaba a ser demasiado embarazosa. Estaba perdiendo la calma y los nervios se apoderaban poco a poco de él. Era feliz, pues ella estaba aquí, pero no tenía la menor idea de porque sonreía y callaba. El silencio le estaba matando. Repentinamente, la joven arrancó a hablar:

- Ha sido una cena deliciosa y muy oportuna para el temporal que se presenta. Creo que esta noche va a caer una buena tormenta, ¿no crees? – preguntaba Sakura mientras se acercaba al sofá que regentaba la chimenea para tomar asiento –. Ven, siéntate conmigo.

- …sí, normalmente… – respondía nervioso sin saber seguro de que hablaba, al mismo tiempo que se acercaba hacia ella. Recordaba la escena que había vivido horas antes, en ese mismo lugar, lo inseguro que se sentía cerca de ella – Si el día se pone así, llueve.

- Qué bien. Parece un sitio de lo más húmedo – jugaba con él, sabía que ella tenía el control de la situación – siéntate a mi lado, tendríamos que descansar un rato, en unas horas debemos regresar a la casa del Hokage y parece que nos espera una misión muy difícil.

- Kakashi parecía muy preocupado.

- Es normal. Aún no hemos salido de una guerra y parece que tenemos la amenaza inminente de otra sobre nuestras cabezas. No quiere decirlo abiertamente, pero está claro que nos debemos preparar para algo duro.

La joven aprovechó que Sen se había sentado en el sofá para acercarse a él y acurrucarse en su regazo. Posó su cabeza sobre el pecho y apretó sus manos contra el torso. Él le devolvió el gesto, rodeándola con su brazo y tapándola con una manta que había sobre el sofá. Mientras, las llamas devoraban su piel, caldeándoles y desdibujando sus siluetas en las paredes de la estancia. Poco a poco, Sakura, con sus armas de mujer, comenzó a reptar por el cuerpo del joven Sen, quien anonadado la seguía con la mirada. Abrazada a su cuello, le iba besando poco a poco el pecho, la nuca, las mejillas, hasta llegar a sus labios, que temblorosos, se dejaron besar, una y otra vez. Era la primera mujer, la primera y única mujer con la que había estado y probablemente iba a estar. Había crecido con ella en el Bosque Milenario y no tenía ojos para nadie más. Sakura, la chica de sus ojos, una mujer varios años mayor que él, pero que por fin le había reconocido como hombre. No salía de su asombro. Le gustaba, la quería, la deseaba, pero nunca había sabido como decírselo, ni tan si quiera tenía el valor de hacerlo. Siempre pensó que sería un amor imposible, pues se sentía diferente, extraño y ahora más que nunca, un animal, con unos sentimientos encontrados, amando a un humano. Pero ella le necesitaba a él, a pesar de ser un Dragón, a pesar de ser un joven, a pesar de ser un inexperto de los sentimientos, le deseaba. Seis años habían sido los causantes de forjar esta relación. Ella le entendía y él la comprendía a ella, la respetaba y le hacía sentir la mujer que siempre había querido ser.

Poco a poco la estancia se iba acalorando más, entregados a la pasión, abrazándose, besándose y acariciándose, hasta el punto de terminar compartiendo la misma cama, desnudos y amándose hasta casi el amanecer.

Sakura había descubierto las mieles de yacer en el lecho de un dragón, pues nada que ver tenía con la pasión de un humano. Más fogoso y romántico, e increíblemente, todo un experto. Ahora comprendía las advertencias de las hermanas Sahori y de la misma Tsunade, las historias y mala fama de los pasionales Ikari y las ansias y deseo de las Futaba por poseerle. No sólo el poder del Dragón era objeto de deseo y envidias.

Tumbada en su regazo, completamente desnudos, deslizando las manos sobre su cuerpo, él le besaba la frente, una y otra vez, casi dormidos.

- Sen… – susurró

- Dime –. Unas lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de la joven y a deslizarse por sus mejillas, a lo que el joven se incorporó asustado y la abrazó – ¿qué ocurre? ¿te ha molestado? ¿estás arrepentida? Perdóname…

- Shh… calla. Gracias…gracias por corresponderme. Yo también te amo – siseó, besándole los labios.

KONOHA: Pasado…

21 de Enero 2014, 21.30h

Casa del Clan Hyuuga

Shikamaru caminaba solo, abstraído en sus pensamientos. Aún daba vueltas a las palabras de Kakashi, no podía creer en la posibilidad de una nueva guerra, era inadmisible. Todavía no había comprendido el porqué de la anterior, los motivos por los cuales fueron atacados, los motivos de la rebelión de Danzou. Necesitaba entender que estaba ocurriendo en su entorno para poder afrontar los nuevos problemas. La pasada guerra fue para él el peor de los infiernos. Su mujer había sido asesinada. Tenía una vida feliz al lado de su esposa, Ino Yamanaka. Había dejado el cuerpo ninja y se dedicaba de pleno a la medicina y a su farmacia. Era, sin duda alguna, un gran médico. Su situación económica era envidiable y estaban pensando en tener un hijo pronto. Pero todo se fue al traste aquella noche. Los últimos años habían sido muy duros para tomar decisiones, pero ahora lo tenía claro. Quería volver a ejercer en el cuerpo shinobi y vengar la muerte de Ino. Ahora podía entender al Uchiha y su venganza, sentía el odio y el rencor en sus venas.

Se dirigía a la casa del viejo Yuko Hyuuga. Necesitaba hablar con él, desahogarse, intentar comprender un poco que estaba sucediendo. Estaba dispuesto a pedirle consejo, que le ayudase en su camino. Estaba tan perdido sicológicamente y sentía tanto miedo que ni si quiera podía enfrentarse a la realidad. Quería venganza, pero no sabía hasta qué punto el sentimiento podría hacerse realidad.

Pronto llegó al antiguo portón de la entrada al reciento de las tierras del Clan Hyuuga. Allí sólo quedaba la silueta de lo que debió ser una enorme muralla, encabezada por un arco de piedras labradas. Cruzó el paso y se encontró a varios miembros del clan entrenando por los campos de alrededor. Era un clan muy metódico y entregado a su oficio, nunca perdían la oportunidad de aprender algo nuevo o de mejorar sus destrezas. Caminó a lo largo del trayecto hasta encontrarse con Neji, quien yacía tendido en el suelo junto a su prima Hinata, y decidió acercarse a ellos para charlar.

- Buenas noches – dijo Shikamaru, a lo que Neji y Hinata respondieron incorporándose:

- ¿Qué tal?

- ¿Cómo es que has venido a casa? – preguntó Hinata interesada en la visita del joven.

- Bueno, quería hablar con el Sabio Yuko, esto es algo problemático… - siseó cabizbajo.

- ¿Ha ocurrido algo? Podemos ayudarte – replicó agudo el joven Hyuuga.

- No, no, que va. Se trata de algo personal. No me encuentro con ánimos últimamente y tengo muchas dudas sobre el día a día, mi existencia y demás…son tonterías mías, la verdad, no os preocupéis – Neji y Hinata se miraron. Sabían que Nara no había podido superar la pérdida de Ino y que, aunque intentaba ser un hombre fuerte, el día a día era un infierno para él. Nadie mejor que le viejo sabio podría ayudarle.

- Entonces, no pierdas más tiempo, ves y habla con él, será más apropiado.

Shikamaru se despidió de ellos y continuó su camino hasta la casa del Clan Hyuuga. Ya en el interior se dirigió a la sala donde habitualmente descansaba y recibía visitas el Sabio anciano. Sentado sobre un enorme cojín, parecía que meditabundo tarareaba algún tipo de conjuro o hechizo, pero simplemente dormitaba. Uno de los ayudantes le susurró al oído que Shikamaru había llegado y despertó. Con un gesto amable le pidió que tomase asiento e hizo a los demás presentes retirarse de la sala.

- Si que has llegado pronto – murmuró Yuko, extendiéndole una taza de té.

- ¿Cómo sabía que venía? – preguntó sorprendido el joven Nara.

- No lo sabía. Sólo creo que es pronto para que necesites mi ayuda.

- No quería molestarle…

- No eres una molestia – le interrumpió el viejo – sólo que deseaba que no me necesitases para seguir adelante.

- Verá, Sabio, estoy muy confuso con todo lo que ocurre últimamente. Hoy el Hokage nos ha planteado la posibilidad de ir a la guerra otra vez y no sé, no lo entiendo. Aún no nos hemos recuperado de la otra vez y ya volvemos a tener problemas. Necesito entender que está pasando. Aún no comprendí porque murió mi esposa, no puedo entender quien nos atacó y porqué. No puedo entender nada.

- Shikamaru, sosiégate. ¿Qué es lo que te atormenta? ¿qué es lo que necesitas saber en concreto?

El joven hizo una pausa larga, tomó aire varias veces e intento ordenar sus ideas, sus preguntas, llegar a un punto concreto, pero estaba tan preocupado, que ya no sabía qué era lo que le hacía daño.

- Necesito encontrarle sentido a todo. Necesito tener un motivo para poder seguir adelante. Ya no tengo ganas de vivir, pero no tengo valor para quitarme la vida. Además, soy consciente de que es una idea absurda, pero no encuentro los motivos por los cuales lo es. Simplemente lo creo.

- Hijo, yo no sé toda la verdad de este mundo, no sé si conozco las respuestas que tú necesitas. Pero creo que lo primero que debes hacer es cerrar un capítulo en tu vida.

- ¿Cuál?

- Ino – por unos minutos el silencio reinó en la habitación. Shikamaru no quería olvidarla, no quería dejarla en el pasado como algo que ya no formaba parte de él. Se sentía mal cada vez que pensaba en la posibilidad de olvidarse de su cara, de su cuerpo, de su voz, del tacto de su piel, su olor…pero ya era un recuerdo sumamente lejano, cada vez tan distante que apenas podía recordarlo y eso le castigaba más.

- ¡No puedo olvidarla! – afirmó impetuoso.

- No te pido que la olvides, te digo que cierres su capítulo. Ya no puedes escribir más historia a su lado, aunque lo desees con todas tus fuerzas. Ella ya tiene un final.

- No digas eso, ella jamás desearía que la dejase atrás en el tiempo.

- ¿Desearías tú, de haber sido tú el que falleciese, que ella se atormentase noche y día por ti? ¿Desearías que nunca jamás volviese a sonreír por ti? ¿Querrías eso para ella? – cabizbajo, Shikamaru negaba con la cabeza a las preguntas del viejo Hyuuga.

- No, claro que no. Pero…

- No hay peros. No te atormentes más. Sigue adelante, por lo que un día fuisteis y lleva su recuerdo contigo para protegerte del dolor, no para dañarte a ti mismo.

- ¡Ni si quiera sé porqué está muerta! – increpó – Fue esa dichosa niebla, el clan Ikari y sus peligrosas armas…

- No. No te equivoques. La Dama de los Dragones Oscuros no tuvo nada que ver en la muerte de Ino Yamanaka. Ella nos ayudó a proteger a la Villa de los traidores de Raíz y del enemigo.

- ¿A qué precio? Justos por pecadores.

- Yo no lo vería así. La gente que murió eran malas personas, buscaban hacer daño, como Temari.

- Estaba poseída.

- No. Temari asesinó a tu mujer días antes de que la Niebla irrumpiese en la villa.

- ¡¿Qué?! ¿Cómo sabe usted eso? – increpó anonadado el joven Nara.

- Recuerda que tu esposa había desaparecido hacía más de una semana, antes de que la Niebla ocupase las tierras de Konoha. Durante esa semana, habíamos esperado la llegada de los aliados de la Arena y si recuerdas bien, se retrasaron en su llegada – la cara de Shikamaru había cambiado su semblante de asombro a ira, no podía creer lo que estaba escuchando. – No hay que ser un erudito para saber que la joven Temari bebía los vientos por ti, ella estaba enamorada de ti y en más de una ocasión, en los últimos años, durante las reuniones de ambas Villas, ella había tentado a la suerte contigo.

- ¿Cómo sabe usted todo eso?

- Tengo mis informadores y mis fuentes. Sé que pasa en cada momento con las personas que me interesan y me preocupan. Nunca me gustó esa joven, ni sus intenciones, es por eso que un miembro de mi familia la seguía y observaba sus movimientos en tu entorno. ¿Nunca te diste cuenta de que ella quería algo más que una amistad?

- No lo interpreté así nunca. Pero, ¿por qué le haría algo así a Ino?

- Se odiaban mutuamente. Temari era una mala persona, aprovechó el momento para asesinarla, creía que la confusión de la guerra sería motivo suficiente para excusar su asesinato. Los conocidos crímenes de guerra.

- ¿Insinúa que Temari mató a Ino durante la guerra, camino a Konoha, para encubrir su asesinato y hacernos creer que los aliados de Danzou la habían asesinado?

- Sí.

- ¿Cómo lo sabe?

- Simplemente hago una reconstrucción de los hechos, joven. Yo no estaba en la mente de Temari, pero, insisto, que no hay que ser un gran sabio para hacerte a la idea.

Shikamaru no salía de su asombro, la historia era sobrecogedora, pero tenía sentido. Sólo le quedaba un cabo sin atar. Si Temari había querido encubrir el asesinato aprovechando los días que corrían por la villa, ¿por qué montó aquella escena en las calles del barrio Uchiha con la cabeza de su esposa? El sabio Hyuuga tenía respuestas para todo. La aliada de la arena nunca contó con el ataque precipitado de aquella Niebla justiciera. Valiente y poco temerosa, decidió salir a contraatacar a la nube, pero el destino se revolvió contra ella. Cuando los dragones oscuros detectaron el fondo sucio de su alma y su negro corazón, descubrieron en ella las malas intenciones y el asesinato de la inocente Ino, y sin más remedio, la aplacaron con su oscuridad, poseyéndola y despojándola de cualquier voluntad, encerrada para siempre en la profundidad del estómago del Dragón Imperial Oscuro, y más tarde, condenada a vagar por la niebla, paseando sus pecados por la Villa.

- ¿Así hacen justicia los Dragones Oscuros? ¿Por qué tuve que verlo yo?

- Supongo que fue mala suerte. Pero el mensaje era necesario, lo viese quien lo viese, ya tendríamos la respuesta de porqué Ino nunca regresó a casa.

- ¿Cree que esto me ayudará a cerrar un capítulo de mi vida?

- La verdad no es siempre bella. Casi siempre es cruda y dura, pero necesaria. No es bueno que confundas a tus enemigos, ni tus objetivos. Y conocer cómo y porqué murió tu esposa, creo que es un principio para llegar al fin.

- Creo que saber esto no ha cambiado mi angustia. Sigo atormentado y temeroso.

- ¿Qué temes?

- Lo desconocido. Ya he perdido todo lo que tengo, ¿qué puedo proteger ahora?

- A ti – respondió tajante el anciano, que se incorporó y se acercó a las puertas del patio.

- Y ¿es de eso de lo que tengo miedo?

- Ven conmigo. Demos un paseo por los jardines. La luz de la luna es un buen método para relajarnos. – el viejo cruzó la puerta y se alejó de la habitación.

Shikamaru le seguía los pasos de cerca, observando con detenimiento el espectáculo natural. El jardín era un gran laberinto de flores que apenas levantaban un par de palmos del suelo. Creando caminos empedrados y vallados de madera, conducían hacia un pequeño estanque donde solían nadar los patos silvestres. La luna se reflejaba sobre las aguas turbias que lo llenaban. Ambos hombres se detuvieron sobre el pequeño puente de piedra que permitía cruzar al otro lado del estanque.

- Joven, la vida de los ninjas es un camino muy duro a recorrer.

- Un ninja de verdad no siente miedo…no teme al dolor, ni a la muerte.

- No es de cobardes temer por la vida de uno mismo, si es lo que crees.

- Me aferro a la vida, aunque no tengo ganas de estar más tiempo aquí – casi susurró Shikamaru, observando las carpas que surcaban el agua bajo sus pies.

- Es lo que crees, pero estás equivocado. Mira esos peces, su vida se reduce a pasear y alimentarse. No tendrán oportunidad de vivir nada más, y así pasarán los días hasta la fecha de su muerte. Ni sienten, ni padecen. ¿Prefieres sentir miedo y enfrentarte a la vida, o quieres ser una carpa más?

Shikamaru se alejó unos pasos y caminó hasta llegar a un grupo de árboles que tupían el jardín. La oscuridad era más densa bajo ellos y la luz de la luna apenas podía atravesar sus frondosas ramas. Pensativo y preocupado, descansó su espalda contra uno de los troncos y suspiró. No sabía que quería de sí mismo, ni a donde le iban a llevar los acontecimientos que se avecinaban. Pero no tenía sentido seguir ocultándose, el viejo Hyuuga tenía razón; éste se aproximo hasta él y tomó asiento sobre una gran piedra tallada cercana al lugar.

- Hace muchos años, tú no habías nacido, la Villa de Konoha no era más que un conjunto de casas de diferentes familias y clanes. Entonces las leyes ninja que tú conoces ahora no imperaban. El mundo era muy distinto, ni si quiera teníamos Hokages – explicaba el Sabio Hyuuga, mientras le pedía a Shikamaru que tomase asiento junto a él. – Fue entonces cuando los clanes que hoy conoces se fundaron. El inicio de los primeros Ikari – continuó, explicándole como se fundó la Villa actual y llegando al momento en que se crearon los primeros Hokages. – Yui Ikari, la actual Dama de los Dragones Oscuros, no es una mala mujer, todo lo contrario. Ella dio su vida por la Villa y por fundar lo que hoy conocemos. Pero por el camino encontró muchas trabas. Sin ir más lejos, la llegada de los Bijuus a la tierra. Cuando Yui regresó al mundo, después de dejar a sus discípulos, Madara Uchiha y Hashirama Senju, los años había transcurrido veloces, ahora ya eran dos ancianos, dados por muertos, de 77 años. La villa estaba regentada por Minato Namikaze de 25 años, conocido como el cuarto Hokage. Ella se convirtió en su mano derecha y juntos lidiaron grandes batallas e hicieron un gran bien para la villa, hasta que llego el ataque del Zorro de nueves colas. Aquel día nada volvió a ser lo que era. Yui y Minato murieron, pero con una gran diferencia. Ella pasó a la historia como una traidora que no ayudó a Minato, mientras que él quedó como el héroe que nos rescató del mal.

- Pero…eso es mentira…quiero decir, lo de Yui es mentira, ¿no? ¿Por qué una traidora? – inquirió impacientado el joven Nara.

- En aquel entonces a nadie le pareció falso. Recuerda que Yui se fue de la villa con su padre, Suo Ikari, un miembro del clan que a última hora perdió los papeles y no hacía más que daño a la Villa. El recuerdo de los aldeanos de esa imagen no se borraría tan fácilmente y las historias pasaron de generación en generación, convirtiéndose en leyendas, cada vez más ensalzadas de mentiras. El regreso de Yui a la villa fue temeroso y cuando se hizo la mano derecha del Hokage, nadie confiaba en ella. En el momento en que murió, la gente comenzó a contar su versión de los hechos. Contaban falsas historias, incluso que ella provocó la llegada del Kyubi a la Villa.

- ¿Y usted que cree?

- No es que lo crea, es que lo sé con certeza. Yui no era una traidora, no lo fue nunca, ni lo será. Ella no trajo a la tierra a las nueve bestias y mucho menos atacó a la villa con una de ellas.

- ¿Pero usted como sabe eso? – preguntó curioso, quería saber más cosas, sabía que Yuko conocía muchos secretos que le ayudarían a entender mejor la guerra que se avecinaba.

- Yui es una mujer de recursos. Ha estado trabajando desde la sombra y ahora como Dama de los Dragones Oscuros devolverá a la Villa la paz que necesita. Hace muchos años que se está gestando una cruenta batalla contra estas tierras y sólo vosotros, jóvenes, podréis sacarnos de ella.

- Pero, dígame una cosa, ¿si usted lo sabía, por qué no se lo hizo saber a los demás?

- ¿Quién crees que soy yo? No soy más que un viejo cascarrabias al que llaman Sabio. Si dices las cosas que los demás quieren oír, más o menos te aceptarán. Pero si comienzas a predecir catástrofes, muertes, epidemias y demás desgracias, la gente te odiará y te apartará del mundo, quitándote el poco poder de palabra que pudieses tener. A donde quiero llegar es al hecho de que los aldeanos se conformaron una idea de Yui que nadie les iba a cambiar y si alguien hubiese dicho lo contrario y hubiese querido contar la historia al revés, jamás habría sido tomado en serio. No tenía medios, ni hechos fehacientes para demostrar que Yui no era culpable. Simplemente mi ética y moral me hacían saber que ella era buena, pero eso no sería suficiente.

- Comprendo – asentía cabizbajo Nara – entonces, dígame, ¿sabe la verdad? ¿qué es lo que pasó realmente?

- No te puedo contestar a esas preguntas, porque la verdad es que no sé la verdad – respondió el viejo Sabio con una enorme carcajada – El legado de Yui es una bendición para nosotros. Su hijo, el Dragón Imperial, es el único que puede revivir lo que pasó, verlo con sus propios ojos, leerlo en el libro de Leyendas Ocultas. Entonces entenderemos que pasó realmente y probablemente allí estén las claves para salvarnos de la guerra que se avecina.

- ¿Probablemente?

- Como te dije antes, Yui es una mujer de recursos y aún después de muerta ha seguido velando por nuestra seguridad. Formamos parte de un gran plan que nos salvará y tú puedes ayudarnos – y aún sin terminar su frase, se incorporó y regresó camino a sus aposentos.

- Espere, ¿qué gran plan y quiénes formáis parte de él?

- El gran Hashirama Senju…

- Un momento, no puede irse aún – insistía el joven Nara, siguiendo los pasos del anciano, que increíblemente, desapareció tras las puertas de la sala de estar.

Shikamaru se marchó perplejo del barrio Hyuuga, aún dándole vueltas a la información que el viejo Sabio le había explicado. Por fin consiguió dejar de lado sus penas y temores, y por unos minutos se sentía pleno, con ganas de vivir para saber más. Ilusionado, caminaba por una oscura calle en obras, cuando repentinamente fue asaltado por dos ninjas que le metieron en un saco y le llevaron con ellos tras perder el conocimiento.

Minutos más tarde recobró la conciencia, pero aún se sentía aturdido. Estaba en un espacio reducido, cerrado, sin apenas ventilaciones e iluminado con un par de velas, o quizá antorchas. Aún no lograba ver bien. Probablemente debía ser un zulo bajo tierra o algo similar, pues el olor a barro y el frío húmedo lo indicaban. Sentado en una silla de madera, tenía los brazos y la cabeza estirada sobra una mesa, y frente a él, había una persona. Quería hablar, pero notaba como si su lengua estuviese anestesiada, dormida.

- Lamento las formas, joven. No podíamos seguir hablando en el castillo. Espero que mis bisnietos no te hayan hecho mucho daño – y por fin Nara podía sentirse aliviado. Su voz familiar y sus palabras, le hicieron saber que estaba sentado ante el gran Yuko Hyuuga, pero no entendía muy bien a que venía toda esta pantomima – mientras te consigues recuperar y no, te explicaré lo que te falta de la historia, sin interrupciones. No podemos hablar en nuestras tierras puesto que a día de hoy está claro que no nos podemos fiar de nadie, hasta las personas que te parecen de mayor confianza, terminan por convertirse en unos grandes traidores. – Aún no salía de su asombro, le parecía paradójico creer que los propios Hyuuga creyesen que en sus filas podía existir un traidor, pero estaba ansioso por saber más cosas, mientras el viejo continuó. – Sobre las montañas lejanas donde vive el Montaraz de los Lobos, se encuentra nuestro preciado Hashirama Senju. Fue enviado allí por Yui, quien le proporciono la longevidad. Como te he comentado, cuando Yui regresó a nuestro mundo, años después de entrenar a Madara y a Hashirama, se encontró con una Villa muy distinta, llena de problemas y guerras inminentes. Pero el peor de los problemas era la llegada de los Bijuus a nuestro mundo. Al parecer, esas bestias son animales de la tierra de los Dragones, de las Irvas y los Sovaz. Más allá del Bosque Milenario, son seres comunes, pero a este lado de la puerta, son bestias despiadadas y descontroladas, enfurecidas por haber sido abandonadas en este mundo de pecado. Yui sabía que debía poner remedio a estos graves problemas y comenzó a idear un plan y es ahí donde aparece el viejo Hashirama. Él era el único que podía contarle toda la verdad a Yui, su fiel discípulo es el eslabón de la cadena que ata el pasado y el presente. Sin embargo, aunque pueda seguir con vida, no está a la altura de la batalla, y es en ese punto donde entráis las nuevas generaciones. Vosotros, con la verdad en la mano, podréis luchar por vuestro futuro. Las guerras que se han sucedido y las que se avecinan, no son más que los planes del enemigo, los planes que Yui está intentando desmantelar, pero sólo vosotros podréis ayudarla a conseguirlo. Ella ya nos ayudó en la pasada guerra, ahora nos toca a nosotros demostrarle que la hemos comprendido y que lucharemos con ella por la verdad; ahora vuelve a tu puesto de trabajo y olvida lo que te he dicho de Hashirama. Sólo si Sen se dirige a ti en ese sentido, puedes hablar del tema, si no, nadie debe saber que tienes esta información.

La siguiente vez que se despertó yacía estirado sobre la cama de su habitación. No recordaba cómo había llegado hasta allí, pero su reloj marcaban las 4 de la madrugada, hora de regresar al despacho del Hokage para seguir trabajando en la misión de los ANBU rescatados.

22 de Enero, 4.00h

Sala de Reuniones, Casa Hokage

Kakashi esperaba sentado ante una gran mesa ovalada rodeado de todos los informes que los ANBU infiltrados redactaron. A su mano izquierda se encontraba Tsunade, que había regresado hacía pocas horas del País del Arroz, donde finalmente, fue entretenida por el Señor Feudal para tomar una cena y unas copas hasta altas horas de la madrugada. Las negociaciones económicas y comerciales habían ido viento en popa, y tendrían un nuevo aliado para salir adelante. Al igual que el Hokage, ella también revisaba informes y remarcaba los detalles más importantes para después interrogar a los infiltrados. Unos segundos más tarde, Shizune irrumpió en la sala para avisarles que Anko Mitarashi quería hablar con ellos y de paso, traer un carro de cafés para los invitados que estarían al llegar. Mientras Shizune terminaba de preparar el agua caliente y las tazas, Tsunade activó la pantalla de la sala para aceptar la llamada de Anko. Repentinamente, bajó del techo una fina plancha traslúcida que se iluminó y dejó entrever la silueta de la mujer. Ésta, escueta en palabras, les indicó que los ANBU infiltrados ya se habían recuperado y estaban listos para ser interrogados, a lo que el Hokage respondió invitándoles a presentarse en la Sala de Reuniones.

Unos pocos minutos después la sala empezó a llenarse. Primero llegaron Anko y los dos ANBU, la Pantera y el Halcón. Después llegó Shikamaru, aún con cara de perplejidad ante lo sucedido. Casi seguidos de éste, entraron por la puerta Naruto y Sasuke, sorprendidos al ver que el equipo de élite aún no había hecho acto de presencia. Largos minutos después, cuando ya todos los presentes se habían tomado el primer café, llegaron los integrantes del equipo ANBU, que entre disculpas y reverencias, tomaron asiento. Y estos, aún más perplejos que los ya presentes, preguntaron por la ausencia del líder ANBU, sin salir de su asombro por su tardanza. No era normal en Sen llegar tarde a los sitios y aún menos si se refería a sus obligaciones. Creían que habría sido el primero en llegar y sin embargo, casi tocaban las cinco de la madrugada y aún no había regresado. El Tigre, impaciente y preocupado, se levantó con permiso del Hokage para salir en su búsqueda y comprobar que estaba bien, pero justo en ese mismo instante, Sakura y Sen entraron por la puerta.

- Hokage sama. Disculpad por el retraso – saludó Sen de pie, ante la puerta.

- …anda mira, culo y mierda han llegado… – siseó Sasuke lo más bajo posible, pero no pudo evitar que su compañero Naruto le escuchase, y que su susurro se escapase del fino oído de Sen.

- Tío, que el Dragón tiene un oído muy fino, te va a escuchar – le explicó Naruto por lo bajo.

- Me importa un carajo – replicó el Uchiha en alto, provocando que toda la sale le mirase.

- ¿Ocurre algo, Sasuke? – le preguntó Kakashi, sin esperar respuesta, mas en un intento de que éste guardase las formas – Bien, tomad asiento los dos. Ahora que estamos todos, podemos comenzar.

- Es imposible que hoy mismo podamos terminar de revisar todos los informes que la Pantera y el Halcón han ido recabando con el paso de los años. Es por eso, que de momento, lo mejor será hacerles una entrevista y que ellos nos cuenten a grandes rasgos las cosas más destacadas. Nosotros hemos ido marcando en algunos de los informes que hemos podido leer aquellos detalles que nos han parecido más importantes, para que nos expliquen con mayor profundidad si es posible, pero lo importante y el motivo por el que estáis aquí es para que les formuléis vuestras propias preguntas. Cada uno de nosotros sabe información subliminal que los demás desconocemos, sin embargo, si ponemos nuestras dudas en común y encontramos respuestas, finalmente crearemos un mosaico de ideas que nos ayudará a estar más cerca de una respuesta o de un motivo que nos ayude a comprender el porqué de la guerra. Adelante. – explicó Tsunade, al tiempo que daba paso a los ANBU a explicarse.

- Principalmente, yo creo – decía la Pantera, dirigiéndose al resto de invitados – que los detalles más importantes a tener en cuenta, son los nombres de los implicados. Realmente no sabemos a ciencia cierta los motivos que les mueve a atacarnos, pero conocer algunos de sus nombres nos dejó helados.

- Cuando abandonamos la Villa, tiempo antes de que la guerra se iniciase, estábamos en una misión de infiltración en las filas de los ANBU Raíz de Danzo. Realmente eso nunca pudimos llevarlo a cabo, y sinceramente, me alegro, o ahora probablemente estaríamos muertos – añadió el Halcón.

- Sí. Cuando Danzo proclamó la guerra civil en Konoha, nosotros aún teníamos contacto con Yamato. Él es uno de los primeros traidores que conocimos. Yamato era un ANBU Raíz infiltrado en la escolta del Hokage y nadie lo sabía. – Tsunade los miró perpleja, puesto que era la primera noticia que tenía. – Sin embargo, esa no era la peor de las cosas que Yamato hizo. Para nosotros fue el conducto para poder llegar a las filas de Danzo y a su vez, también para enterarnos de sus planes. Yamato robó archivos y pergaminos sagrados de la casa del Hokage, que más tarde fueron destruidos en la guardia de Danzo, pero eso lo explicaremos luego. Además, era un maestro del Henge y no lo pongáis en duda, sé que en esta sala hay hasta dos personas que creerían que podrían detectarle, Sasuke y Sen, pero creedme que no era así. De hecho, en algunas ocasiones se hizo pasar por otras personas ante el propio Danzo y éste no le detectó. Yamato fue el ANBU enviado a robar el libro sagrado del clan Ikari, pero por suerte fracasó en su misión.

- Sin embargo, no es la persona que más os sorprenderá. El día que íbamos a pasar las pruebas para ser aceptados en el cuerpo de élite de Raíz, nos enviaron a un examinador y para nuestra sorpresa, ante nuestros ojos se presentó, Ibiki Morino.

Tras las palabras del Halcón la sala se sumió en un corrillo de murmullos. Quizá escuchar aquel nombre era la mayor de las traiciones conocidas y a su vez, una gran explicación a porque fueron aplastados con tanta facilidad por los ANBU Raíz. Sin embargo, la persona peor parada de toda la sala era Anko Mitarashi, actual compañera sentimental de Ibiki. Repentinamente, el Hokage apareció tras la mujer, agarrándola por los hombros y le preguntó:

- ¿No querrás cometer ninguna locura, verdad?

- No. No. Lo cierto es que empezaba a sospechar algo…

- ¿De parte de quien estás?

- No puedo estar de parte de alguien que le ha hecho esto a mi hogar. Lo sufrí con mi maestro, no lo sufriré también con mi pareja.

- Sugiero que sea apartada del caso y retirada a una habitación de máxima seguridad – Observó Naruto con gran seriedad y buscando los ojos cómplices de los presentes. – ¿Qué opina el líder ANBU?

- Un momento – dijo Anko

- Creo que Naruto tiene razón. No podemos correr más riesgos y a su vez, ella tampoco puede correrlos – añadió Sen, a lo que Naruto le correspondió con una enorme sonrisa.

- Pero no es justo, puedo ayudar – insistía la mujer.

- Desde tu posición ya no puedes hacer nada, tu vida está en peligro en ambos sentidos. Si estás con nosotros tu pareja te matará, si vas contra nosotros, estarás en el mismo problema.

- ¿Me mataríais, tú, el pacífico Dragón?

- Ponerte en este plan ofensivo sólo conseguirá que creamos menos en ti. Lo mejor es que te retires – replicó Sen.

- Tienen razón. Shizune, acompáñala a un lugar seguro – añadió Tsunade y pidió a los ANBU que prosiguiesen con su explicación.

Mientras la mujer se retiraba abochornada, intentando conseguir el favor de Shizune, los presentes seguían atentos al relato de los dos hombres y tomaban unas nuevas tazas de té que Kakashi estaba sirviendo.

- Ibiki Morino era el estratega que ideaba todas las defensas de la Villa. Conocía a la perfección cada debilidad de su propio ejército y sabía cómo aplastarlo si era necesario. Hizo lo justo y necesario para pillar desprevenidos a los ninjas de Konoha e ideo la mejor estrategia para los ANBU Raíz. Sin embargo, no satisfecho con ello Danzo, decidió que no sería suficiente para aplastar a los ninjas de Konoha y se alió con la Lluvia – terminó de explicar el Halcón.

- Es aquí donde entran los Akatsuki y la misión de Yamato. Descubrimos que el líder de la villa de la Lluvia era un hombre llamado Pain, que a su vez, es el líder máximo de la organización Akatsuki. No sabemos porque, Akatsuki quería poseer el libro de Leyendas del Clan Ikari, por lo que Danzo decidió robarlo antes que ellos para así poder hacer un trueque. A cambio del libro, una alianza en la guerra contra Konoha. Sin embargo, al parecer el libro nunca llegó a manos de los Akatsuki, o algo así. Pero resultó que los Akatsuki igualmente estaban interesados en el demonio de nueve colas que estaba en la villa y decidieron atacar. Por suerte, Naruto se escapó de la cárcel y huyó tras Sasuke. Por otro lado tenemos la traición del sucesor de Danzo. El joven Sai al parecer iba a ser el sucesor de Danzo, pero realmente las ambiciones de Sai nada que ver tenían con las del viejo, por lo que decidió traicionarle en su lecho de muerte y decantar la guerra a favor de Konoha. Resultó que el joven Sai lo que quería era ganarse el favor de la Dama de los Dragones Oscuros y por eso huyó del lugar dejando a todos sus compañeros de Raíz a merced de los Dragones. El resto lo hizo la niebla de esta mujer. Durante los siguientes cuatro años, nos dedicamos a investigar en la guarida de Danzo y allí encontramos poco a poco algunas cosas, pero nada de mayor importancia que pudiese esclarecer el porqué del ataque. Lo único que conseguíamos era encontrar direcciones de guardias ocultas de Orochimaru que poco a poco hemos ido desmantelando. Toda esa información está en los archivos. Sin embargo, un día, de repente, una mujer con una capa de Akatsuki y el líder de éstos, apareció en la guarida de Danzo. Había una enorme reunión y querían destruir todo lo que había para que los de Konoha nunca lo encontraseis. La mujer los mató a todos sin piedad con una técnica asombrosa. Empleó todas las hojas de los árboles de los alrededores y fue cortándoles, hasta morir desangrados. Después envió todos los cuerpos al río y terminó por destrozar todos los papeles que había en la cueva. No sé que buscaba, pero, repentinamente un hombre de gafas que respondía al nombre de Kabuto, y parecía ser el médico ayudante de Orochimaru, fue perseguido por ella. El líder de la banda desapareció y nosotros sólo pudimos seguirla a ella. Llegaron a un acantilado donde se encontró con otros tantos hombres con las mismas capas y allí sucedió algo aún más paradójico. Un hombre de piel azulada con capa de Akatsuki y el renegado Uchiha Itachi, también con la capa de la organización, acabaron con ellos y secuestraron a otro miembro de su propio grupo. La mujer se dio a la fuga con el médico de gafas, mientras Itachi y su compañero se llevaron al secuestrado. Nosotros nos separemos, uno siguió a la mujer y el otro a Itachi, pero perdimos el rastro de ambos enseguida. En mi caso seguí a Itachi, pero cuando quise darme cuenta, había estado dando vueltas en círculos más de una hora tras un espejismo – concluyó la Pantera para dar paso a la parte del Halcón.

- Yo seguí a la mujer, llegué a la villa de la Lluvia y allí me costó pasar desapercibido, tanto que casi perdí el rastro. Los ninjas de aquel lugar probablemente sabían de la existencia de Akatsuki y la consideraban una organización lícita, hasta el punto de tener que hacerme pasar por un civil para evitar que me capturasen como enemigo. Cuando finalmente pude dar con ella otra vez, se había reunido con el líder de Akatsuki y otro hombre de pelo oscuro. No sé quién era, pero era muy extraño, no parecía humano y de hecho, adoptó la forma de un pájaro varias veces. Más tarde se unió al grupo un tercer hombre cubierto con una capa de arriba abajo y no pude verle el rostro, sólo vi que era de pelo rubio y algo largo, ya que le asomaba por la capucha. No iba vestido como un miembro de la organización, pero entró en la misma casa que ellos. Al rato, otros hombres, todos de pelo pelirojo y vestidos con capas de Akatsuki, entraron en la casa con una mujer en una camilla que no cesaba de gritar y estremecerse de dolor. Al abrir la puerta el líder de la organización la recibió muy preocupado y la llamó: Hermana Kushina.