N/T: Esta vez espero no haber tardado tanto. Bueno, este capítulo contiene lemon, y como muchos me lo han pedido, decidí publicarlo completo en este sitio; sobre todo porque me resulta problematico estar editando esa parte para poder publicarla aquí.


Ichigo lanzó una última mirada a Ishida cuando las puertas del senkaimon se cerraron. Aunque sabía que a su amigo no le gustaba particularmente quedarse solo en la Sociedad de Almas con nada más que shinigamis rodeándolo, confiaba en que Ishida obtendría la información que quería antes de irse. El atacante desconocido no iba a ser encontrado en ese momento y Byakuya todavía tenía que regresar de las habitaciones del capitán comandante. Ichigo no podía darse el lujo de esperar, así que dejó a Ishida para que reuniera cualquier información nueva que pudiera tener antes de regresar al mundo de los vivos.

Cambió su agarre sobre la mujer en sus brazos mientras caminaba a través del dangai. Ignoró la presencia de los shinigami acompañándolo de vuelta a casa y se concentró solo en Orihime.

Aunque sus sollozos se habían calmado de los llantos afligidos que la habían consumido antes, sus lágrimas seguían goteando en su pecho. La fuerza con la cual ella lo agarraba era grande, pero él podía sentir sus brazos temblando. La única palabra que ella pronunció fue su nombre antes de que él la levantará en sus brazos. Bajó su cabeza ligeramente, descansando sus labios contra el cabello sedoso que ocultaba su oreja de él.

"Estaremos en casa pronto Orihime."

Ella asintió con su cabeza en su hombro en respuesta a sus palabras susurradas. Él simplemente estaba contento de haber conseguido una reacción de ella después de todo.

El senkaimon se abrió justo delante de su casa. Ichigo esperó un momento para permitir que uno de los shinigami con él revisara el área circundante. Cuando reportó que no había nadie, Ichigo se apresuró hacia la puerta principal—agradeciendo distraídamente a los dos que lo habían escoltado antes de cerrar la puerta. Mientras que quería nada más que ir directamente hacia su apartamento vacío, él necesitaba volver a su cuerpo antes de que sus hermanas se preocuparan por su forma desplomada.

Isshin dio vuelta en la esquina del pasillo cuando Ichigo se preparaba para subir las escaleras. Previniendo sus habituales saludos cuando vio el estado de la novia de su hijo en sus brazos.

"¿Qué pasó?" el tono serio de Isshin se movió suavemente por el pasillo.

Ichigo sacudió su cabeza brevemente antes de responder. "Ella está bien." Ante la mirada de incredulidad de su padre, Ichigo explicó. "No esta físicamente herida. Estaré en su casa si necesitas algo."

Isshin asintió con su cabeza en entendimiento y retrocedió para dejar que su hijo subiera las escaleras. Sin embargo, esta vez fue Orihime la que detuvo su progreso.

"Bájame Ichigo-kun."

Aunque sus palabras fueron susurradas a través de una voz ronca, ambos hombres escucharon su petición. "Está bien Orihime. Solo voy a recuperar mi cuerpo."

"Lo sé, pero puedes bajarme ahora. Te esperaré aquí."

Él se mostró reacio a hacerlo, pero la soltó como ella pidió. La sostuvo un momento más cuando sus pies estaban firmes sobre el suelo para asegurarse de que podía estar de pie por su cuenta. Ella mantuvo sus ojos fijos en el suelo y aferró sus brazos a su cuerpo cuando él la soltó.

"Volveré de inmediato y nos iremos ¿está bien? Papá, quédate con ella hasta que vuelva."

Los ojos experimentados de Isshin viajaron por su cuerpo tan pronto como se fue su hijo. Orihime no hizo intento de hablar con él, pero se mantuvo tan pequeña como fuera posible contra la pared. Un fino temblor estremecía su cuerpo de vez en cuando y se mordía el labio repetidamente. Por mucho que quisiera, sabía que no era buena idea acercarse a ella. Lo que sea que haya pasado a la novia de su hijo, ella solo parecía estar cómoda con él en este momento. Sintió otra punzada de tristeza por esta joven mujer quien ya había pasado por tanto.

Sus ojos se lanzaron nerviosamente hacia la escalera mientras el sonido de los pasos de Ichigo resonaban en su habitación.

"¿Estás bien?" preguntó a Orihime una vez que estaba de vuelta a su lado. Ante el asentir de su cabeza, él agarró ligeramente su mano y comenzó a llevarla hacia la puerta. "No vemos oyaji." Los ojos de entendimiento de su padre se encontraron con los suyos mientras se iba.

Orihime estuvo en silencio mientras caminaban por las calles de Karakura. Afortunadamente, no se encontraron con nadie que conocían mientras viajaban. Ella no necesitaba la molestia e Ichigo no estaba muy seguro de si podría ser educado incluso con sus amigos en ese momento. Todo lo que quería hacer era alejarla de todos y descubrir qué demonios fue lo que le pasó. Estaba agradecido de que no estaba herida, pero todo lo que podía ver en su cara en ese momento era dolor. Ella había pasado por algún tipo de infierno en su mente y él no iba a dejarla sufrir sola.

No como la última vez.

Cuando llegaron a la puerta de su apartamento, él tomó la llave de su mano temblorosa y los dejo entrar a ambos. Ella permaneció en silencio mientras entraba en su cuarto de baño. Ichigo la siguió de cerca, preocupado por sus acciones, pero rápidamente se dio vuelta cuando ella comenzó a quitarse la ropa. Los sonidos del agua corriendo y el vapor pronto llenaron la habitación.

"Ichigo-kun."

"¿S-si?"

Independientemente de la situación, él se sintió sonrojar cuando la escuchó entrar en la bañera. Se esforzó para escuchar su suave voz.

"¿Te importaría hacer algo de té? De verdad me gustaría un poco cuando salga del baño."

Aunque el dolor ataba su tono, estaba contento de escuchar fuerza allí también. "Claro. Estaré en la sala si me necesitas." Dejó a propósito la puerta entreabierta para ser capaz de escucharla si ella lo llamaba.

Mucho más tarde, después de que su cabello se había secado naturalmente del baño y que el poco té que quedaba en su taza se había enfriado, ella se sentó acurrucada en los brazos de Ichigo. Su calor y poder la rodearon, bloqueando todo lo demás en el mundo, excepto ellos dos. Sus labios rozaron contra la línea de su cabello mientras él exhalaba su nombre.

Las lágrimas llenaron sus ojos una vez más cuando la historia salió de ella.


El silencio de la habitación era casi insoportable. Era casi como si ella no hubiera despertado en absoluto.

Ishida se sentó en una silla contra la pared, de vez en cuando echando sus ojos sobre el par de shinigamis que se acurrucaron juntos en el borde de la cama. Rukia no había dejado el lado de Renji por más de un par de minutos que Ishida podía recordar. El hombre tatuado debe de haberle dado algún tipo de idea de lo que él había experimentado durante el coma que la asusto en no dejarlo solo.

Eso no hizo nada para borrar los miedos por su amable amiga.

Él solo la había visto perder la compostura hasta ese punto una vez antes… cuando Ichigo había 'muerto' en las manos de Ulquiorra.

El crudo temor que se grabó en su cara puso sus nervios por el borde. Aunque su amor por Inoue era diferente que el que Ichigo sentía, él cuidaba mucho de ella. La necesidad de vengarse por el dolor que había sufrido arañó su mente hasta que sus dedos estaban temblando con el simple pensamiento.

"Ella estará bien."

La cabeza de Ishida para mirar a las palabras de confianza de la pequeña shinigami.

"Ella estará bien," Repitió ella. "Ichigo está con ella."

Le tomó un momento apartar la mirada de la mirada intensa de ella. Distraídamente empujó sus gafas hacia arriba de su nariz mientras miraba fijamente un lugar al azar en la pared. "Inoue-san es una persona resistente. Por supuesto que estará bien."

Rukia sonrió ante sus palabras. Aunque él ignoró a su amigo vizard en su respuesta, la confianza que yacía en su tono arrogante anunciaba la confianza que tenía en el hombre.

La puerta de la habitación se abrió, revelando a Unohana-taicho sonriendo. "¿Cómo te sientes Abarai-fukutaicho?"

"Estoy bien. Gracias de nuevo Unohana-taicho."

Ishida pudo ver su mano apretarse alrededor de la de Rukia cuando respondió.

"Unohana-san, ¿existe la posibilidad de que haya algún efecto persistente de este ataque al que fueron sometidos?" preguntó Ishida a la sanadora.

"Es difícil decirlo con seguridad, ya que se trata de algo completamente diferente lo que enfrentamos, pero no lo creo. Cuando el fragmento fue inyectado en sus cuerpos, se disolvió completamente dejando detrás una especie de veneno."

"Un veneno que no los mata, pero los coloca en una pesadilla persistente."

"Eso es correcto Ishida-san. Creo que su propósito era simplemente torturar la mente de las victimas hasta que se vuelven locas por todo ello. La muerte solo vendrá después de un largo periodo de tiempo de que el cuerpo se desgaste gradualmente. O, él debe haber estado tan inclinado, de las manos del shinigami. Ellos habrían sido completamente indefensos para defenderse de un ataque."

Ishida pretendió no ver el fino temblor que sacudió el marco de la cabeza roja a través de la habitación.

"Por favor vuelve para verme si tienes algún problema Abarai-fukutaicho."

"Si Unohana-taicho," él se inclinó con respeto cuando ella se dio vuelta para dejar la habitación.

"Me pregunto por qué le está tomando tanto tiempo a nii-sama."

"Estoy seguro que tenía mucho que reportar al capitán comandante. Volverá una vez que termine," dijo Renji, tratando de borrar la preocupación en su tono.

"Kuchiki-taicho dejó la oficina del comandante hace algún tiempo."

"¿Qué?" Todos se dieron vuelta para mirar con sorpresa a Unohana cuando ella se cernió justo dentro de la puerta.

"¿Qué quiere decir?" preguntó Rukia.

"Es tal como dije, él terminó su reporte hace un tiempo. Aunque lo vi hablando con uno de los ancianos de tu clan después de eso."

Rukia se levantó rápidamente de la cama, llevando a Renji con ella. Ishida se apresuro a seguir a la pareja por la puerta. "Gracias Unohana-taicho," Rukia se inclinó apresuradamente y se dio vuelta para precipitarse hacia los corredores del escuadrón cuatro. Su nii-sama les había dicho específicamente que lo esperaran en esa habitación. ¿Por qué no volvería con ellos como dijo que lo habría?

Todo este incidente había sido pesando fuertemente en su mente y ella sabía que él estaba furioso con la persona que los había atacado. Lo que la asustaba más es que él iría tras esta persona él solo.

Su respiración se aceleró mientras rodeaba las calles del Seireitei, empujándose hacia la casa. Sus compañeros seguían detrás de ella, cada uno de ellos atentos por su obstinado hermano.

Ella quería ignorar ese dolor en su pecho o descartarlo por lo que era.

Llegarían demasiado tarde para detenerlo.


Tan silenciosamente como pudo, Orihime se deslizó a través de su habitación y se arrodilló en frente de la fotografía de su hermano. Solo podía distinguir sus características en la vieja fotografía por la débil luz que se filtraba a través de las ventanas. El sol se deslizaba en el horizonte, las lámparas de la calle se encendían para ayudar a deshacerse de las sombras cubriendo la ciudad.

En algún punto mientras estaba sollozando y volviendo a contar las horribles pesadillas que había sufrido, se agotó y se quedó dormida en los brazos de Ichigo. Él debía estar casi tan cansado como ella, considerando el hecho de que él incluso ahora estaba dormido en su futon. Ella se tomó un momento en mirar su rostro adormecido y relajado—agradeciéndole en silencio una vez más por estar en su vida.

El sueño que había tenido fue horrible. Saber que los acontecimientos eran algo que en realidad podrían haber pasado en su vida, solo hacia ese hecho aún más insoportable. Pero… solo fue eso, un sueño.

La realidad era que su hermano había sido un hombre maravilloso, amable y cariñoso. Él la llevo lejos de la vida horrible que habría llevado y la crio en un hogar amoroso. Ella entendió la naturaleza básica de sus padres, pero ella no pensaría en eso. Ella fue capaz de enfrentar la verdad de sus antecedentes y salir sonriendo debido a su hermano… y debido a Ichigo.

Él la protegía y le daba fuerzas en maneras que ella ni siquiera pensaba que él pudiera entender. Salvo a su hermano de la vida de un hollow y le dio paz una vez más. Sora estaba en verdadero descanso ahora y era gracias a él.

Junto sus manos y oró por su hermano una vez más, agradeciéndole por todo lo que hizo en su vida, todo a lo que renunció, solo para cuidar de ella. Tal vez ella ahora tenía un mejor entendimiento de los sacrificios que él hizo por ella y su vida juntos. Mientras que estaba segura de que su verdadera naturaleza nunca le habría permitido ser el individuo insensible que ella había conocido en su sueño, él todavía pasó el tiempo que pudo haber estado yendo a la universidad, haciendo nuevos amigos, tal vez encontrar a alguien a quien amar, trabajando duro para ganar el dinero suficiente para apoyarlos. Su gratitud solo por eso nunca sería suficiente.

"Orihime."

Ella volvió su sonrisa a la voz soñolienta de su amado. Ichigo frotó sus ojos cansados y la busco en la oscuridad de la habitación.

"Estoy aquí Ichigo-kun."

Cuando él se ajustó a la penumbra, buscó su cara con cuidado. Encontrando una verdadera sonrisa en su rostro y no rastros de lágrimas, dio una sonrisa de alivio y se movió para arrodillarse junto a ella. "¿Estás bien?"

"Mmm. Estoy bien ahora. Siento mucho haber llorado así antes. Es solo que fue tan real que dolió más de lo que pude haber imaginado."

Su brazo subió para envolverse en sus hombros. "Por tu historia solo puedo imaginar cómo debe haber sido para ti. ¿Estás segura de que estás bien ahora?"

"De verdad lo estoy. Sé que solo fue un sueño que una horrible persona me hizo experimentar. Onii-chan me llevo lejos de nuestros padres y me dio todo lo que ellos nunca podrían tener. No permaneceré triste por un sueño. Solo necesito deshacerme de la tristeza y el miedo del momento." Ella volvió sus profundos ojos sobre él una vez más. "Muchas gracias por estar aquí conmigo Ichigo-kun."

Ichigo presionó un beso en su frente y la envolvió en sus poderosos brazos. Su dulce aroma a miel lleno su cabeza y las emociones violentas con las que había estado luchando desde que la vio en los brazos del shinigami desconocido desaparecieron. Los dedos delicados se extendieron por su espalda y los labios satinados presionaron contra su cuello.

"Te amo Ichigo-kun," ella susurró contra su piel, enviando agradables escalofríos por su espalda.

"Ori…"

"No importa qué pase, siempre te amaré."

Sus brazos se apretaron alrededor de su pequeña forma. Él enterró su nariz en su cuello, inhalando profundamente su aroma y tratando de calmarse. Su suave confesión lo golpeó con la fuerza de mil soles y se sintió deseoso de llorar ante la alegría que ella le trajo. Ella había sido herida delante de él—en más de una ocasión—y él había sido incapaz de evitarlo. Había sido incapaz de tratar con sus propias emociones sobre sus sentimientos y le causó tal angustia hace a penas un año… pero estaba aquí sentada, todavía aferrándose a su marco y ofreciendo su corazón solo para él.

No importaba si él la merecía o no, nunca la dejaría ir.

"Orihime."

Su necesidad—física y emocional—fue fácil de detectar en su voz apagada. Orihime retrocedió y quedó atrapada en el peso de su mirada. Él no necesitaba hablar; su corazón estaba al desnudo para ella en sus ojos color leonado.

Sus bocas se buscaron en la oscuridad. El calor familiar que los rodeo aumentó sus sentidos como nada más. Orihime se levantó sobre sus rodillas, enrollando sus brazos fuertemente alrededor de los hombros amplios de Ichigo—luchando por acercarse aún más a su calor. Sus pechos sin restricciones se frotaron contra el pecho de él—sus pezones se endurecieron bajo la delgada camisa que llevaba. Ella sintió la mano en su cabello apretando su agarre mientras él comenzaba a acariciar su espalda. No paso mucho tiempo antes de que sus dedos pasaran la barrera de algodón de su camisa.

Ella gimió contra sus labios mientras su placer solo se incrementaba cada vez que sus dedos se movían contra ella. Orihime no estaba segura si ella hizo el primer movimiento para reclinarse contra el futon o si lo hizo Ichigo; todo lo que ella sabía era que el peso dominante de su cuerpo ponía sus nervios en llamas. Ella jadeó contra sus labios, hambrienta por aire, pero más desesperada por el sabor de él. Sus labios se deslizaron por la columna de su garganta, su lengua se aventuró a salir para probar su carne caliente. Un estremecimiento de satisfacción la recorrió cuando él gimió en voz alta y presionó su cuerpo más estrechamente sobre ella por sus acciones.

Cuando sus labios se encontraron con el cuello de su camisa ella sintió la primer picazón de molestia. Ella no estaba interesada en encontrar sus ropas en su camino, necesitaba sentir más de su piel contra la de ella. Con dedos impacientes, tiró del material ofensivo. Él rápidamente percibió su deseo y retrocedió lo suficiente para sacar la camisa por su cabeza. Cuando él regreso a ella, se encontró con un suspiro de satisfacción cuando sus manos rodearon su torso ahora desnudo.

Mientras que sus propias manos todavía no estaban—sintiendo la suave piel de su estómago, recorrían la extensión tonificada de sus piernas—sus suaves besos a su cuerpo estaban volviéndolo loco de deseo. Sus labios viajaron a través de la anchura de sus hombros, sus uñas raspaban la dura piel de su vientre, sus pies estaban frotándose contra sus piernas.

Necesitaba estar más cerca de ella.

Sus dedos agarraron el dobladillo de su camisa y comenzó a levantarla lentamente. Si ella no quería que fuera tan lejos entonces—independientemente del estado de su cuerpo—él se detendría. Sus ojos se ampliaron por un momento antes de que volviesen a caer y nublarse una vez más de deseo cuando ella agarró su camisa y lo ayudó a sacarla de su cuerpo. La vacilación solo se mostró en sus ojos por un momento cuando él la miró. Las manos callosas de Ichigo frotaron con suavidad la piel satinada de su pecho, sopesando la tentadora carne en su palma antes de apretar el tentador montículo.

La boca de Orihime se abrió en un jadeo que lo precipito a la acción una vez más. Su cuerpo actuó casi por su propia voluntad, inclinándose para poder cerrar sus labios alrededor del pezón rosado que lo miraba fijamente. Sus dientes se burlaban de la protuberancia endurecida y en reacción sus uñas se clavaron en su espalda.

Kami-sama, ¿por qué ella sabía tan dulce?

Sus ojos se cerraron en abandono mientras mordisqueaba, chupaba, y lamía a través de los amplios montículos delante de él. Orihime solo pudo jadear su nombre y gemir en reconocimiento a las nuevas sensaciones pasando a través de su sistema. Era demasiado y, sin embargo, ansiaba más de la sensación pecaminosa.

El instinto se apodero de su cuerpo y la levantó en sus brazos, llevándolos a ambos en una posición erguida, por lo que ella estaba sentada en su regazo. Una mano bajo a sus caderas y empujó sus núcleos juntos mientras él continuaba dándose un banquete con su abundancia. Un bajo retumbar se desgarró de su garganta cuando su calor lo rodeó. Su cabeza cayó hacia atrás en abandono y sus dientes recorrieron la carne ofrecida. Su lloriqueo de placer fue una recompensa a sus oídos desesperados. Él la abrazó con fuerza, besándola más duro, empujando sus caderas contra su núcleo solo para escuchar una vez más los sonidos de satisfacción.

Sus dedos agarraron su cabello cuando el calor comenzó a reunirse entre sus muslos y un dolor que latía a través de ella. Cada nervio en su cuerpo estaba en llamas solo por él. Él finalmente dejó su pecho ahora demasiado sensible y regresó a sus labios—dándose un banquete con su boca mientras un gruñido de necesidad se le escapó. Ichigo la puso de vuelta sobre el futon y agarró el dobladillo de sus pantalones. En un movimiento, removió la última barrera que separaba su cuerpo de el de él. Ella no luchó contra el movimiento o se cubrió de su vista. Aunque esta era su primera vez desnuda delante de un hombre, sintió que algo en su pecho se apretó ante la lujuria incauta brillando en sus ojos chocolate fundido.

Sus manos ásperas se deslizaron a lo largo de su cuerpo, dejando un rastro de fuego en su estela. Nada de sí misma se salvó de su examinación. Sus labios mapearon su estómago mientras sus manos recorrían sus caderas. Los besos que él presionaba en sus muslos tenían saliendo de su boca los sonidos más vergonzosos, sin embargo, ella no podía detenerlos. Incluso sus pantorrillas y pies no quedaron fuera de su búsqueda. Ella sintió el calor de su cuerpo cubriéndola una vez más y se enganchó en su fuerte cuerpo. Él la prodigo con suaves pero demandantes besos, susurrando alabanzas contra sus labios. Aunque la posición intima en la que se encontraban no debería garantizar que se ruborizara por esos cumplidos, eso es exactamente lo que hizo. Ella fue incapaz de responderle cuando él escogió ese momento para deslizar sus dedos en su húmedo calor.

El placer fue diferente de cualquier cosa que sabía que existía. Sus gritos resonaron en las paredes del apartamento mientras él la exploraba. Él no tuvo que preguntar dónde tocar cuando su cuerpo claramente lo conducía en sus movimientos. Su espalda se arqueo cuando él se sumergió en su caverna caliente; sus uñas marcaron su carne cuando él encontró la protuberancia escondida entre sus pliegues. Cada toque de sus manos endurecidas por la batalla la acercaban más al borde de un descubrimiento desconocido. Su rostro se retorcía de placer mientras gritaba suplicas rotas de su nombre.

Él se tomó solo un momento para deshacerse de los restrictivos pantalones que llevaba, quitándose los boxers al mismo tiempo. Libre de su confinamiento, su miembro palpitante ahora presionó en su carne caliente mientras la besaba con la pasión llenando su cuerpo. Los muslos de Orihime se separaron por instinto, permitiendole acercarse más a su núcleo dolorido. Ninguna ropa se interponía ahora en su camino mientras se retorcían en el placer, frotándose contra el otro solo para sentir la alegría de la piel sobre la piel en cada parte de sus cuerpos.

Sus pechos se aplastaron contra su pecho, los pezones raspando contra los planos duros de su cuerpo. El hambre por esa liberación estaba lentamente apoderándose de todo su ser. Ella llevo sus piernas hacia arriba, encerrándolo dentro del agarre de sus muslos mientras ella le rogaba por esa sensación desconocida.

"Ichi... go... por favor," ella jadeó, su cabeza recostándose en medio de la pasión. "Por favor... Necesito... kami-sama... por favor..."

Su mente se quedó en blanco ante la absoluta belleza de su mirada nublada de deseo. Sus dedos se zambulleron en ella una vez más, su boca atrapando sus fuertes gritos. El olor de su excitación lleno su cabeza. Sus caderas se balancearon contra el cuerpo de ella, imitando el movimiento de su dedo haciéndolo entrar en su calor resbaladizo. Solo el conocimiento de que pronto estaría incrustado tan profundo dentro de ella lo hizo marearse con anticipación.

En un asombroso momento de claridad, se apartó de ella. "Sólo un segundo. Lo siento, tengo que..." él permitió que la explicación cayera cuando se sentó sobre sus rodillas. La decepción fue clara en su rostro pero él buscó rápidamente sus pantalones descartados. Mientras sus manos temblorosas localizaban su billetera, oraba en silencio mientras desplegaba la cubierta de cuero.

Por favor, oyaji, por una vez NO seas impredecible.

Cuando sus dedos encontraron el condón una vez aborrecible metido en su billetera, en silencio agradeció a su viejo. Sus ojos encontraron los de ella una vez más mientras abría el paquete con prisa. Una sonrisa comprensiva iluminó su rostro y ella asintió mientras él lo colocaba en sí mismo. Aunque habían llegado tan lejos, él quería asegurarse que esto era lo que ella quería.

La pregunta que iba a hacer quedó atrapada en su pecho mientras ella se acercaba a él con impaciencia, llevándolo de vuelta a sus brazos una vez más mientras sus piernas se deslizaban con suavidad alrededor de sus caderas. Orihime lo besó con toda la pasión y el deseo fluyendo a través de ella. Él estaba perdido en el mismo abandono que ella. Él entrelazó sus manos, apoyándose encima de su cuerpo sobre sus codos, y se hecho hacia atrás para echar un vistazo a sus ojos grises mientras se sumergía en su cuerpo por primera vez.

La sensación era algo a lo que ella creía estar preparada, pero se había equivocado enormemente. El dolor y el placer se fundieron en otra sensación que ella no tenía palabras para describir. La nueva plenitud encontrada le quito el aliento y su cabeza se arqueó hacia atrás mientras trataba de lidiar con esta nueva sensación. Sus muslos apretaron fuertemente sus caderas entre las de ella y ella agarró los dedos entrelazados con los suyos mientras respiraba profundamente su aroma picante.

Ichigo vio la mueca de dolor que cruzó su rostro e hizo su mejor esfuerzo para permanecer quieto dentro de ella. Eso en sí mismo era una gran hazaña ya que en el momento en que se sumergió en su húmedo calor, la abrumadora necesidad de comenzar a moverse inmediatamente fue casi insoportable. Sintió como si estuviera rodeado por ella. Era diferente de cualquier cosa que haya conocido. Podía sentirla relajándose gradualmente alrededor de él mientras se ajustaba a la intrusión. El sudor rodaba por su cuello pero se quedó quieto. Por mucho que le doliera no moverse, quería que ella sintiera el mismo placer en el que él estaba.

No paso demasiado tiempo antes de que ella rodara sus caderas ligeramente contra las de él. Cuando el movimiento no fue demasiado para ella, sus ojos se encontraron con los de él una vez más—dándole en silencio permiso para continuar. Él nunca desvió la mirada cuando llevo sus caderas hacia atrás y se sumergió hacia adelante con tanta lentitud. El gesto fue tan intenso que Orihime se encontró hechizada por su mirada. Cuando él se movió hacia adelante una vez más, golpeó un sitio profundo dentro de ella que separó su espalda del piso. Pulsos de placer desenfrenado se dispararon por su espina dorsal y sus gritos de lujuria resonaron en las paredes.

Estaban perdidos en la sensación del otro.

No había palabras, simplemente llamadas rotas del nombre del otro y sus pesadas respiraciones flotando en la habitación oscura. Labios se encontraron, las lenguas se deslizaban a lo largo de la piel mientras sus cuerpos se fundían en uno. Ichigo se empujo hacia arriba sobre sus manos y observó su cuerpo seductor mientras se mecía sobre ella una y otra vez. Su largo cabello rojizo se extendía alrededor de ella como un manto de fuego que brillaba a la luz de la luna. Sus caderas luchaban por levantarse y encontrarse con las de él, tratando de llevarlo más profundo en ella.

Orihime podía ver los músculos duros de su cuello y hombros flexionados mientras se movía encima de ella. Su poderoso estómago se contrajo mientras empujaba más y más rápido todavía, llevándola a ese punto desconocido que se cernía fuera de su alcance. El sudor de sus pieles se mezclaba mientras se deslizaban contra el otro en su abrazo apasionado. Las uñas rastrillaban por su espalda, los dientes pegados en su hombro y ella se aferró al sentir los temblores comenzando a sacudir a su cuerpo.

Sin advertencia, la presa del placer estalló dentro de ella. El rayo se disparó a través de ella y solo pudo gritar su nombre mientras su cuerpo extraía las olas de éxtasis que la atravesaron.

Ichigo estaba perdido en sus sentidos cuando ella se apretó alrededor de él. Una y otra vez se hundió en su núcleo apretado a un ritmo frenético. Fue incapaz de contenerse cuando sintió su propio clímax aproximándose. La besó profundamente mientras se enterraba hasta la empuñadura y se clavaba en ella. Ella se apretó alrededor de él una vez más. Ichigo se vino duro, gruñendo su placer contra su piel sudada mientras continuaba meciéndose sobre ella—atrayendo su placer por tanto tiempo como pudo.

Se sostuvieron el uno al otro por una largo tiempo, ninguno de ellos incapaz de moverse mientras los últimos vestigios de placer dejaba sus cuerpos. Ichigo fue el primero en alejarse, moviéndose solo lo suficiente para descartar el condón y recostarse, atrayendola a su pecho. Quito el cabello húmedo de su cara. Cuando él vio las lágrimas llenando sus ojos, su mente completamente relajada se lleno con preocupación.

"Orihime, ¿qué pasa?"

Ella negó con su cabeza contra su pecho, resoplando ligeramente mientras ella lo abrazaba con fuerza. "Nada," ella admitió en una voz pequeña. "Fue tan maravilloso. Sólo estoy un poco abrumada por todo, supongo. Nunca imagine..."

Él acarició distraidamente su cabello, su mente tranquila una vez más. "Yo tampoco." Él exhaló lentamente, una sensación de plenitud y no sólo de un poco de satisfacción masculina llenando su cuerpo. "Te amo Orihime. Puede que no lo diga tanto como debería, pero por favor, no olvides que te amo tanto."

Ella levantó su cabeza de su pecho y lo miró con ojos que él sintió estaban penetrando su alma. "Siempre te amaré Kurosaki Ichigo. Sin importar lo que hagas, siempre estaré a tu lado."

Él capturó su rostro entre sus fuertes manos y la beso lentamente, a fondo. Fue un beso que habló de toda una vida de promesas.


Los sonidos del pequeño pueblo habían desaparecido hace mucho mientras caminaba hacia el denso bosque que rodeaba el Distrito 74 en Hokutan. Mientras que él salía al Rukongai ocasionalmente, solo cuando sus ordenes requerían que lo hiciera, había pasado algún tiempo desde que se había aventurado tan lejos en el área que rodeaba el Seireitei. No desde que había buscado a Rukia a instancias de Hisana. No puso atención a la suciedad que manchaba la parte inferior de su shihakusho entallado, pero siguió adelante en el área indicada en el papel en su bolsillo.

Mientras que originalmente había dudado de la exactitud de la memoria del anciano de su clan, la prueba de sus palabras era clara a través de la documentación detallada guardada sobre el incidente. Casi dos siglos habían pasado desde que se había llevado a cabo el juicio sobre Taniguchi Ryouta, sin embargo Byakuya podía recordar todo sobre la audiencia—y los eventos que llevaron a ella—con toda claridad.

Una vez que se llevo a cabo la sentencia, considero el incidente terminado. El antiguo capitán del 6° escuadrón fue quien se reunió con la familia con la que Taniguchi había permanecido para informarles de la decisión que había sido hecha y las acciones que tomaron lugar.

Cuando el techo de la casa desmoronada entró a la vista, Byakuya rozó su mano contra Senbonzakura. Sabía que, incluso si encontraba a su atacante en esta vivienda, hablar no resolvería este asunto. Había demasiada sangre de su clan manchando las manos de este hombre como para que Byakuya le permitiera vivir.

De sus acciones las ultimas semanas, la última cosa que Byakuya esperaba ver era al hombre que ahora sabía era Taniguchi Tokujiro salir de la casa mientras se acercaba a ella. Taniguchi sostenía su espada desenvainada a su lado. Su postura no era de un atacante, pero su agarre en el mango era firme.

"Entenderé que ya que has venido aquí ahora sabes por qué he estado apuntando a ti."

Byakuya se quedó mirando inquebrantable en los fríos ojos del hombre. "No."

Una horrorizada confusión retorció las características de Taniguchi. "Qué quieres decir? ¿Si estás aquí entonces sabes quién soy ¿verdad?"

"Si. Soy consciente de quién eres y tu relación con Taniguchi Ryouta. Eso no explica por qué has estado actuando con cobardía y atacando mi clan desde las sombras."

"¡Mataste a mi hermano, maldita sea!"

Byakuya se mantuvo estoico frente a las furiosas acusaciones. "Si crees eso, entonces estas mal informado. Él fue sentenciado a muerte por la Central 46."

La luz brilló desde su malvada espada cuando comenzó a temblar de rabia. "¡Sólo lo mataron por tus mentiras!"

El capitán detuvo su progreso en el borde del claro. "No mentí. Fui testigo y detuve su ataque."

"¡Mi hermano nunca habría hecho esas cosa viles!"

"No fue solo mi testimonio el que lo condeno. La mujer cuya vida fue salvada debido a mi llegada contó su historia a los miembros de la Central 46. Ella fue violada por Taniguchi Ryouta y estuvo a punto de ser asesinada por sus manos. Ella no fue la única victima. La evidencia que se encontró llevo al descubrimiento de otras cuatro mujeres que murieron en su manos."

"¡Mentiroso!"

Una delgada ceja de ébano se arqueó. "No me importa si me crees o no. Esos son simplemente los hechos de ese momento."

"Bastardo," riñó al capitán. "¡Mi hermano fue la primera persona de este distrito en convertirse en un shinigami en más de cien años! Todos lo admiraban. ¡Debido a todas esas mentiras que esparciste no solo lo perdí sino que también perdí a mi padre! Él creyó las tonterías con las que tu gente lo alimento. Él dijo... dijo que nuestra familia había sido avergonzada por las acciones de mi hermano. ¡Las personas lo miraban con disgusto! ¡Él se suicido debido a las mentiras que dijiste!"

Byakuya simplemente miró al hombre temblando de rabia ante él. La mirada llena de odio que le dirigió Taniguchi fue una que él acepto. Sus movimientos eran lentos y calculados mientras sacaba a Senbonzakura de su vaina. "Si tuvieras algo de orgullo como hombre, me habrías enfrentado solo con tu ira. Involucrar inocentes en tu venganza sólo habla de tu cobardía."

Taniguchi respiró hondo y se incorporó a toda su altura. "He estado entrenando por dos siglos para matarte. Tendré mi venganza ahora."

"No." Byakuya avanzó un solo paso, sus ojos nunca vacilaron cuando el viento sopló sus hebras de ébano en frente de él. "Hoy será tu muerte."