Hola!
Espero que estén bien y que el domingo esté resultando bueno…
Antes de empezar:
Advertencia del capítulo: Hay algo de violencia y maltrato.
A leer:
HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
LIBRO TRES: "CAMINOS"
CAPÍTULO 26: "Y A PESAR DE TODO… TU RECUERDO"
Hay días que no podría nunca explicar
Momentos para olvidar, oh oh!
Hay días que la ilusión me vuelve a matar
Y salgo por las noches para caminar
Y al cabo de unas horas me doy cuenta que es en vano...
Y que no volverás
Que no volverás
Mar De Gente
Coti
h t t p : / / w w w . y o u t u b e . c o m / w a t c h ? v =s n - v e h K n t q Q
Noviembre del 2000. Academia de Aurores del Ministerio Ingles, Londres.
Harry detestaba hacer guardias, eran parte de su entrenamiento, lo sabía y no había lugar a réplicas o protestas (no si quería ser auror, claro), además que era una parte importante de su calificación: la disciplina, pero simplemente las odiaba.
Estaba de pie, fuera de uno de los edificios ficticios del campo de entrenamiento, solo a los aurores que estaban en tercer año los hacían hacer guardias en lugares reales, a los demás los tenían en aquellos edificios creados para entrenar, casi nunca pasaba nada, aunque algunas veces los profesores decidían ponerlos a prueba y creaban desde un gran atentado hasta alguien queriendo colarse en el interior. Harry deseó que algo pasara pronto, que de alguna manera fuera interrumpido y obligado ha moverse, pensar y actuar; que algo ocurriera y lo apartara de ese letargo. Que algo lo hiciera pensar en algo diferente. Porque por eso odiaba las guardias, porque el estar de pie, con cuatro horas libres no hacía más que dejar que su mente regresara a pensar en Draco. Y él no quería pensar en Draco, quería pensar en cualquier otra cosa, como en la pelea con Ron y Hermione por ejemplo: desde esa vez en la madriguera ambos le habían escrito y pedido que se juntaran, habían pedido disculpas incluso, pero Harry no había dado su brazo a torcer, se habían pasado al reclamarle sobre Draco y lo que él quería o no que hiciera, incluso le había advertido a Kreacher no dejarlos entrar y había cerrado el acceso por chimenea y por aparición. Además no pasaba en casa el tiempo suficiente para que ellos lo encontraran, menos ahora que había descubierto aquellos magos gays. Esa era una suerte, era mucho más simple andar con ellos, no tenía que cuidarse de que la magia o algún término inapropiado escaparan de sus labios. Era un ambiente mucho más entretenido incluso que algunas discotecas muggles.
Pero su mente, pese a querer recordar lo intenso del último fin de semana junto a ellos, volvía a Draco y a pensar en que con él las cosas eran mucho más intensas, que tras varios meses de estar juntos casi todos los días ni una sola vez se había sentido hostigado o harto, como solía sucederle con algunos amantes con los que estaba por segunda o tercera vez. Porque Draco era diferente, él siempre había sido diferente. Harry sabía, pese a que no estaban juntos y a que tal vez nunca más lo estarían, que Draco era ese chico especial del que una vez Fabio le había hablado, aquel con quien querría compartir su vida, el único que se quedaría en su corazón, Draco era el amor de su vida. Y admitírselo dolía, dolía y mucho, porque Draco no estaba cerca para decírselo, para simplemente mirarlo o sentarse a su lado y tomar su mano… Draco no estaba y punto. Resolvió finalmente.
Por eso le gustó la Academia de aurores desde que llegó, porque los tenían siempre en constante alerta, incluso cuando iban por los pasillos, los tenían entrenando en el campo o las aulas, estudiando complicadas estrategias y para cuando la noche llegaba estaba tan agotado que apenas y le daba tiempo para algo más que llegar a su habitación y tenderse en la cama. Harry amaba eso, simplemente porque todo eso hacía imposible que pudiera pensar en Draco más de un par de minutos al día, tal vez en las comidas (que ya de por si eran bastante rápidas) preguntándose si es que se estaría alimentando bien, porque Draco siempre tendía a dejar de comer sin mayores problemas, y si aún comía solo o si había encontrado ya compañía y amigos. No le gustaba la idea de que Draco estuviera solo y sin nadie con quien hablar, le recordaba al Draco que había llegado a Hogwarts luego de la guerra, a un Draco que no era el Draco que él amaba. Y, aunque claro, por más que deseaba de corazón que las cosas fueran buenas y que Draco tuviera amigos, e incluso alguien que le hiciera compañía por las noches, no podía apartar los celos que acompañaban a esos otros sentimientos…
Un ruido a su derecha lo hizo girar.
—¡Genial! —masculló.
Había dos personas tratando de entrar por uno de los lados, al menos esa noche tendría algo de acción y no se ahogaría con sus propios pensamientos.
*
Noviembre del 2000 Universidad mágica de Gunhilda de Gorsemoor, Londres.
Draco ya tenía una rutina establecida, la tenía desde el inicio de la universidad y solo había sido alterada por su amistad con Jocelyn y luego con la llegada casi impuesta de Gael a su pequeño grupo. Por eso cuando ese lunes Jocelyn les informó a Draco y a Gael (que seguía apareciendo siempre y al cual Draco ya estaba habituado) que se iría de la universidad la noticia le supo mal, porque eso significaba que las cosas cambiarían en algo en su ritmo de vida ya establecido.
Era la hora del almuerzo y los tres estaban en el comedor de la facultad de Pociones, Jocelyn simplemente soltó la noticia sin más, Draco ni siquiera sabía que existiera esa posibilidad.
—El maestro Dahl es uno de los más famosos que hay y solo acepta unos cuantos estudiantes, es una oportunidad que no podré rechazar… ¡Estoy tan emocionada!.
—Bien por ti, supongo —felicitó Gael sonriendo honestamente —, aunque no sé quien es ese tal Dahl.
—Es un investigador botánico muy famoso y anciano, algunos dicen que anda medio loco, y solo acepta unos cuantos estudiantes durante el año para que trabajen en sus invernaderos, pero esta es una oportunidad mucho más valiosa que el ser su aprendiz; durante los dos siguientes años va ha realizar un viaje a lo largo de toda África, en busca de plantas y de investigarlas, serán dos años de arduo trabajo… eso es lo que dice la carta de aceptación —explicó Jocelyn mirando a Draco de manera interrogante, el rubio no había dicho nada desde que ella había soltado la noticia —, de la universidad solo iremos tres y algunos más de otros lados, al final seremos como quince estudiantes de todo Europa… es muy bueno.
—¿Dos años? —susurró Draco por fin —¿En África no se comen a la gente?
Gael soltó una carcajada y Jocelyn lo miró enfadada.
—Sabes perfectamente que no y que muchas de las plantas que usas como ingredientes vienen de allí.
—Ay, Draco —suspiró Gael pasando, con toda la confianza que Draco no pensaba haberle dado, un brazo alrededor de sus hombros —, tan solo dile que la extrañarás, no te inventes tonterías como esas.
—Yo no me invento nada —se quejó apartándose de Gael de mala manera y luego mirando a Jocelyn con enfado —, y sé perfectamente de donde vienen mis ingredientes, gracias.
—De acuerdo, Draco —replicó Jocelyn con los labios apretados. Gael reconoció que era la primera vez, durante todo ese tiempo, que veía a la chica enfadada.
—¿Y quien más va entonces? —preguntó Draco fingiendo poco interés mientras bebía de su refresco, se le había quitado el hambre por completo.
—Longbottom y Talevh.
—Así que el tonto de Longbottom —suspiró Draco, al otro no lo conocía.
—Ni tan tonto, tiene muy buenas calificaciones, está siguiendo Herbología
—Siempre hacía explotar los calderos, ya casi era una competencia para ver si era él o Po… —se detuvo y frunció el ceño, no quería pensar en Harry en ese preciso momento —. Bien… ¿Cuándo te marcharás?
—¿Hacía volar los calderos?
—Sí.
—Vaya, nadie lo diría con lo meticuloso que es al trabajar con las plantas.
—No se puede comparar eso con el trabajar con pociones —defendió Draco, Jocelyn iba a replicar pero Gael habló antes que ella.
—En mi escuela era muy gracioso si alguien hacía volar los calderos, más de una vez tuvimos que evacuar el aula para evitar morir envenenados y festejábamos porque la clase se terminaba antes de tiempo… Creo que alguna vez lo hicimos apropósito —comentó Gael.
—Nosotros también tuvimos que evacuar el aula un par de veces —contestó Draco.
—Yo estudié en casa, y nunca volé nada —explicó Jocelyn.
—Era divertido —suspiró Gael, y Draco, ahora que lo recordaba, estuvo de acuerdo con que sí, de alguna manera sí era divertido.
—Me marcharé después de fin de mes —dijo ella luego de un rato más de silencio.
—Oh…
—Y los voy a extrañar, aunque prometo escribir —agregó sonriendo tristemente.
—Aún quedan un par de semanas… —comentó Draco tratando de hacerle entender que no era le momento para ponerse sentimental.
—Y tendremos que hacerte una despedida —dijo Gael, Draco lo miró de mala manera, Jocelyn era SU amiga no de Gael, Gael solo era un entrometido, si había alguien de quien se tenía que despedir era de él no de Gael.
—Por supuesto… —el timbre que anunciaba el inicio de las clases de la tarde resonó mucho más fuerte de lo normal, o eso le pareció a los tres, rompiendo el momento.
—Nos vemos en la cena —dijo Draco poniéndose en pie, cuando Gael se paró y se puso a su lado recordó que tenía clases junto a él y se sintió mucho más irritado.
—De acuerdo —aceptó Jocelyn recogiendo sus cosas también, los tres caminaron hasta la salida del comedor donde se separaron para continuar con las clases de la tarde.
*
5 de diciembre del 2000. Escuela de Aurores del Ministerio Ingles, Londres.
Harry cayó con un golpe seco contra el pasto y emitió un pequeño quejido, eso sí que había dolido, se había olvidado de que los de segundo año ya no tenían derecho a las mayas de protección. Permaneció inmóvil un momento más, con los ojos cerrados y sintiendo un dolor en el costado cada vez que respiraba, inmediatamente supo que debía tener una costilla rota. Recién le enseñarían a "auto curarse" en el semestre siguiente así que no le quedó de otra que esperar hasta que escuchó a sus demás compañeros aterrizando y acercándose.
—¡Te dije que te agacharas! —reclamó bastante agitada Marielle Kerr, una chica pálida y menuda, no hablaba mucho con ella en clases aunque recordaba que habían bailado un par de veces, era una muy buena alumna.
—¿En serio?—jadeó Harry, le costaba hablar y respirar por las punzadas de dolor —, pensé que dijiste hacia arriba.
—Idiota —reclamó Elías Vance llegando hasta él también.
—No es gracioso, pudiste matarte —replicó la chica mirándolo con más interés, como buscando heridas.
—Mis amigos —masculló Harry cerrando los ojos por una punzada particularmente fuerte —, ¿qué haría sin ustedes?
—¿Aburrirte mientras esperas que vengan con ayuda? —picó Joel, Harry quiso sonreír pero el dolor se estaba incrementando.
—¡Muy bien, Potter! —gritó aún sobre su escoba y desde lo alto el profesor Vibbard —, has hecho que tu clase sea acreedora a unas horas más de práctica, es obvio que aún no tienen la coordinación necesaria —Harry quiso protestar pero el dolor iba en aumento, se preguntó si bastaría con quedar inconciente para que lo llevaran al fin a la enfermería.
—¡Genial! —masculló Dashiell.
—¡Sí, viva el héroe! —secundó Sebastian Leighton. Harry quiso no sentirse tan mal como para poder protestar, o al menos cerrarles la boca como ya había hecho en otras ocasiones.
—Pobre, se nota que se ha lastimado bastante… —escuchó que decía Violet y se sintió aliviado de escuchar su voz tan lejos.
—Y ahora —continuó el profesor obviando el comentario de los chicos —se supone que son aurores, ¿qué diablos hacen viendo a un compañero caído? ¿No deberían llevarlo a la enfermería? —cuestionó el profesor, Harry lo podía sentir volando sobre él por las sombras que causaba. Sintió un murmullo nervioso y varias manos tratando de levantarlo. Se obligó a abrir los ojos.
—Vamos, compañero —dijo Anthony Goldstein finalmente, tocándole el hombro, Harry asintió y se dejó levitar, odiaba que lo levitaran, solo lo había permitido en primer año cuando practicaban como levantar compañeros caídos del campo de batalla o de un ataque, recordó que por esa época se golpeó demasiadas veces las cabeza y la piernas. Edwin Ryszard se colocó rápidamente a su lado.
—Bien… supongo que lo hiciste apropósito para descansar un poco en la enfermería mientras que nosotros tenemos que dar vueltas persiguiendo y esquivando hechizos —le bromeó Edwin.
Harry cerró los ojos nuevamente, confiando en que Goldstein no lo golpearía con nada, justo en el momento en que el cielo gris cambiaba por el blanco del edificio.
—Todo fue parte de un muy elaborado plan —contestó a pesar de todo Harry.
—Tú siempre pensando en tus compañeros —comentó Goldstein, uniéndose a la broma pero mirando a todos lados, el camino a la enfermería, que era un diferente a cualquier otro lugar del edificio, estaba libre de hechizos y ataques, sin embargo a ninguno de ellos se le quitaba la paranoia de estar atentos a cualquier cosa que pudiera pasar.
—Lo lamento —admitió Harry una vez entraron a la enfermería y lo dejaron sobre una cama —, Vibbard los tendrá horas entrenando.
—Nos tendrá, dirás —corrigió Amber Truax entrando en ese momento, Harry quiso girar el rostro a verla pero entonces un mareo lo detuvo —, Vibbard me mandó a decirle a la enfermera que cure a Potter y que lo haga volver al campo y que ustedes dos también vuelvan… —la chica hizo una mueca de descontento —, que no quiere que se pierdan la diversión.
—¡Bravo! —replicó Edwin.
—A ver… solo hay un herido ¿por qué todos ustedes siguen aquí? —preguntó la enfermera de turno, una mujer grande y rubia, ya bastante mayor. Durante su tiempo de estudiante para auror Harry había ido a parar a la enfermería apenas unas cuatro o cinco veces y siempre había visto enfermeras diferentes, no se había molestado en aprender sus nombres por eso y porque las mujeres no parecían tan amables como Madame Pomfrey.
—Sí, señora —dijeron sus amigos a la vez, Amber le dio una mirada de ánimo y luego miró hacia la mujer.
—Dice el profesor Vibbard que lo cure y lo envíe de vuelta.
—De acuerdo, ahora fuera —ordenó la mujer cerrando un biombo alrededor de la cama de Harry, que suspiró esperando ya la cura. Sabía que solo eran costillas rotas, una vez Joel había caído durante una guardia y se había roto las costillas y de la misma manera que a él lo habían mandado a que se curase y volviera, Joel contó que la enfermera hizo un hechizo muy doloroso y luego le dio una poción para el dolor y que durante el resto de la noche se sintió fatal. Ya podía imaginar lo que le esperaría fuera en el campo, solo esperaba que no empezara a llover a pesar de lo gris y oscuro del cielo.
—Bien, costillas cuatro y cinco rotas —informó la mujer —te haré un hechizo reparador y luego te daré una poción y podrás volver a tu clase.
—Genial —dijo apretando los dientes al sentir un doloroso calor en su pecho mientras la mujer empezaba a aplicar los hechizos.
*
5 de diciembre del 2000 Universidad mágica de Gunhilda de Gorsemoor
Las dos semanas que faltaban para que Jocelyn se marchara pasaron mucho más rápido de lo que había esperado y sin darse cuenta se encontraban a solo veinticuatro horas de que Jocelyn tuviera que partir.
Gael y él ayudaron a Jocelyn a terminar de empacar los libros y demás cosas que no llevaría al viaje y que enviaría a casa, pasaron toda la tarde en la habitación de la chica alistando todo y cuando la noche llegó Gael sacó un par de botellas de vino.
Pese a que había empezado a llover y estaba haciendo mucho frío los tres fueron al techo, Draco había estado allí apenas un par de veces, generalmente estaba lleno de estudiantes fumando (en las habitaciones había hechizos que se activaban si alguien fumaba, pues estaba prohibido) o conversando, pero esa noche la lluvia había mantenido a todos lejos, se refugiaron debajo de un pequeño techo en el que apenas cabían los tres, apretujados entre mantas, con las botellas de vino, un vaso y una cajetilla de cigarros. Draco estaba impresionado de que Gael cargara todas esas cosas consigo, se dio cuenta que en verdad no lo conocía tanto. Draco se abstuvo también de comentar que definitivamente aquella no era la mejor manera de disfrutar de una botella de vino aunque tras el primer trago de licor un agradable calor lo invadió y no le importó tanto la forma como estaban bebiendo.
Conversaron de todo y de nada, de pequeñas anécdotas de la universidad, de todo lo que la chica esperaba hacer en África y todo lo que esperaba aprender una vez iniciaran con la expedición. Jocelyn prometió demasiadas veces escribir y Draco y Gael prometieron responder aquellas cartas. Cuando la segunda botella de vino ya iba por la mitad Gael lucía un simpático color rosado en las mejillas y parecía tener demasiado sueño, sin darse cuenta siquiera de pronto estaba dormido, con la cabeza sobre el hombro de Jocelyn.
—Ahora habrá que bajarlo hasta su habitación… y ni siquiera sabemos cuál es la contraseña.
—Seguro que ha de ser Draco o algo por el estilo —se burló Jocelyn y Draco arqueó una ceja interrogante pero ignoró el absurdo comentario.
—Tendremos que despertarlo, después de todo no podemos jugar con las contraseñas porque sino vendrá uno de los guardianes y estaremos los tres en problemas.
—Ya… tienes razón —Jocelyn suspiró y tomó un cigarro, encendiéndolo con su varita, a su lado, Draco la imitó, se sentía bien la sensación de ligereza que el vino le daba junto con el sabor del tabaco, delante de ellos la lluvia seguía cayendo con fuerza, Draco se preguntó si es que Harry estaría ya en su dormitorio o tendría que entrenar con ese horrible clima, esperaba que no.
—Deberías ser mucho más amable con él —dijo de pronto Jocelyn interrumpiendo los pensamientos de Draco.
—¿Con quién?
—Sabes con quién —frunció el ceño Jocelyn haciendo un gesto hacia Gael que seguía durmiendo —, es un buen chico y no te ha hecho nada malo.
—Es un entrometido.
—No tiene más amigos, en cierta forma es como tú.
—Yo no tengo opción, no muchos quieren ser mis amigos… y en el fondo está bien, sinceramente no tengo mucho tiempo libre.
—Lo sé… pero sin embargo te hiciste mi amigo y Gael tampoco tiene amigos, lo has notado, solo anda con nosotros.
—Pero él podría tener más amigos si quisiera, si no estuviera siempre con nosotros.
—Solo digo que seas amable con él, no tiene más amigos y no los va conseguir —reprochó Jocelyn con voz más dura —¿Nunca lo has notado verdad? —susurró finalmente.
—¿Notar? ¿Qué tendría que notar?
Jocelyn se quedó callada un momento, como debatiendo mentalmente si es que era correcto o no hablar y cuando lo hizo su tono era completamente diferente, mucho más serio.
—Me pregunto si… ¿Alguna vez te has preguntado por qué me hice tu amiga?
—¿Instinto suicida? —intentó bromear Draco, la agradable sensación del licor empezó a desaparecer poco a poco mientras su cuerpo se ponía en tensión. Jocelyn, que estaba pegada a él, se giró un poco, moviendo el cuerpo de Gael, que parecía inconciente más que dormido, hasta dejarlo contra la pared y antes de que Draco se diera cuenta lo tenía sujeto por el rostro con ambas manos. Draco jadeó sorprendido y los labios de la chica se pegaron a los suyos, frotándose en lo que se podría llamar un muy torpe beso. Draco entró en pánico y retrocedió rápidamente hasta que pudo apartarse de ella, mirándola asombrado.
—¿Por qué…? —jadeó apenas, no encontrando que más hacer o decir.
—No soportas que una mujer te bese ¿cierto? —preguntó ella encendiendo un cigarro más con toda la calma del mundo, como si un instante antes no lo hubiera besado a la fuerza, Gael se removió un poco contra la pared pero no despertó.
—Eso es…
—Yo no soporto que un chico me bese —explicó ella con resolución, su mirada se volvió mucho más decidida que antes —, hablo de besos de verdad…
—No te gusta que los chicos te besen —resolvió Draco en voz baja, Jocelyn negó con la cabeza y desvió la mirada hacia la lluvia mientras Draco seguía sacando sus conclusiones.
—Por lo general si me hago amiga de algún chico éste espera que tarde o temprano pase algo, no siempre, claro, pero existe una gran posibilidad de que pase, entonces dejan de ser mis amigos —continuó la chica luego de que Draco se quedara en silencio durante demasiado tiempo —, y aunque parezca mentira no me llevo muy bien con casi ninguna chica… Bueno, con algunas sí, pero no siempre… En cambio contigo… contigo es más fácil porque sé que nunca me mirarás como los demás chicos miran a una mujer.
—Eres… Entonces tú… —Draco no podía terminar de hilvanar la frase, demasiado asombrado aún.
—Vaya genio eres ¿eh? —suspiró Jocelyn y Draco frunció el ceño.
—Pudiste decírmelo en lugar de besarme a la fuerza.
—Entonces no habría sido tan divertido. Debiste ver tu cara.
—No fue gracioso para mí.
—Tómalo como mi regalo de despedida.
Draco negó con la cabeza y tomó otro cigarro más, dejó que la vocecita que decía que estaba fumando demasiado y que se parecía a la de Harry siguiera gritando y la ignoró por completo. —Gay…
—Al fin —suspiró Jocelyn levantando el vaso con vino —, te ha costado.
—No lo sabía… nunca me lo había imaginado, pensé que simplemente te llevabas mal con la gente… aunque era extraño porque no eres tan cascarrabias ni rara ni nada… Lo cierto es que no me lo pregunté realmente…
—Sí, ya me di cuenta que te cuesta darte cuenta de esas cosas… Debes tener dañado el sentido de la percepción o algo… Creo que eres el único gay que no es capaz de identificar a los demás.
—Sí, no eres la primera que me lo dice —aceptó Draco recordando a Harry y la cantidad de veces que se lo había dicho —, además no se supone que funcione solo con los chicos… en mi caso, digo.
—Bueno… yo supe que eras gay con solo verte.
—En realidad no recuerdo haberte admitido eso —masculló Draco recién cayendo en cuenta de eso.
—Cómo si lo necesitaras…
—Supongo que el rumor te llegó.
—Nah, basta con verte.
—¿Tus padres lo saben? —preguntó Draco desviando el tema, no le agradaba mucho hablar de lo gay que lucía. No que se avergonzara, solo no le gustaba hablarlo.
—Mamá lo sabe, papá lo sospecha… supongo que es cuestión de tiempo.
—Oh…
—No te preocupes mucho, mi mamá no está enojada ni nada, solo le preocupa lo que la gente puede hacer o decir por eso… ya sabes con esos locos de la MACH dando lata y todo eso.
—Cierto… esos se lo están tomando cada vez más en serio —comentó Draco recordando las noticias que habían leído en "El Profeta"
—No me quería ir sin decírtelo, sentía que era necesario que lo tuvieras en claro… no sé en verdad por qué, pero era lo que sentía.
—Ya… supongo que gracias…
—Y no te olvides lo que te he dicho de Gael, no lo apartes ¿sí?
Draco puso los ojos en blanco —Cómo si eso fuera posible, además lo más probable es que ahora que no estás se aparte, siempre he creído que le gustas un poco.
—¡Ay, Draco! —suspiró Jocelyn pasándole el vaso vacío a Draco para que se sirviera lo último que quedaba de vino en la botella —te lo acabo de decir y aún no te das cuenta.
Draco la miró interrogantemente y luego miró hacia Gael, de pronto algo hizo conexión en su mente —¿Gael es gay?
Por primera vez, desde que se conocían, Jocelyn le dio un golpe en la nuca.
—¡Merlín, al fin!
*
Y finalmente sí llovió y mucho, Harry se sujetaba a su escoba con fuerza, tratando de pasar por alto los dolores en el pecho y la cabeza mientras la lluvia lo empapaba y trataba de divisar a sus compañeros, los habían dividido en dos grupos, unos con chalecos verdes y otros con chalecos rojos, era una práctica de persecución y los rojos (a los cuales pertenecía Harry) tenían que huir y en el proceso dejar en inactividad a los verdes.
Esquivó unos cuantos hechizos, bajando y subiendo varias veces, movimiento que solo hacía que se sintiese más mareado aún y por fin, después de lo que le pareció una eternidad, escuchó a lo lejos la voz de Géraldine Lawley, que era la capitana de su equipo, gritando:
—Abajo… Potter, Pinchar, Zimmerman, a tierra.
—Que original —masculló Harry de mal humor mientras descendía tratando de no chocar con nadie, se sorprendió lo alto que había estado, a su lado Graham Pritchard, Joel y Lisa, aterrizaron donde ya Géraldine, Edwin, Amber, Goldstein, Vance y Norman, el resto de su equipo, los esperaban.
—Todos juntos —gritó Vibbard haciendo señas para que la clase completa se junte, Harry, a pesar de todo caminó bastante lento, sujetándose con una mano las costillas y con la otra la escoba, rogando para que por fin lo dejaran llegar a su cama y dormir, y preguntándose si no se podría tildar de inhumano lo que le hacían.
—¿Te sientes bien? —preguntó Violet parándose a su lado. Harry solo negó con la cabeza, sintiéndose demasiado cansado para siquiera rechazarla —, ¿quieres que te ayude con la escoba?
—No… yo puedo —respondió al momento que captaba la mirada de Simak, que en tan solo dos pasos ya estaba a su lado y le ayudaba con la escoba.
—Me alegra que ya ninguno haya caído de la escoba —ironizó el profesor mirando hacia Harry con algo de burla —, ahora pueden ir a cenar, y no se olviden de que el martes siguiente continuaremos pero con algunos cambios, vamos a ver que tal lo hacen sin luces.
—¡Huy!, no quepo en mí de emoción —susurró Joel llegando hasta Harry y apartando a Violet de manera poco amable.
—Sí… en total oscuridad —continuó Simak cuando el profesor ya entraba al edificio.
—Vamos —pidió Harry cerrando los ojos un instante, esperando que la punzada de dolor remitiera, se preguntó si es que la enfermera realmente lo había curado por lo mal que se sentía.
—Toma un poco más de la poción para el dolor —le recomendó Joel y Harry empezó a buscar el frasco entre sus bolsillos, cuando la encontró dio un largo trago, arriba había sido muy difícil el tomarla mientras esquivaba hechizos, luchaba contra el viento y la lluvia y trataba de no caer de la escoba nuevamente —. Supongo que aún sigue sabiendo a mierda.
—Peor —confirmó Harry haciendo una mueca, los tres caminaron hasta el vestíbulo del edificio y se hicieron un hechizo de secado para luego seguir caminando por los pasillos, sus compañeros iban delante o detrás de ellos en pequeños grupos, todos demasiado cansados como para hacer algún comentario o bromear.
Cuando Harry finalmente llegó a su habitación encontró a Alba sobre la cama, la ignoró por completo jalaba sus cosas y se metía al baño para tomar una ducha caliente.
—No puedes ir a cenar en pijama —dijo Edwin mirando a Harry salir del baño en pijamas.
—No iré, esto duele como rayos, solo quiero acostarme y dormir —informó Harry mientras se dejaba caer sobre la cama y Alba ululaba suavemente.
—Yo tengo unas galletas —informó Norman empezando a buscar entre los cajones de su mesa de noche.
—No importa…
—No deberías dejar de comer —contradijo Norman lanzándole un paquete de galletas, Harry levantó el brazo por instinto para atraparlo y se mordió la lengua para no gritar del dolor que le causó dicho movimiento. Se sintió tonto, no debería haber levantado el brazo de esa manera.
—Atiende a tu lechuza antes de que te duermas… sino no nos dejará dormir a nosotros —pidió Simak ya saliendo de la habitación.
—Gracias, Norman —dijo Harry en último momento hacia el chico y levantando un poco las galletas.
Norman solo se encogió de hombros y junto con Edwin y Joel salieron de la habitación, dejándolo solo. Harry miró hacia Alba una vez más.
—Te dije que te quedaras en casa —regañó mientras la lechuza, haciendo equilibrio, extendía una pata hacia Harry —. ¿Te has ido con el par de traidores y encima les traes las cartas?
La lechuza volvió a ulular mientras Harry se hacía por fin de la carta.
—Draco estaría muy decepcionado de ti, es más estaría furioso por andar haciéndole los mandados a ellos —Alba ululó una vez más y luego de darle un picoteó en el dedo extendió las alas y salió volando, Harry la vio alejarse y se preguntó si es que Draco se acordaría de la pobre lechuza traumada y si aún reiría de aquella noche al volver de las vacaciones de navidad.
Dejó la carta de sus amigos sin abrir sobre la mesa de noche, junto a las galletas que Norman le había dado y se apretujó bajo las mantas, con un movimiento de varita las luces bajaron hasta casi dejar todo a oscuras y la ventana por la que Alba había salido se cerró, dejando todo en silencio. Se durmió escuchando la lluvia caer y pensando en Draco y en aquella primera vez, una noche de invierno, cuando las vacaciones de navidad habían terminado.
*
Gael abrazó a Jocelyn una vez más mientras ella se enjuagaba las lágrimas, Draco, no muy acostumbrado a expresar sus sentimientos, simplemente se mantuvo a un lado, cuando los chicos se separaron Jocelyn le sonrió tristemente para luego lanzarse a sus brazos.
—Pórtense bien, ambos —le dijo Jocelyn, aún sin soltarlo —, y no olvides lo que te dije.
—Y tú cuídate, sigo creyendo que allí se comen a la gente.
Jocelyn se separó de él y soltó una carcajada nerviosa.
—Oh, eres tan tonto.
—Hasta anoche era un genio —replicó Draco sonriendo apretadamente, no queriendo admitir cuánta falta le haría su amiga de ahora en adelante.
—Solo en algunas cosas… —Jocelyn los miró una vez más y luego se colgó la mochila al hombro, dio una mirada más al edificio y suspiró —. Bien, supongo que esto es todo… Adiós.
—Adiós no —aclaró Gael —, solo hasta pronto, así es como se debe decir.
—Entonces hasta pronto —corrigió ella y dio la vuelta para cruzar el jardín y salir de la universidad, Draco y Gael se quedaron en el umbral del edificio mirando como su amiga se alejaba hasta que se perdió en la gaceta de salida.
—Ahora solo quedamos nosotros —suspiró Gael y Draco sintió cierta timidez en su voz, las palabras de Jocelyn bailaron en su mente.
—Sí, solo los dos —aceptó.
*
15 de diciembre del 2000. Escuela de Aurores del Ministerio Ingles, Londres.
Las clases aquellas dos semanas fueron realmente fuertes, los entrenamientos, aprovechando la temporada de lluvia y nieve, se hacían al aire libre, forzándolos al máximo de su resistencia. Por las noches apenas y eran capaces de murmurar un par de cosas mientras comían todo lo que podían antes de arrastrarse hasta la cama.
El viernes en la tarde, cuando al fin les dieron libre, por primera vez en más de un año todos, de mutuo acuerdo, decidieron que lo mejor era ir a descansar, pues las siguientes dos semanas prometían ser cuánto menos igual a las pesadas.
Harry había finalmente contestado a la carta de Ron y Hermione, más por cansancio que por ganas de hacer las paces con ellos y aquel viernes en la noche, cuando apareció en Grimmauld Place levantó las protecciones para que sus amigos pudieran aparecer.
Lo hicieron cerca de las nueve de la noche, lucían algo avergonzados y cargaban una enorme pizza y un par de botellas de vino, se sentaron, algo incómodos y sin hablar mucho, delante de la chimenea, sobre la alfombra, y comieron en silencio, hasta que, una vez la pizza se hubo terminado, Hermione sacó del bolsillo de la túnica un gran sobre y se lo pasó a Harry.
Harry la miró interrogante antes de abrir el sobre y extraer su contenido, había al menos dos docenas de fotografías, todas mágicas y tomadas durante casi todas sus salidas a los bares y discotecas gay. Sintió que se sonrojaba mientras veía su propia imagen besándose y haciendo mucho más con un sin fin de chicos. Su primer instinto fue reclamarles a sus amigos su osadía, no solo espiarlo sino que fotografiarlo y encima enseñarle las pruebas de su falta, pero entonces las notas, hechas con letras recortadas del diario, le cayeron como un baldazo de agua fría:
"Ese no es el comportamiento adecuado de un héroe de guerra"
"Sí fueran sus amigos evitarían que cayera en tremendas aberraciones"
"El tiempo de hacer que reaccione se acaba"
Finalmente Harry pudo levantar la vista hacia sus amigos, Ron parecía entretenido con el tramado de la alfombra y Hermione lo miraba culpablemente.
—Lo siento —dijo la chica.
—¿Desde hace cuánto que lo tienen?
—Desde hace algún tiempo…
—¿Y recién me lo dicen?
—No sabíamos qué hacer… sabíamos que te enfadarías y…
—Por supuesto que me enfadaría —la interrumpió Harry.
—Lo cierto es que desde hace mucho que tiendes a tener un comportamiento raro —intervino Ron —, muchas veces no sabemos ya a que atenernos contigo.
—¿A qué atenerse? —murmuró Harry dejando las fotos a un lado y buscando un cigarro en los bolsillos de su túnica.
—Sí, eso mismo, a veces parece como si de pronto ya no fueras el Harry que conocíamos y…
—La guerra nos cambió a todos, Hermione, tú misma lo dijiste.
—No, Harry, no solo es la guerra, luego de eso, durante la escuela y después de eso incluso, a veces eres como el Harry de siempre y otras veces eres tan rudo y poco comunicativo, a veces parece que no te importa nada de lo que pasa alrededor y otras pareces tan triste…
—Yo no… —Harry negó con la cabeza, no tenía deseos de discutir eso con ellos en ese momento y se obligó a concentrarse en lo que realmente importante —. ¿Son los de la MACH?
—Estoy casi segura…
—Aunque creemos que lo único que quieren es advertirnos —intervino Ron.
—Sí, si hubieran querido ya te hubieran delatado.
—Pudieron decírmelo, hace mucho.
—Tratamos… pero, la última vez te enojaste demasiado, nos equivocamos en la forma como hacerlo, pero sí queríamos hacerlo.
Harry suspiró profundamente y se frotó con una mano la frente, justo ahora era cuándo menos problemas necesitaba, tenía demasiado que aprender y practicar en la Academia como para vivir a sobre saltos. De pronto se sintió mareado, hasta cierto punto perdido…
—Escucha, creo que podemos manejarlo, Harry.
—¿Cómo, Hermione?, ¿crees que de verdad se pueda arreglar? Alguien allá afuera, si no es que muchos, saben que soy gay y saben lo que hacen y en cualquier momento lo podrán publicar o decir.
—Calmándote un poco.
—No me pidas eso, Ron, ninguno de los dos entiende…
—¡Por Dios Santo! —exclamó Hermione poniéndose en pie y mirando hacia Harry de manera enfadada —; ¿ves a lo qué me refiero?: el Harry que yo conozco no estaría retorciéndose de miedo sin saber qué hacer, estaría pensando en maneras de solucionar todo y no lloriqueando.
—¡Yo no lloriqueo!
—¿No? ¿Y cómo le llamas a eso?
Harry entrecerró los ojos y no supo que contestar, realmente si estaba lloriqueando, encendió un cigarro más ante la mirada ofendida de Hermione y se quedó en silencio, analizando las posibilidades; revelar que era gay antes de que las fotos salieran sería lo más sensato, adelantarse al movimiento de los de la MACH, sin embargo eso significaría no acabar la Academia e iniciar una batalla que aún no quería iniciar. Solo quedaba una opción…
—Ellos aún me siguen.
—Eso creo… tienen fotos tuyas desde hace tiempo, deben saber todos tus movimientos y rutinas.
—Entonces ellos esperaran a que mañana yo salga de nuevo… ¿Verdad?
—Pues… —Ron frunció el ceño —¿Harry qué vas a hacer?
—Simplemente demostrarles con quién se están metiendo. Vamos, creo que necesitaré su ayuda de todas maneras —dijo apagando el cigarro con fuerza contra el cenicero y poniéndose en pie.
Hermione sonrió complacida, al fin un Harry que sí conocía, o eso creía.
*
Harry tomó una pequeña bocanada de aire mientras cruzaba la puerta de la discoteca, el vigilante, que ya lo conocía le guiñó un ojo y le sonrió, Harry respondió al saludo a medias, sintiéndose demasiado nervioso, detrás de él Ron y Hermione, transfigurados y luciendo como dos chicos más, lo siguieron.
Como cada sábado la discoteca estaba reventando de gente, al inicio el plan había sido muy simple, pero ahora que estaba allí, rodeado de tanta gente, pensó que tal vez no sería tan simple como esperaba.
De acuerdo al plan Ron y Hermione se quedaron en la barra, mirando atentamente a todos lados mientras Harry, como era su costumbre, se metía entre la multitud que se agitaba al ritmo de la música acelerada.
Se encontró con un par de chicos con los que solía bailar y quedar y comenzaron a bailar, aunque trataba de actuar de la manera más normal posible no podía dejar de estar atento a todo lo que había alrededor, era algo difícil el vigilar por las luces y el humo pero confiaba en que el hechizo de rastreo de magia que le había enseñado a Hermione funcionase mejor que su propio reconocimiento visual.
Del otro lado de la discoteca tanto Ron como Hermione rastreaban a la multitud, tratando de encontrar algún punto de magia, tal como Harry les había indicado, y pasaron mucho tiempo mirando, mucho más que asombrados, hacia toda esa multitud de chicos, que se besaban que bailaban y se tocaban hasta que por fin, muy cerca de Harry un pequeño punto brilló.
—¡Lo tenemos! —casi gritó Ron corriendo hacia donde el punto alumbraba, le costó esquivar a tantos chicos y se sintió algo extraño entre tantos cuerpos agitándose al mismo ritmo, sentía a Hermione detrás de él, empujándolo para que se apresurara.
Hermione le dio una mirada a Harry, que en ese momento se besaba ya con uno de los chicos y negó con la cabeza, buen momento para distraerse, pensó fastidiada.
—Vamos… antes que desaparezca.
Harry levantó la vista y no vio a sus amigos en la barra, miró alrededor hasta que vio a Ron avanzando hacia el centro, cerca de donde él estaba, se despegó de los dos chicos con una sonrisa de disculpa, pero aún no se movió más, esperó hasta que Ron se detuviera, frente a un chico de largo cabello oscuro y facciones algo femeninas, una vez Ron lo tuvo sujeto de un brazo y Hermione del otro los alcanzó.
—Ni siquiera lo intentes —advirtió Ron con voz dura apretando más fuerte uno de los brazos del chico —, tenemos el edificio repleto no solo de hechizos anti desaparición, sino también de muchos amigos impacientes por ponerte una mano encima.
—Suéltenme, no sé de que están hablando… no sé que son hechizos —jadeó el chico.
—¿Y esto se llama? —preguntó Hermione jalando la pequeña cámara de una mano.
—Solo es una cámara —el chico se retorció y Ron apretó más fuerte, le pareció extraño que fuera tan débil, pero no por eso se detuvo.
—Sé como romper huesos, y causando mucho dolor, así que quieto.
—Ajá —murmuró Hermione sacando de un bolsillo oculto en la pierna una varita —¿También sabes como se llama?
—Déjenme —jadeó el chico —, yo también tengo amigos y vendrán a ayudarme en cualquier momento así que si saben lo que…
—Pues no veo a tus amigos cerca —lo interrumpió Harry con mirada fiera, parecía mucho más imponente que antes, incluso Ron y Hermione se estremecieron ante su presencia, el chico jadeó y por un momento pareció quedar inmovilizado pero un instante después trató de escapar con más insistencia.
Harry se acercó a él y dio una mirada alrededor antes de pegarse a su cuerpo, con la varita escondida en la camiseta lanzó un hechizo no verbal de inmovilidad, el chico quedó completamente quieto, con los ojos muy abiertos.
De acuerdo a lo planeado lo llevaron a través de la discoteca hacia la puerta trasera, que daba a un callejón, el chico se mantenía conciente cuando revisaron todo el contenido de sus bolsillos, encontraron varios rollos de cámara entre nuevos y usados, así como algunas fotos de Harry, ninguna identificación ni ninguna pista sobre quién era o algo que lo uniera a la MACH.
Hermione incineró todos los rollos e incluso la cámara antes de que Harry deshiciera el hechizo. En cuanto lo hizo la chica dio un paso atrás mientras veía a Harry estrellar con fuerza el cuerpo del chico contra la piedra, Harry era más alto así que, sosteniéndolo de la camisa lo tuvo en alto mientras gritaba:
—Escúchame bien, y espero que pases este mensaje a todos tus compañeros, a mí nadie me dice qué hacer, ustedes pueden pensar lo que quieran y es su problema, así como es el mío saber con quien me meto —Harry agitó el cuerpo del chico contra la pared una vez más antes de darle un derechazo que se estrelló contra uno de los pómulos. El chico jadeó mientras que con las manos trataba de soltarse —. No sé si es que se les ha olvidado, pero soy Harry Potter, pude acabar con Voldemort, pude entrar en Gringots y robar algo de una de sus cámaras más secretas, sin contar todo lo demás, así que no me provoquen…
—Lo que haces está mal —respondió agitado el chico, escupiendo un poco de sangre al hablar.
—Es mi puto problema —replicó Harry y lo agitó una vez más, está vez presionándolo contra la pared con mucha más fuerza, incluso sintió un par de costillas rompiéndose, pero eso no le importó mucho —, el que publiquen o no esas fotos no me hará cambiar de idea, pero eso si te digo… si pude hacer todo lo que hice créeme que puedo encontrar a cada uno de ustedes y destruirlos, y de maneras que ni se imaginan. ¿Te ha quedado claro el mensaje?
—¿Estás amenazándome?
—¿No te quedó claro acaso? —preguntó Harry con voz helada y levantándolo aún más del piso y zarandeándolo —¿No fui lo suficientemente específico? ¡Contesta!
—Sí —jadeó el chico.
—No te escuché.
—¡Sí! ¡Sí, solo suéltame, maldita sea!
—Que malos modales —se burló Harry soltándolo y dejándolo caer al piso, el chico soltó un gemido lastimero y elevó la mirada hacia Harry.
—Levanta el hechizo antidesaparición —ordenó Harry hacia Ron que hizo un asentimiento y con un movimiento de varita desapareció el campo de protección.
—Y ahora vete antes que cambie de opinión y quiera mandarles un mensaje mucho más claro.
El chico miró hacia Ron y Hermione, los cuales parecían dos chicos muggles comunes y corrientes y luego hacia Harry de vuelta, como si pareciera demasiado asombrado y asustado por lo que había pasado.
—Ya escuchaste —dijo Harry haciéndole un ademán a Hermione, la chica le lanzó la varita al chico y rápidamente éste desapareció.
—Con eso tendrá, vamos —murmuró Harry avanzando nuevamente hacia la discoteca, al cabo de un instante se dio cuenta que ni Ron ni Hermione lo seguían y se giró preocupado, sus amigos seguían allí de pie, mirando hacia el punto donde el chico había desaparecido.
—¿Chicos?
—Harry… Creo que te pasaste —murmuró Hermione encarándolo finalmente, Harry leyó en su mirada y en la de Ron pánico.
—Dijimos que lo asustaríamos —se excusó Harry con voz más calmada.
—Lo hiciste… —confirmó Ron.
—Miren, solo fue actuación… no hablaba en serio, ¿lo saben verdad?
Y aunque Ron y Hermione asintieron no parecían demasiado convencidos.
*
El muchacho cayó en una sala bastante amplia y apenas iluminada, con un último estremecimiento de dolor la transformación se inició, sus formas de hombre fueron cambiando poco a poco y el cabello oscuro fue reemplazado por una larga cabellera pelirroja: Ginny jadeaba y se sujetaba uno de los lados, segura de que a lo menos le habían roto una costilla.
—Te atraparon ¿no? —preguntó una voz desde la oscuridad.
—Demonios…
—Ginny, Ginny —murmuró Tony poniéndose en pie y encendiendo las luces, soltó un pequeño grito cuando vio el estado de la chica, tenía un par de golpes en el rostro y el labio partido —. Malditos bastardos…
—Necesito… llama a Sylvia… necesito que me curen antes… —trató de tomar una bocanada de aire pero el dolor era demasiado intenso —Curarme… —pudo decir al fin.
—Iré por ella y luego por quien quiera que te haya hecho esto y le daré su merecido.
—¡No! —Ginny hizo lo posible por encarar al hombre, sobreponiéndose al dolor —. Ahora no necesito una venganza.
—¿A quién estabas siguiendo?
—A nadie.
—¿Y nadie te ha destrozado así?
—Me metí a un bar gay ¿de acuerdo? Quería ver si encontraba a alguien y luego…
En ese momento una de las puertas se abrió y Sylvia, junto a un par de chicas más entraron corriendo.
—Ginny, ¿estás…?
—Vamos —las apuró Tony —, hay que curarla, la han dejado muy herida.
Una de las chicas rápidamente la levitó y entre todos la llevaron a la pequeña enfermería improvisada para casos de emergencia.
Ginny fue recostada en la camilla mientras un hombre mayor se acercaba y empezaba a murmurar hechizos curativos.
—No es nada, Tony, en verdad… no me di cuenta de que un grupo de muggles me estaba siguiendo… —explicó Ginny con los dientes apretados ante la mirada adusta del hombre que la curaba.
—De acuerdo —suspiró Tony luego de un momento —, debes ser más cuidadosa, te he dicho que no vayas en busca de desviados sola, son muy peligrosos.
Ginny asintió y cerró los ojos, sintiéndose tranquila, Tony cumpliría su promesa y no buscaría venganza, después de todo no era eso lo que buscaba, sino hacer que el chico volviera al lado correcto, ese plan había fallado, pero ya encontraría otra forma… más aún con la ayuda de la MACH.
*
La primera reunión de ex compañeros de la escuela se llevó a cabo al día siguiente, Ron y Hermione se habían quedado con Harry aquella noche y al día siguiente habían pasado la mañana juntos buscando un regalo que llevar a Neville, la razón por la cual la reunión se llevaba a cabo era porque el chico saldría de viaje por dos años.
Harry se sintió contento de reunirse con varios de sus compañeros de la escuela, todos, pese a que solo había pasado poco más de un año, se veían diferentes, mucho más grandes, como si casi fueran adultos.
Vance también estaba allí, le pareció extraño que Ginny no llegara, pese a que habían varios de sus amigos más cercanos, luego de saludar a todos se quedó junto a Neville, Ron, Dean y Seamus, recordando viejos tiempos y riendo, ayudados por el licor y la música.
Y todo estaba bien, se sentía tranquilo y feliz, después de todo dudaba que los de la MACH siguieran enviando cartas a sus amigos o siguiéndolo siquiera, sabía que cuando quería podía ser realmente malo, y la noche anterior lo había sido. Escuchaba a medias los relatos de Neville acerca de cómo había tenido que quedarse en la universidad dos semanas más de lo esperado para terminar con unos exámenes y como ansiaba poder ya alcanzar al grupo de estudio en África, de lo maravilloso del viaje que emprendería con aquel profesor Dahl, que parecía muy famoso… hasta que el nombre de Draco surgió, y entonces fue cuando Harry puso real atención.
—Es una chica extraña… casi no habla con nadie —comentó Neville —, solo con Malfoy y otro chico más…
—¿Malfoy? —preguntó Dean algo suspicaz —¿Draco Malfoy?
—Sí, ya no queda otro Malfoy ¿verdad? —Harry sintió ciertos deseos de golpear a Neville por ese comentario pero se contuvo —, tiene una beca, ¿lo olvidas? McGonagall lo dijo el día de la graduación.
—¡Oh! —suspiró Seamus —, ese día andábamos muy borrachos, siempre quedaré sorprendido por como pudiste subir hasta el estrado sin tropezar —dijo hacia Dean que frunció el ceño.
—Tú estabas más borracho que yo —replicó y luego miró hacia Harry —, creo que tú y Neville eran los únicos sobrios.
—Ni tanto —contestó Harry impaciente —. Así que Malfoy sigue allí…
—Sí, aunque el tipo no habla con nadie, solo con esta chica, Jocelyn y con otro chico más… es un americano, los tres son un grupo muy cerrado…
—¿Quién querría ser amigo de él después de todo? —comentó Ron pareciendo muy poco interesado por la conversación.
—Bueno, Malfoy será lo que es pero no hay duda de que es un puto crack en cuanto a pociones… tiene el primer lugar de la clase, uno de los promedios más altos de los últimos cien años, según dicen, y además se da el tiempo de trabajar… —Harry sintió que algo cálido se extendía en su pecho y luchó contra sus ganas de sonreír de orgullo —, un par de veces he comprado sus pociones, a esta chica, Jocelyn… son tan buenas que la universidad entera está al pendiente de comprarlas, sobre todo las que te mantienen despierto en épocas de exámenes, esas siempre se acaban primero…
—Yo no bebería nada preparado por él —interrumpió Seamus.
—Ya… eso dices porque no estás allí y no lo has visto trabajar… en serio que dicen que es bueno.
—¿Y ese otro chico que dices? El americano… ¿También es fabricante de pociones? —preguntó Ron.
—Ah, no, ese es perfumista o algo así… no sé bien que estudia, siempre anda con Malfoy… ya saben —dijo sonrojándose ligeramente y mirando con culpa a Dean, recordando, seguramente, la discusión que habían tenido sobre el tema gay en la escuela.
—Dices que… —murmuró Harry, de pronto la calidez y el orgullo iban desapareciendo.
—No me consta, es lo que dicen… aunque ya sabes como van esos rumores… ese chico siempre está con Draco, de arriba abajo, acompañados a veces por Jocelyn, y ya sabes, ambos son… gays.
—Oh… —Harry de pronto sintió que toda la habitación se hacía mucho más asfixiante, pese a eso permaneció allí de pie, fingiendo prestar atención mientras se recordaba una y otra vez que él había deseado eso, que Draco no estuviera solo, que tuviera algo de compañía. Aunque su mente se lo repetía una y otra vez su corazón no dejaba de doler.
Aquella tarde, antes de volver a la Academia de Aurores, no pudo evitar dar una vuelta cerca de la universidad de Draco, más de una vez había estado tentado de entrar, buscarlo y pedirle explicaciones, o de rogarle que volviera, dependiendo de su estado de ánimo, aunque nunca se había sentido como esa tarde.
Estuvo mucho rato fuera, escondido bajo su capa de invisibilidad, viendo el edificio que parecía vacío y deshabitado y sabiendo que dentro Draco ya no estaba solo y preguntándose si es que acaso eso era lo que Draco había buscado cuando se había marchado esa noche… alejarse de él para conseguir otro tipo de vida más simple. Harry sabía que las cosas entre ellos hubieran sido mucho más complicadas por la Academia, por tener que mantenerse internado, sin contar el que no podrían admitir su relación abiertamente hasta al menos terminar la carrera. Draco ahora estaba con un chico que aparentemente era tan listo como él, que compartía muchas más cosas en común, alguien que no era un famoso héroe, que no le traería tantos problemas como se los hubiera traído él.
Finalmente tuvo que regresar, sintiéndose mucho más solo y destrozado que antes… pero con la decisión de empezar a hacer un real esfuerzo por olvidar a Draco…
Por aquella época fue que conoció a Noah.
*
Gracias por leer…
Quiero aclarar, que no apoyo el maltrato y que sé que Harry actuó bastante agresivo, pero él no sabía que se trataba de Ginny, me pareció adecuado comentárselos, en la Academia él ha aprendido a ser un poco más rudo y todo eso, simplemente lo puso en práctica porque pensó que se trataba de un muchacho, no de una chica y menos de Ginny.
El siguiente capítulo se llama: "Comienzos"
Muchas gracias a todos por los comentarios dejados en el capítulo anterior y espero con ansías poder leer sus opiniones de este.
Besos y que estén bien.
Zafy
