Capítulo 26
Amaneciendo el nuevo día en la sala continua al gran salón del Patriarca estaba este mismo, a solas, caminando de un lado para el otro meditando los pasos a seguir, la crisis a la que se enfrentaban se le escapaba de las manos y ante aquella presión toda su capacidad de buen estratega se esfumaba. Al otro lado aguardaban órdenes los siete Santos Dorados.
- ¿Qué hacer? – hablando solo seguía caminando de un lado a otro. – La situación es terrible, el avatar de ese demonio es un Santo de la Diosa, si finalmente soluciono la crisis pero antes de eso el Olimpo interviniera llegando a relacionar a Milo con el Santuario es posible que vinieran a pedir explicaciones a la diosa Atenea y al ver que no está en este lugar todo mi plan para gobernar el mundo se vendrá abajo. – el regente estaba desbordado y cuando de buenas a primeras llegó un asistente del patriarca corriendo a toda prisa se preocupó aun más.
- Gran Maestro hemos perdido las comunicaciones con nuestra base en el Pacífico, lo último que pudimos escuchar fueron gritos, pero los satélites que disponemos que observan la isla muestran datos inauditos, de allí mana una fuerza que jamás se ha visto, el Olimpo se dará cuenta en poco tiempo y es muy probable que intervenga.
- ¡Estupendo! ¿Alguna otra "buena" noticia que tengas que darme? – primero exclamó furioso y segundo preguntaba sarcástico.
- Eso no es todo mi señor…. – el asistente aunque llevara máscara y no se le podía ver la cara por su expresión corporal daba a entender que estaba aterrado. – Nos han notificado que algo se aproxima a la tierra….
- ¡¿Qué?!
- No sabes bien que es pero se aproxima muy deprisa, aparece y desaparece constantemente, podría ser un asteroide o un cometa pero no tiene cuerpo físico y si lo tiene de momento no es visible para el ojo humano, lo han detectado por las variaciones espaciales que provoca a su paso y lo peor es que tiene trayectoria contra nuestro mundo, por sus constantes desapariciones no podemos calcular el momento exacto en el que se producirá la colisión pero con el tamaño que actualmente calculan que tiene no solo arrasará el planeta… nos sacará de la órbita y es posible que quedemos a la deriva en el universo, los gobiernos del mundo no han dicho nada para que no cunda el pánico pero con su tamaño tarde o temprano sentiremos los efectos que produce su aproximación y cundirá el pánico. – aquellas palabras enmudecieron al patriarca. – Pero los eruditos del Santuario han descubierto que entre los saltos en los que aparece y desaparece está disminuyendo de tamaño como si perdiera estructura a medida que se acerca, puede que con mucha suerte cuando definitivamente llegue tenga un tamaño que la atmosfera pueda desintegrarlo sea lo que fuere. – dando aquellas malas noticias al terminar y ver que no tenía respuesta se marchó dejándolo solo otra vez.
– Tengo que arreglar esto, es cuestión de horas que traspase las fronteras del Santuario, ahora es el momento de idear un plan infalible con el que solucionar este bache en mi camino. – volvía a hablar solo. – La estrategia más lógica y efectiva ante tal amenaza sería la de ir enviando, uno a uno y por turnos, a mis santos desde menor rango hasta el mayor hasta que alguno de ellos acabe con este enemigo.
- Esa "efectiva" estrategia deberías dejarla para otra crisis Arles. – la voz de Saga resonaba en su cabeza tomando parte activa de la conversación. – ¿Has visto lo que tus desmedidas ansias por hacerte con el poder ha provocado? Has liberado a un ser terrible, le has proporcionado un ejército cuyas fuerzas aun no las podríamos calcular y ¿para qué? ¿Para contentar a Afrodita para que se quede con su juguete?
- No solo eso Saga, era un buen plan para quitar del medio a ese viejo metomentodo de Eo, tarde o temprano se daría cuenta de que la diosa no está en el Santuario y si se negaba a entrenar a mis leales era un estorbo en mis próximos proyectos. Estaba sentenciado pero el verdugo tenía ser alguien que pudiera sorprenderle.
- Pues mira a donde tus últimos planes nos han conducido, vistes que Milo decía la verdad, sus ojos te lo dijeron claramente y decidiste ignorarlo pensando en que un insignificante objeto no podría retener tanto mal. Si todo saliera bien la próxima vez que te mire sabrás exactamente cuando dice la verdad y cuando miente.
- O por favor Saga no trates de hacerme sentir culpable que no funciona. Si solo has venido a sermonearme pierdes el tiempo, tengo una crisis que solucionar.
- Eres un buen estratega pero siempre que no te sientas presionado… y ahora no estás capacitado para actuar.
- Saga… ¿crees que tú podrías hacerlo mejor?
- Si las circunstancias hubieran sido otras, ten por seguro que no te diría nada pero en esta tesitura solo yo podría liderarlos.
- Pues toma el control pero no trates de advertir a nadie de mis planes pues entonces volveré y te sepultaré en la parte más profunda de nuestra consciencia. – como un completo cobarde le dejó toda aquella situación tan delicada a la parte buena de su alma.
De buenas a primeras la larga melena blanca del patriarca se volvió de color negro, Arles había dejado paso a Saga, este cambiando tanto su casco como su máscara de roja y negra a dorada y blanca, también se cambió de indumentaria, el color de su túnica y las hombreras que ahora eran sin pinchos y en tonos iguales a los de su casco. Con su nueva indumentaria se presentaba ante sus Santos los cuales quedaron asombrados por la nueva imagen del Patriarca. Este se colocó entre ellos que esperaban las órdenes a seguir.
- ¿Algún herido de gravedad? – lo primero que hizo fue preocuparse por el estado de sus soldados cosa que siguió extrañando a los allí presentes.
- Nos ha dado una paliza pero ninguno de nosotros esta herido, el único derramamiento de sangre fue en el rostro de Afrodita, por lo demás no tenía ninguna intención de matarnos. – Máscara Mortal miraba como su compañero se frotaba el rosto aun con la marca del corte en su mejilla y trataba de convocar su cosmos para reparar su "bello" rostro.
- Santo de Atenea, la situación es más grave de lo que cabía esperar, un objeto no identificado pero de increíble tamaño se acerca a la tierra, no sabemos si está siendo atraído por la presencia de ese tal Samael en nuestro mundo, nos han informado de que pierde estructura pero si no disminuye el tamaño a tiempo será nuestro fin.
- ¿Los dioses del Olimpo están informados? – preguntaba Shaka tomando el papel de portavoz entre sus compañeros.
- La diosa Atenea ha ido ahora a informarles pero mientras esperamos una respuesta la batalla por nuestra supervivencia es solo nuestra. – ante la noticia de que iban a luchar solos se produjo un silencio. – Seamos fuerte por ella. – tras las pequeñas palabras de ánimo se dirigía hacia los Santos de Acuario y Tauro. – He sido testigo de cómo por un momento lo habéis igualado… quiero saber cómo lo habéis hecho.
- Si os soy sincero mi señor… no tengo ni la más remota idea. – el grandullón volvía a invocar su cosmos para que vieran la fuerza que podía alcázar y su brillo deslumbró al resto. – Siento que podría lograr cualquier cosa. – la intensidad de sus cosmos lograba distorsionar el espacio que se ondulaba antes de reducir su fuerza.
- Las estrellas de nuestras constelaciones. – Camus hablaba ahora. – Desde que Samael apareció mi cosmos ha estallado de tal manera que he llegado al Santuario a una velocidad inimaginable y creo que se debe a que somos las almas por las que los astros pueden vivir y ellas son las que pueden darnos un poder que ningún dios podría igualar.
- Y si tan fuerte podríamos ser… ¿Por qué no gozamos de esa fuerza constantemente? ¿Por qué solo tú y Aldebarán habéis alcanzado ese nivel?
- Sobre vuestra segunda pregunta no sabría que responder…. Pero con respecto a la primera según nos ha contado un sabio amigo…. – Aldebarán dejó leer entre líneas de que se refería al viejo Eo. – A los astros… hablando mal y pronto: les importa una mierda que dos dioses olímpicos se peleen entre sí, pero ahora…. – miraba a Afrodita con ganas de soltarle un guantazo. – Habéis traído a nuestro mundo algo que odian y temen, creo que esa es la razón por la que hemos ganado esta fuerza sobre-olímpica.
- Pues la usaremos esa nueva fuerza en contra de esta amenaza. El plan consiste en apresar y neutralizar a Samael, si he entendido bien si lo matamos provocaremos nuestro fin.
- ¿Aun creéis a estos cuando lo único que quieren es evitar que matemos a su querido Milo?
Afrodita volvía a envenenar la conversación pero se fue silenciando al ver como el grandullón se le aproximaba y sin decirle nada le soltó tal galleta con su mano abierta que lo dejó estrellado en el piso. Entre el asombro y las risas contenidas por todos los allí presentes, el sueco se ponía en pie con ganas de devolverle el trato pero su cosmos no podía compararse al que actualmente tenía el grandullón, finalmente fue reprimido por el Patriarca.
- Afrodita la próxima vez que quiera tu opinión te la pediré, así que de ahora en adelante si no te pregunto directamente cierra la boca. – como mandamás que era le ordenó callar con decisión. – Mi pregunta es la siguiente: Una vez lo hubiéramos neutralizado ¿Qué debemos hacer?
- Esperar a que Milo libere a Antares, es la única forma de evitar que Sargas arrase el sistema solar con una llamarada.
- No tengo ni remota idea de quién es Sargas y Antares pero me fiaré de vuestra palabra, neutralizar la amenaza será nuestro primer objetivo a seguir. ¿Cómo sabemos que el autentico Milo sigue con vida? Y la pregunta más importante ¿Cuándo sabremos que lo ha liberado?
- Esas preguntas aun carecen de respuesta, señor. – el cosmos de Camus era intenso al recordar cuando Samael se arrodillo mostrando debilidad por una vez. – Pero creedme que se que sigue con vida y está luchando desde donde se encuentra, lo vi en el momento en el que nuestro rival se arrodilló, Milo había liberado a uno de los quince Astros de la constelación de Escorpio.
- Pues hasta sepamos que hacer continuaremos el plan de apresar y neutralizar a nuestro enemigo. Hemos sabido que nuestro enemigo se ha atrincherado en una lejana isla del Pacifico sur, está perdida en mitad del océano sin nada a miles de millas de distancia no aparece en los mapas parece que esta oculta a los ojos del mundo más allí iréis. – convocando su energía materializaba una ilusión orográfica de la isla al completo, la cual podría tener unos trescientos kilómetros cuadrados con algunos sistemas montañosos pero no era muy alta. – Hemos descubierto que allí había una base militar de alguno de los países del mundo.
- ¿Qué tiene esa isla de especial para que nuestro enemigo se hubiera atrincherado allí?
- Creemos que ahora cuenta con más fuerzas. – sus palabras por un momento enmudecieron a todos y la preocupación creció. – Allí había algo que tal vez necesitara pero el plan es el siguiente: iréis, evaluareis el nivel de amenaza, queda totalmente prohibido separarse sin antes saber a que nos enfrentamos, si las condiciones son favorables arrasad con lo que se os ponga delante que no sea el cuerpo de Milo.
- ¿El Santuario quedará desprotegido? ¿Y si fuera una trampa para que nos alejáramos de aquí?– preguntaba Aioria siempre velando por la seguridad del recinto sagrado.
- Los Santos de Cáncer, Piscis y Capricornio se quedarán para salvaguardar el lugar ante un posible contraataque.
- Perdonad mi señor. – Shura indignado se dirigió susurrándole al oído para que los otros no se enteraran de nada. – Se cuales son vuestros motivos para dejarme atrás pero no puedo dejar a mis camaradas, lucharé con ellos y si tengo que morir con ellos lo haré.
- Bien… - le seguía hablando en la intimidad aunque en aquellas palabras Arles volvió a estar presente. – Me vendrá bien que uno de mis leales acuda allí por si quedara algún testigo de lo que estábamos haciendo, iras con ellos pero si encuentras a algún superviviente que pudiera relacionarnos tendrás que matarlo. – Shura se puso firme aceptando la orden y se unió al resto. – Solo se quedará Cáncer y Piscis salvaguardando el Santuario el resto partid y que la gracia de los dioses y astros os acompañe y traiga la victoria.
Los cinco caballeros se dirigieron a la terraza exterior del templo del Patriarca y allí con la luz de un nuevo día convocaron sus cosmos preparados para salir como destellos hacia su nuevo objetivo pero antes de despegar se detuvieron al ver como Shaka rezando una oración juntaba las palmas de sus manos y de estas dos pequeñas esferas de luz se materializaban y salían a toda velocidad en dirección este.
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Shura al ver lo acontecido.
- La paciencia, Shura, es una virtud muy dignificante… espera y lo veras.
Finalmente todos desaparecieron en el cielo a la velocidad de la luz fueron hacia su nuevo objetivo que la manera más rápida de llegar hasta allí era yendo por el oeste. A través de las capas más altas de la atmósfera como auténticos meteoros fueron en formación preparados para encontrarse con un escenario hostil.
En las lejanas tierras donde Milo se encontraba estaba recorriendo a toda velocidad con por el salvoconducto, aquel montacargas que se usaba en otro tiempo para evacuar refugiados hacia otras zonas seguras, iba a toda velocidad por un carril en el interior de la montaña, subía y bajaba y tomaba peligrosas curvas sin saber hacia dónde se dirigía, solo que podía entender que hasta podría estar atravesando el subsuelo oceánico pues había partes por donde pasaba que había cascadas de agua que venían del techo. Todo por donde pasaba era increíble pues había zonas donde todas las piedras alrededor eran minerales de gran belleza.
Aunque el rubio no tomaba ninguna de las direcciones por las que se podía desviar hizo exactamente lo que le dijeron y no se desvió hasta pasado muchos kilómetros de distancia pero al final tuvo que tomar una decisión pues la vía se dividía en dos y la elección era inevitable.
Tomando la izquierda se adentró en el conducto que ascendía y finalmente llegó a una clase de estación de piedra completamente a oscuras en la que se podía continuar si se quisiera hacia una parada siguiente. Aun estando sumida en las penumbras podía ver perfectamente en la oscuridad y salió a explorar a donde había ido a parar.
Adentrándose hacia el interior por el único camino que tenía delante se encontró un ascensor de metal muy antiguo con el techo al descubierto, preguntándose hasta donde llevaría se introdujo comprobando como estaba en la planta más baja de un conducto de muchísimos metros de alto, sin accionar ningún botón de repente el ascensor subió a toda velocidad.
No sabía hacia donde se dirigía subiendo de esa manera pero al final del trayecto dio con otra sala de piedra que tenía unas banderas colgadas en las paredes con el emblema de una tormenta grabada en ellas. Supuso que estaba en las tierras del Rey Wei, el Azote de Tempestad, sabía que ese no era un destino y que tenía que continuar pero el sonido de una tormenta en el exterior le hizo salir a ver que acontecía.
Al salir a las afueras de la sala su impresión fue increíble al ver donde se encontraba, toda la ciudadela estaba construía en la fachada de un pilar montañoso de piedra que ascendía muy en lo alto, pero no solo era un único pilar, sino que dos más acompañaban la urbe, en total eran tres montañas con esa curiosa forma, y como un triangulo estaban separadas las unas de las otras, en la que la totalidad de sus paredes había sido edificado aquel reino y conectándolas entre sí a diferentes alturas pasarelas que llevaban de un lugar a otro. No podía imaginar cómo habían logrado construir semejante maravilla en ese sitio.
El rededor se extendía una llanura de tierra que al igual que había paso con el reino anteriormente visitado se podía intuir que en el pasado un frondoso bosque rodeaba la fortaleza. Sobre ellas una tormenta imparable azotada por un aire huracanado en el cual decenas de destellos cegadores impedían bien la visión. Para Milo aquel lugar era como estar dentro de la utilización de una de sus técnicas, el "Aire Santo" y no le afectaba en absoluto, mirando al suelo, la superficie de aquel lugar estaba a cientos de metros de distancia.
Como pasó en su anterior visita al reino, todo el lugar que estaba desierto comenzó a verse en movimiento al aparecer sus antiguos habitantes en forma de seres espectrales. Las gentes de aquel insólito lugar vestían con túnicas que les cubrían por completo, hasta los ojos, los cuales podían ver a través del mismo capuchón que les cubría la cabeza, una parte más fina y traslucida les dejaba ver sin ser azotados por aquella incesante tormenta.
Parecían estar en estado de alerta pues los soldados, que estaba equipados con corazas ligeras, estaban llevando a los más vulnerables a lo alto del pilar, a las zonas más seguras, en el suelo una masa negra lo había ocupado por completo, el ejército demoniaco había llegado hasta allí y ahora estaba posado en la base de la ciudadela.
Desde uno de los muchos balcones estaba asomado viendo la poderosa fuerza que les atacaba y vio en el otro pilar al rey de aquel lugar que estaba acompañado por otro de sus hermanos el Rey Dschubba, con su poderoso Casco equipado. Aprovechando que los pilares estaban conectados entre sí a esa misma altura, corriendo fue a presenciar que era lo que les ocurría.
Agotado llegó hasta su posición donde los dos hermanos conversaban analizando la amenaza. La armadura de Wei era una de estilo oriental, con una larga crin de caballo que salía de la parte del casco y caía por la espalda; sus armas eran dos largas espadas curvas. Por parte de la de su hermano era de estilo tosco, hecha en metal que parecía compacto y muy pesado, no se le podía ver nada de la cara pues estaba completamente protegida por el gran casco que llevaba. Ambos personajes tenían más o menos la misma altura, rondando el metro noventa y eran fuertes físicamente.
El señor de aquel lugar con su mano parecía intensificar el poder de la tormenta que lanzaba terribles rayos hacia el suelo impactando sobre su enemigo que trataba por todos los medios subir hasta ellos.
- Los comanda el general demoníaco Purson. – pronunciaba el que no se le podía ver el rostro. – Ese monstruo con casco de cabeza de león.
- Puedo impedir que suban durante años, nunca ningún enemigo ha logrado subir hasta Cielo Abierto. – había revelado el nombre de la fortaleza. – Aquí los iremos desgastando hasta que se den por vencidos.
- No solo demonios nos atacan. – señalaba con su dedo como en la base de las montañas aparecían las figuras de seres humanos, Milo los pudo reconocer al igual que ellos, eran los seis hermanos cuyo nombre se había perdido a lo largo de la historia. – Veo que alguno de los nuestros han optado por pasarse a las fuerzas de padre.
- Traidores han dejado que mataran a todos su vasallos con tal de salvarse ellos mismos, Sargas tenía que habernos informado de esto, si de verdad está haciendo de infiltrado tendría que haberlo sabido.
- Ellos seis son los más débiles entre los nuestros, cuando te sientes así y las fuerzas de tu enemigo están dirigidas por tu propio padre es normal que te sientas tentado a unirte al bando que parece que tiene todas las de ganar aunque tu destino sea bastante incierto, pero mientras se resuelve al menos estas con vida. – a pesar de ser físicamente una bestia armada el rey era bastante sabio. – La guerra está por todos lados no condenes a Sargas sin estar totalmente seguro de lo que puede llegar a enterarse. – el gran guerrero fortificado apretaba los puños. – Hermano aquí nuestros caminos se separan.
- ¿Qué quieres decir? ¿No pretenderás saltar y enfrentarte directamente a ellos cuerpo a cuerpo?
- Eso mismo pienso hacer. – asomándose a los otros balcones las pocas fuerzas con las que contaba aquel rey aparecían escoltándolo. Todos sus guerreros, que podrían alcanzar los dos millares, estaban fuertemente acorazados para el combate en embestida.
- Si tú saltas, salto yo también, no dejaré que tu solo te quedes con toda la acción.
- Tú tienes un pueblo al que proteger, yo solo tengo guerreros que nos han dejado sin hogar, tu momento no ha llegado, el mío sí. – miraba a todos sus tropas que se preparaban para saltar. – Apóyame con tus rayos desde la distancia. – se sujetaba a la barandilla preparado para dar el salto. – Ha sido un placer hermano.
Sin decir más, tanto Dschubba como sus legiones, se lanzaron desde aquella altura hacia la marea negra de demonios que le esperaba en lo más profundo mientras su hermano desataba toda la furia de la tormenta para ayudarle. El griego que miraba con asombro desde aquella altura como aquellos guerreros, cual candentes meteoros, cayeron en la base provocando el estallido de millares de enemigos.
Aprovechando el factor sorpresa de su contraataque cogiendo carrerilla comenzó a embestir al enemigo en formación, mientras los rayos caían desde los cielos. La batalla fue espectacular, tan solo el rey apoyado por sus tropas comenzó a limpiar de demonios la base de la fortaleza, al ver que con toda su implacable furia embistió sin piedad contra los hermanos disidentes destrozándolos sin miramientos Milo pensó en que el acorazado personaje iba a ganar aquella batalla pero la aparición del antes mencionado General Purson compensó su aparente ventaja.
El demonio de forma humanoide era enorme, portaba coraza negra y casco completo con forma de cabeza de león, en sus manos portaba una alabarda con filos afilados en ambos extremos. De un golpe mató a varios de los soldados que continuaban arrasando con lo que se le ponía delante y les hizo perder la formación destructiva que tenían.
El combate perdió la formidable ventaja que llevaba y los soldados comenzaron a adoptar tácticas defensivas de menor número pero la amplia ventaja numérica que les sacaba sus rivales por desgaste fue mermando sus filas hasta que al final solo quedó el Rey que seguía ejecutando a todo lo que se le interponía.
El nuevo enemigo que había aparecido se encaró ante él y comenzó una lucha encarnecida entre ambos, los otros demonios se apartaban presenciando sin intervenir la lucha entre los dos seres. Pero al final el desgaste por el combate y ante el poder de Purson fue superior al del rey híbrido y lo acabó arrodillando a sus pies.
Sin pedir piedad Dschubba esperaba su sentencia, arrodillado y derrotado no quitaba la vista del suelo, el general girando su arma no le hizo esperar y lo decapitó allí mismo, provocando la ira de Wei el cual lanzó todos sus rayos en su contra. Furioso, el demonio humanoide, dio un salto hacia una de las columnas cogiendo impulso se dirigió hacia otra y así estuvo saltando de un lado al otro de los tres pilares ascendiendo hacia lo alto mientras era azotado sin parar por los rayos.
Cuando con su último impulso estuvo a la altura del señor de aquella fortaleza fue alcanzado por al menos quince rayos que prendieron fuego a su cuerpo no sin antes lograr que lanzara su arma cual lanza contra el rey que estaba totalmente concentrado en eliminarlo y así lo logró, el demonio calló pulverizado pero el precio a pagar fue la vida del rey pues fue atravesado por la alabarda.
- Evacuad a todos los que podáis. – desangrados se dirigía hacia sus soldados.
- ¿Hacia dónde mi señor? No tenemos conocimiento de ningún lugar que sea seguro ahora mismo.
- Si no podéis evacuar la fortaleza defendedla hasta el último aliento, no dejéis que lleguen a los más débiles. – mientras la tormenta se disipaba al igual que su vida daba sus últimas instrucciones. – Arrojad mi cuerpo al lado del de mi hermano, quiero reposar junto al héroe que se ha lanzado sin temores hacia la muerte y la ha mirado desafiante.
Sus soldados cumpliendo su voluntad arrojaron su cuerpo al fondo mientras observaban horrorizados como la masa negra de enemigos ascendían por los pilares invadiendo el feudo. Fortificándose lo mejor posible los contuvieron pero no lograron salvarse y finalmente el reino desapareció en el olvido.
Al terminar aquella representación espectral todo volvió como estaba antes, Milo volvía a derramar lagrimas por aquellos que se habían dejado la vida luchando por tanto su supervivencia como las de sus gentes.
Pensando en volver al montacargas pudo percibir que ya Sargas seguía su estela y sintiendo una corazonada en lugar de volver a la estación descendió al fondo de aquella ciudad. En la base todo era polvo por el efecto del violento vendaval que los azotaba, pero llegando al centro se sorprendió de lo que allí encontró.
Los cuerpos petrificados de los seis hermanos traidores a su causa estaban allí formando un hexágono alrededor de Wei y Dschubba, los cuales estaban de pie y dándose la espalda en posición ofensiva como tratando de seguir enfrentando al enemigo pese a estar muertos.
Muy juicioso, Milo pasó sin tocar a ninguno de los seis traidores y delante de aquellos dos formidables guerreros del pasado acarició el recubrimiento de cristal que los mantenía aprisionados y este se rompió al contacto liberándolos a ambos. Con la capacidad de movimiento recuperada se pusieron rectos ante el rubio jovencito.
- Milo, ¿Por qué nos has liberado? – preguntaba el rey visitante de aquel reino.
- Necesito vuestra ayuda, tal vez juntos logréis derrotar a Sargas.
- ¿Juntos? – el más imponente de los tres apretaba sus puños. – Desde luego que lo derrotaríamos pero mi hermano es más astuto de lo que piensas, no se atrevería a un combate cuerpo a cuerpo contra los dos, sabe que estamos limitados en movimiento y lo único que tendrá que hacer es adelantarte, llegar a la fortaleza roja y esperar allí a que te decidas ir.
- El sabe que Antares es el único que podría borrar su capacidad de acción sobre la materia. – el rey Wei señalaba a sus otros hermanos presentes y petrificados. – Así condenó a estos seis, por haberse pasado al bando que nos condenó ahora solo son reyes sin voluntad y los astros que se manifiestan en vuestro plano material no podrían hacer nada contra vosotros.
- ¿Por qué no me lo dijisteis? – miraba a los seres petrificados recordándolos durante el momento de la prueba.
- Los problemas de nuestra familia a ti no te incumbe en absoluto.
- Perdonad si he dicho algo que os molestara. – sintiendo que había formulado una pregunta delicada se apresuró a disculparse. – ¿Por qué si vosotros tenéis limitado el movimiento vuestro hermano no?
- El cuerpo original de Sargas está limitado pero la de su copia no, así fue como se "infiltró" entre los enemigos y nos reveló información importante, pero creo que siempre fue un traidor más, logró engañarnos a todos y nunca sospechamos. – aquel hermano parecía estar triste al percatarse de la traición desde hacía mucho tiempo de Sargas. – Pero que no cunda la tristeza, de momento lo tienes desesperado por atraparte, usaremos ese estado alterado para que no llegue a la conclusión de que con solo esperarte al lado de Antares tendrá suficiente para acabar contigo. Tienes que irte y hacerlo ya.
- Si mi destino se encuentra en la Fortaleza Roja, no se llegar hasta allí, está muy lejos y el camino más rápido es un laberinto del que no puedo dejar en manos del azar.
- Yo podría guiarte hasta la desembocadura de la llanura previa al reino de Antares, pero tendrás que ir solo después pues hasta ahí llega mi capacidad de movimiento termina en estas tierras. – le dijo Wei.
- Desgraciadamente mi capacidad de movimiento es mucho menor que la de mi hermano, se limita a este lugar, no puedo ir más allá. Así que me he de quedar aquí y parar a Sargas que se aproxima muy deprisa. – todos presentían la próxima llegada de su enemigo.
- ¿Podrás solo contra él?
- Al menos lo retendré todo cuanto pueda, vosotros partid.
Despidiéndose el más pertrechado de los tres esperó allí la llegada de su hermano que era muy posible que lo hiciera en los próximos minutos, mientras tanto Wei guiaba a Milo por su ciudad hacia el salvoconducto y tomaban de nuevo el montacargas para guiarle esta vez sin desvíos hacia su siguiente parada.
En el planeta tierra los Santos llegaban a toda velocidad a aquella zona del globo en la que aun era de noche, pero se detuvieron a unos cincuenta kilómetros de la isla y flotando sobre el mar embravecido divisaron lo que allí pasaba pues una terrible batalla se estaba desatando en su amplia superficie. Los Dioses del Olimpo estaban atacando al enemigo; como meteoros entraban en el lugar aunque poco tiempo les dejaban estar allí y tenían se salir. Una consecución de detonaciones resurgían por todos lados, todo el perímetro estaba envuelto en un cosmos puramente divino.
Los cinco caballeros ante la intensidad del combate que se estaba llevando en aquella isla se habían quedado perplejos. Se podía prever que la totalidad de los dioses del Olimpo se habían presentado a luchar contra esa nueva amenaza pero el resultado de la batalla aun era incierto, incluso supusieron cuando fue el momento exacto en el que el todopoderoso Zeus se involucró en la contienda pues los rayos que le acompañaban le precedieron en el momento de caer en la tierra.
- ¿Cómo habrán detectado esta amenaza? – el español estaba atónito ante la rápida respuesta por parte de los más poderosos del planeta.
- No están usando avatares humanos, han descendido del monte con su autentica forma, tienen que haberse sentido muy amenazados para hacer tal cosa. – Aioria como todos los demás solo veían cuerpos de luz en diferentes colores que eran la verdadera esencia de las deidades del Olimpo. Supongo que la diosa Atenea les habrá informado. – siguiendo la deducción más lógica le respondió al español.
- A si… la diosa Atenea. – conocedor de que esta no había acudido al Olimpo pues seguramente ni siquiera sabía que era una deidad en aquel preciso momento. – Seguro que fue ella. – sus palabras eran mentira pero aprovechó la tesitura para que sus compañeros creyeran que aquella batalla se producía por la intervención de Atenea.
- Aunque no hubiera sido ella. – volvió a pronunciarse Shaka. – La fuerza oscura que mana de este lugar hubiera sido detectada por cualquiera, estaba claro que intervendrían de una u otra forma, solo rezo para que no hubiera tomado parte de la batalla, es terrible.
- No podemos permitir que lo maten.
Aldebarán le comentaba a Camus sus preocupaciones cuando a sus espaldas llegaba una ola de descomunales proporciones, tanto el brasileño como el francés concentraron su cosmos y protegieron al resto de compañeros y atravesaron la base de aquel maremoto que tenía unos quinientos metros de alto.
- ¡Los dioses van a sepultar la isla!
- No creo que puedan hacerlo, este enemigo les supera.
Camus tranquilizaba al grandullón pues había visto el poder del arcángel y sabía que los olímpicos pocas opciones tenían en su contra. La ola antes de llegar al perímetro más cercano de la costa sufrió un efecto rebote por un escudo de energía invisible y prosiguió su destrucción en dirección contraria a la isla.
Los Santos aun seguían atónitos presenciando el encuentro y esta vez comprobaron como los más poderosos trataron de crear una oquedad en el suelo para que todo lo que hubiera sobre la isla acabara en el magma terráqueo pero al igual que pasó con la ola toda la destrucción se detenía al llegar al perímetro.
Finalmente al ver como el avatar de Samael con sus grandiosas alas se elevaba entre la trifulca agitando sus alas creó una serie de detonaciones de energía invisible una tras otras cuya onda expansiva llegaba hasta los caballeros que aguardaban en la distancia. Nuevamente Camus y Aldebarán protegieron al resto de no ser arrastrados. Las deidades no pudieron doblegar al enemigo y finalmente huían despavoridas de allí.
- ¿Huyen? – Shura estaba asombrado ante la retirada de las fuerzas del Olimpo.
- No sería la primera vez que los dioses se esconden de un enemigo. – Shaka seguía tranquilo. – Recordad la historia del gigante Tifón, el derrotó directamente a Zeus e hizo huir a todas sus deidades.
– ¿Si ellos no han podido como pretenden que lo logremos nosotros?
- Porque nosotros no somos inmortales. – Shaka seguía infundiéndoles ánimo. – Valoramos la vida, la defendemos y creo que esa es la razón por la que las estrellas que nos guardan nos aprecian y nos apoyan aunque nuestra lucha nada tenga que ver con ellas…. La batalla que se nos presenta traspasa las fronteras de todo lo que creíamos conocer, el Olimpo, Gea e inclusive el propio Caos. Pero una cosa es segura esta lucha tiene nuestro nombre grabado a fuego celeste. – de repente su cosmos se incendió de tal manera que igualó al de Camus y Aldebarán. – Ahora lo comprendo y se porque han fracasado las deidades, ellos han acudido allí con la intención de perpetuarse en la escala del poder pero en nuestro caso si vamos allí con la intención de defender la existencia más pura, nada será capaz de pararnos.
- ¿Si no vamos allí con esa actitud no se activará esta nueva fuerza? – el español se preocupó pues su misión en aquel lugar no era defender a los inocentes.
- Tranquilo Shura… tú tienes el título del caballero más fiel… matates a aquel trató de asesinar a la diosa, eres su protector más leal, nadie defiende la vida más que tú, seguro que no tardaras en desarrollar la fuerza que ahora gozan nuestros camaradas. – comentaba Aioria que aun no había encendido su cosmos de aquella forma. – No hagamos esperar a nuestro enemigo. – a pesar de ser uno de los poco que no habían manifestado la nueva clase de fuerza fue el primero en anticiparse. – ¡Por la victoria! – como destellos se dirigieron a las costas de aquella isla a esperas de encontrarse cualquier cosa.
