Nota del autor: ¡Muy buenas a todos! Antes de decir nada me gustaría empezar con un "¡YA ESTAMOS EN VACACIONES!" :D Lo necesitaba muchísimo, ya que estaba más que saturado con la Facultad. Tengo muchos planes para estas Navidades: Ver películas, jugar videojuegos, leer (también estudiar, aunque eso va aparte -_-). Espero que todos vosotros comencéis estas festividades con toda la ilusión del mundo :)

Y aquí vengo con la gran sorpresa de esta semana, y es que va a haber DOBLE PUBLICACIÓN. Sí, señores, este capítulo está dividido en dos partes. Hoy, Sábado, subiré la primera, y mañana lo culminaré con la segunda. Digamos que es mi "regalo" por parte mía para estas fiestas ^^

Otro motivo es que quería dedicar estas dos partes del capi a dos personas bastante especiales, sin las cuales me habría costado encontrar la motivación para continuar esta historia: Leona. NTF, por haber estado ahí casi desde mis comienzos por la web. Muchas gracias por tu fidelidad :D. Tampoco puedo olvidarme de Mikemasters Z, cuyos reviews llenos de emoción me empujaban a mantener el ritmo todas estas semanas. Asimismo, gracias a ese consejo que ha compartido conmigo he pensado sobre ciertas cosas que han hecho que mi amor por la verdadera esencia de la escritura no haya hecho más que aumentar :)

Asimismo, también quería daros las gracias a todos esos lectores que aunque no escribís aquí dedicáis parte de vuestro tiempo a leer esta historia. Disfrutad de la lectura, pero quería deciros a TODOS y cada uno de vosotros: ¡Muchas gracias! :D

Hoy estoy muy sensiblero. Supongo que es por las vísperas de las festividades *snif snif* ;)

Bueno, ahora volviendo a la historia en sí, otra "sorpresita" que tengo preparada es que este capítulo tiene una ADVERTENCIA (¡Importante leer!)

- Este capítulo contiene TEMÁTICA ADULTA, en la cual puede observarse, entre otros: SEXO EXPLÍCITO, VIOLENCIA y ABUSO DE MENORES (Sí, puede parecer muy raro, pero realmente lo hay, en las dos partes, por lo que quería avisaros para no pillaros desprevenidos). Esto me ha llevado a calificarlo dentro de la categoría "M". Sin embargo, creo que ésto puede reflejar con mayor intensidad la verdadera realidad por la que pasan ciertos personajes de la obra.

Aclarado sea esto ¡Luces, cámara y acción! :D


- CAPÍTULO 21: INSTINTOS BÁSICOS (1º parte) -

La naturaleza humana era realmente complicada: Un cúmulo de instintos básicos mezclados con racionalidad generaba una mezcla explosiva de algo que se conocía como hombre. No obstante, el ser humano se sintió excesivamente osado al acuñar dicho término, pues los límites de la palabra trascendían más allá de tener cinco dedos o piel rosácea. Incluso jóvenes mutantes como ellos sufrían de aquella bendición de la evolución, aunque para Donatello parecía más una maldición.

En aquellos momentos se encontraba en su dormitorio, sentado en la mesa de su estudio. Casi toda la superficie estaba ocupada por cachivaches a medio completar. "Debería de ir pensando en hacer una lista del material que necesito para ir a buscarlo al vertedero". Por un momento pensó en hablar el asunto con sus hermanos, aunque ninguno se encontraba precisamente de muy buen humor. El zumbido de todos sus ordenadores encendidos acompañaba su silencio. Le encantaba, ya que nunca le hacía sentirse sólo.

En la pequeña cama, rodeada de posters de galaxias y nebulosas, su ordenador portátil iluminaba algo más la estancia con una luz blanca y tenue. Si mirabas de cerca podía verse un mensaje de correo a medio completar. Por mucho que quisiera, no encontraba palabras para disculparse con la chica a la que estaba asesorando en su trabajo, Shirley Garland.

Al principio, cuando la conoció, la trató con la mayor cautela posible. Las palabras de Splinter siempre habían sido claras: Había que evitar el contacto directo con los humanos. Donatello fue el que lo comprendió primero: Aún recordaba su mayor sueño de convertirse en un científico de prestigio, pero una tortuga mutante humanoide jamás podría llegar a serlo. La gente no lo entendería.

Sin embargo, Shirley le sorprendió bastante: Era alguien que compartía prácticamente todos sus gustos, ducha en tecnología e inteligente. Cuando trabajaba había hablado con gente que se movía por sus mismas esferas en los foros, pero había "algo" que les faltaba, y ese algo lo tenía aquella chica.

"La informática, para mí, es algo más que una afición o una manera de trabajo: Es una parte de mí, una especie de Santuario."

"¿Como cuando te sientes decepcionado con el mundo?"

"¡Exacto! Hay momentos en los que la vida me parece un sinsentido y me concentro en esto. A veces me siento un antisocial cuando lo hago -_-"

"¡No pasa nada! De hecho, yo también soy así. Siento que es lo único que me reconforta cuando me siento rodeada de…"

Paró de escribir. Donatello iba a responder cuando la chica añadió.

"Me alegra ver que no estoy sola. Cuando sientas que el mundo no vale la pena, piensa que al menos ahora tienes a alguien esperándote, cuando vayas a tu Santuario."

Aquello podía parecer extraño a cualquiera, pero él comprendió a la perfección aquel gesto de apoyo.

Por mucho que le diera vueltas, no conseguía entender el motivo de su enfado tan repentino. Había dejado de enviarle mensajes, y la joven tortuga no encontraba el valor suficiente para retomar la conversación. Intentaba recrear una y otra vez aquel dichoso diálogo, pero no había encontrado nada ofensivo. Al menos, a su juicio.

"Tiene que ser aquello. Si no hubiera dejado que ese asunto me afectara tanto no se lo habría comentado y no habría provocado este estropicio"

Si April no le hubiera dicho eso, jamás le habría hablado a Shirley de ella...


Aquella tarde le llamó por teléfono. Se encontraba tumbado en la cama boca arriba cuando su móvil comenzó a vibrar.

—¿Cómo te encuentras, Donnie? Tienes que estar cansado después de tanta patrulla nocturna- Le habló en un tono jovial, como siempre que hacía cuando le saludaba con aquella sonrisa que tanto le encandilaba.

—La verdad es que me siento algo somnoliento, sí- Se sinceró, llevándose el dorso de la mano libre a la frente. Apretó los dientes, conteniendo un suspiro de agotamiento.

—Vaya pena. Estaba pensando en invitarte a cenar a mi piso…- Añadió con cierto tono de reproche.

El corazón le dio un vuelco a tiempo que se incorporaba bruscamente. "Mierda, ¿Por qué he dicho que estaba cansado?". Intentó que sus siguientes palabras no sonaran con torpeza mientras sacudía la cabeza.

—¿Pero se lo has dicho a Casey? ¿Qué piensa?-

—Tu hermano le ha pedido acompañarle en la salida de esta noche, ya que a Michelangelo le han llamado para trabajar en un cumpleaños, y no acaba hasta tarde-

"Estaremos solos". Aquel pensamiento se formuló en su mente como caramelo para un niño. Sentía en su estómago el aleteo de una mariposa. De repente se encontraba muy despierto. Despierto y de buen humor.

—¡Muy bien! Me arreglo y voy para allá- Exclamó, sin poder contener la emoción que lo embargaba.

El joven mutante oyó cómo su amiga comenzaba a reír al otro lado de la línea.

—¿Pero no se suponía que estabas cansado?- Soltó otra pequeña carcajada- Venga, te estoy esperando. Hoy cenaremos macarrones a la carbonara, así que ve haciendo hueco en tu estómago y no esperes que se enfríen ¿Vale? ¡Nos vemos!- Sin esperar respuesta, colgó.

Mientras se duchaba no pudo evitar empezar a tararear la primera canción que se le vino a la cabeza. Hacía mucho que no quedaban para tomar algo siquiera, y la mayoría de las veces también se encontraba Casey. Quizá era por la emoción del encuentro, pero no paraba de pensar que no se encontraba lo suficientemente limpio. No fue hasta que se miró por enésima vez en el espejo cuando se convenció de que estaba presentable. Por primera vez en mucho tiempo lastimó no tener una colonia que echarse para ocasiones especiales como aquella.

"¿Qué puedo ponerme?" Cayó en la cuenta cuando se encontraba de nuevo en su dormitorio. Era comprensible suponer que una tortuga ninja como él no podía presentarse a cualquier tienda de ropa y pedir un atuendo formal para una cena…

—¡Ah!- Exclamó, de repente.

Abrió su pequeño armario y rebuscó entre la poca ropa que había encontrado en sus incansables visitas al desguace. En el fondo, doblado como si nunca lo hubiera tocado, reposaba una camisa blanca que tenía remiendos por todos los lados. A su lado se encontraba un pantalón negro con parches de distintas tonalidades del mismo color.

Los encontró haría ya dos años. Estaban en un estado lamentable. Por un momento creyó que se trataban de estropajos. No entendía la razón de ello, pero decidió llevárselos e intentar arreglarlos. Mikey se reía cada dos por tres cuando le veía con hilo y aguja.

—¡Pareces una vieja de asilo!- Conseguía decir entre jadeo y jadeo- Si quieres te traigo una mecedora y gatitos a los que acariciar en tus ratos libres…-

Una parte de él se lamentaba profundamente por no poder presentarse de manera radiante ante April.

"¿Pero cómo va a disgustarse por eso, idiota?" Se reprochó a sí mismo "¡Recuerda que le gusta la sencillez, so memo!"

Pero ese cosquilleo en el estómago seguía protestando en silencio por no estar perfecto. April lo quería por ser tal y como era ¿No?

Tras unos minutos de decisión dejó su bandana morada al lado del portátil del escritorio y se dispuso a salir de La Guarida. Cuando pasó por el salón se encontró con Splinter, que estaba sentado tranquilamente, viendo su programa de televisión favorito.

—¿"Las chicas Gilmore"?- Preguntó, parándose un momento a su lado.

—"Sobrenatural"- Respondió, levantando la cabeza y mirándole con ojos brillantes- Han cambiado el horario televisivo y lo han sustituido por esta serie. Voy a darle una oportunidad, a ver cómo pinta- Hizo una pausa, observándole de arriba abajo- ¿Adónde vas vestido de esa manera? ¿No será a la superficie?-

—April me ha invitado a cenar- Respondió con naturalidad, aunque no pudo evitar un deje de emoción en su voz.

Splinter asintió y sonrió.

—Pásalo bien. A veces los amigos nos ayudan a soportar mejor el presente en el que vivimos-

Cuando su padre volvió de su salida nocturna el día del incidente de Michelangelo escuchó atentamente a sus hermanos, asintiendo a cada una de sus conclusiones. Tampoco se olvidó de recriminar al más pequeño por su actitud imprudente.

—Somos una familia, y como tal hemos de actuar juntos, unidos. Todos somos uno- Mientras lo decía lanzó una mirada fugaz a Raphael, que gruñó por lo bajo.

Ya era sabido entre Donatello y sus hermanos de las salidas de Splinter. "He ido a visitar a Hamato Yoshi" le explicó la primera vez que preguntó. Ambos sabían que estaba muerto, por lo que hablaba en sentido figurativo; Pese a eso, siempre se olvidaba de preguntarle adónde iba exactamente…

Dejó de divagar sobre hipótesis y teorías cuando sus ojos captaron la imagen de April.

La reportera lo recibió con un fuerte abrazo, no sin antes mirarle con una media sonrisa de arriba abajo, en una mezcla entre extrañada y divertida al verlo embutido en aquel "traje". Por su parte, ella llevaba una sencilla camiseta lila con pantalones vaqueros de campana y el sedoso pelo recogido en un moño chino.

—¡Tampoco tenías que arreglarte tanto, que estamos en confianza!- Le guiñó el ojo- Has llegado justo en el momento oportuno. Acabo de poner la mesa y los macarrones están al dente. Quiero tu opinión sincera sobre mis habilidades de cocina ¿Eh?-

Se sentaron uno frente a otro en la mesa redonda del salón, que en aquellos momentos se encontraba iluminada por una lámpara de pie situada en una de las esquinas. Aquello le daba al lugar su toque apropiado de intimidad. Las paredes color crema estaban ocupadas por estantes y más estantes de libros dispuestos a doble hilera. Al fondo del salón había una ventana de cortinas blancas que se mecían suavemente al viento, dejando entreoír parte de la vida nocturna neoyorquina. A la izquierda de la mesa un sofá rojo mullido presidía la estancia. Donatello recordaba todas y cada una de las veces en las que se habían sentado a ver una película. Pese a ser para dos personas era algo estrecho (uno de los acomodados no es que fuera de complexión humana, precisamente) lo cual ponía a prueba a la joven tortuga, que casi podía oler el aroma que desprendía su amiga. En muchas ocasiones se había sentido tentado de pasarle un brazo por el hombro, con la excusa de estar más cómodos…

Los macarrones estaban en su punto, ni muy especiados ni demasiado sosos al paladar. No podía esperar menos de su querida April. Ésta respondió con aspavientos al cumplido, aunque sus mejillas parecieron sonrojarse.

La cena transcurrió tranquilamente, en una agradable mezcla de anécdotas del trabajo de la reportera y otros temas banales.

—…y aún sigue creyendo que sí ¿No te parece irónico?- Comenzó a reír. Donatello no pudo evitar esbozar una sonrisa de oreja a oreja, apoyada como tenía la barbilla en su mano izquierda. Para salvar posibles preguntas acerca de su "embobamiento" decidió tomar un sorbo del vino que le había ofrecido. Notó cómo bajaba suavemente por su garganta, justificando el rubor que recorría sus mejillas, en realidad debido a otros estímulos.

Era un cuento de hadas. La tenue luz generaba un claroscuro en las facciones de su amada que le daba un toque especial, único. Aquel pequeño universo que se había creado era de los dos. Todo se reducía a aquella habitación, y nada más.

"¡Cuánto necesitaba esto!" Pensó, sintiéndose felizmente relajado. De repente se dio cuenta de lo tenso que había estado aquellas semanas.

Parpadeó, volviendo a la realidad, cuando vio que April miraba hacia otro lado, con la cabeza baja. Sus ojos estaban brillantes mientras sujetaba la copa de vino y hacía suaves movimientos circulares con ella, agitando su contenido color de la sangre.

—¿April?- Preguntó Donatello, preocupado por aquel cambio de ánimo de su amiga- ¿Te encuentras bien?-

La reportera negó con la cabeza.

—Don- Cuando habló lo hizo en un tono más bajo y grave. Definitivamente, todo atisbo de alegría previa se había esfumado. Alargó la mano y cogió la de la joven tortuga, entrelazándola con la suya. Por un momento su corazón comenzó a martillear su caparazón- Necesito hablarte de una cosa-

Donatello parpadeó, incrédulo por lo que estaba pasando. No sabía si era el vino, o bien que la habitación estaba menos iluminada, pero April lo estaba mirando con unos ojos que jamás había visto en ella. Y sus manos eran tan suaves…

—Tranquila- Con la otra mano que tenía libre acarició el dorso de la que le tendía y se inclinó hacia adelante. Habló lo más suavemente que podía, como si se tratara de un amante que susurraba a su chica palabras de amor tras una noche frenética.

—Estoy bien, pero llevo mucho tiempo queriendo hablar de esto, y la culpa puede conmigo- Se mordió el labio inferior y se quitó un mechón que le cubría los ojos, poniéndoselo detrás de la oreja. Donatello no pudo evitar sentirse repentinamente tenso ante aquel gesto tan seductor. Una parte de él le alarmó: Aquella cena tan repentina, ese ambiente de intimidad… ¿Podría significar lo que creía que significaba?

"Espera un momento, Don. Inspira y espira. Relájate, deja la mente en blanco y sé tú mismo" Pensó, aunque su corazón verdaderamente parecía querer destrozarle desde dentro, con aquellos latidos que parecían más explosiones.

—April, ya sabes que puedes contarme lo que sea- Le dedicó una de sus mejores sonrisas- Llevamos siendo mejores amigos prácticamente desde que nos conocimos, por lo que hay confianza suficiente para… lo que sea- Era bueno que la habitación estuviera lo suficientemente oscura como para que no viera su expresión de emoción contenida, comprendiendo que había hablado más de la cuenta.

La reportera le devolvió la sonrisa.

—Eres un encanto, Don- Le acarició la mejilla. Apretó los labios, intentando aguantar los impulsos de echar la mesa a un lado y besarla ahí mismo, tumbados en el suelo, como dos adolescentes- Siempre has tenido las palabras adecuadas para hacerme sentir segura. Sé que guardarás bien el secreto…-

Aquello no era exactamente lo que se esperaba que le fuera a decir, pero asintió, decidido.

April no respondió de inmediato. Se echó hacia atrás y puso la espalda recta sobre la silla. Miró hacia otro lado cuando lo dijo.

—Es sobre Casey-

Tres palabras. Con esas tres palabras el castillo de ilusiones que había construido Donatello se echó abajo. Sintió cómo la calidez que lo embriagaba lo abandonaba y de repente la habitación se tornaba más oscura. Un gran pinchazo en su corazón, como si le hubiera dado un infarto. Sentimientos encontrados surgieron en su mente.

"Debí haberlo supuesto desde el principio" Pensó para sí. Aquellas tres palabras significaban una jarra de agua fría sobre la cabeza en una noche de invierno.

April no pareció echar cuentas a su repentino cambio de humor, ya que continuaba hablando, en parte para ella y en parte para él:

—Lo sé, lo sé. Seguro que te preguntarás cómo es posible que haya algún problema entre nosotros. Después de todo, hemos pasado tantas cosas juntos…-Se llevó una mano a la sien- No es por él. De hecho, es un hombre maravilloso. Es un atolondrado, desaliñado, desordenado… ¡Incluso no sabe cocinar un huevo! Pero precisamente esa imperfección es lo que me gusta tanto-

—¿Entonces… qué es lo que te preocupa?- Se esforzó por preguntar Donatello, intentando no sonar frío.

Pausa.

—Creo que he estado tratándole de una manera muy injusta por mucho tiempo-

"¿Y eso?" Una parte de él cobró un repentino interés por el asunto. Aún recordaba cuando le hablaba de Casey, al poco de conocerle. "No tiene ni una pizca de cerebro" decía aquellas noches en las que quedaban para tomar algo juntos. Donatello se limitaba a asentir, pero por dentro experimentaba un mezquino placer, por mucho que quisiera evitarlo.

Por eso le sorprendió mucho que decidiera salir con él cuando se lo pidió. Quiso preguntarle acerca de ello, pero no quería levantar sospechas acerca de sus verdaderos sentimientos. Además, la relación entre ellos dos fluyó demasiado bien para su gusto, lo cual restaba sentido a posibles cuestiones. Cuando April hablaba de él entonces era sólo para decir cosas buenas, en plan "no me había dado cuenta de lo bueno que era hasta ahora". Al principio sonaba como si estuviera encaprichada.

—Que yo sepa, Casey nunca me ha dicho nada malo de ti. Podría haber hablado algo con Raphael, pero la posibilidad me parece muy remota- Intentó racionalizar el asunto, porque si se centraba en los sentimientos podría delatarse. Pese a todo, temía sonar demasiado metálico, que no encontrara en él el presunto apoyo que ella buscaba.

La reportera respondió con una pequeña risa. A lo mejor pretendía lo contrario, pero no hizo más que acrecentar la tristeza que desprendía.

—Siempre te he dicho que de repente me había dado cuenta de que era un príncipe de cuento ¿Verdad?- Hizo una pausa solemne- En realidad os estaba mintiendo a todos, pero sobre todo a mí misma. Esos nunca han sido los motivos que me empujaron a estar con él-

Donatello abrió los ojos de la sorpresa. Aquella era una faceta que no se esperaba para nada de su querida April. Podía tener algún defecto, pero nunca, nunca, nunca podía tildarse de mentirosa.

Tenía miedo de lo que le iba a decir.

—¿Entonces… por qué empezaste a salir con él cuando te lo pidió?- Toda su persona era un dilema. Curiosidad contra ignorancia/felicidad, pero él siempre había sido de mente científica.

No respondió de inmediato. Inspiró y espiró. Finalmente, cuando Donatello le iba a volver a preguntar, le dijo aquellas fatídicas palabras.

—Porque me sentía sola-

Ella no lo notaba, pero el corazón de la joven tortuga se desmoronaba lentamente. Un castillo demasiado viejo para resistir el paso del tiempo. De todas las respuestas posibles, aquella era la que menos se esperaba.

—¿S-sola?- Repitió con dificultad, pues notaba la lengua repentinamente pastosa.

Asintió.

—Desde siempre me había preguntado qué veían los demás chicos en mis compañeras de trabajo. No es que me importara, pero era una sensación que me carcomía por dentro, y a veces se me hacía difícil. Antes de darme cuenta, estaba rodeada de parejas aquí y allá. Nadie me consideraba como alguien a ser amado…-

No podía creerse lo que estaba oyendo.

Por fuera parecía escuchar atentamente a su amiga, pero por dentro estaba desollándose vivo.

Era como gritar a una pared más gruesa que el propio mundo. Querías intentar hacerte escuchar al otro lado, pero no podías.

"¡¿Qué nadie te considera como alguien a quién amar?! ¿¡Qué demonios me estás diciendo, April?! ¡¿No te das cuenta?!" Gritaba con todos sus pulmones a aquella pared blanca, que presenciaba impasible su impotencia.

—…fue entonces cuando me asaltó el miedo. Miedo a la soledad. Mi juventud se escapaba entre mis dedos como granos de arena. Estaba sola, abandonada a mi suerte, ante la crueldad de la vida…-

"¡¿Y yo qué?!" Empezó a propinarle puñetazos a aquella pared que lo separaba de April. Ella no podía oírle, pero él sí que escuchaba sus sollozos desesperados de amor. Quería romper esa pared, QUERIA ROMPER ESA PARED, pero no podía "¡¿Qué era yo para ti entonces, April?! ¡Siempre he estado a tu lado! ¡Siempre te he amado! ¡Me da igual que seas joven o vieja!" Quería envejecer junto a ella. Quería morir a su lado. Pero sobre todo quería que no se sintiera sola, que tuviera la certeza de que alguien siempre le daría la mano, alguien que la amaba. Sus puños comenzaron a desollarse, manchando la pared con trazos de sangre. Hubo un momento en el que paró, apoyó la frente en los ladrillos blancos y empezó a sollozar mientras continuaba con otros golpes más débiles, en vano.

—… por eso me ilusioné cuando Casey me propuso salir. Por mucho que no me gustara en un principio decidí seguir adelante. Podría decirse que me fui con el primero que pillé…-

"April… April…" Murmuraba con las pocas fuerzas que le restaban. Pensar que en su momento estuvo tan cerca de ella y nunca, NUNCA, fue consciente de él, hacía que su realidad se resquebrajara, trocito a trocito. Tuvo que parpadear un momento y mirar a un lado, porque sus ojos se habían tornado peligrosamente brillantes.

—…pero no me malinterpretes, Don. Ahora sí quiero a Casey, aunque tuve que aprender a hacerlo a lo largo de nuestra relación, más que antes. Por este motivo te digo que le he estado tratando injustamente… y he tomado una decisión al respecto para remediarlo-

Donatello le miró con impotencia, aunque la penumbra, una vez más, hizo que April no apreciara bien sus facciones

—¿Qué decisión?- Su tono de voz sonó ligeramente quebrado. Esperaba, sinceramente, que pensara que el motivo de ello era la impresión de la revelación, más que lo que verdaderamente suponía para él.

April buscó una vez más su mano y se la estrechó, como la primera vez. Se inclinó hacia adelante y le miró con aquellos ojos de ilusión contenida. La joven tortuga no sabía qué más podía decirle para minarle el ánimo de manera definitiva…

Pero la había.

—Voy… a pedirle matrimonio-

Y sonrió.


Agradeció profundamente no encontrarse con nadie en el camino de vuelta a su dormitorio. No quería ninguna pregunta incómoda, o alguna broma propia de Mikey "¿Qué, haciendo cositas con April a espaldas de Casey?"

Se echó en la cama vestido como estaba, boca abajo. No tenía ganas de hacer nada, tan sólo quería dormir. Dormir y nunca despertar…

Fue entonces cuando recordó que debía de estar conectado aquel día, para ayudar a Shirley. No sabía cómo, pero encontró las fuerzas para ello. Craso error.

Una cosa llevó a la otra, y le soltó aquello:

"Seguro que no dudarías en hacerla tuya si se diera la ocasión…"

"En el fondo todos los chicos sois iguales."

Quizá era cierto. Él también ansiaba a April. Casey era un hombre apuesto, guapo, fuerte ¿Y qué era él? Una tortuga mutante de las alcantarillas que casi siempre olía a aceite desengrasante y a polvo. Amaba a April, la amaba de verdad, pero en el fondo todos sucumbían a sus instintos básicos. Instintos de amor, de búsqueda de una pareja óptima para la reproducción. Y por esa sencilla razón jamás podrían corresponder sus sentimientos.

"…pensaba que eras distinto, que eras un hombre sensible que tenía estas cosas perfectamente superadas. Pero en el fondo eres un monstruo como los peores."

"¿En ese lugar me deja la Vida? ¿Para esto me ha dotado de parte de humanidad?" Por un momento deseó nunca haber mutado en lo que era. No había hecho más que ofrecerle sueños imposibles que cumplir. Conocer el mundo, ser un científico de prestigio, April…

Aquella noche tuvo una pesadilla.


La habitación era totalmente blanca: Las cortinas que se mecían al son de un viento inexistente, La luz de procedencia incierta que se dejaba entrever por la ventana, aquel armario abierto cuyo final parecía perderse en una profundidad nacarada, e incluso las extrañas rosas blancas que descansaban solitarias sobre la superficie lisa de una mesita de noche. Los pétalos se desprendían lentamente e iban a caer al suelo tras un breve momento de planeo, como si se tratara de aviones de papel. Aquello debía de tener un significado, pero para la tortuga de bandana morada le era indiferente.

Lo que más le llamaba la atención era lo que se encontraba suavemente postrado sobre la cama con dosel.

Ella estaba boca arriba. Su silueta descubierta formaba una línea sinuosa que contrastaba con aquel blanco puro. Las sábanas esbozaban olas en torno a su figura, como si pretendieran resaltar aquella obra de arte de la naturaleza. Su pecho desnudo ascendía y descendía con la respiración. Una gota de sudor perlado reposaba incierto sobre su pecho, como un río que surcaba un valle. Sus pezones parecían extrañamente oscuros, y en torno a ellos la piel de gallina ansiaba ser saboreada.

Sus cabellos castaños reptaban por la almohada, como si se tratara de las serpientes de la cabeza de Medusa. La luminosidad del lugar hacía parecer que los reflejos de sus mechones eran rojos.

"Besados por el fuego" Recordó haber leído Donatello en cierto libro cuyo título no se le venía a la cabeza en aquellos momentos.

Le miraba con ojos brillantes, ávidos de algo, un secreto entre ellos dos que no debía salir de aquellas cuatro paredes. Las yemas de los dedos de una de sus manos reposaban sobre sus labios. De vez en cuando, uno de ellos entraba brevemente en su boca, y la saliva se encargaba de hacer de aquel espectáculo algo que comenzaba a provocar ciertas sensaciones en las partes bajas de la joven tortuga.

—Llevo esperándote todo este tiempo. Me duele…- Soltó un gemido a tiempo que movía suavemente sus piernas, abriéndolas un poco- Por favor… dentro de mí-

Fue entonces cuando abrió sus rodillas, mostrando a Donatello las maravillas escondidas de su sexo.

Tragó saliva mientras sus ojos saboreaban como el néctar de los dioses la visión de aquel vello rizado, ligeramente rojo, que circundaba aquel mundo que la joven tortuga ansiaba penetrar. Sus labios menores parecían palpitar, al son de una música silenciosa y excitante que recorría la médula espinal de aquellos dos amantes.

—¿A qué estás esperando? Te necesito, ven a mí…- April cogió dos dedos que comenzaron a reptar por su abdomen hasta entrar con lentitud dentro de ella. A los pocos segundos comenzó a meterlos y a sacarlos en un ritmo pausado. Comenzaron a gotear ciertos fluidos.

Un nuevo olor ciertamente reinó el ambiente. Lo único de lo que era consciente Donatello era de la presencia de aquella mujer que tanto tiempo llevaba ansiando.

"Es mía… sólo mía…" Pensaba un recodo de su mente que creía dormido.

April soltó una risita traviesa mientras miraba las partes bajas de su amigo.

—Veo que el pequeño Donnie igualmente me necesita-

Miró hacia abajo. Su miembro había salido y se encontraba en su mayor esplendor, palpitante, ansiando llevar a cabo el cometido para el cual había sido concebido.

"April no está enamorada de ti, idiota ¡Esto no puede estar pasando!" Le gritó una vocecita en su cabeza. Pero sintió una oleada de placer cuando las manos de la reportera sujetaron fuertemente la base y su lengua empezó a hacer movimientos circulares en torno a la punta, para finalmente ir introduciéndola lentamente en su boca. Su cabeza subía y bajaba conforme saboreaba su hombría. Donatello cerró los ojos fuertemente a tiempo que un rubor subía por sus mejillas

—N-no… déjame- Consiguió articular entre gemido y gemido.

—Sabes muy bien que llevas deseando esto mucho tiempo- Corroboraba con ojos lujuriosos mientras le masturbaba suavemente. De la punta goteó un poco de líquido preseminal, que fue a caer al hombro de la reportera- ¿Por qué no dejas de darle vueltas a las cosas y te dejas llevar?- Se quedó de rodillas y se incorporó. Le rodeó el cuello con sus brazos y le susurró-… ¿a qué estás esperando para hacerme tuya?-

Aquello fue el gatillo que despertó en Donatello aquellos instintos que salieron a flor de piel cuando comenzó algo que se llamaba "adolescencia". En el siguiente momento del que era consciente se encontraba abrazado a April, haciendo entrechocar sus caderas en un abrazo apasionado, desenfrenado. Cuando la penetró por primera vez oyó algo similar a un sonido de succión que le pareció en aquel momento melodía propia de los dioses. Podía sentir la respiración agitada de su amante en la mejilla. Sus pechos ascendían y descendían al ritmo de sus embestidas. Oleadas de escalofríos recorrían su médula espinal conforme entraba y salía de aquella selva húmeda y caliente.

—Dentro... córrete dentro- Le susurró mientras le apretaba con sus brazos hacia sí, intentando empujarle aún más profundo dentro de ella. Aquel estímulo fue demasiado para la joven tortuga, que apretó los dientes a tiempo que eyaculaba por primera vez, manchando las paredes internas de su amante, quién gimió complaciente. Tras un momento de pausa, durante el cual recuperaron un poco el aliento, continuaron con el acto.

Fue en el momento cercano al segundo clímax cuando Donatello notó que había algo diferente en la habitación. No obstante, no era consciente de aquello, pues se había entregado totalmente al momento.

—No…- Soltó la reportera entonces en un tono más grave- ¿Qué estamos haciendo…? Déjame…-

Sonaba totalmente distinta. La miró a los ojos. Toda lujuria que podía albergar la había abandonado, y en su lugar tan sólo había dudas. Dudas y miedo.

En circunstancias normales Donatello habría parado. Pero por alguna razón no quería hacerlo. Aquello era totalmente injusto para él.

"No. No puede ser. Llevo ansiando esto demasiado tiempo para que ahora quieras parar" Pensó para sí. Y una parte de él se aterró de opinar de una manera tan egoísta.

La luz de la habitación se tornó algo más oscura.

—Esto está mal. Somos amigos, no deberíamos de estar haciendo esto. Casey…- Continuó hablando.

Se enfadó. Casey, Casey, siempre Casey. Mientras él existiera jamás podría poseer a April.

"Pero me da igual. Ahora es mía y no pienso dejarla ir"

La agarró por los hombros y comenzó a embestirla con mayor fuerza. En parte era por sí mismo, pero las profundidades más mezquinas de su corazón querían hacerle daño, hacerle daño por haberlo dejado siempre de lado. "Porque soy un monstruo ¿Verdad?"

—¡¿Qué haces?! ¡Suéltame!-

April lloraba e intentaba arañarle la cara. Donatello había abandonado todo rastro de raciocinio, convirtiéndose en un verdadero monstruo. De hecho, sus brazos comenzaban a oscurecerse y a hacerse gruesos y deformes.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que la habitación estaba cambiando.

Rezumaba sangre. Por las esquinas, por los cajones de la mesita de noche, por el techo, bañándolos a los dos en una velada mortal. El armario, manchado de rojo oscuro, se abrió de par en par, dejando caer una montaña de vísceras sanguinolentas en el mármol mancillado.

—¡Monstruo! ¡ERES UN MONSTRUO!- April le chillaba, intentando con todas sus fuerzas desasirse de él. Estaba llorando. Donatello se sintió vilmente complacido. No fue hasta que lamió las mejillas de la reportera, saboreando sus lágrimas, cuando se dio cuenta de que en realidad también era sangre.

"¿Qué estoy haciendo? ¡No, para! ¡Le estás haciendo daño! Por favor..." Por momentos recuperaba su antiguo yo, pero no podía parar. Era como una droga: Una adicción que cada vez iba a peor.

El monstruo en el que se había convertido centró su atención en sus pechos y comenzó a morderlos hasta hacerlos sangrar. Cuando volvió la vista a su víctima, vio cómo su pelo iba cambiando poco a poco. Parecía iluminarse.

—¡Lo sabía! ¡En el fondo eres un monstruo como los peores!- Le miraba acusadora con aquellos ojos que se iban transformando en un color verde pino. Lo que quedaba de su escasa razón le presentó un nombre a la cabeza, pero no le hizo caso

"¡No, deja de llamarme así! ¡No quiero ser un monstruo! ¡No quiero serlo!" Su interior era un complejo cóctel de sentimientos. Por fuera era un ser vil que eyaculaba por quinta vez consecutiva en los interiores de una mujer que jamás podría corresponderle, pero por dentro sufría por lo que estaba haciendo. El semen se escurría entre sus muslos para manchar las sábanas sanguinolentas. Era algo tan antinatural…

"Quiero acabar esto ya, quiero acabar con esto"

Los ojos de la mujer habían abandonado todo color, para convertirse en un fondo blanco que rozaba lo demoníaco. Fue entonces cuando el monstruo posó sus manos sobre su delicado cuello y comenzó a apretar…

Se despertó con el corazón desbocado. Se sentía extraordinariamente débil y un sudor frío recorría su cuerpo. No pasaron dos minutos hasta que se dio cuenta de que estaba llorando en silencio, acurrucado y tembloroso. Donatello era alguien que lograba encontrar la razón entre la incertidumbre, pero aquella vez se sintió tan confuso y perdido como el ser más desgraciado del planeta.

Por un momento deseó poder creer en Dios. De ser así, le habría preguntado por qué le estaba haciendo sufrir de aquella manera.

CONTINUARÁ...