Holaaaa! Aquí onee-chan! *se oculta de los tomatazos* Bueno, comenzare con un simple: LO SIENTOOO! Uy! Lamento mucho haber tardado un mes y 15 días en actualizar esta historia (creo que ha sido mi record XD) Tenía el capi a medias y la idea en la cabeza como para terminarlo... pero a mediados de Abril comence con mi Clinica en varios hospitales y clínicas privadas, así que no tenía tiempo para nada. Salia todos los días a las 8 de la mañana al hospital, regresaba a mi casa a las 4 y de ahí partía a clases hasta las 9 o 10 de la noche... y como ustedes comprenderán, llegaba tan cansada que no había tiempo para escribir.
Pero en fin, ya todo eso terminó, ahora solo sigo con mis clases normales... Wiii... termine el viernes con mi Clinica, aprobada con honores! jejej.. así que no habran atrasos tan extensos. Lo prometo!
Espero que les guste este capitulo... creo que quedan dos capitulos mas, y terminamos la historia, muahaha. Pero como ya les dije, tengo otra calentándose en el horno. (no se que significa eso, pero lo pongo igual XD ajjaja )
Muchas gracias a Guest, neko dani, Phantom Claire, nikita, marylu Rguez, Kei, Sango Sarait, Ambar51chick, , Mel-chan y a todos los que leen, pero les da pereza comentar! jejeje. Son los mejores! De verdad me encanta leer sus comentarios, creo que soy adicta a ellos... jejeje.
Bleach no me pertenece... ni sus sensuales personajes. :)
Pd: Tambien tengo casi listo el sgte. capitulo de "Prometi protegerla", pero me falta algo... los que leen esa historia, me gustaria que me dijeran de que les gustaria ver disfrazado a Ichigo y a Rukia... espero sus opiniones :) jijiji
CAPITULO 25: TE PROTEGERÉ
Kaoru sentía unas manos haciendo presión sobre su pecho. ¿De quién eran esas manos? ¿Serían las de Rukia?
El dolor que parecía derretirlo por dentro ya había desaparecido, pero todavía se sentía tan débil que siquiera podía abrir los ojos.
Una sinfónica de ruidos, explosiones y gritos se mezclaban sobre su cabeza, siendo la voz de Rukia lo único que podía identificar claramente. Sin embargo, se escuchaba algo lejos de él y aquellas manos no provocaban el calor que sentía cada vez que ella lo tocaba.
Con un gran esfuerzo logró abrir los ojos, encontrándose con una mujer de cabello negro que lo miraba fijamente, pero… era otra persona, no era su princesa de ojos violetas.
Kaoru parpadeó hasta enfocar bien la imagen frente a él, pudiendo reconocer la cara de Unohana, que le sonrió tranquilamente mientras terminaba de curar sus heridas.
¿Dónde estaba Rukia?
– No te muevas todavía. – le dijo la capitana al ver que Kaoru trataba de levantarse. – Debes descansar un poco más.
El chico iba a replicar cuando escuchó nuevamente la voz de Rukia.
– No te levantes. – su voz tenía un timbre de preocupación.
Kaoru abrió los ojos, sonriendo por la emoción y a duras penas se sentó para buscarla con la vista, pero su sonrisa desapareció de inmediato. Una ola de alivio lo invadió al ver que estaba sana y salva, pero una ola todavía más intensa de rabia y celos lo sacudió al darse cuenta que las palabras de Rukia no eran para él.
La pequeña estaba arrodillada y trataba de impedir que Ichigo se levantara, sujetándolo de un brazo.
– Ya estoy bien. – dijo Ichigo, apoyando una mano en el suelo. – Puedo levantarme.
– Idiota, solo mira tu cara. – dijo Renji sonriendo burlonamente.
– Tú tampoco estás mejor. – lo regañó la pelinegra. – No trates de hacerte el duro, idiota.
De fondo se escuchaban pequeñas explosiones y ataques estrellándose unos con otros. Ya toda la caballería del Gotei 13 estaba en el Sokyoku, uniéndose en su plan de derrotar al enemigo que había aparecido para destruir el Seireitei.
Los heridos estaban en un lugar más apartado de la zona de batalla.
– Estoy bien ahora. – la voz de Ichigo sonaba algo débil.
– Dije que no te esfuerces, tonto. – lo regañó Rukia, frunciendo el ceño y acercándose amenazadoramente a él.
Ichigo en eso recién se percató con detalle en su cara.
– ¿Qué te pasó? – preguntó fijándose en sus ojos enrojecidos. – ¿Estabas… llorando?
– ¡C-claro que no! – Rukia enrojeció por completo y desvió la mirada. – ¿Por qué tendría que estar llorando?
Renji se acercó y también la observó detalladamente.
– ¿En verdad estabas llorando? – repitió Renji arqueando una ceja, sin poder evitar una gran sonrisa. – ¿Por qué? O mejor dicho, ¿por quién? – se burló. – ¿Llorabas por Ichigo? ¿Por el capitán? ¿O también por mí? – el teniente ni siquiera mencionó a Kaoru. – ¿Fue por Ichigo? – volvió a preguntar, logrando que ella enrojeciera todavía más.
Ichigo sonrió levemente al ver el nerviosismo de Rukia.
– ¡Ya cállate! – le gritó la ojivioleta y lanzó un fuerte golpe a la cabeza naranja de Ichigo quien cayó pesadamente al suelo.
– ¡Oye! ¡¿Por qué me golpeas a mí?! – le gritó, mientras se levantaba y frotaba su cabeza. – ¡Arggh! – se quejó, sintiendo que todo le daba vueltas y su cuerpo se fue hacia adelante, justo encima de Rukia, quien apenas pudo sostenerlo.
– ¡Ichigo! – chilló Rukia, preocupada. Al parecer se había pasado con el golpe. – ¡Ichigo! – podía sentir la cálida respiración del chico en la piel de su cuello, causándole un pequeño escalofrío. – ¿Estás bien? – le preguntó, alejándolo un poco de su cuerpo.
– S-sí. – respondió apenas.
– Deberías descansar un poco más Ichigo. – dijo Chad.
– No hay tiempo para eso. – rebatió el pelinaranja.
Todavía se sentía débil después de esa especie de exorcismo de película que Yoruichi había hecho con él, la cual era la única forma de neutralizar esa energía que utilizaba Takeru y que pensaba destruirlo. El solo recordar ese calor que lo quemaba y trituraba por dentro y la sensación de las manos de Yoruichi escarbando en el interior de su cuerpo era demasiado. Y lo atormentaba más, el saber que Rukia también tuvo que sentir un dolor similar. Sin embargo, no había tiempo para preocuparse por su maltratado cuerpo.
– Todo es tu culpa, Kurosaki. – dijo Ishida mirándolo desde arriba. – Si hubieras usado el Blut a tiempo, nada de esto habría pasado.
– ¡Cómo si supiera usar esa cosa! – se quejó el pelinaranja.
– ¿Qué quieres decir? – lo cuestionó el quincy. – La última vez lo usaste bien. – le recordó. – Además me dijiste que ya habías entendido como usarlo a voluntad.
– A veces digo muchas cosas. – dijo el pelinaranja mirando en otra dirección. – Solo quería acabar ese estúpido entrenamiento tuyo.
– ¿Q-qué? – una venita apareció en la cabeza del quincy, que sintió que todo el tiempo que había invertido en ayudar a entrenar a Ichigo, fue para nada.
Ichigo intentó levantarse otra vez, pero una punzada de dolor lo recorrió de pies a cabeza, logrando que otra vez perdiera el equilibrio y Rukia tuviera que sujetarlo.
– Te dije que no te movieras todavía. – lo regañó. – ¿Es que no entiendes?
– No es nada, ya estoy bien. – dijo separándose un poco de ella y se quedó mirando su cara fijamente. – No te preocupes. – le dijo con una voz increíblemente suave y acarició su mejilla con ternura.
Rukia presionó la mano de Ichigo contra su cara y ambos se quedaron mirando fijamente, durante un instante en lo que todo lo demás desaparecía. Los presentes voltearon a ver en otra dirección, totalmente sonrojados, pues todavía no se acostumbraban a esos momentos tan cargados de sentimientos.
Kaoru miraba la escena en silencio, sintiendo como su corazón se encogía.
– ¡Nee-san! – el grito de Kon interrumpió la atmósfera, logrando que Ichigo y Rukia se separaran de golpe. – ¡Nee-san! ¿Estás bien? – la voz llorona de Kon se acercaba a paso rápido.
– No interrumpas. – dijo Ishida por lo bajo, atajando al peluche el pleno salto.
– Estamos bien, Kon. No te preocupes. – dijo Ichigo levantándose por fin y extendiéndole la mano a Rukia para ayudarla a levantarse.
– ¡A ti no te pregunte, idiota! – le gritó el peluche, liberándose del agarre del quincy. – ¡Y no te sigas fingiendo herido y débil! – agregó, apuntándolo con un dedo.
– ¡No estoy fingiendo! – se defendió el pelinaranja.
– ¡Solo te aprovechas para tocar a Nee-san! ¡Tú y tu viejo truco de fingirse moribundo! – Kon gritó tan fuerte que logró que las miradas de todos se concentraran en el avergonzado Ichigo.
Rukia miraba al shinigami y al peluche que seguían gritándose mutuamente. Esa escena era tan normal que no pudo evitar sonreír. Estaban a la mitad de una batalla y ellos seguían como si nada.
Kaoru sintió un dolor en el pecho al ver la sonrisa de Rukia, esa sonrisa que amaba tanto y que ya casi era el centro de su mundo. Le dolía que fuera ese tonto chico humano el causante de la alegría de la pelinegra y no él. Podía intentarlo, claro, podía divertirla con muchas cosas, pero sabía que nunca sería lo mismo; que no sería la misma sonrisa; que los ojos de Rukia nunca brillarían de la misma forma que cuando miraba a Ichigo y le sonreía.
Ichigo. Ese miserable chico humano que le robó lo único que había querido en mucho tiempo.
"¿Robado?" se preguntó. "No puedes perder algo que nunca tuviste" se respondió de inmediato, sabiendo que tenía razón. Pudo haber planeado muchas cosas, pudo haber ideado un futuro entero al lado de la shinigami, pero la verdad es que ella nunca estuvo disponible para ese tipo de planes. Y él, internamente, siempre lo supo. Lo supo desde que ella, aun estando inconsciente, dijo el nombre de ese chico. Y lo confirmó cuando lo conoció en persona en la mansión Kuchiki. Nadie más podría haber notado como se iluminaron los ojos de la pequeña cuando Ichigo apareció frente a ella.
Dio un suspiro y se levantó al fin, sabiendo que ya no había más que hacer. ¿Se había resignado? Tal vez.
El chico se acercó lentamente hacia Rukia y los demás. Ella al verlo sonrió aliviada, pero de inmediato se sintió culpable y desvió la mirada.
Kaoru se extrañó de su reacción y se acercó a ella, sintiendo una opresión en el pecho. Tal vez algo le había pasado, tenía que asegurarse que estuviera bien.
– Rukia-hime, ¿estás bien? – le preguntó clavando sus intensos ojos verdes en los violetas de ella.
– Kaoru... – las palabras se le atoraron en la garganta. No podía mirarlo sin recordar que había decidido dejarlo morir. Ni siquiera quería pensar en que hubiera pasado sin la llegada de los demás. – Kaoru… yo… – trató de continuar. – Lo sien… – no alcanzó a terminar la frase, cuando sintió que la tiraba por la muñeca y la rodeaba con sus brazos.
– Rukia-hime. – la voz de Kaoru salió cargada de emociones. – Que alivio que estés bien. – y la estrechó con fuerza.
– K-Kaoru. – dijo ella, tratando de liberarse del abrazo, pero él no aflojaba el agarre. – Kaoru. – lo llamó por segunda vez, pero el chico no parecía reaccionar.
– ¡¿Qué crees que haces?!– gritó Ichigo, empujando la cabeza naranja de Kaoru con un pie, logrando que la soltara al fin.
Kaoru le dio una mirada furiosa que el shinigami le regresó.
– ¡No toques a Nee-san, bastardo! – gritó Kon, a lo que Kaoru también lo miró con furia.
– Shimada-kun, ¿ya estás bien? – preguntó Inoue, tratando de calmar la situación.
– Creo que sí. – respondió él, relajando su expresión. – Al menos puedo moverme sin problemas.
– ¡No intentes nada con Nee-san o Kon-sama te dará tu merecido! – lo amenazó Kon.
– ¿Tú? – preguntó Kaoru de forma burlona.
– Bueno, Ichigo lo hará. – respondió cruzándose de brazos. – Pero yo lo ayudaré.
– Ya basta, Kon. – dijo Ichigo apretando la cabeza del peluche y arrojándola al suelo, pero sin dejar de ver a Kaoru con una mirada desafiante. – Primero hay que acabar con ese sujeto. – dijo Ichigo, con un subtexto que decía "y luego vendré por ti, maldito"
– Bien dicho. – se animó Renji. – Vamos. – dijo acercándose al pelinaranja.
Ichigo se acomodó las espadas, listo para acabar con todo ese problema.
– ¡Cuidado! – se escuchó la voz de Hitsugaya, y al segundo, una enorme explosión negra cubrió todo el Sokyoku.
No habría tiempo para escapar, solo pudieron cubrirse con los brazos y esperar el impacto.
Rukia no alcanzó a moverse, pero no sintió dolor alguno. Abrió los ojos y se encontró con la espalda de Ichigo, quien se había puesto frente a ella para protegerla, pero al examinarlo con la vista, él tampoco estaba herido.
Al fijarse a su alrededor, se percató del shikai de Byakuya que formaba una pared frente a ella y sus amigos, protegiéndolos de la explosión.
– ¡Nii-sama! – exclamó ella, encontrando a su hermano a un par de metros de distancia.
– ¡Byakuya!
– Estén alertas. – les advirtió el capitán, y en seguida disolvió la pared que Senbonzakura había formado, para regresar a la batalla.
Cuando el humo se dispersó, Rukia pudo ver un enorme cubo de energía que envolvía completamente al enemigo; Takeru.
– ¡¿Qué demonios...?! – exclamó, sorprendida. Y es que en el centro de aquel cubo, no estaba solo. Ahora habían cinco copias idénticas a él.
– Necesitamos tiempo. – dijo Ukitake apareciendo al lado de la pelinegra. Al parecer ya se había recuperado de sus heridas, gracias a Inoue. – Ese sujeto disuelve nuestros kidoh más potentes, antes que podamos sellarlo con el método que nos dio Urahara.
– Y ahora hay más de él… o de ellos, bueno de eso. – agregó Kyoraku, confundido.
Al parecer la cosa se había complicado y se estaba alargando demasiado.
– Si el kidoh no funciona, entonces hay que atacar directamente. – dijo Ichigo y sin siquiera pensarlo, se abalanzó contra el enemigo.
Apenas la espada de Ichigo tocó el cubo de energía, éste se fragmento en mil pedazos, separando la tierra con enormes grietas.
– ¡Idiota, no te precipites! – gritó Ishida, retrocediendo de un salto y cargando a Inoue.
– ¡Jajajja! ¡Pensamos igual, Ichigo! – exclamó Zaraki, quien también se había lanzado contra Takeru y ahora observaba a las cinco copias frente a él. – ¡Les dejaré uno para que jueguen con él! ¡Los demás son míos! – el capitán se estaba divirtiendo en grande.
– Yo también quiero uno. – dijo Renji acercándose a ellos.
– ¡Hay bastante para compartir! – gritó Ikkaku.
– ¡Esto no es un juego, idiotas! – Hitsugaya también se acercó al grupo. – Acabemos con esto rápido.
– ¡Enano, para ti no hay nada! – se burló Zaraki.
– ¡Cállate! – gritó el pequeño con una venita palpitando en su cabeza.
– Salvajes. – la voz de Byakuya resonó entre todo aquel escándalo. – No es momento para sus tonterías.
Por un lado era algo bueno que fueran cinco copias, pues al dividir su cuerpo, también lo hacía su poder espiritual o lo que sea que tuviera. Por otro lado, tampoco podían confiarse en eso, tal vez ahora su poder se había multiplicado, y eso ya era otra historia.
– Escojan al suyo. – dijo Ikkaku. – Yo quiero a ese de cabello marrón.
– ¡Son todos iguales, idiota! – gritó Ichigo, exasperado.
– ¡Bah! Entonces ataquen a cualquiera.
– Dije que solo hay uno para ustedes. – les recordó Zaraki. – No interfieran.
– Eeehhh… eso no se vale. – protestó Renji como un niño chiquito.
– ¡No es justo! ¿No le enseñó su madre a compartir, capitán? – preguntó el tercer oficial.
– ¿Compartir? ¿Qué es eso? – el capitán ladeó la cabeza. – ¿Y qué es eso de mi madre? Ni siquiera conocí a esa anciana. – agregó.
– ¿En serio?
– ¡Ja! ¡Como si la hubiese necesitado! ¡Tenía una espada! ¡Eso era lo mejor y más que suficiente! – dijo con su risa desquiciada.
– Pobre capitán. – dijo Ikkaku. – Es por eso que…
– Como sea, solo ataquen a cualquiera. – dijo Hitsugaya, interrumpiendo la vergonzosa conversación entre Ikkaku y Zaraki.
Dicho esto, cada uno se lanzó contra un enemigo.
Ichigo ni siquiera alcanzó a parpadear y ya se había quedado sin nadie con quien pelear, solo quedó de pie mientras una gotita le caía por la cabeza.
– Hay algo mal. – dijo Ichigo mirando hacia el cielo, viendo como cada shinigami peleaba con una copia de Takeru. – No puede…
– ¡Cuidado Kuchiki-san! – gritó Inoue.
Ichigo volteó justo para ver como otra copia de Takeru se abalanzaba contra Rukia, con la espada en posición horizontal.
Usando shumpo, Ichigo pudo situarse frente a ella y desviar el ataque de su espada.
– ¡Maldito! – gritó Ichigo, mientras aplicaba fuerza en su espada. – Te mataré.
– Inténtalo. – le respondió con una sonrisa burlona. Y con una rápida patada, envió al shinigami pelinaranja en otra dirección para pelear con él.
Ichigo se estrelló contra unas rocas, levantando una gran nube de polvo.
– ¡Ichigo! – gritó Rukia y liberó su espada para ir en su ayuda.
– ¡No vayas! – la detuvo Kaoru, sujetándola por la muñeca que cargaba la espada.
– Suéltame. – le pidió mientras volvía a mirar a Ichigo que estaba siendo golpeado por Takeru. Tenía que ayudarlo.
– No te dejaré ir. – le dijo, apretando con más fuerza.
– Shimada-kun, ¿qué estás haciendo? – preguntó Inoue, acercándose a él. – Kurosaki-kun necesita...
– ¡No interfieran! – gritó con furia, volteando a ver a la pelinaranja quien quedó estática ante la mirada del ojiverde.
– ¿Qué te ocurre Shimada-kun? – preguntó Ishida frunciendo el ceño.
– Suéltame Kaoru. – pidió Rukia, haciendo una pequeña mueca de dolor. Kaoru le estaba destrozando la muñeca. – Tengo que ayudar a Ichigo.
De fondo, los shikai de los shinigamis se abalanzaban contra las copias de Takeru, liderando la batalla sin mayor problema. Eran copias bastante débiles, al parecer el original era el que peleaba con Ichigo.
– No vayas. – dijo con una voz grave. No podía dejarla ir. No podía. No podía permitir que le pasara nada malo y si eso significaba sujetarla a la fuerza, pues bien lo haría. – No tienes que ir.
La voz de Ichigo se escuchaba de fondo, lanzando ataques con furia contra Takeru, pero ninguno conseguía impactarlo a tiempo.
– Déjala ir, Shimada-kun. – dijo Ishida con un timbre ligeramente amenazador. – La estás lastimando.
– ¡Bastardo, no toques a Nee-san! – gritó Kon, desde el hombro de Ishida.
– ¡Dije que no interfieran! – les gritó volteando a verlos y una onda de energía negra y roja salió de su cuerpo, lista para desintegrar a los humanos de Karakura.
Ishida pudo esquivarla y Chad cargó a Inoue para alejarse a tiempo.
– ¡¿Qué haces Kaoru?! – chilló Rukia, espantada. No podía creer que Kaoru hubiera atacado a sus amigos.
– ¡Arrgg! – se escuchó a lo lejos un grito de Ichigo. Rukia alzó la vista para verlo y vio que sangraba de un brazo.
– ¡Ichigo! – y trató de saltar hacia él, pero Kaoru la volvió a detener.
– ¡No lo llames! – gritó el ojiverde. – ¡No digas su nombre! – ordenó, apretando con más fuerza la muñeca de Rukia.
No quería que fuera a ayudar a Ichigo, no quería que dijera nunca más su nombre. Y al parecer solo tenía que esperar para que el chico fuera derrotado. Y después de eso, todo estaría bien. Rukia sufriría, pero después todo estaría bien. Él se encargaría de hacerla feliz.
– ¡Suéltame, Kaoru! – le gritó ella, mientras forcejeaba para liberarse. Sus ojos violetas brillaron con rabia, pero Kaoru no la soltó. Tenía la espada en la mano, pero Kaoru le apretaba la muñeca de tal manera, que no podía levantarla. – ¡Suéltame! – le volvió a gritarle.
– No. – dijo él. – No te dejaré ir con él. – le dijo con voz decidida. ¿Es que acaso no entendía que todo lo hacía por protegerla? – No dejaré que lo ayudes. Nunca más.
Los ojos de Rukia despidieron llamas y con un rápido movimiento giró su cuerpo y estampó con furia su mano izquierda contra la mejilla del ojiverde. La cabeza de Kaoru quedó ladeada ante la bofetada de Rukia y estaba seguro que tenía marcada la mano de la shinigami en su cara.
Kaoru tardó unos instantes para reaccionar. Regresó su cabeza a su posición original y miró a Rukia con furia.
Ella no alcanzó a reaccionar cuando Kaoru le sujetó el brazo y la hizo girar para luego arrojarla contra el suelo. La espada de Rukia se le soltó de las manos y Kaoru le dio un puntapié para alejarla de su dueña.
La pelinegra estaba tirada de vientre en el suelo y Kaoru, arrodillado a su lado, le sujetaba sin problemas ambas muñecas, manteniendo sus brazos atrapados por sobre su espalda, en una posición muy forzada e incómoda. La sujetaba con tanta fuerza que en cualquier momento parecía que sus brazos y muñecas se saldrían de su posición.
Ishida apareció detrás de Kaoru para golpearlo y que soltara a su amiga, pues ya era obvio que esa actuación no era por simple preocupación. Más bien parecía un deseo enfermizo por poseerla.
El quincy liberó su arco y apuntó una flecha, pero Kaoru ni siquiera se movió, la flecha atravesó su cuerpo como si fuera algo transparente y desapareció sin más. Después de un segundo, la misma flecha salió del interior del ojiverde con dirección a Ishida, pero Inoue pudo usar su escudo para protegerlo.
Kon corrió en dirección a Kaoru y comenzó a jalar de su ropa, tratando que soltara a la shinigami, pero el ojiverde lo arrojó lejos de un puntapié. Chad se abalanzó contra él para golpearlo, pero nuevamente el ojiverde lanzó esa extraña energía negra que impactó directamente a Chad y lo lanzó por los aires.
– ¡Sado-kun! – chilló Inoue, corriendo a verlo.
Ishida volvió a lanzar una flecha, esta vez más potente, que de igual manera fue absorbida, pero esta vez fue lanzada en dirección a Inoue.
– ¡Cuidado, Inoue-san! – grito el quincy, interponiéndose frente a ella y recibiendo la flecha en el pecho, cayendo a su lado.
– ¡Cuatro ojos! – gritó el peluche, recobrando la conciencia y corriendo hacia él.
– ¡Ishida-kun! ¡Ishida-kun! – gritó Inoue desesperada, y de inmediato liberó sus Shun Shun Rikka para curar a sus dos amigos.
– ¡Ishida! ¡Sado! – gritó Rukia, horrorizada. – ¡¿Qué haces Kaoru?! – se quejaba mientras se retorcía.
– Dije que no irás a ninguna parte. – la voz de Kaoru ya no sonaba cálida ni amable como antes, ahora tenía un tono frío y sepulcral.
– ¡Y yo te dije que me sueltes, idiota! – le gritó furiosa.
– No irás a ninguna parte. – respondió con calma. – Ese chico morirá, y tú y yo estaremos juntos.
– ¡Estás loco! – le gritó, y como respuesta Kaoru le dobló más los brazos por sobre su espalda, llevando sus articulaciones al máximo. La piel de las manos del ojiverde parecía hirviendo y le quemaba las muñecas. – ¡Arrgg! – se quejó la pequeña.
¿Cómo era que había acabado en esa situación? Tirada en el suelo, con Kaoru a su lado doblándole los brazos para someterla. No podía estar pasando por eso. Tenía que hacer algo para liberarse, ¿pero qué? No se le ocurría nada. Con sus manos atadas no podía hacer ningún kidoh y tampoco tenía su espada.
"Mi espada" pensó y la buscó con la mirada. Estaba lejos, pero la cinta estaba más cerca de ella. Tal vez podía funcionar.
– Suéltame. – le advirtió por última vez.
– No te preocupes Rukia-hime, pronto acabará todo. – dijo él, presionando todavía más las muñecas de Rukia, sintiendo un suave crujido de los huesos.
– Como quieras. – dijo ella, tratando de suprimir el dolor de sus muñecas luxadas y de sus brazos maltratados.
Kaoru bajó la vista, extrañado, sin entender nada.
- o -
Ichigo seguía peleando con Takeru, quien era condenadamente rápido y podía esquivar todos sus ataques. Sin embargo el shinigami ya estaba comenzando a aprender sus movimientos y podía decirse que estaban parejos.
– ¡Getsuga Tensho! – gritó Ichigo, lanzando el ataque, el cual, al igual que los anteriores, Takeru absorbió por completo. Pero apenas la energía desapareció, Ichigo estaba frente a él con la espada en posición vertical, dándole un potente corte a lo largo del pecho.
– ¡Arrrgghh! – se quejó el hombre de cabello marrón, sujetándose el pecho con una mano. – ¡Ma…maldito mocoso! – le gritó con furia, pero otro Getsuga Tensho apareció frente a él y al absorberlo, otra vez Ichigo aprovechó para darle un corte con su espada.
Ya lo había aprendido. Había un pequeño intervalo de tiempo en que absorbía los ataques y su defensa quedaba abierta. Eran apenas dos segundos, pero sabía que era suficiente para derrotarlo.
Si seguía así, pronto se acabaría la pelea. Después de todo, por más poderes extraños que tuviera, seguía siendo un hombre. Y todos los hombres pueden ser cortados con el acero de una espada.
Ichigo se alejó un poco y al ver al suelo pudo ver a Ishida y Chad tirados en un rincón, con Inoue curándolos. De inmediato se preocupó y buscó con la vista a Rukia.
Al encontrarla, una ola de furia lo envolvió. La enana tirada en el suelo con Kaoru doblando y sujetándole los brazos, como si estuviera esposada o algo así. ¿La estaba lastimando? ¡Desgraciado!
"¿Qué demonios está haciendo ese idiota?" Quiso bajar al instante y darle su merecido a ese tonto que se atrevía a lastimar a su enana, pero la voz de Takeru lo interrumpió.
– N-no creas que esto ha terminado, chico. – dijo el pelimarrón. – Todavía... – pero ni siquiera alcanzó a terminar la frase cuando se vio rodeado por Byakuya, Renji, Hitsugaya, Zaraki e Ikkaku.
Ya todos habían terminado con sus peleas y ahora solo faltaba él.
No fue necesaria mucha plática para sincronizar un ataque masivo. El shikai de todos los shinigamis se estrelló con furia contra Takeru, quien ya estaba demasiado débil como para usar su habilidad de absorber por completo las partículas espirituales que los componían. Solo pudo eliminar la mitad de esa energía; la mitad restante se estrelló contra él, provocándole múltiples heridas.
– ¡Getsuga Tensho! – gritó Ichigo, y esta vez, la ráfaga negra se impactó contra Takeru arrojándolo por los aires y desgarrando su cuerpo. El pelimarrón ya casi estaba inconsciente, pero pudo sentir las dos espadas de Ichigo atravesando su pecho y su abdomen simultáneamente, desde atrás. Takeru abrió los ojos, sorprendido y tosió una gran cantidad de sangre.
– Ma…mal…dito. – murmuró antes de caer y ser encerrado en un cubo de kidoh que Ukitake y Kyoraku ya tenían preparado.
Todo había terminado. El encantamiento estaba listo y pronto Takeru sería sellado para siempre.
- o -
Kaoru bajó la vista hacia sus manos que aprisionaban las muñecas de Rukia. Sentía que le ardían. ¿Era él o las sentía mucho más calientes que antes? ¿O era la piel de Rukia que ahora estaba más fría?
Se fijó con más detalle y notó el color de la piel de Rukia que ahora era mucho más pálida de lo normal y condenadamente fría. Apenas y podía mantener cerradas las manos, le dolían los huesos y pudo ver como una pequeña escarcha se formaba entre su piel y la de Rukia.
¡Se estaba congelando!
La escarcha comenzó a subir por sus manos y sus antebrazos. Le dolía demasiado. Era como un millón de cuchilladas por debajo de su piel.
Tenía que soltarla, era ella que lo estaba congelando. Pero no podía, solo un poco más, solo un poco más e Ichigo desaparecería. O eso esperaba, pero… ¡se estaba congelando!
Sentía como la temperatura de su cuerpo bajaba peligrosamente y sus dientes ya castañeaban. Si no la soltaba podía perder sus brazos o peor, podía transformarse en una estatua de hielo.
Kaoru retrocedió un poco y aflojó su agarre, a lo que inmediatamente Rukia aprovechó para levantarse con un rápido movimiento. Las manos de Kaoru se soltaron, totalmente inútiles, sin poder flexionar o extender los dedos congelados.
– ¡N-No te vayas! – le gritó entre los que daba el castañeo de sus dientes y en un arrebato se lanzó contra ella, pero la shinigami fue más veloz y lo esquivó a tiempo para tomar su espada y agitarla con toda la habilidad que podían permitirle sus articulaciones lastimadas.
Tres dedos de Kaoru volaron por el aire.
El ojiverde los vio caer, quebrarse en mil fragmentos de hielo y sin embargo, él no sintió dolor.
– Lo siento Kaoru. – dijo Rukia con una leve escarcha en su mejilla izquierda, mirándolo fijamente. – Pero te dije que me soltaras. – luego corrió hacia él y le dio una fuerte patada en la cara que lo arrojó varios metros más allá, dejándolo inconsciente.
Ella caminó lentamente hacia él y levantó su espada a duras penas, pues sus muñecas luxadas le impedían sujetarla apropiadamente.
Se quedó viéndolo por un instante y suspiró, bajando su espada. No podía matarlo, después de todo, aún era su amigo y alguien importante para ella.
- o -
– Ya está listo. – comentó Yoruichi, parada al lado de Ukitake y Kyoraku.
– Así es. – asintió el peliblanco. – Vaya que costó trabajo.
– Jojo, ¿así que pudieron derrotar a esa escoria? – preguntó Kurotsuchi apareciendo frente a los capitanes.
– Así es, y no fue gracias a tu ayuda. – se burló Yoruichi. – Pero no te preocupes, que ya estamos acostumbrados a no ver tu trasero durante las peleas importantes.
– Tsk, entonces me voy. – bufó el capitán del 12vo. escuadrón. – Qué mujer tan vulgar. – maldijo entre dientes, mientras se alejaba del grupo.
Los demás capitanes rieron ante la conducta berrinchuda del capitán.
- o -
– ¡Rukia! – gritó Ichigo corriendo hacia ella. Lo siguieron Byakuya y Renji.
Ella estaba parada a un lado de Kaoru que todavía estaba inconsciente.
– Ichigo. – ella sonrió aliviada al verlo bien. – Nii-sama, Renji. – los saludó cuando llegaron con ella.
– ¿Estás bien? – preguntó el teniente.
– Sí, pero Ishida y Sado están heridos. – informó mirando hacia sus amigos humanos.
Ichigo se alejó un momento para asegurarse que estaban bien, pero Inoue lo tranquilizó por lo que regresó junto a la pelinegra.
– ¿Qué te hizo ese idiota? – preguntó Ichigo.
Byakuya y Renji abrieron los ojos, sorprendidos, pues no habían visto lo mismo que Ichigo. Y hasta ese momento, tampoco se habían percatado del cuerpo inerte del ojiverde.
– No te preocupes, ya estoy bien. – dijo ella.
– Pero vi cómo te lastimaba. – rebatió Ichigo, tomándola por las manos, a lo que ella dejó escapar un pequeño quejido de dolor y retiró sus manos, provocando que otra mueca de dolor apareciera en su cara.
– ¿Qué tienes? – preguntó Byakuya.
– No es nada, Nii-sama.
Ichigo entonces se acercó más a ella y la tomó de los hombros. Al ver como ella volvía a mostrar dolor, abrió el cuello de su traje shinigami y lo deslizó hacia abajo, descubriendo los hombros desnudos de la pelinegra y el inicio de su escote.
Rukia enrojeció hasta las orejas y trató de girar su cuerpo para huir, pero Ichigo no la dejó.
Byakuya palideció y Renji quedó estático. ¿Qué diablos estaba haciendo ese pervertido?
– Kurosaki. – la voz de Byakuya sonó de ultratumba. – ¿Qué crees que haces? – y dio un paso amenazante hacia él.
– Estás herida, idiota. – dijo Ichigo, ignorando a Byakuya y fijándose en los hombros rojos y amoratados de Rukia. Esa era la señal que había quedado ante la forma en que Kaoru le había doblado los brazos, forzando sus articulaciones al máximo y casi sacándolas de su posición. – Lo sabía. Deja de fingir que no te duele, tonta. – y examinó con cuidado los hombros de Rukia. Obviamente, también aprovechó para tocar su piel suave.
– ¿Quién te hizo eso? – preguntó Byakuya. Ante el silencio de Rukia, la respuesta fue obvia.
– Pero estoy bien, Nii-sama.
– Tonta, apuesto que no puedes empuñar tu espada y menos levantar los brazos. – aseguró el pelinaranja, sin retirar las manos de su cuerpo y masajeando con cuidado sus delicados hombros.
– ¿Fue Shimada-kun? – preguntó Renji con furia en la voz, reaccionando al fin.
– Claro que fue él. – dijo Ichigo. – ¡Desgraciado!
– Kurosaki. – lo llamó Byakuya.
– ¿Qué?
– No te aproveches de la situación. – le dijo con voz glacial, a lo que Ichigo se percató que todavía seguía tocando a la enana.
Rukia intentó acomodarse la ropa, pero no pudo hacerlo, por lo que Ichigo tuvo que ayudarla.
– Todavía nos queda una conversación pendiente. – les recordó a su hermana y a Ichigo que se tensaron de inmediato.
"¡Maldición! ¡Aun no lo ha olvidado!" gritó Ichigo en su interior, a lo que Byakuya dio una pequeña, pequeñísima sonrisa.
– ¡Kuchiki-san! – exclamó Inoue, aliviando la tensión del momento. – Vamos, te curaré enseguida. – ya había terminado de curar a Ishida y Chad, así que ahora podía concentrarse en su amiga pelinegra.
– Ya voy. – dijo ella, aprovechando la oportunidad para escaparse junto a Inoue.
- o -
Pasaron alrededor de 10 minutos en los que los subordinados de Unohana se encargaban de curar a los heridos y trasladarlos a las dependencias del Cuarto Escuadrón. El Seireitei había sido en gran parte destruido y muchos ciudadanos murieron, pero al fin ya todo se había terminado.
El cubo de energía en donde Takeru estaba sellado, estaba suspendido en el aire, rodeado de gruesas cadenas que a su vez estaban sujetas por enormes estacas clavadas al suelo. Faltaba que llegara el Cuerpo de Kidoh que se encargaría de aplicar un nuevo sello para reforzarlo y enviarlo a una dimensión en la que nadie pudiera tener acceso.
– ¿Por qué tienen que sellarlo? – preguntó Chad.
– Porque no hay manera de destruirlo. – respondió Ukitake. – Al menos por ahora.
– Pero Kurosaki-kun acabó con él. – añadió Inoue. – ¿Acaso no está muerto?
– No lo está. – respondió Yoruichi. – Es cierto que Ichigo lo dejó muy malherido, pero la habilidad de ese sujeto también le permite una recuperación increíblemente rápida. Es por eso que lo que podemos hacer es mantenerlo en un ambiente aislado de cualquier tipo de partícula espiritual, de esa forma, permanecerá inactivo para siempre.
– Pero y que tal si…
– Inoue-san. – la llamó Ishida. – No te preocupes, ya acabó todo. – la tranquilizó a lo que ella le sonrió.
Rukia estaba de pie en el borde de la colina del Sokyoku mirando hacia el destrozado Seireitei, mientras el sol lentamente comenzaba a ocultarse.
Los demás shinigamis corrían de un lado a otro. Ichigo se acercó a ella y le puso una mano en el hombro. Ambos se miraron y sonrieron para luego regresar con el grupo.
Kaoru seguía sin despertar.
– Tal vez… tal vez me pasé con el golpe. – dijo la shinigami mirando al chico de cabello largo, recostado en una camilla. Inoue le había curado la mano, por lo que ya había recuperado sus dedos.
– Claro que no. – dijo Ichigo. – Lo hiciste bien. De hecho, debiste haberle cortado el brazo entero. – agregó con furia. Todavía no perdonaba a ese tonto que había lastimado a su enana y solo esperaba a que despertara para golpearlo.
– Tonto.
Ambos shinigamis se sentaron junto al grupo de Ishida y los demás, quienes hablaban alegremente de varias cosas.
Rukia estaba agotada, tanto física como mentalmente. Habían pasado muchas cosas en las últimas 48 horas y su cuerpo ya le estaba pasando la factura. Ella cerró los ojos por un momento y sin darse cuenta recargó su cabeza en el hombro de Ichigo. Éste se sorprendió y volteó a verla, admirando su expresión tranquila y relajada.
Ichigo sonrió levemente y levantó la vista hacia el cielo pintado ligeramente de naranja. Ya todo había terminado y podía permitirse descansar un momento.
Iba a recargar su cabeza contra la de Rukia, cuando una voz lo llamó.
– Kurosaki. – Ichigo volteó y vio a Byakuya que lo miraba fijamente.
"Diablos, la maldita conversación pendiente" un temor lo invadió de arriba abajo, sabiendo que no podría escaparse de aquella conversación.
Bajó la vista hacia Rukia, quien al parecer estaba dormida.
"¿Por qué se duerme en el peor momento?" pensó con una venita palpitante en su cabeza. No sabía si estaba fingiendo o en verdad estaba cansada. Aun así, tuvo que sacudirla un poco, pues no podría levantarse sin dejarla caer. Por suerte, la pelinegra se despertó y se levantó, dispuesta a afrontar lo que sea que viniera junto a Ichigo.
– Solo Kurosaki. – dijo el capitán al ver que ambos se acercaban a él. – Espera un poco, Rukia.
– Sí. – dijo ella, y despareció de inmediato. Ichigo se quedó con una gotita cayendo por su cabeza mientras la veía escapar.
El shinigami pelinaranja dio un gran suspiro y encaminó sus pasos hacia su futuro cuñado.
- o -
Rukia caminaba de regreso al grupo, sintiéndose preocupada por Ichigo y a la vez aliviada de no tener que estar presente.
En eso levantó la vista y vio varias grietas aparecían en el cubo en el que estaba preso Takeru. No pasaron ni tres segundos cuando este se desintegró en mil pedazos.
– ¡Cuidado! – gritó Rukia, alertando a todos.
Varios shinigamis de bajo rango saltaron para detener al enemigo, pero este los eliminó al instante.
Takeru se dirigía hacia Rukia, con la clara intención de arrancar su cabeza.
No les perdonaría el haberlo humillado de esa forma y se los haría pagar destruyendo lo que más amaban, comenzando por lo más preciado para Ichigo, Byakuya y Renji. Después seguirían los demás.
– ¡Cuidado Kuchiki! – gritó Hitsugaya, formando una capa de hielo frente a ella que bloqueó el ataque de Takeru, permitiendo que Rukia pudiera escapar.
– ¡No escaparás! – le gritó, desintegrando el hielo de Hyourinmaru y volviendo a lanzarse contra ella, esta vez siendo detenido por Senbonzakura.
Takeru le dio una furiosa mirada a Byakuya parado tranquilamente sobre una de las rocas.
– ¡Malditos! – les gritó a todos y volvió a saltar para atacar a Rukia, pasando a través del shikai de Byakuya sin problemas.
La pequeña no tenía su espada, lo único que podía hacer era lanzar kidoh, aunque sabía que no serviría de nada.
– ¡Atrás! – exclamó Ichigo y se interpuso entre ella, volviendo a chocar espadas contra Takeru. ¿Es que acaso no había modo de derrotarlo? – ¡Vete, Rukia!
– Ichigo. – el pelinaranja volteó a verla y ella obedeció. No podía estar ahí si no tenía nada con que pelear.
El shinigami peleaba intensamente contra Takeru, manteniéndolo a raya en ocasiones. El cuerpo de Ichigo ya estaba muy cansado y no tenía fuerza para alargar la batalla por más tiempo, pero no permitiría que Takeru destruyera todo ni que lastimara a lo más importante para él.
Rukia no encontró su espada, pero aun así quería regresar a ayudar a Ichigo, pese a todos los gritos de Inoue y los demás que le decían que huyera de ahí.
– ¡Ya no interfieras, niño! – gritó Takeru, dándole una furiosa patada al agotado Ichigo, quien cayó pesadamente de cara al suelo. – Con esto aprenderás, tendrás un asiento de primera fila. – y clavando una delgada estaca de energía lo dejó clavado por el hombro al piso.
– ¡Aarrggghhh! – gritó Ichigo mientras trataba de quitarse esa cosa. Tenía que soltarse antes que ese desgraciado pudiera lastimarla.
Renji se interpuso para detenerlo, pero Takeru lo arrojó de un golpe contra Byakuya y les lanzó una bola de energía roja que destrozó el suelo en donde estaban.
Cuando estuvo cerca de Rukia, esbozó una espeluznante sonrisa y se abalanzó contra la pequeña, concentrando toda su energía en uno de sus brazos para atravesar a la shinigami y destruirla por completo.
– ¡RUKIAAA! – gritó Ichigo, todavía atrapado, sabiendo que no alcanzaría a protegerla.
Takeru sonrió complacido. Al fin acabaría con esa chiquilla y después seguirían los demás.
Pero no pudo hacerlo. Alguien se interpuso frente a él. Otra vez.
Varias gotitas cayeron en su cara, pero no eran las de Rukia. Eran las de alguien más y…también de él.
"¿Q-qué?" preguntó mirando hacia abajo, viendo como el brazo de Kaoru estaba totalmente incrustado en su vientre, rodeado por una energía azul y negra, mientras que el suyo estaba igualmente incrustado en Kaoru, rodeado por la misma energía.
– ¡Kaoru! – chilló Rukia.
– ¡Mal...dito! ¿Q-qué… qué… me hiciste? – preguntó entrecortadamente, liberando su mano del cuerpo del pelinaranja.
Kaoru cayó inconsciente a un lado de Rukia.
Takeru se tocaba el vientre mientras una serie de llamas azules y negras aparecían por todo su cuerpo. Comenzó a gritar. Se estaba derritiendo y no podía hacer nada para detenerlo.
Trató de alejarse, cuando Ichigo se liberó de la estaca, apareciendo frente a él y lanzando un ataque que esta vez lo impactó por completo.
Kaoru había dejado en su interior, una pequeña porción de energía que desestabilizó su habilidad para absorber las partículas espirituales. Ahora se estaba absorbiendo a sí mismo y el Getsuga Tensho fue amplificado por su propio cuerpo, obteniendo el resultado que no tuvieron los anteriores y destruyéndolo desde el interior.
Esta vez, el cuerpo de Takeru se disolvió en miles de partículas que se dispersaron con el viento.
- o -
Ichigo uso el shumpo para llegar a un lado de Rukia.
Por fortuna estaba bien, pero Kaoru era otra historia. El chico sangraba mucho y respiraba entrecortadamente.
De inmediato llegaron Inoue y los demás. La chica trató de curarlo, pero el escudo se quebró a los segundos de haberlo formado. Curiosamente, era el mismo poder de Kaoru el que lo estaba matando, al no permitir que nada se acercara, ni siquiera los Shun Shun Rikka.
– Ru…Rukia-hime. – la llamó con una voz débil y entrecortada.
– No hables, Kaoru. – pidió ella. – Tienes que descansar. Ya verás cómo te pondrás bien.
Todos observaban la escena, sabiendo que mentía.
– L-lo…lo siento. – se disculpó. – N-no quise… lastimar... – quiso seguir, pero comenzó ahogarse con sangre.
– No te preocupes. – dijo ella, los ojos llenos de lágrimas. – Todo está bien, no te preocupes.
– No… llores. – le pidió. – La sonrisa de… es hermosa…
– Kaoru… yo… lo siento. – dijo ella. – Juré que te protegería y… no pude hacerlo. Lo siento.
Kaoru esbozó una débil sonrisa.
– G-gracias… por todo. – siguió él. – Me… hiciste muy feliz, aunque… y-yo no pude hacerlo. – dio un vistazo a Ichigo, quien entendió todo lo que quería decir. – Lo… siento… Kurosaki…Cu-cuídala. – le pidió.
Ichigo lo miró fijamente, sintiendo varias emociones revolver su cuerpo.
– No te preocupes. – aseguró el shinigami.
– Kuro...saki… – lo llamó.
– ¿Qué?
– Despídeme de… tus hermanas. – agregó. – Y… tu p-papá… es raro. – dijo al fin.
– Lo sé. – dijo Ichigo y todos los demás asintieron con él. – Tranquilo, te despediré de ellas.
Kaoru levantó la mano y Rukia la tomó entre las suyas. El ojiverde volvió a toser sangre, pero uso todas sus energías para decirle a Rukia todo lo que sentía por ella y pedirle perdón por su comportamiento.
Ella asintió sin decir nada, viendo como los ojos verdes tan vivos de Kaoru, se oscurecían más y más. El pelinaranja esbozó otra pequeña sonrisa y sus ojos se cerraron finalmente.
Ichigo se agachó a un lado de Rukia y tomó sus manos para tranquilizarla. Ella volteó a verlo con los ojos llenos de lágrimas, que Ichigo secó con cuidado.
Nadie decía nada. La atmósfera estaba cargada de sentimientos y el silencio solo era interrumpido por los quejidos de Inoue, quien lloraba desconsoladamente entre los brazos de Ishida.
Rukia se levantó de pronto y se alejó, siendo seguida por Ichigo y los demás.
Byakuya se quedó junto al cadáver de Kaoru y ordenó a algunos de sus hombres para que lo sepultaran apropiadamente en la tumba de su familia.
- o -
Esa noche, todos durmieron en la mansión de Byakuya, quien nuevamente tuvo que aceptar que los mocosos de Karakura se quedaran en su casa, pues su hermana seguramente seguiría triste y le haría bien distraerse con sus amigos.
Obviamente, Renji aprovechó para colarse, pues él también era amigo de Rukia y eso lo invitaba automáticamente.
Rukia ya estaba más calmada. No había llorado, pero eso no significaba que no estuviera triste. Por suerte, tenía a Ichigo a su lado quien la tranquilizaba con su sola presencia.
Inoue comía entusiasmadamente, recuperando toda la energía que perdió con sus lágrimas, mientras los sirvientes de la mansión la miraban extrañados, preguntándose como una chica podía comer tanto.
- o -
Al día siguiente, todos fueron a la tumba de la familia Shimada a dejar flores y rezar para ellos.
Y como si fuera algo normal, esa noche también se quedaron en la casa de Byakuya. Al parecer se estaban acostumbrando demasiado rápido.
Tres días después.
Byakuya ya estaba al borde de un colapso nervioso.
Por fortuna ese día se irían todos y ya no tendría que volverá a oír sus tonterías, ni sus malos chistes, ni cualquier otra cosa típica de un mocoso humano y un peluche pervertido.
- o -
La Senkaimon se abrió y los chicos cruzaron por ella, siendo liderados por Yoruichi en forma felina.
Rukia también los acompañaría, pues había trabajo que hacer en Karakura y el encargado estaba con un permiso especial, por lo que ella se encargaría de vigilar la zona.
– ¡Adiós chicos! – se despidió Matsumoto con una gran sonrisa. – ¡Vuelvan pronto!
– No digas eso. – interrumpió Ikkaku. – Siempre que vuelven pasa algo terrible.
– ¡Pelón cobarde! – gritó Yachiru, saltando sobre el tercer oficial para morderlo.
Y así, todo el Gotei 13 había ido a despedirlos.
– Esperamos buenas noticias a tu regreso Ichigo-kun. – dijo Kyoraku guiñándole un ojo.
– ¿Qué quieres decir? – preguntó Ichigo, ladeando la cabeza.
– Nada, nada. – se apuró en negar, al sentir la mirada de Byakuya sobre él.
– Bueno, vámonos ya. – dijo Ishida, quien ya quería regresar. Habían faltado casi una semana a clases y no quería pensar en todo lo atrasado que estaban.
– ¡Cuídense todos! – exclamó Inoue.
– Adiós.
– Nos veremos pronto. – dijo Rukia con una gran sonrisa.
Y la puerta se cerró por fin.
– Rukia se veía muy bien. – comentó Ukitake caminando al lado de Byakuya y Kyoraku.
– Sí. – respondió el capitán noble.
– Qué bueno que todo va bien entre ella e Ichigo-kun. – agregó Kyoraku.
– Supongo que esa conversación no fue tan terrible, ¿verdad? – preguntó Ukitake, a lo que el pelinegro abrió los ojos sorprendido.
¡La conversación! No podía creer que lo hubiera olvidado. Con razón Ichigo se veía tan tranquilo.
"Supongo que tendré que ir a Karakura" pensó el capitán mientras se alejaba por las calles del Seireitei, pero después de pensarlo un momento, decidió dejar su viaje para después.
Habían pasado por muchas cosas y no sería buena idea presionarlos todavía. Les daría un tiempo para que se divirtieran, para que olvidaran todos esos malos momentos, y se recuperaran del todo. En especial Ichigo, que era el más malherido.
La idea no dejaba de sorprenderlo. ¿Desde cuándo le importaba que Ichigo se relajara?
Pero claro, el chico se lo merecía. Había sufrido mucho para proteger a su hermana y eso sumaba 0,001 puntos con él. Tal vez iba en buen camino.
Pero otra razón, casi igual de importante, era que quería descansar de los mocosos humanos antes de tener que verlos otra vez.
Además, tendría que ir a la casa de Ichigo y necesitaba de mucha preparación mental para soportar ver a Isshin, Urahara y Yoruichi juntos. Ese trío de locos que siempre traían problemas.
Con esa resolución entró a su oficina y comenzó a trabajar. Ya habría tiempo para planear su viaje.
U.U y se nos murió Kaoru... pobrecito! jijiji... aunque creo que varios querian verlo muerto XD Pero no podía seguir vivo, porque estaria demasiado cerca de Rukia y asi nunca podria fijarse en alguien mas... jejeje
Bueno, acerca de los poderes de Ichigo, como dije antes, lo sigo dejando con el Getsuga Tensho antiguo, porque aun no se sabe nada sobre los nuevos poderes que tiene la nueva Zangetsu.
En fin, ojala les haya gustado. Si pueden, me dejan un comentario y una galletita. :)
pd: Los que leen "Prometi protergela" porfis, diganme sus ideas para un disfraz de Ichigo y Rukia... jajaj, tengo uno pensado, pero creo q es muy raro XD jajaj.
Nos leemos pronto.
Matta :)
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