Victorious no me pertenece, si no Jori existiria y estarian a besos todos lo capitulos *-*

–Let me die.

''Ella no quería morir, ella quería vivir pero feliz''

Mierda.

Mierda.

Triple mierda.

Bajó las escaleras sin los zapatos, y con el pelo todo alborotado. Robert, esperaba impaciente en la cocina con una taza de chocolate caliente en las manos. Al ver el reloj de la cocina, vio que era demasiado tarde: Las cuatro de la mañana. Él le había dicho que se quedaría a dormir en un Anna hizo una mueca al entrar donde su padre.

—Antes que me castigues o me digas algo… Lo siento, no sabía que iba a llegar tan tarde, y tampoco tenía planeado ir de fiesta, sólo quise acompañar a Cat, ¡Además! —Dijo con un tono de emoción. —Tú quieres que tenga unatípica vida adolescente, y esto es lo que hacen las adolescentes… —Me alegro que entiendas, ahora… —Junto sus manos en la mesada. —

Castigada, un mes, sin salida, sin citas, sin tu novio, y solo pueden venir a casa pero, tú no sales… —Le señaló con el dedo, y luego dio media vuelta. — Que descanses. —Besó la cabellera de la chica, y estaba a punto de salir por la puerta cuando el gritó de su hija le penetró por los oídos.

— ¡¿QUE?! ¡Estoy a salvo, papá! No hagas esto.

—Tori , tú no eres de salir, no te puedes quejar. —Se dio media vuelta, y siguió caminando.

—Pero quiero hacerlo, si quiera a la tarde para ir con Andre o Cat… Su padre hizo un ruido con la boca negando esa petición, tomó otro sorbo de su chocolate caliente, y lamió sus labios.

—Un mes. Castigada. Sin citas. Sin salir. Sin Andre.

Una semana. Una puta semana. Sólo eso había pasado del castigo, y cada día pasaba más lento de lo normal. Su padre nunca estaba en la casa, pero la tenía totalmente vigilada. Colocó cámaras por toda la casa, y activó unos sensores para que Tori, si tenía ganas de salir a la tarde, no pudiera hacerlo… Cada vez que atravesaba alguna puerta o ventana, la alarma sonaba y la hacía volver a entrar a la casa.

Ella estaba rodeada por todas las paredes de la casa, sin poder salir. Sólo su padre sabía cómo desenchufar todos los cables de esta cosa mecánica. No sabía, más bien, no tenía la más pálida idea de que Robert hiciera tal cosa, por un momento llegó a pensar que realmente estaba loco, pero era su padre… Aunque no lo entendiera, quería hacerlo.

Cada vez, que llegaba desde el Instituto a la casa, y pasaba la puerta, se escuchaban unos sonidos que aseguraban que si salía, la alarma sonaría. Una tarde, mientras leía un libro que encontró por ahí que no era para nada interesante, alguien tocó a su ventana. Era Jade. Siempre ahí, espiando y molestando. Una sonrisa se atravesó por sus mejillas. No le esperaba.

Llegó a la misma, y la abrió. La chico pasó y se sacudió.

—No puedes estar acá.

Jade sonrió con su hermosa sonrisa torcida.

—Si puedo estar acá… —Se sacó sus gafas de sol y se los colgó en su blusa. —

Tengo un plan, ¿quieres participar?

Tori cerró su libro que todavía lo tenía en mano, lo tiró sobre el escritorio. Dio media vuelta, caminó a la cama, y se sentó. Le ofreció un lugar a Jade, quien se quedó parada.

—Cuéntame. —Pidió Tori.

—Estás castigada por un mes, ¿cierto? —Tori asintió frunciendo los labios.

— ¿Sabes lo que hacen los adolescentes cuando están castigados y sus padres no están en casa? —Tori negó con la cabeza, y Jade formó una sonrisa. —Se escapan, y ahora es tu turno.

—Lo pensé pero… ¿sabes algo? ¡Estoy rodeada por cámaras! —Exclamó frustrada, su padre estaba loco, completamente.

—No lo creo… Una gran persona, si puedo decir, sacó todos los cables que conectaban las cámaras y las alarmas, no hay nadie que te detenga, excepto tu misma.

Hubo un trayecto de una hora hacia un lugar desconocido donde Cat le esperaba a Tori, y a Jade. Cuando llegaron, eran como las seis de la tarde, había una pequeña fiesta de tarde en un lugar como un parque pero sin ser uno, digamos que tanto como la pelirroja y Jade tenían contactos por todos lados, y siempre estaban invitados a fiestas donde podían llevar acompañantes, y en este caso a Tori.

Ella vestía unos pantalones de cuero negros, con sus converse, y una remera holgada que decía "Freedom", su madre de la compró unos días antes de morir. Fue el último regalo que le hizo, y el último que alguna vez, le volvería a hacer.

Cada vez, anochecía más, y más. La pelirroja y Robbie bailaban al ritmo de la música, mientras Jade estaba por ahí con un chico bailando totalmente apretados, realmente, esas escenas a Tori no le gustaban, daban asco. Las mujeres dejaban tocarse por hombres que apenas conocían, y hombres, quienes tienen novias, toquetean a cualquier chica que se les cruce por el camino siempre y cuando tengan unos grandes pechos, y un grande trasero.

Tori agradeció ser tan alejada del resto para no ser de esa forma, a veces Cat daba a pensar que era de esa forma pero, ella siempre se dejaba tocar por un chico, si él era su novio. Aunque, en parte, no estaba bien… Dejarse tocar por cinco o más chicos en tres años. Eran como las nueve de la noche cuando, Cat y el chico misterioso , Robbie, de la otra vez, empezaron a moverse una contra otro. Tori dejó aquel lugar, y caminó hacia otro lado donde no se escuchaba la música, y no había nadie o eso pensaba.

Escuchó unos pasos por detrás de ella, cuando giró la cabeza no había nadie. Y por el lado izquierdo, volvió a sentir la presencia de una persona, podía ser cualquiera. Iba a hablar pero, prefirió callarse. Alguien salió corriendo por detrás de un árbol, y le tiró al piso golpeando su cara contra el pasto, que estaba un poco mojado por el rocío de hacia unas horas.

—Te callas porque, juro que te perseguiré hasta tu último maldito día, estúpida. —Le susurró una voz masculina, tan conocida… Beck. —Así que te ves con mi novia, hija de puta.

Le soltó el pelo, y se levantó de arriba de ella. Tori dio media vuelta en el piso, tenía los ojos llenos de lágrimas. Se había lastimado, su nariz sangraba. Escuchó el grito de su nombre a lo lejos, era la voz de Jade.

—Escúchame bien… Vas a decir que te caíste, pero, créeme que voy a vengarme.

Se volvió a esconder, y Tori quedó tirada en el piso, hecha una pequeña bolita, estaba lastimada, había caído con las rodillas en el pasto, y eso era totalmente doloroso debido a que estaba duro, y no era blando. Jade llegó a su lado, y al verla de esa manera, se fijo por los costados pero, nadie estaba cerca. Se agachó, y la tomó entre sus brazos… A unos dos metros, vio un banco y con un paso rápido, llegó hasta ahí donde depositó a Tori.

— ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? —Preguntó, acomodándole el mechón de la cara.

Tori sólo negó con la cabeza, y se sentó en la banca. Empezó a llorar mientras que, con la manga de su remera, se limpiaba su nariz, de esta salía sangre… Mucha sangre. Jade la abrazó, y cuando Tori tenía su cabeza en el hombro de la chica, Beck apareció de espalda, y le miró por unos segundos hasta salir corriendo.

Tenía miedo, mucho miedo, y tendría que hacer todo lo posible para alejar a Jade de su vida. No era la clase de persona que ella creía, pero, si alejarse de Jade, la mantendría a salvo eso haría.

Entraron a la casa por la ventana, y Jade estaba a punto de irse cuando Tori le detuvo, pidiendo que se quedara unos cinco minutos más porque tenían que hablar.

—No quiero que nos veamos más. —Le dijo, más bien fue como una súplica. Jade frunció el ceño, y después de unos segundos, sonrió, pensó que era una broma. No se llevaban mal y de la nada, le dijo esto.

— ¿Qué? —Preguntó Jade.

—Lo que escuchaste, no quiero verte más.

Jade tragó gordo, las esperanzas de que fuera una puta broma se habían ido y por el tono de voz que Tori utilizaba sabía que hablaba seriamente. Se sentó en el escritorio, y cruzó sus brazos.

— ¿Por qué dices esto?

—Solo, quiero que te alejes de mi vida, no quiero tener nada que ver contigo, Jade, ¿vale? Es por nuestro bien. —Le dijo, y se sentó en la cama.

Jade agachó la cabeza, y mordió su labio.

—No puedo irme así como así, ¿sabes? No se si te habrás olvidado pero, me importas, y cuando alguien…

— ¡Te quiero lejos! ¡No te quiero tener cerca! ¡Entiéndelo! Ponte en mi lugar una sola vez… No sabes que se siente hablar con la persona que te dejó millones de marcas en toda tu alma. —Le exclamó. Tenía ganas de llorar, no porque le decía tales cosas a Jade, si no porque traía recuerdos totalmente feos. Así unas semanas que no tocaba sus navajas, que sus muñecas estaban libres… Y ahora, estas parecían abrirse de a poco.

—Si piensas que voy a dejarte, te equivocas, Vega.

Hola! Aclaró: Este no es el capitulo que les rompera el corazón, es el otro, pero como estoy de buena onda, se los subire hoy , en un ratito ya va a estar, gracias, gracias y mas gracias, dejen sus rebewiews, BYE!

-Rebe