Capítulo 26
Después de quedarme toda la noche despierta leyendo y doblando mí ropa al menos diez veces, descubrí que Cumbres Borrascosas no tenía un final feliz. Gracias a Cathy la estúpida, malcriada, egoísta sí, no tenía derecho a hablar, pero aun así, todo el mundo termina miserable. Su decisión arruina la vida de las personas por las que más se preocupaba. Porque eligió comportarse correctamente en vez de sus sentimientos.
Cabeza en vez corazón. Linton en vez de Heathcliff.
Jacob en vez de Edward.
Esto, decidí mientras arrastraba mi cansado trasero a la escuela a la mañana siguiente, no era un buen presagio. Normalmente, no creía en presagios o signos o cualquier cosa de la basura del destino, pero las similitudes entre la situación mía y la de Cathy Earnshaw eran demasiado misteriosas para ignorarlas. No podía evitar preguntarme si el libro estaba tratando de decirme algo.
Estaba debidamente consciente de que estaba interpretando mucho de esto, pero mi falta de sueño se juntó con el estrés de todo lo demás que hacía que mi mente se fuera a unos lugares interesantes. Interesantes, pero no productivos.
Fui casi un zombi todo el día, pero durante la mitad de la clase de cálculo, algo finalmente me despertó.
— ¿Escuchaste de Vikki McPhee?
— ¿Acerca de que está embarazada? Sip. Lo escuché esta mañana.
Mi cabeza dio un chasquido con el problema que a desganas trataba de resolver. Dos chicas estaban sentadas de un lado en la fila frente a mí. Reconocí a una de ellas como una de las nuevas porristas.
—Dios, qué perra, —dijo la animadora—. Sin saber quién es el padre. Duerme con todo el mundo.
Detesto admitirlo, pero mi primera reacción a esto fue de un puro odio egoísta. Pensé en Edward. Seguro, había rechazado a Vikki en el pasillo hace unos días, ¿pero qué si algo había cambiado? ¿Y si la carta había sido una broma? ¿Un juego para jugar con mi cabeza?
¿Y si Vikki y él habían...?
Forcé que el pensamiento se alejara. Edward era cuidadoso. Siempre usaba condón.
Además, era como esa chica había dicho —Vikki dormía con todo el mundo. Las probabilidades de que Edward fuera el padre eran casi nulas. Y no tenía derecho de preocuparme de ello, de todas maneras. No era mi novio. Aunque realmente me hubiera profesado su amor por mí en una carta. Yo estaba con Jacob, y lo que fuera que Edward decidiera hacer no era mi problema.
Mi segundo pensamiento fue por Vikki. Tenía Diecisiete, en la víspera de la graduación, y, si los rumores eran ciertos, embarazada. Podía escuchar a la gente chismear al respecto en el pasillo cuando dejé cálculo. En una escuela del tamaño de Forks, no tomaba mucho tiempo que el chisme se esparciera. Vikki McPhee era la chica en la mente de todos.
Incluyéndome.
Así que cuando salí del cuarto de baño, unos pocos minutos antes de inglés y encontré a Vikki parada frente al lavamanos, retocándose el brillo labial rosa, tuve que hacer un esfuerzo para evitar sus ojos.
Pero tenía que decir algo. Quiero decir, no éramos cercanas ni nada, pero sí almorzábamos juntas todos los días. —Hola —Murmuré.
—Hola —Replicó, todavía colocándose labial en su labio inferior.
Abrí el grifo y miré mi reflejo en el espejo, tratando fuertemente de no espiarla. ¿Cuán avanzada estaba? ¿Sus padres ya se habían enterado?
—No es verdad.
— ¿Qué?
Vikki cerró su lápiz labial y lo dejó caer en su cartera.
Me estaba mirando por el espejo, y podía ver ahora que sus ojos estaban un poco rojos.
—No estoy embarazada, —dijo—. Quiero decir, pensé que lo estaba, pero la prueba dio negativo. La hice hace dos días. Pero supongo que alguien me escuchó cuando se lo estaba diciendo a Jeanine y Ángela y...lo que sea. Pero no estoy embarazada.
—Oh. Bueno, esto es bueno. —Sí, probablemente no era la mejor cosa para decir, pero me tomó con la guardia baja.
Vikki asintió y tiró un poco de uno de sus rizos de color rojo rubio. —Estaba aliviada. No sé cómo se lo habría dicho a mis padres. Y el tipo nunca hubiera sido un gran padre.
— ¿Quién?
Esa fue una pregunta egoísta.
—Solo este chico... James.
Gracias a Dios, pensé. Luego, por supuesto, me sentí increíblemente culpable. Este no era el momento de estar pensando en mí.
—Es solo este chico estúpido de la fraternidad que se libera acostándose con chicas de secundaria. —Ella miró hacia abajo, así que ya no podía ver sus ojos por el espejo—. Y no me importó una mierda. Solo lo dejé usarme, y nunca pensé... aún cuando el condón se rompió. .. Se desvaneció, sacudiendo su cabeza. De todas maneras, estoy feliz de que fuera negativo.
—Seguro.
—Da miedo, sin embargo, —dijo ella—. Me volví loca esperando por el resultado. No podía creer que estaba en esa situación, ¿sabes?
—Estoy segura, —dije, pero no lo encontré tan sorprendente. Era Vikki, después de todo.
¿No se había puesto en ello por un tiempo? Acostarse con chicos que no le importaban. Olvidándose de las consecuencias.
Justo como yo lo hice...
De acuerdo, no había sido gente. Edward era el único chico. Y sí me preocupaba por él...ahora, después de que parara de acostarme con él. Pero eso era solo...bueno, no sé cómo lo llamarías. No tengo tanta suerte. ¿Quizás coincidencia? De cualquier manera, era lo suficientemente inteligente como para saber que no sucedía a menudo.
Pero me había olvidado de las consecuencias. Y de repente me golpeó como Vikki y yo podíamos cambiar de lugar. Yo podría haber sido la chica de la que todos estarían hablando. Yo habría podido tener un susto con un embarazo. O peor. Quiero decir, estaba en control de natalidad y Edward y yo siempre tomábamos precauciones, pero estas cosas fallaban algunas veces. Podría fácilmente habernos fallado a nosotros. Y aun así allí estaba yo, juzgando a Vikki por casi la misma cosa. Era una hipócrita de mierda.
—No eres una perra. —Tuve un destello repentino de Edward esa última noche en su habitación, diciéndome exactamente quién era. Diciéndome que el resto del mundo estaba tan confundido como yo. Que no era una perra, y no estaba sola.
No conocía a Vikki tan bien. No conocía cómo era su vida en su casa o nada así de personal aparte de sus asuntos con los chicos. Y estando allí en el baño, escuchando mientras me contaba su historia, no pude evitar preguntarme si había estado huyendo de algo, también. Si estuviera juzgándola, pensando en ella como una cualquiera todo este tiempo cuando, en realidad, estábamos viviendo vidas similarmente horripilantes.
Llamar a Vikki una cualquiera o una perra era como llamar a alguien la Duff. Era insultante y doloroso, y era uno de esos títulos que solo alimentaban un miedo interno que toda chica debió tener de tiempo en tiempo. Sucia, perra, mojigata, idiota. Eran todos lo mismo. Toda chica se siente como si una de estas etiquetas sexistas la haya descrito hasta cierto punto.
Así que, quizás, toda chica se sentía como la Duff, ¿también?
—Dios, es tarde, —dijo Vikki mientras sonaba el timbre de entrada—. Debo irme.
Observé mientras cogía su bolso y sus libros del mostrador, preguntándome qué estaba sucediendo en su cabeza. ¿Todo esto la había hecho consciente de las consecuencias de sus elecciones?
Nuestras elecciones.
—Nos vemos, Bella, —Dijo ella, caminado hacia la puerta.
—Hasta luego, —dije. Luego, sin quererlo, añadí, —Y, Vikki...Lo siento. Está muy mal la forma en que la gente está hablando de ti. Solo recuerda que lo que ellos dicen no importa. —De nuevo, pensé en Edward y en lo que me había dicho en su habitación—. Las personas que te insultan solo están tratando de hacerse sentir mejores. Ellos también la han jodido antes. No eres la única.
Vikki parecía sorprendida. —Gracias, —dijo ella. Abrió su boca como si fuera a decir algo más, pero luego la cerró de nuevo. Sin otra palabra, dejó el baño.
Por todo lo que sabía, Vikki podría salir y juntarse con otro tipo esa misma noche. Ella quizás no haya aprendido nada de esta experiencia. O quizás cambiaría todo su comportamiento —en el último caso, podría ser más cuidadosa. Quizás nunca lo sepa. Esa era su elección. Su vida. Y no era mi papel el juzgarla.
Nunca era mi papel el juzgar.
Y mientras caminaba por el pasillo, cinco minutos tarde para inglés, decidí que lo pensaría dos veces antes de llamar a Vikki, o a cualquier otra en ese caso, una perra de nuevo.
Porque ella era como yo.
Justo como todos los demás.
Eso era algo que todos teníamos en común. Todos éramos fáciles o sucias o mojigatas o Duffs.
Yo era la Duff. Y eso era algo bueno. Porque nadie que no se sintiera como la Duff no tendría amigos. Todas las chicas se sienten feas alguna vez. ¿Por qué me había tomado todo este tiempo el descubrirlo? ¿Por qué me había estresado por esa tonta palabra por tanto tiempo cuando era tan simple? Debería estar orgullosa de ser la Duff. Orgullosa de tener grandes amigas que, en sus mentes, eran mis Duffs.
—Bella, —me saludó el Sr. Perkins mientras entraba al salón y tomaba mi asiento—.
Bueno, mejor tarde que nunca, supongo.
—Sí, —dije—. Lamento que me llevara tanto tiempo.
Cuando llegué a mi casa esa tarde, estaba muy cansada para subir las escaleras, así que me tumbe en el sofá y caí en un bonito sueño. Había olvidado lo bueno que uno se sentía después de una siesta en la mitad del día. Quiero decir, los europeos tenían la idea correcta con sus siestas. Los americanos deberían incluirlas en sus agendas diarias porque son increíblemente refrescantes, especialmente después de un día dramático como el que yo había tenido.
Eran casi las siete cuando me desperté, lo cual no me daba mucho tiempo para prepararme para mi cita. Mi pelo se veía como un pajar luego de dormitar en el sofá, tomaría casi la hora completa para repararlo. Genial.
Desde que comencé a salir con Jacob, he estado prestando más atención a cómo me veo.
No es como si a él le importaran esa clase de cosas. El tipo probablemente diría que me veo bien vestida con un traje de payaso, con la peluca de colores y todo. Pero sentía la necesidad constante de impresionarlo. Así que alisé mi cabello y lo arreglé en una cola de caballo alta, me puse un par de pendientes de plata de pinza , soy muy cobarde como para hacerme los agujeros en las orejas y la camisa que me había regalado Rosalie por mi diecisiete cumpleaños. Era de seda blanca con diseños intrincados de plata y me quedaba ceñida en el pecho, lo que hizo que mis senos diminutos parecieran algo más grandes.
Eran casi las ocho cuando yo luchaba por bajar las escaleras con mis sandalias de plataforma, arriesgando mi seguridad por el bien de verme más alta. Tuve cuidado de apartar mis ojos cuando pasé por la cocina porque papá, obviamente pensando que las rosas eran de parte de Jacob, había puesto el buqué en un jarrón antiguo en la mesa del comedor anoche. Era un gesto dulce, pero ver las brillantes rosas rojas solo me traía de vuelta las preguntas fastidiosas. Así que llegué a la sala y me dejé caer en el sofá para esperar por mi cita, prometiéndome que iba a resolver mi desastre romántico en algún momento del fin de semana. Por falta de nada mejor que hacer, agarré la copia de la guía de programas de televisión que reposaba sobre la mesa de café y comencé a ojear la agenda de programas. Una nota amarilla que se mantenía entre las páginas llamó mi atención y salté a la sección que estaba señalando. Papá había resaltado un maratón de Lazos de Familia para el próximo sábado en la noche, usando la pequeña hoja de papel como marca libros. Sonreí y saqué un bolígrafo de mi cartera, garabateando, —Yo haré las palomitas de maíz, —en el papel amarillo. Papá lo vería cuando regresara a casa de su reunión.
Justo cuando puse la revista de vuelta a la mesa, el timbre de la puerta sonó. Me levanté tan rápido como pude sin caerme y caminé hacia la puerta, esperando ser saludada con una gran sonrisa inmerecida de Jacob. Pero la sonrisa que deslumbraba frente a mí, mientras era brillante y blanca, pertenecía a alguien completamente diferente.
— ¿Mamá? —Prácticamente jadeé la palabra, sonando como una chica en una telenovela quien apenas se ha enterado de que su hermana gemela malvada todavía estaba viva o algo. Avergonzada, aclaré mi garganta y dije—, ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en Oregon.
—Lo estaba, pero vine a visitarte, por supuesto, —respondió mi madre, ladeando su cabeza hacia un lado con su estilo de estrella de cine. Su pelo rubio fue agarrado en limpio en un clip por la parte posterior de la cabeza, llevaba un vestido rojo y negro que le llegaba hasta las rodillas. Típica Mamá.
—Pero está, como a, siete horas de camino —Dije.
—Oh, créeme, lo sé. —Suspiró dramáticamente—. Siete horas y medias en un tráfico terrible. Así que... ¿vas a invitarme a entrar o no? Me di cuenta por la forma en que sus manos retorcían la correa de su bolso que estaba nerviosa de estar de vuelta en esta casa.
—Um, sí, —dije, apartándome del camino—. Entra. Disculpa. Pero, uh, papá no está aquí.
—Lo sé. —Ella estaba mirando alrededor de la sala de estar de una forma que me hacía sentir ansiosa por ella. Ella miró el sillón y el sofá que le había pertenecido a ella como debatiendo si tenía permitido sentarse allí o no—. Tiene sus reuniones de A.A los viernes.
Él me lo dijo.
— ¿Hablaste con él? —Esto era noticia para mí. Hasta lo que yo sabía, mis padres habían estado evitando el contacto desde la reaparición de mi madre el mes pasado.
—Hemos hablado por el teléfono dos veces. —Quitó sus ojos de los muebles y los concentró en mí. Se sintieron como pesos pesados en mis hombros—. Bella, dulzura...—Su voz era suave y triste. Dolorosa de escuchar—. ¿Por qué no me dijiste que estaba bebiendo de nuevo?
Me moví, tratando de deslizarme por debajo de su mirada. —No sé, —murmuré—. Supongo que esperaba que pasara. No quería que te preocuparas por nada.
—Entiendo, pero Bella, esto es un asunto serio, —dijo ella—. Lo sabes ahora, espero. Si alguna vez sucede de nuevo, no te lo guardes para ti. Tienes que decírmelo. ¿Entiendes?
Asentí.
—Bien. —Suspiró, viéndose inmensamente aliviada.
—De cualquier manera, eso no es por lo que estoy aquí.
— ¿Por qué estás aquí?
—Porque tu padre también me dijo algo más, —ella se burló—. Algo acerca de un chico llamado Jacob Black.
— ¿Condujiste siete horas y media porque tengo una cita?
—Tengo otras razones para estar en Forks, —dijo ella—. Pero esta es la más importante. Así que, ¿es verdad que mi bebé tiene un novio?
—Um, sí, —dije, encogiéndome de hombros—. Supongo.
—Bueno, háblame acerca de él, —instó mamá, finalmente decidiéndose por sentarse en el sofá—. ¿Cómo es?
—Es bueno, —digo—. ¿Cómo está el abuelo?
Sus ojos se redujeron con sospecha. —Está bien. ¿Qué pasa? Estás tomando la píldora, ¿verdad?
—Dios, madre, sí, —gruñí—. Ese no es el tema.
—Gracias a Dios. Estoy muy joven y sexy como para ser una abuela.
No bromees, pensé, recordando a Vikki.
—Entonces, ¿cuál es el problema? —presionó ella—. Vine porque escuché que tenías una cita caliente esta noche y quería tener ese momento especial de Mamá. Pero si estás teniendo problemas, tengo que derramar algún consejo de Mamá también. ¿Es como una visita dos por una, cierto? Hace que el tiempo del viaje valga la pena.
—Gracias, —me quejé.
—Oh, dulzura, bromeó. ¿Qué sucede? ¿Qué sucede con ese chico?
—Nada. Es absolutamente perfecto. Es listo y bueno y totalmente correcto para mí. Solo que hay otro chico...—Sacudo mi cabeza—. Es estúpido. Estoy siendo una idiota. Solo necesito un poco de tiempo para pensar las cosas. Eso es todo.
—Bueno, —dijo mamá levantándose—. Solo recuerda hacer lo que te haga feliz, ¿de acuerdo? No te mientas a ti misma porque piensas que es más seguro. La realidad no funciona de esa manera...creo que te dije eso antes.
Lo había hecho.
Pero había estado corriendo por tanto tiempo que ya no estaba segura de lo que quería.
—Aunque, —continuó mamá–. Te traje algo para tu cita y puede que te ayude mientras piensas las cosas.
Vi con leve horror mientras sacaba una caja rosa y amarilla de su bolso. Cualquier objeto que iba envuelto en esos colores no podía ser una cosa buena. — ¿Qué es? —Pregunté mientras colocaba la caja en mi mano extendida.
—Ábrelo y descúbrelo, tonta.
Suspirando, solté el horrible lazo de la caja y chasqueó al abrirse la tapa. Dentro había una pequeña cadena plateada con un amuleto blanco de metal en forma de B. Como los que las chicas usan en la escuela media, como si olvidaran su propio nombre o algo.
Mamá se inclinó hacia adelante y sacó el collar de la caja—. Lo vi y pensé en ti, —dijo ella—. Gracias mamá.
Se quitó su bolso y se movió alrededor para pararse tras de mí, quitando mi cabello hacia un lado para que pudiera cerrar la cadena alrededor de mi cuello. —Va a sonar cursi, así que trata de no voltear los ojos, ¿sí? Pero quizás esto te ayude a recordar quién eres mientras estás resolviendo las cosas. —Me colocó el pelo y se paró frente a mí de nuevo—. Perfecto, —dijo ella—. Te ves maravillosa, dulzura.
—Gracias, —dije, y esta vez lo decía en serio. Verla me hizo darme cuenta de lo mucho que había extrañado a mi madre. En ese momento, el timbre sonó y supe que tenía que ser Jacob. Mientras alcanzaba el pomo, sentí a mamá deslizarse a su lugar tras de mí, preparada para observar.
Oh, genial.
—Hola —dije, abriendo la puerta y tratando de no mirar la sonrisa cegadora de Jacob.
—Hola, —dijo él—. Guau. Estás muy guapa.
—Por supuesto que sí, —intervino mamá—. ¿Qué esperabas?
—Mamá, —siseé, disparándole una mirada matadora sobre mi hombro.
Ella se encogió de hombros. —Hola, Jacob, —dijo, saludando—. Soy Renée, la madre de Bella. Lo sé, parezco más su hermana, ¿cierto? —Rechiné mis dientes. Jacob rió.
—Diviértanse, —dijo mamá, besándome en la mejilla—. Voy a embalar algunas de mis cosas que todavía siguen aquí, pero voy a hablar en un centro de retiro en Port Angeles el sábado, así que me quedaré en un hotel el fin de semana. Comeremos juntas el almuerzo mañana y así obtendré todos los detalles.
Me empujó fuera por la puerta antes de que pudiera discutir esto, y luego estaba sola en el porche con Jacob.
—Es graciosa —Dijo él.
—Está loca —Murmuré yo.
— ¿Qué clase de charlas dan? ¿Dijo que iba a una casa de retiro?
—Oh. Ella escribió un libro sobre autoestima. —Miré de regreso hacia la casa, viendo a través de la ventana como mi mamá se movía, dirigiéndose a la habitación donde solía dormir, preparada para embalar las pocas cosas que había dejado atrás. Nunca me había dado cuenta de la ironía ahora. Por los últimos meses, había estado luchando con mi propia autoestima mientras mi madre le enseñaba a otros como mejorar las suyas. Quizás si hubiera hablado con ella. No me hubiera tomado tanto tiempo resolver las cosas. —Habla con gente alrededor del país acerca de aprender a aceptarse a sí mismos.
—Suena un trabajo divertido —Dijo Jacob.
—Quizás.
Él sonrió, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura y guiándome fuera del porche.
Suspiré y me solté para entrar en el coche.
Capítulo 27
Rosalie y Jessica estaban esperando en el asiento trasero del Taurus. Ambas me sonrieron juguetonamente cuando me subí al asiento del pasajero. — Alguien se ha vestido sexy —
Rosalie se burló — Te di esa camiseta hace 9 meses. ¿Es esta la primera vez que la usas?
— Um… Si.
— Bueno, se ve bien en ti — dijo — Parece que soy la Duff esta noche. Muchas gracias, B —
Ella me guiñó un ojo, y no pude evitar sonreír. Rosalie recientemente ha tomado el uso de Duff como una palabra suya, usándola en nuestras conversaciones casuales. Al principio lo encontré un poco inquietante. Quiero decir, la palabra era un insulto. Pero luego de la revelación que tuve este día en el baño con Vikki, apreciaba lo que Rosalie estaba haciendo. La palabra era nuestra ahora y mientras nos aferráramos a ella, podíamos controlar el daño que infligía.
— Es un trabajo sucio — me burlé. — Pero, oye, alguien tiene que hacerlo. Te prometo ser la Duff el próximo fin de semana.
Ella se rió.
— ¿Estás usando un sujetador con relleno? — Jessica espetó, aparentemente ajena a nuestra conversación. — Tus pechos parecen más grandes.
Hubo un largo momento de silencio, y de repente me di cuenta de que habría estado más segura con mi madre.
Rosalie estalló de risa mientras yo enterraba mi rostro en mis manos. Jacob no mostró ninguna reacción. Gracias a Dios. Si lo hubiera hecho, tal vez habría cometido un asesinato allí mismo. Golpeé mi cabeza contra la ventanilla hasta que mi cerebro estuvo aplastado como un panqué. En vez de reírse por lo bajo o mirar hacia mi pecho para ver si Jessica tenía razón, Jacob actúo como si los pechos no hubieran sido mencionados.
Simplemente metió la llave en la ignición y sacó el auto de mi entrada.
Nota mental, pensé, matar a Jessica cuando no haya testigos.
Aunque, de manera extraña, la falta de reacción de Jacob me sacó de quicio. Edward habría hecho una broma. Habría mirado mi pecho, por supuesto, pero luego habría dicho algo. Me habría hecho reír. Él no lo habría simplemente ignorado como Jacob hizo.
¡Dios! De todas las cosas, esto no debería ser algo que me molestara.
— Tú sabes — dijo Rosalie cuando fue capaz de dejar de reír. — Es bastante bueno de su parte que nos hayan invitado —Ella me sonrió, y supe que estaba contenta de ser incluida.
— Pero se dan cuenta de que esto va a arruinar su cita totalmente, ¿cierto?
— ¿Cómo es eso? — preguntó Jacob.
— ¡Porque seremos sus chaperonas! — Jessica declaró con demasiado entusiasmo. — Lo que hace de nuestro trabajo detener toda forma de dunga-dunga/chiqui-chiqui/ñaca-ñaca
— Rosalie añadió. — Y vamos a disfrutar haciéndolo.
— Si.
Pero Jacob y yo no teníamos necesidad de preocuparnos. En el minuto en el que llegamos al local, mis amigas volaron a la pista de baile, sacudiendo sus cabellos y agitando sus traseros de forma casual.
—Parece que son ellas las que necesitan ser cuidadas— se rió entre dientes Jacob mientras me guiaba a una mesa vacía.
— Usualmente ese es mi trabajo — dije.
— ¿Piensas que sobrevivirán si te tomas una noche libre? —
— Veremos —
Sonrió y tocó mi pendiente con la yema de sus dedos. — La banda no comenzará hasta dentro de hora y media —. Dijo, moviendo sus dedos hasta mi cuello para descansar en mi hombro. No me provocó nada. Pero si Edward hubiera hecho esto, trazando sus dedos a través de mi piel de esa forma, yo hubiera…
— ¿Quieres que consiga unas bebidas antes de que el bar se llene? —.
— Seguro — dije, ahogando el pensamiento de Edward. — Tomaré una Coca light.
— Está bien — dijo. — Volveré enseguida —. Me besó en la mejilla y se fue al bar.
La gente entraba a través de las puertas del club. Siempre había una mayor multitud las noches que tocaba una banda. Unas chicas de octavo grado se sentaron en la mesa de detrás de mí, jactándose en voz alta acerca de cómo pretendieron estar en la secundaria para entrar. Un estudiante de tercer año y uno de sus amigos pasaron furtivamente a mi lado, una botella de alcohol pobremente oculta colgaba de su chaqueta holgada y por una fracción de segundo, vislumbré a la morocha estudiante de primer año que Jessica había visto en el partido de baloncesto semanas atrás. Caminó a través de la puerta, mano con mano con un lindo chico que no reconocí. Incluso a la distancia, pude ver la sonrisa en su rostro. Se veía hermosa y supe que una de sus pretenciosas rubias amigas estaba siendo obligada a ser la Duff en su ausencia. Y luego ella y su cita se habían ido, barridos por la multitud, dejándome con una inexplicable sonrisa en mis labios.
No sabía qué clase de banda iba a tocar, pero basado en la cantidad de chicos con el pelo morado y aros en los labios que estaban entrando, supuse que iba a escuchar música emo.
Ahí se fue mi sonrisa.
Genial. Chicos llorones con guitarras. Totalmente mi estilo, ¿cierto?
Estaba mirando distraídamente el torrente de gente cuando él apareció entre la multitud.
Al principio ni siquiera lo noté. Estaba con Mike Newton, hablando casualmente mientras se dirigían hacía el bar. Era fácil seguir su paso. Medía unos centímetros más que todos a su alrededor, miró alrededor a la muchedumbre con más seguridad que el resto de nuestros compañeros, caminó a través de la multitud con más gracia que la que cualquier adolescente normal podía manejar y mis ojos lo siguieron sin el consentimiento de mi cerebro.
A mitad de camino hacia el bar, Edward giró su cabeza en mi dirección. Sus ojos verdes se encontraron con los míos por un instante. Mierda. Miré lejos, rezando que no me hubiera visto, a pesar de que estaba segura de que lo había hecho.
— Dios — murmuré, apretando mi puño debajo de la mesa. — Es como si estuviera en todas partes.
— ¿Quién está en todas partes? — Jacob preguntó, sentándose frente a mí y me acerco un vaso a través de la lisa superficie de la mesa.
— Nadie. —Tomé un trago de mi Coca light y traté de no hacer una mueca. La falta de azúcar dejó un mal sabor en mi boca. Tragué y pregunté — ¿De nuevo, cuál es el nombre de la banda que toca?
— Black Tears — respondió.
Si. Para mí eso sonaba como mierda emo.
— Genial.
— Nunca escuché su música — admitió Jacob, pasando una mano por su cabello negro cortado como un tazón—. Pero la gente me dijo que son buenos. Además, es la única banda en Forks. Parece que el resto de los que tocan aquí son de Port Angeles.
— Uh-huh.
Me moví incómoda en mi asiento, consciente de los ojos de Edward sobre mí. La forma en que se deslizaban sobre mi piel me estaba enloqueciendo y esperaba que Jacob no notara mi tic. Probablemente pensaría que consumía crack o algo.
— Terminé Cumbres Borrascosas — dije, desesperada por comenzar con un tema de conversación que sacara mis pensamientos de Edward. Me llevo un minuto darme cuenta que no era el mejor tema para esa tarea.
— ¿Te gustó? — preguntó Jacob.
—Bueno, me dio mucho en que pensar. —Me podría haber abofeteado. ¿No era ese maldito libro el que me había alterado en primer lugar? ¿Por qué tenía que sacarlo a relucir? Pero ahora era muy tarde para cambiar de tema. Jacob había saltado con una crítica completa del libro.
—Lo sé. Siempre me pregunté qué había hecho que Emily Brönte eligiera escribir sobre personajes tan desagradables. Me refiero a que, a través de todo el libro, simplemente pensaba que Heathcliff y Linton eran unos bastardos, y Cathy…
Movía la pajita de la bebida, solo escuchando a medias. Cada vez que Jacob decía Heathcliff mis ojos iban automáticamente a través de sus hombros para mirar a Edward.
Como siempre estaba guapísimo, llevaba unos vaqueros y una apretada camiseta blanca debajo de una chaqueta negra un poco demasiado larga. Estaba sentado solo en el bar, estirado y casualmente acostado con ambos hombros sobre la barra del bar. Solo. Ni una sola chica aferrada a él. Demonios, incluso Mike había desaparecido. Joe era la única persona lo suficientemente cerca como para hacerle compañía y parecía ocupado con una horda de sedientos chicos góticos.
Los ojos de Edward estuvieron fijos en mí todo el tiempo. Desde donde estaba sentada, era difícil leer su expresión, pero nunca vacilaron ni un segundo. Sí, era desconcertante, pero sabía que me hubiera decepcionado, tal vez incluso herido, si descubría que él se había dado vuelta. Realmente me atrapé a mi misma revisando cada pocos minutos si todavía me estaba mirando.
— ¿Bella?
Sorprendida, me fijé en Jacob de nuevo. — ¿Hmm?
— ¿Estás bien? —preguntó.
Mis dedos habían estado jugando con la medalla en forma de B, colgada en una cadena alrededor de mi cuello, sin darme cuenta. Inmediatamente baje mi mano. —Estoy bien.
—Rosalie me advirtió que tal vez estés mintiendo cuando dices eso — dijo.
Apreté mis dientes y busqué en la pista de baile a mi "amiga". Estaba siendo agregada a mi lista de golpes.
—Y creo que tiene razón — suspiró Jacob.
— ¿Qué?
— Bella, sé qué está pasando —. Miró a Edward sobre su hombro antes de volverse hacía mí con una leve inclinación de cabeza. —Te esta mirando desde que llegó.
— ¿Lo estuvo haciendo?
— Lo puedo ver por los espejos de allí. Y tú lo estuviste mirando también — dijo Jacob— Y no es solo esta noche. He visto la forma en que te mira en la escuela. En los pasillos. Le gustas, ¿cierto?
— No… No lo sé. Supongo. —Dios, esto era incómodo. Simplemente seguía moviendo mi pajita entre mis dedos y mirando las pequeñas olas que se formaban en la superficie de mi bebida. No podía mirar a Jacob.
— No tengo que suponerlo — dijo— Es bastante obvio. Y la forma en que lo miras me hace suponer que tú también estás enamorada de él.
— ¡No! — chillé, soltando mi vaso y mirándolo directamente. — No, no, no. No estoy enamorada de él, ¿está bien?
Jacob sonrió ligeramente y dijo — Pero tienes sentimientos por él.
No pude ver ninguna señal de dolor en sus ojos, solo un toque de sorpresa. Eso hizo mucho más fácil darle una respuesta. — Um,… sí.
— Entonces ve con él.
Rodé mis ojos sin querer. Simplemente era automático. — Jesús, Jacob — dije. — Eso suena como una línea sacada de una mala película.
Jacob se encogió de hombros. — Tal vez, pero lo digo en serio, Bella. Si sientes eso por él, deberías ir allí.
— ¿Pero que pasa con…?
— No te preocupes por mi — dijo — Si quieres a Edward, es él con quien tendrías que estar ahora. Salir conmigo no hará que tus sentimientos por él desaparezcan… Debería saberlo. Definitivamente no te preocupes por mí. La verdad es que, estoy en la misma situación que tu. Solo que no quería admitirlo.
— ¿Cómo?
Ahora era Jacob el que miraba su bebida, ajustando nerviosamente sus lentes — No superé lo de Leah.
— ¿Leah? ¿Tu ex?
El asintió — Rompimos hace más de un mes, pero todavía pienso mucho en ella.
Realmente me gustas, entonces pensé que si salíamos, tal vez me olvidaría de ella. Por un tiempo lo hice, pero…
— Bueno, entonces deberías llamarla — dije — En vez de simplemente quedarte sentado lamentándote, deberías llamar a Leah y decirle como te sientes. Esta noche.
Alzó sus ojos de nuevo para encontrarse con los míos. — ¿No estás enojada? ¿No te sientes usada?
— Eso me haría una gran hipócrita ya que en cierto modo yo también te estaba usando. —A pesar de que no quise lo; me levante de la mesa y me detuve hasta equilibrarme en las plataformas de mis zapatos. — Y para que quede claro, si Leah no te acepta de nuevo, es una idiota. Creo que probablemente eres el chico más dulce y amable que conocí en mi vida, y tuve un flechazo masivo por ti por años. Seriamente deseo que fueras el indicado para mí.
— Gracias — dijo Jacob — Y si Edward rompe tu corazón, prometo… Bueno, diría patear su trasero, pero ambos sabemos que eso es físicamente imposible — Frunció el ceño hacia sus huesudos brazos — Así que le escribiré una carta desagradable.
— Está bien — resoplé. Me incliné sobre la mesa y lo besé en la mejilla. — Gracias.
Me sonrió, lo recordaría el resto de mi vida, y dijo — Te estás entreteniendo. Apúrate y ve.
— Está bien. De acuerdo. Nos vemos en clase, Jacob.
— Adiós, Bella.
Respire profundamente para calmar mis nervios mientras miraba a Edward de nuevo.
Luego, con una débil sonrisa, comencé a abrirme paso a través del atestado bar. La música tecno se hacía detenido, y todos en la pista estaban esperando a que la banda saliera al escenario. Tuve que zigzaguear a través de los cuerpos inmóviles, ninguno de ellos fue lo suficientemente considerado como para moverse a un lado ni siquiera por un milisegundo.
Vi a Rosalie entre el gentío; su cabello rubio se veía sobre todos excepto sobre el chico a su lado, el jugador de baloncesto que había estado observando durante semanas y supe que no le gustaría mi decisión. En su cabeza, era culpa de Edward que la hubiera abandonado.
Estaría disgustada conmigo. Tal vez incluso se enfadaría. Pensaría que la estoy dejando atrás de nuevo. Simplemente tendría que probarle que estaba equivocada. Probarle que Jacob, a quien ella adoraba, no era adecuado para mí.
Cuando estaba a aproximadamente a unos pasos de la barra, un sonido llenó los altavoces, pero no era la música emo que estaba esperando. En su lugar, un alarido asaltó mis oídos y me asustó como la mierda. Estaba tan sobresaltada que salté, que no habría sido tan grave con otros zapatos.
Mi pie aterrizó a un lado de mi plataforma, haciendo que me cayera. Antes de que pudiera recuperarme, mi tobillo dio paso en falso y me caí golpeando con mi cara el suelo de madera.
¡Maldita sea!
No pude evitar gemir mientras me dolía el tobillo doblado. — ¡Mierda! – Gruñí - ¡Ay, ay, ay! Dios, odio estos malditos zapatos.
— ¿Entonces por qué los usas?
Mi piel hormigueaba mientras dos manos me levantaban por los codos y me ponían de pie.
Dándose cuenta de que no podía mantenerme de pie, Edward pasó su brazo por mi cintura y me llevó hasta un taburete del bar.
— ¿Estás bien? — preguntó, ayudándome a sentarme. Podía decir por su sonrisa que estaba luchando por contener la risa.
— Si — balbuceé, sonriendo un poco. Realmente no me sentía tan avergonzada. Habría corrido o cojeado fuera del bar, pero con Edward me sentía bien. Como si pudiéramos reírnos juntos de ello.
Pero la sonrisa se borró y su cara se volvió seria. Me miró un largo momento y su silencio me estaba por hacer subir por las paredes cuando finalmente abrió su boca.
— Bella, yo
— ¡Bella! ¡Oh por Dios! — Jessica se materializó a mi lado, sus mejillas estaban rojas por la emoción y el baile. Detrás de ella, la banda había comenzado a tocar o a intentar tocar una versión emo de una canción de Johnny Cash. Era deprimente, pero Jessica logró hablar a través del ruido. — ¡Oh Bella, finalmente te encuentro! ¿Viste? ¡Mike y yo estábamos bailando juntos! Creo que tal vez me pida ir juntos al baile. ¿No sería genial?
— Bien por ti, Jessica.
— ¡Tengo que ir a decírselo a Angela! — Entonces vio a Edward. Una sonrisa sabedora se extendió a través de su rostro mientras decía — Los veo después — Y con un rápido movimiento de su rubio pelo, se había ido.
Edward la vio desaparecer entre la muchedumbre con una expresión asombrada.
— Sabe que Mike prefiere a los hombres, ¿cierto?
—Dejemos que tenga esperanza — dije, sonriendo a mi misma.
Volvió su atención hacia mí. — Si. La esperanza es buena. Bella, yo… -sonrió con maldad. — Sabía que cederías tarde o temprano — Puso su mano en mi rodilla y la movió suavemente por mi muslo — Finalmente vas a admitir que me amas, ¿cierto?
Quite con fuerza su mano — Primero — comencé — No te amo. Amo a mi familia y tal vez a Rosalie y Jessica, pero el amor romántico lleva años y años en aparecer. Entonces no te amo. Pero admitiré que he pensado mucho en ti últimamente y definitivamente tengo sentimientos por ti… Otros sentimientos además de odio mayormente. Y tal vez es posible que en el futuro pueda amarte — Vacilé, un poco asustada por las palabras que había pronunciado. — Pero todavía quiero matarte la mayor parte del tiempo.
La mueca de Edward se convirtió en una sonrisa genuina. — Dios, te extrañé — Se inclinó para besarme, pero levanté mi mano para detenerlo. — ¿Cuál es el problema?—preguntó.
— No vas a meterte en mis pantalones esta noche, idiota — dije, recordando a Vikki y el susto por el que había pasado. No me iba a convertirme de repente en una monja o algo, pero luego de darme cuenta de la facilidad con la que podíamos haber cambiado roles, sabía que algunas cosas tendrían que cambiar. — Si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien. Vamos a tener una relación sin prisa, como una pareja normal de secundaria.
Se acercó y tocó la pequeña B que descansaba en medio de su cuello, girando el colgante que mamá me había dado entre su pulgar y su dedo índice, casi distraídamente. — Pero ninguno de los dos somos normal.
— Eso es verdad — reconocí — Pero esa parte de nosotros va a ser normal. Mira, no digo que no podamos llegar hasta ese punto. Simplemente vamos a… llevarlo un poco más despacio.
Edward lo pensó un momento antes de dejar que apareciera esa sonrisa torcida en su rostro otra vez. — De acuerdo — dijo, inclinándose un poco hacia delante para mirarme a los ojos — Está bien. Hay otras cosas que podemos hacer — Sus dedos soltaron mi collar y se movieron por mi clavícula, deslizándose por mi brazo y enviando un temblor por mi espalda. — Creo que tengo un trabajo que terminar. Fuimos interrumpidos la última vez, en tu habitación, pero puedo mostrártelo otra vez. Ansío mostrártelo otra vez.
Respire profundamente, tratando de ignorar esa afirmación y la explosión de emoción que me dio — Vamos a tener una cita — Continué, aclarando mi garganta — Una cita agradable. Y nunca más vas a llamarme Duffy de nuevo.
La sonrisa satisfecha de Edward desapareció y mordió su labio — Bella — dijo despacio. Apenas podía escucharlo sobre la música. — Lo siento. No sabía cuanto te lastimaba. Nunca debería haberte llamado la Duff en primer lugar. No te conocía entonces. Yo no...
Sacudí mi cabeza. — No te molestes en inventar excusas — dije — No gastes tu tiempo, porque la verdad es que, yo soy la Duff. Pero también lo es el resto del mundo. Todos somos malditos Duffs
— Yo no soy el Duff — dijo Edward con confianza.
— Eso es porque no tienes amigos.
— Oh. Cierto.
— Y — continué — Probablemente sea una perra la mayoría del tiempo. Te garantizo que encontraré una razón para gritarte casi todos los días y que no te sorprenda si algunos tragos son tirados sobre ti de vez en cuando. Así soy yo y vas a tener que vivir con ello. Porque no voy a cambiar por ti ni por nadie. Y…
Edward se bajó de su taburete y apretó sus labios sobre los míos antes de que las palabras pudiesen salir. Mi corazón golpeaba mientras cada pensamiento vaciaba mi mente. Uno de sus brazos cercó mi cintura, atrayéndome tan cerca como fuese posible y su mano libre se ahuecó en mi rostro, su pulgar acariciando mi pómulo. Me besó tan apasionadamente que pensé que íbamos a incendiarnos.
No fue hasta que se alejó, ambos necesitando aire, que pude pensar en orden otra vez.
— ¡Tú, idiota! — grité, empujándolo lejos de mí. — ¿Besarme para hacerme callar? Dios, eres tan detestable. Podría simplemente tirarte algo ahora mismo.
Edward saltó encima de su taburete con una gran sonrisa, y de repente lo recordé diciéndome que era sexy cuando me enojaba con él. Vaya a saber.
— Discúlpame, Joe — llamó al camarero— Bella quiere una Coca de Cereza.
A pesar de mis mejores esfuerzos, sonreí. Él no era perfecto, ni siquiera estaba remotamente cerca, si importara, pero tampoco lo era yo. Ambos estábamos bastante jodidos. Pero, de alguna manera, eso hacía todo más emocionante. Sí, era enfermo y retorcido, pero eso es la realidad, ¿cierto? Escapar es imposible, ¿Entonces por qué no aceptarlo?
Edward cogió mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. —Estas muy guapa esta noche, Bella.
FIN
Es el fin, les quiero dar las gracias por haberme esperado todos estos meses y haberme leído. Ahora les pido que lean mi siguiente fic, he estado trabajando en el bastante, espero que les guste tanto como este! Besos
X
Arantxa
