No pensaba escribirlo ya que el libro original no tiene epílogo pero como me lo pedisteis tanto estuve buscando y encontré uno que había escrito la autora ante tanta demanda.
Así que disfrutadlo.
A leer;)
Danny Agreste de diez años dirigió una mirada preocupada al campo de juego.
-Papá, mamá va a avergonzarnos a todos otra vez.
Adrien pasó el brazo por los hombros del niño.
-Tu madre es así, hijo.
-Pero papá, ¡Va en contra de su propia hija!
-Tu hermana lo entiende. Wendy sabe lo que piensa mamá del juego limpio. Y ese árbitro ha prestado más atención a su novia que al juego.
Danny, un feucho chico moreno con el rostro lleno de pacas que aún tardaría años en madurar, no podría haberle dado a una pelota ni unque le pusieran pegamento, y no le gustaba demasiado ir a ver los partidos.
-No sé por qué no entrenas tú al equipo. Sabes bastante más que mamá sobre béisbol.
-No me deja. Dice que presiono demasiado a los chicos para que ganen.
-¿Y lo haces?
-Tu madre me conoce al dedillo. Por eso hago caso cuando me da órdenes.
-Tú también le das órdenes a ella-dijo Danny. Ayer mismo te oí decirle que si no salía del dormitorio en dos minutos, volverías tú a la cama.
Adrien sonrió.
-Tenía que doblar la ropa, hijo.
-No creo que tuviera nada que ver. Estabais besandoos otra vez.
Adrien se rió de la expresión de disgusto de la cara de Danny y se arriesgó a la furia de su hijo plantándole un rápido beso en la coronilla.
En el campo de juego, su hija de nueve años, Wendy, esperaba pacientemente a que su madre termineara de señalar qué era correcto y qué no a ese árbitro imberbe, aunque Wendy sabía que la eliminarían en cuanto Marinette terminara de discutir. Wendy Susan Agrete ya iba camido de ser la mejor deportista de esa parte del país, pero Adrien sabía que Wendy era digna hija de Marinette, ya que sentía la misma inclinación que su madre por el juego limpio.
-¡Abuelo!-Danny dio un brinco cuando apareció su abuelo, que se sentó con ellos en las gradas de madera.
-¡Hola Danny!-Gabriel Sawyer dio un abrazo a Danny y luego dirigió su mirada al campo de juego-. ¿Marinette lo está haciendo de nuevo? Está discutiendo con el árbitro en contra del equipo de...¡Su propia hija!
-Sí-contestó Adrien-. Nadie salvo Danny se atreve a decirle que se expone a quedar en ridículo.
Gabriel sacudió la cabeza.
-A la gente de por aquí no le gusta meterse con Marinette más de lo debido. Nunca se sabe por donde podría salir.
Eso estaba claro, pensó Adrien. Madinette Dupain-Cheng Agreste era el más dulce incordio que Telarosa, Texas, había conocido nunca. Había convertido Arbor Hills en el mejor centro de rehabilitación del estado, y había promovido tantos buenos proyectos cívicos que él ya había perdido la cuenta. Ahora era la alcaldesa del pueblo, algo que ni siquiera él podría haber imaginado.
Gabriel señaló con la cabeza a su nieta.
-Tienes que hacer algo con esa niña, Adrien. Es la mejor deportista que ha visto este pueblo desde que tú te fuiste, pero casi todas las veces le da igual ganar que perder.
Los ojos de Adrien brillaron con orgullo. Su hija siempre jugaba más por puro placer que por el resultado final del juego.
-¿No podrías al menos convencerla de que deje de llevar esos lazos y esos calcetines de encaje en el campo?-se quejó Gabriel-. No pega nada.
-Es algo de familia, los Agreste nos arreglamos incluso cuando estamos vestidos de uniforme.
Danny arrugó la nariz y miró a su abuelo.
-Papá dice que deberíamos dejarle que nos ayude con el nuevo chip. Pero recuerda como lo estropeó todo la última vez.
Gabriel le lanzó a Adrien una mirada divertida y después centró la atención en su nieto.
-Pero Danny, ¿Cómo va tu papá a aprender algo de electrónica si no dejamos que nos ayude un poco?
-Eso es lo que dice mamá-se quejó Danny-.Y la abuela.
Adrien se rió entre dientes y pensó lo dificil que sería criar a un chico superdotado y con una gran pasión por la electrónica si Marinette y él no tuvieran a Gabriel y a Suzy para echarles una mano. La amistad de Adrien con su padrastro había sido otra de las muchas alegrías que le había dado la vida desde que se había casado con Marinette. Sin olvidar la "Fundación Agreste", un trabajo que siempre le aportaba nuevos retos y más satisfacciones de lo que jamás hubiera imaginado.
Aunque "Luna Sangrienta" había funcionado bastante bien en taquilla, jamás había lamentado abandonar su carrera cinematográfica. No le gustaba nada estar mucho tiempo lejos de Telarosa.
No fue una sorpresa para nadie que el árbitro se mostrara de acuerdo con Marinette; eliminó a Wendy y el partido terminó. Wendy se escabulló y corrió directa hacia él, toda gracia y largas piernas. Se lanzó a sus brazos y comenzó a cotorrear.
-¡Hoy ha sido muy divertido, papá! Viste como Kimmie cogió el pase, y viste como le lancé el home run. Lo hice como tú me dijiste. Se lo lancé suavemente. ¿Podemos ir ahora por un helado?
Gabriel la interrumpió.
-Yo os llevaré a Danny y a tí a tomar un helado. Además, la abuela os ha invitado a pasar la noche en casa otra vez.
Mientras los niños vitoreaban, Adrien miró a su padrastro.
-No sé nada de eso.
-Son órdenes de Marinette.
Adrien sonrió ampliamente.
-Caramba.
Los rizos azabaches de Marinette se balancearon mientras ella se acercaba hasta él y lo besaba en la mejilla con aire ausente.
-No te atrevas a decirme nada-dijo ella-. Wendy estaba eliminada, y aunque era una de las de mi equipo...
-Sin mencionar que es tu hija.
-Lo que es justo es justo, cariño. Y le dirigió una gran sonrisa que le llegó al corazón. Marinette tenía esa manera de mirarle que lo hacía sentir el hombre más afortunado del mundo.
Los niños abrazaron a sus padres y se marcharon con su abuelo. Adrien los observó irse y mrió a su esposa.
-¿Qué clase de madre deja a dos niños inocentes con unos abuelos que los van a inflar a comida basura y que permitirán que se acuesten a la hora que les de la gana?
-Una madre que quiere disfrutar de sexo salvaje con su marido.
-Tenía la esperanza de que dijeras eso-. La agarró de la mano y tiró de ella hacia el monovolumen. Quince minutos después, estaban en la sala, calientes y cómodos bajo la luz tenue, simplemente uno junto a otro sintiendose bendecidos.
Adrien rompió por fi el silencio.
-¿A quién le toca ahora?
-A mí.
Él arqueó una ceja.
-Eres una mentirosa, cariño. Es mi turno y lo sabes. Esta noche, cada centímetro de ese bello cuerpo me pertenece.
-Yo recuerdo algo distinto...
-Las conquistas sexuales no discuten, cariño. Sólo hacen lo que el conquistador les dice.
Marinette enganchó los dedos en el cinturón de Adrien y lo arrastró al dormitorio con los ojos brillantes.
-Ya veremos quién es aquí el conquistado.
La batalla fue feroz y encarnizada, pero al final, acabó en tablas. Acordaron programar la revancha tan pronto como llamaran a sus hijos para desearles buenas noches.
