Disclaimer: Soul Eater no me pertenece, es de Okubo-sempai. Kuroshitsuji tampoco es mío, es de Toboso-sempai. Lo único mío es la trama.

¡Al fin, nuevo capítulo!


Akuma no Bara

Drop 2: Onryo

— E-Espera un momento, ¿acabas de decir Kimiko?

Black Star parpadeó varias veces para intentar hacerse a la idea de que lo que estaba viendo era real. ¡Ese era un fantasma maldito! ¡Uno de verdad! Nunca, en los escasos años que llevaba siendo un Bara, se había topado con uno. Siempre eran demonios o ese tipo de cosas. ¡Y para acabar de rematarla, era el fantasma de la amiga de su clienta! Eso explicaba muchas cosas, las cuales se aclararon rápidamente en su cabeza ya que se encontraba analizando todo con profundidad (algo muy… raro en su persona).

El fantasma comenzó a andar hacia el círculo donde se encontraba Nadeshiko, de una forma algo grotesca y macabra. Pareciera que se tenía rota una pierna, o algo así. La tal Kimiko extendió una mano blanca y huesuda hacia su amiga, pero el escudo protector la rechazó. Por primera vez en mucho tiempo, el joven ninja sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando el espectro se giró lentamente para lanzarles una mirada llena de total odio y desprecio tanto a él como a Tsubaki.

あなたたち — murmuró, y fue entonces que Black Star apreció las facciones demacradas y hundidas de la otra. Era como un cadáver en vida. Negó con la cabeza e intentó concentrarse en lo que ocurría frente a él, ¡no era hora de ponerse a divagar! Usó su cabeza para traducir todo lo que la otra estaba diciendo — ¡¿Qué demonios están haciendo aquí?! ¡Largo! ¡LARGO! — rugió, con la voz sonando casi como un eco. El fantasma se encorvó mientras que sus manos tiraban desesperadamente de su cabello, casi en una rabieta.

— ¡Kimiko, detente! — suplicó Nadeshiko, quien fue detenida por Tsubaki al ver que intentaba salirse del campo de protección.

— Nosotros estamos aquí para proteger a Nadeshiko y para ayudarte a ti a cruzar — intentó explicar la chica, queriendo calmar al fantasma.

Pero al parecer sus intentos fueron en vano, ya que el fantasma hizo una mueca de total repudio.

— ¡Eso es mentira! ¡Él me lo dijo! ¡Intentan separarme de Nadeshiko, al igual que los otros! — espetó, y tal era la energía de su odio que los cristales de la casa temblaron hasta cuartearse. Black Star chasqueó la lengua; sabía que si un fantasma se enojaba, era capaz de usar la energía de sus sentimientos para poder mover los objetos a su voluntad, e incluso era capaz de materializarse y obtener un cuerpo sólido, por lo tanto se volvían bastante peligrosos.

— ¿Él? — murmuró Tsubaki, claramente confundida. Era la primera vez, pensó el chico, que veía a su Akuma con esa expresión de total confusión. Normalmente Tsubaki era tranquila y siempre estaba sonriendo.

Kimiko sonrió, de una forma un tanto demente.

— Él fue quien me dijo que Nadeshiko me quería dejar sola. Fue él quien me sugirió deshacerme de todos aquellos que quisieran separarnos — canturreó al mismo tiempo que sus manos iban a parar a sus mejillas. Pese a que el gesto debería de ser lindo y tierno, el rostro de la chica era más bien el de toda una psicópata, o al menos así lo vio Black Star.

— No puede ser… — susurró la chica de los ojos azules, y su rostro poco a poco fue deformándose en una mueca de miedo en cuanto su mente comenzó a encajar todas las piezas del rompecabezas.

— ¡Tsubaki! — bramó su Bara, queriendo llamar su atención —. ¡¿Qué demonios es lo que ocurre aquí?! — exigió saber.

Pero tan pronto terminó de hablar la chica fue lanzada por una fuerza invisible. Traspasó las paredes de madera y se perdió en el manto de oscuridad de la noche. El chico no podía creer lo que acababa de pasar, ¿qué había sucedido? ¿Qué fue esa extraña energía que de un momento a otro había hecho desaparecer a su Demonio? Black Star frunció el ceño y se preparó para ir detrás de su compañera, hasta que el grito de Nadeshiko llamó su atención.

Kimiko estaba traspasando el campo de protección.


Tsubaki soltó un leve quejido en cuanto la pared del edificio cercano la detuvo.

Se había llevado un buen golpe en la espalda, y si no fuera porque aquel edificio era de cemento, era probable que también hubiese traspasado la pared. Había dejado una pequeña grieta allí donde se estampó, pero estaba segura de que aquello no afectaría a la gente que vivía allí. Tosió un poco, escupiendo algo de sangre negra, antes de enfocarse en la persona que había aparecido frente a ella.

— Tanto tiempo sin vernos, Tsubaki.

— Masamune — siseó ella, molesta.

— ¡Oh~! — canturreó él, con falsa alegría. Parecía estarse burlando de ella con esa sonrisa socarrona y esa postura despreocupada, pese a que estaba volando —. Parece que me recuerdas perfectamente, aunque a que ya pasaron varios siglos desde que nos conocimos.

La morena sólo se atrevió a fruncir el ceño. ¿Cómo no lo recordaría? Él había sido el bastardo que la había comprado cuando era niña, y quien le violó noche tras noche sólo por diversión. De no haberse suicidado por su culpa, ella no sería un Demonio ahora… pero probablemente hubiera seguido sufriendo hasta su muerte a manos de él.

— ¿Acaso esperas que te dé un trato amable, bastardo? — gruñó Tsubaki, antes de despegarse de la pared para flotar también en el aire y poder encararlo. En esos momentos estaba furiosa, rabiosa… tenía un montón de sentimientos encontrados, y sentía que la única forma de liberarlos sería matándolo de la forma más lenta posible. Le importaba un bledo que aquello significara un par de años más a su Condena.

Masamune sólo se limitó a sonreír ampliamente al escucharla.

— Vamos, Tsubaki. Dejemos el pasado atrás — río el joven de cabello negro como la noche y piel tan pálida como la de un muerto, casi al mismo tiempo que extendía sus brazos hacia los lados —. Ambos somos Demonios ahora, ¡deberíamos de divertirnos torturando a un par de inocentes!

— Oh, lo lamento — la chica sonrió de lado, siendo ahora ella quien se burlaba de él —, dejé esa vida hace mucho tiempo. Ahora soy un Akuma — explicó, orgullosa de aquel adjetivo —; pero mejor pasemos a otras cosas. Explícame qué estás haciendo aquí y porque tratas de corromper el alma de Kimiko — demandó con el ceño fruncido.

— Vaya, creí que no serías lo suficientemente patética como para volverte una sierva de Dios — bufó un poco el mayor, en lo que se cruzaba de brazos para poder observarla con mejor comodidad —. ¿Acaso no es obvio? Desde que el Kishin despertó la locura ha incrementado en el mundo, ¡eso sólo nos facilita las cosas a la hora de llevar a una estúpida alma hacia la oscuridad! — una sonrisa sádica comenzó a crecer en los labios de Masamune, provocando que Tsubaki comenzara a sentir asco de tan solo verlo —. Mientras más almas tenga el infierno, más poderosos nos haremos los Demonios.

Tsubaki entrecerró los ojos al escuchar eso. ¿Así que todo eso lo estaba haciendo sólo para llevarse a Kimiko al infierno? Y no sólo a ella, Nadeshiko también corría peligro de ser arrastrada por la otra, y si una humana entra al mundo infernal ya nada podría traerla de regreso.

No tenía opción, debía de luchar contra él si deseaba salvar no sólo a su clienta, sino también al alma de Kimiko e incluso a su propio Bara. No se fiaba de dejar solo a Black Star por mucho tiempo sin que ocurriera algo malo, por eso debía de apresurarse. Cerró los ojos por un momento y extendió sus manos; como Demonio, ella tenía la capacidad de controlar el aire a su alrededor. Sin mucho problema, creó varias ráfagas a su alrededor, antes de mandarle una mirada asesina al mayor. Era el momento de su venganza; dejaría atrás a la Tsubaki amable y cariñosa que había sido en los últimos siglos para dejar paso a la asesina que realmente era.

— Me encanta esa mirada en ti, Tsubaki — una sonrisa sádica creció en el rostro de Masamune.

Y sin decir nada más, ambos se lanzaron contra el otro.


Black Star siempre había creído que las películas de terror eran bastante absurdas e irreales. No sería difícil patear el trasero de un ectoplasma, ni siquiera el mandarlo de regreso al lugar del que vino, pero ahora que se enfrentaba a Kimiko realmente comenzaba a pensar que Hollywood no se equivocaba.

Había tratado de darle una patada voladora a la chica, pero es como si pasara una masa de agua, por lo que terminó estampándose contra la pared. Lo siguiente que trató fue tirarle algo más, pero el fantasma simplemente se lo regresó sin siquiera mirarlo. La cabeza le dolía a horrores, por cierto.

— Mierda… — siseó, más que molesto. ¿Qué podía hacer para enfrentarse a algo que se suponía ya no existía en ese mundo? Sus conocimientos eran realmente escasos, y si no hacía algo pronto, Kimiko traspasaría la barrera que había creado Tsubaki y mataría a Nadeshiko.

Tsubaki… recordó pronto el chico. Estaba más que preocupado por su Akuma, quien hacía algunos momentos fue atacada por una fuerza que ni él pudo ver. ¿Estaría bien? ¿Por qué se tardaba tanto? No quería imaginarse lo peor, no podía, él sabía que la chica era demasiado fuerte como para darse por vencida tan fácilmente, y eso era lo que más admiraba de ella.

Tenía que ser igual de fuerte que ella, o de lo contrario no sería digno de llamarse a sí mismo un "Dios" ni de ser el Bara de un Akuma como ella. Frunció el ceño y por un momento se desconectó de la realidad. "Piensa, ¿qué harían todos en una situación así?" Posiblemente Maka tendría un plan ingenioso; Soul usaría alguna de sus técnicas; Kid era un Shinigami, de por sí; Liz y Patty harían alguna estupidez; y Tsubaki…

¿Qué haría Tsubaki?

— Kimiko — la llamó, con una seriedad que él nunca solía tener. La chica le miró por unos momentos, con su rostro serio pero al mismo tiempo lleno de ira. El chico tuvo que usar toda su capacidad mental para saber escoger las palabras y no meter la pata —, ¿realmente esto es lo que quieres, matar a tu mejor amiga?

— Es la única forma en la que estaremos juntas — murmuró, convencida —, Masamune me lo prometió. Una vez que esté muerta seremos inseparables.

— Mira, no sé quién es Masamune, ni me importa, pero estoy seguro de una cosa, él te mintió — aseguró el ninja —. Todos los que se van al Infierno sufren todo tipo de dolores, y es probable que una de ustedes sea devorada por otro Demonio, y aún si sobreviven ese será su destino: matar para vivir. ¿Acaso estás dispuesta a eso?

— ¿Y qué esperabas, que me fuera al Cielo? — Kimiko enarcó una ceja, casi como si se tomara todo eso como una broma —. Ya asesiné a muchas personas, no tengo lugar en el Cielo, y si para vivir en el Infierno tengo que seguir matando, entonces lo haré, ¡haré todo lo que sea necesario para estar con Nadeshiko!

— Kimiko… — susurró una voz, la cual sorprendió a ambos. Nadeshiko miraba fijamente a la que alguna vez fue su amiga; ya no mostraba temor en sus facciones, sino un dolor que sería capaz de quebrar el corazón del más fuerte. Había permanecido callada desde la aparición del fantasma, pero ahora tenía tantas cosas que decir.

Kimiko no dijo nada, simplemente se limitó a permanecer quieta en su lugar. Era de esperarse que su amiga la odiara por haber asesinado a sus padres y a cuanta persona se le cruzara por el camino, pero si eso era el pago por estar juntas para siempre, lo aceptaría. Prefería mil veces ser odiada por ella a estar sola nuevamente…

— No te odio — susurró nuevamente Nadeshiko, como si adivinara los pensamientos de la que en vida fue su mejor amiga. Torpemente se puso de pie, ignorando el temblor que sentía en las piernas —, nunca podría odiarte — admitió, con lágrimas en los ojos.

Aquello tomó por sorpresa tanto a Black Star como a la propia Kimiko. El chico pensó que sería bueno interrumpir y decir algo, pero conociéndose era capaz de arruinar todo, así que dejó que la situación siguiera su rumbo natural y se mantuvo al margen. No actuaría a menos de que fuera necesario.

— ¿Qué dices? ¡Claro que me odias! — chilló el fantasma, desesperada —, ¡maté a todos! ¡A tus padres, a ese chico, incluso a nuestras otras amigas! ¡Tienes que odiarme!

Nadeshiko negó suavemente con la cabeza.

— No… en realidad me odio a mí misma — confesó, antes de bajar la mirada —. ¿Recuerdas la promesa que nos hicimos hace años? Si algo llegaba a ocurrirle a la otra, tendríamos que seguir adelante con nuestras vidas. Y eso hice, pero no tomé en cuenta tus sentimientos.

Al ver que Kimiko no la interrumpiría, prosiguió.

— No visité tu tumba en todo este tiempo, ni siquiera te hice una ofrenda. Pensar en ti hacía que me doliera el pecho, y hui de esas emociones como toda una cobarde — apretó los ojos con fuerza, dejando que las lágrimas fluyeran por sus mejillas — ¡No puedo odiarte, Kimiko! ¡Eres mi mejor amiga! — sin poder soportarlo más, cayó de rodillas al suelo y comenzó a sollozar —. Por mi culpa te convertiste en esto, por mi culpa…

Black Star no pudo seguir escuchando lo que decía su clienta, puesto que su voz se quebró como un fino cristal. Su mirada se posó sobre el fantasma, que parecía estar procesando todo eso de forma rápida para terminar con su confusión.

— Aún puedes librarte del infierno — asintió después de un rato —. Pide perdón por tus pecados, y será posible que Dios te perdone.

La mirada vacía y triste de Kimiko se posó en él.

— No… ya es demasiado tarde para eso.

Y en ese momento, Black Star sintió como si algo atravesara su pecho. La temperatura en la habitación descendió drásticamente, al punto de que podía ver su aliento flotando en el aire. El reloj que había allí marcó las tres de la madrugada, y del suelo unas gruesas y oxidadas cadenas emergieron para aprisionar los brazos y piernas del fantasma, quien contempló con horror como el suelo comenzaba a abrirse.

De haber sido alguien con estómago débil, Black Star estaba seguro de que habría vomitado.

Manos ennegrecidas y putrefactas se asomaban por los bordes y arañaban la madera. Los lamentos de las almas en pena resonaban por la habitación y taladraban su alma, haciendo que sintiera el cuerpo pesado y frío. Y no sólo eso, podía ver a la perfección un trozo del infierno, el cual era tan horrendo como para describir con simples palabras mundanas. ¿Cómo era posible que Liz, Patty, Soul y Tsubaki hubiesen sobrevivido en ese lugar durante tanto tiempo? Era horrendo, atroz. Y pronto Kimiko se les uniría.

— ¡No! — exclamó y extendió una mano hacia el fantasma, quien trataba de hacer hasta lo imposible por librarse de las cadenas, mientras que gritaba el nombre de Nadeshiko, quien también gritaba el suyo.

Aquello no podía acabar así. Como Bara, su misión era proteger a las almas en pena junto con su Akuma y librarlas del pecado y del Infierno, ¡no podía dejar que Kimiko se fuera así como así! ¡No cuando por fin se habían aclarado las cosas y ella podría tener su descanso eterno!

Ignorando el calor extremo que emanaba de la grieta en el suelo, Black Star se lanzó para sujetar a la chica de la mano. A duras penas tuvo tiempo de aferrarse del borde con su mano libre, pero estaba seguro que por mucha fuerza bruta que tuviera, no resistiría por mucho.

— ¡Aguanta, Kimiko! — pidió ante la sorpresa de la chica.

— ¿Por qué me estás ayudando? — susurró, sin entender todavía el motivo del chico — ¡Si no me sueltas podrás ser arrastrado al infierno conmigo!

— ¡¿Y qué más da?! — rugió, furioso. Odiaba tener que estar calmado, y el expresarse como siempre era todo un alivio para él — ¡¿Acaso quieres irte a ese lugar?! ¡¿Es que acaso no tienes algo que decirle a Nadeshiko?! ¡Ella te pidió disculpas, lo menos que puedes hacer por ella es responderle, imbécil!

La chica abrió los ojos por la sorpresa, casi como si las palabras de él hubiesen sido una bofetada que la regresara a la realidad. Las lágrimas no tardaron en hacer acto de presencia, y sin dudarlo dos veces se aferró al brazo de él con ambas manos.

— ¡Aún no me quiero ir! ¡Tengo que hablar con ella! — suplicó.

Black Star esbozó una sonrisa.

— Eso era lo que quería oír.

Y sin decir más, aplicó toda la fuerza de la que era capaz para jalar a la otra hacia el exterior. Las cadenas tardaron en ceder, pero pronto se rompieron en mil pedazos, y tanto ella como él salieron rodando de ese abismo hasta golpearse contra una de las paredes de la casa. Los lamentos se convirtieron en gritos que quebraron las ventanas, y en cuanto el reloj marcó exactamente el primer minuto de la hora, aquel portal se cerró, dejando sólo una línea negra de hollín en el suelo.

La respiración de Black Star era agitada, y el sudor escurría por todo su cuerpo. No se creía que sólo hubiese pasado un minuto, pero le adjudicó eso a algún poder sobrenatural. Poco a poco el agarre en su brazo desapareció, y contempló con una leve sonrisa cómo el fantasma se acercaba a Nadeshiko, quien no dudó ni dos veces en salir del campo de protección.

Ambas quedaron de pie, frente a frente. Al principio sólo Nadeshiko sonreía, y Kimiko tardó en corresponder el gesto de una forma torpe y nerviosa.

— Realmente lo lamento — balbuceó, sin dejar de llorar.

— No fuiste la única que estaba equivocada — la consoló su amiga.

— ¿Crees que me iré al Infierno?

— Acabas de escapar de allí, así que lo dudo — Nadeshiko se encogió de hombros —. Sé que mis padres no te odiarán, y de haber sido yo la que hubiese muerto, también desearía que me perdonaras.

— Claro que lo haría — aseguró la otra, y en ese momento Black Star se dio cuenta de que comenzaba a volverse más transparente de lo que por sí ya era.

— Gracias — la morena sonrió más, antes de abrazar a la otra —. Te extrañaré.

Black Star no pudo escuchar lo que la otra le respondió, pero a juzgar por la cara puso su clienta, supo que habían hecho las paces. Kimiko comenzó a desaparecer hasta que su cuerpo se convirtió en cientos de mariposas azules que se elevaron hacia el techo y lo traspasaron; no estaba seguro de a dónde irían, pero seguramente se elevarían hasta las nubes como lo hicieron las de María, allá en México. Por primera vez, en toda la noche, Black Star pudo suspirar de alivio.


Las copas de los árboles se agitaban con furia contra el tejado de las casas cercanas. Ráfagas de viento chocaban unas contra otras, generando un fino silbido que era capaz de destruir cualquier otro sonido.

Tsubaki respiró con cierto cansancio. Su katana, hecha con su sangre, estaba más fina que de costumbre, y eso se debía al hecho de que no había bebido de la sangre de su Bara, y por lo tanto no podía sacar sus poderes al cien por ciento. Además tenía varios cortes por todo su cuerpo, pero poco le importaban al saber que Masamune estaba casi en las mismas condiciones que ella.

— Parece que te has oxidado con el tiempo, Masamune — se burló la chica, con una sonrisa satisfactoria —, ¿cómo fue que te volviste un Demonio, ah? ¿Acaso moriste de forma natural, asesinado o por culpa de alguna infección que agarraste con una de tus tantas mujerzuelas?

— Eso no es de tu incumbencia, perra — espetó el otro, más que molesto. Se sentía débil, más que antes, y eso sólo podía significar una cosa: la chica no había ido al infierno como estaba planeado.

— Oh — Tsubaki entrecerró los ojos, de forma suspicaz —, ¿o acaso mi Bara logró salvar a la chica de la que te estabas alimentando?

El rostro del Demonio se contrajo en una mueca de ira, y sin más se abalanzó contra la chica con tanta rapidez que Tsubaki a duras penas y pudo bloquear el primer ataque con su arma. La lucha era casi pareja, puesto que los dos se encontraban cansados y no tenían alguna fuente de energía a la mano, y ella no sería tan tonta como para poner a Black Star en peligro.

Black Star… Aún recordaba a la perfección cómo es que le había conocido. De eso ya serían unos tres años, cuando ella se encontraba en un recorrido por el mundo en busca de su nuevo Bara, ya que el anterior había fallecido durante una pelea. Y fue cuando llegó a China que lo encontró.

El chico estaba moribundo, tirado a un lado de un pequeño cuerpo que seguramente sería el de su hermana pequeña. Al parecer Black Star había quedado huérfano, y por temor a que lo separaran de su hermana huyó del orfanato con ella. Pudieron sobrevivir más de medio año en la calle, pero cuando las frías nevadas llegaron, la hermana no resistió más y falleció. Black Star, por otra parte, se rehusó a dejar a su hermana, pese a la neumonía que le quitaba la vida poco a poco.

— ¿Quieres vivir? — fue lo primero que le preguntó ella, con un tono triste y melancólico. La escena de aquellos dos hermanos le recordaba tanto a su propio pasado como humana.

— ¿Qué sentido tiene vivir ahora? — le respondió el chico, con la mirada vacía y perdida en algún punto de la nieve.

— No lo sé — admitió el Demonio, con una suave sonrisa —, ¿por qué no lo descubrimos juntos?

En ese momento el muchacho había dudado un poco, pero finalmente decidió aceptar la mano que ella le tendía. Los primeros meses fueron duros, ya que Black Star seguía pareciendo un cascarón vacío, hasta que finalmente, poco a poco, comenzó a sonreír.

El sólo recordar la primera vez que una sonrisa surcó el rostro de su Bara hacía que Tsubaki se sintiera fuerte. Giró en el aire, casi como si se encontrara en una danza, y logró herir la espalda de Masamune, quien soltó un grito cargado de dolor.

¿Realmente sólo estaba luchando por venganza? ¿O era por algo más? Mientras luchaba, esas preguntas resonaban en su cabeza como si fuesen un eco. ¿Quería demostrarle a Black Star que podía ser tan fuerte como él?

¡Black Star!

Un agudo dolor surgió en su vientre, y pronto se extendió más allá de todo su cuerpo. La sangre negra comenzó a emanar de la herida, y por un momento sintió sus extremidades agarrotadas, incapaces de hacer algo por defenderse. Masamune sonrió, antes de hacer girar la katana que había enterrado en el cuerpo de la otra, queriendo que ella gritara de dolor y le suplicara por su vida.

Pero Tsubaki no lo hizo.

La mirada que ella le dedicó era de una persona confiada, valiente y fuerte, muy diferente a la que él le había visto cuando era humana. Aún si ella escupía sangre, aún si estaba lastimada no gritaría. No le daría ese lujo nunca más.

Sin importarle mucho, se acercó más al otro, clavándose más la espada en su vientre. Podía sentir cómo el metal traspasaba sus órganos y su piel, y como la sangre brotaba libremente.

— ¡Voy a matarte! — rugió el hombre al darse cuenta del peligro.

— Entonces nos veremos en el Infierno — sonrió ella, y con un certero movimiento de su propia arma, le cortó la cabeza.

A diferencia de los Akumas, que se volvían mariposas negras al morir, el cuerpo de un Demonio era envuelto en llamas negras, que quemaban más de lo que Tsubaki pudo imaginar. Conforme caía, contempló como el aire se llevaba las cenizas del que alguna vez fue su peor pesadilla, y sonrió. Si iba a morir ahora, podría irse en paz, sabiendo que finalmente se había vengado… No; sabiendo que por fin había podido demostrarle a Black Star que era fuerte.

Cerró los ojos, cansada. Esperaba sentir el frío pavimento al aterrizar, pero en su lugar sólo fue recibida por unos cálidos brazos que la acunaron como si fuera la cosa más delicada del mundo. Torpemente abrió un ojo, sólo para notar la sonrisa de Black Star.

— Lo hiciste bien, Tsubaki — la felicitó, orgulloso de ella.

Y ella sólo atinó a sonreír mientras lloraba.


— Así que… ¿venderás tu casa?

Nadeshiko se giró para verlos. Ya había pasado dos días desde que se enfrentaron al fantasma vengativo de Kimiko, y ella estaba segura de que su amiga ahora se encontraba descansando en paz.

— Sí, me mudaré con mis abuelos en Osaka — le respondió al chico, mientras que se acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja. Aún no se acostumbraba al nuevo corte que se había hecho, pero estaba decidida a cambiar para comenzar con su nueva vida —, gracias por todo.

— No fue nada — aseguró la azabache con una sonrisa, y Nadeshiko realmente seguía sorprendida por su rápida curación. Cuando el otro la había llevado de regreso a la casa estaba más pálida que la misma luna, y ahora se encontraba como cuando llegaron a su casa.

— Mi tren parte en una hora — murmuró, y le puso el candado a la reja de su antigua casa para evitar que alguien entrara a robar algo. Después agarró sus maletas y les dedicó una última sonrisa, antes de meterse al taxi que le estaba esperando —, ¡nos vemos!

Black Star y Tsubaki la despidieron con un movimiento de manos, y en cuanto el carro desapareció tras doblar una esquina, ambos cargaron sus respectivas maletas y suspiraron.

— Creo que es mejor que nos vayamos también — sugirió la muchacha, antes de ver a su compañero.

— Oh, ¿de verdad? ¡Quería conocer el monte Fuji! — se quejó el chico, pero su Demonio notó que algo en él había cambiado. Black Star, aunque sonara imposible, había madurado, y aquello le hacía sentir más que feliz.

— Bueno, nuestro tren parte hasta la noche, tal vez podríamos… — comenzó diciendo, pero el sonido de su celular le hizo dejar la frase incompleta.

Confundida, sacó el aparato de su bolso de mano para poder ver la pantalla. Era el número de Kid, así que no dudó ni dos veces en contestar su llamado.

— ¿Hola, Kid?

¡Tsubaki! — el muchacho sonaba bastante aliviado, pero había algo más en su voz que no pudo identificar —, ¿dónde se encuentran ahora?

— Seguimos en Japón, nuestro tren parte hasta las ocho — explicó calmada ante la mirada confundida de su Bara.

Necesito que regresen cuanto antes al Shibusen, es un asunto urgente.

— ¿Ah? — exclamó Black Star, quien se había pegado a la muchacha para poder escuchar también la conversación —, ¿y qué se supone que es ese "asunto urgente"? — preguntó, algo mosqueado porque le arruinaran la diversión.

Chrona asesinó a Medusa.

Continuará…


Y sí, después de un año sin actualizar esta historia, al fin pude terminar el capítulo.

¿Cuáles son mis excusas esta vez? Bueno chicos, hace unos meses estaba luchando por conseguir un buen promedio en la escuela para la Universidad, además de que en vacaciones estuve atareada con los exámenes de Admisión y una pequeña depresión, ¡pero hey! ¡Ahora están hablando con una licenciada en lingüística y literatura hispánica! Este es un nuevo paso en mi vida, y espero que comprendan si no puedo actualizar seguido. ¿Saben? La Universidad no es tan fácil como la pintan.

En fin, ¡aquí acaban los Drops dedicados a Tsubaki y Black Star! El siguiente capítulo será el que muchas esperaban, ¡la pelea entre los hermanos Evans! Ya tengo algo del capítulo escrito, pero espero poder terminarlo antes de acabar el año (?). Muchas gracias por seguir leyendo esta historia, y por soportarme a mí.

¡Los amodorro!

¿Review?