Capítulo 26
Esa noche, Terry se había jurado una y mil veces que no se presentaría en casa de Candy. Cuando Archie le contó todo lo que había pasado con Holly, Terry tuvo ganas de descuartizar a Albert con sus propias manos ¿Cómo se había atrevido a hacer una cosa semejante? Pero reconocía que él también tenía parte de la culpa. Él era el abogado que estaba asesorando a Candy con respecto al papá de Holly, se tendría que haber dado cuenta que algo así podía suceder, y bajo ningún motivo permitir que Candy accediera a que Albert estuviera con la niña, ni que se la llevara de vacaciones.
No supo cómo sucedió, pero al salir de la oficina, no fue el camino a su apartamento el que tomó, sino que sin quererlo se dirigió hacia la casa de Candy, y antes de que pudiera parpadear, estaba llamando a la puerta.
Pasaron unos cuantos segundos cuando Candy apareció en la puerta. Vestía un camisón blanco de algodón, su cabello estaba alborotado y las ojeras bajo sus ojos eran evidentes, pero Terry no pudo evitar sentirse excitado al verla.
- ¿Qué haces aquí? – Le preguntó ella con sorpresa, pero cambiando inmediatamente su mirada a una expresión fría.
- Supe lo que pasó con Holly.
- ¿Y bienes a burlarte de mí? – Le preguntó ella con ironía.
- ¡Jamás haría eso! – Terry se dio cuenta que había levantado el tono de voz cuando las luces del vecindario comenzaron a encenderse - ¿Por qué no me dejas entrar? – Le pidió.
- No creo que sea conveniente.
- No podemos hablar en la calle.
- No quiero hablar contigo.
- Lo harás de todas formas.
No fue difícil para Terry empujarla hacia el interior de la casa y entrar él detrás de ella. Estaba tan débil que temió que estuviera enferma.
- ¿Qué crees que estás haciendo? – Le espetó Candy con furia – ¡No puedes entrar a mi casa por la fuerza!
- ¿Has estado comiendo bien?
- ¿Qué?
- Luces terrible. Estoy seguro que no has comido bien estos últimos días.
- Ese no es tu problema.
Candy tenía razón, no era problema suyo si ella estaba bien o no. Él había dado por terminada la relación y ya no había vuelta atrás.
- Solo quería saber si tenías noticias de Holly.
- No – Dijo Candy, y Terry notó como abandonaba su actitud defensiva para dejarse ver completamente vulnerable.
- ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?
- No.
- Tal vez necesites un abogado – Se sentía con la obligación de hacer algo para remediar su culpa – Ya sabes que yo…
- No necesito un abogado. Archie ya se ha ofrecido.
- Ahora resulta que tú y Archie son muy amigos – Dijo él con enfado. No quería admitirlo, pero los celos lo estaban invadiendo.
- Al menos él sí supo admitir sus errores.
- No sé de qué hablas.
Terry notó que Candy estuvo a punto de discutir con él, pero al final decidió callarse.
- No importa – Le dijo dejándose caer en el sofá. En verdad parecía enferma – Vete de mi casa Terry, necesito descansar.
- De acuerdo – Tuvo el impulso de acercarse a ella, tomarla en sus brazos y llevarla hasta su habitación, pero en lugar de eso se dirigió hacia la salida – Llámame si tienes noticias de Holly ¿De acuerdo?
- Ya estas fuera de nuestras vidas, Terry – Le dijo cansinamente – Lo mejor será te olvides para siempre de nosotras.
- Holly me interesa. No quiero que le pase nada malo. Además, si no hubiera sido por mi mal asesoramiento esto no estaría pasando.
- Hubiera pasado de todas formas – Quiso creerle, pero no podía sacarse la culpa de la mente – No tienes ninguna obligación con nosotras.
- Llamaré de todas formas.
ooo
Candy no comprendía porque Terry se había presentado en su casa a altas horas de la noche. En un primer momento, creyó que se había enterado de su embarazo, y venía a reclamarle por no haberle contado nada. Quizás incluso quisiera amenazarla con quitarle al niño una vez que naciera, y eso jamás podría soportarlo. Pero se sorprendió al enterarse que en verdad venía por Holly.
Terry se había encariñado mucho con su hija, y no le extrañaba que se preocupara por ella, pero tampoco creyó que en algún momento se apareciera en su casa para hablar con ella. Tampoco sabía cómo se había enterado de lo sucedido, probablemente había sido Susana quien se lo había contado.
De todas formas, estaba segura que no volvería a saber nada de Terry. Él solo se había presentado en su casa para tener noticias. Si quería saber lo que estaba sucediendo, probablemente Susana se lo contaría.
ooo
- ¡Fiona! - La mujer se despertó con el fuerte grito de su prometido, mientras la zamarreaba - ¡Fiona! ¡Despierta!
- ¿Qué sucede? – Se incorporó y abrió los ojos de a poco para encontrarse con el rostro de Albert desfigurado por la ira.
- ¡La niña! ¿Dónde está la niña?
- ¿Pues dónde va a estar? No hay mucho lugar en esta habitación para que una niña de cinco años pueda esconderse – Dijo con reproche.
Fiona nunca había estado acostumbrada a dormir en lugares como esos. De hecho, había puesto el grito en el cielo cuando Albert le dijo que debían abandonar su lujosa habitación de hotel en la Riviera Maya para partir con rumbo incierto.
- No te hagas la tonta – Albert en verdad parecía enfadado – Holly no está en ningún lado.
- Tonterías – Fiona se puso de pie y miró las frazadas que había dejado en el piso para que la niña durmiera – Estará escondida por algún lado.
- Ya revise toda la habitación.
- Bueno… tal vez se despertó con hambre y este en el comedor desayunando.
- No seas idiota – Le dijo con desdén – Este hotel no tiene comedor. Además, la puerta de la habitación está cerrada con llave.
- Entonces tiene que estar en alguna parte. Una niña de cinco años no puede desaparecer así porque sí.
Entonces la mirada de Albert sintió una briza que alborotó su cabello, y su mirada se dirigió a la ventana semi abierta que estaba en una de las paredes de la habitación. No era lo suficientemente grande como para que él pasara a través de ella, pero sí para una niña del tamaño de Holly.
Se acercó a la ventana, y sus sospechas tomaron forma cuando descubrió un pedazo de tela violeta enganchado en un clavo.
- ¡Maldita sea! – Exclamó Albert.
- ¿Qué? – Fiona se acercó a su prometido.
- Se ha escapado.
- No, debes estar confundido… tal vez solo se trate de una broma.
- Debí suponer que esa mocosa malcriada intentaría hacer algo como esto – Ahora se lamentaba por no haberla amarrado – Debemos encontrarla.
- ¡Déjala! – Le pidió Fiona.
- ¿Qué la deje? Holly es la única hija tengo. Sin ella ¿Quién continuara con los negocios familiares?
- ¿De qué negocios estás hablando, Albert? – Le gritó ella – Estás huyendo de la justicia, y no sabemos si algún día podremos regresar a los Estados Unidos. Y si en algún momento lo hacemos, ya nada será como antes. La policía estará esperando que des un paso en falso para encarcelarte.
Albert meditó las palabras de su prometida. Había estado tan ensimismado en conseguir un heredero de su sangre que ahora que la tenía, no podía dejarla ir.
Pero Fiona tenía razón. Todo por lo que su familia había luchado a lo largo de los años, se perdería por su propia ambición. Albert no necesitaba el dinero cuando decidió asociarse con Rosewood y Fletcher. El desvió de fondos había llegado después, y cuando Rosewood lo supo, no le quedó más remedio que deshacerse de él y culpar a Fletcher del asesinato. Había sido demasiado fácil implantar evidencia falsa y hacer parecer que él había sido el culpable, pero algo había salido mal, y ahora él estaba implicado.
Ya había defraudado a su padre, quien probablemente lo desheredaría después de lo que había hecho. No le quedaba nada, y pasaría el resto de su vida huyendo de la justicia. Le es extrañaba que Fiona continuara a su lado, pero ella seguía allí.
- De acuerdo – Aceptó él.
- ¿Olvidarás a la niña?
- Sí.
No quedaba otro remedio. Su padre le había exigido un hijo para heredar toda su fortuna, pero ahora eso no sucedería, por lo que ya no necesitaba a Holly.
La niña podía volver con su madre si lo deseaba. Aunque dudaba que llegara a algún lado antes de morir por inanición. Estaban en el medio de la ruta, y el pueblo más cercano estaba a varios kilómetros de distancia. En el mejor de los casos, un auto se detendría para recogerla, aunque no podía asegurar que con buenas intenciones.
- Será mejor que continuemos con nuestro camino – Dijo Albert – Recoge las cosas mientras pago la cuenta.
ooo
Holly estaba cansada, había estado caminado durante toda la noche sin rumbo fijo. No tendría que haberse desviado de la ruta, allí por lo menos pasaban autos, pero cuando había intentado volver, no pudo hallar el camino de vuelta.
Todo estaba muy oscuro y solo tenía la iluminación de las estrellas sobre su cabeza. A lo lejos podía oír sonidos de los animales salvajes: búhos, liebres y grillos. Pero también había sentido temor al creer haber oído lobos y pumas.
Estaba amaneciendo cuando comenzó a sentir que sus piernas ya no respondían. Tenía hambre y sed, quería volver a su casa y estar con su mamá, pero ya no tenía fuerzas para continuar.
Se sentó bajó un árbol, y a los pocos segundos se quedó completamente dormida.
ooo
Candy se despertó con una horrible presión en el pecho. En un momento temió que algo malo le estuviera pasando a su bebé. Tal vez toda la angustia que sentía en aquellos momentos le estaba haciendo mal a su hijo.
Tenía la sensación de que Holly estaba en peligro, y se sentía impotente por no poder hacer nada para ayudarla.
De repente, la invadió un ataque de llanto, seguida por un fuerte dolor en su vientre. Profirió un grito ahogado y se dirigió al baño, donde descubrió con horror que su camisón estaba manchado con sangre.
Necesitaba pedir ayuda. Con dificultad, fue hacia la sala y tomó el teléfono. La primera persona que paso por su mente fue Susana. Ella le había dicho que llamara si la necesitaba, pero nadie contestaba en su casa.
Buscó en su celular el teléfono de Annie, pero nuevamente, nadie contestó. Y por último, en la oficina de Archie la línea estaba ocupada.
El dolor la estaba desgarrando y ya no le quedaban más opciones. A menos que…
Marcó un último número telefónico. No quería recurrir a él, pero el bebé merecía que se tragara su orgullo.
- Diga – Contestaron después de unos segundos.
"Gracias a Dios" Pensó Candy.
- Te… Terry.
- ¿Candy? – Preguntó él.
- Ne… necesito tu… ayuda… - Prácticamente no podía hablar por el dolor que se iba intensificando cada vez más.
- ¿Qué sucede? ¿Paso algo con Holly?
- No… no… es ella.
- ¿Dime que pasa?
- Necesito… ir al… hospital… - Se las arregló para decir.
- Candy, ¡Por Dios! Dime que sucede – Preguntó, pero del otro lado solo se escuchó un gemido de dolor – ¿Estás herida? No te muevas de allí. Estaré en unos minutos.
Candy cortó la comunicación, esperando que Terry no tardara demasiado en llegar.
Se quedó tirada en el piso, aferrándose fuertemente a su vientre.
- No… te preocupes – Le dijo a su bebito – No dejaré… que… nada malo… te pase.
Sintió como una lengua pequeña le lamía la mano. Miró hacia abajo y se encontró con Ozzy. El cachorro se acurrucó a su lado, ayudándola a calmar sus nervios.
ooo
Después de la llamada de Candy, Terry se vistió rápidamente y salió con prisa hacia la casa de la rubia. No tenía idea de lo que pudiera haber pasado, pero sintió temor al oír la voz entrecortada de Candy. Ya no le importaba que lo hubiera engañado, no podía dejarla si sabía que lo necesitaba.
Llegó a su casa en menos de diez minutos. Tocó el timbre pero nadie atendía. Temía que algo malo le hubiera pasado. Volvió a tocar una vez más, y segundos después, Candy le abrió la puerta.
- ¡Candy! – Exclamó él, tomándola inmediatamente en los brazos.
Estaba vestida con el mismo camisón de la noche pasada, pero no pasó desapercibida para él la mancha de sangre que lo impregnaba - ¡Candy! ¿Qué te ha sucedido?
Miles de cosas pasaron por su mente, pero antes de que ella pudiera contestarle, se desvaneció entre sus brazos.
Sin pensarlo dos veces, la cargó en su auto y la llevó hasta el hospital más cercano, preguntándose mil veces que demonios había sucedido.
Al llegar al hospital, volvió a tomarla en sus brazos y pidió a gritos un médico.
Un equipo de enfermeros acudió con rapidez y depositaron a Candy en una camilla mientras la llevaban al interior del hospital. Terry fue corriendo tras ellos, pero no lo dejaron ingresar a la habitación.
Había perdido la cuenta del tiempo que Candy había pasado allí adentro. Necesitaba que alguien le dijera lo que estaba pasando, pero las enfermeras solo se limitaban a decirle que en cuanto tuvieran noticias nuevas se le informaría.
Intentó tranquilizarse un poco, pero no podía sacarse de la mente la imagen de Candy desvanecida en sus brazos. En esos momentos no le importaba todo lo que había pasado entre ellos, solo quería que estuviera bien.
Sacó su teléfono celular y llamó a Susana para informarle acerca de lo que estaba sucediendo. Le dijo que estaría allí en unos minutos, y él se lo agradeció. En verdad necesitaba hablar con alguien.
- ¿Es usted familiar de la señora White? – Le preguntó un hombre de bata blanca que salió de la habitación donde habían ingresado a Candy.
- Sí – Mintió él – Soy su esposo ¿Cómo está ella?
- Hemos logrado estabilizarla. Esta sedada, pero despertará en un par de horas.
- ¿Qué… qué es lo que ha sucedido?
- Nada grave, solo fue un sangrado, pero afortunadamente hemos logrado detener la hemorragia.
- ¿Hemorragia?
- El bebé se encuentra bien – Le sonrió el doctor – Pero la señora necesita descansar y guardar reposo para evitar que esto vuelva a suceder. Su embarazo es muy delicado – Terry solo se limitó a mirar al hombre con confusión - Le informaré en cuanto despierte para que pueda pasar a verla.
Terry asintió con la cabeza y volvió a sentarse donde se encontraba antes.
No comprendía lo que el doctor le había dicho ¿Candy embarazada? Debía haber algún error, Candy no estaba embarazada. Ella no podía…
- Oh, Dios mío – Se tomó la cabeza con las manos.
Candy estaba embarazada. ¿Pero porque no le había dicho nada? ¿Existía alguna posibilidad que ese bebé fuera suyo?
- ¡Terry! - Levantó la cabeza para ver a Susana corriendo hacia él con una expresión de preocupación en el rostro. Archie venía a su lado - ¿Cómo está Candy?
- Yo… no lo sé – Se sentía demasiado confundido para hablar – El doctor dice que se pondrá bien.
- ¿Pero qué es lo que ha sucedido?
- Ella… Candy está embarazada.
- ¿Embarazada? – Susana no podía creerlo - ¿Por qué no me dijo nada? ¿Lo sabía ella?
- No lo sé… tampoco sé si ese bebé pueda ser mío.
- Es tuyo – Le dijo Archie con seguridad – Terry… esto es lo que he querido decirte todo ese tiempo, Candy nunca te ha sido infiel.
- ¿Qué?
- Fue mi culpa – Le confesó con remordimiento – No soportaba la idea de que Candy le contara a Annie la clase de basura que soy, así que la engañé. Le dije que la llevaría contigo, pero el plan era otro. Yo fui quien lo disfrazo todo para que creyeras que ella te estaba engañando.
Terry sintió ganas de matar a Archie ¿Cómo se había atrevido a hacer algo así? No podía creer la forma en que había caído en su trampa. Pero inmediatamente sintió asco de sí mismo al recordar el modo en que había tratado a Candy.
Y ahora ella estaba embarazada. Estaba esperando un hijo suyo, y también había estado a punto de perderlo por su culpa. Se sentía como un bastardo, y solo esperaba el momento para verla y pedirle perdón por todo lo que le había hecho.
Continuará…
Gracias por todos los comentarios! =)
Acá dejo un nuevo capítulo!
Espero que les guste…
Besosssssssssssss!
