Cap XXVI: "Y ahora lo sabes"
Luego de ir al baño y antes de las comidas, te lavas las manos. Ahora lo sabes.
Cuando estés sola en casa no hables con extraños, atiende el teléfono y di que tus padres están en la ducha y no le abras la puerta a nadie. Ni siquiera a la tía Susan. Ahora lo sabes.
Desayunas antes de las ocho, almuerza puntual a las doce, merienda un poco de fruta y cena sin excepciones. Y entre la segunda y tercer comida, estudia y haz tu tarea. Ahora lo sabes.
En tu tiempo libre no más de dos horas de televisión y no menos de un libro a la semana. Consume tu educación, no derroches el tiempo en emplearla. Ahora lo sabes.
Así cómo en el Instituto, mantén tu promedio en la Universidad y la puntualidad en tu puesto de trabajo. No has consumido tu educación para botarla ahora ¿verdad? Claro que no. Ahora lo sabes.
Te ayudaré con los gastos y administrar tu agenda. Pero llegará un momento en que deberás hacerlo todo sola, asumir tus responsabilidades y cumplirlas. A todas. Ahora lo sabes.
— Asumir responsabilidades y cumplirlas. A todas…ahora lo sé —se repitió mentalmente Rachel aquellas palabras de su padre mientras lo veía pasar frente a ella. Después de todo, Leroy era el juez más severo y popular de la ciudad por lo que, superar su vara rígida tanto para sus acusados como para su familia como pretendía durante los próximos minutos, iba a ser un poco más de solo ejercicio físico — Que bueno que están aquí. Estábamos esperándolos —
Habían pasado dos semanas de la cirugía de Quinn y, tras ver las mejorías en solo cuestión de 5 días, tenía las cartas que poner sobre la mesa, ordenarlas según sus palos y pensar con sensatez antes de repartirlas. Porque sabía que debía repartirlas. Y luego jugar.
¿Podía ganar? No lo sabía. Porque no sabía qué tanto iba a ganar en realidad. Al menos no mucho más de lo que ya tenía.
Tras decir aquellas palabras, se detuvo a un lado de su propio living y observó a las cinco personas que tenían su mirada sobre ella. Estaba nerviosa pero sabía que debía relajarse por lo que, como un dardo tranquilizador, miró de inmediato a Quinn, quien le sonreía con su típica espera a exactamente eso: que le prestara atención.
La rubia y Judy ocupaban un mismo sillón y Russel Fabray sostenía sus manos en el, tras ellas y solo pudo observarlo un fugaz segundo. Sus ojos más oscuros que los de su paciente la intimidaron y para nada le entregaban la confianza que los de Quinn sí.
Y en el sillón de al lado su verdadero temor: sus propios padres. Shelby, como acostumbraba, estaba tecleando su celular y administrando tareas seguramente, órdenes o solo viendo infelizmente la pantalla, solo para ignorarla.
Y su padre, la persona que le impuso aquellas especies de reglas que debía saber y no olvidar, era el que posiblemente no tenia ningún gesto en su rostro ni la miraba con dudas o ganas de saber sobre aquella reunión.
Pero a través de él llegó su madre y también Russel, así que se apresuró a acomodar un mechón de cabello tras su oreja y comenzar porque, si exasperaba a Leroy, con la misma probabilidad molestaría a los otros dos también.
— Les agradezco mucho que estén aquí —
— ¿Es sobre la terapia? —preguntó Shelby — porque eso a tu padre y a mí no nos incumbe —
— No es solo sobre la terapia de Quinn, mamá. Es…es sobre algunas cosas que necesitan saber —
— ¿Y qué tendría que ser si nos incluye a los cuatro? A ellos acabo de conocerlos —siguió su madre y señalando fugazmente al matrimonio Fabray —
— Ahora se los diré y es algo que los incluirá siempre desde el momento en que lo sepan. Solo…quiero su comprensión y por sobre todo su respeto como padres. Tanto para mí como para Quinn —
— ¡Pues habla, niña! Ya estás poniéndome nervioso y quiero…—
— Papá —cortó Quinn a Russel — no le vuelvas a gritar y espera a que pueda hablar. Todos déjenla hablar tranquila —
Rachel miró a la rubia, a su chica como le gustaba llamarla en secreto y no pudo evitar sonreír. Incluso con sus ojos en ella, divisó la misma sonrisa en Judy a su lado y entre las tres compartieron un pequeño momento efímero y que, tras aclararse la garganta, pensó si se lo traspasaría a los otros tres.
— Seguramente, como padres de Quinn quieren saber cómo va su terapia —dijo observando a Russel y a su esposa — y debo decirles que no he visto más que mejorías. Su hija es una paciente decidida y con disposición en cada sesión. Está haciendo un muy buen trabajo individual y estoy segura que con el paso del tiempo superará sus obstáculos. Uno de ellos es algo más que una simple timidez para con nuevas personas pero esa ansiedad será eliminada, quizá se tarde un poco más del tiempo que habíamos establecido pero lo importante es continuar y que Quinn mejore en cada necesidad que su salud presente ¿Comprenden el apoyo que estoy pidiéndoles? —
— No nos meteremos, si eso es a lo que te refieres, Rachel —le aseguró Judy. Ella asintió apenas, era justo eso lo que quería escuchar — hemos hecho las cosas mal en el pasado y si tenemos la posibilidad de mejorar ahora, no vamos a impedirlo —
— Gracias, Judy; Quinn necesita el respaldo de su familia ahora más que nunca. Mientras más avancemos en la terapia, mayor será el progreso y más difícil será terminarla. Quiero que cuando ella ya no tenga el apoyo profesional de mi parte ni de ningún otro sicólogo, sepa desenvolverse sola pero ver la contención en cada lugar que vaya. Y la casa de sus padres siempre será uno de esos lugares —
— ¿Y nosotros? —Insistió Shelby al dejar su móvil a un lado — todo esto nos importa Rachel porqué —
— Esto no les concierne, mamá. A ustedes y a los señores Fabray los incluye otra situación —
— ¿Y podrías decirla? Tengo una reunión en media hora —
Rachel la miró. A su padre, tras la mujer y luego al sillón de al lado. Todos tenían un semblante distinto. Desde Leroy, ávido y expectante, hasta Quinn, la rubia con su sonrisa enternecedora y escondiendo ligeramente su pulgar alzado, en apoyo a que continuara.
Y lo hizo.
Inhaló una bocanada de aire y la expulsó, justo cuando daba una noticia que no solo impactaría a los cuatro padres, si no que cambiaría la relación entre todos y con ellas.
Pero debían saberlo. Eso habían acordado con la rubia días atrás y allí estaban reunidos entonces, con ese propósito y, a pesar del miedo por sus reacciones, no iba a dejar detalles olvidados y les respondería lo que quisieran saber.
— Estoy embarazada…Quinn y yo vamos a tener un hijo —añadió rápidamente cuando su padre sonrió apenas pero, tras decir el nombre de su paciente, la borró de inmediato y dió unos pasos.
Lo había soltado ya.
Ella conoció la noticia veinte días atrás y sus padres justo en ese instante. A ella la había golpeado como un balde de agua helada y suponía que sería igual o aún más estragos generaría en las cuatros personas que ahora la miraban.
Quiso darles un momento, permitirles que procesaran la información pero Russel miró de inmediato a su hija y empuñó una mano en el cuello de su camisa. Intentó caminar a ella pero la voz prepotente y cargada de enojo de Shelby la detuvo y giró a verla.
— Es la peor broma que podrías hacernos, Rachel —musitó su madre e intercalando su mirada entre Leroy y los Fabray — no puedes esperar un hijo de otra mujer ¿eres lesbiana ahora? —No, no lo era pensó. Solo estaba enamorada de Quinn y la rubia no era cualquier otra mujer.
Sus padres desconocían la condición física y genital de su paciente y estaba segura que iban a demandar conocerlo para entenderlo todo. Pero no iba hacerlo allí, a comentarlo como si de una simple charla se tratara. Además, desde el día en que lo supo, la misma Quinn le rogó porque nadie más allá de ella lo supiera por el momento.
— ¿Un hijo con alguien que no sabe ni escribir su propio nombre y se transporta en un maldito caballo? ¿Crees que pagué tu mejor educación para esto, para que arruines tu vida con alguien así? —
— Señora —intervino Quinn pero Shelby se puso de pie y alzó su mano, en señal de que no hablara — me gusta mucho su hija —
— Quinn merece el mismo respeto que tú en tus estúpidas reuniones, mamá —siguió Rachel — estoy enamorada de ella y lo que pasó fue producto de ese amor. No estábamos buscando un hijo, claro que no pero no vamos a rechazarlo tampoco. Mucho menos rechazarlo —
— ¿Enamorada? —repitió Russel y rodeando el sillón para caminar a ella — ¿hablas de terapia y amor a la vez? ¿Crees que confundir a mi hija de esta forma es ayudarla?...mi hija tiene un pene —develó él señalando a la rubia y Rachel abrió los ojos asombrada, molesta e incomprensible al oírlo. Shelby la imitó pero dió un paso atrás, alejándose como si hubiese escuchado que alguna especie de virus se liberó cerca de ella —
— Sé que crucé un límite que debería haber cuidado porque soy la del rol influyente y superior. Pero si se trata de sentimientos, nadie puede evitar nada — se defendió la sicóloga — y usted…usted no tenía derecho a decirlo —masculló alzando su dedo índice y arremetiendo contra el hombre — usted es quien menos bien le hace a Quinn —
— Soy su padre —
— ¡Al demonio con eso! No cumple su rol, nunca lo cumplió y si sigue así nunca lo cumplirá. Su hija y yo nos queremos y ni todos mis diplomas eliminarán eso —
— Creo en realidad que sí —se burló Russel. Rachel lo detalló, con su sonrisa sorna y agitando levemente la cabeza. El dedo que lo señalaba y le rozaba el hombro, descendió por su propio peso y ella pestañeó, antes de agachar la mirada al comprender aquellas palabras — haz botado tu propia profesión y con tan solo tu primera paciente. Debe ser todo un record. Cuando tus colegas se enteren, tu lugar entre ellos…—
— Nadie tiene por qué enterarse —intervino finalmente Leroy y todos posaron sus ojos en él — mi hija cometió un error y está responsabilizándose de el ¿acaso hay otra cosa que pueda hacer? Ese hijo ya está creciendo dentro de ella y así seguirá. El historial de Quinn puede derivarse a otro profesional ¿cierto, Rachel? —
— Es lo que tenía pensado hacer, papá. Quinn tendrá otro u otra sicóloga a partir de ahora —
— ¿Qué? —la rubia se puso de pie tras oír su confirmación y se paró junto a su padre — No quiero otra sicóloga, Rachel —
— Lo siento, Quinn pero esta vez no se trata de lo que tú quieras. Ya no somos solo nosotras y debo hacer lo mejor para ti. Necesitas a alguien que te ayude aún más y…—ella se detuvo y alzó el mentón. Un nudo se apretó en su garganta y la humedad en sus ojos comenzó a juntarse. Y que solo aumentaba, si miraba a su aún paciente y la imploración en su rostro, cual cartel gigante que quería ella viera — y ya no estoy capacitada para eso. Dejé de estarlo desde el momento en que me enamoré de ti —
— No voy a decirle a otra persona lo que te decía a ti —se negó la rubia —
— Pues tendrás que hacerlo —la contrarió al quitarse una lágrima de su mejilla — o la terapia nunca acabará y la independencia será algo que jamás conozcas ¿No dijiste que querías saber todo lo que mis libros te enseñaban? Bueno, incorporarás esto ahora —
— Esto no estaba en tus libros —replicó Quinn — alejarte de mí no está en tus libros —
— No te alejarás de mí. No nos alejaremos, vamos a tener un hijo. Estaremos más unidas que nunca pero ciertas cosas ya no solo incluyen nuestros caprichos. Estoy madurando contigo, tú conmigo y enfrentar la realidad y sus consecuencias es parte de este proceso, Quinn. Lo nuestro será así ahora. Nosotras y nuestro hijo y pienso darle la mejor versión de mí misma. Y asimilar que fallé como profesional, es uno de estos primeros pasos —terminó. Cuando la rubia chistó, oponiéndose y regresando a su lugar, recordó que no estaban solas.
Cuando el calor corporal y el aliento fresco de Quinn desaparecieron de su espacio personal, el apoyo que les exigió a los Fabray, era el mismo que ella suplicaba internamente para el abrazo de la rubia.
— Eso era lo que debían saber los cuatro —retomó Rachel el mando y tras darle una rápida mirada a Quinn — entiendo que no era lo que esperaban saber pero tampoco podíamos ocultárselo. Si alguno no sabía, hace dos semanas Quinn fue intervenida quirúrgicamente y aguardé dar la noticia hasta que su recuperación cerebral fuese completa. Una emoción de más y podríamos haber tenido efectos secundarios. Así que cualquier cosa que quieren decir ahora, los escucharé y les quitaré sus dudas —
— Las dos —agregó la rubia y ella la miró al instante — es nuestro hijo y yo sabía lo que estaba haciendo. Y me gustó. Como me gusta saber que Rachel está embarazada —
Se hizo un silencio de repente. Silencio que ni los zapatos de Quinn arrastrándose hasta ella interrumpieron. O su propia suave risa, cuando un brazo pasó tras su espalda y la protección rígida de la ojiverde la pegó más a ella.
— Pues no tengo nada para decir. Sigo pensando que es una locura y te costará mucho, Rachel. Mucho —dijo Shelby guardando su móvil dentro de la cartera y con intenciones de marcharse — Leroy —lo llamó pero el hombre tenía su completa concentración en Rachel, en su hija y en el brillo de sus ojos.
Él se acercó, con una sonrisa que hizo encoger el corazón de la morena y le acarició con total suavidad una mejilla. Como cuando era pequeña, una vez que inventó un testimonio para hacer desaparecer a una de sus primeras niñeras y Leroy le creyó. O simuló hacerlo y cedió a su petición de no tener una muchacha que la cuidara.
Porque él la cuidaba incluso cuando parecía no hacerlo.
— No tengas dudas que estaré aquí para ti, hija. Y Quinn —le dijo al moverse apenas hacia la rubia — lamento lo de tu operación. Lamento haberme comportado como lo hice y no como debí hacerlo. Pero si quieres a mi hija y ella a ti, estaré aquí para ambas. Y para mi nieto —
Rachel lo abrazó enseguida, cuando la voz del hombre se quebró y la emoción lo desbordó. Se vencieron en el contacto paternal y de repente cientos de imágenes atravesaron su cabeza y desde sus recuerdos. Ella amaba a su padre y estaba segura que su relación hubiese sido más estrecha si Shelby cumpliera su rol de madre enteramente. Uniéndolos a ambos en vez de intervenir con sus deseos egoístas.
Leroy le dijo algo contra el oído y luego le besó sonoramente la mejilla, antes de separarse por completo.
— Gracias por confiar otra vez en nosotros —recalcó el hombre — confío en ti de la misma forma, por lo que recibirás mi apoyo en todo lo que necesites. Y no te preocupes por tu trabajo, Quinn derivará su terapia pero nadie arruinará tu futuro profesional —agregó mirando de reojo a Russel — ¿de acuerdo? Ahora solo importa que te cuides y el niño crezca bien —
— Lo hará —respondieron ellas —
— Está bien, tengo que ir al juzgado. Creo que no soy el único que piensa así. Aquí estaremos —terminó Leroy con una severa mirada a su amigo.
Se despidió de ambas y siguió los pasos de su esposa, para dejar el departamento al fin.
— No tenemos dinero, Quinn —habló Russel apenas la puerta se cerró — no tenemos la posición económica de ellos y tendrás un hijo ¿Cómo podemos confiar nosotros en ti? —
— Venderé muchos huevos, papá. Y las gallinas si quieren comprarlas también. Los animales y…y cortaré leña. La gente de la ciudad compra mucha leña —Rachel apretó sus labios, escondiendo una sonrisa y bajó su mano. Ni siquiera estaban mirándose, ambas tenían su atención en alguien o algo más y a sí mismo entrelazaron sus dedos. De manera tan motorizada y acostumbrada, como cuando un empresario deja su silla y se coloca el saco con rapidez; o un bebé llora cuando el pecho de su madre se aleja de su boca y la hora de alimentarse se da por terminada.
Así, tan único y como pocas cosas, la tensa mandíbula de la rubia se aflojó por eso mismo acto también.
— Eso no te servirá mucho tiempo —
— Russel —intervino Judy al acercarse a ellos — cuándo mi padre te preguntó a qué te dedicabas, le mentiste. Nuestra hija te respondió con sinceridad y hasta quizás pueda conseguir un trabajo luego. No continúes siendo el ogro de esta historia. Déjala vivir —
Él miró a Quinn y después a Rachel. Una y otra vez a cada una y, tras inflar su pecho y sentir que se desahogaría con lo que quería decir, prefirió callar y le hizo una seña a su esposa, de que caminara frente a él para salir de allí.
Rachel se quedó viendo el espacio vacío ahora. Y la rubia a su lado la imitó.
Con sus ojos en el lugar que sus padres habían ocupado minutos atrás, sus manos se presionaron con más fuerza y agacharon sus cabezas a la vez.
Una contenida sonrisa se escapó de sus labios y que, al notarse nuevamente solas, se convirtió en un abrazo. Y en otro, sobre el sillón. En besos y palabras susurradas. En caricias en el cabello de la otra y más besos.
Desde pequeña, se le impartió el deber y luego el derecho. Cumplir sus tareas y de manera perfecta, conllevaba premios que le generaban felicidad infantil.
Sobre la rubia y dibujándole figuras en el pecho, en la abertura de su camisa, ahora lo sabía.
Y no necesitó a nadie más que ellas dos para entender esa lección.
— ¿Quinn? —la llamó al dejar ambas manos bajo la almohada y alzarse en su búsqueda. Entre dormida y con sus ojos casi pegados por la hora, buscó a la rubia y volvió a llamarla. Desde los días previos a la cirugía que no volvían al rancho y, cada mañana en su departamento, ella era quien despertaba primera — ¿Quinn? —Insistió y un bostezo impidió que volviera a hacerlo.
Rachel giró y se quitó la sábana pero de repente se inmovilizó, al oír algunos sonidos de ollas en su cocina. Le bastaron otros segundos, para volver a acomodarse boca abajo y fingir dormir cuando unos pasos se acercaron y la puerta fue empujada suavemente.
Sintió el colchón hundirse al lado de su cadera y debió morderse el labio, cuando los besos habituales de Quinn comenzaron a dispersarse en toda su espalda.
Antes nunca dormía desnuda porque consideraba que usar pijama era lo más sensato y normal para su propia y solitaria convivencia. Pero cada última noche, luego de que la rubia ocupara su lugar derecho de la cama, se paraba frente a ella y se quitaba la ropa en un fascinante espectáculo.
Suponía fascinante por la sonrisa de su espectadora. Que pocas veces esperaba a que terminara y otras la llamaba con la frazada levantada, ansiosa de que saltara sobre ella para compartir minutos íntimos bajo la calidez de la tela.
Desde entonces, disfrutaba desnudarse para Quinn tanto como sentir su boca subiendo por el cuello y acariciándole los omóplatos al pasar.
— Rach —la llamó la rubia esta vez, descendiendo con las uñas por el costado de su torso — traje el desayuno, despierta —
Fingió un quejido, un corto sonido que hizo a Quinn apretarle la cadera y su piel se estrujó bajo su mando. Sin embargo le gustó, el toque dominante como dulce fascinó sus sensaciones y la rubia lo repitió, al parecer percibiéndolo.
— Rach —repitió como niña en un tono de reproche — despierta. Tu café se enfriará —cuando agregó aquello con la voz pesada, como si sus labios estuviesen titubeando en un gesto infantil, ella giró lentamente pero no abrió los ojos —
Durante unos segundos no volvió a oír su propio nombre. Y se preguntó por qué, no había escuchado que Quinn se fuera pero el tiempo seguía avanzando y entonces en efecto, la bebida caliente dejaría de estarlo.
Abrió apenas un ojo y volvió a cerrarlo, comprendiéndolo todo. Y no pudo evitar quitar su brazo de su frente para darle una mejor visión: la rubia estaba perdida completamente en sus pechos desnudos, en las pequeñas montañas que se formaban por la posición y con sus pezones ligeramente erguidos.
La sintió removerse y aclararse la garganta por lo que volvió a mirarla, pero aquellos ojos verdes no salían de su medio cuerpo descubierto y supuso entonces que esa era una muy buena forma de empezar a despertar.
— Buenos días —la saludó haciéndose la desentendida y apoyándose sobre sus codos. La sábana se deslizó un poco más y ahora la cubría desde su cadera hacia abajo — preparaste el desayuno, mi amor. Que linda —agregó en juego y se estiró a tomar una taza. Bebió un sorbo y luego se acercó al rostro de Quinn, para dejarle un beso en los labios y sentir las mismas ansias en respuesta —
— Buenos días…hice café y tostadas con mantequilla. Anoche cenamos mucha pizza y quise hacer algo más relajado —
— Pues yo muero de hambre, así que tal vez me coma toda la bandeja —tras dejar la taza a un lado y buscar una tostada para untar, le pareció que la sábana fue jaalda un poco más y el inicio de sus muslos quedaron expuestos — ¿Qué tomas? —
— Es té, tenías muchos sobres y tomé el único verde que había. No te molesta ¿cierto? —incluso con la comida dentro de su boca, negó con seguridad y le dejó otro beso —
— A la tarde iré de compras, no te preocupes —
— ¿Puedo ir contigo? —le preguntó jugando tímidamente con el mango de la taza. Era la primera vez que Quinn quería dejar el departamento por cuenta propia y, sabiendo que en unos días su terapia se retomaría con otro profesional, le pareció un paso avanzado y una grata sorpresa —
— Por supuesto que sí, mi amor. Y podemos traer de esas galletas con chocolate que tanto comes en el sillón por las siestas —con su atención en la bandeja, la rubia sonrió y movió la cabeza en agrado por oír eso —
— Y también… ¿también podemos ir a una tienda de ropa? —
— Claro —respondió Rachel dudosa — compraremos lo que necesites —
— No, no es para mí —
— ¿No? ¿Y para quién entonces? —
— Para nuestro bebé —respondió al hundir su pulgar en la bandeja en un juego vergonzoso para no alzar la mirada — tengo unos pocos ahorros y quiero gastarlo en él antes de comenzar otra vez. O ella. Tal vez sea una niña…o niño, no lo sé pero quiero comprarle algo antes. Como un regalo —
Rachel la observó con su cabeza a un lado, cubierta de sentimientos positivos que tenía por la chica frente a ella. Estiró su mano y le tomó cuidadosamente el mentón para que la viera.
Cuando ocurrió, cuando por vez incontable el marrón y el verde se encontraron, el destello brilloso se fundió en la otra y las hizo inclinarse a recostar sus frentes:
— Me enseñarás a ser una buena madre —susurró la morena — la mejor serás tú y me enseñarás a estar aunque sea en el nivel por debajo a ti —
— Dijiste que ibas a darle tu mejor versión y yo…yo no sé si tengo una mejor pero al menos no voy a darle la peor. No quiero ser mi padre o transformarme en él. Quiero que mi hijo me quiera, Rach y no me odie como odio a Russel —
— Shhh, mi amor. No lo odias…pero no te preocupes que tu hijo ya te ama —
— No quiero ir a con otro sicólogo ni dejar el rancho pero intentaré hacerlo ¿Crees que lo logre? —
— Lograrás todo lo que te propongas y estaré siempre a un lado para aplaudirte y celebrar contigo. Y no dejarás el rancho —bromeó dejándole un toque en la punta de su nariz — tenemos que ir a ver a Fiona, a su bebé y además…además allí nos conocimos. Siempre volveremos allí, Quinn —
— ¿Crees que mi padre tenga razón? ¿Qué no tendré dinero para lo que nuestro hijo necesite? —
— ¿Eso es lo que tú piensas? —
— No —
— Entonces él no tiene razón. Nosotros somos tu familia ahora —le dijo al tomar una cálida y pálida mano de Quinn y guiarla a su vientre plano aún — y si nosotros creemos lo mismo que tú, es suficiente para que las cosas cambien —
— ¿Lo crees?... ¿crees que te haré feliz y a nuestro hijo? —Rachel se alejó apenas y le rodeó el rostro con sus manos. Y acercó ambos para compartir un beso. Con Quinn sosteniéndole la espalda baja y arrastrándola más contra ella, profundizó el contacto y como toda enseñanza algo se estancó en algún rincón de su cerebro.
Como cuando su padre le impuso aquellas reglas desde pequeña y luego necesitaba corroborarlas para entenderlas y seguirlas, sonrió contra los labios de la rubia y pasó un brazo tras su cuello, fusionando sus cuerpos para poder separar sus bocas:
— Lo harás, Quinn —le aseguró y la sonrisa de ambas se ensanchó — me harás feliz y sobre todo a nuestro hijo. Lo harás, mi amor. Ahora lo sé—agregó antes de reiniciar el beso.
Porque, efectivamente, si en tres meses Quinn había hecho un camino seguro de felicidad en su vida; estaba más que preparada para ver por dónde seguía el sendero.
Incluso si se cansaba, solo lo continuaría atravesando.
Ahora lo sabía.
Les dejo otro cap queridas lectoras porque ya era hora pero no me culpen, es el frío lo juro. Unas ganas de que ya sea primavera
flrr: (o flor?) No conocía la pelicula pero vi el trailer y me enamoró solo porque está Chris Evans. No me gusta adaptar y tampoco sé cuántas historias más siga subiendo o quizá ya no más ninguna, entonces para qué comenzar. Saludos!
Cele: Dejen de llorar achele, parecen las monchele llorando a Cory todavia. Fue una linda relación pero las relaciones terminan y se superan. Lea tiene un historial de novios y novias en Broadway, mirá si se va a estancar en una y encima no le gusta estar sola. Voy a escribir un Robchele con Becca como la tercera en discordia como la misma Lea dijo que era. Saludos!
Gracias por leer y/o comentar, son un amor menos la que se lleva mis historias sin permiso
Ni glee ni sus personajes me pertenecen o de lo contrario estaría en el Caribe porque no puedo seguir viviendo con este frío de mierda. Que estén bien, saludos!
