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XXVI
Es un par de meses después, antes de las vacaciones de invierno, cuando caminando por la ciudad Mikasa comenta casualmente que su hermano comenzará a trabajar como profesor el siguiente año en la preparatoria a la que ellas asisten.
—Debes recordarlo — le dice a Eren —. Fue tu profesor en primer año. Recuerdo que a menudo estabas ahí para ayudarle.
Con su amistad pareciendo sólida y sincera Eren decide confesarle los sentimientos que se albergaron en su corazón sin boleto de salida hace ya algún tiempo desde el primer momento que le vio entrar al aula.
—Eso es porque... — aunque es difícil de admitir —... umh... él me gustaba —susurra lo último y desvía la mirada lejos de Mikasa para no ver sus reacciones en caso de que sean desagradables.
Mikasa se ríe. Es una risita pequeña y burlona. —Sí, lo sé — y mira a Eren justo cuando ella gira a verla con un evidente alivio y sorpresa —. Es decir, obviamente iba a gustarte, le gusta a todo el mundo el bastardo, pero... por la forma en que le mirabas siempre, puedo decir que tú no eres como todo el mundo. Incluso ahora, le amas con todo el corazón.
Mikasa le deja sin palabras, sintiéndose tan vulnerable y expuesta.
—Sí quieres que sea sincera, es extraño imaginarte con él.
Eren hace un sonido estrangulado.
—Pero no estoy en contra.
Y de pronto la preocupación se desvanece.
