Rachel dejó escapar un suspiro entre los labios de la otra, la que sostenía el rostro de la morena entre sus suaves manos. Y aunque quería que la diva le correspondiese de la misma manera, era consciente que la muchacha no pretendía mancharse las manos de pastel, pero a Rachel le importó poco. No fue capaz de contenerse. Sus manos se colocaron sobre las mejillas de la rubia, realizando con sus dedos ligeros movimientos para poder llegar a rozar su piel de verdad, provocando un escalofrío por todo el cuerpo de Fabray.
―Rach…―susurró Quinn cuando se apartó ligeramente, aunque su voz fue acallada con gran velocidad.
Podían quedarse sin respiración, que no importaría. Podía desaparecer el resto de la humanidad, y ambas no se percatarían de ese detalle. Solo querían sentir la necesidad de tomar aire para volver a besarse de manera apasionada, sintiendo como sus corazones se encontraban en esos instantes de delirio y placer. Ambas eran conscientes de que tendrían que hablar claramente sobre sus sentimientos, pero en ese mismo momento, solamente querían disfrutar un poco de ambas. Rachel humedeció sus labios cuando se apartó ligeramente de Quinn para volver a besar su boca, deslizando sus manos por el cuerpo de la rubia para atraerla al suyo, estrechándola con suma fuerza.
¿Qué era el amor, querido lector? Era una pregunta que se formulaba en la mente de toda persona. Nadie podía escaparse de ese interrogante, ni siquiera Rachel Berry o Quinn Fabray. La última se encontraba perdiéndose en el dulce aroma de la muchacha, y ésta se dejaba llevar por el sabor de la rubia, donde el chocolate se intercambiaba entre sus labios, provocando algún gemido que otro.
Para Quinn Fabray, el amor era un sentimiento hermoso, y a la vez, desastroso. El amor era algo efímero, delicado, frágil. Como una flor en medio de una tempestad, en medio de un vendaval, quedando enterrada bajo la espesa nieve de la ventisca. Puede ser duradero. Ella lo creía así, y conocía ejemplos perfectos que lo demostraban, incluida ella misma. Podía durar durante segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años. Podía durar tanto que el tiempo pasaba, y sin embargo, no conseguía apagar esa llama intacta. Para Quinn Fabray, eso era el amor. Era delicadeza y duración. Eterno. El amor verdadero era eterno. Lo era. Siempre lo sería. Y su amor por Rachel traspasaba las barreras del tiempo. No lo dudaba. Estaba completamente enamorada de esa morena que estaba a su lado.
Y cuando, tímidamente, pidió permiso a la muchacha para que entreabriese sus labios, ésta no lo dudó, dejándose guiar por Fabray, la que introdujo su lengua poco a poco por la boca de la chica. Rachel tembló. Y fue tal esa acción que la otra no pudo evitar excitarse totalmente. Y también tembló. Y no pudo evitar estrecharla todavía más contra su cuerpo, rozándose así sus respectivos pechos, sonsacando un profundo gemido que fue acallado con los intensos besos que la morena le proporcionaba. No se esperaba eso. Para nada. Y era al que conseguía que todos sus esquemas se rompiesen y fuesen al garete. Sin lugar a dudas, el chocolate era un afrodisíaco más para que aquello se prolongase de tal manera.
Y Rachel se mareaba entre los brazos de la rubia. Y no era de esos mareos desagradables, sino de aquellos que te dejaban sin aliento, con las mariposas revoloteando por su estómago. Si tuviese que explicar lo que era el amor para ella, al principio duraría en cómo definirlo. Quizás porque lo que estaba sintiendo con Quinn era muy diferente a lo que ella había definido como amor.
Para Rachel Berry, el amor era pura felicidad al estar con la persona amada. El amor era estar allí, abrazada por esos brazos finos y delgados, de piel blanquecina como la leche. Era sentir las yemas de los dedos acariciando sus pómulos. Era esa mirada felina de ojos verdes, brillantes, tan similares al mar que se podía quedar sin respiración. Y eso, si no le había sucedido ya. Era sentir celos cuando la vio abrazar a la pelirroja. Eran las lágrimas de la confusión, del dolor. Esa misma tarde, sintiendo como las gotas se deslizaban por sus mejillas, recorriendo el camino que su corazón le había marcado. Sí. Para ella, el amor tenía un nombre, dos palabras…Quinn Fabray.
Quinn se separó un poco, sonriendo un poco mientras que Rachel buscaba desesperadamente librarse de ese pastel para poder observar mejor la belleza de la rubia. La belleza de Fabray. Dejó escapar un suspiro mientras que la rubia no podía evitar reírse. ¡Era tan feliz! ¡Cuánto tiempo deseando poder sentir los labios de ella! Y allí estaba. En frente de ella. A tan solo un paso. A tan solo un roce. Tan divina era que creía que se iba a quedar sin aliento en cualquier momento.
― ¿Nata o vainilla? ―Solo se vio capaz de cuestionar, haciendo que la morena se mordiese los labios con timidez.
―Necesitaría volver a probarlo para asegurarme―soltó con cierto ataque travieso, sonsacando una sonrisa pícara en el rostro de la otra.
― ¿Me vas a contestar?
―Creo que nata…
―Ha acertado la señorita―susurró, acercándose peligrosamente para robarle un sensual beso, corto, pero de todos modos, intenso―. No sabes cuánto tiempo llevo deseando esto, Rachel…
―Me resulta esto tan extraño…
―La verdad es que sí―logró responder la rubia, aunque no podía dejar de pensar en cómo la mano de Rachel acariciaba ligeramente su espalda.
―No creía que…En fin…Que me fuese a suceder esto.
― ¿A qué te refieres?
―A besarme con una chica…Y menos contigo―señaló con una sonrisa, sonsacando otra de Fabray―. Al fin y al cabo, y pese al tiempo, sigues siendo para mí la mujer más guapa que nunca antes haya conocido.
―Pues…Teniendo en cuenta que has debido a conocer muchas estrellas, eso es un halago.
―Estaba celosa―declaró tras una breve pausa de unos minutos―. Me moría de celos al pensar que hubieses vuelto con Emma…
― ¿Por qué?
― ¿El qué? ―Inquirió Rachel, demasiado perdida en los ojos verdes de la otra.
― ¿Por qué estabas celosa?
―Emma es muy guapa y…
―No es eso lo que quiero que me digas, Rach. Sabes perfectamente lo que quiero oír…
Se acercó de nuevo, posando sus labios ligeramente en su oído, deslizando su lengua para acariciar el lóbulo de su oreja con ella. La morena se sobresaltó, y más al sentir como sus pechos reaccionaban ante ese gesto, sintiéndolos turgentes y erectos. ¡Maldita sea! Quinn podía llegar a resultar tan sumamente sensual…
―Dímelo, Rachel…―murmuró con suavidad de nuevo, mordiendo ligeramente el cuello cuando se apartó, depositando suaves besos por su mandíbula―. Por favor…
―Quinn…―soltó con un gemido, buscando desesperadamente los labios de la muchacha.
Sentía como los trozos de pastel se pegaban en su piel, sintiéndose demasiado ocupada en la búsqueda de esos finos labios como para preocuparse de lo demás. Quería perderse de nuevo en ese contacto que le estaba produciendo todo tipo de sentimientos.
―Quiero saberlo―aclaró la rubia, sonriendo coquetamente mientras se distanciaba de la otra. Una distancia demasiado dolorosa―. Pero…Si no quieres…
― ¿Quieres saber por qué estoy celosa? ―Quinn asintió, levantándose y quedándose mirándola, agachando su cabeza para poder observarla mejor. Rachel permanecía sentada en el suelo―. Creo que me estoy enamorando de ti.
― ¿Crees? ―Inquirió, esperando a que Berry le aclarase lo que quería decirle con eso.
―No. Estoy enamorada de ti―aseguró al fin, sonsacando una sonrisa en el rostro de la otra, quien le tendió la mano para ayudarla a colocase a su altura―. ¿No vas a decir nada? Creo que tengo derecho a saber qué es lo que sientes tú.
Quinn se quedó en silencio, mirándola fijamente. Quería aclarar sus pensamientos, pero le resultaba difícil con esos ojos oscuros clavados en su cuerpo, analizando cada tramo de ella, como si esperase un claro signo de su posible reacción. ¿Cómo explicárselo? ¿Cómo hacerlo cuando todo aquello que sentía la quemaba por dentro? ¿Cómo, si creía que el fuego le haría arder por el puro calor que le transmitía Rachel con tan solo una mirada? Era humana. Más bien mundana. Y su pecado estaba en frente. El pecado que había asumido como exquisito. Sin lugar a dudas, podría contarle tanto…Decirle todo, y a la vez, nada…
―Llevo enamorada de ti desde…―se detuvo, pensado cómo hacérselo saber sin asustarla―. Llevo enamorada de ti desde el primer día en el que te vi por los pasillos de la escuela―soltó, girándose para poder tragar saliva.
― ¿Qué? ―Rachel se quedó sin respiración.
―Sentí algo tan distinto cuando te vi…Con tu vestimenta típica de aquel entonces. Con tu aire de diva…Te detesté desde el principio porque con tan solo eso, conseguiste desarmarme por completo. ¡A mí! ¡A la capitana de animadoras! ¡A la que tenía al novio perfecto! ¡A la fundadora del club del celibato! A mí, Berry, me dejaste sin armas para defenderme de ese ataque. Del ataque que ni tan siquiera tú eras consciente que me estabas realizando.
―Quinn…
―Creo que fue mirarte a los ojos y comprender que serías mi mayor tormento. Y ha sido así. Han pasado los años y no he conseguido olvidar todo esto.
―Yo…
―No hace falta que digas nada―aseguró Quinn con suavidad.
―Pero quiero decirlo―susurró, soltando un suspiro de alivio bajo la mirada confusa de la otra―. Me sentía rara al estar sintiendo todo esto por ti y… ¡Ahora me entero de que sientes algo por mí! Me correspondes. Sientes lo mismo que yo.
Se abalanzó hacia ella, abrazándola con fuerza. Quinn cerró sus párpados, correspondiendo al gesto de la muchacha mientras aspiraba su aroma. La estrechó con delicadeza, atrayéndola, tirando así de sus caderas. Rachel esbozó una suave sonrisa a la vez que ocultaba su rostro en la suave melena de Fabray.
― ¿Es esto verdad, Rachel?
―Si es un sueño, no me quiero despertar―respondió la aludida, queriendo que esa noche nunca se acabase―. No quiero despertarme y descubrir que no estás a mi lado.
―Aunque fuese un sueño, yo siempre estaría ahí―aseguró con firmeza Quinn, perdiéndose en su cuello, besándolo con timidez―. Siempre.
― ¿Sabes qué?
― ¿Qué?
―Que te quiero.
Fueron solo simples palabras. Fueron una certeza. Fueron una demostración de los sentimientos de Rachel. Y Quinn creyó que se quedaría sin respiración. Maldita sea. Le había dicho que la quería, y solo se veía capaz de quedarse en silencio, abrazándose más a su cuerpo, aunque al final, sus sentimientos podrían con ella.
―Yo también te quiero―respondió, sonsacando una sonrisa en Rachel. Por primera vez, en ese maldito lugar donde estaba perdiendo a sus amigos, se sentía bien. Feliz. Sí. Feliz.
―No sé cómo ha sucedido, pero te quiero. Te quiero. Te quiero―repitió varias veces, besando los finos labios donde aún quedaba cierto rastro de pastel.
― ¿Te arrepientes de esto?
―No. Al principio tenía miedo, pero…Ahora… No me arrepiento.
― ¿Me quieres?
―Sí. Te quiero. Me da igual que esté enamorada por primera vez de una mujer.
―Aunque no te lo creas, tú también eres mi primer amor. No solo de mujer, sino en todos los sentidos.
Rachel asintió, conforme, atreviéndose así al besar la mandíbula de la rubia. Se encontraban en medio de la calle, y el calor parecía apoderarse de ambas mujeres. Sin lugar a dudas, no ayudaba nada el frío de esa noche, que les obligaba a acercarse todavía más.
―Debería marcharme…―señaló Rachel al fin, separándose mientras depositaba un suave beso en sus labios.
―Quédate, por favor―pidió.
― ¿A…A dormir?
―No es la primera vez que dormimos juntas.
― ¿Y tu hermana?
―No pasa nada. Os conocéis.
― ¿Y Emma?
―Solo vamos a dormir, Rachel. ¿Qué te piensas que vamos a hacer? ―El sonrojo de la morena consiguió que la otra la mirase divertida, percatándose perfectamente en lo que estaba pensando Berry―. Qué mal pensada eres…
―No bromees con eso, Fabray―afirmó con fingida seriedad, cruzándose de brazos.
― ¿Te quedas o no?
―Por supuesto―soltó sin pensárselo, carraspeando al percatarse de que había sonado un tanto desesperada―. Quiero decir que…Sí…―susurró avergonzada.
― ¿Rachel Berry intimidada?
Frannie se dejó caer sobre el sofá con una sonrisa en el rostro mientras que Emma cortaba dos diferentes trozos. La menor de las hermanas Fabray no podía apartar la mirada de la figura de la pelirroja, que sonreía un poco, quizás algo tensa por lo que seguramente estaría pasando por su mente. Se imaginaba a Berry besando a Quinn y algo en su interior se destrozaba por dentro. Dejó escapar un suspiro, llevando los dos platos hacia el centro de la mesa, tendiéndole éste y los cubiertos a su amiga.
―Gracias. Tienen buena pinta.
―La verdad es que sí―coincidió Emma, sentándose al lado de la rubia―. Creo que te ha salido genial.
―Lo has hecho tú. Que no se te olvide.
―Bueno…Tú le has dado el toque adecuado―señaló la pelirroja, acariciando la mano de su amiga― ¿Cuándo se lo vas a contar a tu hermana?
―No pienso hacerlo por ahora. Sé cómo se va a poner y…No quiero. Ya bastante ha tenido ella. Y si encima le sumamos esto de los asesinatos…
―No puede seguir ignorando esto, ¿vale? Ella te quiere y es duro, pero se merece saber la verdad. No puedes seguir ocultando los moratones que te quedan con el maquillaje. Y menos esconder tu cuerpo.
Frannie se levantó del sofá, caminando con la rabia apoderándose de ella. No quería sentir todo eso. No quería verse como una fracasada y una inútil, pero le costaba no pensarlo cada vez que se levantaba por las mañanas. Procurando arreglarse para que su hermana no la descubriese. Se giró, levantándose la camisa para mostrarle a la pelirroja algo que ni ella era consciente. Esas finas marcas rojizas que parecían haberse cicatrizado en el firme abdomen de la rubia. Unas marcas que hicieron que Emma se estremeciese. ¿Eran de cuchillo? No podía ser.
― ¿Crees que quiero contarle esto a mi hermana? ¡No puedo, Ems! Si se enterase…
―Estaría contigo y me ayudaría a encontrar a ese hijo de puta. Hasta no me importaría que Daniela se encargase de él.
―Ya me ha asegurado ella que lo hará cuando encuentre la ocasión―Emma se sorprendió ante esa afirmación.
― ¿Te ha dicho ella eso? Pero… ¿Cómo?
―Es simpática. Un poco prepotente, pero simpática. Me ha dicho que le haría eso a ese capullo, y que extrañamente, coincidía contigo en algunas cosas.
La aludida se quedó en silencio, sintiéndose muy extraña. No era fácil asumir que alguien vivía en tu mente. Alguien al que no conocías, que se apoderaba de ti, que te hacía olvidarte de todo lo que en ese momento estabas viviendo. Que estaba viviendo esa extraña que vivía en su mente. Y aunque Marta estaba recién comenzando con la terapia, no sabía cómo sentirse. Quería librarse de ella. Quería ser libre. Quería vivir sin pensar que esa mujer le fuese a hacer daño a nadie.
―Cuando ella esté, no deberías acercarte mucho a ella.
―No es mala. Bueno, un poco…Pero conmigo no lo es. Dice que me tiene cariño. Dice que entiende lo que estoy pasando.
Emma tragó saliva. Ella sabía algo, aunque no del todo. Solo recordaba gritos. No quedaba nada más en ella. Solamente eso. Y de los años que se acordaba, a partir de los dieciséis, la vida no era difícil. Tampoco sencilla, pero no supuso trauma para ella. Y sin embargo, parecía ser que Daniela sabía mucho más que ella. Mucho más. Se sentía como una estúpida. ¿Cuándo se libraría de su alter ego? O de su lado malvado, se mirase como se mirase. Dejó escapar un suspiro, haciendo un gesto para que Frannie se sentase a su lado.
―Procura tener cuidado con ella.
―No me haría lo mismo que le hizo a mi hermana. Y le he pedido que no lo vuelva a hacer―Emma sonrió ante el tono infantil de la pequeña―. Y me ha dicho que vale, aunque se quedará con el gusto―frunció el ceño―. Os parecéis.
― ¿Aparte de en el físico? ―Bromeó la otra.
―Sí…Tenéis sentimientos intensos hacia mi hermana, solamente que tú la quieres y ella la odia―se detuvo, pensando detenidamente en el asunto―. Es extraño, ¿no crees? Al menos las dos tenéis gustos por las mujeres.
―No sé si eso me llega a relajar, la verdad―suspiró, acariciando los dedos de Frannie―. Gracias.
― ¿Por?
―Eres la única que no me miró mal cuando se enteró del asunto.
―No fuiste tú.
―Pero no te hizo falta que te lo explicasen. No me miraste mal.
―Sabía que no pudiste ser tú. Quieres mucho a mi hermana. Se nota por como la sigues queriendo… ¿Cómo me iba a creer eso?
―Pero le hice daño.
―Lo hizo Daniela, no tú―dijo con claridad, sonriendo, sintiendo una ternura extrema por la pelirroja―. ¿Sabes? Tienes que animarte más…
― ¿y qué piensas hacer?
No hubo respuesta. Sintió la habilidad de las manos de la rubia buscando la manera de hacerle cosquillas. Emma soltó una carcajada, intentando escaparse del ataque sorpresivo de la rubia. Se quedaba sin aliento, tumbándose en el sofá como acto reflejo. Frannie se colocó sobre ella, intentando proseguir con su cometido, y aunque estaba al principio concentrada en eso, de repente, algo cambió. Su camisa se subió un poco, descubriendo parte de su piel, la que rozó Emma con su mano sin querer.
Las dos se detuvieron, dejando de reírse. Emma podía ver como el labio de la menor se encontraba ligeramente manchado de chocolate. Se quedó sin aliento, apoderándose de su cuerpo los nervios. Podía sentir su respiración tan cerca de ella que no sabía el cómo, pero su cuerpo estaba empezando a reaccionar de la manera menos adecuada.
―Tienes…Esto…Chocolate en…―se señaló a sus propios labios, sobrecogiéndose con los ojos verdes que la chica poseía.
¡Malditos ojos verdes! ¡Parecían rubíes! Y si seguía en esa posición, sabía que acabaría haciendo algo de lo que se arrepentiría más adelante. Se apartó ligeramente, escapándose del cuerpo de la rubia. Se levantó de allí, nerviosa, carraspeando con cierta suavidad, intentando disimular su sonrojo.
―Yo…
― ¿Quieres un trozo de pastel? ―Inquirió, dirigiéndose hacia la cocina mientras abría el frigorífico―. Estaba riquísimo.
―Sí…―Dejó escapar.
¿Qué había sido eso?
Nota de la autora: Pues…Momento Faberry :3 y… ¿Lo del final? Seré sincera, no os toméis esto al pie de la letra…Yo tengo las parejas ya hechas, pero…No sé, puedo cambiar de opinión, hacer juegos…Vamos. Despistaros xD Voy a ser directa xD Ésta es la primera parte de éste capítulo. La segunda la subiré lo antes posible. Así que, por ahora, a disfrutar de nuestras chicas ^^.
Monica13: Me vas a sonrojar, mujer. Pues aquí lo tienes de nuevo. Ya soy buena y os doy faberry :P Gracias por lo de mala :3 y…Pues…A ver…Seré sincera con ese tema…Yo creo que son solo amigas. Me he leído fisc achele que me parecen preciosos, y tengo que admitir que si esas dos están juntas, me daría un algo xD pero…suelo ser realista, y pueden ser pareja, pero esos detalles de anillos y cadenas…Yo los he hecho con mi mejor amiga y no había nada más allá, así que…No sé. La verdad es que me detengo poco a pensar sobre las parejas de los actores o actrices. Me interesan más los personajes xD
