Epilogo

Akari había pasado los últimos días en compañía de sus amigas del Club de Entretenimiento y del Consejo Estudiantil. Para ellas, Akari había desaparecido una semana entera, durante la cual se le buscó por todo Japón; la policía había utilizado sus mejores recursos para buscar a la colegiala con menos presencia del país, la familia Akaza y todas las amigas de la pequeña recorrían la ciudad entera todos los días con la esperanza de encontrarla. Y un día, sin más, ella se presentó ante todas, con ropas extrañas y sin poder explicar su desaparición: un viaje por el tiempo a diferentes realidades posibles. ¿Y ella como podría decirles la verdad detrás de su repentina desaparición? Nadie podría creer en la historia de Akari, la viajera del tiempo. Sin embargo, tampoco es que alguien le preguntara en donde se había metido. Todos a su alrededor optaron por esperar unos días para que volviera a su vida normal y, después, tocar el tema con sutileza. Esto era conveniente para ella, así podría pensar en una historia creíble, aunque mentir le costaba mucho.

Era la primera noche que pasaba sola desde su regreso. Primero la acompañó su hermana, al día siguiente sus amigas del Club durmieron en su casa, luego le acompañaron sus compañeras de clase y, por último, recibió al Club y al Consejo. Aunque le agradaba toda la atención, ya comenzaba a asfixiarse. Gracias a sus padres, que literalmente expulsaron a Kyoko de su casa, ella pudo dormir al fin sola en su cama. No pensaba que vivir en su época sería tan agotador como lo fue visitar aquellas realidades alternas tan disparatadas.

La pequeña pelirroja estaba lista para dormir cuando unos golpecitos en su ventana le llamaron la atención. Eran muy insistentes para tratarse de un animal nocturno, con la fuerza y ritmo que solo un ser humano podría producir. Estaba segura que era Kyoko, nadie que conociera era tan insistente. Abrió la ventana y ahí estaba la culpable. Su sospecha era hasta cierto punto acertada, sin embargo, aquella Kyoko no era su joven amiga, ¡sino la Kyoko adulta del futuro! ¡La misma que había inventado la máquina del tiempo!

—¡K-Kyoko-chan! —exclamó la pequeña Akari aterrada. Si su amiga había regresado del futuro era por algo importante, o grave. Tal vez no había logrado evitar nada y los militares aun la secuestrarían—. ¡¿Q-que estás haciendo aquí?!

—¡Akari! No hay tiempo, tienes que acompañarme.

—¿Acompañarte? A… ¿a dónde?

—¿A dónde? ¡De vuelta al futuro! —exclamó la rubia con total firmeza.

—No me digas que aún me convertiré en Akarin.

—Para nada, eso no pasará. Son tus hijos, Akari, ¡están en peligro!

—¡¿Mis hijos?! —exclamó aterrada la joven. Apenas estaba regresando a su vida normal y de pronto le llega este terrible mensaje. Hubiera estallado en pánico de no ser por una sonora carcajada.

—¡Te lo creíste, Akari! —alcanzó a decir Kyoko entre risas. Se reía con ganas, sujetando su estómago a causa del dolor que sentía. Mientras, Akari la miraba petrificada y una cara inexpresiva. ¿Qué estaba pasando?—. Todo el esfuerzo que puse en mi máquina del tiempo valió la pena —agregó limpiando una lagrima de su mejilla.

—Una… broma —balbuceó Akari.

—Sí —respondió la rubia con gesto altanero—. No sé de qué Akarin hablas, y no voy a decirte nada de tus hijos. Es solo que vi una película y pensé que sería una broma genial —dijo con una amplia sonrisa—. Bueno, debo irme o Ayano me regañará. Estoy segura que Mañana nos reiremos de esto.

Kyoko desapareció entre la oscuridad ante la mirada atónita de Akari. De pronto se produjo un destello blanco que fácilmente reconoció la niña. Infló las mejillas se señal de molestia y, sacado la cabeza por la ventana gritó:

—¡Que mala eres, Kyoko-chan!


¡Hola! Sí, parece extraño que después de tanto le haga un epilogo a esta historia. Solo es una idea que me vino de pronto haha, un remate chusco para una historia llena de disparates. No se asusten, esto no anuncia una segunda parte ni nada.

Al Dolmayan, out!