Fragmento por Wilbur

[Saillune]

Wilbur levantó el pie derecho para dar un paso hacia Akira, pero el tiempo pareció dilatarse y en ese breve instante Cait se arrodilló y gritó "Resurrección" mientras apoyaba con desesperación la palma de la mano en el dorado pelo que se teñía de rojo por momentos. Una cálida luz bañó el cuerpo de Akira apagándose y encendiéndose de forma intermitente, como si de un latido se tratara. Wilbur pudo ver como Cait cogía aire con algo de dificultad. ¿Resurrección? ¿Había muerto? No, no, tenía que pensar, era un hechizo de curación, pero para casos extremos, y la energía provenía del mago que lo ejecutaba, no del herido. Estaba grave, pero estaba vivo.

El paso, que tan eterno le había parecido, finalmente terminó y el mundo volvió a girar a la velocidad frenética de la batalla. Shura se había desplazado a su derecha y se interpuso entre ella y el pequeño cuerpo roto que reposaba en el suelo. Aunque era absurdo que la joven tuviese algún interés en rematar a su amigo. Estaba muy claro cual era su objetivo. Shura le lanzó otro cuchillo pero esta vez su mente había conseguido salir de su estupor y lo pudo apartar de un espadazo. Era un método poco preciso y en ese momento echó de menos el reluciente escudo que le habían regalado sus amigos… parecía que hiciera meses de aquello. Avanzó con decisión dando una estocada pero Shura se agachó con agilidad felina esquivándola y, en su huida, consiguiendo herirla en una pierna de forma superficial. Sus movimientos la mareaban, siempre había sido muy rápida y su pequeña estatura y peso la hacían un objetivo difícil de alcanzar. Vestía prendas sencillas y prácticas pero las acompañaba con diversas correas llenas de pequeños y letales cuchillos de acero negro. Por un momento se le heló la sangre ¿la habría herido con uno envenenado? Sin perderla de vista analizó el cuchillo que llevaba en la mano, no, parecía de los normales. Para veneno usaba unos especiales con una abertura en el mango que le permitía rellenarlos las veces que hiciese falta sin tener que andar impregnando las hojas. Shura chasqueó la lengua

- ¿Eso es todo lo que puedes hacer? - agregó con desdén - Parece que te has acomodado a la buena vida. Menuda decepción. Vete preparando, porque primero acabaremos contigo pero luego caerán tus amigos, el Príncipe, tus queridos Clanes... Incluso remataré a tu mascota. No sufras que no te irás sola al otro barrio.

La chica apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos y le pareció oír un murmullo detrás suyo, como si Cait estuviese recitando algo, pero no estaba segura y no se atrevía a girarse. Darle la espalda a Shura no era una buena idea así que apretó los dientes y cargó mientras la escurridiza chica parecía desaparecer de donde se encontraba justo antes que la espada atravesara el aire. Delante suyo la batalla también continuaba, Philionel en vez de apartarse y proteger su vida atacaba a Meiko junto con Zarathos. Aunque la semielfa parecía tener un brazo inutilizado, luchaba en igualdad de condiciones contra ellos echando descargas eléctricas de diversas intensidades. Philionel las esquivaba como podía pero se le veía el pelo encrespado de la electricidad en el aire y una fea quemadura en el hombro ¿Dónde demonios estaban esos refuerzos? ¡Tenían que haber oído el estruendo! El Príncipe embistió con todo su tamaño gritando con su vozarrón alguna absurdidad como "Golpe Pacificador" pero Meiko le esquivo con gracilidad.

– Menudo desastre, ¿y éste es el heredero al trono de Saillune? –comentó con sorna– Pues creo que la sucesión tendrá que saltarse una generación.

– ¡Eso ya lo veremos! – Zarathos había conseguido colocarse a su espalda mientras Philionel la atacaba y realizando unos complejos movimientos con su lanza trazando un circulo por encima de su cabeza, de golpe la zona pareció contraerse sobre si misma y el aire se rasgó hacia un mar de llamas – Inferno.

Meiko le miró con un deje de reconocimiento y sorpresa que le impidió reaccionar a tiempo. Del extraño portal salieron llameantes rocas cual meteoritos que impactaron en ella con una fuerza descomunal dejándola en el suelo como una muñeca rota.

– Te distraes demasiado amiga –la voz susurró en su oído helándole la sangre– y ese será tu fin.

El increíble ataque de Zarathos más la velocidad de movimiento de Shura la habían pillado por sorpresa ¿Cuándo había mejorado tanto? La notaba pegada a su espalda con una de sus armas clavándose entre sus costillas y la otra en su cuello. Estaba perdida.

– ¡...cúbrelo todo con tu aliento blanco! ¡VAN RAIL!

La voz de Cait resonó con fuerza a su espalda. El aire de la habitación que se había caldeado con todas las descargas eléctricas y el reciente hechizo de Zarathos pareció enfriarse varios grados de golpe. Wilbur se apartó de un salto ignorando los cuchillos en su cuerpo mientras Shura intentaba alejarse del hechizo que se acercaba por su espalda. Pero aún su velocidad, fue inútil y no pudo esquivar el ataque completamente. Uno de los tentáculos de hielo que habían surgido de Cait la agarró por el brazo derecho inmovilizándoselo inmediatamente dentro de un bloque de hielo mientras la muchacha ahogaba un chillido de dolor.

Wilbur se acercó rauda aprovechando su confusión y la tiro al suelo, retorciéndole el brazo libre para desarmarla. Un chorro de sangre resbaló por su brazo hacia la espalda de Shura que se retorcía y maldecía. Al apartarse del camino del hechizo el cuchillo le había hecho un corte bastante feo en la base del cuello, pero parecía que ni siquiera le dolía. Wilbur giró la cabeza para mirar a los ojos a Cait. Éste la miraba, respirando con clara dificultad manteniendo una mano aun emitiendo luz encima de Akira mientras la otra seguía en la posición desde la que había lanzado el poderoso hechizo.

– ¿Está…? –Empezó Wilbur apenas en un murmullo ignorando las quejas de Shura.

– Necesito… Necesito llevarle con Damant –Cait la interrumpió bruscamente y fijo su vista en Zarathos que tras comprobar el estado de Philionel se acercaba a grandes zancadas–. Ayúdame, no creo que pueda levantarme solo ahora mismo – le pidió cogiendo con delicadeza el cuerpecito felino con la mano libre mientras con la otra seguía aplicándole el hechizo.

Zarathos le agarró por los hombros y le ayudó a levantarse con delicadeza. No hizo ningún comentario. Mientras empezaban a alejarse de los aposentos de Philionel los refuerzos finalmente llegaron y corrieron a inmovilizar a Shura y asegurarse de que Meiko no se iba a levantar en breve. Estaba inconsciente y herida. Wilbur seguía sin tener muy claro qué le provocaba saber que no había muerto luchando contra Zarathos. La chica miró hacia la puerta y ya no vio a sus amigos. Se moría de ganas de salir corriendo tras ellos, pero primero debía asegurarse de dejarlas bajo la custodia adecuada.

– Encerradlas. Alto nivel de seguridad. Alejadas la una de la otra. Revisad bien a esta –añadió apuntando a Shura con la barbilla–. Llevará cuchillos y venenos por todos lados, si es necesario desnudadla –Wilbur ignoró los insultos mientras se acercaba al cuerpo herido de Meiko–. Su celda que sea la más seca que haya, su especialidad es la magia eléctrica. Igualmente ponedle los Grilletes Cephiryos para anular su capacidad de lanzar hechizos y no os fieis un pelo de ella si vuelve en sí. Vigilancia veinticuatro horas para ambas.

Mientras se llevaban a las prisioneras, Wilbur notó como la energía escapara de su cuerpo. Philionel se había sentado en una de las butacas y se había servido una copa de licor. La muchacha se le acercó para comprobar la situación mientras éste rechazaba las curas que le ofrecían. El monarca le señalo otra butaca y el mueble bar que había sobrevivido a la batalla de forma milagrosa con un deje de la cabeza. Era tentador.

– Señor, si me lo permite desearía retirarme para comprobar el estado de mis compañeros –preguntó como formalismo ya que aunque no se lo permitiera se habría ido igualmente.

–Por supuesto, ve con ellos –aceptó inmediatamente Philionel dejando translucir comprensión en su fuerte rostro– y tráetelos contigo a la próxima reunión.

Wilbur asintió brevemente y arranco a correr hacía los aposentos de Damant. La herida del cuello le latía con fiereza pero la ignoró centrándose solo en llegar cuanto antes. Por favor que estuviese bien, por favor, por favor, por favor…

La puerta estaba abierta y Cait estaba sentado en una silla al lado de la cama mirando fijamente al bulto que en ella reposaba. Akira estaba envuelto en un aparatoso vendaje limpio mientras al lado de la cama se veía el cuchillo de acero negro y diversas gasas y telas sucias de sangre y pociones. Pero respiraba. Wilbur se apoyó en el marco de la puerta y dejó escapar un sollozo de alivio entrecortado. Damant y Zarathos se giraron para mirarla y le dedicaron una sonrisa tranquilizadora.

– Querida –Damant se acercó a ella–, déjame que te vea esa herida…

– Cait, lo siento mu… –Wilbur le ignoró y se acercó directa a su amigo para posarle una mano en el hombro.

El chico evitó bruscamente el contacto y le dirigió una mirada que no pudo descifrar entre furiosa y dolida para a continuación volver a dirigir la mirada a Akira.

La muchacha se quedó congelada con el brazo extendido por un instante como si el Van Rail la hubiese impactado a ella. Lentamente lo dejó caer y dio un par de pasos hacia atrás para, a continuación, girarse y echar a correr.