Hola a todos los que siguen por aquí! Les traigo un nuevo capítulo, que espero les guste. Aunque no me deja satisfecha del todo, creo que no podría hacerlo de otra manera - lo he intentado por semanas y sigue así. Por favor déjenme saber su opinión :)


"Ellos dicen que es lo que tú haces, yo digo que es cosa del destino,
Está tejido en mi alma, necesito dejarte ir.

Tus ojos, brillan tan fuerte, quiero salvar su luz,
Ahora no puedo escapar a esto, salvo que tú me digas cómo."

Imagine Dragons, Demons.


Capítulo 25. Las razones de Tom.

En una villa tan pequeña, cada pequeño incidente es inmediatamente conocido por todos alrededor. No había transcurrido ni una hora, pero todos sabían que Robert, el hijo del panadero, encontró a la chica junto al puente de piedra, y que en el camino de llevarla junto al doctor Miroslav fue enfrentado por otro extraño, un hombre joven y guapo, con un porte que raramente se observaba por allí.

- Yo me encargaré de ella.

- No sé quiénes sean ustedes, pero hay que llevarla junto al doctor, claramente ella está muy mal.

El joven sonrió.

- Dudo que su doctor pueda hacer mucho en este caso.

- Tom…

La voz débil de la persona en sus brazos reclamó su atención.

- Ginevra… no pensé que fueras tan tonta.

- No puedo aparecerme. Ayúdame. Necesito… necesito descansar. Estoy cansada, Tom.

Los dos extraños fueron entonces a la casa del doctor, pero es un asunto triste, eso sí. Al parecer la muchacha, tan linda, tan joven, no pasará la noche.


Es una fortuna que la haya encontrado tan rápidamente.

Hay muchas cosas que él quiere decirle en este momento. Más bien, gritarle. Que ha sido una tonta, exponiéndose de esa manera sabiendo las consecuencias de usar el diario. Que no tiene caso buscarlo, porque en cuanto ella se recupere él se irá, y esta vez sí, no dejará cabos sueltos. Quiere gritarle por estar así, pálida y sudorosa en esa cama, sin su usual energía, sin ser ella misma.

Él toma el diario en sus manos, y se recrimina de nuevo a si mismo por haberlo dejado en sus manos.

Finalmente, ella abre los ojos.

- ¿Ansioso por irte?

Tom respira profundo. Pelear con ella ahora no mejorará las cosas para ninguno de los dos.

- ¿Por qué estamos aquí? Este hombre no puede ayudarte, la medicina muggle no puede hacer nada contra la magia y tú lo sabes.

- Lo sé. Ni siquiera los medimagos pueden ser de ayuda cuando se trata de un horrocrux. – reconoce ella – pero pensé que él podría decirme cómo se encuentra el bebé. Al menos sé que todavía está conmigo.

Ginny no imaginó que el diario pudiera afectarla tan rápido, mucho más rápidamente que cuando era solo una niña.

- Pero creo que es muy tarde, es como la última vez… – el diario ha tomado demasiado de su alma. – Debí quedarme en casa.

Y que el mundo acabara en ruinas, pero al menos por un tiempo, ella tendría a su hijo, alguien a quien cuidar y amar y a quien podría hacer feliz.

- ¿Has dicho "bebé"?

Es extraño no sólo porque es una palabra que jamás pensó que saldría de la boca de Tom, sino por el tono en que lo dice, una emoción que ella percibe claramente por primera vez. Miedo.


- Esto es escalofriante.

- Sabemos cómo es Ginny, cuando algo se le mete en la cabeza es imposible hacerla cambiar de opinión, pero cuando la vi la última vez ella se veía como si fuera a necesitar ayuda.

Sirius frunce el ceño, pero luego ríe. A los veinte años, este hombre ya era el mismo que sería a los setenta…

- Entonces le dejaste un rastreador pegado sin que lo notara.

Moody asiente con la cabeza, y no se ve para nada avergonzado.

- Aunque no te llevará exactamente al punto en que ella está, sólo un aproximado, en cuanto ella utilice su magia.

Sirius sabe que él no es la persona más adecuada para juzgar la estabilidad mental de otros, sin duda él y Ginny tienen bastantes problemas en ese departamento, pero él puede decir que todo ha sido por causa de los años de Azkaban y los dementores, y Ginny por la traumática experiencia de luchar en la guerra siendo tan joven, perdiendo a su familia en el proceso. Él se pregunta qué tiene en la cabeza Moody que lo ha perturbado de esta manera, porque una persona normal no va dejando rastreadores en sus amigos sin importar qué tan locos estos parezcan estar.

Sin embargo, no es momento de hacer esa pregunta. Es el momento de acabar con Tom Riddle y hacer que Ginny despierte a la realidad.


En ninguno de los escenarios que había visto en su cabeza antes, durante todos estos años, Tom se ha imaginado algo así. ¿Un hijo, él?

No consigue pensar en ello, pero Ginevra está muriendo por su causa.

No, está muriendo por causa del diario.

Su preciado horrocrux, una parte de su alma y que sin embargo no puede controlar, que lo traiciona lastimando a la única persona que le importa. Él quisiera que no fuera así, pero cuando comenzó a buscarla, siguiendo el rastro de magia del diario, no fue éste lo que le preocupaba, sino ella.

Su Ginevra.

Se preocupará de lo demás después, pero ahora debe salvarla.

- Saldremos de aquí ahora.

- Pero…

- Necesitaremos usar magia, y yo preferiría no tener muggles alrededor que puedan causarnos inconvenientes.

Ginny suspira, y con dificultad se incorpora en la cama. Tom la toma en sus brazos, ayudándole a levantarse. Ella nunca lo ha visto así, de esta manera. Quizá porque tampoco se ha encontrado antes en una situación de a punto de perder el ama y la vida, pero el hecho de que Tom parezca genuinamente preocupado aunque se trate de su preciado diario haciendo lo que se suponía que debía hacer, hace que ella se cuestione si todo este camino hasta él fue necesario.

Quizás Tom no estaría con ella, pero este hombre no puede convertirse en el Voldemort de su pasado futuro, porque Voldemort no se preocupa por nadie más que por sí mismo.

- Tenías razón antes, fui una tonta… - dice ella – tenía miedo de lo que pudiese pasar contigo, con nosotros, en el futuro. Pero escribir en el diario sólo para encontrarte fue la más grande estupidez que he cometido en la vida.

- Al menos lo aceptas, - suspira él, mientras salen del cuarto– no es que sirva de mucho ahora.

- Si sobrevivimos a esto las cosas serán diferentes. Volveré a casa, decoraré el cuarto para el bebé. Creo que Sirius ya se ha ido, pero siempre puedo obligar a Alastor a darme una mano.

- ¿Sirius se ha ido?

Ella asiente.

- La última vez, me dijo que había encontrado la manera de volver a nuestro mundo original.

- Y tú has preferido quedarte – dice él, sin decidir si está irritado o aliviado por su decisión.

- ¿Qué clase de persona elige volver a un mundo de guerra y de dolor cuando puede estar en paz y viviendo tranquilamente aquí?

Tom aprieta los labios para no decirle que en ese preciso momento ellos dos están lejos de estar viviendo tranquilamente. Prefiere no ir en contra de sus delirios, cuando ella se vuelve más débil a cada segundo y él sigue sin estar seguro sobre cómo salvarla.


Si Ginevra Weasley muriera, la tormenta en su cabeza acabaría. Para sus planes, no había una solución mejor que esa. Podría continuar sin las ataduras que ella representa.

Y sin embargo, es algo que no consigue aceptar.

En lugar de eso, mira al diario y su furia crece. Si alguien más le hiciera esto a ella, él se encargaría de matar a quien se atreviera. Cuando él es responsable, ¿qué puede hacer?

La magia del horrocrux no es algo que pueda ser controlado, ni siquiera por él, y lo que alguna vez le pareció su idea más brillante, separar su alma y así conseguir vivir para siempre, parece volverse la peor de sus equivocaciones.

Tom nunca ha sentido culpa.

No por haber hecho que el basilisco atacara a los estudiantes, no por haber matado a Myrtle, no por haber perfeccionado las maldiciones imperdonables en otros, y ciertamente no por haber matado a su propio padre.

Todos los pasos dados en el pasado los dio con certeza y sin vacilar.

Sin embargo, este horrocrux parece ahora la peor de sus ideas, algo de lo que no puede deshacerse. No puede destruir una pieza de su propia alma, no se atreve a tanto. Recuerda la noche en que los creó, lo doloroso que fue separar su alma más de una vez. Esa noche, también, fue ella quien lo encontró.

x

x

"¿Qué hiciste, Tom? Te estás destruyendo…"

"¿Destruyéndome?" Él acaricia el anillo que lleva en la mano derecha y hay una fiebre en su mirada cuando se dirige a ella "He iniciado el camino que me permitirá vencer a la muerte, sobrepasaré todos los límites que ningún mago ha soñado jamás."

"Planeas crear más de uno." Tom quiere decir algo más, pero no lo consigue. Una mueca de dolor atraviesa su rostro, y Ginny suspira, se pone en cuclillas, y lo ayuda a ponerse de pie. "Vamos, hay que curarte y no creo que quieras ir a la enfermería ahora, así que vamos a la sala común."

x

x

Tom mira al diario. Según ella, el diario fue lo primero que los unió. Ahora amenaza con ser lo que los separará.

La peor de sus equivocaciones.

Nunca debió crearlo en primer lugar.

x

x

"Cada vez que hagas algo como esto, pierdes una parte de tu alma." dice ella, suspirando mientras cura los cortes y la piel casi quemada que se extienden desde sobre el corazón y hasta su brazo derecho.

"Te equivocas. Aseguro que seguiré con vida sin importar qué."

"¿En serio? Ahora la mitad de tu alma está en ese diario, tú solo eres 50 % de Tom Riddle." dice ella, bajando la voz, en palabras apresuradas "Y si crearas otro, serías sólo un 25 por ciento de ti mismo. ¿Y no es más fácil cuidar sólo de ti mismo a tener que cuidar de todos esos…. Esas aberraciones."

Él suspira. Ella es, sin duda, algo curioso. No sale corriendo, como el resto. No es una estúpida, como el resto. En cierta medida, es como si lo conociera. Pero Ginevra, a pesar de todo, no puede comprender la grandeza a la que él aspira.

"Es una lástima, Ginevra, tienes potencial."

Ella frunce el ceño.

"Soy yo quien debe decirte eso a ti. Deseas tanto el poder, sin darte cuenta de que conseguirlo por los medios que pretendes sólo te servirá por un tiempo, luego se esfumará, como ha pasado con todos los que han intentado antes. E incluso durante el breve tiempo que lo tengas, Tom, no serás realmente tú, será una fracción ínfima de tu alma… ¿sabes siquiera lo puede significar eso? Probablemente ni siquiera seas capaz de sentir…"

"Yo no soy capaz de sentir, Ginevra. No esos sentimientos infantiles de los que estoy seguro quieres hablar. Carezco de esas debilidades."

x

x

- Al parecer tenías razón.

- ¿Sobre qué?

Él ha perdido parte de su alma, una fracción que ahora parece estar en contra suya, a punto de arrebatarle lo más importante, siguiendo su único objetivo de volverse más fuerte. Una fracción de su alma que no ha evolucionado para nada, que se ha vuelto un enemigo. El horrocrux de esa forma no tiene utilidad.

En lugar de responder la pregunta de Ginevra, la besa (se da cuenta de que sus labios están helados) y separa los mechones de pelo que cubren su frente.

- Duerme.

Unas lágrimas se escapan de los ojos chocolate de ella.

- Perdón, Tom.

Él frunce el ceño.

- ¿Por qué te disculpas?

- Yo… realmente quiero vivir. Nosotros no somos como tus padres. Estoy segura de que lo sabes, y por eso te has portado como un cobarde yéndote sin dejarme más que esa miserable nota. – sus ojos recuperan por un momento el fuego que él ha echado de menos – ¡Dos líneas, Tom! ¿En serio no merezco más que eso? Pero aun así, aunque sea una locura, te amo.

Él no debería haber creado el diario en primer lugar, y ahora debe reparar ese error.


Si crear un horrocrux es un proceso extremadamente doloroso, algo que Ginny sólo puede imaginar por el estado en que encontró aquella vez, entonces existe algo todavía peor, algo que podría incluso ser peor que la muerte, algo que también puede acabar matando a quien lo intente.

Intentar poner las piezas juntas de nuevo.

Cuando ella despierta, es por los gritos desesperados de Tom a su lado.

- ¿Tom?! ¡Tom!

Toma su mano que se cierra con fuerza sobre la de ella, pero el dolor que debe estar sintiendo es algo que ella no puede siquiera imaginar.

Las lágrimas comienzan a escapar.

Una cosa que siempre ha sabido es que esta no es la más sana de las relaciones, y en un mundo del cual ella no hubiera emergido de la más profunda desesperación, ¿estarían ellos juntos? La conexión entre ellos había nacido de los instantes de luz que podían conseguir dos personas que conocían la oscuridad.

Él grita, y ella llora.

No hay nada que pueda hacer para ayudarlo, aunque quisiera, ¡y cómo quisiera ayudarlo! Porque este estúpido Tom, que finge que no hay nada que le importe más que si mismo, es capaz de pasar por esto para salvarla. Y aunque no lo diga, ella sabe ahora que él siente exactamente lo mismo que ella.

No es perfecto, nunca lo será, pero es un milagro en sí mismo, y es más que suficiente.


Sigo sosteniendo que A Million Reasons es una historia que amo escribir por el desafío que es Tom, pero por lo mismo es agotador, por eso decidí dejar la otra mitad de la historia que tenía ya a medio escribir como una secuela más adelante.

Necesito un tiempo para un romance ligero, algo más del estilo CedricxGinny o parecidos.