Titulo: Memorias de Jersey
Autor: eminahinata
Fandom: Hawaii Five-0
Palabras: 882
Pareja: Ilyan Wolfe/Daniel Williams
Advertencia: Slash, Personajes Originales, ligero crossover, un poco AU.
Universo: -
Dedicatoria: A Yvarlcris, quien ha pedido sobre Danny antes del canon y con mi personaje original: Ilyan Wolfe.
Disclaimer: Hawaii Five-0 y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de K/O Paper Products y 101st Street Television en asociación con CBS Productions. Este fic se hace sin fines de lucrar, ¿vale? Si fueran míos, Danno y Steve estarían juntos desde hace mucho tiempo de forma definida y no sólo por el condenado y maravilloso subtexto. ¿Qué? ¡Se vale soñar!
Resumen: Hay situaciones que marcan una amistad. Y otras que marcan algo más grande. AU.
Notas de Autor: ¡Hola! Bueno, aquí el siguiente capítulo. Me ha gustado mucho escribirlo, bastante entretenido porque lo tenía pensado desde hace un tiempo para acá. Y al fin salió. Saben que sus comentarios son siempre bienvenidos y sin más que agregar, ¡a leer!
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Memoria Veinticuatro
By: eminahinata
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Ilyan Wolfe, de veintiocho años, vio con una sonrisa a su familia. A toda ella: sus hijos, Danny, Grace y a la odiosa de Rachel (aunque en realidad no la considerada familia), a sus tíos, a su Ryan y sus demás hermanos. Todos ellos en la playa de vacaciones.
Lo cual era gracioso.
Audrey y su esposo Rick Stetler, ese hombre diez años mayor que ella que la chica estuvo persiguiendo durante largo tiempo (incluso escapándose para seguirlo a Miami) aun bajo las negativas de Stetler, quien no veía muy bien la relación por la gran diferencia de edad, se encontraban tumbados en la arena, su hijo Richard jugando con alegría con los granos de ésta.
Ryan e Ianto, quien había traído a su novia Lisa para que conociera a la familia, se encontraban hablando cómodamente bajo la sombra de una sombrilla mientras Lisa hablaba tranquilamente con su tía Antonieta, quien resulto bastante cómoda en compañía de la mujer de color. Lo cual fue una sorpresa, porque todos esperaban que reaccionara como con Danny, pero su introducción fue más amena. Rachel también se encontraba con ellas, un poco más tranquila y viendo a las aguas con una expresión seria.
Casey, con su despampanante cuerpo de dieciocho años, se encontraba tomando el sol, varios hombres rondando a su alrededor, quienes eran espantados con facilidad por su tío Ron para gran diversión de todos. Y es que era tan divertido verlo con su cara de pocos amigos y su postura amenazante que se completaba por su buen estado físico. Chris y Rebeca jugaban con sus hijos, las dos parejas de gemelos divirtiéndose en la orilla del mar.
Él se encontraba sentado en la arena un poco más lejos, su mejor amigo a su lado con su hija en sus piernas quien no dejaba de balbucear en dirección al moreno, probablemente contándole algo que a su rubio amigo le parecía lo más interesante del mundo. Lo cual era, o al menos para el rubio sí.
Sonrió por ello, cayendo de espaldas a la arena y colocándose los anteojos de sol para apreciar el cielo claro.
Éste tipo de actividades eran muy relajantes y necesarias, especialmente ahora que veía como su tiempo era prácticamente absorbido por el trabajo en el hospital. No había imaginado que sería tan cargado, pero estaba feliz con la elección profesional que había hecho. Sentía que para eso había nacido. Para ayudar y curar a las personas.
Frunció el seño un poco y volteó a ver a su derecha, en donde Dan-Dan sonreía con aquella sonrisa que lo hacía ver tan atractivo, más joven de lo que era, hacía su hija, la adorable Grace. Esa ternura la había heredado de su padre, él estaba convencido. Porque él podía recordar la sonrisa que esa niña llevaba en ese momento años atrás cuando él y Dan eran niños. Tomo el colgante en su mano izquierda y lo apretó con cierto recelo, llamando la atención de su amigo.
−¿Qué sucede? –sonrió un poco. Él volvió a fruncir el seño.
−Nada –respondió, regresando sus ojos al firmamento azul.
−Uh-uh, nada. Claro. No, en serio. ¿Qué te preocupa? –golpeó con cariño su hombro y él sonrió. Algunas cosas no cambiaban y era algo que lo hacía sentir satisfecho.
−No es nada, en realidad. Tonterías –se encogió de hombros levemente.
−Bueno, si no me lo quieres decir está bien. Pero sabes que siempre estarme ahí para escucharte, ¿vale? –dijo con una expresión solemne antes de sonreír−. Y también para golpearte cuando sea necesario, claro –él hizo puchero, consiguiendo la cándida sonrisa de su mejor amigo.
−Oh, caramba, hombre. Muchas gracias. ¡No se qué haría sin ti! –dijo con cierta burla. Grace en ese momento aplaudió, bastante risueña.
−Agradece que no tienes que averiguarlo, gran bobo –rió Dan-Dan. Él sonrió en respuesta.
Un minuto después una pelota de volleiball cayó sobre su cara y un grito lo alertó. Dan-Dan a su lado dio un jadeo sorprendido, la pequeña Grace viendo con grande ojos la situación.
−¡Ilyan! ¿Te encuentras bien? –él le mandó una mirada de regreso, consiguiendo un sonrojo en su mejor amigo−. Lo siento, pregunta estándar –murmuró.
−¡Lo siento! –gritó una muchacha joven, su cabello castaño recogido en una coleta, corriendo hasta donde ellos se encontraban.
Él tosió un poco, sobando la zona afectada mientras sostenía con la otra la pelota y se sentaba en la arena.
−Sí, sí. Está bien –respondió, sonriendo suavemente a la joven que los miraba avergonzada. Unos metros atrás los que seguramente eran los compañeros de juego de la muchacha los veían expectantes, claramente preocupados por la situación.
−Oh, lo siento… no era nuestra intensión, usted sabe… −hizo un gesto la castaña. Él negó con la cabeza.
−Ya, ya. No ha sucedido gran cosa –lanzó la pelota a los brazos de la joven−. No hay problema, sigue con tu juego. Sólo tengan más cuidado, ¿vale? –dijo. La muchacha asintió, viéndolos con una sonrisa antes de ver sobre su hombro a sus compañeros.
−Gracias, señor –se mordió el labio inferior, un poco ruborizada−. Ah, por ciento… Hacen una linda familia –y luego salió corriendo hasta sus amigos, dejándolos a ellos bastante sorprendidos por las palabras de la joven.
Lo gracioso de la situación:
No era la primera vez que los confundían por una familia.
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