Hola, bienvenidas al capítulo 26 de "Alma de Muggle"
Como siempre, muchísimas gracias por sus hermosos comentarios.
Estoy escribiendo el capítulo 27, así que ejeje, me estoy aplicando XD
Les cuento que me iré a Canadá muy pronto. Así que no sé cuándo podré actualizar, pero que el capítulo 27 lo cuelgo antes de que me vaya, lo hago ejejeje.
Eso. Disfruten el capítulo.
Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright) Esta historia está disponible tanto en Fanfiction. Net como en Potterfics. Com con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di "No al plagio".
A leer!
Capítulo 26: Ataque
Las semanas pasaron rápidas, sin siquiera poder darse cuenta de cuánto tiempo pasó hasta que marzo había llegado.
Las cosas en el colegio seguían igual para el resto del mundo. Entre exámenes, clases, recreos y Quidditch; pero para la Jauría…
Era demasiado extraño estar separados; Astoria tuvo que irse permanentemente a la habitación de Pansy, así como Theo y Blaise a la de Draco, pues sus compañeros, tanto los del cuarto de Astoria por su hermana y Crabbe y Goyle que compartían cuarto con los chicos, los consideraban traidores, teniendo bastantes altercados con estos últimos. Así que los Gryffindor no les veían ni el pelo al grupo de serpientes.
Ginny era la única que tenía contacto con ellos, pues, al ser Zabini neutral, tenía "permitido" de cierta forma ver a su pelirroja. Pero Harry, Ron y Hermione…
— ¡Me molesta de sobre manera! McGonagall nos cambió las rondas ¡y ahora no puedo estar ni con Pansy ni con Draco!—explotó Ron un día sábado antes de almuerzo en la habitación de Hermione, con una carta en la mano.
— Somos dos— dijo Hermione sentada en su cama.
— Tres— concordó Harry con una carta—.Desde esa noche en que Draco nos contó lo que habían pasado, no sabemos nada de ellos.
— Y por lo que Bitter me dijo, siguen reuniéndose— siguió Ginny. Había llegado hacía pocos minutos aquel día sábado para dar todos los recados, cartas y saludos—. Pansy ha adelgazado mucho, dice Blaise.
— Lo he notado— dijo Ron notoriamente triste.
— Está deprimida porque no puede verte. Astoria y Draco están en las mismas.
— Ni una puta carta— murmuró Hermione—. Le he escrito en la libreta y nada, no me responde… ¿qué se cree ese Lobo desteñido?
— Está más delgado y ojeroso… Blaise piensa que ni siquiera come.
— ¿Cómo es eso de que "piensa"?, ¿acaso no habla con él?—preguntó Harry. Ginny cerró los ojos y negó.
— No… sale temprano, luego lo ven en las clases, se salta el almuerzo y a veces la cena. Cuando llega a la habitación, no está o ya se ha dormido… no saben qué pasa. Theo a veces lo intercepta… pero no es mucho lo que nuestro misántropo favorito puede hacer.
Harry se levantó de su asiento y salió. Todos se quedaron mirando hasta que regresó con un montón de pergamino doblado. Lo puso en la cama y colocó la varita encima.
— "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"— dijo Harry.
El mapa del merodeador comenzó a mostrarse ante ellos. Entre todos comenzaron a ayudar a Harry a abrirlo.
— Busquen a Draco— ordenó el elegido mientras miraba con premura.
Todos comenzaron a la búsqueda de la etiqueta de Malfoy; no apareció.
— Maldito bastardo— dijo Harry lanzándose a la cama de Hermione—, ¿dónde mierda está?
Hermione se mordía el labio aun buscándolo. ¿Dónde se había metido Draco?
El domingo había sido el último día que había dormido y el jueves había probado su último alimento. Los demás días se había dedicado a ver ese maldito armario que ya lo estaba volviendo loco. Si bien estaba en perfecto estado, el hechizo que conocía para arreglarlo por completo lo destruyó físicamente, haciendo que el muchacho estuviera trabajando desde que entraron al colegio luego de las vacaciones de invierno hasta ese momento, marzo, en su restauración casi perfecta.
Dumbledore le advirtió que no le dijera a la jauría, pues no podía permitir que los demás lo entretuvieran. "Es por un bien mayor", le había dicho el anciano director.
Y ahí estaba, sentado en aquel asqueroso y mugriento piso mirando el armario evanescente imponente frente a él, con las tripas vacías, el cuerpo rogándole sueño y la cabeza a mil por hora, maldiciendo la primera excepción de la ley de Transformación Elemental de Gamp que impedían que la maldita sala sacara comida.
Primero, tenía que arreglarlo, segundo e infinito; no encontraba ni un puto hechizo que le ayudara. Solo quedaban los que tía Bellatrix le enviaría al día siguiente, Domingo… una semana sin dormir.
¿Qué hora era? Las 13:30, Almuerzo, o tal vez postre. Se levantó, limpió un poco su ropa y salió de la sala de Menesteres. Tocó el hombro de la niña que estaba en la esquina. Se sorprendió gratamente hacia un par de meses cuando Crabbe y Goyle demostraron no ser tan inútiles como pensó, y aunque eso lo aterró por un momento –por la seguridad de una hija de muggle en particular–, aceptó su ayuda sin problemas. Robaron las pociones multijugo que Slughorn tenía en las mazmorras y se disfrazaban de niñas de primer año para evitar levantar sospechas de parte los estudiantes.
Caminaba por el pasillo con las manos en los bolsillos y la túnica de invierno ceñida al cuerpo por culpa del frio que aún ni siquiera se pensaba ir… quedaba aún una semana para el equinoccio de primavera. Iba junto a Goyle que había perdido ya el efecto de la poción e iba en silencio a su lado
¿Cómo estarán?
Blaise le había contado –en lo poco que habían podido hablar, por supuesto– que todos estaban muy preocupados por él, que todas las serpientes, a excepción del moreno, se habían separado momentáneamente de sus parejas y que ni siquiera en las rondas de prefectos se habían podido topar entre la jauría; estaban divididos.
Pansy, cada día más delgada, al igual que Astoria. Theo, taciturno como siempre. A Harry a veces lo veía y estaba igual de apagado, Ron se notaba de mal humor, y Hermione…
Entró al gran comedor en ese momento, despacio, sin llamar demasiado la atención, pues iba con Goyle.
El gran muchacho pasó directo hacia la mesa de Slytherin mientras él se quedaba parado en la puerta viendo, disimuladamente, la mesa de Gryffindor.
La cabellera castaña estaba recogida en una coleta alta, dejando los bucles desordenados cayendo, de una manera irónica, ordenados en la espalda de la mujer de sus sueños.
Ella lo miró más que impresionada. Ojeras negras bajo aquellos grises que la miraban con una emoción indescifrable. El cabello opaco, y por supuesto, muchísimo más delgado de cuando estuvo con él la última vez… cuando se había separado en la cabaña en el árbol de la jauría… hacían dos meses.
Draco no aguantó la presión y caminó hacia la salida… quizás Dobby le daría algo de comer, así que se encaminó a la puerta y la cerró de un portazo; sin embargo, nadie se alertó, pues estaban todos concentrados en los postres que a esa hora aparecían en las mesas.
Hermione frunció el ceño, tomó dos manzanas verdes y las metió a su mochila.
— ¿A dónde vas?—preguntó Harry frunciendo el ceño.
— A ver qué es lo que trama Mafoly— susurró para luego caminar hacia la salida.
Algo le decía que debía ir por aquel pasillo, oscuro. Le daba miedo. ¿Y si Goyle la atacaba? No pensaría en ello, no ahora que estaba…
Ahí estaba. Caminando frente a ella a unos 6 metros de distancia, con las manos metidas en los bolsillos, camino a las cocinas.
— ¡MALFOY!—gritó Hermione. Draco se volteó sorprendido. En ese momento Hermione le lanzó una manzana. Este, como buen buscador, la interceptó, mirándola desconcertado— Come algo.
¿Qué había hecho ella?, se preguntó, por qué se había alejado, ¿ya no la quería?, ¿estaba avergonzado de lo que les había relatado esa última noche en su libreta? Sin pensar en nada más, le lanzó la otra manzana, que por supuesto atrapó, se dio media vuelta y caminó devuelta al gran comedor.
Cuando Draco vio que con su manga enjuagaba las lágrimas, corrió hacia ella, con las manzanas aún en sus manos y la abrazó por la espalda.
Ella se quedó de piedra, aun sintiendo como sus lágrimas bajaban, silenciosas, por sus mejillas. Él, ocultó su cara en el cuello de ella, sintiendo su aroma.
— Vainilla— susurró— volviste a la vainilla.
— … se me acabó la de frutos rojos— susurró también Hermione.
— Te enviaré más… no, hueles bien así— murmuró a tiempo que metía su nariz aún más en su cuello, respirando hondo y botando el aire por su boca. Hermione cerró los ojos y las lágrimas volvieron a caer.
— En qué fallé… dime… ¿ya no nos quieres?, ¿ya no me quieres?
— Te amo… los amo, a todos… por eso lo hago, no quiero que los dañen.
— Ni una nota… desapareces del castillo… ¿qué sucede?—preguntó Hermione en un susurro aún, apenas amortiguado por los brazos de Draco.
El muchacho la apretó fuerte, en un abrazo tan necesitado por ambos. ¿Qué hacer?
— Vete—dijo de pronto Draco, soltándola. Hermione se volteó y lo vio con el cabello cayéndole desordenado por su rostro— hoy en la noche iré a tu cuarto y te contaré todo
— Soy medianamente inteligente, puedes contarme.
— Por favor, vete ahora o cometeré una locura.
— Cometámosla juntos— rogó Hermione en un susurro.
Se acercó a él con cuidado. Él la esquivó, se dio media vuelta y siguió su camino, con las manzanas en la mano y la cabeza agacha. Hermione simplemente se quedó parada ahí, mirando como Draco se iba, sintiendo que el amor que sentían se les iba entre los dedos.
Theodore estaba en la cabaña de la jauría. No encontraba otro lugar más ameno de estar. Sentía como el poco sol de invierno calentaba el árbol con él adentro. Un sonido lo alertó, ahí vió la cabellera negra y despeinada de "el elegido"
— Potter, qué alegría— dijo irónico
— Cállate, misántropo de pacotilla— dijo Harry tendiéndose en el suelo, a su lado.
— Alma incomprendida, no misántropo— dijo Theo sonriendo.
Ambos sonrieron y se quedaron disfrutando el silencio.
— Los extrañamos— dijo Theo, Harry sonrió.
— Nosotros también— concedió Harry—, ¿cómo han estado?
— Desesperados. Ni siquiera he podido ver a Luna por culpa de esta situación.
— Aun no entiendo. ¿qué paso?, por qué no nos juntamos ni nada.
— Es Draco…
— Explícate.
Theo se levantó y se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas; Harry lo imitó.
— Cada dos días tienen entrenamiento mortífago, está muy inmiscuido; es el favorito del lord.
— Mierda…— susurró Harry.
— Espera, que no es lo peor; Flint, Crabbe y Goyle están las 24 horas con él. No sabemos dónde va cuando desaparece, se ha saltado clases, ha dejado de dormir en el cuarto que compartimos… está realmente mal. Más delgado… ya viste como estaba cuando entró en el almuerzo.
— Hermione fue en su búsqueda, la busqué pero estaba en su cuarto… espero que al menos esté con él— Theo movió la cabeza.
— No… media hora después de verlo salir del gran comedor, vi cómo se metió al cuarto; y no ha salido de ahí. Blaise lo vigila.
— Diablos… ¿qué habrá pasado?
— No lo sé… pero tengo miedo por la salud mental de Draco… según Zabini, es muy débil, y puede colapsar en cualquier momento.
— Si es que ya no colapsó.
Se quedaron pensando un minuto, ambos en silencio. Un golpe de piedra los sacó de sus cavilaciones. Harry se acercó solo un poco y pudo ver una cabellera rubia mirando hacia todos lados.
— Ángel— llamó Harry con una sonrisa en la voz.
— ¡Rayo!—medio gritó la muchacha, subiendo rápidamente.
Harry sonrió y apenas pudo tenerla cerca, la abrazó.
— Ok, no me gusta hacer mal tercio, así que nos vemos en casa, Ángel— dijo Theo con burla mientras la rubia, en los brazos de Harry, le sacaba la lengua.
Theo bajó del árbol. Le gustaba caminar por la orilla del lago negro; sentía paz absoluta, como cuando estuvo con la jauría en navidad y año nuevo o cuando estaba con Luna haciendo el amor… Extrañaba a Luna y a su sonrisa de ángel que siempre le hacía volar.
— Theodore— escuchó una voz ronca cerca.
— Profesor Snape— murmuró al voltearse.
— Ven conmigo— pidió mientras se volteaba e iba al castillo.
Theodore lo siguió con su máscara de frialdad puesta, aunque por dentro se preguntaba qué era lo que quería su profesor. Se veía molesto… tal vez descubrió que no era su hijo… o que lo era y ¿por eso se enojó?, cerró su mente y siguió al profesor hacia su despacho.
— ¿Sabes qué día es hoy?—preguntó Snape cuando cerró la puerta
— 15 de Marzo, señor— murmuró Theo con algo de pesar.
— Los días 15 el profesor Dumbledore activa mi despacho para poder salir con aparición, solo ese día… por lo tanto, esto debe quedar en absoluto secreto, pues sabes que está prohibido aparecerse… y para eso tenemos 1 hora… toma mi brazo, sin cuestionar.
Theodore lo miró extrañado, pero no cuestionó y obedeció.
Sintió como algo lo tiraba del ombligo y lo llevaba lejos de ahí, con su mano bien sujeta como con pegamento al profesor. Cerró los ojos. Al abrirlos se encontró con un paisaje bastante extraño.
Un grupo de pequeños paneles de piedra en hilera y filas en un campo de césped tan verde como nunca pensó ver. Theo no era tonto.
— ¿Un cementerio?—preguntó Theo, extrañado.
— ¿Qué día es hoy?—volvió a preguntar Snape, un poco más amable.
— 15 de marzo…
— ¿Qué día es hoy?—dijo el profesor, sonriendo de medio lado, triste.
— El aniversario de la muerte de mi mamá— susurró Theo.
Siempre trataba de olvidarlo, pero cualquier cosa lo hacía recordar aquella mañana cuando vio a su madre ahogarse con su propia sangre.
— ¿No reconoces el lugar?—preguntó Snape comenzando a caminar, siendo seguido por Theo.
— No, señor… no conozco el lugar.
— ¿hace cuánto que no vienes a ver a tu madre?—los ojos de Theo se ensombrecieron, sin embargo, Snape pude vislumbrar en los ojos azules oscuro del muchacho una pizca de luz.
— Cuando mi padre mató a mamá, mi magia se descontroló— comenzó a relatar Theo—. Lancé a mi padre lejos, hiriéndolo bastante, mas no de gravedad… con la varita me inmovilizó y me llevó al cuarto piso de la casa. Ahí me encerró por una semana… no pude ir al entierro de mi madre— seguía caminando, sin embargo, Snape cerró los puños ante lo último—. Pedí por esos 6 meses a mi padre que me dejara venir a dejarle flores, pero me dijo que… que ella no las merecía y jamás me trajo— dijo Theo mirando al hombre a su lado.
Snape pude ver a Theo como un pequeño niño de diez años, adolorido, contándole todo lo ocurrido en estado de shock. Tomó los hombros del muchacho y lo giró hacia una tumba. Ahí rezaba "Stella Nott" Sin esquela, sin nada que dijera que la amaron, que la quisieron, siquiera. Había flores secas alrededor, pero la tumba se veía cuidada, como si alguien lo hiciera.
Theo calló de rodillas en el césped. Ahí estaba su madre. Snape se sentó a lo indio al lado de la tumba mientras que con la varita limpiaba.
— Hola querida— dijo Snape—, hoy te traje una sorpresa— murmuró mientras con la varita materializaba flores a partir de un tallo de las antiguas—. Háblale, ella escucha. A veces me visita en sueños días después que vengo a verla… espero que ocurra lo mismo contigo— dijo descuidado mientras recortaba como si nada unas hojas feas de la planta. Escuchó un sonido extraño. Levantó la vista y lo que vio le partió el corazón; Theo lloraba. Miraba la tumba y lloraba.
— Mami— murmuró—, te extraño… no sabes cuánta falta me has hecho— dijo mirando su tumba. Un gemido de dolor salió de su boca y agachó su mirada—. Estoy bien, tengo una novia… la amarías, es pura, es buena, como tú… se llama Luna, y es mi vida— dijo lo último en medio de un ahogo—. Ya no estoy solo, mamá… tengo amigos y a Luna.
Snape se sentó a su lado y lo abrazó por los hombros.
— Eres mi hijo, Theo— dijo sin más. Theo lo miró, impresionado, y vio como Snape sonreía— ya no estás solo, hijo— dijo afianzando su abrazo.
Theo dio una risa mezclada con llanto y, en un arrebato de felicidad, abrazó por la cintura a aquel hombre. Ahora estaba en paz.
— Me hace muy feliz, profesor— dijo Theo aun resguardado en el hombro de Snape—. Ahora sé que no soy hijo del odio de mi madre con un hombre asqueroso… sé que se quisieron.
— Nos amamos mucho, Theo— dijo Snape sorprendido de lo hermoso que se sentía abrazar a aquel muchacho—, ella era mi vida… cuando murió, una parte de mí se fue con ella… pero— tomó el mentón al muchacho, quien seguía con lágrimas en los ojos—, me lo devolvió contigo— dijo sonriendo cálidamente.
Estuvieron un rato así, mirando la tumba de Stella.
— Profesor.
— ¿Mm?
— ¿Puedo hacer magia?
— Ya tienes 17 años, Theo, no me preguntes eso.
Sonrió. Sacó la varita y colocó en el epitafio de su madre
"Amada Madre y Mujer; la vida se encargó de reunirnos"
— Conmovedor— dijo Snape—. Adrián no viene nunca, así que tranquilo que no lo verá.
— Si lo ve, me da igual, no entenderá, es un imbécil.
— Theodore… no debe saber nada… tú tienes que prometerme que no dirás nada. Estamos ahora en peligro, como te dije. No quiero que Adrián te haga daño, menos ahora que sé que eres MI hijo. No permitiré que te dañe… pero tienes que jurarme que nadie puede saber que eres mi hijo. No confíes en la oclumancia de nadie más que en la mía…. ¿está claro?
— Sí señor— dijo Theo, serio.
— Bien. Ahora es hora de irse.
Theodore se levantó y sonriendo a la tumba de su madre, siguió a su padre.
— ¿Sabes por qué tienes ese nombre, Theo?—preguntó llegando al punto seguro de aparición.
— Adrián me dijo que era el nombre de mi abuelo— Snape negó con la cabeza.
— Te ha mentido… ese nombre te lo colocó tu madre. Solo ella sabía por qué.
— ¿Cómo lo sabe?—Snape lo miró sonriendo. Levantó su brazo y abrazó por los hombros al muchacho.
— Mi segundo nombre es Theodore— dijo. Y desaparecieron.
Blaise a esa hora dormía. Estaba descansando después de un rico almuerzo. Draco había salido de la habitación y Blaise, al no poder seguir a su amigo, simplemente se durmió.
Unos pasos lo alertaron, haciendo que Bitter despertara. Crabbe, Goyle y Flint entraron. Este último con la varita en alto.
— Levicorpus— dijo el mayor, sonriendo.
Blaise gritó al verse colgado de un tobillo, y más porque su varita se salió del pantalón por la maniobra.
— Ahora— dijo Goyle, insonorizando la habitación.
— ¡Crucio!
— Incarcerus
— Y esto es por ser un traidor de la sangre— dijo Goyle golpeándole el estómago.
— Liberacorpus—dijo Flint para luego saltar en la pierna izquierda provocando un grito de dolor involuntario— Eso es por relacionarse con una traidora de la sangre.
— ¿Cómo sabe?—preguntó Goyle— Tengo unas ganas de cogerla
— ¡No te acerques a ella, maldito!—gritó Blaise tratando inútilmente de liberarse del incarcerus. Las luces comenzaron a parpadear.
— Le encantará— dijo Goyle
— Y nos turnaremos, ¿cierto?—dijo Crabbe, riendo.
— ¡EXPELIARMUS!—Gritó Blaise impotente. El hechizo funcionó y dio con certeza a Goyle, lanzándolo al armario, rompiéndolo.
— Ya sabrás lo que es bueno, fenómeno— dijo golpeándolo de lleno en la boca, haciendo que la sangre saliera a borbotones.
Y de la manera más brusca, entre hechizos y maldiciones, siguieron rompiendo las piernas y el brazo izquierdo del moreno, dejándolo en condiciones deplorables. Cuando se cansaron de golpearlo, y Blaise estaba ya inconsciente, Flint lo apuntó con la varita.
— Obliviate— dijo jadeante Flint.
— ¿Lo hiciste bien?—preguntó Crabbe
— Si lo hice mal, es uno menos… vámonos.
Y dejaron a un inconsciente y sangrante Blaise en el piso, con los dientes a su lado y las piernas rotas.
Pansy y Astoria caminaban con unos Croissants de queso y jamón caliente en las manos, conversando, para distraerse, de las diferentes formas que el gobierno podría hacer bien las cosas.
Sabían que Draco estaba en su cuarto, así que llevaban comida para un ejército en sus mochilas.
Las habitaciones de Slytherin estaban en un primer piso, pues en un segundo piso, muy bajo por culpa del lago negro que se veía en el cielo, estaban los séptimos años y las habitaciones de prefecto.
Pansy entró al cuarto de Draco, que sabía que estaría. Cuando entró… todo lo que pudo hacer fue gritar.
Astoria la imitó al ver la escena, pero fue más rápida.
— Wingardium Leviosa— dijo llorando apuntando a Blaise—, PANSY BUSCA AYUDA, YO NO ME LO PUEDO
— ¡Wingardium Leviosa!—gritó Pansy apuntando al muchacho. El cuerpo casi inerte de Blaise levitaba en su lugar— ¡AYUDA!—gritó a tiempo que bajaba las escaleras con el cuerpo de Blaise tras ella.
Theo entraba a las mazmorras, sonriente, con los ojos rojizos, pero muy feliz. Sin embargo, todo rastro de alegría se desvaneció al ver al moreno de su amigo, levitar sangrando tras su amiga, quien gritaba por ayuda. Theo tomó a su amigo en los brazos.
— ¡Mierda, tiene las piernas rotas!—gritó Theo— ¡Astoria, abre la puerta!—ordenó.
Astoria abrió la puerta y Theo caminó rápido con Blaise en los brazos. Pansy lloraba a su lado, pero con el temple necesario para tomar las piernas rotas del moreno, dejándolas derechas. Astoria iba delante, gritando a quien se atravesaba, hasta que llegaron a la enfermería; Astoria gritó al llegar.
— ¡MADAME POMFRAY, MADAME PONFRAY, AYUDA, POR FAVOR!—lloró la rubia
— Qué pasa, mi niña
— Es Blaise— dijo Astoria llorando del todo.
Theo entró justo en ese momento, con el muchacho sangrando. La anciana enfermera se tapó la boca horrorizada y se dio un segundo delincuencia para asustarse. Luego volvió a su profesionalismo característico.
— Colócalo en la camilla, Nott— Theo obedeció—. ¿Qué le paso?
— No sabemos. Entramos a su habitación y lo encontramos así.
Madame Pomfrey revisó sus ojos, su boca, dejando ver que le faltaban sus incisivos superiores y caninos. El brazo izquierdo roto en dos partes… Pasó la varita frente a él.
— Tiene el riñón comprometido. Estos son golpes de puño. Lo han golpeado de forma brutal. Por favor, chicos, salgan porque tengo que trabajar.
Theo tomó los hombros de las niñas y salió de ahí.
— Tengo que avisarle a Ginny— dijo Pansy llorando—; ella tiene que estar con él.
— Iré yo… me juntaré con Luna en unos minutos— dijo Theo caminando por el pasillo— quédense aquí. Intentaré localizar a Draco.
Y caminando en dirección a los pastos. Ahí, cerca del lago negro, se encontró con Luna, a la cual llamó con premura desde la distancia. La muchacha sonrió, pero al verlo gritar y correr, se preocupó, y corrió a su encuentra.
— Qué va mal— preguntó Luna acariciando las mejillas de su novio.
— Blaise... fue atacado… hay que avisarle a Ginny.
Luna lo miró, se separó un paso, cerró los ojos y sacando la varita de su cabello, la agitó en el aire.
— Expecto Patronum— dijo. Una liebre corrió a su alrededor—. Ginny, Blaise fue atacado, ven a la enfermería ahora— y el patronus salió corriendo hacia el castillo—. No pueden estar solos. Vamos— dijo Luna tomando su mano y caminando, casi corriendo, fueron a la enfermería.
En otro lado del castillo, Harry corría con Ron en los brazos. Había bebido veneno por error. El profesor Slughorn iba tras el muchacho, más fuerte que él, con el pelirrojo en los brazos.
— Esto es muy extraño, querido Harry, cómo pudo pasar— preguntó el regordete profesor.
— No sé profesor, pero tenemos que decirle a Dumbledore.
— Esa botella de hidromiel iba para Albus— dijo Slughorn asustado— Merlín— murmuró.
Llegaron a la enfermería. Ahí se encontraron con Pansy y Astoria afuera.
— ¡Ron!—lloró Pansy acercándose
— Tranquila, ya está bien, pero necesitamos a madame Pomfrey— dijo Harry sin dejar de caminar hasta entrar con madame Pomfrey.
— Les dije niños que estoy… oh señor Weasley.
Harry vio a Blaise en la camilla, pero colocó a su amigo en la que estaba vacía al lado del moreno.
— ¿Qué le pasó?
— Se envenenó… había una botella de hidromiel envenenada en mi oficina, les di un poco y el señor Weasley tomó. Gracias a la brillante actuación del señor Potter, pudimos salvarlo con el bezoar.
— Bien— dijo Pomfrey relajada, revisándolo— Salgan. Aún tengo que curar al señor Zabini. Los llamaré cuando termine con ambos… llamaré a Aarón— murmuró alzando a varita y lanzando un patronus. Un hurón apareció— Aarón, te necesito en la enfermería de Hogwarts— y el hurón salió corriendo.
Harry salió junto con Slughorn. Él se disculpó diciendo que iría a buscará Dumbledor y se fue. Harry abrazó a Astoria y a Pansy, al darse cuenta que estaban solos.
— ¿Qué le pasó a Bitter?
— Lo atracaron— hipó Astoria—, de la manera más horrorosa.
— Le rompieron las piernas, el brazo y le botaron los dientes de arriba— lloraba Pansy en el hombro de Harry.
— Él estará bien— dijo Harry apretándolas un poco—, lo sé… Pomfrey hizo que me creciera hueso, puede hacer que Blaise se recupere. Tranquilas— murmuró besando la cabeza de ambas, quienes lloraban asustadas.
— ¿Qué le pasó a mi Comadreja?—pidió saber Pansy.
— Lo envenenaron… tranquila, está bien. Comió unos chocolates que estúpidamente dejé encima de mi cama. Eran unos que Romilda Vane me envió para san Valentín… ¿te conté de eso, cierto?—preguntó Harry a Astoria, ella asintió—. El asunto es que guardé esos por descuidado y Ron se los comió de glotón que es. Como se enamoró de Vane, lo llevé con Slughorn. Lo curó y le dio un vaso de Hidromiel para que se sintiera mejor… y este estaba envenenado. Por suerte había bezoar en el cuarto de Slughorn, o…
— Ay por Merlín— dijo Pansy abrazándolo por la cintura— gracias, Rayo, gracias, gracias
— No digas eso, es mi deber, es mi hermano.
Theo y Luna llegaron en ese momento, corriendo.
— ¿Harry? ¿Recibiste mi patronus?- preguntó Luna confundida
— No… vine por Ron.
El elegido comenzó a contar lo que había ocurrido, aún con las dos chicas abrazadas.
— Malditos… diablos, necesito ubicar a Draco— murmuró Theo.
— Le enviré uno a Hermione— dijo Harry.
Elevó su varita pero en ese momento llegó Ginny, con la castaña corriendo, con los ojos rojos de la desesperación.
— ¡¿Dónde está, qué le pasó?!—le exigió a Theodore.
— Tranquila, Mini… él estará bien. Madame Pomfrey nos dirá qué le paso— dijo el misántropo, también diciéndoles lo ocurrido con Ron.
— Si no es una, es otra—dijo Hermione, frustrada, sentándose en una banca de piedra—; primero, Draco desaparece misteriosamente… ahora Blaise y Ron… ¿qué queda?
— No sé, Minou—dijo Harry—, pero esto es bastante preocupante… iré a hablar con Dumbledore.
— Voy contigo— dijo Astoria
— Quédate aquí, mejor.
— ¿y dejar que te pase algo? Olvídalo, estás mejor aquí.
— Pero…
— Tory... no— dijo Ginny, aun angustiada—, ¿por qué crees que atacaron a Blaise? Por mi… porque está conmigo… si te ven con Harry, correrás peligro— dijo Ginny, por fin comprendiendo la primera actitud de Harry con ella.
Astoria asintió. Recibió un beso casto de parte de Harry y este salió corriendo hacia la gárgola la cual se abría en ese instante. El profesor Dumbledore bajaba junto con Slughorn.
— Harry, el profesor Slughorn me contó lo que ocurrió en su despacho— dijo a tiempo que le hacía gesto para poder avanzar hacia enfermería.
— Sí, señor. Vine a preguntarle por…
— ¿Lobo?, no te preocupes, querido muchacho; Lobo está cumpliendo una misión importante, no te preocupes por él— repitió.
— Tiene que saber…
— Y lo sabrá… le he mandado un mensaje.
Harry se quedó pensativo mientras caminaba a la enfermería.
Ok, hoy vimos algo que realmente pasó en el libro, que es el envenenamiento de ron por culpa de la hidromiel... ustedes ya saben quién envenenó esa botella y cómo s ela hizo llegar ejejeje.
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besos gigantes!
Alice~
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