Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen suspirar de felicidad. Gracias chica/os, de verdad espero que este capítulo les guste, di lo mejor de mí para esto. Si, ya sé que me tardé, perdón (llora) la escuela me ha traído de arriba abajo por dos semanas y no podía sacar adelante esto, hasta hoy que no tengo tarea, gracias por sus buenos deseos sobre ella. Como verán ya casi finaliza esta historia, me siento un poco nostálgica, así que trataré de traer el próximo capítulo más rápido. Aunque desearía que el Lobo dure para siempre.
Sin más disfruten.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XXVI
La sabiduría de un lobo
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Me mantendría a tu lado firme y seguro.
Enfrentando contigo el más alto muro.
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Silencio.
Era lo que iba y venía entre ellos. La tensión en el ambiente era tal, que sin lugar a dudas podría haberse cortado con las uñas de la mano. Hinata respiraba aceleradamente mientras sentía que la vergüenza y la congoja se le amontonaban en la garganta. Sus mejillas estaban rebosantes de líquido carmesí y su cabeza comenzaba a dar vueltas horrorosamente. El mutismo del lobo tras soltar la frase más valiente de su vida la estaba matando. Se dijo que era una tonta por pedirle semejante cosa, ¿casarse? ¿Con ella? Por más que la amara estaba segura que aquello era demasiado, después de todo aún era un par de niños tratando de jugar a ser adultos, las palabras como matrimonio y toda la vida sonaban demasiado grandes y tenebrosas por lo incierto que su resultado sería. Inevitablemente bajó el rostro, de alguna forma ahora se sentía un poco desanimada y temerosa de su respuesta, parecía haberse vuelto muy pequeña en comparación a la realidad, no se creía capaz de enfrentarse a ella con total tranquilidad. Las lágrimas de sus ojos seguían bajando lentamente y el frenesí de su pecho le estaba lastimando las costillas. Era peor que estar atrapada en una película de suspenso. Sus hombros temblaron al igual que su labio inferior; sin embargo no daría media vuelta y regresaría sobre sus pasos como una cobarde, su yo de ahora le reprocharía tal acto con inverosímil dureza.
Sasuke permaneció estático.
Su mente intentaba procesar la propuesta de la oveja. Pero era inútil. Todo en su disco duro le marcaba un contundente error, como cuando el sistema principal de una computadora se avería por una sobrecarga de archivos que no podía leer. Los sonidos del ambiente le parecían un eco y sus orbes azabaches se mantenían fijos sobre la delgada figura de su novia. Ella era tan pequeña, tan rompible, tan valiosa, ¿y aun así quería casarse con alguien como él? Es que acaso no era consciente de cuánto daño podría hacerle si se le entregaba de ese modo. ¿No sabía ella que él podría aprovecharse astutamente de sus inocentes palabras para monopolizarla? ¿Por qué seguía dándole semejantes libertades? No obstante, ello no impedía que sintiera una soberbia felicidad. Sería un reverendo estúpido si no lo pensara así, era capaz de regodearse en júbilo por el simple hecho de ser uno de los pocos que oían semejantes palabras tan malditamente adorables. Su orgullo estaba un poco herido, de eso no quedaba excusado, pues la Hyuuga se le había adelantado en algo que pensó vendría con el tiempo; después de todo aunque no fuera muy sincero del todo y resultara un incordio admitirlo, era la clase de hombre que se supone es feliz al ser el primero en soltar las palabras de una proposición. Pero ya no importaba los tontos escenarios que se había imaginado ni las frases resonadas que podría haber buscado para pedirlo.
Y eso era frustrante.
—Idiota— gruñó el Uchiha rompiendo la mudez que los abrazaba cruelmente
—Yo…—pronunció la ojiperla con la voz quebrada—, yo lo siento… Sasuke, no… debí decir eso, es… egoísta e infantil tú no tienes que…
—Si—tajó sin más.
Hinata levantó el rostro como un resorte enderezándose y miró con los ojos abiertos de par a par al Uchiha.
—¿Qué…?
El autobús se apreció al inicio de la calle, dentro de poco estaría donde ellos.
—¿Eres sorda?—cuestionó alzando una ceja?—. Estoy diciendo que sí.
—¿Eh?—parpadeó repetidas veces al tratar de creer lo que estaba escuchando. Concentrarse en esa oración era tan difícil como ver un barco en pleno mar tormentoso.
El morocho rodó los quinqués.
—Me casaré contigo—musitó pausadamente saboreando sus propias palabras. Incluso a él le sorprendió su respuesta. Pero era natural.
La muchacha sintió que su corazón saltó fuera de su pecho, huyendo lejos gritando como un loco sin remedio y las piernas no le resistieron demasiado, una dolorosa sensación de alivio y confusión la tiraron de rodillas al suelo.
El agua de sus ojos no dejó de caer.
Sasuke se acuclilló frente a ella y llevó una de sus manos a la mejilla de la Hyuuga, acariciándole el pómulo mojado por el llanto. Su rostro seguía teniendo ese tinte estoico de siempre, aunque un minúsculo sonrojo se apoderó de sus mofletes.
—Sasuke—su voz saturada apenas si podía salir a través de sus dientes. Miles de emociones la estaban golpeando una y otra vez en un ciclo sin fin.
—Eres tan tonta—masculló frunciendo ligeramente el ceño, más no lo decía como un insulto—, aun no eres lo suficientemente fuerte para luchar sola y sin embargo lo hiciste todo este tiempo, ¿no sabes que eso es irritante?—la pellizcó sin demasiada fuerza y ella cerró un ojo para quejarse un poco.
—Lo siento.
El camión se estacionó junto a ellos, aunque no llevaba muchos pasajeros nadie bajó cuando abrió la puerta. El chofer les miró y una pareja de universitarios los observaron con cierta curiosidad desde la ventana.
—No me interesa oír tus disculpas, ya no importa, lo hiciste y te castigaré debidamente más tarde—advirtió con un ligero tono pícaro entre líneas—. Sobre todo porque has decidido alejarte de mí por tu propia voluntad, ¿realmente lo ibas a hacer? Irte aun si yo me opusiera…
La intensidad con que sus miradas chocaban le erizó la piel.
—…
—Me siento enojado—admitió llevando su otra mano a la mejilla libre de su oveja y las prensó ligeramente otra vez.
—Perdón—susurró sintiendo que sus mofletes se ponían rojos no sólo por la vergüenza sino también por los pellizcos suaves del lobo.
—¿Y bien?
—¿Huh?
—¿Cómo vas a hacerte responsable ahora? Me has convertido en tu prometido—ladeó el rostro con una sonrisa torcida—. ¿O te retractaras?
—No… no me retractaré.
—Bien, porque no hay manera de que te hubiera dejado hacerlo. Seria vergonzoso dado que has sido tú la que se me ha propuesto, de verdad que eres algo especial, ¿no conoces lo que es el orgullo de un hombre?
—Yo…
El autobús cerró al ver que esos dos no subirían de momento y continuó su recorrido.
—Sin embargo, no es como que podamos casarnos todavía, probablemente sería una estupidez hacerlo apresuradamente sólo porque te vas a ir en un año—razonó, aunque muy en el fondo se insultó a sí mismo por descartar la opción de marcarla como suya para que los idiotas de allá supieran que no podían poner ni un maldito dedo o mirada sobre ella. Sin importar cuan jóvenes, impulsivos y arrebatados fueran, casarse no era algo que se tomaba a la ligera—. Tú… ¿de verdad no puedes quedarte?—murmuró y su voz se agravó un par de tonos.
—Lo siento…
—Tsk. Eres realmente molesta—gruñó—. En momentos como estos, siento que puedo odiarte, ¿sabes?—estrechó la mirada y ella se relamió los labios secos.
—Puedes…—tragó saliva y él la miró fijo esperando a que continuara—. Puedes venir conmigo… a Estados Unidos.
Sasuke abrió los ojos un poco más y sus pupilas se achicaron un tanto. Hinata estaba siendo tan honesta como valerosa. Definitivamente estaba asombrado con la forma en que ella demostraba haber crecido, madurado y fortalecido todo este tiempo. Fue como si comenzara a brillar incandescentemente para sus fanales, tan fuerte como una estrella. Una estrella que podía ser de esas perpetúas en la noche, o una fugaz que debía ser inteligente para capturar.
Esa sugerencia era muy tentadora.
—No—pronunció sacudiendo un poco la cabeza, la peliazul respingó un tanto asustada de haber dicho algo mal—. No me malentiendas pequeña tonta—dijo a sabiendas de que ella no comprendería sus palabras—. Iría contigo, si pudiera hacerlo. Pero no puedo—la muchacha contuvo la respiración—, yo dejaría todo por ti, sin embargo también debo ser consciente que no sólo soy yo quien debe tomar esa decisión. He sido muy egoísta en un montón de aspectos desde que puedo recordar, y aunque mis padres lo han consentido y sé que no se opondría si se los pidiera, yo no puedo seguir siendo así. Tú has crecido y te has hecho más fuerte, en cambio yo sólo me he quedado parado sin hacer mucho esfuerzo. Como soy ahora, si me fuera siguiéndote, no estoy seguro que pudiera mantenerme a tu lado sin herirte todo el tiempo—aseguró bajando sus manos para coger las de ella—. Tsk, esto es tan estúpido y cursi, creo que si te odio—rebuznó.
Ella rió un poco y las lágrimas pararon.
—Lo siento.
—Por lo que voy a esperarte—prometió—, te esperaré tanto como pueda aguantar, así que no te garantizo que no me vaya a aparecer por allá en algún momento.
—Vale—sonrió con las mejillas rebosando de ese precioso rojo tan apetecible.
—También, hasta que te vayas, te haré tantas veces el amor que cuando estés allá no puedas dejar de pensar en mi—murmuró contra su oreja para que sólo ella, y ni siquiera el viento, pudiera escucharlo.
Hinata se volvió un tomate humano.
—Vale…— no se atrevió a elevar el rostro. No obstante el lobo le cogió por el mentón para poder besarla con sutil pasión y adoración. Era una caricia tan caliente y a la vez amable.
El lobo comenzaría a atesorar más que antes sus recuerdos con la oveja, después de todo, sólo tenían un año.
Hinata abrió los ojos con lentitud. Miró el techo fijamente por unos siete minutos, aquel no era su cuarto, tampoco era su cama, pensó y luego giró el rostro hacia su derecha, sus cabellos estaban un poco revueltos sobre su rostro. Sus hombros mostraban esa nacarada piel al estar desnudos, el resto de su cuerpo era cubierto por la sabana negra del lecho en el que reposaba; se levantó un poco y la tela se le escurrió, se acomodó sobre su codo para observar mejor al hombre que dormía su lado con tanta tranquilidad que el rostro del muchacho parecía el de un niño pequeño que estaba soñando. El reloj marcaba las ocho de la mañana en punto de aquel domingo luego de ir al cementerio, habían pasado tantas cosas que no las sentía reales del todo aún. En el piso se apreciaban las marañas de ropa que entre besos y caricias se habían perdido cuando llegaron a casa. Sasuke respiraba acompasadamente y con pesadez, una característica típica de quien duerme profundamente, sus brazos estaban enroscados a la cintura de la Hyuuga, abrazándola como si se tratara de un tesoro que guardaba celosamente cerca. Él se movió un poco inquieto y la jaló inconscientemente contra su pecho, la nariz de la oveja chocó contra éste y aspiró su olor varonil causándole un poco de cosquillas al moreno. Sus labios sin querer besaban la piel expuesta y esto le pareció un poco vergonzoso, aunque de igual modo no se apartó, levantó la mirada y grabó en su cabeza como los mechones azabaches enmarcaban la cara de su novio. Le conferían un aire tan inocente como maduro y tranquilo. Sus pestañas eran largas, profusas, tanto que sin pensar mucho sacó una mano para acariciarlas, lentamente pasó sus dedos por las facciones el lobo. Desde sus parpados, descendió suavemente por sus pómulos, delineó su nariz recta y acarició la línea de sus belfos entreabiertos. Su mano tembló un poco y absorta en los recuerdos de lo que esa boca era capaz de hacer sus mofletes se llenaron de líquido carmesí. Su corazón latió desbocadamente y permitió que cientos de miles de fantasías llenasen su cabeza.
Lo amaba.
Saboreó para su adentros esa afirmación, sin duda lo hacía, él era la persona que más quería en este mundo; amar era poco en comparación con el tumulto de sentimientos que le llenaban las costillas, pululando como miles de pequeñas esferas que se acumulaban desde el fondo hasta el tope. Había un puñado de cosas que deseaba decir y prometer, pero sabía que ninguna de ellas saldría de su garganta con tanta facilidad. Sus orbes reflejaron una incontable cantidad de pensamientos cálidos que le quemaban las retinas. Con un poco de dubitación se acercó a los labios del lobo e intentó robar un beso de ellos. Sin embargo se detuvo pues la vergüenza le ganó.
Él tiró de ella.
Hinata sintió como sus parpados se abrían todo lo permitido biológicamente por ellos cuando su boca fue atrapada en un beso voraz. De lado a lado el pelinegro la estaba acariciando. Mordió un poco para que le dejara profundizar y luego de un segundo ella se rindió a su seducción. Sasuke la estrechó entre sus brazos y el pecho de ambos chocó. Un ligero calor los envolvió, pues había que recordar que no tenían ninguna barrera física entre ellos. La sabana terminó por quedar encima de la cadera de ambos, permitiendo así distinguir la delicada espalda de la ojiperla y el fuerte pecho del Uchiha. Su tacto era desinhibido y hasta cierto punto, muy natural.
El lobo y la oveja ya estaban acostumbrados el uno al otro.
…
Mutismo.
El tintineo de una cuchara se escuchó al caer contra la inoxidable superficie de la estufa. Hinata se giró sobre sus talones mecánicamente, y una cierta pena por maltratar los utensilios de Mikoto que profanaba cada vez que se quedaba a hurtadillas cuando no estaba la embargó. No obstante las palabras que recién había soltado el azabache mientras la esperaba recargado contra el lavaplatos le desconcertó por completo. Pestañeó un par de veces intentando sopesar su significado. Más no era capaz de lograrlo.
—¿Qué dijiste?—inquirió todavía ida.
—Dije que quiero hablar con tu padre—repuso cruzándose de brazos sin la menor preocupación por sus propias palabras.
—¿Ha…Hablar?
—Llegados a este punto, es lo más natural ¿no te parece?—profirió—. Obviamente no le voy a decir que tan profundos son nuestros lazos, pero supongo que debo presentarme—soltó y le supo extraño—, después de todo no puedo simplemente quedarme de lado mientras tú le enfrentas sola.
—Pero…
—Pero nada, tu plan es valiente, aunque también estúpido, no voy a permanecer al margen más tiempo. Además a quién le importa lo que diga él, sea como sea sigues siendo mía, pero siento que debo hacerlo. Por lo que cuando estés lista para enfrentarlo, yo iré contigo y no es una sugerencia—gruñó.
La Hyuuga encontró la razón dentro de sus palabras, además que ya era tiempo de que le presentara a su novio al cabeza de la familia; sin embargo tenía miedo de lo que su padre pudiera hacer cuando se enterara que no sólo desobedecía sus órdenes, sino que además se relacionaba con los rivales ancestrales de su clan. Seguro que ahora sí que le daba por muerta y la sacaba del registro familiar. No sabía que haría Hiashi cuando llegara con un Uchiha del brazo para presentárselo como su pareja. No conocía a su progenitor o al menos no sentía que lo hiciera, nunca fueron cercanos y desde la muerte de su madre la brecha entre ambos era cada vez más y más grande al punto que casi parecían un par de extraños al verse. Así que no podía predecir su respuesta.
Sólo podía rezar.
Hacer una centena de plegarias a los dioses que fueran para que nada malo ocurriera. Era lo único que la oveja podía hacer sobre ello.
—Vale—accedió acomodándose una crin tras la oreja y observó la superficie de la sopa que estaba haciendo.
El cronometro de la arrocera sonó y los bullicioso "poc" de las burbujas del sartén avisaron su completa cocción.
Sasuke la miró de soslayo y lanzando un suspiro le tomó la mano con la que se peinaba, ella saltó sorprendida y clavó su mirada en él.
Perla contra ónix.
—No importa que pase Hinata—musitó—, no estoy dispuesto a dejarte ir, así que confía en mí.
El lobo no mentía y la oveja lo supo.
—Yo tampoco voy a dejarte ir.
Sin importar la circunstancia, esas manos unidas jamás se soltarían.
Tres meses transcurrieron luego de ese día.
Sasuke había dicho que acompañaría a Hinata a sus clases extras y que le ayudaría con lo que ella no entendiese de ellas. De igual modo Neji le impartía lecciones privadas por la noche sobre las relaciones de la corporación y sus esquemas sociales. Hanabi también había dado un poco de su apoyo y le llevaba todos los manuales de cortesía y modales que habían sido para ella cuando era más pequeña. Después de todo al haber sido dejada de lado, Hinata no fue instruida en un montón de aspectos que tendría que dominar si quería plantarle frente a su padre con todas las armas que necesitaba. Desde aprenderse al derecho y al revés los nombres de cada uno de los inversionistas de la empresa, pronunciar correctamente un leguaje extranjero sin acento, hasta como inclinar la cabeza frente alguien para mostrar respeto sin menguar su orgullo. Todos y cada uno de estos talantes se fueron puliendo en la oveja. Quien día con día cambiaba un poco al ir adquiriendo más cultura. Era una persona inteligente, pero demasiado tímida en el pasado. Su madurez y fortaleza habían crecido tanto en los últimos meses que el lobo no tuvo que poner mucho esfuerzo en entrenarla para posarse con inmodestia mientras erguía la espalda rectamente y posaba sus ojos tan brillantes en los de su interlocutor demostrando así que no retrocedería por más duro y tajante que fuera su adversario.
Habían olvidado todas las horas de práctica frente a Itachi, que les había dado su auxilio en algunas ocasiones cuando fueron a visitarle en su nueva casa, haciendo de oyente y crítico constructivo para con la dicción y postura de su pequeña cuñada; también eran incapaces de recordar cuantos consejos les había dicho Chisato haciendo referencia a su experiencia en los juzgados, donde la presión de un severo observador revolvía las entrañas de los más fuertes de corazón. Inclusive Naruto y los demás se habían visto involucrados en toda la preparación de la ojiperla cuando les habían cogido después de clase en medio de una práctica de debate. Cabía decir que el Uzumaki estaba tan espantado por escucharlos discutir tras la puerta, que choqueado por ello soltó un montón de tonterías sobre virus mutantes e inducciones alienígenas que seguramente aquejaban a sus amigos.
Ninguno de ellos se esperaba la decisión que había tomado la joven cuando el par de novios se sentó a explicarles la razón de sus duelos verbales, pero aún si no estaban muy de acuerdo, no dudaron en socorrerlos con gusto. Si había una mínima posibilidad de cambiar el destino de su amiga, lo harían no importaba el precio que tuvieran que pagar a cambio. Incontables tardes en el despacho del consejo estudiantil habían sido el escenario que cada uno de ellos veía al salir de sus actividades extraescolares. Entre risas, gritos, algunos golpes por parte de cierto par de mejores amigos y rivales, Hinata Hyuuga se fue volviendo más y más fuerte.
De este modo, el verano llegó a la ciudad de Tokio.
El sol se posó en lo más alto del cielo, alguna que otra nube paseaba perezosamente por el firmamento azulado. Las vistas de las calles se distorsionaban un poco por las ondas de calor que producían los rayos del astro rey y el sonido de las cigarras en los patios de las escuelas resonaban como en una sonata de la época. El uniforme de los institutos había cambiado y ahora lo llevaban más ligero y corto de las mangas. Dentro del aula donde estaba la clase 3-F el sonido que producía el ventilador era parecido a un traqueteo metálico, el aire acondicionado se había averiado tres días antes por una falla de los circuitos gracias al sobrecalentamiento y tardarían poco más de una semana en arreglar la instalación eléctrica; Hinata levantó la vista de sus apuntes de literatura y bajó el lapicero cuando clavó sus orbes perla en el cristal de la ventana a su izquierda, necesitaba despejar su cabeza y no sólo concentrarse en la distribución de una oración metafórica. Distinguió una libélula azul sobre las flores del alfeizar del balcón y en el gran lienzo celeste las líneas desdibujadas por los aviones.
Mañana era el tan esperado día.
Aunque aún no estaba perfeccionado, todo su entrenamiento había dado frutos muy dulces y por fin se había atrevido a interrumpir a su padre en el despacho de su casa para pedirle que se reunieran al día siguiente en un restaurante. Pues le comunicaría su respuesta y también tenía algo importante que decirle a su progenitor. No mentiría y diría que no le dolió ver que Hiashi se mostraba receloso, por no decir indiferente a ella. Aun así el empresario había pedido delante suyo a su asistente que le despejara la agenda para atender a su hija mayor.
Estaba nerviosa y ansiosa, las manos le sudaban cada que recordaba que el tiempo estaba sobre ella. Hiashi Hyuuga era un hombre severo, pero ahora la peliazul era diferente. Estaba segura que podía plantarle cara correctamente.
Ya no huiría más.
La clase terminó como siempre y los alumnos comenzaron a levantarse y estirar los brazos para luego de ello retirarse a casa. Ese día no tendrían el periodo de la tarde pues los profesores asistirían a una junta académica de medio semestre. Por ende las actividades extra quedaban suspendidas hasta el día siguiente, incluyendo también los comités y el consejo estudiantil.
La Hyuuga no podía recordar cuando había sido la última vez que había salido temprano y en compañía de todos. Al crecer y avanzar a su siguiente etapa, cada uno comenzaba tener nuevas responsabilidades, tales como por ejemplo Naruto que de vez en cuando no podía ayudarlos con las lecciones de la peliazul debido a que se iba directo a la casa de su padrino Jiraya para socorrerlo con algunos encargos de su novela y demás. Sakura adquirió más compromisos en su trabajo a tiempo parcial en la clínica cerca de su casa. Ino debía ayudar en la florería después de clases asistiendo a entregas en eventos. Sai andaba ocupado recientemente con una exposición de su club en una galería que el profesor a cargo había obtenido, y era el mayor expositor por ser el presidente. Chouji consiguió un trabajo en un restaurante de BBQ el mes pasado y estaba muy entusiasmado aprendiendo del dueño, aparentemente el arte culinario lo estaba seduciendo. Shikamaru iba a sus clases extras todavía, pero también se veía mucho últimamente con cierta chica universitaria de cabellos rubios cenizos. Shino tranquilamente se había ido del club de biología y luego de ayudar a Hinata pasaba el resto del día en la universidad donde su padre daba clases estudiando alguna que otra especie rara de insectos. Kiba se encargaba de cuidar a unas crías de lobo que la reserva de su familia había acogido por una temporada antes de que les fueran a reubicar; su relación con la muchacha de ojos perla y el novio de ésta se había vuelto más tranquila, pues el Inuzuka se rindió con sus sentimientos que no tenían esperanza.
Todos ellos estaban comenzando a sentir lo que era el mundo de los adultos, probada a probada, era como un trozo de tarta. Por lo que cuando el Uzumaki había sugerido escandalosamente ir a Ichiraku para devorar algunos platos de ramen ninguno de ellos se negó.
—¡Hay que hacer un brindis-ttebayo!—sugirió el rubio muchacho parándose y alzando un tarro de té Oolong* como una improvisada jarra de cerveza.
El local había sido remodelado recientemente y ahora era más espacioso, ya no sólo era la barra sino que además ahora poseía un cuarteto de cubículos donde los grupos de personas podían sentirse más en confort para sus reuniones. Los cojines para sentarse resultaron ser bastante cómodos a decir verdad y el arte clásico de tinta china era sobrio según Sai.
—¿De qué hablas?—cuestionó Sakura sorbiendo un poco del caldo de sus fideos y limpiándose el resto de la comida con una servilleta.
—Es como hacer una plegaria en el templo Sakura-chan, todos pediremos porque mañana las cosas salgan bien con Hinata-chan—explicó golpeándose el pecho orgullosamente por su ocurrencia, el collar de cuarzo azul que llevaba al cuello bailó sobre el dobladillo de su camisa blanca. Sasuke masticó su alimento mientras miraba fijo al blondo, como si le acabase de salir una tercera cabeza a su mejor amigo o hubiera dicho que sería primer ministro de Japón.
En cambio la aludida parpadeó ofuscada, atragantándose con un pequeño trozo de zanahoria que después pasó con un trago de agua.
—Vale, esa es una fantástica idea, me apunto—secundó la Yamanaka elevando su propio vaso con una picaresca mueca de diversión pura.
—Supongo que está bien pedir un poco de suerte—sonrió la ojijade. Negó con la cabeza ante la idea de ser envuelta en semejante acto tan infantil, pero sin duda interesante.
Se sentía como una premonición de las reuniones de ex alumnos.
—Suena bien para mí—concedió Chouji mascando un trozo de puerco.
—Como sea, no hay otra cosa más problemática que hacer—el de coleta puntiaguda elevó su tarro.
—Venga Sai, tú también—codeó la novia del morocho de piel pálida.
—Vale.
—Entonces todos elevemos los tarros pues—ladró Kiba poniéndose de pie igual que Naruto.
—…—el Aburame simplemente alzó su bebida.
—¡Anda Teme, tú y Hinata-chan también levanten sus tés!—apuró el ojiazul sonriendo de oreja a oreja. Parecía un niño que apuntaba su espada de papel al cielo antes de declarar vigorosamente la que sería su hazaña más grande como líder y equipo durante un perfecto verano.
—Cállate Dobe—gruñó limpiándose los labios, aun así el Uchiha hizo lo que su amigo pidió.
—Gracias, Naruto-kun—musitó Hinata conmovida por las intenciones del zorruno chico. El cual le respondió con una brillante sonrisa socarrona, de esas que sólo él podía dar a alguien para hacerlo sentir que cualquier cosa era posible, incluso que lloviera chocolate.
—Vale—exclamó aclarándose la garganta—. ¡Deseamos la suerte para nuestros amigos en su enfrentamiento de mañana, que el esfuerzo de Hinata-chan le dé la victoria rotunda contra su padre, y que Sasuke salga vivo de conocer a su suegro-ttebayo! ¡Salud!
—¡Salud!
Los tarros chocaron estridentemente y algunas gotas del líquido cayeron por sus manos.
—¡Auch! ¡¿Por qué me pegas Teme?!
—Hmmp.
El resto sólo atinó a reír al ver como el rubio hacia pucheros y murmuraba cosas sobre que el Teme ya no lo amaba como antes. Éste simple y llanamente le ignoraba olímpicamente mientras terminaba su propia comida, aunque conociéndolos era seguro que en cualquier momento comenzarían a darse porrazos a diestra y siniestra, obligando entonces a que la novia del Uzumaki los terminara por separar con amenazas y tirones de orejas.
La oveja y el lobo tenían buenos amigos.
Respiró hondo, reteniendo el aire dentro de sus pulmones por unos escasos quince segundos, despejando sus pensamientos y manteniendo la calma. Por algún motivo el cuello de la camisa negra que traía puesta le picaba en la piel, como si tuviera una cosa rasposa en lugar de algodón natural en su estructura. También la corbata le parecía estar un poco apretada y con los dedos se la aflojó. Pasó su mano izquierda por las hebras azabaches para despeinarlas frenéticamente y bufó. Resoplando como un animal atrapado en una jaula de la que no podía escapar, el movimiento del coche de su familia, que jamás utilizaba, le resultó lento, muy lento. Él no era la clase de persona que se ponía nervioso con facilidad, por no decir que no conocía del todo esa sensación, sin embargo, si sabía lo que era la ansiedad y ese sudor en las manos, más el estar mirando contantemente el reloj de su muñeca, eran claros ejemplos de sus síntomas. Estaba ansioso, aunque se resistiera a confesarlo con todas sus letras. Hoy era el día. El día en que su oveja demostraría la fuerza que había conseguido con tanto esmero. No negaría que estaba orgulloso en cierta medida, como si hubiera criado a alguien para ser grande en la vida. No obstante la expectativa estaba al asecho, ella podía lograrlo, el lobo lo sabía en su infinita sabiduría. Hinata tenía todas las armas, todos los argumentos, todo el apoyo.
Tenía el poder de cambiar su destino.
Y Sasuke lo sabía. Por eso también estaba con la guardia alta, si la Hyuuga caía ahora, se rompería como una muñeca de cristal, desparramando sus piezas estrepitosamente por todo el suelo. Ella corría peligro de ser herida a un nivel incalculable, destrozada sino lograba hacer que su padre cambiara de perspectiva. Quedaría reducida a las migas de una confianza mutilada si ella no había logrado cambiar esa parte de su personalidad. Quería creer que lo había hecho, que no tenía que preocuparse, y sin embargo lo hacía.
Estaba preocupado a morir.
La oveja no dejaba de ser frágil y el lobo lo sabía perfectamente. Así que no la soltaría, tomaría su mano con tanta fuerza que nada la apartaría de su lado, ni un meteorito o bala lograría tal estúpido cometido. Se quedaría junto a ella aunque tuviera que morir por ello.
Porque la amaba.
El auto aparcó. Se detuvo justo enfrente de la entrada de un restaurante bastante caro y elegante. Unas letras cursivas en francés le daban un nombre un poco difícil de pronunciar para muchos, alzándose con esa pintura dorada que recriminaba la clase social a la que sus puertas estaban dirigidas. Muy pomposo e idiota, pensó. El chofer le dirigió una mirada disimulada por el retrovisor y el Uchiha atinó suspirar cansadamente antes de coger su saco grisáceo del respaldo del asiento. El chalet de la entrada le abrió la puerta como parte de un código de cortesía del local y le lanzó una sonrisa de monigote que Sasuke devolvió con un ceño fruncido y un chasquido de lengua. Sacó las piernas y la suela de sus zapatos de marca crujieron contra el tapete de la que cubría la acera. Realmente detestaba esa ropa y esos lugares, no le gustaban, desde niño fue así, aunque estaba sujeto a ese mundo por la familia en que nació, no obstante eso no significaba que tuviera que agradarle; pero la ocasión lo ameritaba, y se lo tomaría en serio. La portezuela se cerró y el automóvil arrancó, se puso la chaqueta en un movimiento suave y refinado, su expresión era tranquila como siempre, casi inexpresiva, aunque no fuera eso en realidad.
Auscultó el sonido de varios coches a su espalda, era la zona de la ciudad en que se concurrían los niños ricos a presumir de sus máquinas, pisando el embrague para hacer rugir el motor de los corceles de hierro. El moreno pensaba que aquello era infantil, por no decir cuan peligroso resultaba. Estiró el cuello y relajó los hombros, sacudió la cabeza para espantar los pensamientos pesimistas y con paso firme se encaminó hacia el interior del restaurante. Un ligero olor a flores y pasta italiana le llenó las fosas nasales, el tintineo de los cubiertos y los mormullos de las conversaciones acompañados de risas sonaban como el zumbido de un mosquito. El hombre de la recepción, un sujeto de aspecto estirado con los pelos castaños peinados hacia atrás con excesiva minuciosidad y gel, le miró de arriba abajo. Dando paso a que el ojinegro cavilara en las veces que se había dado el lujo de sacar a quienes no pasaran el nivel de porte que los comensales debían mostrar, el cual él naturalmente pasaba. Sintió asco. En su familia le habían criado para no pensar en el dinero como algo demasiado importante y derrochado. Tenían cuentas bastante grandes si se ponía a contar, más Fugaku y Mikoto se habían encargado de inculcar el sentido de la humildad en sus dos hijos a lo largo de sus vidas. Así que obviamente estaba irritado de estar ahí.
Observó la decoración de la recepción y supo que el hombre de antes lo miraba con expectativas, como si estuviera esperando a que dijera su nombre para llevarlo a su mesa o musitarle con una sonrisa mal disimulada que ya no había cupo.
Tan idiota.
Un taconeo le hizo girar sobre la parte redonda de sus pies. Sus orbes se abrieron ligeramente y una mueca de satisfacción leve se grabó en su rostro al ver a su novia llegar.
Fue subiendo lentamente desde los pies que llevaban un par de Gucci blancos, delineando las blancas y largas piernas desnudas, subiendo por el vuelo del vestido lila, pasando por el escote con bordados de piedras, las clavículas preciosas; y terminando en ese rostro tan exquisito. Los mechones de su semi-largo cabello azulado estaban un poco ondulados en las puntas y le enmarcaban la cara con sutil destreza. Muy hermosa, demasiado quizás. Fulminó con la vista al recepcionista que parecía haber visto a un ángel, lo cual no estaba errado a decir verdad. Sasuke carraspeó haciendo que el hombre se atragantara con su propia saliva y mirara a otro lado sonrojado furiosamente.
Hinata sonrió y sus mejillas se ruborizaron ligeramente.
—¿Estás lista?—inquirió parándose delante de ella.
—Sí.
—Vale—le ofreció su brazo y la ojiperla dudó un poco en cogerlo. Pero igual se sostuvo de él con fuerza.
—Mi padre ya está aquí—indicó por lo bajo mientras se dirigían al recepcionista para mencionar el nombre de la reservación. El sujeto, de nombre Morikawa, según su carnet del chaleco, no pudo evitar sentir envidia del morocho al tiempo que les decía las indicaciones sobre su lugar.
—Me lo imaginaba.
—Neji-niisan se quedó en casa, así que seremos solamente nosotros tres, vi a su asistente en el estacionamiento.
—Hmm.
—Sasuke—llamó cuando entraron al salón lleno de mesas y personas.
—¿Qué?
—No me dejes caer—pidió temblando un poco. El Uchiha estrechó la mirada, la observó de reojo luego dirigió su atención al frente nuevamente, posó su mano libre sobre la de la muchacha, quien atinó a respingar.
—Ni aunque me muera.
—Gracias—su sonrisa, fue suave y brillante.
El tono de un piano esbozaba las notas de Debussy, Claro de luna sonaba cuando la ojiperla distinguió la espalda de padre al fondo del salón. Una mesa alejada del bullicio de los demás comensales, bastante apropiada para lo que estaba destinado a suceder ahí.
—"Es hora"—anunció el azabache dentro de sus pensamientos.
Hinata aspiró hondo y su agarre se tensó. Dejó ir el aire y sus ojos se serenaron.
—Padre, gracias por venir, lamento la demora—pronunció con tono sobrio.
Hiashi se volteó hacia ella con expresión inflexible. Los ojos del mayor se mostraron ligeramente sorprendidos y confusos al reparar en la presencia del hombre al que su hija se aferraba tenazmente. Clavó esos quinqués perla en la figura de la Hyuuga menor y exigió una silenciosa explicación.
Sasuke optó por adelantarse.
—Buenas noches señor—musitó fijando sus ojos en los del patriarca. Él lo observó estoicamente—, perdone mis modales, me presento algo tarde ante usted, mi nombre es Sasuke Uchiha, soy…
—Sé quién eres niño—interrumpió el castaño—. Conozco a tu padre por más tiempo del que me gustaría presumir.
—Ya veo, entonces no hay necesidad de una cordialidad tan molesta—espetó con un poco de arrogancia, Hiashi alzó una ceja.
—¿Qué hace aquí el hijo menor de los Uchiha, Hinata?—pasó de él para mirar a su primogénita con dureza.
—Él…
—Como decía señor Hyuuga, vengo a presentarme a usted—retomó Sasuke algo irritado por ser dejado de lado a mitad de sus palabras. El susodicho lo miró con reproche.
—Los Uchiha siguen siendo tan impacientes como siempre.
—No conozco lo que es característico de los "Uchiha" he sido así desde que tengo memoria.
—Incluso la arrogancia es semejante a la del padre.
—Gracias.
Sus ojos soltaban chispas. Era una tensión inmensa la que se estaba percibiendo.
—No era un alago niño Uchiha.
—Lo sé.
—¿Qué haces aquí?—su tono se hizo más frio. Su paciencia se agotaba poco a poco.
—Estoy aquí porque debo mostrarle mis respetos a usted—informó apretando los dientes con irónica gracia—,"aunque en realidad me dan ganas de hacer lo contrario"—agregó mentalmente.
—¿Hmm?
—Soy el novio de su hija—soltó sin anestesia alguna, estaba harto de darle rodeos—. Por eso estoy aquí—habían decidido omitir por el momento que se habían comprometido. Eso era más bien una promesa entre el lobo y la oveja para compartir su futuro.
El silencio cayó cruelmente sobre ellos tres.
—¿Qué?—tanto Sasuke como Hinata era conscientes de que esa pregunta no era debido a que no hubiera escuchado, sino más bien porque lo había hecho estaba dándoles una segunda oportunidad para retractarse de ello.
Oh, pero que inocente.
—Es como oyes padre, Sasuke Uchiha es mi novio, hemos estado saliendo por casi un año—la joven tomó la palabra a partir de este punto.
—¿En verdad piensas decir esta clase de tonterías Hinata? ¿Estás dispuesta a desperdiciar mi tiempo con este tipo de bromas? No seas tan incompetente incluso para oponerte a mí. No sé qué clase de trato hiciste para involucrar a los Uchiha, pero no tiene caso que nos deshonres más rebajándote a pedir ayuda a otros, definitivamente eres una vergüenza, por eso debemos tomar las decisiones por ti—exclamó cruelmente.
La peliazul se mordió el labio y el Uchiha se contuvo para no responderle.
Ahora era la pelea de Hinata.
—Lo sé, sé que soy una vergüenza para ti y para la familia, padre—pronunció pausado—. Pero no creo que esto sea una deshonra, ni nada que tenga que ver con rebajarse o algo similar. Tampoco es una broma y no estoy disponiendo de tu tiempo como me place, no soy más alguien a quien puedas decir eso—sus pupilas estaban dilatadas por la excitación de la adrenalina.
—Si no estás aquí para decirme que iras a Estados Unidos o que te casaras con quien hemos decidido, no veo porque deba quedarme—se puso de pie.
—No, padre—negó quedamente y se soltó del brazo de Sasuke. El cual se ordenó mantenerse quieto. Hinata estaba temblando ligeramente, pero sus fanales eran claros.
Ella no huiría más, no temería más.
—¿Huh?
—Te equivocas—los ojos de ella se clavaron un segundo en el piso, luego alzó el rostro con ímpetu—. ¡Yo estoy aquí para hablarte con claridad y darte mi respuesta!—alzó la voz un par de octavas, su garganta vibró—. Desde que tengo uso de razón no he sido más que el error de tu vida, porque no soy digna de nuestro apellido, porque no me parezco a ti ni a Hanabi que son perfectos, y también sé que me odias porque mamá murió debido a mí, sé eso mejor que nadie—Hiashi le miró como si hubiera soltado una blasfemia en su presencia. ¿Así veía ella a su padre? Como una persona tan despiadada—. Soy egoísta por desear que me apruebes aun sabiendo que sólo puedo traerte decepción, igualmente lo sé. Por mucho tiempo lo creía así, que yo me merecía ser odiada, desplazada, que era débil y sabía que no debí ser yo quien viviera aquella ocasión. No sabes cuantas veces lo pensé, cada día, todo este tiempo desde que mamá murió, he deseado que hubiera sido yo la apuñalada—esa oración le dolió a más de uno escucharla—. Pero no puedo regresar el tiempo, por más que rezara Dios no me concedió ese deseo. Entonces creí que era correcto vivir como una fracasada, marginada por todo el mundo, dejando que me pisoteara. Creí que era mi destino—sonrió con ironía. Sus ojos sintieron escozor—, pero estaba equivocada, padre.
—¿Equivocada?
—Sí, equivocada. Yo no tenía que vivir ocultándome y llevando sobre mis hombros la culpa de una situación que siendo tan pequeña no pude evitar. Era una vergüenza, sí, pero no para ti, sino para mi madre, ella murió por mí y yo desperdiciaba esa vida siendo tan estúpida. Sucedieron un montón de cosas padre, muchas que me hicieron ver cuán equivocada había estado—su pulso era acelerado y el calor se alojó en sus orejas—. Conocí a personas bondadosas, maravillosas y cálidas que me enseñaron el cariño al que yo me había negado por tanto tiempo. Me encontré con Sasuke, él más que nadie me mostró lo que era amar a alguien pese a todos sus defectos, pese a todas sus debilidades, pese a todos sus miedos. El amor que él me reveló, me salvó del borde al que me había orillado, estaba perdida y me halló entre tanta oscuridad. Me hizo amarme a mí misma y en el proceso lo amé a él también. Encontré la fortaleza que necesitaba donde menos lo esperaba—relató abstraída en el mar de emociones que la impulsaban a soltar todas esas palabras—. Fui herida, sí. No fue fácil, también. Quise retractarme, ¡Por supuesto! Pero no lo hice, no huí. Y hoy, ahora, en este momento tampoco huiré de ti y de nadie más. La yo que lloraba y se escondía ya no existe más, padre.
Sasuke sonrió con orgullo disimuladamente.
Por eso la amaba tanto.
—…—Hiashi guardaba silencio, sintiéndose el peor de los hombres por toda la desesperación que había inducido en su hija. No obstante al mismo tiempo un genuino sentimiento de suficiencia al escuchar a Hinata lo embargó.
—Yo iré a Estados Unidos, padre—informó silbando por la velocidad de sus palabras. Era su imaginación ¿o todo estaba dando vueltas calurosamente?—. Iré allá por mi propia voluntad.
Él se mostró genuinamente desconcertado.
—¿Qué?
—Me diste dos opciones, cada una con sus respectivas condiciones—se ordenó control, su voz había salido cristalina—. Iré, estudiaré en una universidad de allá—aseguró—. Pero no me quedaré ahí para hacerme cargo de la sucursal americana.
—Eso no es lo que te dije—repuso automáticamente.
—Lo sé—asintió—. Pensé conscientemente en ello y decidí tomar una, y moldearla con mis propias peticiones.
—¿Peticiones, qué peticiones?—pestañeó aturdido, esa no era su hija, no recordaba nunca haberla visto tan decidida.
Ella no retrocedería.
—Sí, peticiones—inhaló y exhaló antes de continuar—. Entraré en una de las mejores universidades americanas y si logro sobresalir allá, cuando regrese debes reconocerme.
—¿Reconocerte?
—Debes reconocerme como la heredera oficial de la corporación Hyuuga—una pequeña bomba explotó.
—¿De qué estás hablando? La heredera es Hanabi, ella…
—Ese es otro punto, padre—irrumpió—. Hanabi diligentemente ha hecho caso de tus órdenes y me ha reemplazado todo este tiempo, se sacrificó porque yo no era suficientemente fuerte para protegerla. Pero ya no, no dejaré que siga siendo así, mientras yo esté en el extranjero, permite que ella disfrute sus años de instituto con calma y si preocupaciones. Sin más lecciones, ni maestros o eventos. Yo tomaré la responsabilidad.
—¿Responsabilidad? ¿A caso sabes la mitad de lo que tu hermana sabe ahora?—no quería ser así, pero sus palabras no sonaban diferente.
—No, ella sabe más. Sin embargo no me he quedado de brazos cruzados, he estado preparándome, You verify my results, if you stop to see what I've done*— enunció perfectamente en ingles al final—. Así que no debe preocuparse por quedar en vergüenza al presentarme, no lo haré más, también he estado estudiando duramente sobre las relaciones corporativas y a sus miembros, tengo algunas sugerencias respecto a ello, pero este no es el momento. De igual manera, le ruego que la condición del matrimonio no me la imponga más a mí ni intente hacerlo con mi hermana, seré la mejor en todo padre, me convertiré en una buena presidenta como usted en el futuro, a cambio le pido eso, déjeme casarme por amor y con quien yo quiera—pidió inclinando la cabeza con elegancia, de soslayo miró a Sasuke que asentía en aprobación—. Considéreme seriamente, no se arrepentirá.
Terminó.
Respiró como si hubiera corrido una maratón y la cabeza le bailó sobre los hombros. Aun así se quedó firme sobre sus pies. Había dado todo de sí en su discurso. Sólo restaba esperar la respuesta de su padre.
El tiempo de silencio era como un cuchillo atravesando la carne con lentitud.
—No.
La contestación fue devastadora.
—¡Padre…!
—Suficiente Hinata—demandó con fuerza—. Consideré tus palabras, porque has hecho gran esfuerzo en plantearlas, pero sigue sin parecerme suficientemente convincentes, aun eres una niña, no puedes cuidar de ti misma ¿y piensas que con ese plan tan ingenuo lograras demostrar algo? Por favor, si has cambiado, te darás cuenta que no es cierto.
—¡No sea inflexible!
—¡No me hables en ese tono!
—¡Por favor!—rogó.
—Esta conversación terminó.
Apretó las manos con tanta fuerza que sus nidillos se hicieron blancos.
Este gesto no pasó desapercibido para el morocho.
Hiashi emprendió camino hacia la puerta sin importarle exageradamente las apariencias en esos momentos. Era demasiada información para procesar. Debía encontrar otra manera de que su hija aceptara ser protegida, ella era débil, seguía siéndolo, y él como su padre tenía que protegerla. Lo había prometido a su querida esposa. No podía fallar.
Hinata aún era muy joven para decidir por sí misma, no quería soltar su mano todavía, quería lo mejor para ella, aunque pareciera todo lo contrario. Quizás no era bueno para demostrar sus sentimientos, Neji lo sabía, su hermano lo sabía, por eso ambos se parecían tanto cuando le decían que fuera más honesto, que así no se malinterpretaría. Pero las crianzas de la familia Hyuuga eran muy escarmentadas y difíciles de romper.
—¿Va a irse así?—se detuvo al escuchar al Uchiha hablar con dureza—. ¿Va a actuar como un cobarde, porque tiene miedo de creer en ella?—indagó sin girarse. El hombre y él estaban de espalda a espalda. Algunos de los comensales les miraron. Hinata se estremeció. Sus rodillas comenzaban a temblar como una gelatina—. ¿La subestimara por su amor hacia su hija? ¡No bromee con eso idiota!—gruñó girándose con brusquedad y tomando la mano de la oveja se acercó al mayor—. Sea honesto—demandó—. Las palabras de Hinata son tan ciertas que tiene miedo de no poder rebatirlas, por eso se niega a permitir una oportunidad de seguirlas—indicó contundente—. ¡Usted sólo teme perderla, admítalo!
—¡Cállate mocoso! ¿Quién te crees que eres para hablarme así?—gritó furioso—. ¡Como yo crie y cuide a mi hija, no te importa en lo absoluto!
—¡Claro que sí!
—¡Ni creas que por no decir nada, te he aceptado como su novio, yo no reconozco esta relación!
—¡Eso no me importa, ella es mía le guste o no a usted o cualquier otro imbécil!—al demonio las formalidades.
Hinata notó nerviosa como los trabajadores se revolvían y los guardias no tardarían en pedirles que desalojaran el lugar con una clara advertencia de no volver jamás.
—¡¿Qué?!—nunca había sido ofendido de ese modo.
Ese Uchiha era un descarado altanero, irreverente y lo más fastidioso, es que tenía razón y eso era punzante y le sabía fatal, como amargo en el paladar.
—¡Lo que oyó! ¡Así que sólo limítese a confesar que teme confiar en ella!
—¡¿Y eso por qué te importa niño?!
—Porque si tiene miedo de no protegerla—comenzó apretando fuertemente la mano de su novia, dándose valor—. Yo lo haré. No tiene que confiar en mí, confié en su hija, y no tiene que tener miedo por no protegerla, yo la protegeré.
—¡¿Y por qué la protegerías mocoso?!—nunca se había visto a Hiashi tan exaltado como ahora, jadeaba y una vena de su sien palpitaba horriblemente, su rostro estaba rojo.
Hinata temió por su padre.
—¡Porque yo, me casaré con ella!
Un disparó se escuchó, las palabras del lobo fueron como una bala, directa y contundente. Él tampoco se retractaría, la oveja le pertenecería, pesara a quien le pesara.
Hiashi Hyuuga colapsó.
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Continuara
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Terminé por fin. Lamento muuuucho la demora, tenía que acostumbrarme a mi universidad y a los horarios, cuando llegaba a casa era para dormir y cuando me despertaba era para hacer tarea. Pero todo sea por una vida mejor. Espero recompensar un poco la espera con este capítulo tan largo, XD. Perdón si la frase en ingles no está del todo bien empleada, es a lo que llego con mi nivel, trataré de corregir los errores después. Gracias por sus comentarios me encanta leerlos, así que espero sus opiniones para este capítulo.
1*Té Oolong: El oolong (Chino simplificado: 乌龙; Chino Tradicional: 烏龍; Pinyin: wūlóng) (también conocido como té azul), es un té chino tradicional (Camellia sinensis) que queda entre el verde y el negro en oxidación que le da un característico tono azulado. Está entre los tipos de té más populares servidos en los restaurantes chinos típicos.
2* You verify my results, if you stop to see what I've done quiere decir: Usted comprobará mis resultados si se detiene a ver lo que he hecho.
Sin más por el momento.
Akari se despide.
Yanne!
