Advertencia: Los personajes de Candy Candy son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic sin fines de lucro.
Historia Ficticia. Todos los personajes nuevos son de exclusiva invención de esta autora.
Notas de la autora: Capítulo extra...
Capítulo XXVI
Un amigo desde mi infancia
Candy no quiso firmar el pedido de licencia, porque ella no lo había solicitado, y no encontraba justo que fuera destituida de sus funciones por tener que declarar sobre la presencia de Charlie en el hospital
-Lo siento señora Franklin, pero no voy a firmar el permiso de licencia- dijo Candy muy respetuosa
-Pero debes firmarlo, son órdenes del director- dijo la mujer
-Bien. Si es una orden del director, entonces pediré audiencia con él para poder discutir mi punto de vista- Candy, había crecido mucho en personalidad durante estos meses en que había tenido que enfrentarse a su familia, especialmente a la tía abuela. Ya no era la niña desvalida que todo el que quería podía pisotear, había aprendido a defenderse de los que querían hacerle mal, y también dar a conocer sus puntos de vista en forma respetuosa pero concisa.
-¡Audiencia con el director!- exclamó la enfermera mayor- tú crees que es llegar, pedir audiencia y ya, te van a atender al decir soy Candy White- decía la enfermera sarcásticamente
-No sé si será rápida o lenta la respuesta del director, pero no voy a firmar sin hablar con él. Podría facilitarme el permiso…
-Ahí lo tienes, ve y veremos lo que pasa- dijo muy molesta la Sra. Franklin
-Muchas gracias- dijo Candy y salió en dirección a la oficina del director, el doctor Lenard
Candy entendía perfectamente que había incurrido en una falta al no descubrir la identidad de Charlie, pero nadie podía enjuiciarla por ello, él estaba vendado, como saber que no era quien decía ser…- no seas tonta Candy- se decía- tú eres la novia de Terry, es imposible que te crean que no lo conocías… pero por otra parte puedo decir la verdad, que estaba tratando de que volviera al reformatorio para que pudiera superarse en el tiempo… sí, eso haré, la verdad siempre delante- tomada su decisión, la rubia enfermera llegaba a la oficina del director cuando
-¡No has cambiado nada, pequeña traviesa!- escuchó una voz conocida detrás de ella
-¡Mary Jane!, ¿qué hace aquí?- preguntó Candy
-Ven conmigo Candy- dijo Mary Jane como respuesta
-No puedo Mary Jane- dijo Candy bajando la mirada
-¿Por qué?
-Es que…- Candy tenía mucha confianza en su mentora, le relató todo lo sucedido esperando que ella comprendiera los porqués de la situación
-¿Entonces tú encubriste a un ladrón juvenil?- dijo realmente asombrada de lo que oía
-¡No!... ¡sí!... ¡no!... yo trataba de que él se entregara a la policía y que volviera al reformatorio, pero él no quiso, y alguien lo descubrió y…
-Se lo llevaron, y ahora tú estás en problemas
-Si lo pone así… sí- dijo Candy avergonzada
-No te preocupes "torpe", eres demasiado humanitaria, siempre pensando en los demás antes de hacerlo primero por ti… serás una gran enfermera. Ahora ven conmigo, yo te ayudaré a solucionar este embrollo en el que te has metido- dijo Mary Jane
-Gracias Mary Jane- dijo Candy y la siguió
Mientras iban hasta una sala del hospital, Candy recordó lo sucedido hace unos días con una enfermera que había ido a la guerra, pero ahora estaba internada en el hospital, ya que en un bombardeo, Marta, (así se llamaba la enfermera), protegió a un soldado y la herida resultó ser su pierna izquierda teniendo que ser amputada. Candy, aunque había madurado, no había dejado de ser curiosa y preguntó
-Así que usted trabajó en este hospital
-Sí, hasta que me enviaron al frente
-¿Estuvo en el frente de guerra?
-Sí Candy, fui enfermera voluntaria, necesitaban muchas, y seguirán necesitándolas, los heridos no acaban
-Pero ¿Qué fue lo que le sucedió?
-Esto- dijo, y levantando la frazada que la cubría, dejó ver que su pierna izquierda era una prótesis ortopédica
-Lo siento tanto- decía Candy- no debí preguntar
-No te preocupes Candy. Esto me lo gané por salvar a un soldado, no me arrepiento de ello, él pudo haber muerto si yo no hacía nada. Lo que si siento… es frustración al no poder ir nuevamente al frente.
Candy había estado meditando sobre las enfermeras de guerra. Ellas eran a sus ojos, unas valientes y decididas mujeres que dejando atrás familia, amigos, trabajos, se dedicaban a servir a los heridos que la guerra estaba dejando- no hay diferencia entre enfermos y heridos de guerra- se decía Candy- para nosotros las enfermeras solo deben existir los seres humanos, no podemos discriminar raza ni nacionalidad, todos somos iguales- nuestra rubia enfermera se repetía constantemente esta consigna, enseñada por el doctor Robson
-Pasa Candy- la voz de Mary Jane la sacó de sus pensamientos, ya estaban a la puerta del cuarto al que se dirigían, y entrando en él, se percata de que sus cuatro compañeras ya estaban esperando
-¡Mary Jane!- exclamaron al verla
-Buenas tardes muchachas- saludó la enfermera mayor- se que les sorprende verme, pero debo decirles que estoy aquí por un motivo en particular que les compete como alumnas de la escuela de enfermeras Maryland
-Y ¿Qué es eso tan importante Mary Jane?- preguntó Flamy
-Bien… como sabrán la guerra en Europa se está acrecentando a pasos agigantados, necesitando así un mayor contingente de enfermeras. El Hospital Santa Juana, debe enviar a cinco de sus enfermeras al frente en Italia, y la Escuela de Enfermeras Maryland, enviará a una de ustedes a Francia
-¡Que!... enfermeras de guerra… hará una selección…si tengo que ir, renuncio…si hubieras sabido esto, no estudiaría enfermería… no quiero ir al campo de batalla… no quiero dar preocupaciones a mi familia- y así cuchicheaban entre ellas Judy, Nataly y Eleonor, Candy y Flamy se mantenían al margen, solas con sus pensamientos
-Si nos mandan al frente, si soy elegida… ¡no veré mas a Terry!... yo no podría ir a la guerra, le prometí a Terry que nunca sería voluntaria en caso de que se necesitaran- pensaba Candy
-Como les decía, una de ustedes irá al frente de batalla en Francia- habló nuevamente la enfermera mayor- pero les daré la opción de que se ofrezcan, si ninguna es voluntaria, tendré que designarla yo
Todas quedaron heladas, si ninguna se ofrecía como voluntaria, Mary Jane sería quien designaría. Las cinco eran potenciales enfermeras de guerra… ¿a quién escogería? En eso Candy, que sabía no podía ofrecerse por la promesa hecha a su novio, se acordó de Michael Blanc, el médico amigo de Elisa que estaba justamente en Francia, él le había dicho que aunque nunca más se volvieran a ver, la medicina les uniría- Michael está en Francia, él es médico y necesita de las enfermeras para poder cumplir con su labor- pensaba Candy
-Iré yo, Mary Jane
-¡Flamy!- exclamó Candy en voz bajita, nadie la oyó- se ofreció sin dudar, es muy valiente
-Muy bien Flamy- habló Mary Jane- Quédate conmigo, tengo que darte algunas indicaciones- y dirigiéndose a las demás- ustedes pueden volver a sus labores. Candy, espérame en el pasillo
-Si- respondieron las chicas, y salieron
-Flamy- comenzó Mary Jane, una vez quedando solas- en tres días partirás a Europa, junto a las cinco enfermeras que envía este hospital… se que eres una alumna muy aventajada, y que saldrás victoriosa en cualquier cosa que te propongas, pero…- demoraba en hablar y Flamy se puso nerviosa- pero debes aprender lealtad
-¿A qué se refiere con lealtad?- preguntó la morena
-Al problema con Candy y el paciente que se hiso pasar por el actor de teatro, que sabemos es el novio de Candy
-¿Ella dijo algo? Es una chismosa…- dijo la morena con desprecio
-No Flamy, ella no me dio ningún nombre… fue el director quien me puso al tanto de lo sucedido- cuando la joven escuchó que el director había contado a Mary Jane lo sucedido, se sonrojó hasta las uñas
-No… no entiendo- dijo muy avergonzada
-Lo que tienes que entender, es que la lealtad hacía tus compañeras es lo primero, no estoy justificando el actuar de Candy, pero antes de dar aviso a la policía, lo menos que se podría esperar de ti, era que pusieras al tanto de lo que harías a Candy
-Pero…
-No Flamy. Reconoce que te equivocaste. Has solucionado una situación incómoda a tu manera, dejando a Candy muy mal parada, al punto de que la querían despedir del hospital, sacarla de sus funciones
-Yo no sabía que iba a suceder algo así…- dijo "algo" arrepentida, porque siempre ha sido su deseo ver muy lejos del hospital a Candy
-Por lo mismo no le diré a nadie lo ocurrido, así como sé que Candy tampoco lo hará. Piensa Flamy, adonde sea que vayamos, siempre necesitaremos de los demás, y dejándolos en el camino, no tendrás a nadie a tu lado en momentos difíciles. Ahora puedes irte- dijo Mary Jane, muy desilusionada del actuar de Flamy
La noche en que la policía llegó por Charlie, había sido Flamy quien los llamó. Ella había estado espiando a Candy, durante todo el día, pero como la rubia enfermera estaba en otra sección del hospital, no pudo verificar sus sospechas de que su compañera estaba protegiendo la identidad del paciente. Candy, muy de noche logró ir a la habitación de su amigo, y Flamy escuchando la conversación escondida en la oscuridad, pudo salir de dudas y sin pensarlo, apenas pudo habló con el director para avisar a la policía. Recibió del doctor Lenard la ayuda necesaria para que ella saliera limpia de todo el embrollo, solo se supo que una enfermera había dado aviso, pero no su nombre.
El doctor Lenard, en un abrir y cerrar de ojos, decidió sacar a Candy de sus funciones, despedirla si era posible, el hospital no se podía dar el lujo de tener a una enfermera que no se manejaba conforme a la ética. Después de pensarlo mucho, llegó a la conclusión de que Flamy no había actuado correctamente, pero él tampoco se había tomado el tiempo de analizar los sucesos e investigar por su parte, llegando a concluir, que aunque Candy tenía algo de culpa nunca la llamó para saber el porqué la chica no dio aviso a la policía y encubrió al joven delincuente.
Resultó, que esa misma mañana, había llegado al Hospital Santa Juana, Mary Jane, fundadora y directora de la Escuela de Enfermeras Maryland, por el asunto del envío de enfermeras a la guerra en Europa. Como era protocolo pasar por la oficina del director del centro hospitalario, el doctor Lenard, comentó a la mentora de nuestra Candy el problema suscitado y las acciones tomadas inclusive el despido de su protegida.
Mary Jane, intercedió por Candy, mencionando todos los atributos de la enfermera y no dejo pasar el error del mismo director, dejando claro que el método o las formas en que se sucedieron las cosas, fueron mal encausados.
-Se que me equivoqué Mary Jane, y ahora quiero remediarlo- decía el doctor Lenard
-Nos conocemos hace muchos años, Lenard, pero debo decirte que reconocer el error es el primer paso a encontrar una solución
-¿Que está pensando Mary Jane?
-Algo muy simple… yo veré a Candy antes de que ella llegue hasta usted, y le diré que todo fue un error administrativo, usted no me desmentirá, y asunto arreglado, ella sigue en sus funciones y con sus pacientes y usted no tendrá problema alguno con esa pequeña enfermera de carácter tan juguetón.
-Suena tan fácil, pero resulta que la jefe de enfermeras también está enterada, y no está muy a gusto con Candice en sus filas
-Bien… tendrá que sobreponerse a eso, como jefe de enfermeras, ella tiene que aprender a tratar con todas y cada una de las chicas que llegan a su administración, esto también es parte del aprendizaje de una enfermera, aún siendo la jefa
-Tiene razón Mary Jane. Estoy muy agradecido de su intervención en este asunto
-No se preocupe, conozco a mis chicas y sé que ninguna de ellas actuó de mala fe, solo no supieron tomar las decisiones correctas, y para eso estamos nosotros, para guiarlas y orientarlas en su labor
Y así era que Mary Jane encontró a Candy en el pasillo camino a la sala de dirección, llevándosela con ella a la elección de quien iría a la guerra. Cuando su mentora salió de la sala terminada la conversación con Flamy, se dirigió a Candy y le dijo
-Puedes volver a tus funciones normales Candy
-Pero tengo que ir primero a hablar con el director…
-No será necesario, yo ya hablé con él, y lo del despido ya no corre, fue un error administrativo, seguirás estudiando y trabajando en el Hospital Santa Juana- terminó su frase regalándole la mejor sonrisa a su protegida regalona.
Dos días después, las seis enfermeras, todas voluntarias, partían a un viaje al viejo continente, de donde nadie sabía su futuro
-Gracias por todo chicas- se despedía Flamy de sus compañeras- no se preocupen por mí, no pienso morir en esta guerra infame- dijo subiéndose al coche que la llevaría en el principio de su viaje.
Candy no pudo dejar de pensar en Flamy en todo el día. Llegada la noche, sola en su habitación, pensaba en lo valiente y decidida que era Flamy. Ir de voluntaria a la guerra era algo de lo que ella no se sentía capaz, no podría dejar a Terry, sus primos y amigos, sus madres, los chicos del hogar… no, ella era una cobarde, no dejaría por nada del mundo a sus seres queridos por propia voluntad.
La situación en Europa era cada vez más grave.
Candy se levantó algo más tarde que de costumbre, era su día de descanso, y pensó en salir a caminar para despejarse un poco de todas las cosas que había sucedido en tan pocos días. Saliendo del hospital intentó tomar un coche para ir a un lugar cerca del río donde encontraba paz y podría disfrutar de la naturaleza. No encontraba un carruaje que la acercara adonde ella quería ir
-¡Candy!, ¡Candy!- escuchó que la llamaban y sonaban una bocina
-¡Stear!... que sorpresa, ¿qué haces aquí? y Patty, tu también
-Vine a despejarme un poco de los estudios, entrar a la universidad no es nada fácil…¿ y tú?
-Es mi día libre, y pensaba ir al parque que se acerca la rio…
-Que bueno, podremos ir los tres- decía Patty
-No, no, no, haría muy mal tercio
-No digas eso, súbete, vamos de paseo- invitó Stear y Candy no se resistió mas, subiendo al automóvil, se fue de paseo
-¿Y cómo han estado tus días Candy?
-Esta semana ha sido muy difícil Patty. Tuve problemas con un interno que resultó ser un delincuente juvenil- Candy hablaba de Charlie cuidando su identidad- que después de varios días lo regresaron al reformatorio. Solo espero que pueda superarse y no siga delinquiendo
-¡Que peligroso!, ¿no te dio miedo Candy?
-No, amiga, él estaba muy mal herido, ni siquiera podía moverse de tan mal que estaba. Las primeras noticias eran que no sabían si sobreviviría- dijo esto cuando llegaban al lugar de esparcimiento, el día era hermoso y se podría disfrutar sin dificultad
-Sabías que la guerra avanza a pasos de gigante en Europa- dijo Stear, cuando se acomodaban en el lugar
-Ese es otro tema que vivimos en el hospital esta semana
-¿Qué quieres decir?
-Stear, te acuerdas de Flamy, una de mis compañeras de la escuela…
-Si… creo que si… la morena de anteojos malhumorada- dijo Stear divertido
-Sucede que se fue al frente de guerra en Francia, como enfermera voluntaria- dijo Candy
-Voluntaria…- dijo Patty
-Sí. Nos dieron la oportunidad de ofrecernos para ir, y ella fue la única valiente que dio un paso al frente
-La guerra amenaza con destruir todo, y nosotros aquí sin poder hacer nada- Stear pensativo con los sucesos
-Lo sé, pero ¿qué podemos hacer nosotros? La guerra es en Europa, aquí no ha llegado, no podemos involucrarnos en algo que nosotros no hemos generado Stear- decía Patty, preocupada por su novio desde hace días que estaba mostrando indicios de querer ir a la guerra
-Pero puede haber algún modo de ayudar, así como lo hacen médicos como Michael, se acuerdan, al que conocimos en la fiesta que dio Elisa- recibiendo una afirmación silenciosa de las chicas, continuó- o como lo hacen las enfermeras voluntarias, van a la guerra arriesgando sus vidas, dejando todo atrás, dando un paso de valentía, siendo que pueden morir en ese lugar… me entienden
El silencio reinó por varios minutos entre los tres amigos
-Stear, tú ya estás ayudando- decía Candy mirando a su primo
-¿Cómo?
-Vas a estudiar para crear aviones, eres un científico, y tu mente trabaja a toda máquina, quiero decir, el día de mañana, cuando esta guerra acabe, tus inventos y los de tus compañeros serán de ayuda, tú estarás preparado para defender a nuestro país en caso que se presentara otra guerra, tus conocimientos serán mayores…- Candy sabía, presentía que su primo deseaba hacer algo para ayudar, pero ir a la guerra no era algo que ella lo dejaría hacer
-Pero eso no ayuda ahora Candy…
-Lo sé… lo sé, pero ¿qué pasaría si tus conocimientos fuesen necesarios ahora?, en la Universidad de Aeronáutica, se necesitan cerebros que nos ayuden en los avances tecnológicos que vendrán con el tiempo. Imagínate, que los que quisieron volar la primera vez, hubiesen decidido no hacer el intento, sino guardarlo en sus cuadernos, o el que pensó en hacer un automóvil, o el ferrocarril, el telégrafo, o el teléfono, cómo podríamos escuchar música sin un gramófono… si no fuera por hombres como ellos, quizás todavía estaríamos en la época de las cavernas- dijo Candy con vehemencia. Stear y Patty la escuchaban y no dijeron nada…- además, si vas a la guerra y mueres, tu ciencia e inteligencia lo harían contigo. Eres mucho más necesario en la universidad creando, que volando en una guerra que no nos pertenece.
Los tres se quedaron pensativos, las palabras de Candy, lograron poner a pensar a Stear, que la situación no se arreglaba con que él fuera a ayudar en una guerra que no le pertenecía. Como decía Candy, quizás sería más necesario en América que en el frente de guerra. La universidad estaba a la vuelta de la esquina, y comprendió que su inteligencia, ingenio y perseverancia en hacer las cosas era algo que podría utilizar a favor de su nación. Candy, sin saberlo con seguridad todavía, había podido hacer mirar a Stear hacia el futuro, donde se pudo ver junto a Patricia haciendo familia, una vez se recibiera de ingeniero aeronáutico.
Pasaron la tarde juntos, disfrutaron como hace mucho no lo hacían. Stear y Patty contaron a Candy que las cosas entre Archie y Annie, no iban nada bien. Archie, había perdido su alegría, estaba taciturno, y no encontraba la forma de hacer entender Annie que lo de ellos no llegaría a ningún final feliz.
Llegaron a la conclusión de siempre, no podían hacer nada sin la presencia del tío abuelo o que los padres de Annabeth, dieran por terminado el compromiso. George había viajado a Nueva York, porque el propio Williams Andrew lo había mandado llamar, pidiendo le llevaran unos documentos en forma urgente. Habían pasado los días, y ninguna noticia de ninguno de los dos hombres. Candy ya no sabía que pensar.
Cuando su primo y amiga la dejaron por la tarde en el hospital, Candy vio que había un gran ajetreo en urgencias. Una vez vestida con su uniforme, supo que había llegado un herido algo violento al hospital. Tratando de satisfacer su curiosidad, fue directo al lugar donde era llevado el paciente. Iba vendado de la cabeza, ya que había recibido un fuerte golpe en ella, y Candy al verlo, se encontró mirándolo más de lo normal, porque encontraba que esa cara la había visto en otro lugar
-Ese rostro yo lo conozco- se decía Candy- si le ponemos lentes y barba… ¡oh Dios mío!… ¡es el señor Albert!- exclamó la rubia enfermera al darse cuenta de que el herido era su amigo de siempre
-Doctor, que le sucedió al paciente- preguntó Candy
-El tren que venía desde Nueva York a Chicago, descarriló y hubieron muchos heridos, gracias a Dios no hay muertos… y ese animal ¿qué hace aquí?- dijo el médico mirando hacia una mofeta que estaba encima del paciente recién ingresado
-¡Puppé!- exclamó Candy, y el animalito al reconocer su voz se va encima de ella para que la tome en brazos
-Enfermera, hágame el favor de sacar este sucio animal de aquí
-Si doctor- dijo Candy, mientras Puppé, hacía ruiditos queriendo ir con Albert- basta Puppé, si te comportas así, me veré en la obligación de sacarte de aquí- Candy acariciando al animalito
-Doctor Lenard- dicen los enfermeros que llevaban a Albert- ¿a qué cuarto lo llevamos?
-Al cuarto cero
-¡Al cuarto cero!- se dice Candy- ese cuarto es sucio y oscuro, es el cuarto para criminales y gente sin familia. No puedo permitir que lo pongan en ese cuarto…
-¡Doctor Lenard!- llamó Candy al director del hospital, este se detiene y le dice
-¿Que sucede enfermera?
-Yo conozco a ese hombre, no lo ponga en el cuarto cero
-Tu lo conoces, sabes su apellido, su edad, su domicilio- Candy se quedó pensando en que realmente nunca Albert le había dicho su apellido, menos donde vivía. Peor aún, recordó que Albert vivía en una cabaña a mal traer en los predios de los Andrew, en compañía de los animales. Esas señas de él, no servirían para nada
-No. Solo sé su primer nombre- dijo Candy- somos viejos amigos pero nunca me habló de su familia. En realidad no sé nada de eso doctor Lenard
-Entiendo- dice el doctor Lenard poniendo su mano en la barbilla como pensando - es mejor que te vayas, no puedes hacer nada por él, parece ser que ese hombre ha perdido la memoria
-Amnesia… quiere decir, que Albert no recuerda nada de su pasado- decía Candy abrazando a Puppé
-No sabemos nada de él. Ni siquiera sabemos si podrá pagar su cuenta, pero no te preocupes, la herida es leve, puede ir al cuarto cero. Hacemos todo lo humanamente posible Candy- dijo el director entrando en su oficina
-Espere- volvió a hablar Candy- puedo hablar con usted en privado- el doctor Lenard la quedó mirando y luego de unos segundos dijo
-Pasa Candy- y entrando la muchacha, tomaron asiento y la enfermera dijo
-Le aseguro doctor Lenard, que el paciente se llama Albert, y es mi amigo desde la infancia, quiero hablarle un poco de él para que entienda el porque solicité hablar con usted en privado
-Te escucho Candy- el doctor no estaba muy seguro de oír lo que la enfermera quería compartir con él, pero entendiendo que la situación anterior se le había salido de las manos (lo de Charlie), lo pensó mejor y accedió
-Bien, conocí a Albert cuando era pequeña- comenzó Candy- él siempre me dio ánimo y me alentó en mis malos momentos. Cada vez que le he necesitado, Albert ha estado para darme una mano. Me reconforta y permanece al lado mío, nunca me abandona cuando me ve aproblemada. El tiene una filosofía de vida que dista mucho de lo que todos conocemos como buenas costumbres, prácticamente vive con sus animales, él es amante de la naturaleza, sabe- así Candy conversó con el doctor todo lo que sí conocía de Albert, resumiendo la historia a más no poder
-Entiendo lo que me cuentas Candy, pero, ¿adónde quieres llegar?
-Pues… usted sabe que provengo de una familia acaudalada, ¿verdad?
-Sí Candy, conozco tu historia, pero…
-Como le dije, Albert es mi amigo, y yo quisiera que él estuviera muy bien atendido, es por eso, doctor Lenard, que yo me haré cargo de los gastos médicos y hospitalarios, no tiene que enviarlo al cuarto cero
-Eso cambia las cosas. No creo ir en contra de ninguna regla si acepto tu sugerencia… está bien Candy, lo enviaremos a un cuarto cómodo- dijo el director, viendo como Candy agradecía en silencio y a la vez con una sonrisa la respuesta recibida.
Cuando Candy salió de la oficina del director, llevaba órdenes precisas de cambiar a Albert del cuarto cero a uno de cirugía. En sus pensamientos no dejaba de rondar la palabra amnesia. El director le había dicho que Albert tenía pérdida de memoria, pero ella no creía que eso fuera cierto
-¡Candy!- escuchó que la llamaban. Eran sus compañeras Judy y Nataly- ten cuidado con el paciente Candy, dijeron que fue algo violento cuando le quisieron traer hasta aquí- le decía Nataly, realmente preocupada
-Además- agregó Judy- escuché que tiene amnesia
-Espero que no sea verdad que sufre de amnesia- decía Candy, abrazando a la mofeta- cuando despierte nos reconocerá a Puppé y a mí, claro que nos recordará
Estaban en medio del pasillo las tres enfermeras, cuando escuchan a una mujer pedir que le dejen ver a su esposo…
-Por favor- se escuchaba la mujer- déjenme ver a mi esposo
-Señora por favor, tranquilícese, díganos cuál es el nombre de su esposo, para poder ubicarlo en el hospital- decía la enfermera que en ese momento estaba en recepción
-Su nombre es Will…
-¡Karen!- escuchó la mujer y al darse vuelta ve a Candy acercándose con la mofeta en sus manos- ¿qué haces aquí?- pregunta la rubia enfermera
Por la cabeza de Karen, que en ese momento era un embrollo, de pensamientos e ideas, recordó que cuando Albert le dijo quién era, pidió que no se lo dijera a nadie. Alcanzando a ordenar las palabras que debía decir
-Candy, que bueno que te encuentro- decía Karen al borde del llanto- yo también venía en el tren que descarriló…
-Estás herida- la interrumpió Candy, mirándola de arriba abajo descartando que existieran heridas, y afirmando a la mofeta que quería librarse del agarre de la pecosa
-No, solo golpes pequeños… pero ayúdame a encontrar a mi esposo- dijo sollozando, en eso la mofeta se suelta de los brazos de Candy y de un salto se sube en los de Karen- Puppé… ¡Oh! Puppé, si tú estás aquí debo suponer que Albert también
A Candy, le sorprendió ver que Karen lloraba, y dijera "esposo", ¿desde cuándo era casada?, además conocía a Puppé. Existía la posibilidad de que no fuera el mismo Albert, que solo fuera un alcance de nombre, pero… Karen conocía a Puppé y el animalito la reconocía a ella también… no, no puede ser tanta casualidad. Tratando de sobreponerse a la noticia, Candy ordenaba sus pensamientos y las palabras que fueron dichas. De un momento a otro todo lo que escuchó cobró sentido
-¿Albert? ¿Estás casada con Albert?- dijo Candy no creyendo lo que oía
-Sí Candy, mi esposo es Albert… ¿lo has visto?- preguntó llena de esperanza, a lo que la pecosa respondió una vez recuperada de la sorprendente noticia
-Sí Karen… sígueme- y las dos mujeres tomaron rumbo a la habitación donde habían puesto a Albert. En el camino no se dijeron nada, ninguna podía hablar. En la cabeza de Karen lo único que daba vueltas era el querer ver a su esposo con bien. Llegando a una de las puertas del pabellón por donde la llevaba Candy, la enfermera le dice a su amiga
-No te vayas a asustar, pero Albert sufrió un golpe en la cabeza, tiene una herida leve… pero las vendas hacen que todo se vea más grave- decía Candy preparando a Karen para que no se impresionara al ver al paciente
-Bien, te creeré. Puedo estar tranquila- decía Karen haciendo un gran esfuerzo por conseguir esa tranquilidad... Candy abrió la puerta del cuarto, y al entrar encontraron a Albert aún inconsciente a causa de los tranquilizantes que le suministraron cuando se había puesto violento. Karen se acercó al lado de la cama y con mucha ternura acarició a su esposo en la cabeza, y dirigiéndose a Candy, dijo…
-Veníamos de Nueva York, ya casi llegábamos a Chicago cuando el tren comenzó a fallar. Puppé se puso nervioso y quiso huir, saltando de los brazos de Albert. Entonces como el animalito es más bien escurridizo, tratando de alcanzarlo, Albert se levantó del asiento, y justo en ese momento el tren descarriló. Albert no alcanzó a afirmarse y lo vi caer al pasillo, fue ahí que sufrió el golpe en la cabeza y yo no pude acercarme por que el vaivén del tren era muy brusco.
-¿Pero cómo fue que llegaron separados al hospital?- preguntó Candy
-Todo pasó muy rápido. Luego de descarrilar el tren y terminar de dar tumbos, el polvo que se levantó con el accidente, era en verdad mucho- Candy se fijó en el aspecto de Karen y pudo dimensionar la cantidad de polvo que se debe haber levantado- en eso, me giré para abrir la ventana y que el aire se despejara un poco, pero no dio resultado. Al volverme para atender a Albert, el ya no estaba, la gente se había vuelto loca tratando de salir del vagón y se aglomeraron en la entrada, era todo un caos- Karen como buena actriz que era, hacía las mímicas de todo lo que iba relatando- Por más que lo intenté, no pude localizar a Albert. Entonces alguien que me vio desesperada me dijo que las ambulancias se habían llevado a los heridos, que fueron muchos, que quizás ahí estuviera mi esposo. Como yo lo vi quedar inconsciente, supuse que era así y vine directo al hospital.
-Gracias a Dios, no fue más grave el accidente- dijo Candy leyendo la tabla de anotaciones que estaba al final de la cama - dice el doctor que quizás Albert tuviera amnesia
-Amnesia…eso quiere decir que no se acuerda de nada- decía Karen al borde de las lágrimas
-Tranquilízate Karen…
-¿Cómo me pides que me tranquilice? Puede que mi esposo no se acuerde de mí, y me pides calma…
-Hasta que no despierte, no podemos saberlo. Si te lo digo es para que estés preparada, para cualquiera sea la secuela del golpe- Candy trataba de usar las palabras que menos dolieran a Karen. Ella misma, aún siendo enfermera y solo una amiga del Albert, estaba muy complicada con el supuesto de que haya perdido la memoria- puede existir mareos, vómitos, cambios de humor- continuó la pecosa- También existe la posibilidad de que no le suceda nada de lo que se espera. Nadie sabe cómo actúa la mente Karen, es algo que aún la ciencia no conoce a cabalidad… tengamos fe- decía Candy tratando de dar ánimos a su amiga
-Si. La fe, es todo lo que nos queda…
-Sabes, tengo que agradecer que apareciste tú como alguien de su familia. Yo solo conozco de él- dijo mirando hacia la cama- su nombre de pila. Terry también lo conoce. Cuando estábamos en el colegio en Londres, Albert ayudó a Terry en una pelea callejera…
-Estas hablando en serio- dijo Karen, realmente sorprendida por lo que oía- Albert me contó de ustedes en Londres, pero esa parte de la historia no la detalló…
-Entonces, tengo muchas cosas que contarte Karen, pero antes tenemos que cambiar a Albert de habitación. Iré a buscar a unos camilleros y solicitar una habitación en cirugía, para que esté mucho más cómodo
-Sí, gracias Candy, ya me parecía que este cuarto no era precisamente el mejor- decía Karen
-Bien, los dejo solos, voy y vuelvo
Candy salió del cuarto cero, a solicitar una habitación en el pabellón de cirugía, no demoró nada en conseguirlo, con la orden que le había entregado el doctor Lenard, luego un par de camilleros la ayudaron a trasladarlo. El lugar era muy agradable, el ventanal daba al jardín interno del hospital, y era muy iluminado. La esposa y la enfermera, acomodaron a Albert lo mejor que pudieron y Candy dice
-Karen, yo sé que eres la esposa de Albert, pero quiero ser yo quien corra con los gastos del hospital- Karen no esperaba que Candy le ofreciera pagar ella la hospitalización, pero tuvo que reconocer que la propuesta era como caída del cielo, si bien estaba casada con Albert, ella no contaba con dinero aún, como para hacerse cargo del gasto, y pensándolo bien, Williams era el padre de Candy
-Acepto Candy, muchas gracias- respondió Karen
-mmmm- se escuchó desde la cama- mmm, mi cabeza- Albert se quejaba de dolor. Karen comenzó a hablarle muy quedito, sin dejar de acariciar aunque sea una mano de su esposo y Candy decidió salir a buscar al médico inmediatamente. Si Albert había despertado, era el momento de saber que tan grave había sido el golpe- ¿será que realmente perdió la memoria?...
Continuará
Más notitas: ¡Llegó Albert!. Un saludo especial para las Albertfans que leen este fic. Nos leemos.
