N/A: Antes que nada una disculpa por el tiempo de ausencia; pero últimamente he recibido algunos comentarios sobre este fic y el deseo de que se continúe y heme aquí. Estaré publicando dos capítulos, este que es el 26 y el 27, mismos que también están publicados en otro sitio, pero debo mantener el hilo de la historia en ambas páginas para que vayan a la par. Asimismo, me disculpo por los errores ortográficos y sé que andan por ahí porque leí el fic como tres veces, pero igual se me han escapado.

N/A2: He abierto una página en FB (me pueden encontrar como CheerioFan) en donde pueden colocar cualquier tipo de comentario y cuando digo cualquier, puede ser las reclamaciones por mi desaparición, o alguna otra pregunta o sólo para pasar a saludarme y darme ánimos para que me apure. Sin más, por el momento, les dejo aquí el capítulo 26 y 27.

***BS***

Brittany miró a su alrededor, examinando los artículos uno a uno, cada uno más curioso que el anterior y, de inmediato se preguntó, ¿cómo es que nunca había entrado a una sex shop en su vida? Pero la respuesta era clara, luego de que Santana desapareciera de su vida, el apetito sexual de la rubia se redujo considerablemente y bueno, el sexo con Artie, hacía muchos años que había dejado de ser divertido y excitante.

Cada noche una duda la asaltaba, ¿acaso todos los matrimonio sufrían lo mismo que el suyo? Porque de ser así, entonces para qué casarse si la vida personal se tornaba aburrida en todo sentido. Quizás por eso existía la infidelidad, para sentir esa adrenalina producida por la pasión y ¿el peligro? Sin embargo, Brittany sentía que ese no era su caso; a decir verdad, la relación adúltera que tenía con Santana iba más allá, habían profundos sentimientos de por medio, aunque éstos fueran inconclusos.

La mujer siguió su recorrido teniendo en mente un producto en particular, estaba decidida a no dejar aquel lugar no sin antes comprar lo que quería, pero sus ojos curiosos la estaban retrasando. De hecho, su atención se desviaba frecuentemente hacia los pocos consumidores que también visitaban la tienda, todos parecían nerviosos de estar ahí, algunos sólo entraban por algunos minutos y luego se iban sin comprar nada, otros tomaban un artículo sólo para abandonarlo en su lugar y luego tomarlo de nuevo. Brittany no entendía por qué se sentían tan avergonzados, porque en su lógica no había nada de malo en que el sexo fuera diferente y esto radicaba en la individualidad de la persona. Además, cuando existe amor de por medio, las cosas son mucho más emocionantes.

Después de unos minutos, Brittany encontró lo que estaba buscando. "Wow," suspiró la joven mujer con asombro cuando sus ojos celestes observaron toda la variedad de objetos, todos tenían el mismo objetivo pero cada uno era tan diferente al anterior que era difícil escoger uno en particular. Su mano derecha tomó la caja de uno que bien podía encajar en las exigencias de su amante, parecía ser el indicado en cada aspecto… su mirada buscó algún otro que pudiera superar su primera elección pero no encontró nada.

Era una difícil decisión, ya que no la había discutido con Santana; existía una pequeña posibilidad de que la morena se negara a compartir esta nueva etapa que Brittany quería experimentar con ella. Sin embargo, Santana López jamás en su vida se había negado a cumplir los deseos de la rubia y ésta tenía la plena certeza de que esto no sería la excepción, por lo que se dio la media vuelta y se dirigió hacia el mostrador para pagar el producto.

"Hola," dijo la chica tras el mostrador con una amable sonrisa, "¿encontraste lo que buscabas?"

"Espero que sí," respondió Brittany mientras colocaba la caja sobre el mostrador. La chica alzó una ceja, cuestionando a su cliente de manera silenciosa, "sucede que no le he dicho a…" la bailarina se mordió el labio con un poco de emoción, "a mi novia de esto. Quiero que sea una sorpresa."

La chica dejó escapar una pequeña carcajada al mismo tiempo que tomaba la caja para iniciar la compra, "al principio muchas chicas dudan, pero créeme, le va a gustar." El rostro de Brittany se iluminó al escuchar eso, después de todo, ella sabía su negocio, ¿cierto? "¿Puedo ofrecerte uno de éstos?" La joven tomó del mostrador una pequeña botella que de inmediato le ofreció a la rubia, "las primeras veces puede que los nervios impidan… uhm, la lubricación natural."

Brittany examinó la botella, leyó cada uno de los ingredientes cerciorándose de que no contuviera algo que pudiera afectar a su amante. "Sí, también lo quiero."

"Muy bien, el total de tu compra son sesenta y tres dólares con noventa. ¿Cómo quieres hacer tu pago? ¿Con efectivo o tarjeta?" Preguntó la chica una vez que ambos productos fueran colocados en una bolsa con el logotipo de la tienda.

"Tarjeta."

Brittany ignoró las miradas inquisidoras de la gente que la miró salir de la tienda; jamás le había molestado ser juzgada por la sociedad pues había aprendido a sortear las críticas de las personas que no conocía; Lima en ese sentido no había cambiado en los últimos diez años y lo único que provocaba en la rubia era que sintiera un poco de empatía por aquel pueblo.

Cuando llegó a su auto, abrió la cajuela y colocó ahí su compra. Lo único que faltaba era escoger el momento apropiado para mostrarle a Santana su sorpresa.

***BS***

'RACHEL BERRY. DE LA CÚSPIDE Y OPULENCIA AL BRUTAL FRACASO. ¿Será posible que la joven promesa pueda recuperarse de esta mala racha? El comportamiento de la actriz en los últimos meses ha sido vergonzoso y poco profesional…'

La castaña había leído ese y otros artículos similares en más de una ocasión, todos y cada uno de ellos disfrutando de su calamidad, exprimiendo cada aspecto vergonzoso que les permitiera vender sus mordaces acusaciones junto con un sin número de teorías que trataban de explicar su fracaso, pero ninguno de ellos había logrado descubrir la verdad.

Rachel cerró su laptop con fuerza; sus ojos, antes llenos de vida y determinación, ahora eran ensombrecidos por un par de marcadas ojeras, hacía días que no se quitaba la ropa de dormir – una clara señal de que estaba perdiendo las ganas de seguir adelante. La actriz era consciente de que tenía un problema, todas las mañanas se despertaba con las náuseas de la resaca y la única manera que encontró de menguarlas era sirviéndose un trago a manera de desayuno. El alcohol entumecía su cuerpo y su mente, era como si lograra disminuir su soledad y todos esos sentimientos dolorosos, era como si la culpabilidad se esfumara.

La sobriedad no era una opción porque su consciencia se activaba, esa pequeña voz en su cabeza siempre la cuestionaba cuando no había alcohol, acechándola con preguntas… ¿por esto la dejaste ir? ¿Preferiste la fama por encima de la única persona que de verdad te amó? ¿Valió la pena?

La castaña tomó la botella de vodka y vertió más en el vaso que aún estaba a la mitad para luego beber a grandes sorbos; cada vez que bebía era como si ya no fuera suficiente, no era la primera vez que se daba cuenta de eso pero, ¿para qué detenerse? ¿Qué sentido tenía ahora que estaba arruinada en todo sentido?

Quinn se había llevado consigo la ilusión de su vida, sus deseos de superarse a sí misma. Rachel no podía identificar en qué momento sus objetivos habían cambiado, no supo entender que lo único que de verdad necesitaba era el apoyo de su ex novia, pero aún más importante, su amor. No quiso darle importancia al corazón destrozado de la rubia, pero no sabía que en el transcurso de esa acción, su corazón y espíritu también se quebraron.

Ahora era demasiado tarde para enmendar sus errores y recuperar su vida. Y, en todo caso, si hubiere una solución, no valía la pena… no si Quinn no estaba con Rachel.

El alcohol comenzó a nublar la mente de la actriz, no tenía las fuerzas para levantase de la silla o la intención de hacerlo. Su mejilla derecha encontró su lugar en la superficie de la mesa y sin más, sus párpados se cerraron lentamente. Todo comenzaba a girar a su alrededor de forma descontrolada, era como un carrusel fuera de control y la única forma de evitar la sensación era dejar que el pasado sueño se apoderara de ella…

Rachel no supo por cuánto tiempo dormitó, pero sus ojos se abrieron cuando escuchó que alguien tocaba la puerta. Parpadeó un par de veces con confusión pero no se dignó a atender a la persona que le visitaba, esperaba que perdiera la paciencia y se fuera, dejándola sola en su depresión. No obstante, los golpes en la puerta, conjugados con el timbre eran insistentes.

"¡Déjenme sola!" Gritó la castaña. Sus palabras eran arrastradas y muy probablemente la persona al otro lado de la puerta ni siquiera habría sido capaz de escuchar la demanda, ya que su voz colisionaba en la superficie de la mesa, enmudeciéndola considerablemente.

"¡RACHEL, ABRE LA PUERTA!" Gritó la persona que seguía insistiendo con sus interminables golpes en la puerta y provocando un acentuado dolor de cabeza. "¡SI NO LO HACES AHORA, ENCONTRARÉ LA MANERA DE DERRIBARLA!"

La actriz frunció el ceño, esa voz le era extrañamente familiar; una sombra apareció en su mente, la figura de una mujer… Rachel se puso de pie con dificultad, la sensación de mareo se reflejaba en su torpe y lento caminar. Al abrir la puerta, no se esperó encontrar cara a cara con su madre biológica.

"¿Qué haces aquí?" Murmuró Rachel, "¿vienes a ver lo fracasada que ahora soy?"

Shelby estaba sorprendida de la imagen que tenía frente a ella, ésta no era la Rachel que ella conocía, de la que estaba orgullosa; la mujer que estaba de pie, apoyada completamente en el marco de la puerta era una persona que había perdido toda ilusión por la vida, era alguien que parecía muerta en vida. Sin embargo, su rostro no expresó ninguna clase de sentimiento, ya que debía mantenerse firme, Rachel no necesitaba compasión, necesitaba una intensa intervención.

"Vengo por ti," respondió la recién llegada, quien no esperó por una réplica y sin más, hizo a un lado a la castaña e irrumpió en el desordenado departamento.

"¿Qué?" Rachel frunció el ceño.

Shelby se dirigió a la cocina, en donde encontró decenas de botella vacías, algunas en la basura otras en el fregadero y otras más esparcidas por cualquier lugar que sus ojos se posaran. La mujer tragó saliva con dificultad mientras trataba de decidir su siguiente movimiento… "¿cómo puedes vivir en este lugar?"

La actriz se había sentado una vez más en la silla que había estado ocupando con anterioridad, "eso es algo que a ti no te incumbe, madre." La joven llenó su vaso con una nueva dosis de vodka, pero antes de poder beberlo, Shelby le arrebató el vaso de la mano, así como la botella. "¡OYE! ¡¿Quién rayos te crees?!" Gritó Rachel al mismo tiempo que se ponía de pie y seguía a su madre hacia la cocina, sólo para ver con horror como Shelby vaciaba cada una de sus botellas en la atarjea del fregadero. "¡No tienes derecho de hacer eso! ¡Tú no eres nadie en mi vida!"

"¡SOY TU MADRE!"

La joven castaña dejó escapar una sarcástica risa, "déjame usar tus propias palabras: eres mi madre pero no mi mamá."

Shelby sintió como si todo el aire en sus pulmones se hubiere escapado a causa de un fuerte golpe, su mandíbula se tensó porque esas palabras eran verdad, Rachel tenía todo el derecho de rehusarse a escuchar cualquier cosa que saliera de su boca. No obstante, no estaba ahí para hablar con ella, estaba ahí para convencerla de una u otra manera de regresar a Lima, ya que ese departamento que compartió con Quinn Fabray era la cadena que no le dejaba pensar con claridad.

"Dime, ¿por qué quieres estar aquí? Ya no tienes nada que hacer aquí, Rachel… es hora de volver a casa."

"¿Cuál casa?" Preguntó Rachel con genuina curiosidad; sus ojos cafés se nublaron por las lágrimas, "yo no tengo casa… ella se fue y yo no tengo a dónde ir."

Shelby se sintió confundida por un breve instante por aquellas palabras que podían no tener sentido alguno, pero unos segundos después, la mujer las comprendió. Rachel se refería a Quinn.

"Si entiendes que si te quedas aquí, no podrás ir tras ella, ¿verdad?" Shelby se obligó a no abrazar a su hija, quien ahora lloraba desconsoladamente.

"E-ella me dejó… ¿pa-para qué perseguirla s-si sé que me va a-a rechazar?" Sollozó Rachel, logrando que su voz se quebrara.

La mujer tocó la mejilla de la actriz, invitándola a levantar la mirada. "Si una cosa te caracteriza es que nunca te das por vencida hasta que logras tu cometido, Rach." Entre ellas surgió un silencio que no resultaba ser incómodo, "¿de verdad amas a Quinn?"

"Sí," respondió la castaña con seguridad y un halo de sobriedad.

Shelby apretó los labios, formando una línea, "y supongo que quieres recuperarla, ¿no es así?"

Rachel asintió levemente con la cabeza, "pero eso no importa, no creo que quiera a una perdedora como yo."

"Quiero que entiendas dos cosas," la mujer tomó a su hija por los hombros, "en primer lugar, si de verdad la quieres, tienes que luchar por ella y no lo lograrás si no estás en tus cinco sentidos. En segundo lugar y quiero que me escuches con atención, tú no eres una perdedora, has logrado cosas con las que muchos sólo sueñan…" Shelby acarició el cabello de la actriz, uno de los tantos rasgos físicos que heredó de ella, "lo que te pasa en este momento es sólo una mala racha que sé que lograrás superar. No te voy a mentir, será difícil al principio pero lo lograrás, sólo tienes que proponértelo."

"No sé si tengo las fuerzas," dijo Rachel con cansancio.

"Las tendrás," aseguró la otra castaña, "y el primer paso es que admitas que tienes un problema."

"Lo sé," afirmó la actriz mientras se encogía en hombros y con una triste sonrisa en los labios, "me di cuenta de eso cuando de pronto ya no tenía nada y el alcohol me hacía… uhm…"

"¿Te hacía sentir mejor?"

Rachel negó con la cabeza, "me hacía no sentir nada."

Shelby no lo resistió más y abrazó a su hija como nunca lo había hecho, era imposible seguir resistiéndose a ese impulso, a su instinto maternal. Dejó que Rachel se desahogara en su hombro y por primera vez notó lo vulnerable que era. "Todo saldrá bien, te lo prometo," la mujer besó la sien de la actriz quien sólo sollozaba, "pero es hora de volver a casa."

"M-me da vergüenza," murmuró Rachel, "todo el mundo sabe lo que pasa conmigo y no quiero volver luego de cómo traté a mis papás."

"No irás a casa con ellos, cariño," Shelby se alejó un poco de su hija para poder mirarla directamente a los ojos; por puro instinto limpió con gentileza las lágrimas de Rachel con los dedos pulgares, "vendrás a casa conmigo."

La joven castaña abrió los ojos de par en par, sorprendida por esas palabras. No podría vivir con Shelby, por todos los Cielos, tenía 27 años y ahora estaría a cargo del cuidado de su madre. Además, aún ebria, Rachel no podía concebir vivir bajo el mismo techo que Beth.

"No creo que sea buena idea," la actriz se alejó de su madre.

"Confío en que sabrás comportarte frente a una niña de diez años," Shelby inició su camino hacia la habitación de Rachel, "sabes que los niños son perceptivos y, así como absorben cosas positivas, son más propensos a asimilar lo negativo."

Rachel siguió a su madre biológica hacia la habitación, en donde la mujer ya había encontrado sus maletas y ahora comenzaba a extraer cada una de sus prendas. "¿Cómo puedes confiar en mí buen juicio luego de haberme visto así."

Shelby suspiró profundamente mientras acomodaba la ropa en la primera maleta, "porque Beth es la hija de Quinn y estoy segura que ese es motivo suficiente para iniciar tu recuperación."

***BS***

Quinn miraba con impaciencia la terminal de la puerta del aeropuerto en la que estaría arribando Florencia; su nerviosismo era evidente, sus piernas no se podían quedar quietas y las palmas de sus manos transpiraban. De vez en cuando miraba su móvil, esperando ver algún mensaje que pudiese indicarle a la rubia de cabello corto algún retraso o, en el peor de los casos, una cancelación.

La editora se mordió el labio inferior, pues reconocía este tipo de comportamiento en ella, eran las señales que su mismo cuerpo mostraba cuando alguien le gustaba realmente y pocas personas habían logrado esa clase de reacción. Quinn aún recordaba la ocasión en la que conoció a Florencia, en aquel momento la hispana no había mostrado un interés romántico en la rubia, ella misma se lo había externado y Quinn respetó esa decisión. Además, sabía que la chica de San Francisco no quería una relación con alguien emocionalmente inestable.

Sin embargo, las cosas habían tomado una dirección que ninguna de las dos mujeres esperó. Durante sus largas charla por teléfono y Skype, se habían conocido mejor, Florencia tuvo la oportunidad de conocer a una Quinn apasionada por su trabajo, cariñosa con sus amigas y los sentimientos más ocultos que aún tenía por la hija que dio en adopción; por su parte, la editora también descubrió una faceta de su amiga, la chica coqueta y romántica que se escondía bajo ese aspecto rudo y, un tanto, ghetto.

La visita de Florencia a Lima podía representar muchas cosas, pues ambas sabían que la relación de amistad que poseían podía transformarse en algo más profundo. Todo dependía de Quinn y su estado emocional. Aunque aún existía el detalle de Rachel y su situación, la editora no había dejado de pensar en la visita de los Berry y su plan para ayudar a la actriz. No obstante, en ese preciso momento, Florencia parecía opacar todo tipo de preocupación.

Una pequeña multitud de personas acompañadas por su equipaje comenzaron a aparecer en la puerta de la terminal, algunas fueron recibidas por familiares o amigos, mientras que otras parecían haber llegado solas. Los ojos verdes de Quinn buscaron el rostro familiar de su amiga entre toda esa gente y cuando al fin la vio, una amplia sonrisa se formó en su rostro.

"¡Por aquí, Flor!" Exclamó Quinn al mismo tiempo que extendía el brazo hacia arriba, haciéndole señas a su amiga.

Los ojos oscuros de la hispana vieron la inconfundible figura de la rubia y, con un paso más veloz, se acercó a ella.

"Lamento la tardanza, el vuelo se retrasó un poco," dijo la recién llegada con una voz que al parecer carecía de aliento.

"No importa, lo bueno es que ya estás aquí," dijo Quinn sin pensar antes de hablar. Cuando su mente se percató de sus palabras, un rubor se apoderó de su rostro.

Ambas mujeres permanecieron de pie, una frente a la otra, sin saber qué más decir, pero de sus rostros no se borraron sus torpes sonrisas. Era como si se estuvieran reconociendo por segunda vez, descubriendo nuevos detalles en sus personas y familiarizándose con lo que ya conocían. Definitivamente, algo había cambiado en los últimos meses.

"Luces bien," dijo de pronto Florencia cuando ya no soportó más el muy cómodo silencio que las había gobernado por un par de minutos.

Quinn sintió que una nueva ola de calor se apoderaba de ella, por lo que no pudo evitar desviar la mirada con timidez y provocando que la hispana dejara escapar una sonora carcajada.

"Me alegra que hayas podido venir," murmuró la editora mientras se acomodaba un mechón de cabello tras la oreja. "Realmente te extrañé."

Esas últimas palabras hicieron que Florencia sonriera de oreja a oreja, mostrando sus perfectos dientes. "Para haberme extrañado, tu bienvenida deja mucho que desear."

La rubia giró los ojos con fingido fastidio, para luego acercarse a su amiga, a quien envolvió en un cálido abrazo. Sus ojos se cerraron por un par de segundos y respiró el dulce perfume que emanaba de la cabellera negra de Florencia; su cuerpo se estremeció cuando los brazos de la hispana envolvieron su cintura y la acercaron aún más a su esbelto cuerpo. La sensación era agradable, no sentía que estuviera cometiendo un error, pero de pronto, en su mente apareció la dulce sonrisa de cierta castaña.

De inmediato, la fuerza de su abrazo se debilitó, poniéndole fin al pequeño gesto de cariño. Florencia no pareció percatarse del pequeño conflicto que se llevó a cabo en la mente de la rubia, por lo que plantó un inocente beso en su mejilla.

"Eso estuvo mejor," murmuró la morena. "¿Y ahora qué?"

"Es hora de ir a casa," dijo Quinn al mismo tiempo que tomaba el equipaje de su amiga.

"Acerca de eso, ¿estás segura que no hay problema de que me quede en casa de tu amiga?"

Quinn sonrió con un poco de ironía al notar la inseguridad de la hispana, "ya te dije que no tienes nada de qué preocuparte, hablé con Santana y ella estuvo de acuerdo siempre y cuando no hagamos cosas inapropiadas mientras su hija esté en casa."

Florencia frunció el ceño, "y-yo no creo que… uhm."

La rubia dejó escapar una risa divertida al ver el nerviosismo de Florencia, "tranquila, es el humor sin clase de San, ya verás. Santana puede parecer mordaz y a veces se comporta como una cretina, pero en el fondo – muy en el fondo – ella es gentil. Te va a agradar, te lo aseguro."

Ambas mujeres se dirigieron hacia el estacionamiento del aeropuerto en silencio. Quinn podía ver que Florencia parecía nerviosa aunque no sabía exactamente el porqué, ya que el objetivo de esta visita era para divertirse y pasar un buen rato.

"¿Te encuentras bien? ¿Pareces un poco distraída?"

La hispana suspiró profundamente. "Sí, es sólo que el vuelo fue un poco cansado, me tocó sentarme con un niño que no podía quedarse quieto, pero estoy bien." La mujer no se atrevió a ver los ojos de la rubia, lo cual indicaba que no estaba siendo del todo honesta.

"Hey," Quinn tocó el hombro de su amiga, obligándola a detenerse, "somos amigas, ¿no es así? Puedes decirme lo que sea que te está molestando."

"No quiero causar una mala impresión," dijo rápidamente la morena, "por las cosas que me has contado sobre Santana, tengo la ligera impresión de que ella aceptó mi visita sólo para vigilarme. Siento que estoy a punto de conocer al padre de una inexistente novia y que dicho padre tiene lista una escopeta en su espalda para así dispararme en caso de cometer un solo error."

Quinn observó a Florencia, parpadeó un par de veces y, por fin, dejó escapar una sonora risa, "¡¿qué?!"

"¡No te burles!" Exclamó la hispana al observar a la editora, quien se había ruborizado y sus ojos se nublaban con lágrimas de pura diversión. Era fácil darse cuenta de que esa joven mujer era muy diferente a la triste chica que llegó a San Francisco; Quinn parecía más relajada y contenta.

"Lo s-siento…" dijo sin aliento Quinn, "no es que me esté burlando ni mucho menos, es sólo que…" la mujer se limpió las lágrimas con la parte trasera de su dedo índice, siendo extremadamente meticulosa en no arruinar su maquillaje, "es sólo que acabas de describir a la perfección a Santana."

"Eso no me hace sentir mejor," murmuró entre dientes la morena.

"Tranquila," la rubia enganchó su brazo derecho con el izquierdo de Florencia, para luego reiniciar su pequeño viaje hasta el auto, "San no tiene una escopeta, pero tienes razón, te quiere cerca pero no para vigilarte, sino para conocerte." Quinn suspiró entrecortadamente, pues su cuerpo aún era presa de las endorfinas, "no puedo culparla, tiene curiosidad de conocer a la chica que me salvó de una pelea de bar y me hizo entrar en razón. Para ella eres toda una mártir."

"¿De verdad cree eso?"

"Absolutamente, sólo…" Quinn frunció un poco el ceño, "no le demuestres tu nerviosismo. Puedo jurar que huele el miedo."

Florencia dejó escapar una pequeña y relajada risa, pero eso no significaba que su nerviosismo hubiera disminuido. La morena tenía claras intenciones, la única razón por la que había aceptado visitar Lima era para ver a Quinn y, por así decirlo, tentar el terreno; Florencia necesitaba saber si existía una posibilidad de que entre ella y la rubia existiera algo más que una simple amistad, quería conocer cada aspecto de su vida, quería conocer el entorno en el que ahora vivía y las personas con las que se relacionaba, y que estas mismas personas la aceptaran a ella y a una posible relación.

La presión era intensa y, a causa de ello, sus manos comenzaron a transpirar, por lo que las escondió en los bolsillos de su chaqueta.

"Espero que todo salga bien," murmuró Florencia sin ser consciente de que esas palabras habían sido dichas en voz alta.

Las dos amigas habían llegado ya al automóvil que Santana le había prestado a su mejor amiga para facilitar el viaje de Columbus a Lima; con rapidez acomodó el equipaje de la hispana en la cajuela y cuando cerró la portezuela trasera, sus ojos verdes se engancharon con los oscuros de la otra mujer.

"Deja de preocuparte, si en un principio las cosas no salen bien con San, siempre tenemos a Britt… si le agradas a ella, entonces tienes en la bolsa a Santana."

***BS***

Brittany entró en el principal salón del estudio de baile. El lugar era espacioso y la ilusión que creaban los espejos que tapizaban tres de las cuatro paredes del salón hacía que éste pareciera aún más gigantesco.

La bailarina colocó su maleta deportiva cerca del enorme stereo vintange que Mike se negaba a desechar y de ella extrajo algunos cd's que ya muy pocas personas usaban, así como una botella de Gatorade. Su clase avanzada estaba por iniciar, la cual estaba conformada – en su mayoría – por adolescentes de preparatoria que compartían su pasión por el baile.

Nadie se atrevía a decir en voz alta el hecho de que mucho del éxito de este estudio se debía al carácter afable de la rubia y bueno, Brittany quería pensar que ella podría ser una gran influencia en sus alumnos para perseguir sueños que a veces podían resultar inalcanzables o poco prácticos. Quizás esa era una de las principales razones por la que los chicos que tomaban lecciones con ella la adoraban y la admiraban profundamente.

Brittany comenzó a calentar, estiró los músculos de sus piernas y brazos, percatándose de que estaban un tanto rígidos y esa sensación le hizo sonreír sin ser consciente de esa pequeña acción. La rubia sabía a qué se debía esa dolorosa tensión que también resultaba ser agradable. Sus ojos se cerraron cuando su mente comenzó a recordar los acontecimientos de la mañana anterior… su piel comenzó a erizarse centímetro a centímetro, como si tuviera mente propia para así recordar cada lugar en el que su amante colocó caricias y besos.

El sexo había sido intenso – como siempre – pero había algo más, entre ella y Santana comenzaba a surgir una nueva conexión que, al mismo tiempo, resultaba ser lejanamente familiar; era algo que Brittany había añorado por años pero que no podía describir con palabras…

Ambas se habían encontrado en la misma habitación con una emoción que parecía acrecentarse con cada ocasión, pero esta vez, el juego de la seducción no tuvo lugar, era como si las dos necesitaran de las caricias mutuas. Las prendas abandonaron sus cuerpos a gran velocidad y sus cuerpos parecían haberse calmado cuando entraron en contacto. Sin embargo, había algo distinto en esta ocasión, ya que las dos amantes permanecieron recostadas de frente una a la otra sin decir palabra alguna; sus piernas se habían enredado y sus dedos exploraban cada centímetro que tuvieran a su alcance, reconociendo la suave textura de sus curvas, mientras que sus ojos permanecían enganchados.

El silencio no era incómodo, sino todo lo contrario. Estar en ese lugar era como entrar a una burbuja en donde el tiempo y las obligaciones no existían, era un momento que les pertenecía solamente a ellas y podían disponer de él como mejor les pareciera. Los encuentros anteriores habían estado llenos de caricias descaradas, de gemidos de placer y descomunales éxtasis que producían frustraciones mucho más grandes que no podían ser menguadas por la caducidad del tiempo. No obstante, esos deseos de satisfacerse la una a la otra ya no eran tan insistentes, ahora la necesidad se había transformado en algo mucho más complejo…

"Luces cansada," dijo Santana cuando su dedo pulgar acarició la acentuada sombra que se había formado bajo el ojo derecho de la rubia. "¿Qué te está impidiendo descansar?"

Brittany tomó la mano de su amante con el objetivo de besar cada una de las suaves yemas, para luego posarla sobre su desnudo pecho, mientras que en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa, "no es nada de qué preocuparse," aseguró la bailarina con plena seguridad, "es sólo que en las noches no puedo dejar de pensar en ti."

La morena levantó una de sus perfectas cejas, "¿esta es una sutil manera de culparme por tus ojeras?"

"¿Qué puedo decir?" En ese momento, la rubia se dio cuenta de que su excitación comenzaba a crecer, impulsada principalmente por el aroma que emanaba de su amiga y su sugerente imagen sin ropa; con extremo cuidado, desenredó sus piernas para poder colocarse sobre la latina. Sus ojos azules observaron con adoración cada facción del rostro de Santana, prestando especial atención a sus labios, "San, ya deberías saber que me robas el sueño."

La mano derecha de Santana alejó algunos mechones de cabello rubio que le impedían ver a la perfección el rostro de su amante. Su mirada oscura era intensa y sus pupilas comenzaban a dilatarse con cada segundo que transcurría y luego de unos instantes, su mano izquierda que estaba aferrada a la parte trasera del cuello de Brittany, la obligó a eliminar el espacio que aún las separaba, dando inicio a un dulce beso que duró varios minutos. Cuando la necesidad de oxígeno se hizo presente, ambas se alejaron con renuencia, pero sus frentes permanecieron juntas.

"Y tú me robas el aliento cada vez que pienso en ti, Britt-Britt," susurró Santana con una voz rasposa que resultaba ser sensual.

Brittany acarició la punta de la nariz de su amiga con la suya propia, mientras que su pie izquierdo hacia lo mismo sobre piel bronceada. "Creo que me voy a volver loca si no te toco…" musitó la bailarina cerca del oído de Santana, antes de comenzar a besar la longitud de su cuello.

La morena flexionó las piernas para que su amante se pudiera acomodar mejor entre ellas, "¿entonces qué estás esperando?"

La rubia abrió los ojos, topándose con su propia imagen reflejada en uno de los espejos. Era claro que la relación extramarital que sostenía con su mejor amiga comenzaba a alcanzar niveles muy altos que ninguna de las dos podía describir, era como si ya no les importase las apariencias, como si quisieran ser descubiertas. El día anterior era prueba de ello, pues Brittany había notado con pánico los moretones que inconscientemente había dejado en el cuello de Santana. Sin embargo, la latina no mostró destellos de enfado o molestia, es más, parecía complacida y un tanto cínica. Esa actitud sólo había provocado que Brittany sintiera una nueva ola de excitación que no podría ser satisfecha hasta el siguiente encuentro.

La atención de la bailarina se vio interrumpida por el sonido de su móvil, el cual indicaba que había recibido un nuevo texto de la mujer que ocupaba cada uno de sus pensamientos.

'¿Es normal que te extrañe tanto? – S'

Brittany se mordió el labio inferior, mientras pensaba en una respuesta para esa íntima confesión.

'Espero que sí, porque yo también te extraño mucho – B'

La rubia trataba de imaginarse a su amante, en lo que estaría haciendo, desde dónde le habría enviado ese mensaje. La necesidad de estar con ella era tortuosa y mientras pensaba en ello, la joven mujer no se había percatado de que alguien la observaba desde el umbral de la puerta del salón.

'Sé que estás a punto de iniciar tu clase y sólo quise avisarte que hoy llega la chica de Quinn – S'

Brittany estaba al tanto de la visita de la amiga de Quinn y la curiosidad por conocer a esa mujer la carcomía un poco. Pero por otro lado, la presencia de Florencia en Lima – y específicamente en la casa de Santana – le hacía sentir seguridad, ya que ahora la otra rubia fijaría la mayor parte de su atención en esa chica y no en su Santana.

'Tal vez deberíamos planear un almuerzo las cuatro juntas – B'

'Se lo comentaré a Q, pero ahora debo irme. Besos – S'

La bailarina no pudo evitar sonreír ampliamente cuando leyó la última palabra de ese mensaje, pues era uno de esos detalles que antes Santana no se atrevía a mostrar. Sin embargo, ahora esas pequeñas muestras de cariño comenzaban a ser más y más obvias.

"Te sugiero que disimules un poco más," la voz de Mike provocó que Brittany se sobresaltara, "tú y Santana ya son demasiado obvias y, de verdad no quiero inmiscuirme en esto pero, tarde o temprano las cosas salen a la luz."

Los ojos azules de Brittany miraron con detenimiento a su amigo. Mike Chang era un amigo incondicional que le había tendido una mano cuando más lo había necesitado, ofreciéndole un trabajo que disfrutaba. La personalidad positiva de la mujer le permitía recibir todo tipo de consejos y críticas sin que éstos lastimaran sus sentimientos.

"No lo puedo evitar," respondió la bailarina al mismo tiempo que se encogía en hombros, "San me hace sentir bien, me hace sonreír, me hace sentir que no hago las cosas mal."

"Eso no significa que estés haciendo bien las cosas Britt," Mike suspiró profundamente, "ella nubla tu juicio, no te deja pensar con claridad y si no detienen esto que ustedes tienen, muchas personas van a salir heridas." El asiático tragó saliva con dificultad, "¿te has puesto a pensar en Artie?"

"¿Tú pensaste en él cuando te enamoraste de Tina?" Replicó la rubia automáticamente sin pensar en sus palabras, "sé que ya no están juntos y eso pasó hace mucho, pero es casi lo mismo, ¿no?"

El rostro de Mike parecía herido, ya que nunca se esperó tal respuesta. "Éramos unos niños y las cosas son diferentes ahora…"

"Sé que son diferentes," interrumpió Brittany con gentileza, "nadie puede entender lo que San y yo compartimos y es injusto que las dos estemos en esta situación."

Entre ellos surgió un silencio que sólo duró unos cuantos segundos, "¿la amas?"

La bailarina dejó escapar una tierna sonrisa, "claro que sí, es la persona que más amo en este mundo a parte de nuestra hija."

"Pero, ¿estás enamorada de ella?"

"Nunca dejé de estarlo," respondió Brittany antes de que sus primeros alumnos comenzaran a entrar al salón, saludando a sus instructores y poniendo un fin a la incómoda conversación.

Mike se acercó un poco a su amiga. "Entonces trata de hacer las cosas de la manera correcta," dijo el hombre antes de abandonar el lugar.

***BS***

Santana cerró la puerta de su casa con pereza al mismo tiempo que dejaba escapar un suspiro de cansancio. El trabajo comenzaba a ser más pesado con cada día que transcurría, aunque esa carga podía deberse a que no le estaba dedicando el suficiente tiempo. No obstante, no se arrepentía de absolutamente nada – al menos, no por ahora.

"¡Quinn!" Exclamó la morena al mismo tiempo que colocaba su bolso y laptop sobre la mesa que estaba junto al armario. "¡Espero que no estés haciendo cosas inapropiadas en mi casa!"

Unos minutos más tarde, la rubia de cabello corto hizo su aparición, "no estábamos haciendo nada y te ruego que no hagas esos comentarios frente a Florencia."

"Oh, wow…" Santana fingió estar sorprendida, "Quinn Fabray rogando, ¿qué sucede? ¿Es el fin del mundo o algo? Porque no recibí el memorándum."

La editora cruzó los brazos sobre su pecho, "qué graciosa, pero hablo en serio, San. Flor está nerviosa de conocerte y no quiero que la ahuyentes con tus sarcásticos comentarios que sólo a ti te parecen cómicos."

"¿Tanto te interesa esta chica, Q?" Preguntó la latina mientras se quitaba los guantes de piel.

"Es una buena amiga, ¿cuántas veces te lo tengo que mencionar?" Susurró Quinn para luego mirar hacia el corredor que llevaba hacia la cocina, cerciorándose de que la hispana no estuviera escuchando esta conversación.

Santana colocó su abrigo de cashmere color blanco en el armario, quedando solamente en su falda Chanel gris, blusa de vestir negra y una mascada anaranjada, que contrastaba con su serio atuendo. "Puedes mencionar que es una buena amiga las veces que quieras, pero sé que quieres algo más," aseguró la morena con voz baja.

Quinn giró los ojos con fastidio, "sólo te pido que no me avergüences frente a ella, ¿de acuerdo?"

"Mmm… no prometo nada. Eres como mi conejillo de indias, Lucy Q; esto me servirá para el momento en que Sam comience a salir con alguien."

La editora dejó escapar un gruñido de hastío. "No me llames así, ¿quieres? Sabes que odio ese nombre y…" La rubia guardó silencio de forma abrupta cuando observó la forma en cómo su amiga se acomodaba la mascada en su cuello. "¿Qué tienes ahí?"

Santana detuvo sus movimientos, sus ojos cafés miraron a la rubia con cautela, "¿a qué te refieres?"

Quinn dio un par de pasos, sus ojos verdes observaban con detenimiento el cuello de la modelo, "¿qué es eso?" Inquirió la mujer, señalando con el dedo índice el colorido pañuelo de alta costura.

"Es una mascada, ¿qué? ¿Acaso nunca habías visto una?" Respondió con ironía la morena con el objetivo de molestar a la otra chica para poder cambiar la conversación, después de todo, un nerviosismo comenzaba a invadir su cuerpo. "Ahora en donde se encuentra Florencia, quiero conocerla."

Santana caminó unos cuantos pasos, pero la mano de Quinn le sujetó el codo, obligándola a retroceder el mismo número de pasos. "Quítatela," ordenó la editora.

"¿Qué?" Santana se logró desprender del fuerte enganche del que era presa, "¿Para qué quieres que me la quite?"

"Quiero ver qué es lo que escondes," respondió Quinn para luego llevar su mano hacia la prenda para poder quitarla ella misma. Sin embargo, la latina alejó la blanca mano mediante un fuerte manotazo.

"No escondo absolutamente nada," Santana comenzaba a adquirir una actitud defensiva, "ahora, ¿podemos ir a la cocina o quieres dejar esperando a Hortensia?"

Quinn desafió con la mirada a su amiga, "su nombre es Florencia y no trates de cambiar el tema, quítate la mascada. Ahora."

"¿O si no qué?"

"Te las quitas tú en este instante o te la quito yo," la rubia acorraló a la latina.

Santana frunció el ceño, "quiero ver que lo intentes, Lucy." Esa última palabra fue pronunciada con desdén, provocando que la rubia sintiera un impulso agresivo.

Las dos mujeres comenzaron a forcejear entre ellas, importándoles poco que la hispana que aún estaba en la cocina estuviera escuchando la pelea claramente, mientras su rostro expresaba verdadero terror. Finalmente, tras varios golpes, Quinn logró desatar la mascada, descubriendo tres oscuros moretones en el cuello de su mejor amiga.

La rubia abrió los ojos de par en par, "¿qué rayos te sucedió?"

"¡Nada!" Exclamó Santana al mismo tiempo que le arrebataba la pañoleta a su amiga, "tuve un accidente con el rizador de cabello esta mañana."

Quinn permaneció en silencio unos cuantos segundos, no sabía qué decir, no sabía si debía gritar o golpear a la morena para que entrara en razón. Era claro quien había hecho esas marcas, la editora ya las había visto durante su adolescencia.

"¿Es en serio? ¿Vas a usar la misma excusa estúpida que solías utilizar en la preparatoria?" Siseó la rubia de cabello corto, "¿Te has vuelto loca? ¿Qué pasa contigo, Santana?"

La latina se colocó de nueva cuenta la mascada alrededor del cuello, asegurándose de que sus moretones no estuvieran a la vista. "Esto no te incumbe, Quinn… es mi vida y sé lo que hago con ella."

La otra mujer dejó escapar una risa forzada, al mismo tiempo que negaba con la cabeza en señal de desaprobación. "No puedo creer que le estés haciendo esto a tu esposa y…" La cautivante mirada de Quinn no se atrevió a ver a su amiga, "con ella."

El sonido de una silla hizo que las dos mujeres miraran en dirección de la cocina.

"¿Podemos hablar de esto en otro momento?" Quinn miró con decepción a su amiga, "dijiste que no querías que ahuyentara a Florencia y te aseguro que lo que estamos haciendo justo ahora hará que ella tome sus maletas mucho antes de que desempaque."

La rubia cerró los ojos con resignación, "de acuerdo, pero te lo digo de una vez, Santana. Tenemos que hablar de esto."

"Sí, como sea…"

Ambas mujeres se dirigieron hacia la cocina, en donde Florencia ya se había puesto de pie.

"Al parecer es un mal momento, ¿verdad?" Dijo con timidez al ver a Quinn acompañada de una atractiva y bien vestida mujer.

"No, para nada," Santana se acercó con intriga hacia la que sería su huésped por los siguientes días. "Esto es lo que hace nuestra amistad tan especial, ¿no es así, Q?"

La rubia se acomodó un mechón de cabello tras de su oreja, "si tú lo dices," respondió la mujer entre dientes. "Como sea, Santana ella es Florencia, la chica que conocí en San Francisco…" sus ojos verdes miraron a la hispana, "Flor, ésta es mi mejor amiga, Santana."

"Es un placer," dijo Florencia mientras extendía la mano con cortesía.

Santana aceptó el saludo, "el placer es todo mío."

La mirada oscura de la modelo estudió la imagen de la mujer frente a ella y no pudo evitar pensar que Florencia era una versión de ella misma, pero con un toque más desalineado. Ese pequeño detalle resultó ser un poco perturbador.

"¿A qué te dedicas, Flor?" Cuestionó Santana al mismo tiempo que se dirigía hacia el lugar en donde guardaba una pequeña colección de vinos.

La hispana miró a Quinn con timidez, quien sólo atinó a guiñarle el ojo. "Uhm… soy DJ en un pequeño club de ambiente en San Francisco." Florencia esperaba alguna clase de comentario mordaz pero, para su sorpresa, éste nunca se hizo presente.

"Genial," dijo la modelo mientras destapaba la botella de vino tinto, "¿haces tus propias mezclas o sólo covers?"

"Ambas…"

"Deberías escuchar su música," intervino Quinn mientras colocaba tres copas sobre la mesa, "es realmente buena."

Santana se acercó a la mesa con la botella en mano y una ceja levantada, "¿debo confiar en tu buen juicio?"

"Tú qué sabes de eso, San…" dijo entre dientes la rubia y con una fingida sonrisa en los labios, "pero si tienes dudas, quizás Flor puede mostrarte algo de su trabajo."

La hispana dejó escapar una risa nerviosa, "no creo que esa sea una buena idea…"

"Creo que Quinn tiene razón," Santana comenzó a verter el vino en las copas, "de verdad me gustaría escuchar un poco de tu trabajo. Debo decir que el dance y electrónico no es lo mío, pero uno nunca sabe lo que puede surgir, ¿cierto?"

"Supongo que tienes razón," respondió Florencia para luego tomar la copa de vino que la dueña de la casa había puesto frente a ella.

"¿Lo ves? Te dije que no era tan mala," dijo Quinn antes de beber un poco de su bebida y provocando que Florencia se riera con tranquilidad.

Santana observó la forma en cómo su amiga la miraba por lo que decidió entablar conversación con la recién llegada, de manera que la rubia estuviera al pendiente de su comportamiento y no de los moretones en su cuello.

"Lima no es un lugar muy divertido, espero que no te aburras."

"Estoy segura que no será así," respondió Florencia al mismo tiempo que mirada a Quinn, quien se había ruborizado significativamente.

Lo morena observó la silenciosa interacción entre las otras dos mujeres, podía ver con claridad que existía una cierta tensión entre ella, algo que sobrepasaba la mera amistad y eso le preocupaba a Santana. Florencia parecía ser una buena chica y era obvio que tenía sentimientos románticos hacia su mejor amiga. Asimismo, podía ver que Quinn le correspondía pero no con la misma intensidad… después de todo, el recuerdo de Rachel Berry aún estaba presente.

"Quinn me mencionó que tienes una hija." La voz de Florencia hizo que Santana saliera de su estupor.

"Sí, su nombre es Samantha," el rostro de la latina se iluminó al pronunciar el nombre de su pequeña. "Acaba de cumplir 9 años." Santana miró el reloj de pared que se encontraba en la cocina, "hablando de mi princesa, ya es hora de que vaya por ella a casa de Britt."

"Trata de no perder el tiempo," dijo de forma mordaz la editora, pero Santana decidió ignorar ese comentario.

"Las veré en unos minutos," los ojos de Santana se fijaron en Florencia, "bienvenida."

"Gracias," respondió la hispana con una honesta sonrisa en los labios, para luego ver como Santana salía de la cocina.

Transcurrieron unos minutos antes de que el sonido del auto de Santana se alejara.

"Algo anda mal, ¿cierto?" Aseguró Florencia luego de beber el resto de su vino.

"No tienes idea," respondió Quinn, ocultando su profunda preocupación.