DISCLAIMER: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling.
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Hola a todas de nuevo!
Vaya, a pasado una eternidad desde la última vez que pasé por aquí así que creí correcto comenzar esta actualización agradeciéndoles por sus comentarios del capítulo pasado y sus PM's a:
ValeenG — Jazmin Li — jos Black — Jenelle . Brown — Diana Prenze — jjaacckkyy — violet malfoy — Diane Potter — dareattention — Sorcieres de la Neige — Adriu — Livadria — HermsP — xXm3ch3Xx — ittah — Mary-Dream-Cielo — samfj — hyacint . mtz — Guest (1) — Feernanda — Shar0n EspiPPirifLautik CulleN — Arabella. — Petite24 — Letida — selene lizt — nahima-chan — Roshild — Damon-salvatore-lover15 — Kero Weasley — Veida Joana — AleRabanito — Altea Kaur — EVANGELINA — Guest (2) — Guest (3) — Leslie24 — Rocksario — Annie Thompson — Cristina — Guest (4) — Guest (5) — Linda Tonks — Crimela — sammymalfoycullen — Sirenita — AnaisDifi — Coraline Kinomoto — saffuran — A.C. Akasuna — B. Vi — Guest (6) — AdriWaldorfCullenHale — Kuchiki Yamiko — I'mAnatolia — monica — Guest (7) — Pabel Moonlight — lunarisita — Lizzy Nott — DreamsN'Ruins — Mariauxi — valeria — Feorge-Gred — GabyPotterHRLJ — Roxy Everdeen — livinginfairytale — Negrilu — Einny — Jackeline M — Hyacint Mtz — Nibel — Blackie-Noir — Diana Dilean — Luna Potter Granger — Justified October — Isla de Thera — Mary-310596 — Rose Millan — christine999999 — Haibara21 — Guest (8) — luna-maga — Kemmy-Lovegood — Eliana — KANAME — Malaka — Alex Rose Love — lezti — Mari — X . X — alyssanottgreengrass — Click — Jackeline — wednesday mellark — Faby Aveliana Cullen — susana rodriguez — Yadira Green — Lia P. Booth — kotokoasialove — Guest (9) — danielitaweasleygranger — clau — Kriistii-G29 — Cora Lozar — stefy — Unexpectable — Cassiophia23
Estaba realmente sorprendida cuando vi que ya habíamos sobrepasado los 1000 reviews, el apoyo que ustedes le han dado a esta historia ha sido increíble, y el principal motivo por el que este capítulo haya visto la luz hoy. En serio, no tengo palabras suficientes para expresarles mi más sincero agradecimiento, por estar al pendiente de las actualizaciones y mucho más por preocuparse por mí y hacerme llegar sus hermosas palabras de aliento cuando supieron que no lo estaba pasando bien. Ustedes, queridas lectoras, son lo máximo. Muchas gracias por su apoyo, significa mucho para mí.
Así que lo mejor es que me deje de palabrerías y les presente el capítulo que va dedicado especialmente para cada una de ustedes ^^.
Advertencia: Montaña rusa de emociones y extra largo –a petición suya-
Espero que les guste!
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Preferencia Personal
Capítulo 26: La temida fase FWBF
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—¿Sabes que babeas la almohada?
Rose abrió los ojos con algo de dificultad luego de escuchar esa voz tremendamente cerca de ella.
—¿Y tú sabes que pareces un pervertido viéndome dormir? —replicó mientras se tallaba los ojos con los nudillos de sus dedos, y vio a Scorpius frente a ella, en cuclillas junto a la cama.
Por toda respuesta, él le sonrió de lado. Parecía realmente divertido por despertarla con su repentino complejo de voyeur.
Rose apretó los párpados y soltó un gemido de protesta mientras se estiraba sobre la cama para desperezarse. Luego de cenar la noche anterior, se había encerrado en la habitación malamente acondicionada como biblioteca, y se había dedicado a organizar las cosas que había traído de su exoficina en la universidad. Se había convencido de que mientras más rápido lo hiciera, sería mejor. Como quitarse una bandita de una herida, sin ningún tipo de anestesia y con la esperanza que el dolor que siguiera no durara demasiado. Así que se había quedado hasta muy entrada la madrugada, deshaciéndose de docenas de papeles y demás cosas que ya no le servirían a partir de ahora. No podía negar que pensar en eso, aunque fuera de manera tan breve, seguía siendo doloroso pero no tan insoportable como habría esperado.
Se llevó la mano al rostro y la sensación que tuvo en la comisura de la boca hizo que odiara a Scorpius por tener razón. Nunca se había dado cuenta de que tuviera aquel "hábito". Aunque no es como si antes hubiera compartido la cama con alguien el tiempo suficiente como para que se lo hicieran notar.
Ahora llevaba casi un mes completo durmiendo en la misma cama que Scorpius. Si alguien se lo hubiera dicho en los primeros días después de haber tenido la poco brillante idea de aceptar un contrato para casarse con él, ella bien podría haberle regalado una tomografía a ese alguien, sólo para asegurarse de que no tuviera ningún tipo de lesión cerebral por pensar semejante cosa. Parecía algo tan… fuera de lugar. Pero eso había cambiado en las últimas semanas.
Tenía que admitir que comenzaba a acostumbrarse a todo. A él. Incluso ya sabía sus hábitos al dormir. Scorpius iba a la habitación para vestirse con su pijama, quitándose la ropa frente a ella si Rose se encontraba allí leyendo, luego iba al baño para cepillarse los dientes y después regresaba para darle un último vistazo a la pantalla de su teléfono celular antes de dejarse caer sobre el colchón con un pequeño salto. Rose sabía que aquel gesto dramático era sólo para molestarla, pero a ella le daba igual. Entonces Scorpius se acercaba para echarle un vistazo a lo que ella estuviera leyendo y, si estaba realmente cansado, entonces simplemente le decía algo como: "Weasley, tus libros y yo necesitamos dormir"; sino, no dejaría de molestarla hasta que definitivamente ella prefiriera apagar las luces. A veces eso no resultaba suficiente y seguían riñendo amistosamente en la oscuridad. Habían conformado una rutina que le había regalado una extraña sensación de tranquilidad y, más importante todavía, de estabilidad. Incluso cuando las pesadillas decidían acosarla, ella abría los ojos a mitad de la noche y descubría el brazo de Scorpius cerrado con firmeza sobre su estómago, o a sí misma acurrucada contra su pecho. Tal vez al despertar a la mañana siguiente ninguno de los dos hablara al respecto, pero para Rose saber que él estaba ahí se había convertido en una sorpresiva y agradable certeza. Con todo y los ronquidos de Scorpius.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —le preguntó, limpiándose discretamente ambos lados de la boca.
—Tengo una sorpresa para ti. Levántate.
—¿Ahora? —inquirió extrañada. Rose se sentó en la cama y comenzó a pasarse las manos por el cabello para echárselo hacia atrás. La genética de su madre le había heredado la rebeldía de su melena a pesar de que el tono entraba en los colores de la gama marca Weasley. Su ceño permanecía fruncido ya que, al parecer, su cerebro aún no conseguía salir del letargo que dejaba el ser arrancada del mundo de los sueños de manera abrupta.
Scorpius no dejaba de sonreír y a Rose comenzaba a molestarle porque daba la impresión de que se estaba burlando de ella.
—Weasley, es casi mediodía —le dijo él con tono sobrado, luciendo demasiado sospechoso para el gusto de Rose—. Anda, te espero abajo.
Rose abrió la boca para protestar por todo lo que estaba pasando, pero Scorpius se lo impidió al salir de la puerta sin darle tiempo de nada.
En medio del silencio que había llenado de nuevo la habitación, Rose se preguntó si todavía no estaba dormida y lo que acababa de pasar, en realidad no había ocurrido. Bajó la mirada hacia la almohada que había a su lado y sopesó con seriedad la posibilidad de volver a dormir, aunque rápidamente la descartó cuando miró el reloj despertador y descubrió que Scorpius había tenido razón de nuevo. Eran las 11:43 a.m.
Okay, si esto se trataba de irrumpir en algún parque público o hacer tiros con un balón en medio de un estadio completamente vacío, Rose no tenía que pensarlo dos veces para decirle que mejor pasaba esta vez.
Soltando otro sonido de protesta, se quitó las sábanas de encima y apoyó los pies sobre la alfombra. Salió de la habitación de Scorpius, cruzó el pasillo hasta su habitación y abrió las puertas de su clóset para sacar las prendas que iba a utilizar el día de hoy. A pesar de que, técnicamente, ya vivía en la otra habitación, no había tenido la intención de pasar algunas de sus cosas hacia allá. Lo único había en la otra habitación que fuera de su propiedad eran sus pijamas, algunos de sus libros y su iPod. Además, incluso si decidiera pasar algo de su ropa al clóset de Scorpius, no se vestiría o desvestiría frente a él ni en un millón de años. Todavía tenía algo de privacidad que podía mantener. Tal vez dormían dormían juntos, pero no había nada más entre ellos como para tener esa clase de confianza.
Agitó la cabeza para deshacerse un poco de esos pensamientos. No sabía qué tenía planeado Scorpius para el día de hoy, y francamente no estaba muy entusiasmada por salir de la casa, pero tampoco estaba dispuesta a dejar que la melancolía se apropiara de su vida más de lo que ya lo había hecho en las últimas semanas. Así que, después de darse un baño y alistarse, bajó las escaleras con un ligero trote.
—Sea cual sea la sorpresa tendrá que esperar, Scorpius —dijo, dando por hecho que su esposo estaría despatarrado en el sofá frente al televisor, pues era uno de los últimos días de descanso que le quedaban antes de viajar a Sudáfrica con la selección nacional de fútbol inglés. Cuando vio que no estaba ahí, se dirigió hacia la cocina—. Quisiera ir hoy a visitar a mis abuelos y…
—¡Sorpresa!
Rose tuvo que reprimir un chillido de susto ante aquel repentino grito a sus espaldas, proveniente del interior de su cuasi biblioteca. Giró sobre sus talones y descubrió que Scorpius no estaba solo en la habitación. Lily, Albus y Andrew estaban ahí con él.
—¿Qué están…? —comenzó a preguntar con repentina alegría por la inesperada visita. Al menos hasta que notó que los libreros estaban cubiertos de plástico y completamente vacíos—. ¿Dónde están mis libros?
Sabía que lo correcto habría sido saludar primero, pero cuando se trataba de sus sagrados libros, ella olvidaba cualquier convencionalismo social. Todos a su alrededor sabían eso y muchas veces bromeaban con ella diciendo que el día que muriera, tendrían que conseguir un ataúd realmente grande porque su deseo seguramente sería que los libros fueran sepultados con ella.
—A salvo, guardados en cajas en la habitación de al lado —le respondió Andrew con una sonrisa, acercándose para abrazarla. Tal vez ella no recordaba las reglas de interacción social, pero era obvio que él sí.
Todos parecieron notar la expresión de interrogación que continuaba en el rostro de Rose, quien seguía sin poder entender nada de lo que sucedía desde que había abierto los ojos aquella mañana. Esta vez fue el turno de Albus para resolver otra de las dudas que comenzaban a llenar su cabeza.
—Scorpius llamó a Lily para que viniera a echarte una mano y ella nos llamó a nosotros. Le dijiste que querías pintar este lugar, ¿no?
Fue entonces cuando Rose notó que todos llevaban puestos overoles blancos. Las cosas comenzaban a cobrar sentido poco a poco. Su silla y su escritorio habían sido cambiados de lugar y Rose estaba segura de que los libreros también lo habrían sido sino fuera por la sólida madera de la que estaban fabricados, la cual los convertía en armatostes casi imposibles de mover. Y la prueba estaba en que sólo habían conseguido reunirlos en el centro de la habitación.
A su lado, junto a la puerta, había varios botes de pintura, brochas, rodillos… todo lo necesario para renovar el color de los muros.
Rose se acarició la frente y recorrió con la mirada las paredes cubiertas de aquel desgastado color púrpura, que tantos dolores de cabeza le había producido antes, sin saber qué hacer o qué decir. Ésta definitivamente era una verdadera sorpresa. Jamás habría imaginado que Scorpius llamaría a sus primos para pedirles ayuda en algo como esto, mucho menos que recordara un detalle que ella le había mencionado una sola vez. Aquella mañana en que él la había llevado a la universidad cuando se le había hecho tarde por pasar la noche pensando en un obsequio para Lily en su cumpleaños. Y ahora parecía que su prima le estaba devolviendo el favor.
—Lily me ayudó a escogerlo, así que espero que el color sea el adecuado —escuchó decir a Scorpius, quien se había inclinado para abrir uno de los botes de pintura.
Rose miró la sustancia semi-espesa en el interior y sintió una extraña emoción apretujar su pecho cuando reconoció la tonalidad. El color era un rojo quemado, profundamente oscuro, que destellaba a contraluz. Era idéntico al color que habían tenido las paredes de la biblioteca en la casa donde había crecido con sus padres. Los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar aquella habitación, que durante muchísimos años había considerado el mejor lugar del mundo. Casi todos en su familia debían saber que Rose siempre soñó con la posibilidad de poder recrear, aunque fuera de una manera más simple, la biblioteca que había pertenecido a su madre y ahora…
—Sí, es genial. Gracias —respondió con una sonrisa nerviosa, sintiéndose profundamente tocada por ese detalle.
Lily le tendió otro overol con una enorme sonrisa que hacía brillar sus ojos castaños y eso le recordó que sus primos seguían allí con ellos. Otro detalle más que hacía aún más especial todo, pues Rose sabía de sobra que era final de semestre en las universidades, y que ellos se hubieran tomado un tiempo para venir a hacer esto por ella era realmente dulce.
En ese momento, como si quisiera evitar que ella se pusiera del todo sentimental y esto tuviera el efecto contrario al que esperaban, Albus aplaudió dos veces y dijo:
—Bueno, muchachos, comencemos con esto que no me estoy haciendo más joven parado aquí.
Lily soltó una risita y miró a su hermano divertida.
—¿El abuelo? Ahora imita al tío Percy, anda.
Como única respuesta, Albus le pasó un brazo por el cuello y la acercó a él para alborotarle el cabello, despeinándola. Andrew respiró profundo y susurró algo que a Rose le sonó bastante cercano a: "cada vez que están juntos es lo mismo…"
—¡Albus! —exclamó la menor de los Potter, soltándole un pequeño golpe en el brazo a su hermano. Se alejó unos pasos y tuvo que quitarse la liga para recogerse el cabello en un extraño moño retorcido luego de que hermano le deshiciera su perfecta cola de caballo.
Sabiendo perfectamente que si no lograban comenzar pronto, el resto del día se iría en la amigable riña entre hermanos, Rose se apresuró a cubrir su ropa con el overol mientras Scorpius y Andrew se dedicaban a preparar todo para que empezaran a pintar. Ahora agradecía haber decidido ponerse aquellos viejos tenis de lona que definitivamente habían tenido días mejores.
Los cinco recogieron sus respectivas brochas, colocaron dos charolas con pintura en ambos extremos de la habitación, y entonces se dieron a la tarea de reemplazar el color de los muros. Albus, Lily y Andrew por un lado y Scorpius y Rose por el otro.
Apenas habían pasado algunos minutos, cuando Al hizo notar el aburrido silencio que los rodeaba y le sugirió a Rose ir a poner algo de música. Quince segundos después y comenzó a pensar que había sido un error cuando desde la estancia principal del departamento llegaron los primeros acordes de "Play that funky music" de Wild Cherry a todo volumen.
Rose apareció de vuelta por la puerta, siendo recibida por una variedad de expresiones entre los presentes.
—Y volvemos al baile escolar de la generación 1976… —suspiró Albus con clara resignación.
—¿Eso es…?
—Síp —respondió Lily a la pregunta sin formular de Andy—. El método de tortura de los tiempos modernos en el infierno: el funk.
—No puedo creer que pongas eso, Weasley —dijo Scorpius, sacudiendo la cabeza.
Sin embargo, Rose hizo oídos sordos a sus quejas y protestas. Ésa canción era una de sus favoritas y no resultó ninguna sorpresa que fuera reproducida cuando ella seleccionó la opción de "aleatorio" en su iPod. Regresó a su tarea de pintar el muro cercano a la puerta, moviéndose tranquilamente al ritmo de aquella vieja canción, y cuando Al utilizó la brocha como un micrófono improvisado para cantar el estribillo, Rose sabía que sin importar cuanto se resistieran, el funk terminaría por anidarse profundamente en ellos. Era mucho mejor que el moho.
La música, los comentarios espontáneos así como los breves momentos de baile y las risas hicieron que el tiempo comenzó a correr mientras el cambio en la habitación iba haciéndose más notorio. El nuevo color de las paredes haría resaltar la tonalidad de la madera de los libreros y, Rose pensó, si conseguían un tapete estilo persa en el mercado de antigüedades, eso sería el toque maestro.
Cuando llegó el momento de pintar las partes más altas de los muros, Rose soltó un suspiro mientras acomodaba la escalera para poder subir. Sin embargo, apenas iba a poner un pie en el primer peldaño, cuando súbitamente Scorpius la abrazo de las piernas y la levantó, haciéndola tambalearse en el aire.
—Mira en el librero.
Rose tuvo que hacer uso de su escaso equilibrio para apoyar las manos en el mueble cercano, sintiendo que si no tenía el suficiente cuidado la más ligera brisa la haría terminar con la cara embarrada en el piso.
—No alcanzo. ¡Scorpius, bájame!
—Fíjate bien —le dijo él de nuevo, negándose a su petición—. Dime, ¿qué es lo que ves?
—¡Aquí no hay nada! ¡Scorp…! —la exclamación se evaporó en los labios de Rose cuando sus ojos alcanzaron a ver el destello de algo brillando en el extremo más alejado.
Se estiró para apoyarse un poco más en el librero y su brazo logró alcanzar el pequeño objeto. Ni siquiera sintió cuando Scorpius la bajó por fin, la firme duela bajo sus pies ahora estaba más allá de su percepción sensorial. Sus ojos y toda su atención estaban perdidos en el particular brillo tornasol de los pequeños cristales que conformaban el brazalete que sostenía en la mano.
—¿Te gusta?
Rose seguía sin alzar la mirada, pero sabía que Scorpius estaba extremadamente cerca de ella. Podía ver la tela blanca de su overol cubrir la mayor parte de su campo visual, y el olor de su colonia la envolvía como cuando se despertaba a medianoche y lo descubría abrazándola. Casi podía sentir el calor de su cuerpo acariciando el suyo por encima de la ropa.
—¿Es… lo que creo que es? —inquirió sin poder salir de su sorpresa.
—Una pulsera por otra.
Entre más veía el brazalete más se daba cuenta de que era el mismo. Se trataba de aquella antigua joya que ella había visto durante su viaje a Niza, mientras paseaban por el mercado local para comprar recuerdos para su familia, y que por problemas de presupuesto no había podido comprar. Jamás le pasó por la cabeza que Scorpius la habría comprado para ella. ¿En qué momento del día lo había hecho? Tal vez cuando la había dejado sentada en un banco en medio de la plaza y había ido a buscarles algo de comer. Era lo más probable.
Él tomó la pieza de joyería de su mano y con habilidad se la puso. Por fin Rose alzó la vista y se encontró con su apuesto rostro enmarcando una sonrisa que logró desbordar la calidez en su pecho.
—¿La tienes desde nuestra luna de miel?
Scorpius se encogió ligeramente de hombros.
—Quería dártela el día de tu cumpleaños pero luego pensé que, en realidad, no sabía cuándo era tu cumpleaños así que me dediqué a esperar la ocasión.
—Gracias.
Rose no pudo hacer otra cosa más que sonreírle. El globo de felicidad que se había inflado en su interior desde el día anterior, cuando habían estado en el partido de fútbol de sus sobrinos, ahora se había convertido en algo tan gigantesco que a ella no le sorprendería que le explotara dentro.
—¡Oigan, tórtolos! —exclamó Al desde el otro lado de la habitación dándole fin al extraño momento que se estaba dando entre los dos—. Tengo que recordarles que nosotros debemos volver a Cambridge antes de las doce.
Rose asintió varias veces con la cabeza y dio un paso hacia atrás para recoger el rodillo que se le había caído cuando Scorpius la había levantado del piso. Con suma lentitud subió uno a uno los peldaños de la escalera, teniendo la repentina sensación como si no sintiera nada sólido bajo sus pies. Alzó la mano para comenzar a pintar y el brazalete destelló exigiendo su atención de inmediato. La sonrisa estiró sus labios sin que pudiera evitarlo. Se mordisqueó el labio y agitó la cabeza para enfocarse en lo que estaba haciendo. Era eso o seguramente terminaría pintando el techo.
Su lado de la pared quedó listo al poco rato. Tenía buena pinta, pero aún le hacía falta otra capa de pintura.
—Espera, creo que te faltó una parte —dijo Scorpius a su lado mientras ella recogía la escalera.
Rose frunció el ceño y comenzó a inspeccionar con ojo analítico cada centímetro de pared, buscando alguna mancha restante de aquel horrible color púrpura.
—¿En serio? ¿Dón…? —su pregunta quedó interrumpida cuando sintió la húmeda brocha en su mejilla izquierda—. ¡Scorpius!
Scorpius sonrió satisfecho y dio un salto hacia atrás cuando ella estiró el brazo con brocha en mano dispuesta a regresarle el favor. Rose logró manchar su overol, que hasta entonces había mantenido el impecable blanco casi en su totalidad, pero eso no era suficiente; no cuando ella tenía una enorme mancha de pintura roja en la cara. Comenzaron a forcejear, persiguiéndose por toda la habitación, recibiendo algunas protestas de Al y Lily cuando, en un intento por pintar al otro, Scorpius y Rose los habían manchado. Finalmente, cuando Rose creía que por fin podría cobrar venganza, Scorpius la tomó de las muñecas y la abrazó para intentar evitar que lo llenara de pintura. Sin embargo, ella luchó contra su agarre y consiguió sacar su mano para mancharle la barbilla.
Los dos se echaron a reír. A Rose le sorprendió tanto, pues nunca había escuchado a Scorpius hacerlo. Él por lo general hacía extrañas muecas irónicas, y ella se había sentido halagada cuando había visto por primera vez una sonrisa sincera suya, pero definitivamente tuvo que admitir que amó el sonido de su risa. Otra cosa a la que podría acostumbrarse con facilidad si él lo hiciera más a menudo.
En ese instante, sintiendo una extraña sensación de que había alguien más en la habitación, Rose se inclinó para mirar detrás de Scorpius y vio un rostro que los observaba desde el marco de la puerta. Scorpius bajó un poco los brazos sin dejar de abrazarla y ladeó la cabeza para mirar en la misma dirección. La visita permaneció congelada en su sitio hasta que su mirada se encontró con la de Scorpius.
—Oh… lo…lo siento —dijo titubeante, parpadeando con rapidez—. La puerta estaba… perdón…
Antes de que alguien pudiera decirle algo, la joven giró sobre sus talones y prácticamente salió corriendo. Scorpius fue tras ella sin pensarlo dos veces.
—Phoebe, espera…
El silencio que se formó tan pronto como terminó aquella inesperada interrupción, resultó bastante incómodo. Rose permaneció ahí, parada junto a uno de sus libreros, aferrando el mango de la brocha con la mano.
—¿Quién es ella?
Rose apenas pudo escuchar la voz de Andrew.
—Phoebe Hannigan.
—¿La diseñadora de modas?
Rose asintió con la cabeza, ignorando la incredulidad en el tono de su amigo, aunque sabía que aquella mujer era mucho más que eso. Ella era…
—La ex novia de Scorpius.
…
Scorpius tuvo que bajar las escaleras lo más rápido que pudo, aun sabiendo que tropezar sería lo peor que podría pasarle. Los padres siempre te advierten desde pequeño: "no bajes corriendo", pero uno siempre termina por olvidar las advertencias. Sobre todo porque, por lo general, sólo te prohíben qué hacer y olvidan decirte el por qué, qué pasaría si desobedeces. Aunque él lo sabía ahora, mientras sus pies apenas tocaban el firme concreto bajo ellos, las implicaciones de una lesión por algo tan estúpido como bajar corriendo las escaleras eran algo que no podía, ni quería, pensar en ese momento. Las consecuencias de no alcanzarla ocupaban toda su mente.
Había tenido que esperar a que el ascensor volviera a subir para que él pudiera llegar al piso de abajo y después tomar las escaleras. Era el camino más rápido. Estaba en el rellano del segundo piso cuando escuchó el peculiar zumbido que hacía la puerta del edificio cuando era abierta. Aceleró su paso, sin siquiera notar la mirada sorprendida del portero, y tan sólo unos segundos después él ya había salido a la acera. Con la respiración muy agitada, miró en todas direcciones hasta que captó el vistazo de aquella melena oscura caminar a toda prisa a su derecha. Echó a correr en esa dirección, apenas disculpándose por casi arrollar a un par de transeúntes que iban en la dirección opuesta.
Cuando logró darle alcance a la diminuta silueta, la tomó del brazo y la obligó a detenerse.
—Phoebe.
Ella se dio vuelta y mantuvo la mirada en el pavimento. Parecía bastante nerviosa, y él no podía imaginar el por qué.
—Yo… vine porque no has respondido a mis llamadas y pensé… quería mostrarte la fotografías para la campaña publicitaria y… lo lamento… no quería interrumpir —dijo en un rápido susurro donde las palabras se atropellaban unas a otras al salir de su boca. Su mirada había dejado el piso y se paseaba por todos lados, excepto en él.
Scorpius conocía bien esos gestos: el hablar rápido, el temblor corporal, los ademanes exagerados, que ella evitara su mirada, la manía de ponerse un mechón de cabello tras la oreja una y otra vez… Cuando por fin sus ojos se encontraron fugazmente con los suyos, eso le permitió ver los destellos de lágrimas que cristalizaban el pálido color azul de sus iris. Algo que él ya esperaba.
Ella desvió la mirada avergonzada al darse cuenta de la forma en que él la miraba.
—De… debo irme. —Hizo el amago de reiniciar su camino, pero la mano de Scorpius se mantuvo firme en su muñeca, impidiéndoselo—. Déjame ir, Scorpius —pidió en un sollozo. Eso terminó por desarmarlo. No sabía cómo, ni tampoco sabía por qué, pero así sucedió.
—No.
El silencio se posó entre ellos, como un campo invisible a su alrededor que los alejó de todo. Y en medio de ese silencio, Scorpius se dio cuenta de que todo lo que revelaba aquella simple palabra, una realidad con la que no tenía el valor de lidiar.
No.
Con ésa simple y sencilla palabra de dos letras lo descubrió todo por fin. Ahora ya sabía a qué se debía su constante molestia cada vez que se encontraba con ella. Después de estar con ella. Por qué no dudaba en responder cuando el teléfono sonaba y veía su nombre en el identificador. Por qué seguía yendo con ella a pesar de saber que no estaba bien. Qué era ese algo que le impedía odiarla a pesar de lo mucho que lo había lastimado, lo que hacía que los momentos felices que habían vivido pesaran más que todo el dolor. No se trataba de ella, se trataba de él.
Él no podía dejarla ir. No sabía cómo. No sabía si quería hacerlo.
…
Luego de aquella extraña interrupción, los cuatro que habían quedado en el apartamento decidieron volver a la tarea de terminar de pintar la biblioteca. Ninguno de ellos pudo negar que el ambiente había cambiado luego de la ida de Scorpius. Se había hecho un poco más lento, apagado. Rose habría querido ignorar lo que había sucedido, pero el hecho se rehusaba a abandonar sus pensamientos.
Al final, cuando la tarde ya comenzaba a caer en la ciudad y la tarea quedó concluida, todos votaron por pedir pizza para cenar y así ahorrarle el esfuerzo a Rose de tener que cocinar para ellos.
La música seguía apagando el silencio en el apartamento, aunque el volumen estaba considerablemente más bajo. Eso les permitió ponerse al día con todos los asuntos que habían quedado pendientes por platicar mientras comían pizza y bebían cerveza, sentados en el piso en torno a la mesita de centro. Todo parecía ir bien hasta que salió a relucir el incidente de horas antes. Scorpius no había aparecido desde entonces, tan sólo le había enviado un mensaje de texto diciéndole que él y Phoebe, su ex novia —se tuvo que recordar Rose—, irían a ver a Lex por cosas del trabajo, que era lo que había traído a Phoebe Hannigan —ex novia de Scorpius, se recordó otra vez— a su hogar en primer lugar.
—No puedo creer que su ex novia sea la diseñadora de modas —dijo de repente Andrew cuando todos se habían quedado callados y lo único que podía escucharse era la canción Cool de Gwen Stefani.
Oh genial, como si hiciera falta algo así.
Rose alcanzó el control remoto y cambió de canción. Cuando comenzó a escucharse Just like a pill de Pink, estuvo a punto de gritar y arrojar el control remoto a la piscina. No obstante, todo lo que hizo fue cambiar de nuevo de canción. ¿Dónde estaban las estruendosas canciones de rock que tanto le había insistido James que añadiera a su iPod?
—Ni siquiera preguntaré cómo es que sabes que es diseñadora de modas —dijo Lily con una risita ahogada antes de darle un trago más a su Guinness.
Andrew rió y levantó las manos.
—Me han descubierto. Veo "Project Runway", y ella ganó la temporada pasada —respondió sin dejar de sonreír.
—Y ellos ahora…
Rose captó el tono serio en la voz de Albus cuando dijo aquella frase incompleta. Sus ojos verdes estaban fijos en ella, a la espera de que explicara lo que evidentemente estaba pasando. Entre Scorpius y Phoebe Hannigan. Y entre Scorpius y ella. Porque Rose estaba segura de que su desazón era bastante evidente a pesar de lo mucho que quería ocultarla.
—No lo sé, ¿okay?
Andy la miró en silencio un par de segundos y después se encogió de hombros.
—Seguramente vino a tratar asuntos de negocios y nada más.
Rose quería creerlo, pero sabía que no era posible. Y no sabía por qué eso la molestaba.
"—Scorpius sigue enamorado de ella…
—¿Por qué estás contándome todo esto? No es como si Scorpius y yo fuéramos realmente marido y mujer, y yo tuviera que sentirme amenazada por una ex novia, ¿verdad?"
Rose sabía que su reacción en aquella ocasión había sido completamente distinta a cómo se sentía ahora, pero… siendo sinceros, no sabía lo que estaba pasando entre ella y Scorpius, así como tampoco podía especular sobre lo que ocurría con su antigua relación. Tuvo que reconocer que si comparaba los últimos días con la primera vez que se habían visto, definitivamente su relación con Scorpius había avanzado a pasos gigantescos, pero ella no podía entender todavía el por qué. ¿Qué eran ahora? ¿Amigos? Era casi un hecho. Y aún así… el asunto con Phoebe Hannigan…
—¿Estás celosa, Rosie?
—¿Qué? —parpadeó sorprendida y frunció el ceño—. ¿Por qué habría de estarlo?
Albus sonrió misteriosamente ante su respuesta.
—Creo que la respuesta debió ser un "no".
Rose se quedó en silencio, pensando durante largo rato en lo que aquello implicaba.
Nunca había sentido celos. Por nada ni de nadie, así que no sabía si lo que sentía era algo así. Estaba molesta, pero no sabía si era con Scorpius o con Phoebe Hannigan o con ella misma. Y aunque la parte racional de su cerebro le gritaba que no tenía sentido, no podía negar la sensación. Ese amargo nudo en el estómago al recordar la manera en la que Scorpius había ido tras Phoebe.
¿Por qué se sentía así?
…
Eran pasadas las diez de la noche cuando Albus tuvo que recordarse que debía ser la voz de la conciencia y decir que ya era hora de irse.
La pizza y los tres primeros six-packs de cerveza ya se habían terminado desde hacía un rato y no había pasado mucho tiempo antes de que fueran reemplazados por otras botellas de alcohol. Dado que el auto en el que habían llegado era suyo, tuvo que asumir el rol de conductor designado después de tres cervezas y así dedicarse a seguir las conversaciones cada vez más irreverentes entre Andrew, Lily y Rose, calmando su sed con simple jugo de arándanos. No era su parte favorita de ésta inesperada reunión familiar, pero tampoco podía quejarse.
Su misión de aquel día había sido ayudar a Rose a repintar su biblioteca, pero luego de que Scorpius se fuera con su ex novia, la verdad era que Al no había tenido el corazón para dejar a Rose sola. Había estado más que claro que aquel asunto la había afectado, aunque tal vez no terminaba de darse cuenta.
Era curioso como algunas cosas no cambiaban por muchos años que pasaran.
Rose nunca había sido una persona demasiado emocional, y eso siempre fue algo que lo mantuvo preocupado por ella. Su mamá solía decir que, en ese aspecto, Rose le recordaba mucho a Hermione, su madre, porque ambas parecían más del estilo "lógico y objetivo" cuando no sabían cómo lidiar con las cosas. Aunque Albus no lo había notado sino hasta tiempo después, luego de que sus tíos murieran.
Todavía recordaba vagamente esos días, cuando Rose y Hugo habían ido a vivir a casa de sus abuelos de forma definitiva. Una parte de él había estado feliz por tener a sus dos primos cerca por más tiempo, pues hasta entonces sólo se veían un par de veces al año; pero cuando la había visto parada en la puerta, tan fuera de lugar, tan ajena a todo lo que ocurría a su alrededor, le dio la impresión de que era como si ella ni siquiera estuviera segura de estar parada en el planeta correcto.
En ese entonces, y durante los siguientes años, lo único que tuvo Rose en mente había sido la escuela, tal vez en un intento por evitar pensar en la ausencia de sus padres, y así hubiera sido por los siglos de los siglos si Evander no se hubiera atrevido a pedirle una cita aun a sabiendas de que eso no le caería para nada en gracia a James. A partir de eso todo había parecido ir bien para su prima, pero entonces Evan se había ido a Alemania y Rose había vuelto a ser la misma niña que antes. El caparazón involuntario había sido levantado de nuevo y, aunque él reconocía que los logros que ella había alcanzado en esos pocos años eran dignos de admiración, parte de él volvió a preocuparse ante la posibilidad de que Rose no volviera a sonreír de nuevo.
Hasta que Scorpius Malfoy había aparecido…
Siendo absolutamente francos, aquel acuerdo no había sido de su agrado en un principio. ¿Casarse por un contrato? Él bien no podría ser la imagen del tradicionalismo, pero consideraba que ésa era una de las cosas con las que no debía jugarse. El matrimonio era algo importante. Así que le había molestado que Scorpius se hubiera valido de la fotografía de él besándola para ofrecerle un contrato con el fin de salvar su carrera asquerosamente hundida en escándalos, pero también le había sorprendido que Rose aceptara. ¿Qué podrían tener en común más allá de que ambos lo hacían para salvar sus respectivas reputaciones?
Todo se había vuelto extrañamente confuso para Albus desde eso.
Había ocurrido lo de San Valentín, y él había estado a punto de ir por la cabeza del jugador de Slytherin por hacer sufrir a su prima de aquella manera. Después, ella lo había llevado a la Noche Weasley y habían parecido un matrimonio bastante funcional y extremadamente normal. Luego había pasado lo de las fotografías que el bastardo de Glen Harris había filtrado en la prensa y entonces Scorpius había estado todo el tiempo con Rose, apoyándola como si realmente le importara. Se habían vuelto demasiado unidos. Y hacía tan sólo unas horas… jamás había visto sonreír a Rosie de la manera en que lo había hecho cuando encontró el brazalete que Scorpius había escondido en la parte superior del librero.
Así que por eso se había mantenido casi en silencio las últimas cinco horas. Para saber qué rayos estaba pasando realmente entre su adorada prima y el hombre con quien estaba casada.
Habría esperado que el alcohol tuviera el efecto de suero de la verdad que solía tener sobre Rose, pero su prima no dijo mucho al respecto sobre lo que a él le interesaba y, peor aún, Albus tuvo que iniciar una rápida retirada cuando comenzó a escuchar el repertorio de bandas de rock de los 80's, lo cual no era una buena señal en esos momentos. Algo curioso pasaba cuando Rose bebía de más, algo que él y James bautizaron con el nombre de la "fase: FWBF" en honor a una canción que su prima siempre escuchaba como un firme hábito cuando ya estaba realmente ebria. Por un lado, la lengua se le aflojaba y la hacía la persona más honesta sobre la faz de la tierra; mientras que por el otro…
Así que, antes de que comenzara a hablar del contrato que tenía con Scorpius, ayudó a Lily a recoger las botellas de cerveza y los platos sucios de la estancia y los llevó a la cocina. Volvieron a la sala para despedirse de Rose —Al le aconsejó que dejara de beber y se fuera a dormir antes de que se hiciera más tarde— y entonces los tres dejaron aquel lujoso departamento para tomar el ascensor.
—Creo que no debimos dejarla sola —dijo Andrew mientras bajaban.
Albus lo miró y se encogió de hombros con un suspiro.
—Confiemos en que se vaya a dormir tal y como dijo que haría.
—Está escuchando a Queen, ¿en serio crees que lo hará? Ya está más allá del bien y del mal, y lo sabes.
Lily soltó una pequeña risita sin poder contenerse. Albus dejó de mirar a Andrew y la miró a ella, también ya estaba algo borracha. Y verla así no hizo más que provocarle risa, la cual no tardó en ser secundada por la de Andrew. Albus quiso concentrarse en otra cosa que no fuera en los efectos del alcohol en sus dos acompañantes y fijó la mirada arriba, viendo cómo se iban iluminando uno a uno los números que indicaban los pisos que recorría el elevador hasta que las puertas de acero se abrieron frente a él.
Las risas en el interior del ascensor se desvanecieron cuando los tres pares de ojos se enfocaron sorprendidos en quién esperaba al llegar al estacionamiento subterráneo. Se trataba de Scorpius.
—¡Oh, qué bueno que llegas! —Exclamó Lily, manteniendo la sonrisa en sus labios mientras salía del ascensor—. Comenzabas a preocuparnos.
Albus lo miró durante unos segundos, medio esperando encontrar… bueno, la verdad es que no tenía idea de qué esperaba. Tal vez alguna pista que le indicara lo que ocurría, aunque al final no halló nada. Lo único que pudo ver fue una mortal seriedad en el rostro de Scorpius.
—Antes de que subas, creo que debes saber que Rose ya estaba en la temida fase FWBF —añadió Lily, completamente ajena a todas las suposiciones que su hermano estaba haciendo en ese momento.
Albus vio que Scorpius fruncía el ceño sin poder comprender lo que su hermana le estaba diciendo.
—¿Cómo?
—La fase: "Friends Will Be Friends". ¿Nunca la has visto así? —Lily suspiró profundo cuando Scorpius negó con la cabeza, pero la sonrisa se negaba a abandonar su rostro—. Bien, a grandes rasgos la dejamos bastante borracha para ti. No te propases con ella, eh. A menos, claro, que ella quiera que lo hagas. En ese caso: ¡qué se diviertan!
Albus sonrió pasmado al escuchar semejante exclamación desfachatada de su pequeña hermanita. De manera apurada se despidió de Scorpius y entonces inició el camino hacia el compacto negro que los esperaba a unos cuantos metros de ahí.
—Sabes que puede que esto no acabe bien, ¿verdad? —le dijo Andrew mientras ambos se ponían sus respectivos cinturones de seguridad.
Albus se detuvo un segundo y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Así que no era el único que lo había notado.
—Tal vez… o tal vez no.
…
Scorpius todavía no salía de la extrañeza que le había provocado la súbita despedida de los primos de Rose cuando el ascensor se detuvo al llegar último piso del edificio. Incluso antes de que las puertas se abrieran, la música proveniente del interior de su casa hacía retumbar las pesadas placas de metal. Por fortuna su casa ocupaba todo el último piso de aquel edificio, pero eso no significaba que los vecinos del piso de abajo —y del vecindario en general— no fueran a quejarse por aquel estruendo.
Con el ceño fruncido Scorpius cruzó el pequeño vestíbulo y abrió la puerta, siendo recibido por la música a todo volumen… acompañando a una Rose que cantaba a todo pulmón parada encima de la mesa en el centro de la estancia.
Oh… con que a eso se referían…, pensó cuando le puso atención a la, ya viejísima, canción que en esos momentos amenazaba con reventarle los tímpanos. Eran un milagro que los cristales de las ventanas que daban a la terraza no se hubieran estrellado ya.
Lentamente fue acercándose sin apartar la mirada de la mujer que hacía semejante espectáculo a esas horas. Rose estaba descalza, tenía los anteojos puestos —aunque algo chuecos— y balanceaba las caderas al ritmo de la música, de una manera tan cadenciosa que resultaba imposible de ignorar, mientras cantaba aquella canción como si estuviera en medio de un concierto. Parecía que ésta era la millonésima vez que la cantaba, incluso su expresión cambiaba a la par de la intensidad en la voz de Freddie Mercury, haciendo un playback casi perfecto.
Estaba tan perdida en su interpretación que ni siquiera parecía haber notado su llegada.
Scorpius no pudo hacer nada más sino sonreír. En cualquier otra persona hacer eso se habría visto realmente ridículo, pero había algo en Rose que la hacía ver absolutamente encantadora. Tal vez porque no era algo que se esperaba ver en ella con regularidad.
—"When you're through with life and all hope is lost, hold out your hand cos friends will be friends... ¡right till the end!"—En ese momento, Rose se echó hacia atrás y perdió un poco el equilibrio.
Scorpius dejó de mirarla atónito y logró reaccionar para atraparla en sus brazos antes de que cayera al piso. Ella soltó una exclamación ahogada y entonces lo miró con sorpresa.
—Volviste… —suspiró Rose, arrastrando las letras.
Bien, también le habían dicho la verdad sobre eso.
La falta de soltura de su lengua y sus mejillas extremadamente sonrosadas, además de lo que acababa de presenciar, le hicieron saber que se le habían pasado las copas un montón de tragos atrás.
Con cuidado la puso sobre el suelo, viendo cómo se tambaleaba un poco mientras metía los pies en sus zapatos, y alcanzó el control remoto del equipo de sonido para bajarle un poco al volumen cuando el repertorio de Queen continuó con la canción "Somebody to love". Scorpius no supo si sentirse agradecido o no porque el funk hubiera quedado atrás.
Para cuando volvió a prestarle atención, vio que ella caminaba hacia la cocina mientras continuaba tarareando aquella canción. La siguió de cerca, más para ver que no fuera a hacerse daño que por otra cosa, y vio la botella de vodka a medio terminar además de unas pocas cervezas que quedaban sobre la isla de mármol en medio de la cocina.
—¿Estás bien?
—¡Esto no tiene sentido! —Rose soltó un enorme suspiro, dejándose caer sobre un banco cercano. Scorpius se sentó junto a ella y alcanzó una botella de cerveza que permanecía cerrada.
—¿Qué cosa? ¿Tú borracha, o yo uniéndome a tu borrachera?
Ella lo miró con ironía por encima de sus anteojos mal puestos.
—Yo… ebria. O más bien, por qué estoy ebria… ¿sabes? No sé qué pasa conmigo, es como si después de tantas peleas, sólo quedara la cubierta. Soy como un huevo al que le sacaron el relleno. ¡Eso es, soy una cáscara! Me desconozco, tienes razón yo no soy así. Y no sé por qué ahora… estoy así. Este debe ser el fondo, a partir de aquí no puedo caer más bajo ¿verdad?
Scorpius tuvo que reprimir un poco la risa por escucharla hablar con tan poca coherencia e inhibición, nada que ver con la grandilocuente mujer que solía ser siempre. Sabía que lo mejor era llevarla arriba y hacerla dormir, pero una parte de él estaba curiosa. Nunca la había visto borracha, y eso parecía ser todo un espectáculo. Más del que ya había visto hasta ahora.
—Todos tenemos derecho a dejarnos caer al piso en algún momento, sólo… no lo hagas a diario —le dijo con sencillez, antes de darle un trago a la botella de cerveza.
Hizo una mueca al descubrir que ya estaba algo tibia. Se levantó de su asiento y se movió por la cocina para sacar un vaso de la alacena y un par de hielos del congelador.
—Tú no deberías estar bebiendo, eres el deportista aquí. ¿No juegas mañana?
—Es sólo una cerveza, no pasa nada.
Antes de que Scorpius tuviera tiempo de acomodarse perfectamente en su lugar de nuevo, Rose empezó a hablar sobre un montón de cosas. Muchas de ellas parecían no tener sentido, y otras tantas no las entendió del todo porque hablaba demasiado rápido, pero pudo distinguir los puntos importantes, es decir, su familia. Él ya sabía de sobra que eso era, quizá, lo más importante para ella en este mundo, pero tuvo que reconocer que le sorprendía la cantidad de detalles que recordaba sobre aquellos que parecían cercanos a su corazón. Sobre todo porque eran una familia realmente numerosa.
—Así que sí sabes todo sobre todos, eh.
—Aunque no quisiera. Incluso sobre ti. Sé que te gusta la cerveza oscura, Nickelback… y andar desnudo por la casa.
—No ando desnudo.
Rose apoyó los antebrazos sobre la mesa y se inclinó hacia él.
—¿Ah, no? Cada vez que estás aquí te quitas la ropa a la menor provocación.
—Eso no es verdad. Sólo ha sido en el baño y en mí habitación.
—Y en la cocina, ¿o tengo que recordarte que te quitaste los pantalones frente a mí en los primeros días que llegué aquí?
—Olvidé que tú no olvidas nada pero, admítelo, te gusta verme desnudo.
La vio abrir la boca para exhalar con una mezcla de indignación e ironía.
—Ese no es el punto, y no, no olvido nada —le respondió mientras alcanzaba la botella de Grey Goose que había cerca y se servía un poco en el vaso frente a ella—. Tengo memoria eidética, o sea que todo lo que llegue a mi mente ¡zaz! se queda grabado ahí para siempre. Por ejemplo, nunca olvidaré el beso que me diste en el club de Melinda… agh… fue desagradable. ¿Por qué lo hiciste?
Scorpius detuvo el vaso con cerveza a medio camino hacia su boca y sonrió.
—Me pareció buena idea besar a una tierna mesera que nunca iba a tener nada que ver conmigo. —Su respuesta no pareció convencerla ni un poquito.
—No, ya en serio, ¿por qué?
Scorpius sopesó seriamente la posibilidad de ignorarla y cambiar de tema, pero algo le decía que una Rose ebria era incluso más testaruda que la Rose de todos los días.
—No lo sé, me hiciste enojar —aceptó mientras se encogía de hombros, esperando que eso resultara suficiente.
—¿Y besas a todos los que te molestan?
—No, pero… no lo sé, me sacaste de mis casillas más rápido que cualquier otra persona lo ha hecho jamás. Me vuelves loco.
Ella guardó silencio durante un instante. Su mirada se mantuvo fija en las irregulares líneas del mármol de la mesa y su ceño comenzó a fruncirse lentamente conforme su cerebro comenzaba a sacar conclusiones.
—O sea que… cada vez que peleamos… ¿quieres besarme?
No se había esperado aquello.
Guardó silencio durante un instante. Al otro lado de la puerta de la cocina el repertorio de canciones de Queen continuaba y eso le hizo preguntarse si acaso ella no tendría la discografía completa. Más importante, ¿cómo era posible teniendo música tan genial, ella siguiera prefiriendo el funk?
Al final, sin más opción para enfrentar lo obvio, se empinó el vaso y sacudió la cabeza.
—No responderé a eso.
—¿Por qué no?
—Porque, si no mal recuerdo, la única vez que lo hice casi me dejas sin bolas. Así que no quiero darte un motivo para que lo repitas. Con una vez tuve suficiente, muchas gracias.
Vio que Rose sonreía un poco y estaba casi seguro de que en esos momentos recordaba lo mismo que él: aquel paquete de puñetazo y rodillazo en la entrepierna que le había dado en el callejón afuera del bar. Nunca nadie lo había golpeado con tan tremenda fuerza, especialmente una mujer. Sin embargo, ahora que lo pensaba, eran muchas las cosas que Rose hacía y que nunca nadie había hecho con él. Buenas y malas.
La verdad es que Rose era diferente a cualquier mujer que hubiese conocido jamás. Era tan diferente a él. Y no sólo lo decía porque él fuera un futbolista envuelto en escándalos y ella una lingüista que a su corta edad había logrado lo que personas muchísimo más viejas. Si sus profesiones no tenían nada en común, algo que el mundo entero había puntualizado hasta el cansancio, sus personalidades estaban en lados opuestos del universo. Y aún así, había algo en ella que lo atraía como un poderoso imán. Durante sus primeros días de casados había encontrado una extraña satisfacción en molestarla, en verla hacer caras por las frases o acciones descaradas que él tenía para con ella. Le había sorprendido verse a sí mismo enmendar las cosas cuando sabía que definitivamente había cruzado la línea. Le había intrigado que, a pesar de que él podía comportarse como un gigantesco imbécil, de alguna manera u otra ella siempre volvía a hablarle. Y cuando la escuchaba reír o la veía sonreírle algo jodidamente extraño pasaba dentro de él, no sabía cómo definirlo, pero era algo totalmente bueno. Tan bueno que, cuando la veía llorar por causa de algo o alguien, no había dudado en exigir sangre por ello.
No podía negar que Rose se había convertido en una gran parte de su vida.
—Bueno, entonces te intercambio la pregunta —le dijo ella, sacándolo de sus reflexiones.
—Adelante.
—Cuéntame algo de ti.
—Pensé que sabías mucho sobre mí.
Rose le sonrió con obviedad.
—Sólo lo que he visto estando casada contigo. Anda, cuéntame algo que nadie sepa. Y después puedes preguntarme lo que quieras. Será un quid pro quo ¿sí?
Scorpius sonrió y se cruzó de brazos. Esto estaba resultando mucho más divertido de lo que se imaginó.
—Mmm… bueno, soy horriblemente alérgico a las abejas.
—Eres el peor mentiroso del mundo…
—No, es cierto. Cuando tenía nueve, me picó una y fui a dar al hospital porque entré en shock. Creo que sólo lo saben mis padres y Lex… y ahora tú.
Ella volvió inclinarse apoyada en sus brazos para mirarlo de cerca con los ojos entrecerrados. Parecía que esperaba ver en su rostro si le estaba mintiendo, pero él podía jurar que cada palabra de lo que le estaba diciendo en ese momento era sólo la pura verdad.
—Bien —dijo Rose sin estar muy convencida, aceptando aquel pequeño intercambio de información—. Ahora puedes preguntar.
Scorpius la miró durante largo rato mientras pensaba en qué podría preguntarle. Siendo completamente honestos, nunca le había pasado por la cabeza querer saber algo sobre ella, al menos no algo en específico. Si bien en los meses que llevaban casados había aprendido un montón sobre las cosas que le gustaban y las que la hacían enojar —especialmente sobre las últimas—, no había sido porque él realmente tuviera interés al respecto. Sin embargo, antes de que pudiera detenerse, le preguntó:
—¿Qué hay con Donnelly?
—¿Mmm?
—Evander Donnelly —repitió, atrayendo de nuevo su atención cuando ella había comenzado a tararear la canción que llegaba desde la sala. Si no se equivocaba, era "Just like heaven" de The Cure—. Tú y él…
No le pasó desapercibido el cambio que hubo en la expresión de Rose cuando comprendió a lo que él se refería. Una tierna sonrisa se dibujó en sus labios como si buenos recuerdos comenzaran a colarse en su mente.
—¿Has escuchado cuando las niñas pequeñas dicen que les gustaría conocer a un caballero de brillante armadura? Pues él lo fue para mí. Él fue… mi caballero de brillante armadura —le respondió en un suspiro cargado de anhelo.
—¿Y qué pasó?
—Tuvimos sueños diferentes que nos llevaron por caminos distintos. Él fue fichado por Gryffindor y trasladado a Alemania, y yo… me quedé aquí.
—¿No te pidió que fueras con él? —La pregunta apenas abandonó sus labios y los ojos de Rose se velaron con tristeza.
—Claro que lo hizo. Pero no pude aceptar. ¿Qué hubiera hecho yo allá, además de convertirme en una piedra en su zapato? Jugar fútbol profesionalmente era su sueño, no el mío. Y por todas las cosas que me platicó, no iba a llegar allá y sería recibido con bombo y platillo. Su camino iba a ser difícil, no hacía falta que yo me agregara como otra más de sus presiones.
Scorpius sabía que eso no era asunto suyo, pero una parte de él tuvo que admitir que quería conocer toda la historia completa. Sobre todo porque había ciertos detalles que le daban una perturbadora sensación de déjà vu.
—¿Y por qué no le pediste que se quedara?
—Porque no podía ser tan egoísta. Sabía que él se quedaría si yo se lo pedía pero, piensa, ¿cuánto tiempo habría pasado antes de que se diera cuenta que había dejado escapar la oportunidad de su vida por mí?, ¿crees que seguiría amándome después de eso? Y más aún, ¿acaso tú podrías vivir sabiendo que alejaste a la persona que amas del sueño de su vida? Así que tuve que dejarlo ir. Por su bien y por el mío.
—¿Y lo extrañaste?
—Cada bendito día.
Scorpius dedujo que éste era el momento de dar por concluida esta extraña conversación porque algo le decía que muy probablemente no terminaría bien, pero no pudo hacerlo.
—¿Aún lo amas?
Rose lo miró durante un par de segundos. La intensidad que brilló en sus ojos al escuchar su pregunta le dio la impresión de que repentinamente ya no estaba borracha; no obstante, su voz volvió a salir con dificultad.
—Sí —aceptó, provocando que algo en él se agitara en contra de su voluntad. Fue como un fuerte tirón en el centro de su pecho. Rose pareció ajena a su reacción y añadió—: Lo amé desde los dieciséis años y lo he hecho durante todo este tiempo en que estuvo fuera. Es probable que siempre lo haga… aunque eso no significa que siga enamorada de él.
—¿Ah, no?
—Nop.
Rose sonrió mientras se frotaba el rostro con las manos, parecía que el alcohol comenzaba a adormilarla. Había llegado el momento de terminar con esa conversación.
—Creo que ya es hora de que te vayas a la cama.
—De acuerdo, puedes llevarme a la cama. —La vio abrir los ojos de par en par y luego se echó a reír cuando comprendió el doble sentido de aquella frase—. ¡Sólo a dormir! —aclaró mientras se levantaba del banco.
Scorpius sacudió ligeramente la cabeza y sonrió. Qué mala suerte que no se le hubiese ocurrido la idea de grabarla, así hubiera sido genial ver su reacción mañana por la mañana cuando se viera a sí misma tan borracha.
—Debes dejar de cargarme así —repeló ella cuando se la echó en el hombro, luego de ver que el último trago de vodka había sido demasiado para su escaso equilibrio.
—Pues entonces aprende a caminar.
—Bájame —le pidió, agitando perezosamente los pies—. ¡Mi zapato!
—Bajaré por él después de llevarte a tu habitación —respondió Scorpius mientras tiraba del borde de esa vieja camiseta de concierto que ella traía puesta para cubrirle la porción de espalda que le había quedado al aire.
—¡No! No podré dormir sabiendo que está perdido aquí. Soy una obsesiva-compulsiva, ¿recuerdas?
Scorpius cerró los ojos y respiró profundo pidiendo un poco más de paciencia.
Se acercó al sofá y la dejó recostada ahí mientras buscaba con la mirada su preciado zapato por toda la estancia. Lo vio al inicio del pequeño pasillo que llevaba a la cocina y a las otras habitaciones. Lo recogió y volvió a donde la había dejado, apoyó una rodilla en el piso y se lo puso.
—Listo, ya tienes tu zapato —le dijo mientras se levantaba del suelo—. ¿Podemos irnos, ya?
Entonces notó que Rose lo miraba con curiosidad.
—Lily tiene razón, ahora sí eres como un príncipe.
Scorpius sonrió sin poder evitarlo al escucharla.
Debía reconocer que su humor al regresar a casa no había sido el mejor y él estaba seguro de que, si las circunstancias hubiesen sido otras, eso se hubiera traducido en una de sus usuales peleas. Sin embargo, increíblemente la borrachera de Rose había conseguido hacer que a él se le olvidara su molestia.
Ése había sido el mejor cumplido que alguien le había hecho… bueno, él se atrevería a decir que jamás. Por lo general adulaban su cuerpo, su rostro, su talento en el fútbol. La gente le decía que era guapo, sexy, que estaba bueno, pero ¿que era un príncipe? Rose era la primer persona en verlo de ésa manera.
Estiró la mano para echarle hacia atrás un mechón de cabello que cubría su ojo y su mano quedó prendada de su mejilla, la cual acarició con el pulgar.
Tarde comprendió que eso había sido un error.
Antes de pensar en otra cosa, inclinó el rostro y se acercó a su boca, la escasa conciencia que le quedaba le exigió detenerse a solo unos milímetros. Lo único que podía ver a esa distancia fueron los hermosos ojos de Rose mirándolo expectantes y entonces… sintió sus labios recibir los suyos, terminando con la anticipación. Habría esperado algo de timidez o duda, pero lo que recibió de Rose fue pasión en gran escala que hizo estallar la suya como una chispa en un barril lleno de pólvora.
Sus manos buscaron de inmediato y se aferraron a su pequeña cintura, sosteniéndola lo más cerca que podían y su cuerpo la aprisionó contra el sofá. Sintió las suaves manos de ella en cada una de sus mejillas y él no pudo aguantar mucho antes de mordisquear su labio y pedir acceso al interior de su boca. El sabor del vodka fue extremadamente dulce mezclado con el suyo, dejándolo mareado y sediento por más. Mientras sus manos se deslizaban por la piel de sus brazos, las de ella lograron alcanzar el borde de su camiseta y Scorpius interrumpió el beso lo suficiente como para que se la sacara por la cabeza para luego lanzarla lejos.
Este es el momento de detenerse…
Pero él ignoró la idea cuando los labios de Rose buscaron los suyos de nuevo, incluso con mayor intensidad que antes. Scorpius se acomodó en el sillón sentándose y sin ningún esfuerzo la levantó para acomodarla sobre su regazo. Sus dedos juguetearon con el borde de aquella camiseta de Coldplay hasta que se hartó y prefirió quitársela. Un estremecimiento lo recorrió de arriba a abajo cuando la calidez de su piel se filtró a través de cada poro de la suya, fundiendo sus huesos hasta convertirlos en una masa que no lo sostendrían de no ser por el soporte del sofá.
Debes parar…
Y él intentó hacerlo pero era difícil resistirse, mucho más cuando Rose fue directamente a su cuello y comenzó a mordisquear la piel que tenía a su alcance. Demonios, ¿dónde había aprendido a hacer eso? Pero él no se quedó atrás. Besó su cuello, sus hombros, la línea de su clavícula hasta el nacimiento de sus pechos, cada parte de su cuerpo expuesta a él a la espera de que tomara plena posesión de ella.
Scorpius no podía pensar en todos los niveles en los que esto estaba mal. Lo único que podía pensar era en esta mujer, que era hermosa e increíble, justo donde la tenía en ese momento. No le importaba si estaba bien o mal. Aunque, si lo pensaba mejor, tampoco estaba en su naturaleza seguir las reglas de los demás.
Rose se acomodó sobre sus piernas y un tímido gemido se estrelló contra sus labios cuando rozó contra su sexo por encima de la tela de sus pantalones. Las manos de Scorpius se aferraron con fuerza a sus caderas para mantenerla en su sitio, como si de repente lo invadiera un miedo irracional a que se escapara. Además de la ardiente e intoxicante pasión había algo en el toque de Rose, una clase de profunda ternura que él nunca había experimentado de nadie y que lo hacía arder en llamas. Era como deliciosa miel tibia regándose a través de toda su piel, en cada parte que su cuerpo chocaba con el suyo, haciéndolo ansiar más y más de ella. Sus dedos tantearon la suave piel de sus costados, deleitándose en la delicada curva de su cintura, hasta aproximarse peligrosamente al borde del sostén de encaje azul.
Fue entonces cuando los labios de Rose se deslizaron lejos de los suyos y lo siguiente que sintió fue su cabeza apoyarse en su hombro de golpe. Todo se quedó en silencio, la única respiración jadeante que se escuchaba era la suya.
—¿Rose? —se atrevió a susurrar con dificultad debido a la falta de aire.
Un suave suspiro sobre su cuello le hizo saber que Rose se había quedado profundamente dormida.
«Continuará…»
¿Y bien? ¿qué les pareció? ¿valió la pena la espera? —Espero que sí—.
De nuevo, les agradezco muchísimo por darse el tiempo para leer y por su apoyo a través de sus hermosos reviews. Les debo respuesta, lo sé, pero prefería actualizar en vez de llenar sus bandejas de entrada con posibles tonterías, aunque prometo hacerlo en la próxima entrega ^^.
Nos leemos pronto!
Anna
