*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.


No me gustan los guapos

Capítulo 26: Viaje a Grecia (Parte 1)

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Normalmente Bella se hubiera puesto a la defensiva con la actitud del tal Nikos, pero había estado tan ocupada besando y acariciando a Edward durante el viaje, que no le preguntó de qué se trataba o con quién se iba a reunir. Así que estaba un poco a ciegas sobre la situación, salvo las personas que le había ayudado a identificar Edward al llegar, y no quería poner en riesgo los negocios que él pudiera tener con esas personas.

—Y dime Bella... —la interrumpió en sus pensamientos Helena—, ¿desde cuándo sales con Eddie?

—Ahhmm... no mucho, en realidad.

—Perdona que me metiera y que inventara que eres su prometida... pero... conozco a mi hermano y me di cuenta cómo te veía desde que se pararon en la puerta.

—¿A qué te refieres?

—Ven, vamos a la terraza para platicar más tranquilas. ¿Quieres algo de tomar?

—Sí, por favor. Un vodka estaría bien. —Y las dos chicas salieron a la terraza donde había una vista espectacular.

—Ahora, no me tomes a mal mi relación con Eddie. Nos conocemos desde hace algunos años. Él empezó a hacer negocios con mi padre para unos resorts en Mykonos y en Santorini, y ahí lo conocí. Yo estaba pasándola bastante mal por un novio que me había dejado, estaba deprimida y cuando él venía a ver a mi padre, siempre se portaba muy amigable conmigo. Te confieso que comencé a enamorarme de él...

Bella tomó un poco de aire ante la confesión y dio un largo trago a su bebida... Confiaba en Edward y él no le había dicho nada de que hubiera tenido algo con ella. No quería hacerse historias de lo que podía haber pasado, así que contó hasta diez y se tranquilizó. Quería saber más y la chica, de alguna manera, le inspiraba confianza.

—¿No estaba con Jessica, entonces?

—Claro que sí... Pero eso no me importaba. Casi no viajaba con ella. Al menos no cuando venía aquí... Un día salimos con mi hermano Demetrius y un par de amigos más y me encontré con mi ex. Estaba con una chica y me sentí fatal... pero ahí estaba él, trató de animarme y hasta bailó conmigo... Creo que ese día se convirtió en mi príncipe azul.

Respira Bella, tranquila... Hay que escuchar toda la historia. Además, no puedes culparla por pensar en Edward así, sabes que es un gran tipo y peligrosamente encantador.

—¡Oh!...

—Bueno, qué te puedo decir yo de Eddie que tú no sepas, ¿verdad? —y soltó una pequeña risita—. ¡Es increíble!

—Sí, lo es —respondió un poco incómoda.

—Y la verdad es que... acabas de arruinar mi plan...

—¿Cómo?... ¿De qué demonios habla?

—Si Eddie hubiera cruzado esa puerta del brazo de Jessica... habría puesto en marcha mi plan para enamorarlo...

—¿Perdona?

¿Soy yo o esta chica está un poco loca?

—Conocí a Eddie cuando él tenía veintidós años... y yo trece —le sonrió a Bella—. Definitivamente era un amor platónico, ¿no crees?... Hoy la diferencia no se nota tanto, así que pensé que podría tener una oportunidad pero... —hizo una pausa y se giró a donde estaba su padre con su hermano y Edward— las veces que Eddie ha venido, desde que lo conozco, no lo he visto así, como hoy que llegó contigo... Te aseguro que mi padre también lo notó y por eso se acercó a detener a Nikos.

—Escucha... la verdad no quise responderle nada a tu hermano porque no quiero arruinar las relaciones o negocios de Edward, pero francamente los comentarios de tu hermano no me parecieron muy apropiados.

—Lo sé, como ya te dije, noté la forma en que te miraba desde que llegaron, pero te aseguro que Eddie y mi padre se encargarán. Nikos siempre ha estado un poco... o bastante celoso de Eddie, ya te imaginarás, así que no dudo que se hubiera planteado la idea de robarle la cita o la novia... Por eso dije que eras su prometida... Pensé que de alguna manera eso lo detendría un poco. Y, afortunadamente también llegó mi padre, así que relájate, Bella. Te aseguro que, aunque sea por fuerza de una orden de mi padre, se mantendrá a distancia.

Mientras tanto, los socios se ponían al tanto de la situación en los negocios y en sus familias.

—Mi querido Edward... finalmente vas a casarte. —El padre de Helena encabezaba la conversación.

—Así es, Nicholas. —Sonrió y miró hacia donde se encontraba Bella platicando con Helena. Se veía hermosa.

Realmente espero que sea pronto... Espero que no se haya molestado por la idea de que todos aquí crean que es mi prometida.

—Te felicito, se ven realmente enamorados... De hecho, he de suponer que el golpe que traes en el ojo ha sido por defender el honor de tu novia.

—Algo parecido.

—No quiero imaginarme cómo quedó la otra persona... —se acercó para hablarle en tono más confidente—. Antes de casarme con la madre de mis hijos tuve varios enfrentamientos, en una ocasión hasta terminé en la cárcel por unas horas, pero los idiotas no dejaban de insinuarse y uno no se puede quedar así como si nada —y soltó una carcajada—. ¡Salud, Edward! Por tu felicidad con esa hermosa chica...

—Gracias... —miró de nuevo hacia Bella y al cruzar sus miradas, sonrió y levantó su copa haciendo un gesto de brindar con ella. Bella correspondió y ambos bebieron.

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Dos horas después se retiraban de la casa de los Vikelas. La cena había transcurrido tranquila e incluso divertida, gracias a las continuas intervenciones del patriarca que, contaba distintas anécdotas de su juventud. Helena también se había comportado muy amigable con Bella, al parecer la chica realmente consideraba a Edward un amor platónico, y nadie la podría culpar. El tal Nikos se había tranquilizado tras un par de miradas de su padre e incluso trató de evitar mirar o cruzarse con Bella durante la velada.

Estaban cansados, apenas llegar a Atenas habían tenido que alistarse para la cena, así que a estas horas, eran un par de zombies. Edward había mandado a llamar a un chofer del hotel para que los recogiera y los llevara de regreso porque no estaban ni siquiera con ánimos de conducir.

En el auto, Bella se recostó en su hombro, tomó su brazo entre los de ella y cerró los ojos. Iba un poco adormilada en el camino.

—Amor... —habló suavemente Edward.

—Mmm...

—¿Te... —se aclaró la garganta— Te molestó que te presentaran como mi prometida? —preguntó algo nervioso.

—Mh, mh... —respondió Bella negando con un sonido gutural ya que el cansancio la estaba venciendo.

—¿Te gustaría serlo algún día?

—¿Eh?

—¿Mi prometida?

—Edward, ¿estás preguntándome esto a propósito en este momento? —Bella se incorporó un poco en el asiento y con una mano giró la cara de Edward para que la mirara.

—Lo siento... No quiero asustarte, solo que... se dio la oportunidad y... me gustaría saber.

Bella acarició su mejilla y su mandíbula, depositó un beso corto en sus labios y le sonrió.

—Sí, me gustaría mucho. —Finalmente respondió.

—A mí también. —Correspondió su sonrisa—. Te amo.

—Yo también te amo. —Volvió a tomar su brazo entre los suyos, esta vez con más fuerza y suspiró antes de quedarse dormida.

Al llegar al hotel, Edward no quiso despertarla, así que la tomó en sus brazos y la cargó. Bella, muy adormilada, trató de despertar, pero él la tranquilizó para que no lo hiciera.

—Tranquila, amor. Ya llegamos. Shhh...

Sin poder abrir los ojos, lo abrazó del cuello y se acomodó en su pecho antes de decir: —Me mal acostumbras, Cullen.

—Y lo que falta. Te voy a consentir más de lo que crees —murmuró con una gran sonrisa en sus labios.

Al día siguiente Bella seguía siendo un bulto de cansancio, no había despertado ni cuando Edward se levantó a bañarse y prepararse para su reunión. Además, claro, él no había querido molestarla y tuvo cuidado de no hacer mucho ruido o movimiento para que continuara descansando.

Mientras se abotonaba la camisa, Edward escuchó un ligero gemido de Bella que se giraba en la cama, volteó a verla y se quedó mirando su figura por unos segundos. Estaba volteada sobre su costado derecho, con las sábanas envueltas en su cuerpo de una manera extraña que dejaba al descubierto parte de su trasero, su muslo y poco abajo de su rodilla.

—¿Edward? —preguntó adormilada mientras palpaba el lugar a su lado.

—Buenos días, amor.

—¿Qué haces? —se giró un poco tallándose los ojos con las palmas de sus manos.

—Me preparo para ir a una junta —se acercó a donde estaba recostada y se inclinó para besarla—. No te levantes. —Se sentó a un lado de ella—. Pedí que trajeran algo para desayunar, ¿está bien o quieres bajar al restaurante?

—¿Desayunarás conmigo? —preguntó con cara de súplica mientras estiraba sus brazos en señal de que quería un abrazo.

—Por supuesto. —Sonrió y se agachó para abrazarla, tal como ella quería.

—Entonces, mejor desayunamos aquí... En la cama, ¿sí?

—¿En la cama? —preguntó Edward mientras se alejaba un poco para verla y levantaba la ceja de manera sugerente.

—Ajá. —Bella se mordió el labio.

—No sé si hablamos de lo mismo, Bella.

—Probablemente no.

En ese momento tocaron la puerta de la suite y Edward se inclinó a darle un beso en la nariz antes de levantarse a abrir.

—No te muevas. — Y salió de la habitación para recibir el desayuno.

Pero Bella lo ignoró y se puso de rodillas en la cama, avanzando sobre ellas hasta la orilla de la cama.

Un par de minutos después, Edward entraba en la habitación con un carrito lleno de charolas y bandejas de fruta, comida, vasos con jugo, café y demás alimentos. Al verla se detuvo y puso sus manos en la cintura.

—Amor, no me provoques.

—¿Yo? —preguntó Bella con falsa inocencia. Solo llevaba puesta una pequeña camiseta que apenas cubría abajo de su trasero.

—Sí... tú... —Edward se acercaba lentamente hacia donde estaba ella que estiró sus brazos en su dirección al ver su movimiento.

—Sé que tienes que desayunar... Pero te propongo algo... —Edward había llegado hasta donde estaba ella y lo había abrazado por la cintura mientras él tomaba su rostro y cuello con ambas manos.

—Dime...

—Puedo prepararte algo para llevar comiendo en el camino y... mientras... aprovechamos un poco los minutos que te quedan antes de irte. —Al decir esto Bella se movía sugerentemente contra él haciendo que sus pechos rozaran el torso de Edward.

Sin decir palabra, Edward le sonrió y se inclinó un poco para besarla.

—¿Eso es un sí? —preguntó ella entre beso y beso.

—Eso es un... te amo y me encanta que estés aquí... haré lo que quieras así tenga que morirme de hambre —y besó su cuello provocando unas pequeñas risitas en Bella.

—Nunca dejaría que te murieras de hambre... ni de nada —Y al decir esto lo jaló de la camisa hacia ella, haciendo que ambos cayeran en la cama riendo. Él quedó sobre ella y ella se acomodó para poder abrazarlo y recibir sus caricias.

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Casi treinta y cinco minutos después, Edward trataba de aplacar su cabello mientras caminaba con prisa de un lado a otro de la habitación. Se le estaba haciendo tarde.

—Lo siento. No debería haber venido a interrumpir tu trabajo. —Dijo Bella un poco apenada mientras buscaba en el carrito del desayuno algo que prepararle a Edward y que pudiera comer en el camino.

—Amor. No me interrumpes. No voy muy lejos. Además, bien valen las prisas antes de salir a trabajar si despertamos de esta forma siempre. —Se acercó a besarla mientras se abotonaba la camisa.

—Te prometo que nos despertaremos con más tiempo. —Le sonrió juguetona.

—Excelente solución. Estoy dispuesto a adelantar mi despertador. —Terminaba de acomodarse la camisa dentro de los pantalones y de ajustarse el cinturón.

—Toma. —Bella le estiró una especie de croissaint improvisado que había logrado preparar con lo que había en el carrito—. Para que comas algo en el camino.

—Me encanta... —Estiró la mano para tomar lo que había preparado, y se movió para también tomar su celular—. Puedes pedir lo que necesites al concierge, tiene instrucciones especiales de atender todo lo que le pidas.

—¿Este hotel también es de ustedes?

—Todavía... —Bella lo miró interrogante—. Los Vikelas quieren comprarlo y estamos negociando.

—¡Ah! Entonces, ¿la cena de anoche...?

—Sí, era un poco para relajar el ambiente y ganar confianza. Si por mi fuera, ayer mismo se lo hubiera negado a Nikos... odié la forma en que te miraba y lo que dijo... Pero bueno, el padre es otra cosa. —Negó con la cabeza, reafirmando las diferencias en esa familia—. En fin, espero negociar con él y no con el hijo...

—Yo también. La verdad es que fuera de ese hombre, el tal Nikos, el resto de la familia es bastante agradable, incluso la nueva esposa.

—Tienes razón. El único problema es él... —Se volteó hacia ella pensando en todo el episodio de la noche anterior en que hasta había resultado su prometida y sonrió, más para él mismo—. Regresaré para comer contigo, ¿de acuerdo? —agregó antes de volver a intentar peinarse.

—De acuerdo —respondió Bella que aún se encontraba parada a un lado del carrito del desayuno comiendo un pedazo de pan dulce.

—Te amo. —Se acercó a ella para darle un fuerte y largo beso antes de irse.

—También te amo —respondió—. Que tengas un buen día —agregó mientras Edward se alejaba hacia la puerta.

—No pudo haber empezado mejor... —le guiñó un ojo—. ¡Gracias!

Una vez Edward salió de la suite, Bella suspiró, se sentó en la cama y se dejó caer de espaldas con una gran sonrisa en la cara.

¡Dios! Este hombre me mata.

—Lo amo, lo amo, lo amo, lo amo... —repitió en voz alta y de un brinco se levantó y se asomó por la ventana. Alcanzó a ver a Edward que se dirigía a un auto blanco en donde le esperaban con la puerta abierta. Él iba comiendo el crossaint que Bella le había preparado—. ¡Te amo Edward Cullen! —gritó desde la ventana provocando que Edward y la poca gente que se encontraba en la calle se volteara a verla, aunque ella no miró a ningún otro lado más que a la sonrisa que le dedicó él desde la ventana del auto.

Se quedó un par de minutos viendo cómo se alejaba sin cambiar su expresión, hasta que su teléfono comenzó a sonar. Pensó que era Edward marcándole para decirle algo de su impulsivo grito, pero la pantalla del celular tenía otro nombre.

"Isabella Marie Swan... ¿se puede saber en donde demonios estás ahora? ¿por qué jodidos no eres capaz de hacer una insignificante llamada y contarme de tu estúpida luna de miel anticipada?"

Esa no era otra más que Rosalie reclamándole a Bella el no contarle los avances de su historia romántica con Edward.

—Rose... ¡estoy feliz! Estoy en Atenas con mi propio dios griego. Es tan perfecto, tan lindo, tan apasionado... Me cuida y me consiente... Y es tan...

"Basta, basta... No te llamé para que me hicieras una lista de la virtudes de tu amado mi querida y desconsiderada Isabella..."

—Lo siento Rose... ¿Me llamaste Isabella?... ¿Tan molesta estás?

"Bella... Que quede claro algo... Estoy realmente feliz por ti, amiga. Me encantan ustedes dos juntos y todo... Lo que me molesta es que te desaparezcas..."

En ese momento Bella reaccionó y recordó que Renée le había dicho que el regreso repentino de Emmett a Nueva York había sido por una fuerte discusión con Rosalie.

—Rose... ¿qué pasa? ¿estás bien?

"Bella... Terminé con Emmett... " —Y su amiga comenzó a llorar desconsoladamente a través de la línea.

—Rose... por favor... Tranquilízate. Dime... ¿qué pasó?

"Que tu primo... es... " —Más llanto.

—Rose... ¿dónde está Alice?

"Alice también está pasándola de lo lindo con Jasper...Se fueron unos días a Miami... Soy la única amargada... Perdóname por llamarte... Debo estar interrumpiéndolos en algo, ¿verdad?"

—No, Rose... Tranquila. No interrumpes nada, pero tienes que hablarme claro. ¿Qué pasó? —Bella estaba preocupada, Rosalie no era de llamar y hacer dramas por cualquier cosa.

"Bella... Emmett tiene una amante..."

—¿Qué? ¿Estás segura? Rose... Emmett está loco por tí... No creo que...

"Bella... quiero que seas objetiva... Te lo voy a contar..."

—Bien, te escucho.

"Normalmente cuando Emmett sale de viaje suelo darle algunas vueltas a su apartamento para revisar que todo esté en orden. Cuando se fueron a Londres lo asumí como tal y un par de días después fui a revisar que todo estuviera bien. Lo primero que me encontré, aunque en ese momento no le puse mucha atención fue una nota con el nombre de una tal Leah y un número telefónico... Pero en la siguiente visita... ay, Bella..."

—¿Qué pasó?

"Cuando volví al apartamento, Emmett tenía un mensaje en su contestadora... Normalmente los apunto por si es algo urgente... Y..."

—¿Y?

"Aún lo recuerdo Bella... El mensaje decía... 'Emmett, cariño, te he estado esperando donde siempre, pero no he sabido de ti desde hace un par de días. Llámame. Necesito que me digas si vamos a seguir con esto o ya no'..." —Y Rosalie comenzó a llorar de nuevo.

¡Mierda! ¿Emmett? ¡No lo puedo creer! ¿Será que...?

—Rose... el mensaje... bueno, pues... no es muy claro que digamos...

"¿Qué? Bella, ¿de verdad crees que no es muy claro? Y, ¿si hubieras escuchado un mensaje así en el teléfono de Edward?... Además, lo peor fue cuando hablé con Emmett..."

—¿Qué pasó? ¿Le preguntaste directamente?

"¡Claro que lo hice! Ya sabes que odio darle vuelta a las cosas, así que cuando hablamos le pregunté quién era Leah y de inmediato se puso nervioso... y a la defensiva... Me pidió que ya no tomara los mensajes y por supuesto comencé a cuestionarlo, hasta que me dijo que mejor ya no fuera a su apartamento mientras él estaba en Londres, así que... nos peleamos, nos gritamos y... terminamos."

—Amiga... ¿no deberías dejar que te explique?

"¿Explicarme? ¿Tú dejarías que el hombre que has descubierto con una amante se acerque siquiera a explicarte algo?"

En ese momento, Bella se acordó de lo que había pasado con Jacob y pensó que su amiga tenía razón. Sin embargo, no podía creer que Emmett actuara así. Debía hablar con él.

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Gracias!