¡Holaaa! Creo que esta vez no he tardado mucho en actualizar, ¿no? Bueno, os aviso, creo que quedan cuatro o como mucho, cinco capítulos. Por desgracia la única escena romántica que habrá de Genda y Haruna será… pues eso, única -.- Lo siento, sé que dije que habría más, pero por alguna razón, no me salió…
Aparte de eso, nada más que decir… ¡AH SÍ! ¡GRACIAS por los 100 reviews! ^^ En realidad, ya llegamos a 103, ¡pero es geniaaaaaal ewe!
Disclaimer: Inazuma Eleven NO me pertenece, es propiedad de Level-5. Si lo hiciera, Endo se escaparía con Aki a vivir aventuras por África, y dejaría a la bitch de Natsumi junto con Goenji, que es el único con el que hace más o menos buena pareja. ¡Y además Mido saldría el cuádruple de lo que sale! T-T
CAPÍTULO 26
"Bienvenido al puente de los corazones rotos, aquí intentaremos reparar los pedazos rotos del amor"
-No puede ser… -la peli azul se tapó la boca, apartándose del lado del pelirrojo- ¡No es verdad! Hiroto… por favor…
-Lo siento. Querría habértelo dicho antes, pero no recordé nada hasta que ese matón vino a darme el último aviso –Ulvida no quería creerle, pero no parecía estar mintiendo. Sus ojos estaban asustados, aunque no tanto como los de ella. Se tapó la cara con desesperación.
-Mierda… ¿y ahora qué hago? –preguntó retóricamente, al aire, el único que podía darle una respuesta, aunque fuese inútil. Estaba en la puerta de la casa del oji verde, pero ahora le daba miedo volver sola. Y él no podía acompañarla, sus padres habían llegado y eran muy estrictos en cuanto a salidas y visitas. Seguramente porque sospechaban (y con gran acierto) que su hijo se aprovechaba todo lo que podía de que casi nunca paraban en casa, ni siquiera en el propio país- ¿De verdad que no puedes acompañarme?
-No…
-¿Pero y si me cogen y me…? Oh, dios, ¿qué me harán? –se echó a llorar, esperando un abrazo, sin embargo, nadie la consoló.
Kiyama echó un vistazo detrás de él y se mordió el labio, mirándola por última vez.
-Tengo que irme… adiós. Suerte.
Y sin más, cerró. Yagami no sabía si enfadarse, llorar o descojonarse de la situación. ¿Así que para eso estaba él, su novio? ¿Para escaquearse en cuanto había problemas? ¡Malditos los hombres y sus ganas de tocar los cojones! Buscó a su alrededor, rememorando el camino a casa, y echó a andar, con el móvil en la mano por si lo necesitaba.
Lo que acababa de contarle Hiroto, después de pasar un buen rato, cómo no, en su habitación, era para encerrarse en casa y no salir en meses, hasta que esa gente se olvidara (y esperaba que así fuera) de que había atropellado a uno de los suyos. No recordaba nada de la noche en que se emborrachó y se despertó en casa de Mido, pero al parecer, el estriptis y el trío no fueron nada del otro mundo.
Ni siquiera tenía carné, y Kiyama lo sabía, ¿por qué la dejó coger el coche, y más en ese estado?
Oyó un frenazo detrás de ella, se dio la vuelta. No lo podía creer. El coche que ahora mismo chocaba con otro algo, ¡había estado a punto de involucrarla en un grave accidente! Podían haber sido esos matones, pero a lo mejor no. Era de noche ya, y estaba oscuro. Sacudió la cabeza, ¿cómo no iban a ser ellos? Y entonces la sangre, esparcida por el suelo, llegó a unos metros de sus pies, donde alcanzaba a iluminar la luz de una farola. Y, cegada por el pánico, pegó un grito y echó a correr.
…
Se levantó a medianoche, no tenía ni idea de dónde provenía el golpe que acababa de oír. Estaba leyendo en su cama, sin poder dormir, como casi todas las noches, intentando matar el tiempo. De otra manera, ni se habría enterado. La casa tenía dos plantas, y aquello sonaba en la de abajo. Avanzó por el pasillo, cauteloso, y bajó las escaleras al tiempo que deslizaba su mano por la barandilla, sintiendo cómo el polvo se adhería a su pálida palma, y llegando a la conclusión de que tenía que limpiar. El caso era que desde que su hermano se fue, apenas había pensado en eso.
Y precisamente, al pie de la escalera, mirándole fijamente paralizado, se encontraba el motivo con nombre y apellidos, de que Shiro estuviese rodeado de suciedad. De la mano, de hecho, llevaba a una chica… y si no se equivocaba, ¡por dios! ¡Era la hermana pequeña de Goenji!
-¿Atsuya? ¿Yuuka? –el albino bajó el tramo que le quedaba deprisa y corriendo, ansioso por ver a su hermano y hacerle preguntas, como qué hacía Goenji Yuuka en su casa a medianoche, y cogida de su mano. El pelirrosa hizo una mueca y atrajo a la oji negra hacia así. Y entonces Shiro comprendió- Un momento, ¿vosotros dos estáis juntos?
Se encontraba señalando con el dedo en lo alto a aquellos dos medio delincuentes, preguntándose qué hacía queriendo saber eso, cuando se habían colado en su casa a esas horas, seguramente para robarle comida o dinero. No les echaba la culpa, quizá no tenían más remedio. Además, él siempre dejaba en la nevera algo de comida, con la esperanza de que su hermanito regresara alguna noche, para que, si lo hacía, pudiera darle lo que le había sobrado y empezar a cuidarle de tal manera que no volviese ni a pensar en marcharse.
Miró al menor con dulzura. Este cogió aire.
-Shiro… espero que no te importe, pero necesito que…
-¿Qué es esta vez, Atsuya? ¿Comida? ¿Dinero? Lo tengo todo listo para ti, creo que ya lo sabes –tragó en seco- Aunque me gustaría que estuvieses aquí para decirme que lo sabes. O que no.
-Sí, lo sé –clavó sus ojos en los de su hermano- No quiero comida ni dinero.
-¿Ah, no…? –Shiro se descompuso, apoyándose en el pasamano. De repente, volvía a sentir sueño.
-No. Quiero… necesito… necesitamos –miró a Yuuka, con el corazón a mil por hora en el pecho. En aquel momento, ella y Shiro eran las personas que más quería, y con las que, si el mayor aceptaba, empezaría una nueva vida- irnos de la ciudad.
…
Por fin sales de tu casa. Te he estado esperando toda la mañana. Deshaces la coleta alta que recoge tu pelo y sacudes la cabeza, dejando que tus rizos caigan con gracia sobre tu pecho y tus hombros. Me dan ganas de ir corriendo y besarte, pero es mejor dejar que te alejes unas cuantas calles de tu casa.
La siguió hasta que llegó a una gran rotonda, dentro de la cual había un pequeño parque en el que se habían conservado las plantas y los árboles que al principio había, en vez de destruirlos para dejar paso al camino de asfalto sobre el que unos pocos vehículos pasaban en aquel instante. Natsumi tenía dos opciones: rodear el parque o pasar a través de él, y optó por la segunda, haciendo sonreír a Goenji, que cruzó el paso de peatones y la siguió.
Cuando se encontraron más o menos en la mitad de la rotonda, y estuvieron completamente escondidos por la maleza, Shuuya la alcanzó sin que ella se diera cuenta y mientras que con un brazo rodeaba su cintura, con la otra mano tapó su boca para que no hiciese ruido. Y se la llevó apartada del camino de tierra principal, donde absolutamente nadie podía verlos. Antes de destapar la boca de Raimon, se quitó la capucha y le mostró su sonrisa. Ya está, ahora no gritaría.
Natsumi se quedó parada y boquiabierta frente a él, unos segundos, y después ahogó un suspiro y le abrazó, echando sus brazos al cuello del rubio.
-Idiota… -le espetó en cuanto se separaron. Pero sonreía tiernamente, y él hizo lo mismo. No obstante, la pelirroja bajó los ojos, seria- Tu foto ha salido por la televisión. Dicen que te has fugado, que te drogas…
-Lo sé.
Y se quedó mirándola, fijamente, con sus ojos profundamente negros y quietos. Una calma insufrible. La oji roja se desesperó.
-¿Debería creer esas cosas? Por favor, Shuuya, no sé… qué pensar…
-Lo sé. Y así debe ser, por tu seguridad.
-¿Qué…? –él negó con la cabeza.
-No voy a responder, a lo que sea que me preguntes. Lo siento -¿ah, no? ¿Y entonces qué hacía ella ahí, y por qué coño se había estado preocupando tanto? Si después iba a quedarse como estaba, con las mismas inquietudes y las mismas dudas, prefería irse de allí. Se apartó de sus brazos, que aún la estrechaban (y con la fuerza y el cariño de casi un mes entero), y se incorporó sacudiendo su ropa, muy digna- Espera.
-¿Qué quieres? –Resopló, crispada- Mira, si no piensas decirme por qué cojones te has ido, no me va a dar la real gana de dejarte jugar conmigo porque, o estás a mi lado y me cuentas todo, o…
Calló su voz con un beso, por una razón u otra. A lo mejor le había excitado que se enfadara, o solo quería distraerla del tema, ya que no le convenía para nada el rumbo que había tomado la conversación.
-Perdóname si no puedo contártelo todo… -alzó con su dedo la barbilla de la chica- Por favor, créeme, no estoy haciendo nada malo. Pronto te contaré lo que quieras saber. Confía en mí, vamos a volver a estar juntos. Mejor que nunca, además, te lo prometo.
-¿Y si no puedes cumplir esa promesa? –Reprimió sus ganas de echarse a llorar, no era el momento y le daba vergüenza hacerlo delante de él- Dios, te echo tanto de menos que… -cerró los ojos al sentir quebrarse su voz, y ahora se apretó más contra él.
-Ya, ya está, tranquila. Voy a volver. Te lo juro por lo que más quieras. En julio cumplo dieciocho años, recogeré mis cosas de casa y… bueno, ya buscaré un sitio donde dormir. Solo dame tiempo –le cogió las manos suavemente, acariciándolas. Eran lisas y permitían a las suyas deslizarse por ellas, acabando en unas uñas pintadas de color verde oscuro- Lo único que quiero es estar contigo, pero no voy a volver a una casa donde esté mi padre.
-No entiendo nada –suspiró, recostándose en su pecho, y dejando que le acariciase el pelo como si tuviera tres años y acabara de caerse al suelo, haciéndose daño en la rodilla, pidiendo consuelo en sus brazos.
-Pronto lo harás.
…
Apenas se hablaron, cuando se encontraron en el instituto, después de la anterior noche, pero no le había hecho falta a Hiroto para saber que aún seguían juntos, y que de alguna manera le había perdonado. Estupendo. La abrazó, estaba blandita, e incluso le provocó una preocupante ternura. No sabría explicarlo, pero se veía como una muñeca rota, con el dolor pintado en lo profundo de sus ojos.
Después de un mes sin que eso sucediera, no llevaba escotes ni nada ajustado. Sino un pantalón gris, elástico y flojo, que le colgaba de las caderas, una camiseta verde muy discreta y una chaqueta amarillo claro algo grande para ella.
-¿Cómo estás?
-He estado mejor –respondió con tristeza y una sonrisa muy pobre- Anoche pasaron muchas cosas, Hiro. Y yo… no entiendo la mitad… -la mirada de la oji celeste se perdió en una cabeza que destacaba entre la multitud que iba entrando en clase, de pelo verde y, al girarse, ojos negros como la noche. Él se quedó mirándola, como si anhelara acercarse pero algo se lo impidiera, y finalmente agachó la cabeza y apresuró el paso hasta el aula- Me tengo que ir.
-Nos vemos después.
Apretar una última vez sus manos, apartar la vista de sus ojos, tan frágiles ahora, y marcharse a su aula, las clases comenzaban.
La profesora de geografía no tenía muy buena fama. Era borde y tenía un aniquilador sistema que te obligaba a estudiar todos los días si no querías suspender su asignatura. Yagami pasaba, y eso que nunca antes lo había hecho. Pero con lo del domingo –todo lo que pasó- ni siquiera se había parado a pensar en las clases. Mido jamás hacía caso de nada, y se mantuvo en su línea también entonces. Fue así como se quedaron los dos castigados. Solos, en el descanso de treinta minutos de que disponían. "Maldita sea", murmuró el moreno entre dientes, con las manos en los bolsillos. Sacó una manzana y la mordió. Pero no tenía hambre, así que la fruta terminó en la papelera.
Mientras hacía todo eso, Ulvida le miraba inexpresivamente. Y él se dio cuenta, claro estaba. No paraba de mirarle de una forma que habría movido el corazón de cualquiera. Con mucha pena.
-Ulvida, yo… si quieres hablar de algo… -balbuceó. Indeciso. Todavía con el miedo de que le rechazara. Porque claro, no habían hablado absolutamente nada. Era horrible estar así- Me… gustaría aclarar las cosas, ya sabes, lo de ayer…
-Ayer ocurrieron tantas cosas, Mido…
Se dio la vuelta, como una autómata, qué rara estaba. Ryuuji continuó con su trabajo. Ella miró por la ventana, con los ojos vidriosos. Muy raro.
…
"Estupendo. Sencillamente eso. ¿Por qué cojones me tiene que pasar a mí? ¿Y por qué precisamente ahora?" Haruna Otonashi tenía ganas de matar a alguien. O de dar una paliza, no sabía muy bien el qué, exactamente. Una paliza… como parecía que había pasado con Hiroto, ese grandísimo chulo que le robó a su mejor amiga. Esa mañana había aparecido con un ojo amoratado, y ni siquiera Ulvida tenía ni idea de qué le había pasado, es más, se mostraba distante de todos, encerrada en sí misma. Pero bueno, eso era algo que carecía de importancia para la oji gris-verdoso en aquellos momentos.
Se encontraba en la habitación 33B del hospital, y se había hecho a un lado para que Fubuki, Endo y Midorikawa hablasen con su amigo peli azul, quien se recuperaba muy poco a poco del ataque cardíaco que había sufrido el sábado. Hoy era lunes, y para Haruna, no había mejorado en absoluto. Tenía la cara igual de pálida. ¿O más bien amarilla?
-Kaze, ¡eres tonto, tío! Si sabes que de vez en cuando te dan estos yuyus, ¿por qué haces toda esa mierda de deporte? –se quejó Endo, que aún no podía olvidar la angustia que pasó entre que el helicóptero llegaba y no llegaba. El castaño llevaba los dos brazos vendados (una excelente excusa para librarse del examen de matemáticas), se lesionó después de que Aki cayera sobre él, no pudo con todo el peso en sus brazos, tan de golpe.
-Sí… tenías que haberte quedado conmigo, así no hubiera tenido tiempo para cagarla completamente –comentó el peli verde, jugueteando con una jeringuilla, sacada de a saber dónde. Los demás le miraron, tanto por el instrumento que manejaba como por lo que acababa de decir, como esperando a que terminase de contar lo que había pasado. Pero él miró atrás, hacia la peli azul, como diciendo: "No puedo si ella está aquí"- Chicos, ¿por qué no vamos a la cafetería?
-¿Vienes, Haruna? –preguntó Shiro con amabilidad, recibiendo una negativa.
-Me quedo con él… iros, no importa.
-Ok, ¡hasta luego!
Ya estaban solos otra vez. Ichirouta la miró de reojo.
-No hace falta que me hagas de niñera.
-No hago… -suspiró, el chico bajó los ojos con tristeza- Kaze, estoy aquí porque quiero, ¿vale?
-Deberías estar con Genda.
-¿Por qué? –maldita sea… cada vez que le hablaba de su novio le ponía de mala leche. ¿No podía olvidar que existía mientras ella estaba con él? Debería ser al revés, pero Ichirouta era así de raro- Además, él está ocupado hoy…
-Así que estás aquí porque no tienes otra cosa mejor que hacer –dedujo el oji rojizo. Y Haruna se cabreó.
-Pues mira, ¿sabes qué? Que me largo, ¡porque si Genda estaba ocupado hoy es porque yo le dije que vendría a estar contigo, gilipollas! ¡Que eres un gilipollas!
Bum. Portazo. Genial, ya se le echaría la enfermera encima, como cada vez que el ruido sobrepasaba los decibelios permitidos por ella misma. Y además, cada vez que daba un paso con Otonashi, retrocedía otros dos, ¡esa historia no acababa nunca!
Habría dado lo que fuera por poder levantarse, ir tras ella y pedirle perdón. ¿Qué sabía él de todo eso que acababa de contarle? Él solo entendía que Haruna estaba con él para matar el tiempo, como quien dice. Y la quería, pero también tenía su amor propio. Resopló y cogió su móvil, que estaba al lado de la cama, en una mesita.
-¡Déjame en paz! ¿Qué quieres?
-Lo siento… -habló el chico, cerrando los ojos y respirando paciencia- perdón, estoy siendo un poco idiota. Vuelve, por favor.
-No debería ni cogerte el teléfono.
Separó el aparato de su oreja al darse cuenta de que la voz venía desde la puerta, la peli azul oscura la estaba cerrando en esos momentos. Tenía el ceño fruncido, pero se sentó al lado de su cama. Había una banquetita de metal.
-Perdón –volvió a decir.
-Lo que me gustaría saber es por qué siempre te pones tan pesado con Genda. No lo entiendo.
-Eh… bueno –se acarició el brazo, pasando sus dedos por encima de la tela de la camiseta que llevaba, y de los cables y las agujas que había clavados en él- Primero me cambiaste por tu amiga, y después por él. Sé que no tengo derecho a reclamarte, pero es algo de lo que necesitaba quejarme.
Pensó bien en lo que iba a decir… si lo hacía, complicaría las cosas un poco más de lo que ya estaba, y no era que le conviniese demasiado. De hecho, sería estúpido decirle que sabía aquello. Pero el ser humano es estúpido, por supuesto.
-¿Sabes? Yo creo que estás celoso. Y quizá que yo te guste, tenga algo que ver. No te extrañes –levantó la mano- me lo dijiste borracho. Pero Kazemaru, estar borracho es liberar tu subconsciente y decir lo que piensas…
De piedra estaba el oji marrón.
-¿Y… qué piensas?
-Que no deberías tomar alcohol si tienes problemas cardíacos. Y que eres idiota. Esas cosas se dicen antes –Ryuuji carraspeó para hacerse notar. Saludó con la mano tímidamente y cogió sus llaves, esas que siempre se iba olvidando por ahí. Ya se iba. Los dos peli azules rezaron para que no lo hubiese oído. Mido cerró la puerta y se largó, y ya estaba. El chico le cogió la mano.
-Me refiero a lo que sientes.
-Pues… estoy confusa –continuó sin darle tiempo a preguntar por qué- Y estoy preocupada. Estoy saliendo con Koujiro, pero tú fuiste lo único en lo que pensaba cuando Aki se cayó por el precipicio. Imaginé por un momento cómo sería todo si te perdiera, y entonces traté de borrar eso de mi mente y te abracé, porque no conseguía imaginar nada más que cosas horribles…
La miró, compungido. Si su salud fuera mejor, se podría incorporar y… Tiró de ella hasta inclinarla sobre sus labios y, con un pequeño esfuerzo, los besó, al tiempo que Haruna lloraba. El sufrimiento de unos, es la felicidad de otros, aunque a veces no de la manera que exactamente podríamos pensar.
…
La mañana del cinco de junio resultó confusa para Emi. Ella solo quería enterarse de los asuntos de su hermanita, que siempre eran muy interesantes, aunque complicados de entender. Sin embargo, esa vez le resultó imposible. Reina parecía encerrada en su propio mundo. Estaba sentada en el columpio del porche, envuelta en una manta, a pesar del calor, y de vez en cuando se frotaba los ojos para volver a su posición inicial en cuestión de rápidos instantes.
La pequeña seguía todos esos movimientos, moviendo las diminutas pupilas de sus marrones ojos velozmente. Abrazaba su peluche. Y su mirada era demasiado inocente para comprender el dolor y la confusión que Ulvida tenía en su interior.
Ya no podía llamar a Midorikawa, y curiosamente era lo que más deseaba, la única persona con la que le gustaría hablar. En ese caso, estaba completamente sola. Se secó otra lágrima y siguió lamentándose en silencio.
El peli verde, sin embargo, se encontraba ahora a una calle de allí, con los codos apoyados en la barandilla del puente, y la cabeza apoyada en las manos. No había logrado ir más allá de la esquina anterior a la calle de Yagami, había dado la vuelta y caminado hacia el parque, el del puente que cruzaba en mitad del lago. Estaba solo, o eso creía. Notó una escalofriante mirada en su nuca, y se dio la vuelta. Gazelle. Pero no venía a intimidarle, según parecía. Más bien, el moreno dedujo que sufría por algo parecido a lo suyo. Luego recordó que Fuyuka y él se habían peleado a la salida, y ella se había ido con Nagumo en su moto, una Harley (comparado con eso, la mía se queda en nada, pensó con cierto fastidio el peli verde). Ahora el albino traía las manos metidas en los bolsillos, e increíble pero cierto, sus ojos estaban hinchados como cuando te defrauda el amor.
-¿Puedo quedarme aquí contigo? –preguntó, con la voz baja pero firme, así era él.
-Claro… ¿Fuyuka y tú ya no vais a volver?
-Supongo que ella no era para mí -Mido resopló, sintiéndose más que identificado con aquella frase. El oji azul entrecerró los ojos con tristeza, una de las pocas veces en las que se le podía ver expresando alguna emoción- ¿Y tú? –le dijo a su compañero de desgracias.
-Yo igual. Así que… bienvenido al puente de los corazones rotos.
Buf, qué dramático final, ¿eh? ¡Se me ocurrió en clase de lengua! :D JAJAJA, bueno, no sé a qué venía eso, pero yo lo dejo caer XD.
Y bien, ¿qué os ha parecido el Natsumi x Goenji? Y aquí debo confesar algo… hasta hace exactamente 3 días, no tenía NI LA MÁS REMOTA IDEA de qué narices le había pasado a Shuuya para largarse de casa… xD Luego se me ocurrió la cosa más horrible y triste que he imaginado nunca, creo, y pronto meteré la historia por ahí.
¡Se avecina otra fiesta xD! Me encanta escribir esas partes del fic. En el próximo capítulo, me parece que vais a pensar mal, porque pienso dejar un final algo… subido de tono =P (A ver si las cosas me cuadran y esa escena la puedo dejar para el final… :$)
Oye, ¿y qué pensáis que le habrá pasado a Ulvida para estar tan rara? ¿Y eso del accidente? ¿Quién sería el atropellado? Os adelanto algo, el conductor se dio a la fuga y nunca lo detuvieron (la historia ya me la monté yo xD), pero… ¿¡quién morirá! ¡Ajá! Sí, esa persona está caput, ya os digo -.- A ver si adivináis quién (aunque no creo que lo hagáis porque no he dejado ninguna pista, no os culpo, pero mira, por preguntar…)
Creo que eso es todo, si se me ha olvidado algo, pues bueno, qué se le va a hacer… ¡Os quiero, comentad! (:
¡Ciaoooo!
